martes, 7 de julio de 2026

Barcelona y el Tour de Francia (I): edición 44ª de 1957


Tras la reciente visita de S.S. el Papa León XIV la ciudad de Barcelona vuelve a estar en el mapa mundial. Esta vez el motivo ha sido la recepción por cuarta vez en su historia del Tour de Francia. Por esta razón en el presente blog se ofrecerán una serie de artículos relativos a este gran acontecimiento deportivo internacional del cual se efectuará un breve repaso acerca de cómo se vivieron los certámenes de 1957, 1965, 2009 y 2026, es decir, de las cuatro ocasiones en que pisó la capital catalana.
Desde sus inicios en 1903 la primera vez que el Tour de Francia pasó por España fue en 1949, correspondiente a la 36ª edición, concretamente en la 9ª etapa entre Burdeos y Donostia-San Sebastián. En cuanto a participantes españoles el primero de la historia y el primero en finalizar fue José María Javierre en 1909; el primer ganador de una etapa fue Salvador Cardona en 1929; el primer ganador de la clasificación de la montaña fue Vicente Trueba en 1933; y el primero en subir al podio final fue Bernardo Ruiz en 1952.


Merece además destacar que Miguel Poblet Orriols, apodado “El calvo divino” y “El bebé de Montcada” fue el primer español en recibir el maillot amarillo de líder en 1955. Ello tuvo tal repercusión que motivó al entonces periodista deportivo Juan Antonio Samaranch a negociar con el entonces director del Tour de Francia Jacques Goddet para que la carrera ciclista gala cruzara la frontera y llegara hasta Barcelona. Para ello fue decisiva la estrategia deportiva y comercial del creador del Tour de Francia, el periódico deportivo francés “L'Équipe”. Dicho diario años después sería también conocido por crear, en 1955, la Copa de Clubes Campeones Europeos de fútbol, actualmente conocida como UEFA Champions League.
El Tour de Francia que llegó a Barcelona correspondió a la 44ª edición disputada entre el 27 de junio y el 20 de julio de 1957. Tuvo un recorrido de 4665 kilómetros dividido en 22 etapas de las cuales la 3ª y la 15ª estuvieron divididas en dos sectores. Se inició en Nantes y finalizó en Paris. Además de pisar España, también pasó por Bégica y Suiza. Participaron un total de 120 ciclistas de los cuales 56 lograron llegar a la meta.



La 15ª (a) etapa tenía una longitud de 197 kilómetros y fue presenciada por más de un millón de personas. Desde Perpignan, en Francia, el recorrido continuó por la carretera N.9 près Pollestres, Carrefour N.9-N 612 (Mas Sabole), Rameylbe, Le Boulou, Carrefour N.9-N 618, L’Ecluse y Le Perthus. Entrando en España continuó por La Jonquera, Pont de Molins, Hostalets de Llers, Figueres, Bàscara, Medina, Sarrià de Ter, Girona, Palau, Santa Susanna, Pineda de Mar, Calella, Sant Pol de Mar, Canet de Mar, Arenys de Mar, Caldes d’Estrach, Mataró, Vilassar de Mar, Premià de Mar, El Masnou, Montgat y Badalona. En el término municipal de Barcelona el recorrido se efectuó por la carretera de Mataró, Pedro IV, Almogávares, avenida Meridiana, paseo de Pujadas, avenida de Martínez Anido (actual paseo de Picasso), avenida del Marqués de la Argentera, plaza de Palacio (actual Pla de Palau), paseo de Isabel II, plaza de Antonio López (actual Correus), paseo de Colón, plaza de la Puerta de la Paz, paseo de Colón (actual Josep Carner), carretera de Miramar, avenida de Miramar y avenida del Estadio hasta el Estadio Municipal de Montjuïc (actual Estadi Olímpic Lluís Companys).


Llegados sobre las 17:30h allá cubrieron una distancia de 180 metros más una vuelta completa de 500 metros. El ganador de la etapa fue el francés René Privat con un tiempo de 5h. 24m. 47s., mientras que el maillot amarillo de líder lo llevó el también francés Jacques Anquetil. La representación francesa acaparó, además, el segundo y el tercer puesto, con André Darrigade (en 5h. 25m. 25s.) y Gilbert Bauvin (en 5h. 25m. 37s.). En el palco hicieron presencia las principales autoridades, entre ellas el alcalde de Barcelona José María de Porcioles, el gobernador civil de Barcelona Felipe Acedo Colunga, el director general del Tour de Francia Jacques Goddet, el cónsul de Francia en Barcelona Jean Jolivet y el  concejal de Deportes en el Ayuntamiento de Barcelona Juan Antonio Samaranch.


A la carrera ciclista acompañaron a modo de espectáculo desde las 15:00h un desfile de 200 vehículos publicitarios, motoristas acróbatas, una exhibición de atletismo y de los Castellers del Vendrell, además de la actuación de los artistas del music-hall Free Jacques, Ivette Horner, Paola y Robert Trabucco y su orquesta. También se sorteó una moto Vespa. Además de la vuelta ciclista, a las 16:45h en el mismo estadio se jugó un torneo amistoso de fútbol entre un combinado catalán y brasileño, con victoria de los locales por 4 goles a 1. Por parte de la Selección Catalana jugaron Alborch, Arqué, Rodri, Bartolí (sustituido por García), Sanchiz, Rivelles; Panicot, Duró, Alfredo Di Stéfano, Blanquera y Bosch. En la Selección Brasileña jugaron Wildes, Osvaldo, Osmario, Djalma, Sandoval, Ascendinho, Luiz (sustituido por Helio), Brandon, Naninho (sustituido por Sobastiao), Jeffersson y Luisinho.


El sábado 13 se efectuó el circuito en la montaña de Montjuïc, correspondiente a la etapa 15ª (b), una contrarreloj de 9,8 kilómetros de longitud iniciada a las 17:00h, que ganó Jacques Anquetil en un tiempo de 14,19 minutos. Partiendo de la avenida de Miramar, la ruta seguía por el paseo de Santa Madrona, la avenida de la Técnica (actual calle de la Guàrdia Urbana), la avenida de Rius y Taulet, la avenida del Marqués de Comillas (actual Francesc Ferrer i Guàrdia), la plaza de San Jorge y la avenida del Estadio. En segunda posición quedó el también francés Jean Forestier (en 14,41 minutos) y en tercer lugar el español Jesús Loroño (en 14,54 minutos). Media hora antes hubo también un desfile de vehículos publicitarios a modo de atracción.


La reparación y el mantenimiento de las bicicletas de los ciclistas participantes se efectuaron en el interior del Palacio Municipal de los Deportes de Barcelona, a cargo de mecánicos franceses. El periódico deportivo “L’Équipe” se encargó de traer sus propios vehículos publicitarios e incluso unas caravanas tipo roulotte, de las cuales unas llevaban bicicletas de recambio y piezas de repuesto y otras eran laboratorios fotográficos sobre ruedas. Paralelamente durante los días 12 y 13 en el Pueblo Español de Montjuïc se celebraron dos verbenas (la “Verbena del Tour” como la llamó el cronista de Barcelona Sempronio) a partir de las 22:30h donde actuaron numerosos artistas internacionales y vedettes, se proyectó en una gran pantalla habilitada la película de la etapa barcelonesa y acompañaron las orquestas de Ramón Evaristo, Robert Trabucco y Gene Kim.


El domingo día 14 a las 9:00h los ciclistas salieron desde la plaza de Catalunya, desde donde fueron despedidos en un acto festivo, llegando a las 10:30h a la carretera de Ribes frente a los cuarteles de Sant Andreu, donde se dio el pistoletazo de la etapa 16ª de 222 kilómetros entre Barcelona y Ax-les-Thermes, pasando por Montcada i Reixac, La Llagosta, Mollet del Vallès, Granollers, Les Franqueses del Vallès, La Garriga, Figaró-Montmany, Aiguafreda, Sant Martí de Centelles, Centelles, Tona, Malla, Vic, Manlleu, Torelló, La Farga de Bebié, Ripoll, Ribes de Freser, Collada de Tosses, La Seu d’Urgell y Coll de Puymorens. El francés Jean Bourlès ganó dicha etapa, la cual quedó desgraciadamente marcada por el trágico accidente de moto en el cual perecieron el periodista Alex Virot y su piloto René Wagner, cerca de la colonia textil de La Farga de Bebié, junto al río Ter, justo antes de comenzar el ascenso a los Pirineos.


Finalmente, el 20 de julio finalizó el Tour de Francia con la victoria del francés Jacques Anquetil (135h. 44m. 42s.), seguido del belga Marcel Janssens (135h. 17m. 20s.) y del austríaco Adolf Christian (135h. 17m. 20s.). España tuvo que conformarse con la cuarta posición, lograda por Jesús Loroño (135h. 20m. 17s.). En el siguiente artículo se resumirá la edición 52 correspondiente al año 1965.

Fotos: AFB, Brangulí, Diario de Barcelona, Josep Postius, Pérez de Rozas.

lunes, 29 de junio de 2026

A los 100 años de la muerte de Gaudí


En el presente año 2026 se conmemora el centenario de la muerte del arquitecto Antoni Gaudí i Cornet. Todo empezó el 7 de junio del año 1926. Como era habitual a las 17:30h salió de la Sagrada Familia, donde él tenía su taller y vivía desde hacía algunos meses, de camino hacia la iglesia de Sant Felip Neri, para rezar y entrevistarse con su confesor, Mossèn Agustí Mas i Folch. Tras bajar por la calle de Bailén, a las 18:00h atravesó la Gran Via. Se dice que en el momento de cruzar se detuvo en la entrevía para dejar pasar un tranvía que se aproximaba, pero sin embargo al dar un paso hacia atrás para esquivarlo no se dio cuenta de que justo otro tranvía de la línea 30 venía en sentido contrario. Tras el golpe recibido cayó al suelo en plena calzada. El tranviario bajó y se limitó a apartar al atropellado como si de un objeto que obstaculizaba el camino se tratara y siguió su ruta, a lo cual alegó distracción por parte de la víctima. Por su aspecto descuidado nadie lo identificó porque por la pobreza de la ropa que vestía creyeron que se trataba de un indigente, incluso no llevaba documentos, solamente un ejemplar de los evangelios y, según algunas crónicas, un número del diario “La Veu de Catalunya”.


No fue socorrido hasta que un Guardia Civil lo ordenó. Previamente fue trasladado en taxi al dispensario del número 37 de la ronda de Sant Pere, donde le diagnosticaron fractura de tres costillas, contusión cerebral y hemorragia de oído, además de tener afectado el corazón. Por tal motivo decidieron llevarlo al Hospital Clínic, pero finalmente optaron por el Hospital de la Santa Creu, donde fue alojado en la cama 19 de la sala común de Traumáticos o de Sant Tomàs. Al cabo de unas horas sus amigos y trabajadores de las obras de la Sagrada Familia echaron en falta su presencia y acabaron averiguando lo ocurrido. Tras ser identificado fue trasladado de inmediato a una habitación individual donde recibió los últimos sacramentos y cuidados. Falleció al cabo de tres días y fue enterrado en la capilla de la Mare de Déu del Carme de la cripta de la Sagrada Familia en medio de una impresionante manifestación de duelo ciudadano. Tenía 73 años de edad. Gaudí murió en parte víctima de sus propias distracciones, pues se decía que a menudo paseaba por la calle abducido y centrado en sus pensamientos, ignorando lo que sucedía a su alrededor. Pero también en parte pereció por culpa de la aporofobia, el clasismo y la insolidaridad ciudadana, ya que sólo fue socorrido por dos individuos y varios automóviles que por allá circulaban pasaron sin detenerse. ¿Habría sucedido lo mismo si Gaudí hubiese vestido elegante, distinguido y con ropas caras como un burgués? Cien años después, como podemos ver, las cosas no han cambiado demasiado, por no decir absolutamente nada.


Tras una breve crónica del suceso que se conmemora, no es intención hacer un resumen biográfico sobre Gaudí, repitiendo otra vez lo que tantas fuentes de información ya explican. Desde mi punto de vista personal y, por tanto, subjetivo y, claro está, discutible y mejorable, quisiera efectuar una valoración de lo que ha sido este arquitecto tan admirado y venerado mundialmente, aunque también ha tenido (y tiene) sus detractores.
En primer lugar, es considerado uno de los arquitectos más universales de la historia en tanto que sus obras, sus teorías y sus concepciones han trascendido fronteras, marcando un antes y un después. Su profunda conexión con la naturaleza, su dominio de la geometría reglada y su capacidad para integrar la ingeniería, el arte y la espiritualidad de forma atemporal han sido decisivos. Sin embargo, debe remarcarse que en su tiempo Gaudí fue a menudo criticado, satirizado e incomprendido, incluso tras su muerte fue olvidado y desprestigiado hasta que en los años cincuenta empezó a ser reivindicado curiosamente por personajes como Salvador Dalí y numerosos arquitectos racionalistas de la GATCPAC.
En segundo lugar, por su contribución a la arquitectura mundial es el tercer arquitecto del mundo con más obras catalogadas como Patrimonio de la Humanidad. El primer puesto lo ocupa Le Corbusier, con 17 obras, mientras que la segunda posición la ostenta Frank Lloyd Wright, con 8 obras. Gaudí tiene un total de 7: el Park Güell, el Palau Güell, la Casa Milà “La Pedrera”, la Casa Batlló, la Casa Vicens, la cripta de la Colònia Güell y la basílica de la Sagrada Familia.


En tercer lugar, Gaudí no creó de la nada, su obra es influencia de estilos arquitectónicos previos y de arquitectos anteriores a él. El neogótico, el arte islámico, mudéjar, clásico, griego,  persa e indio, el modernismo y el estudio de la naturaleza como fuente de inspiración de nuevas técnicas innovadoras fueron decisivos en la configuración de su estilo tan personal. En cuanto a los arquitectos de los cuales aprendió y aplicó sus técnicas debemos mencionar a Joan Martorell (por su concepto del espacio), Eugène Viollet-le-Duc (por la modernización y mejoras del estilo neogótico), Francisco de Paula del Villar (por su rigor técnico y por el ábside de Montserrat) y Lluís Domènech i Montaner (por su lenguaje modernista).
En cuarto lugar, integró elementos de la naturaleza en sus obras. Suyas son las frases donde él afirmaba que la originalidad consistía en regresar al origen y que el arquitecto del futuro debía de dedicarse a imitar la naturaleza. Partiendo de esta base abogó por el uso de figuras orgánicas inspirándose en formas, estructuras y procesos naturales. Concibió el ecosistema como la base para crear estructuras bellas y funcionales, combinando la estética con los principios funcionales de la naturaleza. Su arquitectura no sólo imitaba elementos del reino animal y vegetal sino también soluciones basadas en el entorno.


En quinto lugar, fue un arquitecto vanguardista en tanto que avanzado a su tiempo. La actual vigencia en pleno siglo XXI de sus ideas y su obra adelantadas a su época ha inspirado y sigue inspirando a numerosos arquitectos y artistas en la creación de obras contemporáneas. Usó el hormigón armado cuando entonces no era habitual, demostrando así la compatibilidad entre lo funcional y lo estético. Otro material recurrente era el hiero forjado. Entre sus técnicas y métodos merece destacar el uso que hizo de las maquetas tridimensionales para calcular las estructuras más complejas de sus edificios así como para obtener arcos y bóvedas perfectos, como también el uso de paraboloides hiperbólicos, hiperboloides y helicoides, consiguiendo así estructuras curvas complejas utilizando líneas rectas y encofrados sencillos. Muy típico en sus obras es el trencadís, un mosaico creado a partir de fragmentos desechados de cerámica, vidrio y mármol, como también la llamada volta catalana.
En sexto lugar, creó un estilo arquitectónico propio con un nuevo lenguaje. A pesar de que siempre lo han encasillado en el modernismo, su estilo se basó en la geometría reglada de la naturaleza, el naturalismo expresionista y elementos del gótico evolucionado. Algunos expertos muy atrevidos llegaron a definir a Gaudí como pre-racionalista, barroco o incluso noucentista por su especial sintonía con la ideología social, religiosa y catalanista. En resumen, el estilo arquitectónico de Gaudí era "de Gaudí".
En séptimo lugar, su estilo y su obra ha sido motivo de inspiración e influyente en arquitectos posteriores, tanto nacionales como del resto del mundo, tanto antiguos como contemporáneos. Por citar algunos nombres deberíamos mencionar a Álvaro Siza, Francisco Berenguer, Frank Gehry, Isidre Puig Boada, Joan Rubió i Bellver, Josep Canaleta, Josep Maria Jujol, Kenzo Tange, Óscar Niemeyer, Rafael Masó y Santiago Calatrava, entre otros.


En octavo lugar, más allá de la arquitectura, diseñó otros elementos como ahora sillas, taburetes, mesas, farolas, bancos, vidrieras, mosaicos, altares y custodias.
En noveno lugar, vivió su cristianismo y su ascetismo hasta el extremo, definiendo así su particular personalidad debida, según se cuenta, tras superar una grave enfermedad. Fue un hombre de profunda fe, muy religioso, espiritual y con una vida cotidiana definida por la sencillez y la devoción. Ya en sus últimos años de vida vivió prácticamente como un ermitaño, completamente absorto en el proyecto de la Sagrada Familia. De hecho en su arquitectura la imitación de formas naturales era para él una manera de acercarse al diseño perfecto de Dios, intentando así establecer en cada obra suya un puente entre lo humano y lo divino. Existe la anécdota de que a menudo paseaba por la calle en bata, alpargatas y comiendo una manzana, algo que a la burguesía de la época le sacaba de quicio al no ser capaces de comprender por qué alguien como Gaudí que disponía de suficiente dinero como para vivir de manera lujosa y acomodada prefería parecer un hombre pobre.
Y en décimo lugar, su pensamiento político fue y sigue siendo motivo de controversia. Se sabe que simpatizaba con el nacionalismo catalán y la Mancomunitat, a la vez que fue un fervoroso defensor de la lengua y la cultura catalanas. Aunque algunos sectores del catalanismo político han querido definirlo como independentista, él jamás manifestó abiertamente dicha posición. Tampoco quiso vincularse con ninguna formación política todo y el ofrecimiento que recibió. Hombre conservador y religioso, a su vez demostró repetidamente tener un gran compromiso social con las clases humildes y obreras, ayudando a los más desfavorecidos.


El centenario de la muerte de Gaudí se enmarca, junto al 150 aniversario del fallecimiento del ingeniero y urbanista Ildefons Cerdà, en el acontecimiento internacional de Barcelona como Capital Mundial de la Arquitectura 2026. A ello, destacar también la visita de S.S. el Papa León XIV a Barcelona que bendijo la torre de Jesús de la basílica de la Sagrada Familia, que convierte esta iglesia en la más alta del mundo, así como la placa de homenaje y de restitución colocada en el número 665 de la Gran Via, a cargo del Ayuntamiento de Barcelona, la Generalitat de Catalunya y el Consell Antoni Gaudí, si bien la iniciativa tuvo origen vecinal.

Fotos: Centre de Documentació de l'Orfeó Català, Josep Brangulí, Pablo Audouard, Reus Digital, Ricard Opisso.