jueves, 8 de octubre de 2026

Andrés Naya, del activismo vecinal a la eternidad


Como dijo un lector habitual del presente blog, este año parece un obituario y es un no parar. Y no es para menos pero así es la vida. El pasado martes día 6 recibí la triste noticia del traspaso de Andrés Naya Cabrero a los 80 años de edad, tras sufrir una larga enfermedad. A pesar de que la gente más cercana a él sabía cuál era su verdadero estado de salud, en parte me cogió por sorpresa, pues recientemente el 29 de septiembre presentó en el Casal de Barri de la Prosperitat sus dos últimos libros: "La Prosperitat. Una lucha constante" y "La Prosperitat a cops!! Inventario vecinal muy personal (1970-2020)”. Nacido en Huesca (Aragón) en 1946 era el mayor de seis hermanos. En 1974 se marchó a Barcelona, en el barrio de la Prosperitat, donde se involucró en los movimientos vecinales y residió hasta el final de su vida. Pocos saben que estudió Magisterio pero que jamás ejerció. Laboralmente trabajó como empleado en el Banco Hispanoamericano (actual Santander). En verdad su traslado a Barcelona se debió a que su novia, Lourdes Ponce, más conocida como "Pitusa", también activista vecinal, consiguió una plaza en Telefónica en la capital catalana. Y él la siguió.


En 1974 participó en una manifestación en la Via Júlia contra la ejecución de Salvador Puig i Antich, acción aplaudida por la gente que salía de los bares, tal y como él mismo explicaba. En ese mismo barrio nació su hija Clara, también activista como su padre y, finalmente, su nieta Lola. En 1977 ingresó en la Coordinadora de Asociaciones de vecinos de 9 Barrios y en la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FAVB), donde llegó a ostentar el cargo de vicepresidente. En octubre de 1991 fundó, dirigió y coordinó la revista “Carrer”, impulsada por la FAVB con el objetivo de sustituir el antiguo boletín interno “FAVB informa”. Entre sus luchas en la Prosperitat merecen destacar acciones como la reivindicación del alcantarillado, el asfaltado de las calles, el alumbrado público, la instalación de los primeros semáforos para evitar atropellos, así como la reclamación de zonas verdes, ambulatorios y escuelas. También apoyó la huelga de trabajadores de la fábrica Autocesorios Harry Walker. En otros barrios luchó contra la especulación inmobiliaria, se implicó en la Plataforma Pro-metro a Nou Barris, coordinó una insurrección ciudadana contra el encarecimiento de los recibos del agua, visibilizó la crisis de la aluminosis tras el incidente sucedido en el Turó de la Peira y luchó por la creación y autogestión comunitaria de espacios públicos.


Lo conocí por primera vez en el local de la Associació de Veïns i Veïnes del Congrés-Indians, actual Centre Cultural Can Clariana. Fue en 1996 debido a que se anunció la supresión de la línea 18 de autobús tan pronto la L2 de metro fuera prolongada desde “Sagrada Família” hasta “La Pau”. Entre otras personalidades, como el entonces presidente de la citada asociación vecinal, Julio Rosique Rubio, en esa asamblea abierta a los vecinos estuvo invitado Andrés Naya a hablar y a formar parte de una pequeña comisión negociadora para intentar convencer a TMB que mantuviera en servicio el 18. Al cabo de tres años volví a saber de él gracias a mi vinculación con el Arxiu Històric de Roquetes-Nou Barris, entidad cultural sin ánimo de lucro en la cual colaboro y soy socio desde 1999. Lo recuerdo un hombre algo excéntrico y sobretodo activo, dinámico, inquieto, despierto y atento. Cuando hablé por primera vez con él tuve una buena impresión. Me pareció un tipo por encima de todo simpático, cordial, abierto, conversador y hospitalario. Era de aquellas personas que sabían caer bien enseguida y meterse a la gente en el bolsillo. Sencillo y humilde, sin ínfulas de superioridad, era un buen orador y sabía muy bien lo que decía. Su inteligencia era innata, de la vida y de sus experiencias personales. Su conocimiento acerca del estado de los barrios era extraordinario. Por este motivo no es de extrañar que haya sido un referente tanto para las generaciones contemporáneas a su época que compartieron las luchas a su lado como también para las nuevas generaciones que han aprendido cómo debe de actuar un activista vecinal. Y es que no deberíamos de olvidar que a menudo el movimiento asociativo funciona como una escuela de formación donde aprendes en la práctica.


Su vínculo con el Arxiu Històric de Roquetes-Nou Barris fue importante. Participó en varias de las actividades programadas, especialmente en las colaboraciones realizadas con las asociaciones y entidades de la Prosperitat de cara a organizar rutas guiadas, conferencias sobre historia y presentaciones de libros, exposiciones y boletines. Hizo además una gran donación tanto de documentación como de fotografías que se convirtió en una aportación muy rica e interesante de material bastante inédito. A su vez consultó a menudo el fondo documental para elaborar sus libros y artículos, algunos de ellos publicados en la revista “L'Arxiu”. En 2008, con motivo del 25 aniversario de la fundación de la entidad, fue uno de los miembros de la mesa que dirigió unas palabras al público asistente. Y gracias a su apoyo incondicional, junto con otros vecinos y entidades, fue posible el traslado en 2011 al Espai Via Favència. En mi breve periodo como presidente de la entidad tuve el privilegio de conocerlo mejor cuando acudía a menudo a la Coordinadora d’Associacions Veïnals de Nou Barris. En cuanto a publicaciones, fue uno de los miembros del consejo asesor del libro “L’abans Barcelona Nou Barris”, publicado en 2014 y que un servidor escribió junto a los compañeros Jordi Sànchez Ruiz y Marta Grau Serrat. También se ofreció para escribir el prólogo de mi libro “Así era Nou Barris”. En 2016 fue uno de los presentadores del libro "La Transición en Nou Barris" de Roberto Lahuerta y en 2023 del libro "Cròniques del fang" de Jaume Fabre.


Siempre activo y sonriente hasta el último aliento de su vida, nunca dejó de afirmar que la actual democracia de la que gozamos no ha sido en verdad un pacto político o gracias a los padres de la Constitución, sino gracias a los movimientos vecinales y populares que se opusieron a la dictadura y reclamaron libertad y derechos humanos. En este sentido, siempre defendió que las asociaciones vecinales marcaban las directrices a seguir, convirtiéndose en los paraguas de las multitudinarias manifestaciones desde 1976, pidiendo ayuntamientos democráticos y participativos. Para él, Barcelona no tendría nada que ver con lo que es sin las victorias que consiguieron las asociaciones vecinales. Lo que sí puedo asegurar es que la historia del movimiento asociativo barcelonés no podría explicarse sin la figura ineludible de Andrés Naya Cabrero.


Gracias por tu buen trabajo y seguro que pronto tendrás dedicada una calle o una plaza o bien un centro cultural o una biblioteca para perpetuar tu memoria. Saluda y abraza a todos los líderes vecinales que ya cruzaron antes que tú al otro lado y nos vemos dentro de unos cuantos años (si Dios quiere) en la eternidad.

Fotos: Albert García (El País), Arxiu Històric de Roquetes-Nou Barris, Arxiu Municipal del Districte de Nou Barris, Marc Asensio (El Periódico), Pérez de Rozas.

jueves, 24 de septiembre de 2026

Can Pistolas cumple 100 años


La sala Capitol cumple 100 años. Actualmente cerrada y a la espera de una reapertura prevista para la fiesta de la Mercè del próximo año 2027, inició sus andaduras como cine entre 1926 y 1990, pasando a ofrecer teatro una vez reformado a dos salas entre 1990 y 2020. Por su ubicación en la rambla en pleno centro histórico de Barcelona fue uno de los espacios culturales más populares de la ciudad, todo un símbolo de una época y un referente ineludible de numerosas generaciones.
Si efectuamos un breve repaso de su historia, la empresa Ideal construyó e inauguró el 23 de septiembre de 1926 en el número 6 (actual 138) de la Rambla de Canaletas (y fachada en los números 7-9 de la calle de Santa Anna) el Capitol Cinema. En el estreno, donde amenizó con música la Orquestina Suñé, se proyectaron las películas “Los parásitos” y "Dick el Guardiamarina". El interior tenía una capacidad de 1.700 plazas repartidas entre una gran platea y un anfiteatro y unas butacas con respaldo alto para evitar que los espectadores apoyaran los pies. Gracias a su céntrica situación enseguida se hizo muy popular.


En 1928 ofreció la misma programación que el cine Coliseum y el 4 de noviembre de ese mismo año pasó a formar parte de la empresa Cinematográfica Nacional Española Sociedad Anónima (Cinaes), fundada por el comerciante Vicenç Montal Comelles y el banquero Ernesto Carpi Gentilli, con el propósito de afianzarse y proyectar películas norteamericanas.
El 31 de agosto de 1930 cerró temporalmente para adaptar la sala al cine sonoro con equipos de la Western Electric, reabriendo el 6 de septiembre siguiente ofreciendo el programa doble "La bella de Samoa" y "El precio de un beso". A principios de esa década el Capitol Cinema comenzó a ser popularmente conocido como “Can Pistolas” debido a su habitual programación de películas de acción, westerns, gánsteres y policíacas.
Tras la disolución de Cinaes en 1935 los empresarios Antoni Soler, Miquel Coll y los hermanos Francesc y Josep Xicota Cabré fundaron la nueva Empresa Capitol, pasando a gestionar la sala a partir del 27 de abril de ese mismo año.
Durante los primeros veinte años de vida se anunciaba en la fachada del cine los estrenos semanales mediante grandes carteles publicitarios de las películas obra del artista Antoni Clavé.


Al estallar la Guerra Civil el 18 de julio de 1936 el cine fue confiscado por el sindicato CNT reabriendo nuevamente como sala de proyecciones a partir del 20 de agosto siguiente. El Sindicato Único de Espectáculos Públicos de Barcelona (SUEP) se encargó de la gestión asamblearia de la sala y también de todos los cines y teatros barceloneses (excepto el teatro del Liceu), e incluso funcionó como productora de cine y documentales de propaganda republicana. Acaparaba, además, salas de fiestas, cabarés, frontones, circos y estudios de rodaje. A nivel laboral unificaron los salarios de todos los trabajadores (taquilleras, acomodadores y limpiadores) introduciendo un subsidio por enfermedad, invalidez y desempleo técnico. No obstante, la escasez de materias primas, los bombardeos y la censura gubernamental terminaron por ahogarlo económicamente, hecho que desembocó inexorablemente a su clausura.
Además de la actividad cinematográfica, en 1938 parte del local se habilitó como comedor patrocinado por la Associació Internacional dels Amics Quàquers, en colaboración con el Ayuntamiento de Barcelona para ofrecer asistencia alimentaria a niños menores de cinco años.
Tras finalizar la Guerra Civil reabrió sus puertas el 10 de febrero de 1939 bajo las directrices del nuevo régimen franquista, ofreciendo programas dobles. El 11 de octubre siguiente compartió programación junto al cine Metropol. El 24 de junio de 1940 por imperativo legal pasó a llamarse Cine Capitolio, si bien el 27 de septiembre de 1948 recuperó su nombre original. Durante los años 40 y 50 vivió una etapa de consagración popular como un emblemático punto de encuentro del cine de barrio en pleno centro de la ciudad, volviendo a llenarse de público que buscaba en las sesiones matinales y continuas una vía económica de evasión. En 1962 la gestión de la sala pasó a manos de la empresa Balañá.


Con el auge de las multisalas y la crisis de las salas únicas el 22 de febrero de 1989 cerró sus puertas por reformas y el 18 de abril de 1990 reabrió con dos salas bajo la denominación Club Capitol: la Sala 1, la antigua platea, disponía 523 butacas y estaría dedicada al teatro, mientras que la Sala 2, antiguo anfiteatro, con 253 butacas continuaría la proyección de películas. Esta nueva etapa se inauguró con la obra teatral “Cómeme el coco negro” y la película “El cielo se equivocó”. Pocos años después, el 17 de diciembre de 1998, la falta de rentabilidad cinematográfica obligó a convertir la Sala 2 también en teatro. Ambas salas se especializaron en teatro de pequeño formato, las comedias y los monólogos de humor. Tras acoger diversos espectáculos y monólogos del actor Pepe Rubianes, a raíz de su muerte el 1 de marzo de 2009, la Sala 1 fue rebautizada el 1 de marzo de 2010 como “Sala Pepe Rubianes” en homenaje.


Del 5 de octubre al 31 de diciembre de 2016 la Filmoteca de Catalunya ofreció una exposición que, bajo el título “Les façanes del Can Pistoles (Cinema Capitol, 1926-1989)”, mostró un conjunto de imágenes de las fachadas artísticas más representativas. Finalmente, debido a la crisis y a la finalización de su etapa como recinto teatral tras no ofrecer el propietario del edificio renovación del contrato de alquiler al Grupo Balañá brindó su última función el 12 de marzo de 2020 y cerró sus puertas.
Afortunadamente y si todo va bien se prevé un final feliz, pues para el próximo 24 de septiembre de 2027 el Capitol reabrirá sus puertas bajo titularidad municipal, gracias a un acuerdo entre el Ayuntamiento de Barcelona y la propiedad del edificio. La operación consiste en calificar el edificio del Capitol como municipal y el edificio de Telefónica de la calle de Fontanella para usos comerciales y de oficinas. Ambos pertenecen a la empresa inmobiliaria Torcalena. La plusvalía de la operación, de unos 37.000.000€ supondrá costear las obras de reforma.


El objetivo del proyecto es mantener la estructura originaria del teatro, con dos salas, la Sala 1 con un aforo de 402 butacas y la Sala 2 con 198 butacas, y ello forma parte de la apuesta por reabrir espacios culturales que llevaban años cerrados, así como la recuperación de la Rambla como paseo ciudadano y como eje cultural. Además, el edificio incluirá en las dos últimas plantas del edificio las oficinas de los servicios centrales del Consorci de Biblioteques de Barcelona.

Fotos: Ajuntament de Barcelona, Carlos Pérez de Rozas, Gabriel Casas i Galobardes, El País, Grup Balañá, Josep Postius, Juan Antonio Sáenz Guerrero, Massimiliano Minocri, Pau Olviva, Teatre Barcelona.