martes, 9 de junio de 2026

Habemus Papam Barcinone (I): Ioannes Paulus PP. II (Juan Pablo II)


Otra vez habemus Papam en Barcelona. Del 9 al 11 del presente mes de junio S.S. el Papa León XIV visita la capital catalana. La última vez que un Sumo Pontífice estuvo en la ciudad fue Benedicto XVI en 2010 y anteriormente San Juan Pablo II en 1982. La razón por la cual tanto en España en general como en Barcelona en particular la presencia papal es reciente en el tiempo se debe a causas históricas. Hasta bien entrado el siglo XX los Papas apenas viajaban. Fue a partir de Pablo VI cuando se produjo un cambio pasando de la inmovilidad a los desplazamientos internacionales. Desde entonces quienes le sucedieron abrieron definitivamente esta dinámica entendida como una herramienta pastoral, mensaje político, presencia física y búsqueda de fieles.
El primer Papa que pisó Barcelona fue Karol Józef Wojtyła, más conocido entonces como Juan Pablo II. En términos generales, su visita tuvo un extraordinario éxito de público pero estuvo forzosamente condicionada por el mal tiempo, pues las fuertes lluvias impidieron cumplir el programa con puntualidad y obligó a acatar soluciones alternativas. Incluso dos chicas jóvenes que peregrinaron al monasterio de Montserrat desgraciadamente perecieron por un desprendimiento de tierra y rocas, algo que al Sumo Pontífice le afectó profundamente.


Su visita a Barcelona formaba parte de un viaje apostólico a España, el vigésimo tercero de su pontificado. Tras tres aplazamientos debidos a dos atentados contra su vida y a la convocatoria de elecciones generales anticipadas en España fue posible coordinar su llegada al país, prevista del 31 de octubre al 9 de noviembre del año 1982.
Tras visitar Madrid (del 31 de octubre al 3 de noviembre y del 2 al 3 de noviembre), Ávila, Alba de Torres y Salamanca (1 de noviembre), Guadalupe, Toledo y Segovia (4 de noviembre), Sevilla y Granada (5 de noviembre), Loyola, Javier y Zaragoza (6 de noviembre), el domingo 7 de noviembre de ese año aterrizó en el aeropuerto del Prat, siendo recibido únicamente por un cura y dos guardias civiles. El helicóptero en el que viajó desde Zaragoza no pudo aterrizar directamente hasta el monasterio de Montserrat por el mal tiempo, así que terminó su viaje desde el aeropuerto hasta la montaña santa en autocar, llegando a su destino a las 10:30h, es decir, con dos horas de retraso.


Allá esperaban  más de 7.000 jóvenes, multitud de peregrinos, los obispos y los abades, así como numerosas autoridades encabezadas por el abad de Montserrat Cassià Maria Just y el presidente de la Generalitat de Catalunya Jordi Pujol, acompañado de su esposa Marta Ferrusola. La fuerte lluvia imposibilitó celebrar una Eucaristía al aire libre, por lo que todos los actos se realizaron en la explanada del templo, donde leyó el Evangelio e hizo una oración en lengua catalana diciendo “Déu vos salve, vida, dolcesa i esperança nostra” y que la montaña santa fuese, tal y como citó el obispo Torras i Bages, “un bosc d’oliveres, signe de pau”. Paso obligado dentro de la basílica fue la veneración de la Moreneta, frente a la cual oró y dejó a los pies de la figura de la Virgen, como recuerdo de su estancia, un rosario. El Papa destacó el papel espiritual y cultural de Montserrat dentro de Cataluña y apeló a la identidad cristiana de la comunidad catalana. Parte del público congregado cantó el Virolai, el himno de la Virgen de Montserrat, una sorpresa inesperada e improvisada que emocionó al mismo Papa.


Tras su regreso a Barcelona a la altura de la plaza de la Reina María Cristina tomó el “papamóvil” hacia el entonces templo expiatorio de la Sagrada Familia, que justo celebraba su centenario. Le escoltaba la Guardia Urbana montada a caballo. A su llegada a las 12:00h del mediodía a la plaza de Gaudí los alrededores del templo reunieron a más de 15.000 personas. Allá mismo fue recibido por el entonces alcalde de Barcelona Narcís Serra mientras se lanzaban globos al cielo con los colores del Vaticano. De él recibió la llave de oro de la ciudad, una medalla de oro conmemorativa y de manos del presidente delegado de la Junta de Obra del Templo, Joan Anton Maragall, un libro sobre el templo, obra de Puig i Boada, editado especialmente para la ocasión. Desde un estrado levantado frente a la fachada del Nacimiento, bendijo el ábside y consagró el templo expiatorio como basílica menor, un título honorífico debido a su importancia histórica, su valor arquitectónico, su relevancia espiritual y su actividad pastoral, estableciendo así un vínculo especial con el Papa y la Santa Sede. En su discurso hizo referencia ineludible a las figuras del padre Sant Josep Manyanet y del arquitecto Antoni Gaudí en calidad de promotores del templo. A la multitud allí presente dirigió unas palabras en castellano finalizado en un “Que Déu beneeixi les vostres famílies!”, para luego terminar con el Ángelus en latín.


Aquél acontecimiento representó el punto de partida de la proyección mundial y universal de la Sagrada Familia en las décadas posteriores hasta la actualidad, acelerando las obras de construcción, siendo declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2005 y convertida en basílica en 2010. Tras firmar en el Libro de Oro salió por la puerta de la fachada de la Pasión, desde donde saludó a las personas que llenaban la plaza de la Sagrada Familia. Enseguida se dirigió con el “papamóvil” acompañado por el obispo de Barcelona, Narcís Jubany, por la calle de Aragó, el paseo de Gràcia, la plaza de Catalunya, la ronda de Sant Pere, la plaza de Urquinaona y la Via Laietana hasta la avenida de la Catedral, llegando a las 16:30h a la Catedral de Barcelona, donde oró en la cripta de Santa Eulàlia. Tras comer en el Palau Episcopal, en la calle del Bisbe, se dirigió hasta Montjuïc, donde en un altar habilitado frente a la Font Màgica celebró un acto ante unas 200.000 personas donde pidió, en base a la doctrina eclesiástica, que el capital esté al servicio del trabajo y no el trabajo al servicio del capital, así como entendimiento y solidaridad entre empresarios y obreros. El evento finalizó con los Cors d’en Clavé entonando L’emigrant.


Y a las 17:30h llegó al Camp Nou para oficiar una misa de clausura ante más de 100.000 personas. Precisamente aquél año el estadio del F.C. Barcelona había sido la sede inaugural del Mundial de Fútbol celebrado ese mismo año, razón por la que el recinto había ampliado recientemente su capacidad de 90.000 a 120.000 espectadores. El Papa hizo su entrada por el gol sur donde había instalado un pódium. Sobre el césped se colocó una alfombra de 3.000 metros cuadrados granate y amarilla, con flores decorativas en los bordes. Su discurso, dedicado a reivindicar la vida cristiana, la familia y la dignidad de la persona, también finalizó con un “Que Déu beneeixi les vostres famílies!” y además con un “Bona nit a tothom”. Acabado el acto, el Papa bajó a la capilla del estadio, dedicada a la Virgen de Montserrat, y el presidente del club azulgrana Josep Lluís Núñez le entregó la insignia de oro y brillantes y el carnet de socio honorífico, con el número 108.000.


Finalmente se dirigió hacia el aeropuerto del Prat donde tomó a las 21:30h el avión con destino a Valencia, Alcira y Moncada, donde permaneció el día 8, y luego a Santiago de Compostela el día 9, donde puso punto y final a su visita por España.

Fotos: Agencia EFE, Archivo La Vanguardia, Archivo RTVE, Gianni Ferrari, Publicacions de l'Abadia de Montserrat.