martes, 31 de marzo de 2026

Salvat Papasseit versus Virrei Amat. Una valoración personal


El pasado miércoles día 25 de marzo el Plenario de Nou Barris aprobó por mayoría que la plaza del Virrei Amat recuperara su antigua denominación dedicada a Joan Salvat Papasseit (Barcelona 1894-1924) después de 84 años de la sustitución ejecutada por el Ayuntamiento de Barcelona bajo el régimen franquista. Los cambios en la nomenclatura nunca quedan exentos de polémica por las razones formales y de fondo habidas en la intención. Los nombres de los espacios públicos urbanos han sido (y son) a menudo una herramienta para reflejar de manera sutil y discreta la imposición de unos valores, una ideología e incluso una doctrina, de lo contrario muy poco o casi nada habrían cambiado a lo largo de los siglos. En ese sentido hay algo claro e irrefutable: la denominación de una calle o una plaza importa.
Centrándonos en el presente caso a finales del siglo XIX en el municipio de Sant Andreu de Palomar la urbanización de la rambla de Santa Eulalia (posteriormente Fabra i Puig) previó una plaza justo al lado de la iglesia nueva de Santa Eulàlia de Vilapicina y al inicio de lo que sería el paseo del Manicomio (posteriormente Doctor Pi i Molist). Allá también desembocaba el camino Antiguo de San Acisclo (después Mariscal Joffre, luego Borbón y actualmente Els Quinze). En 1917 ya perteneciendo a Barcelona tras la agregación de 1897 la futura plaza se concibió como un nudo de comunicaciones, por lo que se decidió modificar el proyecto y ubicarla justo detrás de la masía de Can Sitjà en terrenos de la finca de la Torre dels Anglesos. Ello permitiría la llegada de la calle de Bach de Roda (posteriormente Felip II).


El 20 de febrero de 1931 se inauguró la urbanización y dos años después, el 16 de noviembre de 1933, fue bautizada como plaza de Salvat Papasseit. De este modo se decidió homenajear al poeta, ensayista, periodista y escritor fallecido prematuramente el 7 de agosto de 1924 a los 30 años de edad. No se puede negar la existencia de cierta vinculación de este personaje con el barrio, pues cuando él enfermó de tuberculosis en 1922 residió temporalmente en el número 51 de la calle de Can Pujolet, en la Font d’en Fargas, entonces núcleo perteneciente a Santa Eulàlia de Vilapicina.
Terminada la Guerra Civil el régimen franquista revisó el nomenclátor barcelonés con el propósito de eliminar cualquier personaje o elemento contrario a la ideología de la dictadura. Ello afectó al nombre de la plaza, pues Joan Salvat Papasseit reunía todos los ingredientes para ser borrado: simpatizante de idearios anarquistas, socialistas y anticlericales, además de catalanista radical. Por este motivo el 6 de mayo de 1941 la plaza fue rebautizada como Virrey Amat en recuerdo de Manuel d’Amat i Junyent (Vacarisses 1704 - Barcelona 1782), militar, gobernador de Chile (1755-1761) y 31º virrey del Perú (1761-1776). Su linaje nobiliario, su gestión administrativa, académica y económica en el continente americano, así como su clara afinidad hacia la monarquía borbónica lo convertían en un personaje cómodo, coherente, unívoco, incontestable y armonioso en el nuevo contexto político del país. Su legado más representativo es el palacio que mandó construir en la Rambla conocido como Palau de la Virreina, erigido entre 1772 y 1778, declarado bien cultural de interés nacional en 1941 y actualmente sede del Institut de Cultura de Barcelona. Aunque jamás tuvo vinculación con el barrio, su sobrino Rafael d'Amat i Cortada Senjust, barón de Maldà, hizo numerosas estancias en la masía de Can Sitjà, a la que llamaba Col·legi de la Bona Vida. En su diario personal Calaix de Sastre describe tanto la casa como el territorio.


El poco tiempo en que la plaza se llamó Salvat Papasseit (sólo 7 años, 5 meses y 20 días) hizo que enseguida los vecinos se olvidaran progresivamente de la denominación original. Si a ello sumamos la llegada de nueva población procedente del resto de España a partir de los años 50 y su descendencia el personaje quedó completamente enterrado de la memoria histórica. A partir de los años 50 y durante los años 60 y 70 grupos clandestinos procedentes del catalanismo y el independentismo empezaron a reivindicar la figura de este literato autodidacta, popular y vanguardista y a difundir su obra. Ya en democracia, a principios de los años 80 surgió un tímido movimiento a favor de restablecer la denominación original de la plaza, incluso en las paredes de los edificios hubo pintadas realizadas con plantilla que indicaban “Plaça Salvat Papasseit”. Ello no tuvo la trascendencia deseada, pues posiblemente se consideró que la aprobación el 9 de mayo de 1980 del nuevo "Passeig de Salvat Papasseit" en la Barceloneta, barrio donde llegó a residir y que le inspiró algunas de sus obras literarias, compensaba y restituía sobradamente la figura de este personaje de la literatura catalana, a la vez que se evitaba una duplicidad. Aunque la llama del sentimiento de restaurar el nombre original de la plaza nunca se apagó no fue hasta la actualidad que se produjo el empujón definitivo. Para ello, coincidiendo con el centenario de su muerte se creó la plataforma Restituïm, liderada por un grupo de vecinos del distrito de Nou Barris unidos y organizados para lograr este propósito.


Merece resaltar cómo algunos medios de comunicación y formaciones políticas hablan de vestigio o de nombre franquista. Esta afirmación es falsa, pues Manuel Amat i Junyent fue un personaje del siglo XVIII y por consiguiente no es posible asociarlo a algo que todavía no existía. Sí se puede afirmar que se trata de un nombre impuesto durante dicho período. Ocasionalmente se confunde el régimen con la ideología, es decir, no todo lo realizado durante el franquismo es franquista. Para llevar la petición al el Plenario de Nou Barris era necesario un aval mínimo de 800 firmas, lográndose un total de 1.440 de las cuales fueron validadas 1.276. ¿Significa que la mayoría de vecinos apoya el cambio de nombre? ¿Lo tuvo realmente cuando la plaza de Llucmajor pasó a ser la plaza de la República? Algunas fuentes aseguran que no, pero sin embargo eso es algo que difícilmente se podrá demostrar al no haberse hecho una encuesta o una consulta popular. Muchas veces las victorias son de las minorías que aprovechan la pasividad y el conformismo de las mayorías silenciosas las cuales, a pesar de su oposición, no ven necesaria la movilización. Se dice que la propuesta ha nacido de razones populares e históricas, pero no nos engañemos, aún así la revisión y cambio de nombres del nomenclátor siempre se debe a motivos políticos y partidistas tanto por activa como por pasiva, pues la historia la escriben y la imponen los vencedores. En este sentido, en dictadura y en democracia la memoria histórica que tanto se reivindica contiene en mayor o menor medida memoria selectiva, fomentando lo que interesa y encaja con el discurso "oficial" y minimizando o borrando lo que no conviene. Basta con estudiar la evolución odonímica de la ciudad de estos últimos 150 años para cerciorarse de esta realidad.


Las razones ideológicas resultan obvias y la plaza del Virrei Amat en cuestión es un ejemplo que no se escapa. Desde hace algunos años las alcaldías de Barcelona han aprovechado su mayoría representativa para poner en marcha un proceso de exterminio progresivo de toda denominación relativa a monarcas y a religiosos. ¿Es necesario que para reivindicar y dignificar a unos personajes los cuales nadie niega su derecho a ocupar un espacio público en la ciudad se haga a costa de defenestrar o demonizar a otros como si de una acción revanchista se tratara?
Si bien en 2024 la propuesta se desestimó alegando duplicidad al existir el paseo de la Barceloneta, finalmente en este 2026 hubo un cambio de actitud que llevó a su aprobación. El siguiente paso es que el Ayuntamiento de Barcelona eleve la iniciativa a la Ponencia del Nomenclátor para dar el visto bueno. El proceso no se ejecutará de inmediato sino a lo largo de los próximos meses, pues más allá de una simple sustitución de placas callejeras deberán también cambiarse las señales informativas de orientación y la señalización de la red de transporte público.


Fotos: AHRNB, AMDNB, Archivo Pedro Díaz, Biblioteca de Catalunya, Jaume Vilardaga Ribera, Marius Serra.

viernes, 20 de marzo de 2026

60 años del concierto de Ella Fitzgerald y Duke Ellington en Barcelona


Se cumplen 60 años de la llegada de la cantante Ella Fitzgerald y del compositor y pianista Duke Ellington a Barcelona. Procedentes de Nueva York, “la Reina del Jazz” y “el Duque” aterrizaron a la capital catalana en el contexto de una gira europea organizada por el empresario norteamericano George Wein. Para ello debemos de remontarnos a los años sesenta, cuando el empresario barcelonés Joan Roselló adquirió el Bar Brindis, sito en la plaza Reial número 17, para convertirlo en una sala para conciertos de jazz. El local abrió sus puertas el 9 de enero de 1960 con la actuación de un quinteto liderado por el pianista Tete Montoliu y fue bautizado como Jamboree Jazz Club, palabra que en la lengua de las comunidades zulús significa “reunión de tribus”. Llegados al sexto aniversario de la sala se pensó que la mejor manera de celebrarlo sería mediante un gran concierto con los mejores referentes de género jazzístico mundial del momento. Por este motivo se pensó en Ella Fitzgerald y Duke Ellington, considerados grandes renovadores del género, aprovechando su tour por el continente europeo.


Años atrás se había planteado traer a la mítica cantante a Barcelona, pero el caché que ella pedía lo impidió. Sin embargo, el hecho de disponer de los medios económicos para invitarla a actuar sumado a la creciente afición por el jazz lo hicieron propicio. Tras las gestiones pertinentes con el promotor musical y productor Norman Granz y habiendo acordado fecha de llegada, fue entonces cuando Joan Roselló le pidió a la cantante Nuria Feliu, la cual actuaba a menudo con el pianista Tete Montoliu y ejercía de presentadora en los conciertos de la sala, que hiciese de anfitriona de los dos artistas estadounidenses recibiéndolos en el aeropuerto del Prat con un “Welcome to Barcelona” y un ramo de flores. Finalmente la mañana del martes 25 de enero de 1966 el avión de la compañía Pan American procedente de Nueva York aterrizó en Barcelona. Nuria Feliu, que no sabía inglés y estaba nerviosa por la emoción del acontecimiento, se quedó en blanco y le dio el ramo a Ella Fitzgerald diciéndole: “Tingui”. Allá en el aeropuerto estuvieron también presentes el cónsul de los Estados Unidos, John W. Ford, así como un grupo de aficionados que los recibieron con una pancarta de bienvenida. También bajaron del avión la esposa de Duke Ellington y los miembros de la orquesta. Se contabilizaron cincuenta maletines, dos baúles y varios bolsos de viaje. Un taxi los llevó al Hotel Ritz (actual Palace), donde se alojaron.


En el mismo día se celebraría el esperado concierto, en realidad dos, uno a las 19:00h y el otro a las 23:00h en el Palau de la Música. Poco antes de la actuación hubo una breve sesión fotográfica. Ella Fitzgerald no se mostró muy predispuesta a dejarse retratar, mucho menos con “flash”, ni a ofrecer largas entrevistas. Se comentó que no estaba de muy buen humor porque había perdido un alfiler de oro y porque a su llegada al aeropuerto un fotógrafo, seguramente un aficionado y no un periodista, le había soltado un piropo ofensivo.
A modo de curiosidad, mencionar que en el programa del concierto se indicaba, textualmente: “Se pone en conocimiento del público que Duke Ellington y Ella Fitzgerald no llevan un programa estudiado. Su actuación se acopla al ambiente y a las peticiones del público, por lo que resulta del todo imposible (y es su norma) establecer un orden para los números a interpretar”.


Ella Fitzgerald actuó junto a Duke Ellington, cuya orquesta estaba formada por él mismo (como director, arreglador y piano), Mercer Ellington (arreglador y trompeta), Cat Anderson (trompeta), Herbie Jones (trompeta), Cootie Williams (trompeta), Lawrence Brown (trombón), Buster Cooper (trombón), Chuck Connoers (trombón bajo), Johny Hodges (saxo alto y soprano), Russell Procope (saxo alto y tenor), Paul Gonsalves (saxo tenor), Jimmy Hamilton (saxo tenor y clarinete), Harry Carney (saxo barítono), John Lee Lamb (contrabajo y violín) y Sam Woodyard (batería). También estuvo presente el trío de Jimmy Jones, formado por él mismo en el piano junto a Joe Benjamin (bajo) y Roy Haynes (batería). Las actuaciones terminaron con una gran ovación del público hasta el punto que Duke Ellington comentó, textualmente: “Jamás sospeché que nos dedicaran una acogida tan cordial y mucho menos que entendieran de jazz de la forma que lo han demostrado. Digo, sinceramente, que ha sido Barcelona donde he visto el público más entusiasta. Cuando aplaudían al trompeta Cootie Williams me ha dado la impresión de que estaba en una plaza de toros y todo el mundo pedía la oreja, el rabo y las patas para el matador”. La experiencia, presupuestada en algo más de un millón de las antiguas pesetas, fue rentable.


Al siguiente día Ella Fitzgerald y Duke Ellington, el cual fue obsequiado con una estatuilla del torero Manuel Díaz “El Cordobés”, cinco corbatas de seda natural y seis botellas de coñac, tomaron el avión hacia Francfort donde actuarían una noche y desde allí volaron hacia Londres donde permanecerían tres días. El gran éxito de público de los dos conciertos motivó a Joan Roselló a crear poco después el Festival de Jazz de Barcelona, el 3 de noviembre de ese mismo año con cinco conciertos en los que participaron Dave Brubeck Quartet, Max Roach Quintet y Sonny Rollins, Bud Freeman con Alex Welsh Orchestra, los Uptown Swing All Stars (con Milt Buckner, Roy Eldridge y Illinois Jacquet, entre otros), y un programa doble con el Tete Montoliu Trío y el Stan Getz Quartet y Astrud Gilberto.


Tras la aparición de una figura decisiva y fundamental como fue la de Tete Montoliu, los conciertos de Ella Fitzgerald y Duke Ellington de 1966 en Barcelona supusieron, sin duda, el despegue definitivo del jazz en la capital catalana y la ubicación de la ciudad en el mapa internacional recuperando e incluso superando su antigua categoría de epicentro de este género que tuvo en los años 30. Desde entonces tanto la proliferación de artistas jóvenes o debutantes como la presencia de artistas consagrados nacionales e internacionales, así como la apertura de salas de concierto, la organización de festivales y la creación de escuelas de música moderna y jazz ha sido una tónica imparable hasta la actualidad.

Fotos: Arxiu Fotogràfic de Barcelona, Biblioteca de Catalunya, Carlos Pérez de Rozas, Cifra, CEDOC, Festival de Jazz de Barcelona, Francisco Gallés Miquel.

lunes, 16 de marzo de 2026

Adiós a la discoteca Karma (1978-2026)


La discoteca Karma cierra definitivamente sus puertas, tal y como sus responsables anunciaron el pasado miércoles día 11 de este mes. Tras poco más de 47 años de su apertura Barcelona pierde otro local de ocio nocturno de referencia. Esta sala de fiesta se ubicó en el número 10 de la plaza Reial, en un espacio donde anteriormente hubo otros negocios y mucha historia. En la década de 1850 abrió allá sus puertas el Café Turco y la sastrería Miquel Camps. En 1864 el Café Turco pasó a ser el Café de Europa. En la década de 1870, junto al citado establecimiento hubo la sastrería El Gallo de Oro y la relojería El Cronómetro. En 1919 la sastrería Miquel Camps se convirtió en la tienda de ropa Casa Roig i Guasch, a la vez que allá se inauguró la primera sede del Museo Pedagógico de Ciencias Naturales. En 1926 éste negocio se trasladó al número 8 de la plaza mientras que en su lugar se instaló el célebre taller del taxidermista Pau Areny-Plandolit, además del anticuario José Valenciano. Tras estallar la Guerra Civil española, a partir del año 1937 los subterráneos tanto del número 10 como los demás fueron usados como refugios antiaéreos. Llegados a la posguerra se instaló la fábrica de pañuelos Manufacturas Sedafil, el cual tuvo la mala suerte de sufrir un incendio en 1949. Al siguiente año abrió la sastrería Gallup, la cual funcionó hasta los años setenta.


Fue entonces cuando Juan Andrés Aguilera y Benito Antonio Esteban "El Maño", dos empleados de la pizzería Rivolta de la calle del Hospital, decidieron emprender negocio por su propia cuenta en ese local. Habiendo obtenido los permisos correspondientes, la noche del 31 de diciembre de 1978, coincidiendo con fin de año, abrió sus puertas la discoteca Karma con un concierto de Jaume Sisa. Bajo la galería porticada del edificio, justo al lado del histórico hostal Ambos Mundos se hallaban dos accesos, el de la izquierda correspondía a la entrada y salida de la discoteca, estando allá la taquilla; y a la derecha había el bar con terraza. A la sala de fiesta, en un subterráneo, se accedía mediante unas escaleras que daban paso a un área diáfana de estructura tubular de doble bóveda de cañón que definía a la izquierda la barra de bar y a la derecha la pista de baile, la cual incluía un púlpito para el DJ ubicado al fondo. Ambas zonas estaban separadas por unas gruesas columnas.


Desde sus inicios se definió como una discoteca moderna y avanzada a su tiempo en tanto que se caracterizó por su inclusividad. Además del ambiente hetero también destacó el ambiente gay y de personas transexuales en unos tiempos en los cuales estos colectivos tenían vetado su acceso en la mayoría de locales de ocio. Fue célebre y habitual el personaje del travesti Fernanda. Otros personajes conocidos fueron Ocaña, Camila y Toci. En 1986 el local fue escenario de rodaje de la película “La rossa del bar” del director Ventura Pons, habiendo una escena con dos de sus protagonistas, Enric Majó y Núria Hosta. El 13 de abril de 1989 los propietarios constituyeron la empresa que gestionaba la discoteca bajo el nombre de Dreston, S.L.


La discoteca Karma ofreció variedad musical combinando Rock, Rock & Roll, Pop, Soul, Blues, Hard Rock, Punk, Grunge, Indie y Heavy Metal, con temas de los años sesenta hasta la actualidad. Llegado el momento de cerrar, la última canción ofrecida siempre era “Goodnight Ladies” de Lou Reed. Algunos de los DJ's que pincharon discos fueron Óscar Moon, Jesús Moreno, Ladroncomix, Luís Furtado, Nenazza, Caleb Molinero, Waaax y Robert Martex. Ocasionalmente grupos alternativos ofrecían conciertos de música.
Generalmente abría sus puertas de martes a sábado desde las 0:00h de la medianoche hasta las 3:00h de la madrugada los martes miércoles y jueves (salvo vísperas de festivos que prolongaba hasta las 6:00h) y hasta las 6:00h de la mañana los viernes y sábados por ser fin de semana. El bar permanecía abierto a diario desde las 23:00h de la noche hasta las 3:00h de la madrugada.


En el 2002 la trilogía literaria “El día del Watusi” del escritor Francisco Casavella hace ocasionales referencias a la discoteca en algunos de los capítulos de cada libro. Precisamente la obra narra la historia de Fernando Atienza, un joven que vive en la Barcelona de la transición, justo cuando Karma abrió sus puertas. Años después la discoteca se sometió a una reforma que no quedó exenta de polémicas, consistente en trasladar la pista de baile a la derecha y la barra del bar a la izquierda. Tras la muerte de Juan Andrés Aguilera en 2014 Benito Antonio Esteban "El Maño"pasó a ser administrador único de la empresa. Su fallecimiento el pasado mes de noviembre motivó el cierre definitivo del negocio.


La desaparición de la discoteca karma se suma a la reciente clausura de la sala La Deskomunal del barrio de Sants debido a la fuerte presión provocada por un cúmulo de dificultades surgidas desde la pandemia hasta la actualidad. Durante estos últimos años salas de fiesta de gran popularidad como Tango (2020), Alfa (2021), Merlín (2023), Brisas (2023), Bóveda (2024) y Sidecar (2024) también han bajado definitivamente la persiana. El ocio que fue símbolo de una época y que perteneció e influyó a unas determinadas generaciones está desapareciendo de la ciudad. La Barcelona nocturna jamás volverá a ser lo que una vez fue. Hasta siempre "karmeros".

Agradecer la inestimable colaboración del historiador Xavier Theros para poder explicar qué negocios hubo anteriores a la discoteca Karma en los bajos del número 10 de la plaza Reial. A ello recomiendo su libro "Vida i miracles de la plaça Reial", coeditado por el Ayuntamiento de Barcelona, la Associació d’Amics i Comerciants de la Plaça Reial y la Fundació SETBA.

Fotos: Bar Discoteca Karma (archivo).

lunes, 2 de marzo de 2026

Barcelona y los Premios Goya: pasión por el séptimo arte


Barcelona desplegó una vez más la alfombra roja para acoger la ceremonia de entrega de los Premios Goya de cinematografía. Es la segunda vez en su historia que la capital catalana se viste de gala y pasa a ser anfitriona de un certamen cuyo propósito es reconocer lo mejor del séptimo arte español. Para ello días antes se instalaron en siete puntos distintos de la ciudad unas réplicas a gran tamaño de la estatuilla que representa el galardón: jardines de Salvador Espriu, parque del Fòrum, plaza de les Glòries Catalanes, recinto fabril de la Fabra i Coats, plaza del Portal de la Pau y a los pies del Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC). Y por supuesto, algunas de estas figuras que han servido para los aficionados de los selfies, han terminado vandalizadas por grupos independentistas. El motivo de tal acción (que era de esperar) fue luchar contra (lo que ellos aseguran ser) el genocidio cultural del pueblo catalán y contra la castellanización de los (llamados) Països Catalans. De tales “activistas” no se podía esperar menos, si bien afortunadamente las estatuas se limpiaron de inmediato para la ocasión. Con toda seguridad ninguno de ellos debía tener ni la mitad de la mitad de la capacidad artística e intelectual que tuvo el gran pintor Francisco de Goya.


Los Premios Goya son, a imitación de los Oscar de la academia de Hollywood y de los premios de otros países que ofrecen distinciones similares (Bafta en Reino Unido, César en Francia y David de Donatello en Italia, entre otros) unos galardones otorgados anualmente por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España con el propósito de premiar a los mejores profesionales en cada una de las distintas especialidades del cine español. La ceremonia de entrega tiene lugar entre finales de enero y principios de febrero. La primera edición tuvo lugar en el teatro Lope de Vega de Madrid el 17 de marzo de 1987 y en los años posteriores la capital de España ha sido habitualmente la sede principal. No fue hasta el año 2000 que se decidió cambiar de ciudad para hacerlo itinerante, por lo que Barcelona se convirtió en la anfitriona. Otros municipios que acogieron el certamen fueron Sevilla (2019 y 2023), Málaga (2020 y 2021), Valencia (2022), Valladolid (2024) y Granada (2025).


La primera gala en Barcelona, correspondiente a la XIV edición, tuvo lugar el 29 de enero de 2000 a las 11:00h de la noche en el Auditori, en la avenida Meridiana con Lepant, al lado del Teatre Nacional de Catalunya. Acogió a un total de 2.500 invitados tanto del mundo del cine como de la política, del arte, la cultura y otros ámbitos. Dirigida por la directora, realizadora y guionista de cine y televisión Rosa Vergés, fue presentada por la actriz, directora de cine, monologuista, guionista y productora Antonia San Juan. Como guionistas intervinieron también Rosa Vergés junto al periodista y crítico de cine Jaume Figueras. Entre las autoridades invitadas no faltaron el alcalde de Barcelona Joan Clos, el presidente de la Generalitat de Catalunya Jordi Pujol y el (entonces) S.M. el Príncipe de España Felipe de Borbón, el cual ese mismo día cumplía 32 años de edad. Otras personalidades presentes fueron la actriz Aitana Sánchez-Gijón en calidad de presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, el (entonces) ministro de Educación y Cultura Mariano Rajoy, el conseller de Presidencia Xavier Trias, el conseller de Cultura Jordi Vilajoana, el portavoz socialista en el Parlamento catalán Pasqual Maragall, la ex ministra de Cultura Carmen Alborch y el secretario de Estado de Cultura Miguel Ángel Cortés. Destacar que el Goya honorífico fue para el director y productor Antonio Isasi-Isasmendi y que la película ganadora fue “Todo sobre mi madre”, dirigida por Pedro Almodóvar, la cual recibió un total de 7 estatuillas de las 14 nominaciones.


La segunda gala celebrada en Barcelona, la XL edición de los Premios Goya, tuvo lugar el pasado sábado día 28 de febrero en el Centre de Convencions Internacional de Barcelona (CCIB), en el recinto del Fòrum, con más de 2.000 invitados. Ello coincidió precisamente con el 40 aniversario de la creación de este singular galardón. Una de las personas invitadas de talla internacional fue la actriz (y activista) Susan Sarandon, la cual fue invitada a visitar los yacimientos de “El Born Centre de Cultura i Memòria” junto al presidente de la Generalitat de Catalunya Salvador Illa. El motivo de su presencia fue la recepción del Premio Goya Internacional. La gala fue presentada por la cantante, actriz de voz y escritora Rigoberta Bandini y el actor Luís Tosar. Como autoridades invitadas destacaron, entre otras, el presidente del Gobierno Pedro Sánchez, el presidente de la Generalitat de Catalunya Salvador Illa, la presidenta del Congreso Francina Armengol, el alcalde de Barcelona Jaume Collboni, la vicepresidenta segunda del Gobierno Yolanda Díaz, el ministro de Cultura Ernest Urtasun, el ministro de Transformación Digital Óscar López, el ministro de Industria Jordi Hereu, la consellera de Cultura Sònia Hernández, el secretario de Estado de Cultura Jordi Martí y la presidenta de la Diputació de Barcelona Lluïsa Moret.


El Goya honorífico fue a manos del director y guionista Gonzalo Suárez mientras que la película ganadora fue “Los domingos”, dirigida por Alauda Ruiz de Azúa, cinta que recibió un total de 5 estatuillas de las 13 nomnaciones. Merece destacar la acertada intervención del presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España Fernando Méndez-Leite, el cual hizo un balance de los que ha sido este certamen a lo largo de sus 40 años de existencia y cómo ha evolucionado la industria cinematográfica española.


Inevitable es tener que remarcar algo tan evidente como que ésta última edición de los Premios Goya ha sido, sin lugar a dudas, la más politizada de todas hasta el momento, una ceremonia cinematográfica convertida en pura plataforma partidista. Nadie está negando en absoluto el derecho a reivindicar y a expresar libremente y abiertamente los sentimientos políticos así como denunciar las numerosas injusticias que, desgraciadamente, suceden a diario en nuestro mundo. Nada más noble resulta condenar las guerras, los genocidios, las tiranías y las desigualdades sociales a cambio de luchar y apostar por un mundo mejor. Sin embargo, por coherencia y sentido común, que no por imposición, cada cosa debería de ocupar su propio lugar y en su momento oportuno, por lo que una gala dedicada al cine debería de tratar exclusivamente sobre todo lo relacionado con el séptimo arte, nada más.


Con toda probabilidad la gala de los Premios Goya regresará a Barcelona en un futuro nada lejano, pues la ciudad siempre ha apostado por la industria cinematográfica en todos sus aspectos, a la vez que muy frecuentemente ha sido el plató de muchas películas tanto de producción nacional como internacional. A ello, la materialización a partir del año 2028 del Catalunya Media City en la antigua central térmica de las Tres Xemeneies, en Sant Adrià de Besòs, un hub internacional del sector audiovisual, digital y de videojuegos, será decisivo tanto en la producción y creación como en la celebración de certámenes.

Fotos: Academia de Cine, Carles Ribas, GTRES, Europa Press, Heraldo de Aragøn, Xavier Torres Bachetta.