domingo, 26 de noviembre de 2023

La iluminación navideña de las calles de Barcelona


El pasado jueves día 23 a las 18:00h tuvo lugar el encendido oficial de las luces de Navidad de Barcelona. El acto se celebró en el paseo de Gràcia con motivo del 200 aniversario de esta arteria, la más importante y conocida de la ciudad. Esta tradición, pese al paso del tiempo, a los nuevos hábitos, a los cambios en las pautas de comportamiento y a la secularización de la cultura, tiene cada vez más fuerza y se ha adaptado a las transformaciones sociales y económicas.
Sus orígenes se remontan a finales de los años cincuenta en la calle de Petritxol. Allá en 1947 se fundó una asociación de comerciantes y vecinos (Junta de Vecinos de la calle Petritxol) destinada a defender sus intereses, siendo una de sus grandes iniciativas la de estimular las compras navideñas mediante promociones especiales, ofertas, concursos, sorteos de cestas de Navidad y la venta de participaciones de Lotería Nacional, entre otras cosas. Para ello los escaparates de los locales comerciales y las fachadas de algunos edificios, a partir del día 21 de diciembre, festividad del apóstol Santo Tomás, se engalanaban con motivos navideños con el fin de atraer al público, el cual podía votar y decidir qué decorado le parecía el mejor.


Sin embargo, fue en el año 1957 cuando se dispusieron a colocar luces para embellecer la calle y dar así una alegría adicional. Hay constancia de que la calle se cubrió con un techo a base de ramas de árbol en las cuales colgaban, además de las típicas guirnaldas de colores, más de mil bombillas que constituían el alumbrado navideño. Algunos historiadores atribuyen tal idea a la influencia que pudo tener la presencia de los marines norteamericanos de la VI Flota que desembarcaron a la ciudad por primera vez en 1951, pues eran personas económicamente solventes y un potencial cliente generoso a la hora de comprar. La decisión de iluminar la calle tuvo un notable éxito de público, por lo que en los años posteriores se repitió idéntica experiencia.
La respuesta ciudadana fue tal que otros comerciantes de importantes calles de la ciudad decidieron tomar ejemplo e imitar la experiencia. Para la financiación se efectuaba una derrama aparte de la cotización mensual de cantidades fijas. A pesar de la fuerte inversión económica el resultado sería rentable. Por este motivo, al año siguiente arterias como la Rambla, la Via Laietana y la avenida del Portal de l’Àngel se sumaron a engalanar con luces navideñas y en 1959 fue el turno de la calle de Pelai.


Vista la rentabilidad y ante la creciente y progresiva proliferación de alumbrado navideño en 1961 el Ayuntamiento de Barcelona decidió tomar partido en la ordenación, reunificación y regulación mediante la colaboración con las asociaciones vecinales y de comerciantes, unas entidades que años después fueron popularmente conocidas como “bombillaires” (bombilleros). A mediados de los años sesenta ya había más de 60 calles y plazas iluminadas. Decía una reseña publicada en el diario La Vanguardia Española del 19 de diciembre de 1965: “Las luminarias puestas en otros parajes urbanos han subrayado también aspectos íntimos y ocultos de ellos, que quizá permanecían ignorados a la luz del día. Existen, por ejemplo, algunas calles dotadas de eminente aspecto de salón isabelino, donde las luces actuales invitan a poner unos sofás en la calzada y montar una reposada tertulia. Así, por ejemplo, la de Fernando y, hasta hace algunos años, la Mayor de Gracia, donde había establecimientos y panoramas de encantador ochocentismo, perseguidos implacablemente por el prurito local de renovarlo todo cada cinco años. Estas iluminaciones ablandan, enternecen la dureza de la vía pública y le infunden toda la cordialidad posible, con lo cual hasta el propio asfalto parece más propicio y adecuado a las celebraciones que se acercan”.


En la Navidad de 1971 consta que en Barcelona había alrededor de 500.000 bombillas iluminando 70 calles engalanadas, habiendo invertido un presupuesto de 7 millones de pesetas aportados por un total de 90 asociaciones de comerciantes y vecinos más 2.500.000 pesetas por parte del Ayuntamiento de Barcelona. A modo excepcional, en la navidad de 1973, debido a la crisis del petróleo y a la necesidad de ahorro de energía, tuvo como consecuencia que muchas calles barcelonesas no se iluminaran y las que lo hicieron restringieran tanto el volumen de decoración como las horas de encendido. Importantes arterias como por ejemplo la Rambla y las calles de Creu Coberta, Princesa y Gran de Gràcia carecieron de alumbrado. Esto se prolongó al año siguiente, en el cual se iluminaron quince calles menos por las mismas razones. A ello el Ayuntamiento de Barcelona debía 15 millones de pesetas a las asociaciones de comerciantes y vecinos, los cuales se vieron desanimados a poner luces. Sufragada la deuda durante los años 70 y 80 no hubo novedades destacadas y la tradición prosiguió con relativa normalidad, si bien el diseño de los decorados luminosos empezó a acusar obsolescencia ante una falta de renovación. Eran tiempos en los que las luces permanecían encendidas desde la media tarde hasta las 0:00h de la noche, incluso los días 24 y 25 de diciembre y el 5 de enero se prolongaban hasta las 2:00h de la madrugada.


En la Navidad de 1991, con motivo de la entrada en vigor del Impuesto de Actividades Económicas (IAE) numerosos comerciantes decidieron en señal de protesta apagar la decoración lumínica de sus establecimientos. A mediados de los años noventa el Ayuntamiento de Barcelona decidió avanzar el encendido de luces navideñas a finales del mes de noviembre con el claro propósito de promover el comercio y las campañas de Navidad, lo cual fue bien visto por las asociaciones y entidades comerciales en consorcio con Turisme de Barcelona, siendo una iniciativa que imitaba el modelo norteamericano. Con el fin de otorgarle a la Navidad barcelonesa un interés turístico, las luces tenían que convertirse en escenario fundamental de las actividades tanto tradicionales como culturales relacionado con este periodo del año. En 1996 las clásicas bombillas se sustituyeron por microbombillas de bajo consumo. A finales de la centuria los comerciantes solicitaron un cambio de diseño en las figuras luminosas porque la decoración de los últimos años, lejos de reinventarse, era muy repetitiva, monótona, clásica y obsoleta. Entre los años 1997 a 2001 fue una etapa de cierta decadencia. Igualmente, pidieron que el protagonismo no se centrara tanto en el centro histórico sino también en otros barrios más alejados, incluso periféricos.


Llegados al siglo XXI la iluminación ha ido evolucionando y adaptándose a los nuevos tiempos. Ante la citada etapa de decadencia y estancamiento instituciones como el Foment de les Arts Decoratives (FAD) se vieron obligadas a intervenir para materializar un cambio real en cuanto a calidad del diseño se refiere. Se apostó, además, por retirar progresivamente las clásicas bombillas incandescentes y sustituirlas por modernas luces de led de bajo consumo que ahorran energía y reducen la contaminación lumínica. Desde el 2004 se inició esta nueva experiencia con la instalación de hilo luminoso tipo led en la calle de Petritxol, extendiéndose posteriormente a otras calles y edificios emblemáticos. La crisis económica y financiera del año 2008 impulsó la idea de un cambio definitivo que garantizara, a su vez, mantener el máximo de arterias iluminadas posibles pero con un consumo reducido. Los nuevos diseños ya no respondían tanto a motivos religiosos sino más bien a comerciales, con iconografía universal, si bien inevitablemente algunos elementos clásicos han permanecido. De hecho, la proliferación y presencia de nuevas confesiones religiosas sumada a la laicidad han sido factores decisivos de este cambio. Con el transcurso de los años el alumbrado navideño se ha ido extendiendo hacia los bulevares y zonas comerciales de los distritos más alejados del centro histórico de la ciudad y el Eixample con el propósito de descentralizar, reequilibrar y representar a los barrios más periféricos.


El acto oficial de encendido de luces, que incluye un espectáculo temático, se realiza cada año desde un lugar distinto con la clara intención de no discriminar a los barrios populares. Mencionar que las luces del año 2017 recordaron a las víctimas del atentado terrorista perpetrado en la Rambla. Tras una breve etapa más gris provocada por la crisis sanitaria a causa de la pandemia de Covid-19, la capital catalana vuelve a recuperar progresivamente su esplendor con la incorporación de nuevas calles engalanadas. En la actualidad la iluminación navideña se reparte entre el alumbrado de iniciativa exclusivamente municipal y el alumbrado promovido por las asociaciones y ejes comerciales, en los que el Ayuntamiento de Barcelona abona un el 75% del coste total.

Fotos: Colita, Ferran Nadeu, Leopoldo Plasencia, Mané Espinosa, Pérez de Rozas, Ricard Fernández Valentí.

martes, 21 de noviembre de 2023

Las felicitaciones navideñas de oficios en Barcelona


Muchas generaciones todavía recordamos aquellas postales artísticas de antaño en las cuales las personas dedicadas a honrados oficios ofrecían una felicitación navideña a cambio de un obsequio o regalo o bien una propina a la voluntad, lo que se conoce como aguinaldo. Eran otros tiempos producto de unas costumbres ya desaparecidas.
Debemos remontarnos al año 1831 cuando un grupo de trabajadores del “Diario de Barcelona” decidió imprimir unas postales para felicitar la Navidad con el propósito de que fuesen entregadas en mano por los repartidores a los suscriptores del citado periódico, los cuales respondieron favorablemente a esta iniciativa y por tal motivo ofrecían a cambio un aguinaldo. Otras fuentes de información apuntan a que fue iniciativa de la viuda de Antoni Brusi Miravent, propietario del periódico, la señora Eulàlia Ferrer Ribot, la cual habría mandado imprimir las postales para que los repartidores las distribuyeran entre los suscriptores.




Pocos años después, alrededor de 1860, los profesionales de otros oficios decidieron imitar la idea y hacer lo mismo, pues con lo recaudado ellos y sus familias podrían pasar unas fiestas en mejores condiciones. Los profesionales que durante el año habían ofrecido sus servicios entregaban una tarjeta en la que felicitaban la Navidad esperando una propina a cambio. Vestidos con sus mejores uniformes se presentaban en los domicilios particulares y los vecinos les entregaban gustosos la voluntad. Barcelona fue prácticamente la primera ciudad de España en extender la nueva tradición, ya que era donde además se ubicaban la mayoría de los talleres de impresión del país y muchos de los artistas en diseño gráfico. Algunas de ellas fueron la Litografía Estany (calle de Sant Ramon, 5), Núñez y Compañía (calle de Sant Ramon, 6), M. Vilamitjana (Calle del Torrent de les Flors, 11), J. Colomer (calle de Rauric, 6), S. Bubias (calle de Quevedo, 1-3), Fábrega (calle de Mònec, 14), Editorial V.C.O. y I.P.C.P. García. El hecho de que la edición de estas postales fuese mecanizada abarató los costes de edición, lo cual ayudó a que su uso se fuese generalizando aún más.



Las postales de felicitación acostumbraban a llevar una ilustración en la cual se mostraba a un trabajador de un gremio concreto como elemento principal, vestido con su indumentaria y en una postura desarrollando su actividad profesional. A modo de titular dentro de unas cintas se indicaba el nombre del oficio acompañado del texto “Les desea Felices Navidades”, “Les desea Felices Pascuas” o bien “Le felicita la Pascua de Navidad”. En algunos casos indicaba "Y próspero año nuevo". A modo de decoración se incorporaban elementos como la comida típica de una mesa navideña (pavo, marisco, turrón, uvas y cava), así como otros símbolos de estas fiestas como la ornamentación (generalmente a modo de enmarcado). También encontramos escenas religiosas de la Natividad (el Nacimiento del niño Jesús, ángeles e incluso la adoración de los Magos de Oriente), escenas familiares (celebración alrededor de una mesa o gente comprando figuras de pesebre) y/o monumentos  espacios representativos de la ciudad, como el monumento a Colón, la Catedral, el paseo y el recinto de la Exposición Universal de 1888, el Palau Nacional de Montjuïc, el recinto de la Exposición Internacional de 1929, la montaña de Montjuïc, la Universidad de Barcelona, la basílica de la Sagrada Familia, la plaza Reial, la iglesia de Santa María del Mar, el Barrio Gótico, la calle del Bisbe, la Rambla, la plaza de Catalunya, la plaza de Sant Jaume e incluso el monasterio de Montserrat.




Los oficios más destacados eran el aceitero, el aprendiz, el arquitecto, el barbero, el barrendero, el basurero, el botones, el camarero, el carbonero, el carpintero, el carretero, el cartero, el cerrajero, el cobrador, el droguero, el ebanista, el electricista, el espitero del gas, el farolero, el fundidor, el herrero, el lampista, el lavacoches, el lechero, el limpiabotas, el mecánico, el monaguillo, el mozo, el panadero, el pastelero, el pintor, el repartidor, el sastre, el sereno, el tabernero, el telegrafista, el vigilante y el zapatero. También hubo postales de felicitación navideña donde las mujeres eran las protagonistas, como la aprendiza, la barrendera, la lechera, la modista, la portera y la sombrerera. Con el paso de los años estos oficios fueron variando, desapareciendo algunos e incorporándose otros en función de la evolución y modernización de la ciudad.
La estética de las postales era muy similar entre ellas e incluso en algunos casos se partía de un diseño estándar y se cambiaba el dibujo de un oficio por el de otro. Podían ser ilustraciones verticales u horizontales. En el reverso de la postal se incluía una poesía, en realidad un texto de rima fácil donde se ensalzaba la importancia del trabajo realizado y poniendo en valor su aportación para el bienestar de la persona que recibía la tarjeta, así como la diligencia con que llevaba a cabo el desempeño de su labor. En algunos casos la ilustración y el poema compartían el anverso.




Inicialmente dichas postales eran dibujos en blanco y negro, pero a partir de 1890, gracias a la incorporación de la cromolitografía en las artes gráficas, empezaron a editarse tarjetas con dibujos en color, algunos de ellos de excelente calidad artística. Inicialmente, estas felicitaciones también provocaron el rechazo de una parte de la población por la sencilla razón de que no era posible ser generoso con todos los colectivos profesionales, de ahí que incluso  para evitar aglomeraciones se llegaran a colgar carteles en las puertas de muchos comercios y viviendas con la leyenda “No se admiten felicitaciones” o “Este comercio no da aguinaldos”. Más allá de connotaciones religiosas, para muchas personas estas felicitaciones constituían una entrañable manera de contactar con otras personas y transmitirles mensajes de felicitación y buenos deseos.
La repartición de estas felicitaciones navideñas se convirtió en una tradición que enseguida enraizó tanto en la sociedad barcelonesa en particular como en el resto de España en general. En Barcelona durante los años de la Segunda República se llegaron a editar postales en lengua catalana.




Únicamente en las Navidades de 1936, 1937 y 1938, con motivo de la Guerra Civil, esta costumbre quedó inevitablemente suspendida hasta 1939 en que se retomó a pesar de la precaria situación económica de la postguerra. Sin embargo, esta tradición propició la instauración de la paga extra de Navidad. Efectivamente, tras el conflicto bélico los salarios de los trabajadores se vieron reducidos y ante ello se decidió que en la Navidad de 1944 los empleados pertenecientes a industrias no reglamentadas percibieran una paga extra equivalente al salario de una semana. Un año después, la medida se instauró con carácter general, dando lugar a un sueldo anual repartido en 13 pagas mensuales. El B.O.E. del 9 de diciembre de 1945 recogió una orden del Ministerio de Trabajo por la cual se establecía una gratificación equivalente a la retribución de una semana con motivo de las fiestas de Navidad.


Con el paso de los años en algunas postales el dibujo artístico dio lugar a fotomontajes. A partir del Desarrollismo esta tradición empezó a perder fuerza de manera lenta pero progresiva, pues algunos gremios dejaron de editar felicitaciones por cambios de hábitos. Llegados a finales de los años setenta, los cambios en las condiciones laborales tuvieron como consecuencia un proceso inexorable de desaparición de esta tradición hasta que a mediados de los años ochenta se dio por extinguida. Entre otras razones, la principal fue la aprobación en el Estatuto de los Trabajadores desde el año 1980 de la "paga doble", es decir, que una parte del salario sea igual a una paga mensual y no una dádiva por parte del empleador como antaño.

Fotos: Biblioteca Nacional de España (BNE).