viernes, 20 de mayo de 2022

Sí al Museo del Transporte de Barcelona: motivos para su creación


Una vez más, la reivindicación de un Museo del Transporte en Barcelona vuelve a generar debate y controversia. Cada vez más asociaciones, entidades y particulares se están pronunciando a favor de su materialización con el objetivo de difundir la memoria histórica de los transportes urbanos de Barcelona, a la vez que permitiría la preservación definitiva de un material móvil histórico pendiente de restauración que va agonizando lentamente mientras las administraciones no terminan de ponerse de acuerdo acerca de su ubicación. La última propuesta popular con el apoyo de los partidos políticos de la oposición municipal aboga por aprovechar el Palau de Comunicacions i Transports de la Fira de Barcelona, ya que se trata de un amplio espacio para acoger un museo de estas características. Sin embargo, el actual gobierno municipal sigue declinando tal opción alegando falta de diálogo con otros órganos y a la necesidad de usar los pabellones para ubicar los equipamientos reivindicados por el barrio del Poble Sec. A pesar de la necesidad de implicar más entidades e instituciones en el proyecto nada impide apoyar la construcción del museo y mostrar predisposición institucional a resolver una asignatura pendiente desde hace más de medio siglo. A ello, los pabellones seguirían teniendo usos feriales, ya que los equipamientos vecinales ya disponen de un espacio aprobado y más adecuado donde se construirán.


Ante la demagogia de quienes se oponen, cabe preguntarse cuáles serían las ventajas de abrir un equipamiento cultural de estas características y por qué debería invertirse en algo así. Otras ciudades tienen su propio Museo del Transporte y por ello existen razones fundamentales que justificarían la elaboración de un proyecto de musealización.
En primer lugar, sería un espacio activo y dinámico tanto por su temática como por su contenido, reuniendo tradición y modernidad. En este sentido, sería lugar para el desarrollo de conferencias, congresos, exposiciones y actividades especializadas, tanto en torno a las nuevas tecnologías del transporte como a la historia y evolución del mismo.
En segundo lugar, más allá de su interés turístico, estaría destinado a todo el público en general, pudiendo establecer convenios y colaboraciones con instituciones, asociaciones, entidades y empresas para la programación y desarrollo de todo tipo de actividades culturales y de difusión de nuevas técnicas y conocimientos en la materia. Es decir, el museo no viviría de espaldas ni a los barrios ni a la ciudad.


En tercer lugar, explicaría la historia y la evolución de los diferentes medios de transporte urbanos: autobús, tranvía, metro, tranvía, funicular y teleférico. En este sentido, adoptaría además una función pedagógica mediante acuerdos con centros educativos y universidades para el desarrollo de actividades didácticas de distintos niveles.
En cuarto lugar, establecería interacción con los visitantes en tanto que éstos podrían acceder al interior de los vehículos restaurados allá exhibidos, incluso en algunos casos que algunos de éstos funcionaran y organizaran pequeños itinerarios por los alrededores.
En quinto lugar, supondría la oportunidad de crear una escuela de restauración de vehículos históricos y de compartir experiencias enriquecedoras con los Museos del Transporte de otras ciudades del mundo, incluso creando programas de colaboración e intercambio.


Y en sexto lugar, el Museo del Transporte podría sentar las bases de lo que debería ser un museo del siglo XXI, incluso ser un referente para la modernización y actualización del resto de museos de Barcelona: definir claramente su temática; devenir una entidad con participación ciudadana; promover una fusión entre la arquitectura, la museología y la museografía, de modo que arquitectos, museólogos y museógrafos trabajen en equipo; adaptar el itinerario del museo a los intereses de los visitantes en tanto que éstos son decisivos para definir y adaptar contenidos; defender y difundir valores universales que no generalistas y difusos; y definirse como un espacio amable y pedagógico al alcance de un público para todas las edades, con un buen contenido y una interesante programación de todo tipo de actividades didácticas con un discurso que contenga un principio, un desarrollo y un final.
Para las próximas elecciones municipales, el Museo del Transporte será un punto de debate de todas las fuerzas políticas. Sólo esperamos que dichas promesas se cumplan. Algunos marcan como objetivo el año 2024, centenario del metro de Barcelona.

Fotos: Associació d'Amics del Ferrocarril de Barcelona, Betevé, Fundació TMB, La Vanguardia.

martes, 10 de mayo de 2022

El árbol de Colón


Recientemente el estudio de arquitectos On-A ha presentado, en el marco del Model-Festival d'Arquitectures de Barcelona, una propuesta de reforma de la zona portuaria de Barcelona: el Parc Blau, un corredor verde que conectaría entre sí la Barceloneta con el Poble Sec y el mar, además de crear nuevas playas artificiales allá donde ocupan los muelles. Además, se incluiría como construcción singular un árbol metálico de 100 metros de altura en forma de encina, con una rampa-mirador que lo rodeara, con la particularidad de que se emplazaría sobre el actual monumento a Colón, cubriéndolo por completo.
Este proyecto, polémico y controvertido, ha abierto nuevamente el debate acerca de si el monumento a Colón debería mantenerse o bien ser retirado. La disparidad de opiniones a favor y en contra responden más bien a un revisionismo histórico movido por la pasión, los sentimientos y a un contexto reciente de movimientos sociales, que no a hechos concretos o por el conocimiento objetivo de la historia.
¿Fue Cristóbal Colón un genocida y un esclavista? Algunos así lo confirman y a ello añaden que manifestó una clara obsesión por el oro. Por contra, los defensores del descubridor aseguran que no existen pruebas históricas que lo señalen como un genocida. A ello argumentan que no hubo esclavismo sino vasallaje porque así estaba legislado y que el oro no tenía el tanto valor para los nativos. Incluso la objetividad de los escritos del sacerdote Bartolomé de Las Casas se ponen en duda. Verdad o mentira, un periodo con luces y sombras que no deja a nadie indiferente, la colonización de América debería someterse a una revisión histórica objetiva y consensuada, alejada de los intereses políticos en general y partidistas en particular.


Determinadas posturas ideológicas han convertido la defensa del monumento a Colón en algo políticamente incorrecto hasta el punto de que muchos de sus defensores prefieren no pronunciarse al respecto o incluso fingir rechazo de cara a la galería. Entre otras cosas, defender la presencia pública de una estatua del descubridor se asocia al españolismo rancio, a la ultraderecha, al racismo y, como consecuencia, a un sentimiento de supremacismo de la raza blanca. Mientras que derribar el monumento se enmarcaría, una vez más, en esa "moda" de censurar para no ofender amparado bajo el paraguas de una superioridad moral, donde no cabe el desacuerdo o la objeción, ni siquiera la duda. Un ejemplo reciente de ello fue cuando la activista Daniela Ortiz respondió en una entrevista hecha por la periodista Susana Griso después de que ésta afirmara que el monumento a Colón no le molestaba que ello era debido a que es blanca y estaba de acuerdo con el racismo que se vive hoy.
No sé trata de poner en duda la buena fe de quienes son partidarios de retirar el monumento, pero sí existen en algunos casos intereses, incongruencias y contradicciones que ponen de manifiesto posturas claramente partidistas encubiertas por una "dulce" capa de buenas intenciones. A todo ello se aplica presentismo histórico, es decir, juzgar el pasado mediante valores del presente, y una descontextualización. Por poner unos cuantos ejemplos, no se cuestiona que el rey Jaume I tenga una calle y dé nombre a una estación de metro. Este rey fue el mismo que, tras conquistar Valencia y Mallorca, provocó un genocidio contra la población local e incluso esclavizó a una parte de ella, afirmó que no veía diferencia entre cazar jabalíes o cazar moros y ordenaba arrancarles la lengua a quienes le ofendían.


Otro ejemplo es el de Antonio López, cuyo monumento fue retirado de la plaza que llevaba su nombre, ahora rebautizada como Idrissa Diallo. Sin embargo, se pasan por alto personajes como Josep Xifré, Miquel Biada y Joan Güell, tres grandes patricios catalanes que tuvieron en común el tráfico de esclavos de raza negra, igual que Antonio López. Pero sus nombres continúan presentes en el nomenclator barcelonés.
Y a los anteriores podríamos sumar otros ejemplos procedentes de distintos ámbitos: el del doctor Bartomeu Robert, el cual teorizó sobre la superioridad del cráneo catalán frente al de los mesetarios, con escritos comparables a los de Joseph Mengele; al fundador del PNV Sabino de Arana, que abiertamente consideró a los vascos superiores al resto de españoles; y a los Almogávares, mercenarios catalanes que en nombre del cristianismo sembraron el terror. El listado todavía podría ampliarse más, si bien a menudo establecer estas comparativas resulta incómodo hasta el punto de que algunos detractores acusan de promover un sentimiento anticatalán. Quienes realmente tengan esa intención es tan absurdo como quienes rechazan el monumento a Colón por sentimientos hispanófobos. Sólo se trata de no faltar a la verdad histórica o contar medias verdades, siendo esto último a menudo peor que mentir. Nadie pone en duda las atrocidades cometidas tanto por los conquistadores como por los colonos españoles llegados a América, pero nos guste o no asumirlo también participaron muchos catalanes, algunos de los cuales amasaron grandes fortunas (indianos) y contribuyeron a convertir Cataluña en el motor económico de España. Incluso ya a finales del siglo XIX fueron ellos quienes se opusieron a la abolición del esclavismo y a la independencia de Cuba.


En la actualidad se barajan varias posibilidades acerca del futuro del monumento a Colón:
- Desmantelamiento completo del monumento, conservando la figura del descubridor en un museo y en su lugar proponer algo nuevo.
- Conservación parcial del monumento, retirando algunas estatuas y relieves considerados "ofensivos".
- Modificación y rebautizo del monumento, convirtiéndolo en un monumento a la resistencia indígena.
- Rehabilitación del conjunto, conservándolo como un monumento crítico acompañado de unos plafones explicativos, tal y como propone la alcaldesa de Barcelona Ada Colau.
Al igual que el árbol del Paraíso escondía la fruta prohibida, la del pecado, el árbol de Colón pretende ocultar aquella parte de la historia que no interesa mostrar o exaltar. ¿Quién caerá a la tentación? El futuro del monumento a Colón, ahora mismo es muy incierto y cuestionado. El tiempo dirá, si bien su porvenir no es precisamente bueno. En el presente agoniza pendiente de una urgente restauración.

Fotos: Archivo Crónica Global, Arxiu catalunyapress, Arxiu On-A.