sábado, 20 de mayo de 2023

Ginés Cuesta Ortiz, un artista para la eternidad


Recibo con tristeza la noticia del fallecimiento de Ginés Cuesta Ortiz, maestro de la fotografía, polifacético artista bohemio como los de antes, excelente amigo y mejor persona. Lo conocí durante el año 2011 en el Arxiu Històric de Roquetes-Nou Barris, donde colaboro y soy socio desde hace veinticuatro años. Fue el amigo y colaborador Roberto Lahuerta quien contactó con él para hacerle una entrevista, a la vez que hizo de puente entre él y la entidad. Si bien al principio se mostró reticente, poco a poco se fue acercando hasta tomar confianza y terminar legando allá buena parte de sus fotografías. Nacido en Barcelona en 1945, con tan solo 7 años de edad se trasladó a vivir con su familia en las Viviendas del Gobernador, en el barrio de Verdum, convirtiéndose así en testigo de toda una época de un lugar del cual siempre tuvo un gran apego a pesar de sus largos viajes por el mundo.



Ginés fue indudablemente un artista en distintos ámbitos. Dentro del séptimo arte forjó su vocación desde muy joven, en su etapa como botones en el hotel Recasens, trabajando desde los 15 a los 17 años. El contacto con actores de cine que se hospedaban en dicho alojamiento a su paso por Barcelona le despertó la curiosidad por el cine. Por ello, entre 1962 y 1965 realizó cursos de interpretación y fotografía, fue alumno en la Escuela de Actores de Julio Coll y F. Espona y realizó estudios en la Escuela Municipal de Formación Profesional de Medios Audiovisuales. Trabajando como camarero en el camping “Tres Estrellas”, fue convocado para una película por el director francés Maurice Ronet, el cual tras realizarle una prueba lo eligió para encarnar el papel de jefe de la banda juvenil en la película “El ladrón del Tibidabo”, título con el que se estrenó en Francia pero que en España se llamó “La vida es magnífica”. De 1965 a 1968 ejerció como ayudante de producción, operador de cámara y dirección en la productora Profilmes y en 1968 como ayudante del director Pedro Balañá en la película “El último sábado”, encargándose de localizar los lugares del rodaje.


De 1970 a 1975 ejerció de operador de cámara y guionista en varios documentales informativos y culturales para la televisión italiana, francesa, holandesa y sueca. Viajó en barco a los EE.UU. donde hizo documentales sobre las comunidades hispanas de Nueva York y Boston. Precisamente de la ciudad de los rascacielos me llegó a comentar una vez que fue el único lugar del mundo donde nadie le hizo sentirse jamás extranjero o forastero. Entre 1975 y 1976 trabajó en la productora Beco Films S.A. como guionista y director durante el prerrodaje de la película “Icaro”, que no se llegó a realizar. Entre 1975 y 1979 realizó tareas como operador de cámara y otras colaboraciones en documentales informativos para la Escuela EMAV de Barcelona. Entre 1979 a 1981 desarrolló tareas como operador de cámara en un documental informativo en Marruecos y en varios programas piloto para la televisión sudamericana. Y en 1981 fue realizador de tres espectáculos de homenaje al ingeniero Carles Buïgas i Sans en la última fuente que construyó en vida, en Salou (Tarragona).


Su otra vocación fue, sin duda, la fotografía, especialidad en la cual se hizo más conocido durante estas últimas décadas por su estilo y cuya calidad de su trabajo se podría equiparar perfectamente y sin exagerar a la de maestros fotógrafos de Barcelona como Brangulí, Zerkowitz, Sagarra, Cuyàs, Colom, Seguí y Colita. Durante la primera mitad de los años setenta hizo numerosos reportajes fotográficos para agencias de prensa en varios países orientales. Realizó, además, reportajes para las revistas “Por Favor”, “Serra d’Or” e “Interviú”, entre otras, así como fotografías para libros escolares de editoriales como Teide y Juris. Desde su sencillez, su humildad y su modestia fue capaz de elevar la fotografía a expresión artística de la belleza por medio de la imagen. Él mismo se autodefinía como un fotógrafo de la calle porque era un hombre de calle, un observador donde intentaba captar, leer e interpretar mediante la imagen aquello que había visto a través de su cámara. Su mirada jamás buscó el drama sino la belleza, lo cotidiano, siempre con gran contenido y procurando captar lo que a priori no se observaba pero aun así estaba sucediendo. Para él la fotografía era una síntesis de luz, belleza y geometría donde se debía buscar y encontrar un mensaje y descubrir aquello que te llamara la atención del paisaje urbano. Defensor de la imagen tradicional realizada mediante cámara analógica y en blanco y negro, tuvo que verse obligado a adaptarse a las nuevas tecnologías, a la cámara digital y al color de alta definición.


Con Ginés mantuve siempre una relación muy cordial. Conmigo era muy agradable y cariñoso, siempre se alegraba de verme y tenía algo que contarme. Lo conocí como un hombre inquieto, seductor y con don de gentes, capaz de meterse a cualquiera en el bolsillo con solo abrir la boca. A menudo me acostumbraba a explicar anécdotas de su vida, que no eran precisamente pocas, pues los artistas bohemios suelen tener una trayectoria personal muy intensa y muy densa de contenido. Le gustó la presentación que yo hice de él en el año 2012 cuando en el Arxiu Històric de Roquetes-Nou Barris se inauguró la exposición fotográfica "Verdum parcel·lat" confeccionada mediante una selección de sus fotografías del barrio de Verdum realizadas durante los años sesenta y setenta. Tras mis entusiasmadas palabras hacia él me aseguró que en piropos me podía ganar. Luego nos dimos dos besos y el público aplaudió. Fue una tarde festiva y emotiva a la vez.


En uno de mis cumpleaños me ofreció como regalo personal una de sus fotografías de la serie dedicada a la Rambla barcelonesa. Me dijo que fuese a su archivo y que me llevara la imagen que más me gustara. Finalmente me decanté por una instantánea de la Rambla con la entonces calle del Conde del Asalto, actual Nou de la Rambla. Le gustó mi elección, afirmó ser una buena fotografía. De entre su variedad de imágenes, destaca la colección dedicada al barrio de Verdum y la colección dedicada a la Rambla y la inauguración del mosaico de Joan Miró en el Pla de l'Os. De esta segunda serie también se realizó una interesante exposición fotográfica. Merece, además, destacar su visión personal de Barcelona, pues él valoraba aquella ciudad preolímpica de los años sesenta y setenta porque la consideraba más auténtica y con gran personalidad, pues aún no se habían perdido aquellos lugares que desaparecieron con la globalización. Incluso veía "belleza" a través de su cámara en los espacios degradados. En cambio, pocas cosas le interesaban de la Barcelona moderna, mucho más carente de aquellos alicientes de antaño que le otorgaban aquel sabor tan especial. Ginés fue un hombre de ideas muy claras y sabía argumentar todas sus opiniones, a diferencia de muchos.


En el año 2015 tuve el placer de colaborar con él en la elaboración de los plafones informativos situados en el castillo de Torre Baró. Fue el señor Joan Roca, director del MUHBA, quien acudió a nosotros en calidad de colaboradores del Arxiu Històric de Roquetes-Nou Barris. Yo me encargué de redactar los textos relativos a la historia mientras que a Ginés le encargaron de fotografiar el paisaje panorámico de 360º. Para ello, con la inestimable colaboración de nuestro amigo y compañero de la entidad Josep Maria Babí fuimos los tres a realizar el trabajo de campo. Primero visitamos el mirador de las baterías antiaéreas del Turó de la Rovira para tener una referencia clara de lo que nos pedían. Luego acudimos al castillo en tres ocasiones mientras todavía duraban las obras de restauración del emblemático edificio. Ginés, muy atrevido, se subió a la última planta y sacando medio cuerpo entre dos almenas al borde del precipicio procedió a retratar el skyline de la ciudad. Tal fue el susto que me dio que no tuve más remedio que ir corriendo a sujetarlo por detrás. En otras fotos por suerte usó el trípode. La experiencia fue divertida. Sabía perfectamente sobre qué horas del día y bajo qué clima sería el momento más adecuado para proceder a la sesión fotográfica.


Otra faceta de Ginés más desconocida fue la escritura. Es autor del cuento “El gegants de Montserrat”, el cual fue recuperado el año 2019 por el Arxiu Històric de Roquetes-Nou Barris e integrado en el libro "Contes i relats de Nou Barris" (Col·lecció Favència nº7). Ha dejado, además, numerosos textos inéditos. Sus indiscutibles méritos lo llevaron a ser socio honorífico de la citada entidad que conserva en su fondo documental casi todo su legado fotográfico como patrimonio único e irrepetible. Personas varias del mundo de la fotografía, la cultura y la política han avalado la calidad del trabajo de Ginés en las exposiciones que se han hecho de sus trabajos artísticos, así como de sus imágenes usadas en varias publicaciones. A título póstumo ha recibido el Premi Nou Barris 2023.


Residió en Verdum hasta el final de sus días, dejando este mundo a los 78 años de edad, con la satisfacción de que su trabajo quedará preservado en el futuro. Muchísimo más podría explicar acerca de Ginés, pero no debo alargarme más. Espíritu libre y soñador y a la vez creyente, una vez afirmó que Dios le había compensado regalándole un par de hijas. No dudo de que algún día nos volveremos a reencontrar. Allá donde vaya le esperará su gran amigo Alfredo Maulini Gil, otro artista con quien compartió muchas cosas y con el cual disfruté en varias ocasiones de sus noches bohemias en su casa. Allá donde esté, que su buena energía ayude a inspirar a las nuevas generaciones de fotógrafos que tengan tanto su obra como sus enseñanzas unos referentes ineludibles. Gràcies, mestre, per tot allò que m'has ensenyat i fins a la propera, amic estimat. Saluda al Maulini de part meva. Et trobaré a faltar i sempre et recordaré. Señoras y señores, os presento a Ginés Cuesta Ortiz, un artista para la eternidad.

La información biográfica ha sido posible gracias a la información aportada por Roberto Lahuerta Melero en su libro "La notícia fue en Nou Barris" y en el boletín "Verdum parcel·lat", ambos editados por el AHRNB.

Fotos: Álvaro Monge (El Periódico), Archivo personal de la familia, Aroa Ortega (Metrópoli Abierta), Arxiu Històric de Roquetes-Nou Barris, Ricard Fernández Valentí.

jueves, 4 de mayo de 2023

Cotxeres Borbó: ¿una denominación incómoda?


Recibo con asombro y perplejidad la noticia relativa a la solicitud de la Associació de Veïns i Veïnes de Vilapicina i la Torre Llobeta con el apoyo de la Taula Unitària de Nou Barris per la República y la Associació de Veïns i Veïnes del Congrés-Indians para el cambio de denominación de los equipamientos municipales que actualmente ostentan el nombre de Cotxeres Borbó. Para ello se justifican con el hecho de que la avenida de Borbó (avenida del Mariscal Jofre durante la Segunda república y camino de Sant Iscle en sus inicios) pasó a ser avenida dels Quinze desde el año 2019 y que, por tal motivo, el término "Borbó" carece de sentido.
Ante la presente polémica, si analizamos objetivamente el caso resulta innegable que "Borbó" hace referencia al apellido de la dinastía real borbónica española. Sin embargo, "Cotxeres Borbó" no homenajea en absoluto a dicha realeza sino a un espacio histórico que en buena parte definió la identidad de unos barrios: las (para mí) entrañables cocheras de tranvía y autobuses que permanecieron activas entre los años 1901 y 2003.


Repasando brevemente la historia estas instalaciones, bajo el nombre inicial de "Cochera de Horta", empezaron a funcionar con motivo de la entrada en servicio del tranvía eléctrico entre Barcelona y el entonces pueblo de Sant Joan d'Horta el 21 de junio de 1901. Pertenecientes a la compañía Tranvías de Barcelona a San Andrés y Extensiones, se ubicaban en el camino de Sant Iscle (avenida dels Quinze) con la riera de Horta (Costa i Cuxart) sobre los terrenos de la antigua masía de Can Xiringoi, muy cercana al paseo de Maragall y al sector conocido popularmente como "Els Quinze", nombre debido a que entre 1901 y 1930 el precio del billete entre la plaza de Urquinaona y dicho lugar valía 15 céntimos de peseta. En 1911 las cocheras y la línea de tranvía pasaron a manos de Mariano de Foronda, Marqués de Foronda, director de Los Tranvías de Barcelona, el cual compró el 75% de las acciones de la empresa explotadora. Se cuenta que cuando los cobradores de los tranvías anunciaban con voz alta la parada correspondiente a "Els Quinze" a menudo decían "Fábrica", que en realidad no era otra cosa que los generadores de energía eléctrica de los tranvías ubicados en la cochera de Horta.


Tras la Guerra Civil las instalaciones se encontraban muy deterioradas y su reconstrucción implicaba su derribo para erigir unas nuevas dependencias más grandes y modernas. Durante los primeros años de la posguerra sirvieron como almacén de tranvías en mal estado a la espera de una reparación o reconstrucción. Además, la conversión de la mayoría de líneas de vía estrecha a vía ancha fue también otro motivo para adaptar la cochera a las nuevas características. En 1947 se iniciaron los trabajos con el derribo previo de la antigua subcentral y al año siguiente se iniciaron las obras del nuevo edificio. Enseguida entraron en funcionamiento y sirvieron para acoger el material móvil más moderno. La nueva subcentral tenía mucha más potencia que la anterior hasta el punto de que cuando la cochera de Sant Andreu se averiaba la de Horta le proporcionaba energía. El 13 de septiembre de 1952 unos fuertes aguaceros inundaron varias dependencias, especialmente los fosos de reparaciones. Esto inutilizó las instalaciones durante tres semanas y ocasionó algunos desperfectos en el material móvil estacionado o en reparación, pues el nivel del agua era de un metro y llegaba a los estribos de los vehículos. El hecho de que los tragaluces quedaran taponados con hojarascas dificultó las tareas de evacuación. Los destrozos obligaron a construir un nuevo desagüe para evitar futuras inundaciones.


En septiembre del año siguiente las inundaciones se repitieron y como solución se recurrió a la instalación de unas puertas blindadas para evitar la filtración del agua por la avenida de Borbón. El Ayuntamiento de Barcelona intervino con la canalización de la riera de Horta. Desde las últimas obras de reforma, la cochera subcentral de Horta cambió su denominación y pasó a ser conocida como "Cochera de Borbón".
Sus instalaciones, junto con las del depósito de Levante, pasaron a ser las más modernas de Barcelona. La supresión de los vehículos más antiguos permitió que fueran a descansar los tranvías más modernos. La calidad de las cocheras de Borbón llegó al punto de que en el XXXIII Congreso Internacional de la UITP de París de 1959 saliera fotografiada como ejemplo de modernización de instalaciones junto con otros depósitos de otros países. Con el cierre de la cochera de Sarriá en 1969, Borbón se convirtió en la única de toda Barcelona que disponía de medios técnicos y humanos para la reparación de tranvías, convirtiéndose en su taller central. El 18 de marzo de 1971 el espacio fue el escenario de salida y llegada de la rúa de material histórico que despidió a los últimos tranvías de Barcelona. Al día siguiente, pasaría a ser únicamente de autobuses.


Durante los años ochenta los movimientos contrarios a las cocheras de Borbón se intensificaron. En los años 1985 y 1987 el alcalde de Barcelona Pasqual Maragall y el concejal de distrito de Nou Barris llegaron a firmar un compromiso prometiendo que a corto y medio plazo se trasladarían fuera del barrio destinando el solar para equipamientos. Finalmente, el 15 de diciembre de 2003 se hizo el acto de despedida y cierre. A partir de enero de 2004 se procedió al desalojo y derribo parcial de las instalaciones y durante el mes de abril de 2005 el Ayuntamiento de Barcelona elaboró el "Plan Especial Urbanístico para la ordenación de los terrenos de las antiguas cocheras de Borbón", un documento consensuado entre entidades, vecinos y administraciones que incluía un programa de equipamientos que constituiría el proyecto definitivo. Como resultado, el 8 de septiembre de 2010 se inauguró el Centre Integral de Salut Cotxeres Borbó y el Casal d'Avis Torre Llobeta-Vilapicina, el 3 de septiembre de 2011 se inauguró el Centre Esportiu Municipal Cotxeres Borbó y el 9 de diciembre del mismo año abrió la nueva Biblioteca Municipal Torre Llobeta-Vilapicina. También consta del aparcamiento subterráneo de B:SM Illa Borbó.


Resulta obvio, en definitiva, que el término "Cotxeres Borbó" carece completamente del sentido político y monárquico que algunos le quieren dar o creen que contiene, pues en realidad no hace otra referencia que a las antiguas instalaciones tranviarias y de autobuses que tan buen servicio prestaron, incluso con reconocimiento internacional. Sí lo tuvo en cambio la avenida cuyo nombre "Borbón" ostentó entre los años 1942 y 2019. Ante la propuesta de alternativas factibles y con sentido común, permítanme que abogue por defender la memoria histórica del transporte público barcelonés. Por ello, entre mantener o suprimir la denominación "Cotxeres Borbó" podría proponerse a modo de solución intermedia el nombre de "Cotxeres Horta Borbó" en recuerdo a ambas denominaciones inequívocamente relativas al antiguo depósito de tranvías y autobuses. Los únicos reyes que en verdad allí conocí y por muchos años disfruté no fueron precisamente los borbones sino los magníficos autobuses monotrales Pegaso 6035 y Pegaso 6038 que tanto marcaron una época importante de mi vida y la de muchas generaciones, como también lo fueron los tranvías "500", los remolques "Zaragoza", los "Manoletes" y los "Washington" para quienes tuvieron la suerte de conocerlos.

Fotos: Ajuntament de Barcelona, Arxiu Betevé, Arxiu Fotogràfic de Barcelona, Arxiu TMB, Brangulí.