martes, 10 de mayo de 2022

El árbol de Colón


Recientemente el estudio de arquitectos On-A ha presentado, en el marco del Model-Festival d'Arquitectures de Barcelona, una propuesta de reforma de la zona portuaria de Barcelona: el Parc Blau, un corredor verde que conectaría entre sí la Barceloneta con el Poble Sec y el mar, además de crear nuevas playas artificiales allá donde ocupan los muelles. Además, se incluiría como construcción singular un árbol metálico de 100 metros de altura en forma de encina, con una rampa-mirador que lo rodeara, con la particularidad de que se emplazaría sobre el actual monumento a Colón, cubriéndolo por completo.
Este proyecto, polémico y controvertido, ha abierto nuevamente el debate acerca de si el monumento a Colón debería mantenerse o bien ser retirado. La disparidad de opiniones a favor y en contra responden más bien a un revisionismo histórico movido por la pasión, los sentimientos y a un contexto reciente de movimientos sociales, que no a hechos concretos o por el conocimiento objetivo de la historia.
¿Fue Cristóbal Colón un genocida y un esclavista? Algunos así lo confirman y a ello añaden que manifestó una clara obsesión por el oro. Por contra, los defensores del descubridor aseguran que no existen pruebas históricas que lo señalen como un genocida. A ello argumentan que no hubo esclavismo sino vasallaje porque así estaba legislado y que el oro no tenía el tanto valor para los nativos. Incluso la objetividad de los escritos del sacerdote Bartolomé de Las Casas se ponen en duda. Verdad o mentira, un periodo con luces y sombras que no deja a nadie indiferente, la colonización de América debería someterse a una revisión histórica objetiva y consensuada, alejada de los intereses políticos en general y partidistas en particular.


Determinadas posturas ideológicas han convertido la defensa del monumento a Colón en algo políticamente incorrecto hasta el punto de que muchos de sus defensores prefieren no pronunciarse al respecto o incluso fingir rechazo de cara a la galería. Entre otras cosas, defender la presencia pública de una estatua del descubridor se asocia al españolismo rancio, a la ultraderecha, al racismo y, como consecuencia, a un sentimiento de supremacismo de la raza blanca. Mientras que derribar el monumento se enmarcaría, una vez más, en esa "moda" de censurar para no ofender amparado bajo el paraguas de una superioridad moral, donde no cabe el desacuerdo o la objeción, ni siquiera la duda. Un ejemplo reciente de ello fue cuando la activista Daniela Ortiz respondió en una entrevista hecha por la periodista Susana Griso después de que ésta afirmara que el monumento a Colón no le molestaba que ello era debido a que es blanca y estaba de acuerdo con el racismo que se vive hoy.
No sé trata de poner en duda la buena fe de quienes son partidarios de retirar el monumento, pero sí existen en algunos casos intereses, incongruencias y contradicciones que ponen de manifiesto posturas claramente partidistas encubiertas por una "dulce" capa de buenas intenciones. A todo ello se aplica presentismo histórico, es decir, juzgar el pasado mediante valores del presente, y una descontextualización. Por poner unos cuantos ejemplos, no se cuestiona que el rey Jaume I tenga una calle y dé nombre a una estación de metro. Este rey fue el mismo que, tras conquistar Valencia y Mallorca, provocó un genocidio contra la población local e incluso esclavizó a una parte de ella, afirmó que no veía diferencia entre cazar jabalíes o cazar moros y ordenaba arrancarles la lengua a quienes le ofendían.


Otro ejemplo es el de Antonio López, cuyo monumento fue retirado de la plaza que llevaba su nombre, ahora rebautizada como Idrissa Diallo. Sin embargo, se pasan por alto personajes como Josep Xifré, Miquel Biada y Joan Güell, tres grandes patricios catalanes que tuvieron en común el tráfico de esclavos de raza negra, igual que Antonio López. Pero sus nombres continúan presentes en el nomenclator barcelonés.
Y a los anteriores podríamos sumar otros ejemplos procedentes de distintos ámbitos: el del doctor Bartomeu Robert, el cual teorizó sobre la superioridad del cráneo catalán frente al de los mesetarios, con escritos comparables a los de Joseph Mengele; al fundador del PNV Sabino de Arana, que abiertamente consideró a los vascos superiores al resto de españoles; y a los Almogávares, mercenarios catalanes que en nombre del cristianismo sembraron el terror. El listado todavía podría ampliarse más, si bien a menudo establecer estas comparativas resulta incómodo hasta el punto de que algunos detractores acusan de promover un sentimiento anticatalán. Quienes realmente tengan esa intención es tan absurdo como quienes rechazan el monumento a Colón por sentimientos hispanófobos. Sólo se trata de no faltar a la verdad histórica o contar medias verdades, siendo esto último a menudo peor que mentir. Nadie pone en duda las atrocidades cometidas tanto por los conquistadores como por los colonos españoles llegados a América, pero nos guste o no asumirlo también participaron muchos catalanes, algunos de los cuales amasaron grandes fortunas (indianos) y contribuyeron a convertir Cataluña en el motor económico de España. Incluso ya a finales del siglo XIX fueron ellos quienes se opusieron a la abolición del esclavismo y a la independencia de Cuba.


En la actualidad se barajan varias posibilidades acerca del futuro del monumento a Colón:
- Desmantelamiento completo del monumento, conservando la figura del descubridor en un museo y en su lugar proponer algo nuevo.
- Conservación parcial del monumento, retirando algunas estatuas y relieves considerados "ofensivos".
- Modificación y rebautizo del monumento, convirtiéndolo en un monumento a la resistencia indígena.
- Rehabilitación del conjunto, conservándolo como un monumento crítico acompañado de unos plafones explicativos, tal y como propone la alcaldesa de Barcelona Ada Colau.
Al igual que el árbol del Paraíso escondía la fruta prohibida, la del pecado, el árbol de Colón pretende ocultar aquella parte de la historia que no interesa mostrar o exaltar. ¿Quién caerá a la tentación? El futuro del monumento a Colón, ahora mismo es muy incierto y cuestionado. El tiempo dirá, si bien su porvenir no es precisamente bueno. En el presente agoniza pendiente de una urgente restauración.

Fotos: Archivo Crónica Global, Arxiu catalunyapress, Arxiu On-A.

5 comentarios:

Júlia dijo...

Considerando el panorama ya se pueden quitar todos los monumentos personales y los nombres de calles dedicadas a personas, pocas biografías serias quedarían limpias del todo. Lo que me sorprende es que se señale a tres o cuatro en particular y el resto quede libre de toda sospecha. Por no hablar de cantar habaneras, celebrar fiestas de indianos y cosas así.

Tot Barcelona dijo...

Espero que la semana que viene, y acorde lo que se ha apuntado Júlia, a la que le doy toda la razón, quitemos del nomenclator la calle del racista y xenofobo Sabino Arana.
Salut

Ricard dijo...

Hola Júlia, efectivamente, se quieren suprimir a unos pero ignorar a otros. Y eso es algo incomprensible. Sin embargo, si por cosas malas se tuviesen que eliminar a todos, aquí no se salvaría casi nadie. Un saludo.

Ricard dijo...

Hola Tot Barcelona, pues a Sabino de Arana mucho me temo que no lo van a tocar y uno puede imaginarse el por qué. Si al final la memoria histórica es memoria selectiva. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Julia, Tot Barcelona, Ricard..., cuanta razón.
Catalunya país esclavista en Cuba ahora van de salvadores de la memoria.
Menudo atajo de hipócritas.
La cosa esta muy clara según el color político así te lucirá.
Hay Barcelona!!!!!, eras el faro de España.., ahora ciudad decadente y atrasada bueno y Catalunya no te digo.., el pruses ha envenenado y corroído todo lo que ha tocado.
Y Sabino de Arana ya se sabe que si los cráneos de raza aria vasca y tal lo mismo que aquí las mismas cantinelas a ese un monumento.