Érase una vez en una creciente ciudad de Barcelona una discreta parroquia llamada de la Sagrada Familia, construida a principios del siglo XX en lo que una vez fue el antiguo municipio de Sant Martí de Provençals, en la confluencia de las calles de Pere IV (antigua carretera de Mataró), con las calles del Marroc y de Provençals. Se trataba de un modesto conjunto religioso formado por un pequeño templo y un cementerio parroquial adjunto, en un espacio que entonces era un remanso de paz. Solo el ruido esporádico de algunas tartanas y camiones y del tranvía de Badalona se dejaba oír a lo largo de todo el día. Vivía poca gente y en los alrededores había muchas fábricas emergentes, motores de la economía catalana.Al lado de la cochera se inauguró el 10 de junio de 1926 la iglesia del Sagrat Cor de Jesús, sobre los terrenos de la Fundació Sebastià Puig i Puig, canónigo e historiador. Sin embargo, con la llegada de la Guerra Civil, en 1936, fue nuevamente destruida quedando solamente en pie las paredes maestras y el campanario. En la reciente posguerra, en 1940, el rector de la parroquia, Mossèn Jaume Segarra, promovió los trabajos de su reconstrucción, y se reinauguró por segunda vez el 15 de mayo de 1943. Durante los años posteriores, esta parroquia se caracterizó por sus obras sociales, tales como la construcción de viviendas sociales, la creación de cooperativas de consumo e industriales, un patronato escolar y un centro social. En el año 1999 se rehabilitó la fachada.
Cuenta la historia que la presencia de fantasmas obligó a que algunos empleados tuviesen que marchar por su propio pie de la cochera de autobuses.
Pocos vigilantes son quienes se atreven a trabajar solos por la noche. Escasas son las personas que se tengan la valentía de hacer un turno de noche.
Cuenta un vigilante nocturno que, en una tranquila noche de verano, se oyeron los llantos de un bebé que helaban la sangre, y que cada vez fueron más y más fuertes, hasta que tuvo que marchar del miedo.
Cuenta otro empleado, que mientras hacía la ronda nocturna por la noche entre autobuses, en la planta superior de la cubierta, una oficina con fachada acristalada, apareció un rostro humano blanco y brillante sin ojos. Al día siguiente dejó el trabajo.
Y cuenta una empleada que ya sabía acerca de la existencia de esos espíritus traviesos, que cuando fue a trabajar en esa cochera, hizo un pacto con los fantasmas prometiéndoles que ella no se metería con ellos y los respetaría a cambio de que estos la dejaran en paz y no la asustaran mediante ruidos y apariciones. El caso es que funcionó, ya que nunca espíritu alguno la intimidó.
Y como ellos, otros empleados nocturnos han asegurado ver cosas extrañas entre los autobuses y oír ruidos de rara procedencia.
Y la cochera de los fantasmas todavía sigue ahí, activa, hasta que algún día desaparezca para siempre, pero esos espíritus allí seguirán para recordarnos lo que aquel espacio sagrado llegó a ser una vez. ¿Realidad o fantasía? Que cada uno juzgue por sí mismo.

Pocos vigilantes son quienes se atreven a trabajar solos por la noche. Escasas son las personas que se tengan la valentía de hacer un turno de noche.
Cuenta un vigilante nocturno que, en una tranquila noche de verano, se oyeron los llantos de un bebé que helaban la sangre, y que cada vez fueron más y más fuertes, hasta que tuvo que marchar del miedo.
Cuenta otro empleado, que mientras hacía la ronda nocturna por la noche entre autobuses, en la planta superior de la cubierta, una oficina con fachada acristalada, apareció un rostro humano blanco y brillante sin ojos. Al día siguiente dejó el trabajo.
Y cuenta una empleada que ya sabía acerca de la existencia de esos espíritus traviesos, que cuando fue a trabajar en esa cochera, hizo un pacto con los fantasmas prometiéndoles que ella no se metería con ellos y los respetaría a cambio de que estos la dejaran en paz y no la asustaran mediante ruidos y apariciones. El caso es que funcionó, ya que nunca espíritu alguno la intimidó.
Y como ellos, otros empleados nocturnos han asegurado ver cosas extrañas entre los autobuses y oír ruidos de rara procedencia.
Y la cochera de los fantasmas todavía sigue ahí, activa, hasta que algún día desaparezca para siempre, pero esos espíritus allí seguirán para recordarnos lo que aquel espacio sagrado llegó a ser una vez. ¿Realidad o fantasía? Que cada uno juzgue por sí mismo.


4 comentarios:
BONITO CUENTO, si senyor!
Seria que no salian del recinto. Yo mientreas me escondia ,jugado de pequeña al escodite entre los cipreses del muro, jamás vi nada anormal....
Trenta y un años allí al lado y la primera vez que escucho lo de los fantasmas, aunque en el barrio ha habido unos cuantos, bonita historia de mi niñez que descanocia
L'església del Sagrat Cor (1926) no és una reconstrucció d'una església anterior del 1909 i en el solar del costat no hi hagut mai cap cementiri. Hi havia la cotxera de tramvies de via mètrica Sant Martí des del 1881 aprox. L'església destruïda el 1909 és la del barri de barraques de Pequín, que estava entre els tallers MZA (RENFE) del Poblenou i la platja, prop del Camp de la Bota, actual recinte del FÒRUM.
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