martes, 14 de abril de 2026

La Sagrera, sin patrimonio ferroviario


Final de trayecto. El pasado jueves día 9 del presente mes empezaron los trabajos de derribo del antiguo edificio de la estación de mercancías de La Sagrera. Tras la retirada del amianto y habiendo derruido previamente el interior se ha procediendo a la demolición de las paredes. De este modo desaparece definitivamente el último vestigio superviviente de la llamada "Sagrera-Mercaderies", también conocida como "Barcelona-Clot (Sagrera)". Sólo ha sobrevivido el cartel de porcelana de la estación, actualmente preservado por el Museu del Ferrocarril de Vilanova i la Geltrú y en proceso de restauración, además de un refugio antiaéreo de la Guerra Civil que también se conservará. De nada han servido los intentos por parte de la Associació per a la Promoció del transport Públic (PTP), el Fòrum del Transport Català, el Centre d’Estudis del Transport Tèrminus y la Associació Coordinadora Pro Museu del Transport de Barcelona, con el apoyo de la A.V. de la Sagrera así como de otras entidades y particulares. En líneas generales alegaron que el plan urbanístico no es incompatible con la conservación del edificio a pesar de la futura elevación del terreno que lo dejaría en una cota inferior y propusieron su preservación como parte del patrimonio ferroviario y de la memoria histórica, además de ser un elemento que explicaría el papel del ferrocarril en la modernización social y económica del país. Entre las distintas propuestas de usos se planteó convertirlo en un hub de ciclologística, en un espacio de interpretación del ferrocarril o en un equipamiento de barrio.


La estación se construyó entre 1918 y 1922 con el fin de descongestionar la estación de mercancías del Clot, permitiendo así la ampliación de la estación de Francia. La empresa de Josep Miarnau Navàs se encargó de la construcción bajo la dirección del ingeniero Eduard Maristany. Para ello hubo que expropiar 30 fincas y llegar a acuerdos con la Junta de Regantes del Rech Condal para garantizar los caudales de agua que permitiesen continuar con los regadíos. La estación, limitada en el lado opuesto por la ronda de Sant Martí, por el Pont del Treball al norte y por el puente de Calatrava al sur, ocupaba unos 200.000 metros cuadrados de superficie y disponía una playa de vías que sumaba un total de 17,5 kilómetros de longitud. Formaba parte un proyecto global de la Compañía de Los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y a Alicante (MZA) desarrollado para diversificar, potenciar y agilizar el transporte de mercancías debido al fuerte desarrollo industrial de Sant Martí de Provençals y Sant Andreu de Palomar. Terminó tomando mayor importancia que la del Clot por las posibilidades que ofrecía en cuanto a superficie útil, volumen de mercancías, aduana, comunicaciones, telecomunicaciones y servicios administrativos. Constaba de dos edificios a banda y banda del acceso principal: la planta baja albergaba el vestíbulo, la sala de facturación, el almacén y el despacho para el jefe de estación; las plantas primera y segunda la telefonía y el telégrafo, el archivo, la oficina de estadística, la sala de máquinas, un vestuario y un almacén; y la tercera planta ocupó las viviendas para empleados. Completaban el conjunto unas cubiertas de planta baja y techo a dos aguas distribuidas en doble hilera.


No obstante, la crisis económica de los años treinta, la Guerra Civil y la postguerra impidieron su desarrollo, convirtiéndola en una barrera física entre La Sagrera y Sant Martí. Fue entonces cuando el Plan Modificado de Enlaces Ferroviarios de Barcelona de 1967 planteó la construcción en La Sagrera de una nueva estación central ferroviaria similar a la de Sants. En 1986 se retomó el proyecto cuando se estudió la llegada del tren de alta velocidad a Barcelona. En 1994 el Ayuntamiento de Barcelona aprobó el derribo de la estación de mercancías y su sustitución por una estación intermodal de pasajeros que, además, permitiría la urbanización del entorno y acabar con la barrera física entre La Sagrera y Sant Martí. Una vez trasladada la actividad logística a La Llagosta a finales de los años noventa la estación de mercancías dejó de funcionar. Finalmente la aprobación del Plan General Metropolitano (PGM) para la ordenación de la estación de la Sagrera y su entorno en 2004 tuvo como consecuencia el desmantelamiento de la estación. En 2011 se derribaron las 16 viviendas de planta baja para empleados y en 2012 el edificio norte. Sólo sobrevivió hasta la actualidad el edificio sur ocupado por viviendas y oficinas de Adif de atención al público.
Quedamos todavía muy lejos del ejemplo de otros países en cuanto a cultura ferroviaria se refiere, siendo un ejemplo paradigmático y representativo el del Reino Unido. Tal y como afirmó Jordi Sasplugas, director del Museu del Ferrocarril de Móra la Nova, en el citado país han entendido que el ferrocarril es parte de su identidad y futuro.

Render que recrea cómo se habría podido integrar urbanísticamente el edificio
de la estación de mercancías de haberse salvado. Fòrum del Transport Català

El director del Centre d’Estudis del Transport Tèrminus, Joan Carles Salmerón, declaró que con el derribo del edificio de la estación de mercancías de La Sagrera se comete otro crimen histórico al patrimonio ferroviario catalán que debería de evitarse en el centenar de estaciones ferroviarias que corren peligro de desaparecer en Cataluña. Alertó también que en los últimos años se han perdido hasta 15 edificios históricos, por lo que debería pedirse a las administraciones que no han actuado en el presente caso que reaccionen ante futuras posibles pérdidas, así como aprobar una Ley que proteja este patrimonio y evite más destrucción patrimonial. Suscribo sus palabras de condena y apoyo su propuesta, y como yo también los aficionados a los transportes, vecinos y otras personas procedentes de distintos ámbitos. Y no, en Barcelona no sobra patrimonio porque nunca es mucho, basta con integrarlo a las necesidades presentes y futuras de la ciudad más allá de la concepción turística.

Fotos: Ricard Fernández Valentí.
Render: Fòrum del Transport Català.

lunes, 6 de abril de 2026

En defensa de la cruz monumental del parque del Turó de la Peira


Entre finales de marzo y principios de abril han tenido lugar, una vez más, las tradicionales fiestas de Semana Santa. Estas fechas me han parecido más que oportunas para reflexionar acerca de una polémica que lleva meses debatiéndose. El Ayuntamiento de Barcelona ha decido retirar la cruz monumental del parque del Turó de la Peira para restaurarla. Sin embargo, se escamparon falsos rumores acerca de que no volvería a su ubicación original y que tendría una nueva reubicación. Ello ha generado no pocos comentarios tanto a favor como en contra de tal decisión. La controversia, más allá de meras opiniones, ha derivado a instrumentalizar este asunto a posturas tendenciosamente políticas, o mejor dicho, partidistas. Por supuesto, los tópicos acerca del perfil de los defensores y de los detractores de mantener este elemento no se han hecho esperar. No hace falta decir entonces a qué ideología se asocia cada posición.


Sobre los orígenes históricos de esta cruz en el número 133 del boletín Ideal (suplemento de la Hoja Diocesana de la parroquia de San Juan de Horta) de enero-febrero de 1961 nos informa de una peregrinación de feligreses desde la plaza de Bacardí hasta el parque del Turó de la Peira, donde se procedió a la bendición de la cruz monumental. Fuentes más dispersas (y dudosas) hacen coincidir su colocación al poco tiempo de inaugurarse el Turó de la Peira como parque público municipal en 1936, justo antes de estallar la Guerra Civil española. Otras la ubican en los años 40, durante la postguerra, coincidiendo con las políticas misioneras y de evangelización de los barrios llevadas a cabo por la Iglesia bajo el régimen franquista. Incluso aseguran que la iniciativa fue del padre Tarsicio de la parroquia de Sant Francesc Xavier, en Can Peguera. Mientras que otras afirman que se instaló con motivo del XXXV Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona de 1952 e incluso durante las Jornadas Marianas de 1954 a modo de reafirmación del llamado nacional catolicismo. En ninguno de estos casos se ha hallado información al respecto que así lo certifique.
Se trata de una cruz de unos 5 metros de altura forjada de hierro completamente funcional y carente de elementos artísticos, sujeta sobre una gran base de piedra y ubicada en una cima a 138 metros de altitud sobre el nivel del mar desde donde se contemplan excelentes vistas a la ciudad y alrededores. Antaño fue lugar de paso de los Vía Crucis, de peregrinación y punto de congregación de feligreses.


Acostumbrados a ciertos sectores políticos cuya especialidad es dividir y enfrentar a la sociedad, marear la perdiz donde siempre ha habido paz, ver fantasmas allá donde no los hay y provocar un conflicto o ver problemas donde nunca han existido, permítanme que me posicione a favor de conservar la cruz monumental del parque del Turó de la Peira. Llámenme como quieran y pónganme las etiquetas que deseen, yo tengo muy claro quién soy, qué pienso y lo que quiero. Inevitablemente mis argumentaciones (como las de todos) tienen una parte objetiva y otra subjetiva, por supuesto siempre discutibles. A modo de esquema las principales razones por las que defiendo su mantenimiento son:
- Con independencia de su origen, es un elemento integrado en el paisaje con valor cultural e histórico que simboliza, más allá de tradiciones y creencias, la espiritualidad y la conexión de los vecinos del barrio con la montaña.
- Es un elemento identitario del parque y, en parte, del barrio, así como un icono de referencia para quienes exploran la ciudad y sus alrededores.
- Contiene una carga sentimental especial para muchos vecinos del barrio, tanto creyentes como no creyentes.
- En sí misma carece de connotaciones políticas.
- Constituye, a la vez, un símbolo de memoria histórica y un símbolo paisajístico compatible con la evolución democrática de la ciudad y la reinterpretación de los espacios urbanos.
- Es testigo viviente de una antigua tradición montañesa que, además de representar la conquista de una cumbre, simboliza la fe, la protección divina durante el ascenso, la espiritualidad y formar parte de una comunidad.


A los anteriores apartados tengo más argumentos, los cuales he preferido exponerlos a modo de réplica a los razonamientos de quienes se posicionan a favor de retirar la cruz monumental, lo cual me permite explayarme en determinados aspectos. En primer lugar, sus detractores afirman que es un símbolo franquista y antidemocrático que no respeta la diversidad ideológica. La cruz como símbolo cristiano fue adoptado por el emperador Constantino a partir del año 312 (siglo IV), por lo que obviamente no se puede atribuir al franquismo y es además compatible con los valores democráticos y la libertad ideológica al asociarse ineludiblemente con las enseñanzas de Jesús. Rompiendo tópicos ¿acaso no existen los cristianos de izquierda y los comunistas cristianos? Por ello, aunque la Iglesia Católica no es un ente democrático, lo que representa la cruz trasciende mucho más allá de una institución clerical por poderosa que sea. Es más, suponiendo que se hubiese instalado bajo el franquismo tampoco lo convertiría en franquista porque no todo lo creado, decidido o instaurado en tiempos de Franco es necesariamente franquista. No existen pruebas que demuestren que se trate de un homenaje a los "Caídos por España" del bando sublevado durante la Guerra Civil. Una vez más se confunde la época con la ideología.
En segundo lugar argumentan que no encaja con el laicismo. La presencia de la cruz monumental no supone la imposición ni la promoción de una religión ni ocupa un espacio predominante en el parque hasta el punto de robar la neutralidad y "expulsar" a quienes no comulgan con el cristianismo. Actualmente en una sociedad cada vez más plural forma parte de la diversidad cultural y es un elemento cultural. No olvidemos que el laicismo no justifica la exclusión sistemática de símbolos religiosos de los espacios públicos, pues de lo contrario podría vulnerar el derecho a la libertad religiosa. Siempre he sido partidario del estado aconfesional frente al estado laico porque a la vez que no se impone ninguna religión como oficial se garantiza la igualdad y el respeto a todas las creencias, es posible la cooperación del Estado con instituciones religiosas y además reconoce el hecho religioso en la sociedad, una realidad que no se puede ni se debe de ocultar.


En tercer lugar alegan que no respeta la diversidad religiosa. Durante este primer cuarto de siglo Barcelona la inmigración extranjera ha tenido como consecución el aumento del número de evangelistas, ortodoxos, testigos de Jehová, musulmanes, budistas, hinduistas y judíos. Ello ha sucedido estando la cruz monumental presente en el Turó de la Peira, por lo que no ha sido para nada impedimento alguno de este fenómeno creciente. Merece remarcar por si nadie se había percatado, que también existen cristianos contrarios a la simbología religiosa y, por tanto, a la cruz monumental del Turó de la Peira, como son los mormones, los evangelistas, los ortodoxos, los Testigos de Jehová y los llamados Cristianos de Base, todos ellos claramente anticonistas. Y en el bando opuesto, existen numerosos agnósticos y ateos favorables a su mantenimiento porque lo perciben como un icono de identidad del barrio que no ofende a nadie. Otra vez rompemos tópicos.
Y en cuarto lugar sostienen que no garantiza la inclusividad ni del espacio público. Falso. En el momento en que un símbolo religioso es aceptado por la pluralidad y visto como un elemento cultural y patrimonial, además de un icono identitario, deja de ser algo privilegiado y discriminatorio para pasar a ser un elemento estático a caballo entre la tradición y la neutralidad institucional. La presencia de la cruz no impide ni prohíbe la posibilidad de permitirse otros símbolos monumentales de otras confesiones, algo que el modelo aconfesional español autoriza y se ampara en la Constitución.


Finalmente el Ayuntamiento de Barcelona confirmó oficialmente su intención de volver a instalar la cruz donde siempre ha estado. Afortunadamente lo demás han sido rumores infundados malintencionadamente que para nada responden a la realidad. Todo forma parte del proceso de remodelación al que se someterá el parque del Turó de la Peira el cual, entre otras cosas, mejorará su accesibilidad.

Fotos: Ajuntament de Barcelona, Arxiu Fotogràfic de Barcelona (AFB), Arxiu Municipal del Districte d'Horta-Guinardó (AMDHG), J. Caminal, Jordi Corominas, Miguel Badosa.