sábado, 22 de enero de 2022

Bohigas versus Bofill: dos arquitectos, dos Barcelonas


El pasado 30 de noviembre de 2021 falleció Oriol Bohigas Guardiola a los 95 años de edad y poco tiempo después lo hizo Ricardo Bofill Levi el 14 de enero del presente 2022 a los 82 años de edad. Ambos fueron arquitectos, prácticamente el único aspecto que tenían en común, pues sus puntos de vista sobre arquitectura y urbanismo diferían sensiblemente. Ambos se respetaron mutuamente pese a su rivalidad profesional, a la vez que tuvieron admiradores y detractores de diferentes ámbitos, algo muy habitual en este tipo de profesiones. Sin embargo, fueron indudablemente dos referentes ineludibles y fundamentales para explicar la historia de la arquitectura y el urbanismo contemporáneos de Barcelona, por lo que merecen una valoración personal de la que podrán compartir o bien discrepar.
Oriol Bohigas (Barcelona 1925-2021), además de arquitecto, fue también urbanista, profesor e incluso político. En el ámbito cultural merece destacar que durante los años del Desarrollismo formó parte del grupo de intelectuales elitistas de izquierda, la llamada Gauche Divine barcelonesa. Entre 1975 y 1999 presidió Edicions 62, entre 1981 y 1988 la Fundació Joan Miró y entre 2003 y 2011 el Ateneu Barcelonès. A todo ello, fue académico de honor de la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts Sant Jordi i de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y socio de honor del Cercle Artístic Sant Lluc.
Es digno de reconocer sus excelentes conocimientos de historia de la arquitectura y del urbanismo tanto en general como de Barcelona en particular, ciudad de la cual tuvo siempre especial preocupación. Ello queda reflejado en sus numerosas obras escritas.


Como delegado de Urbanismo en el primer Ayuntamiento democrático se centró en su afán por recuperar el mar, monumentalizar la periferia e higienizar el barrio antiguo. Barcelona vivía de espaldas al Mediterráneo y ello era inadmisible, razón por la cual apostó por modernizar el puerto, haciéndolo más competitivo y acercándolo a la ciudadanía incorporando usos culturales y comerciales, así como ampliar la playa desde la Barceloneta hasta Sant Adrià de Besòs. En cuanto a la periferia, la rehabilitación de los barrios y la introducción de monumentos, equipamientos, infraestructuras, parques y otros elementos singulares de calidad debían ayudar a integrar los barrios más humildes a la ciudad con el propósito de que los llamados suburbios se convirtieran en espacios dignificados. En el barrio antiguo, el distrito de Ciutat Vella, urgía efectuar un proceso de esponjamiento y dignificar la calidad de vida de sus habitantes, compatibilizando edificios históricos con nuevos usos ciudadanos.
Su estilo arquitectónico era racionalista y casi siempre tuvo como referente a las corrientes vanguardistas del GATPAC de los años 30. Muy crítico con la arquitectura barcelonesa de los años 40 y 50 salvo honradas excepciones, vio la necesidad de que Barcelona dotara de modernas construcciones acordes a los nuevos tiempos y a las nuevas necesidades. Es por ese motivo que en 1951 fundó, junto a otros arquitectos, el Grupo R y se asoció junto a su amigo el arquitecto Josep Maria Martorell. En 1962 ambos profesionales se unieron con David Mackay y fundaron el estudio arquitectónico MBM Arquitectes. La denominación Bohigas-Martorell-Mackay ha estado presente en numerosas obras arquitectónicas de la ciudad.


Comparto sus polémicas declaraciones en las cuales afirmó la conveniencia de agregar las ciudades limítrofes al término municipal de Barcelona. A ello comparto su crítica con el diseño del sector Diagonal Mar, que desvirtuó completamente el PERI de 1985 a cambio de una fuerte especulación urbanística con viviendas de lujo. Sin embargo, expreso desacuerdo con sus críticas a los edificios singulares del distrito 22@BCN, a la continuidad de las obras de construcción del templo de la Sagrada Familia y a la reimplantación del tranvía en la ciudad.
Aunque nunca ha sido un arquitecto de mi devoción ni jamás me pareció un genio a la altura de otros grandes arquitectos, no pretendo en absoluto desmerecer o desprestigiar su labor y mucho menos, su legado, el cual es digno de conservar, estudiar y reconocer. De Bohigas destacaría especialmente como obras singulares, al margen de mis preferencias personales, el edificio Meridiana, las viviendas sociales de la calle de Pallars, el colegio Timbaler del Bruc, la Vila Olímpica, la reforma de la estación "Liceu" de la L3 de metro, la reforma del centro comercial El Corte Inglés de la plaza de Catalunya, la comisaría de los Mossos d'Esquadra de la plaza de Espanya, el Palau Nou de la Rambla y el Museu del Disseny de Barcelona.


Ricardo Bofill (Barcelona, 1939-2022), además de arquitecto, fue también urbanista e incluso, en menor medida, director de cine y escritor. A diferencia de Bohigas, tuvo una proyección internacional mayor al haber diseñado edificios y reformas urbanísticas en numerosas ciudades del mundo de países como Francia, Suecia, Polonia, República Checa, Líbano, Estados Unidos, Rusia, Holanda, Luxemburgo, Marruecos, Argelia, Japón, China y la India.
Ensayó tipologías de vivienda adecuadas a formas de vida comunitaria, en las que se potenciaban unos esquemas de relaciones abiertas, más allá del modelo familiar tradicional. Destacó su estilo posmoderno, abogando por la recuperación de la ornamentación de las fachadas frente al simplismo del racionalismo, a la vez que combinaba tradición y modernidad en sus obras. En ese sentido, siempre fue contrario al racionalismo y optó por el llamado organicismo, un estilo más preocupado por integrar el hábitat en el medio natural y por adecuar el espacio interior tanto de la ciudad como de los edificios.
Destacó por su constante reinvención como arquitecto, ensayando nuevas técnicas y estilos. Su talante arquitectónico evolucionó al mismo tiempo que lo hacían las tendencias y los movimientos sociales contemporáneos. Consideraba que la arquitectura no nacía únicamente del arquitecto, sino de la suma del trabajo de profesionales de otras disciplinas como por ejemplo ingenieros, urbanistas, sociólogos, escritores, músicos, fotógrafos, poetas y filósofos, entre otros. En base a esta idea fue cuando en 1963 creó su Taller de Arquitectura con un equipo profesional pensado para la ejecución de grandes proyectos arquitectónicos. En 1973 el taller y su vivienda particular se trasladó a una antigua fábrica de cemento de Sant Just Desvern que el mismo Bofill rehabilitó y convirtió en el llamado Ricardo Bofill Taller de Arquitectura, también conocido como La Fábrica.


Junto a profesionales como Arata Isozaki, Norman Foster, Frank Gehry y Santiago Calatrava ha sido, sin duda, uno de mis arquitectos predilectos de la arquitectura contemporánea. De él comparto sus críticas hacia la arquitectura racionalista y hacia artistas como Le Corbusier, el gran referente de este estilo arquitectónico tan criticado pero en realidad no superado. También suscribo sus críticas al modelo urbanístico de bloques aislados y grandes espacios abiertos a cambio de abogar por el modelo mediterráneo con espacios bien definidos y acceso más equitativo a los servicios básicos. Sus edificios singulares son referentes internacionales y han contribuido al prestigio de Barcelona más allá de nuestras fronteras. De su legado en la capital catalana destacaría, sin duda, el edificio de viviendas Walden-7 en Sant Just Desvern, los apartamentos de la calle de Nicaragua y la calle de Johann Sebastian Bach, las terminales T1 y T2 del aeropuerto del Prat, el Parc Logístic de la Zona Franca, el Institut Nacional d'Educació Física de Catalunya (INEFC), el Teatre Nacional de Catalunya, el Hotel Vela (W Barcelona) y las viviendas de la Vila Olímpica y del frente marítimo de Poblenou. La mezcla de tradición y modernidad, de clasicismo y funcionalismo perfectamente equilibrados, más allá de lo coyuntural, hará que sus obras no envejezcan con el paso del tiempo.
Oriol Bohigas versus Ricardo Bofill, dos arquitectos barceloneses contrapuestos, dos manera de entender Barcelona. ¿Y ustedes, cuál prefieren?

Fotos: ABC, Album/Alamy, Iñigo Bujedo Aguirre (Plataforma Arquitectura), Jordi Ferrer, Josep Garcia, Oriol Valls,  www.arquitecturaviva.com, www.ciudadfcc.com, www.ricardobofill.com.

sábado, 15 de enero de 2022

Las barracas de LA PERONA (1945-1989)


Con motivo del 75 aniversario de la visita a España y en particular a Barcelona de la primera dama argentina, Eva María Duarte (1919-1952), más conocida como Eva Perón, merece recordar el núcleo de barracas que se erigió en la ciudad y cuyo nombre se inspiró en dicha persona. Su origen fue una clara consecuencia de la postguerra, cuyo contexto de hambre y miseria llevó a un auge del barraquismo y a otras formas de infravivienda. A ello se sumó una pésima política económica y de vivienda. La ubicación era una zona no edificada rodeada de campos de cultivo, masías y las vías del ferrocarril, donde la construcción no era extremadamente complicada. Los terrenos, propiedad de RENFE, formaban parte de una reserva de espacios para una eventual ampliación de las vías alrededor de la estación de mercancías de la Sagrera. Ello permitió que algunos trabajadores ferroviarios sin permiso oficial se apropiaran ilegalmente de dichos terrenos, revendiéndolos a personas sin casa por unas 200 o 300 pesetas la parcela, sin ningún tipo de contrato o escritura, pues quienes las vendían no eran propietarios.


Alrededor del año 1945 se tuvo constancia de los primeros asentamientos, pero no sería hasta 1947, con motivo de la presencia en Barcelona de Eva Perón, esposa del presidente de Argentina, Juan Domingo Perón, cuando el núcleo de barracas adoptaría el peculiar nombre de La Perona, si bien a nivel oficial eran conocidas como Barracas de la Ronda de San Martín. Entre otras cosas, la visita de la primera dama argentina el 23 de junio del citado año difundió la idea entre los barraquistas que ella quería construir casas para los pobres en la ronda de Sant Martí. Se dio el caso de que Argentina apoyó la dictadura franquista tras el visto bueno de la ONU para que marcharan de España los embajadores de aquellos países que acusaban al nuevo régimen de Franco de haber apoyado al fascismo italiano y al nazismo alemán. El apoyo económico y alimentario argentino hizo que se hablara en aquél entonces del "año de la Perona".


Las primeras barracas se levantaron en la ronda de Sant Martí con el puente de la calle de Espronceda, un periodo de mayor permisividad que tuvo como resultado unas construcciones más amplias y mejor acondicionadas. Las chabolas estaban hechas de ladrillos y cemento, constaban solo de cocina-comedor y una sola habitación y carecían de servicios básicos como el agua y la luz. El perfil de sus habitantes estaba formado por familias de clase trabajadora muy pobres que a menudo debían vestirse con ropa encontrada en la basura o incluso iban descalzos. Al constituirse como una comunidad cerrada se vivía como en un pueblo. La vida social se hacía en la calle porque la barraca solo era para dormir. La higiene era un gran problema y se sufrían constantes plagas de parásitos o ratas. A pesar de todo, sus habitantes celebraban fiestas como la Navidad, la Semana Santa y la Verbena de San Juan, además de bodas, bautizos y comuniones. Incluso existió una coral llamada La Pastora que ofrecía recitales por toda Cataluña.


El Ayuntamiento de Barcelona únicamente se limitó a mantener bajo control las chabolas y sus habitantes e ignorar su existencia en la medida de lo posible. En 1949 se creó el Servicio de Erradicación y Represión del Barraquismo, encargado de evitar el crecimiento de los núcleos de barracas de Barcelona para impedir la construcción de nuevas chabolas y derribar aquellas que fueran construidas sin permiso. Sin embargo, el hecho de que La Perona pasara relativamente desapercibida en relación con otros barrios similares de mayores dimensiones y ubicados en lugares más visibles, favoreció tanto su mantenimiento como su progresivo desarrollo, sumado también a la muy probable permisividad y a los intereses ocultos del propio Servicio de Represión. Entre finales de la década de los cuarenta y durante los años cincuenta el número de chabolas fue aumentando a medida que el núcleo se convirtió en un espacio de acogida para inmigrantes provenientes de diversas regiones de España. En 1954 se consiguió hacer llegar la electricidad gracias a una recolecta obligatoria donde cada vecino ponía lo que podía o según la voluntad.


En febrero de 1957 el censo proporcionado por la Semana del Suburbio, una jornada de ponencias y coloquios organizadas por la Iglesia, contabilizó que La Perona disponía 460 barracas, 500 familias y 2.300 habitantes. El núcleo se hallaba en la llamada Zona IV o Sector Levante, la cual también agrupaba las casas baratas de Baró de Viver, Milans del Bosch (Bon Pastor) y la Verneda.
En 1966, con motivo de una visita de Franco a Barcelona se realizaron en la Barceloneta unas maniobras militares, lo cual implicaba ofrecer una buena imagen, motivo por el que se procedió a desmantelar de inmediato el núcleo de barracas del Somorrostro. Una parte de sus habitantes se trasladó a La Perona y ocuparon las barracas que habían quedado vacías. En los siguientes años el núcleo se extendió hasta el Pont del Treball y la riera de Horta, con construcciones más precarias, llegando a unas 10 hectáreas de terreno. Al haber mejorado la situación económica de España, muchos de los antiguos residentes que disponían de más recursos económicos pudieron acceder a distintos programas de realojamiento y alquilar una vivienda digna y marchar de la barraca.


En aquél entonces había tres perfiles de población: los inmigrantes procedentes del resto de España, que ocupaban la ronda de Sant Martí entre la calle de Espronceda y el Pont del Treball; los gitanos, pertenecientes a diversos grupos étnicos; y los llamados quinquis y otros grupos marginales que ocupaban el llamado fondo de Sant Martí, entre el Pont del Treball y el triángulo ferroviario. El perfil laboral estaba formado básicamente por peones, obreros, estañeros, caldereros, chatarreros, traperos y mendigos.
En aquellos tiempos las barracas todavía carecían de agua corriente. Sólo seis fuentes públicas cubrían las necesidades del núcleo. Había algún wáter público, si bien algunas barracas disponían de wáter propio con desguaces a pozos muertos o a las vías del tren. Otros hacían sus necesidades al aire libre, en un descampado. La parroquia de Sant Martí ayudó y colaboró en el desarrollo del núcleo y en mejorar la calidad de vida de los barraquistas, los cuales, en señal de agradecimiento al párroco, hicieron una colecta y compraron para la iglesia una imagen del Sagrado Corazón de Jesús.


De 200 chabolas contabilizadas en 1966 se pasó a 653 en 1971. Ello consolidó a La Perona como el mayor núcleo barraquista de Barcelona tras el desmantelamiento de los distintos poblados de Montjuïc y el Carmel. La población gitana era de un 69% y al final de la década llegó al 95%. La preocupación del Ayuntamiento de Barcelona se centraba en la construcción de polígonos o bloques de viviendas para realojar a los barraquistas. Se crearon por primera vez grupos de inspectores y de asociaciones vecinales para controlar problemas y facilitar el acceso de los barraquistas a servicios sociales. El tema de la escolarización fue particularmente complicado porque a efectos prácticos la mayoría de niños y niñas no iban a la escuela. Esto ayudó a que gran parte de los vecinos fueran analfabetos. En 1972 se habilitaron dos escuelas provisionales, si bien provocó el rechazo de los vecinos de la Verneda al temerse que ello consolidaría definitivamente el núcleo de barracas y, por consiguiente, aumentaría la delincuencia.


A partir de 1979 el Servicio de Barracas pasó a depender del Patronato Municipal de la Vivienda. Durante los años ochenta empezaron los intentos de la administración municipal de integrar a los barraquistas mediante iniciativas públicas o la escolarización de los niños. Un ejemplo fue el abastecimiento de agua y la creación de talleres ocupacionales.
Las relaciones entre la población barraquista, mayormente gitana, con el resto del vecindario de la Verneda se fue tensando. A menudo se decía que La Perona era un núcleo de delincuencia y tráfico de droga. En 1982 se extendió el falso rumor de que un hombre de etnia gitana había violado a una chica y matado a su pareja. Ello ocasionó numerosas manifestaciones vecinales exigiendo la erradicación del núcleo de barracas, algunas de las cuales acabaron con altercados entre manifestantes y la policía.


Tras el fracaso de las propuestas de construir viviendas prefabricadas en el polígono Pedrosa de l'Hospitalet de Llobregat y en el barrio del Maresme o de la opción de indemnizar y repatriar a los barraquistas a su lugar de origen, finalmente se optó por realojarlos en viviendas de segunda mano, resolviendo así el problema mediante la dispersión. De este modo se pasaron de 111 barracas en 1983 a solo 55 en 1985. Finalmente, el 28 de junio de 1989 desaparecieron definitivamente las últimas barracas. El 11 de julio siguiente el  concejal y presidente del distrito de Sant Martí anunció que La Perona dejó de existir. En su lugar se urbanizó la ronda de Sant Martí y entre 1985 y 1992 se construyó el parque de Sant Martí. Actualmente este sector se halla afectado por las obras de construcción de la nueva estación central ferroviaria de La Sagrera.

Fotos: Blogueres de Sant Martí (imágenes del libro "Nuestra Perona, esa gran desconocida"), Esteve Lucerón, Ignasi Marroyo, Pepe Encinas.