viernes, 20 de marzo de 2026

60 años del concierto de Ella Fitzgerald y Duke Ellington en Barcelona


Se cumplen 60 años de la llegada de la cantante Ella Fitzgerald y del compositor y pianista Duke Ellington a Barcelona. Procedentes de Nueva York, “la Reina del Jazz” y “el Duque” aterrizaron a la capital catalana en el contexto de una gira europea organizada por el empresario norteamericano George Wein. Para ello debemos de remontarnos a los años sesenta, cuando el empresario barcelonés Joan Roselló adquirió el Bar Brindis, sito en la plaza Reial número 17, para convertirlo en una sala para conciertos de jazz. El local abrió sus puertas el 9 de enero de 1960 con la actuación de un quinteto liderado por el pianista Tete Montoliu y fue bautizado como Jamboree Jazz Club, palabra que en la lengua de las comunidades zulús significa “reunión de tribus”. Llegados al sexto aniversario de la sala se pensó que la mejor manera de celebrarlo sería mediante un gran concierto con los mejores referentes de género jazzístico mundial del momento. Por este motivo se pensó en Ella Fitzgerald y Duke Ellington, considerados grandes renovadores del género, aprovechando su tour por el continente europeo.


Años atrás se había planteado traer a la mítica cantante a Barcelona, pero el caché que ella pedía lo impidió. Sin embargo, el hecho de disponer de los medios económicos para invitarla a actuar sumado a la creciente afición por el jazz lo hicieron propicio. Tras las gestiones pertinentes con el promotor musical y productor Norman Granz y habiendo acordado fecha de llegada, fue entonces cuando Joan Roselló le pidió a la cantante Nuria Feliu, la cual actuaba a menudo con el pianista Tete Montoliu y ejercía de presentadora en los conciertos de la sala, que hiciese de anfitriona de los dos artistas estadounidenses recibiéndolos en el aeropuerto del Prat con un “Welcome to Barcelona” y un ramo de flores. Finalmente la mañana del martes 25 de enero de 1966 el avión de la compañía Pan American procedente de Nueva York aterrizó en Barcelona. Nuria Feliu, que no sabía inglés y estaba nerviosa por la emoción del acontecimiento, se quedó en blanco y le dio el ramo a Ella Fitzgerald diciéndole: “Tingui”. Allá en el aeropuerto estuvieron también presentes el cónsul de los Estados Unidos, John W. Ford, así como un grupo de aficionados que los recibieron con una pancarta de bienvenida. También bajaron del avión la esposa de Duke Ellington y los miembros de la orquesta. Se contabilizaron cincuenta maletines, dos baúles y varios bolsos de viaje. Un taxi los llevó al Hotel Ritz (actual Palace), donde se alojaron.


En el mismo día se celebraría el esperado concierto, en realidad dos, uno a las 19:00h y el otro a las 23:00h en el Palau de la Música. Poco antes de la actuación hubo una breve sesión fotográfica. Ella Fitzgerald no se mostró muy predispuesta a dejarse retratar, mucho menos con “flash”, ni a ofrecer largas entrevistas. Se comentó que no estaba de muy buen humor porque había perdido un alfiler de oro y porque a su llegada al aeropuerto un fotógrafo, seguramente un aficionado y no un periodista, le había soltado un piropo ofensivo.
A modo de curiosidad, mencionar que en el programa del concierto se indicaba, textualmente: “Se pone en conocimiento del público que Duke Ellington y Ella Fitzgerald no llevan un programa estudiado. Su actuación se acopla al ambiente y a las peticiones del público, por lo que resulta del todo imposible (y es su norma) establecer un orden para los números a interpretar”.


Ella Fitzgerald actuó junto a Duke Ellington, cuya orquesta estaba formada por él mismo (como director, arreglador y piano), Mercer Ellington (arreglador y trompeta), Cat Anderson (trompeta), Herbie Jones (trompeta), Cootie Williams (trompeta), Lawrence Brown (trombón), Buster Cooper (trombón), Chuck Connoers (trombón bajo), Johny Hodges (saxo alto y soprano), Russell Procope (saxo alto y tenor), Paul Gonsalves (saxo tenor), Jimmy Hamilton (saxo tenor y clarinete), Harry Carney (saxo barítono), John Lee Lamb (contrabajo y violín) y Sam Woodyard (batería). También estuvo presente el trío de Jimmy Jones, formado por él mismo en el piano junto a Joe Benjamin (bajo) y Roy Haynes (batería). Las actuaciones terminaron con una gran ovación del público hasta el punto que Duke Ellington comentó, textualmente: “Jamás sospeché que nos dedicaran una acogida tan cordial y mucho menos que entendieran de jazz de la forma que lo han demostrado. Digo, sinceramente, que ha sido Barcelona donde he visto el público más entusiasta. Cuando aplaudían al trompeta Cootie Williams me ha dado la impresión de que estaba en una plaza de toros y todo el mundo pedía la oreja, el rabo y las patas para el matador”. La experiencia, presupuestada en algo más de un millón de las antiguas pesetas, fue rentable.


Al siguiente día Ella Fitzgerald y Duke Ellington, el cual fue obsequiado con una estatuilla del torero Manuel Díaz “El Cordobés”, cinco corbatas de seda natural y seis botellas de coñac, tomaron el avión hacia Francfort donde actuarían una noche y desde allí volaron hacia Londres donde permanecerían tres días. El gran éxito de público de los dos conciertos motivó a Joan Roselló a crear poco después el Festival de Jazz de Barcelona, el 3 de noviembre de ese mismo año con cinco conciertos en los que participaron Dave Brubeck Quartet, Max Roach Quintet y Sonny Rollins, Bud Freeman con Alex Welsh Orchestra, los Uptown Swing All Stars (con Milt Buckner, Roy Eldridge y Illinois Jacquet, entre otros), y un programa doble con el Tete Montoliu Trío y el Stan Getz Quartet y Astrud Gilberto.


Tras la aparición de una figura decisiva y fundamental como fue la de Tete Montoliu, los conciertos de Ella Fitzgerald y Duke Ellington de 1966 en Barcelona supusieron, sin duda, el despegue definitivo del jazz en la capital catalana y la ubicación de la ciudad en el mapa internacional recuperando e incluso superando su antigua categoría de epicentro de este género que tuvo en los años 30. Desde entonces tanto la proliferación de artistas jóvenes o debutantes como la presencia de artistas consagrados nacionales e internacionales, así como la apertura de salas de concierto, la organización de festivales y la creación de escuelas de música moderna y jazz ha sido una tónica imparable hasta la actualidad.

Fotos: Arxiu Fotogràfic de Barcelona, Biblioteca de Catalunya, Carlos Pérez de Rozas, Cifra, CEDOC, Festival de Jazz de Barcelona, Francisco Gallés Miquel.

lunes, 16 de marzo de 2026

Adiós a la discoteca Karma (1978-2026)


La discoteca Karma cierra definitivamente sus puertas, tal y como sus responsables anunciaron el pasado miércoles día 11 de este mes. Tras poco más de 47 años de su apertura Barcelona pierde otro local de ocio nocturno de referencia. Esta sala de fiesta se ubicó en el número 10 de la plaza Reial, en un espacio donde anteriormente hubo otros negocios y mucha historia. En la década de 1850 abrió allá sus puertas el Café Turco y la sastrería Miquel Camps. En 1864 el Café Turco pasó a ser el Café de Europa. En la década de 1870, junto al citado establecimiento hubo la sastrería El Gallo de Oro y la relojería El Cronómetro. En 1919 la sastrería Miquel Camps se convirtió en la tienda de ropa Casa Roig i Guasch, a la vez que allá se inauguró la primera sede del Museo Pedagógico de Ciencias Naturales. En 1926 éste negocio se trasladó al número 8 de la plaza mientras que en su lugar se instaló el célebre taller del taxidermista Pau Areny-Plandolit, además del anticuario José Valenciano. Tras estallar la Guerra Civil española, a partir del año 1937 los subterráneos tanto del número 10 como los demás fueron usados como refugios antiaéreos. Llegados a la posguerra se instaló la fábrica de pañuelos Manufacturas Sedafil, el cual tuvo la mala suerte de sufrir un incendio en 1949. Al siguiente año abrió la sastrería Gallup, la cual funcionó hasta los años setenta.


Fue entonces cuando Juan Andrés Aguilera y Benito Antonio Esteban, dos empleados de la pizzería Rivolta de la calle del Hospital, decidieron emprender negocio por su propia cuenta en ese local. Habiendo obtenido los permisos correspondientes, la noche del 31 de diciembre de 1978, coincidiendo con fin de año, abrió sus puertas la discoteca Karma. Bajo la galería porticada del edificio, justo al lado del histórico hostal Ambos Mundos se hallaban dos accesos, el de la izquierda correspondía a la entrada y salida de la discoteca, estando allá la taquilla; y a la derecha había el bar con terraza. A la sala de fiesta, en un subterráneo, se accedía mediante unas escaleras que daban paso a un área diáfana de estructura tubular de doble bóveda de cañón que definía a la izquierda la barra de bar y a la derecha la pista de baile, la cual incluía un púlpito para el DJ ubicado al fondo. Ambas zonas estaban separadas por unas gruesas columnas.


Desde sus inicios se definió como una discoteca moderna y avanzada a su tiempo en tanto que se caracterizó por su inclusividad. Además del ambiente hetero también destacó el ambiente gay y de personas transexuales en unos tiempos en los cuales estos colectivos tenían vetado su acceso en la mayoría de locales de ocio. Fue célebre y habitual el personaje del travesti Fernanda. Otros personajes conocidos fueron Ocaña, Camila y Toci. En 1986 el local fue escenario de rodaje de la película “La rossa del bar” del director Ventura Pons, habiendo una escena con dos de sus protagonistas, Enric Majó y Núria Hosta. El 13 de abril de 1989 los propietarios constituyeron la empresa que gestionaba la discoteca bajo el nombre de Dreston, S.L.


La discoteca Karma ofreció variedad musical combinando Rock, Rock & Roll, Pop, Soul, Blues, Hard Rock, Punk, Grunge, Indie y Heavy Metal, con temas de los años sesenta hasta la actualidad. Llegado el momento de cerrar, la última canción ofrecida siempre era “Goodnight Ladies” de Lou Reed. Dos de los DJ's que pincharon discos durante estos últimos años fueron Ladroncomix, Luís Furtado, Nenazza, Waaax y Robert Martex. Ocasionalmente grupos alternativos ofrecían conciertos de música.
Generalmente abría sus puertas de martes a sábado desde las 0:00h de la medianoche hasta las 3:00h de la madrugada los martes miércoles y jueves (salvo vísperas de festivos que prolongaba hasta las 6:00h) y hasta las 6:00h de la mañana los viernes y sábados por ser fin de semana. El bar permanecía abierto a diario desde las 23:00h de la noche hasta las 3:00h de la madrugada.


En el 2002 la trilogía literaria “El día del Watusi” del escritor Francisco Casavella hace ocasionales referencias a la discoteca en algunos de los capítulos de cada libro. Precisamente la obra narra la historia de Fernando Atienza, un joven que vive en la Barcelona de la transición, justo cuando Karma abrió sus puertas. Años después la discoteca se sometió a una reforma que no quedó exenta de polémicas, consistente en trasladar la pista de baile a la derecha y la barra del bar a la izquierda. Tras la muerte de Juan Andrés Aguilera en 2014 Benito Antonio Esteban pasó a ser administrador único de la empresa hasta el cierre definitivo del negocio.


La desaparición de la discoteca karma se suma a la reciente clausura de la sala La Deskomunal del barrio de Sants debido a la fuerte presión provocada por un cúmulo de dificultades surgidas desde la pandemia hasta la actualidad. Durante estos últimos años salas de fiesta de gran popularidad como Tango (2020), Alfa (2021), Merlín (2023), Brisas (2023), Bóveda (2024) y Sidecar (2024) también han bajado definitivamente la persiana. El ocio que fue símbolo de una época y que perteneció e influyó a unas determinadas generaciones está desapareciendo de la ciudad. La Barcelona nocturna jamás volverá a ser lo que una vez fue. Hasta siempre "karmeros".

Agradecer la inestimable colaboración del historiador Xavier Theros para poder explicar qué negocios hubo anteriores a la discoteca Karma en los bajos del número 10 de la plaza Reial. A ello recomiendo su libro "Vida i miracles de la plaça Reial", coeditado por el Ayuntamiento de Barcelona, la Associació d’Amics i Comerciants de la Plaça Reial y la Fundació SETBA.

Fotos: Bar Discoteca Karma (archivo).