martes, 14 de abril de 2026

La Sagrera, sin patrimonio ferroviario


Final de trayecto. El pasado jueves día 9 del presente mes empezaron los trabajos de derribo del antiguo edificio de la estación de mercancías de La Sagrera. Tras la retirada del amianto y habiendo derruido previamente el interior se ha procediendo a la demolición de las paredes. De este modo desaparece definitivamente el último vestigio superviviente de la llamada "Sagrera-Mercaderies", también conocida como "Barcelona-Clot (Sagrera)". Sólo ha sobrevivido el cartel de porcelana de la estación, actualmente preservado por el Museu del Ferrocarril de Vilanova i la Geltrú y en proceso de restauración, además de un refugio antiaéreo de la Guerra Civil que también se conservará. De nada han servido los intentos por parte de la Associació per a la Promoció del transport Públic (PTP), el Fòrum del Transport Català, el Centre d’Estudis del Transport Tèrminus y la Associació Coordinadora Pro Museu del Transport de Barcelona, con el apoyo de la A.V. de la Sagrera así como de otras entidades y particulares. En líneas generales alegaron que el plan urbanístico no es incompatible con la conservación del edificio a pesar de la futura elevación del terreno que lo dejaría en una cota inferior y propusieron su preservación como parte del patrimonio ferroviario y de la memoria histórica, además de ser un elemento que explicaría el papel del ferrocarril en la modernización social y económica del país. Entre las distintas propuestas de usos se planteó convertirlo en un hub de ciclologística, en un espacio de interpretación del ferrocarril o en un equipamiento de barrio.


La estación se construyó entre 1918 y 1922 con el fin de descongestionar la estación de mercancías del Clot, permitiendo así la ampliación de la estación de Francia. La empresa de Josep Miarnau Navàs se encargó de la construcción bajo la dirección del ingeniero Eduard Maristany. Para ello hubo que expropiar 30 fincas y llegar a acuerdos con la Junta de Regantes del Rech Condal para garantizar los caudales de agua que permitiesen continuar con los regadíos. La estación, limitada en el lado opuesto por la ronda de Sant Martí, por el Pont del Treball al norte y por el puente de Calatrava al sur, ocupaba unos 200.000 metros cuadrados de superficie y disponía una playa de vías que sumaba un total de 17,5 kilómetros de longitud. Formaba parte un proyecto global de la Compañía de Los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y a Alicante (MZA) desarrollado para diversificar, potenciar y agilizar el transporte de mercancías debido al fuerte desarrollo industrial de Sant Martí de Provençals y Sant Andreu de Palomar. Terminó tomando mayor importancia que la del Clot por las posibilidades que ofrecía en cuanto a superficie útil, volumen de mercancías, aduana, comunicaciones, telecomunicaciones y servicios administrativos. Constaba de dos edificios a banda y banda del acceso principal: la planta baja albergaba el vestíbulo, la sala de facturación, el almacén y el despacho para el jefe de estación; las plantas primera y segunda la telefonía y el telégrafo, el archivo, la oficina de estadística, la sala de máquinas, un vestuario y un almacén; y la tercera planta ocupó las viviendas para empleados. Completaban el conjunto unas cubiertas de planta baja y techo a dos aguas distribuidas en doble hilera.


No obstante, la crisis económica de los años treinta, la Guerra Civil y la postguerra impidieron su desarrollo, convirtiéndola en una barrera física entre La Sagrera y Sant Martí. Fue entonces cuando el Plan Modificado de Enlaces Ferroviarios de Barcelona de 1967 planteó la construcción en La Sagrera de una nueva estación central ferroviaria similar a la de Sants. En 1986 se retomó el proyecto cuando se estudió la llegada del tren de alta velocidad a Barcelona. En 1994 el Ayuntamiento de Barcelona aprobó el derribo de la estación de mercancías y su sustitución por una estación intermodal de pasajeros que, además, permitiría la urbanización del entorno y acabar con la barrera física entre La Sagrera y Sant Martí. Una vez trasladada la actividad logística a La Llagosta a finales de los años noventa la estación de mercancías dejó de funcionar. Finalmente la aprobación del Plan General Metropolitano (PGM) para la ordenación de la estación de la Sagrera y su entorno en 2004 tuvo como consecuencia el desmantelamiento de la estación. En 2011 se derribaron las 16 viviendas de planta baja para empleados y en 2012 el edificio norte. Sólo sobrevivió hasta la actualidad el edificio sur ocupado por viviendas y oficinas de Adif de atención al público.
Quedamos todavía muy lejos del ejemplo de otros países en cuanto a cultura ferroviaria se refiere, siendo un ejemplo paradigmático y representativo el del Reino Unido. Tal y como afirmó Jordi Sasplugas, director del Museu del Ferrocarril de Móra la Nova, en el citado país han entendido que el ferrocarril es parte de su identidad y futuro.

Render que recrea cómo se habría podido integrar urbanísticamente el edificio
de la estación de mercancías de haberse salvado. Fòrum del Transport Català

El director del Centre d’Estudis del Transport Tèrminus, Joan Carles Salmerón, declaró que con el derribo del edificio de la estación de mercancías de La Sagrera se comete otro crimen histórico al patrimonio ferroviario catalán que debería de evitarse en el centenar de estaciones ferroviarias que corren peligro de desaparecer en Cataluña. Alertó también que en los últimos años se han perdido hasta 15 edificios históricos, por lo que debería pedirse a las administraciones que no han actuado en el presente caso que reaccionen ante futuras posibles pérdidas, así como aprobar una Ley que proteja este patrimonio y evite más destrucción patrimonial. Suscribo sus palabras de condena y apoyo su propuesta, y como yo también los aficionados a los transportes, vecinos y otras personas procedentes de distintos ámbitos. Y no, en Barcelona no sobra patrimonio porque nunca es mucho, basta con integrarlo a las necesidades presentes y futuras de la ciudad más allá de la concepción turística.

Fotos: Ricard Fernández Valentí.
Render: Fòrum del Transport Català.

lunes, 6 de abril de 2026

En defensa de la cruz monumental del parque del Turó de la Peira


Entre finales de marzo y principios de abril han tenido lugar, una vez más, las tradicionales fiestas de Semana Santa. Estas fechas me han parecido más que oportunas para reflexionar acerca de una polémica que lleva meses debatiéndose. El Ayuntamiento de Barcelona ha decido retirar la cruz monumental del parque del Turó de la Peira para restaurarla. Sin embargo, se escamparon falsos rumores acerca de que no volvería a su ubicación original y que tendría una nueva reubicación. Ello ha generado no pocos comentarios tanto a favor como en contra de tal decisión. La controversia, más allá de meras opiniones, ha derivado a instrumentalizar este asunto a posturas tendenciosamente políticas, o mejor dicho, partidistas. Por supuesto, los tópicos acerca del perfil de los defensores y de los detractores de mantener este elemento no se han hecho esperar. No hace falta decir entonces a qué ideología se asocia cada posición.


Sobre los orígenes históricos de esta cruz en el número 133 del boletín Ideal (suplemento de la Hoja Diocesana de la parroquia de San Juan de Horta) de enero-febrero de 1961 nos informa de una peregrinación de feligreses desde la plaza de Bacardí hasta el parque del Turó de la Peira, donde se procedió a la bendición de la cruz monumental. Fuentes más dispersas (y dudosas) hacen coincidir su colocación al poco tiempo de inaugurarse el Turó de la Peira como parque público municipal en 1936, justo antes de estallar la Guerra Civil española. Otras la ubican en los años 40, durante la postguerra, coincidiendo con las políticas misioneras y de evangelización de los barrios llevadas a cabo por la Iglesia bajo el régimen franquista. Incluso aseguran que la iniciativa fue del padre Tarsicio de la parroquia de Sant Francesc Xavier, en Can Peguera. Mientras que otras afirman que se instaló con motivo del XXXV Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona de 1952 e incluso durante las Jornadas Marianas de 1954 a modo de reafirmación del llamado nacional catolicismo. En ninguno de estos casos se ha hallado información al respecto que así lo certifique.
Se trata de una cruz de unos 5 metros de altura forjada de hierro completamente funcional y carente de elementos artísticos, sujeta sobre una gran base de piedra y ubicada en una cima a 138 metros de altitud sobre el nivel del mar desde donde se contemplan excelentes vistas a la ciudad y alrededores. Antaño fue lugar de paso de los Vía Crucis, de peregrinación y punto de congregación de feligreses.


Acostumbrados a ciertos sectores políticos cuya especialidad es dividir y enfrentar a la sociedad, marear la perdiz donde siempre ha habido paz, ver fantasmas allá donde no los hay y provocar un conflicto o ver problemas donde nunca han existido, permítanme que me posicione a favor de conservar la cruz monumental del parque del Turó de la Peira. Llámenme como quieran y pónganme las etiquetas que deseen, yo tengo muy claro quién soy, qué pienso y lo que quiero. Inevitablemente mis argumentaciones (como las de todos) tienen una parte objetiva y otra subjetiva, por supuesto siempre discutibles. A modo de esquema las principales razones por las que defiendo su mantenimiento son:
- Con independencia de su origen, es un elemento integrado en el paisaje con valor cultural e histórico que simboliza, más allá de tradiciones y creencias, la espiritualidad y la conexión de los vecinos del barrio con la montaña.
- Es un elemento identitario del parque y, en parte, del barrio, así como un icono de referencia para quienes exploran la ciudad y sus alrededores.
- Contiene una carga sentimental especial para muchos vecinos del barrio, tanto creyentes como no creyentes.
- En sí misma carece de connotaciones políticas.
- Constituye, a la vez, un símbolo de memoria histórica y un símbolo paisajístico compatible con la evolución democrática de la ciudad y la reinterpretación de los espacios urbanos.
- Es testigo viviente de una antigua tradición montañesa que, además de representar la conquista de una cumbre, simboliza la fe, la protección divina durante el ascenso, la espiritualidad y formar parte de una comunidad.


A los anteriores apartados tengo más argumentos, los cuales he preferido exponerlos a modo de réplica a los razonamientos de quienes se posicionan a favor de retirar la cruz monumental, lo cual me permite explayarme en determinados aspectos. En primer lugar, sus detractores afirman que es un símbolo franquista y antidemocrático que no respeta la diversidad ideológica. La cruz como símbolo cristiano fue adoptado por el emperador Constantino a partir del año 312 (siglo IV), por lo que obviamente no se puede atribuir al franquismo y es además compatible con los valores democráticos y la libertad ideológica al asociarse ineludiblemente con las enseñanzas de Jesús. Rompiendo tópicos ¿acaso no existen los cristianos de izquierda y los comunistas cristianos? Por ello, aunque la Iglesia Católica no es un ente democrático, lo que representa la cruz trasciende mucho más allá de una institución clerical por poderosa que sea. Es más, suponiendo que se hubiese instalado bajo el franquismo tampoco lo convertiría en franquista porque no todo lo creado, decidido o instaurado en tiempos de Franco es necesariamente franquista. No existen pruebas que demuestren que se trate de un homenaje a los "Caídos por España" del bando sublevado durante la Guerra Civil. Una vez más se confunde la época con la ideología.
En segundo lugar argumentan que no encaja con el laicismo. La presencia de la cruz monumental no supone la imposición ni la promoción de una religión ni ocupa un espacio predominante en el parque hasta el punto de robar la neutralidad y "expulsar" a quienes no comulgan con el cristianismo. Actualmente en una sociedad cada vez más plural forma parte de la diversidad cultural y es un elemento cultural. No olvidemos que el laicismo no justifica la exclusión sistemática de símbolos religiosos de los espacios públicos, pues de lo contrario podría vulnerar el derecho a la libertad religiosa. Siempre he sido partidario del estado aconfesional frente al estado laico porque a la vez que no se impone ninguna religión como oficial se garantiza la igualdad y el respeto a todas las creencias, es posible la cooperación del Estado con instituciones religiosas y además reconoce el hecho religioso en la sociedad, una realidad que no se puede ni se debe de ocultar.


En tercer lugar alegan que no respeta la diversidad religiosa. Durante este primer cuarto de siglo Barcelona la inmigración extranjera ha tenido como consecución el aumento del número de evangelistas, ortodoxos, testigos de Jehová, musulmanes, budistas, hinduistas y judíos. Ello ha sucedido estando la cruz monumental presente en el Turó de la Peira, por lo que no ha sido para nada impedimento alguno de este fenómeno creciente. Merece remarcar por si nadie se había percatado, que también existen cristianos contrarios a la simbología religiosa y, por tanto, a la cruz monumental del Turó de la Peira, como son los mormones, los evangelistas, los ortodoxos, los Testigos de Jehová y los llamados Cristianos de Base, todos ellos claramente anticonistas. Y en el bando opuesto, existen numerosos agnósticos y ateos favorables a su mantenimiento porque lo perciben como un icono de identidad del barrio que no ofende a nadie. Otra vez rompemos tópicos.
Y en cuarto lugar sostienen que no garantiza la inclusividad ni del espacio público. Falso. En el momento en que un símbolo religioso es aceptado por la pluralidad y visto como un elemento cultural y patrimonial, además de un icono identitario, deja de ser algo privilegiado y discriminatorio para pasar a ser un elemento estático a caballo entre la tradición y la neutralidad institucional. La presencia de la cruz no impide ni prohíbe la posibilidad de permitirse otros símbolos monumentales de otras confesiones, algo que el modelo aconfesional español autoriza y se ampara en la Constitución.


Finalmente el Ayuntamiento de Barcelona confirmó oficialmente su intención de volver a instalar la cruz donde siempre ha estado. Afortunadamente lo demás han sido rumores infundados malintencionadamente que para nada responden a la realidad. Todo forma parte del proceso de remodelación al que se someterá el parque del Turó de la Peira el cual, entre otras cosas, mejorará su accesibilidad.

Fotos: Ajuntament de Barcelona, Arxiu Fotogràfic de Barcelona (AFB), Arxiu Municipal del Districte d'Horta-Guinardó (AMDHG), J. Caminal, Jordi Corominas, Miguel Badosa.

martes, 31 de marzo de 2026

Salvat Papasseit versus Virrei Amat. Una valoración personal


El pasado miércoles día 25 de marzo el Plenario de Nou Barris aprobó por mayoría que la plaza del Virrei Amat recuperara su antigua denominación dedicada a Joan Salvat Papasseit (Barcelona 1894-1924) después de 84 años de la sustitución ejecutada por el Ayuntamiento de Barcelona bajo el régimen franquista. Los cambios en la nomenclatura nunca quedan exentos de polémica por las razones formales y de fondo habidas en la intención. Los nombres de los espacios públicos urbanos han sido (y son) a menudo una herramienta para reflejar de manera sutil y discreta la imposición de unos valores, una ideología e incluso una doctrina, de lo contrario muy poco o casi nada habrían cambiado a lo largo de los siglos. En ese sentido hay algo claro e irrefutable: la denominación de una calle o una plaza importa.
Centrándonos en el presente caso a finales del siglo XIX en el municipio de Sant Andreu de Palomar la urbanización de la rambla de Santa Eulalia (posteriormente Fabra i Puig) previó una plaza justo al lado de la iglesia nueva de Santa Eulàlia de Vilapicina y al inicio de lo que sería el paseo del Manicomio (posteriormente Doctor Pi i Molist). Allá también desembocaba el camino Antiguo de San Acisclo (después Mariscal Joffre, luego Borbón y actualmente Els Quinze). En 1917 ya perteneciendo a Barcelona tras la agregación de 1897 la futura plaza se concibió como un nudo de comunicaciones, por lo que se decidió modificar el proyecto y ubicarla justo detrás de la masía de Can Sitjà en terrenos de la finca de la Torre dels Anglesos. Ello permitiría la llegada de la calle de Bach de Roda (posteriormente Felip II).


El 20 de febrero de 1931 se inauguró la urbanización y dos años después, el 16 de noviembre de 1933, fue bautizada como plaza de Salvat Papasseit. De este modo se decidió homenajear al poeta, ensayista, periodista y escritor fallecido prematuramente el 7 de agosto de 1924 a los 30 años de edad. No se puede negar la existencia de cierta vinculación de este personaje con el barrio, pues cuando él enfermó de tuberculosis en 1922 residió temporalmente en el número 51 de la calle de Can Pujolet, en la Font d’en Fargas, entonces núcleo perteneciente a Santa Eulàlia de Vilapicina.
Terminada la Guerra Civil el régimen franquista revisó el nomenclátor barcelonés con el propósito de eliminar cualquier personaje o elemento contrario a la ideología de la dictadura. Ello afectó al nombre de la plaza, pues Joan Salvat Papasseit reunía todos los ingredientes para ser borrado: simpatizante de idearios anarquistas, socialistas y anticlericales, además de catalanista radical. Por este motivo el 6 de mayo de 1941 la plaza fue rebautizada como Virrey Amat en recuerdo de Manuel d’Amat i Junyent (Vacarisses 1704 - Barcelona 1782), militar, gobernador de Chile (1755-1761) y 31º virrey del Perú (1761-1776). Su linaje nobiliario, su gestión administrativa, académica y económica en el continente americano, así como su clara afinidad hacia la monarquía borbónica lo convertían en un personaje cómodo, coherente, unívoco, incontestable y armonioso en el nuevo contexto político del país. Su legado más representativo es el palacio que mandó construir en la Rambla conocido como Palau de la Virreina, erigido entre 1772 y 1778, declarado bien cultural de interés nacional en 1941 y actualmente sede del Institut de Cultura de Barcelona. Aunque jamás tuvo vinculación con el barrio, su sobrino Rafael d'Amat i Cortada Senjust, barón de Maldà, hizo numerosas estancias en la masía de Can Sitjà, a la que llamaba Col·legi de la Bona Vida. En su diario personal Calaix de Sastre describe tanto la casa como el territorio.


El poco tiempo en que la plaza se llamó Salvat Papasseit (sólo 7 años, 5 meses y 20 días) hizo que enseguida los vecinos se olvidaran progresivamente de la denominación original. Si a ello sumamos la llegada de nueva población procedente del resto de España a partir de los años 50 y su descendencia el personaje quedó completamente enterrado de la memoria histórica. A partir de los años 50 y durante los años 60 y 70 grupos clandestinos procedentes del catalanismo y el independentismo empezaron a reivindicar la figura de este literato autodidacta, popular y vanguardista y a difundir su obra. Ya en democracia, a principios de los años 80 surgió un tímido movimiento a favor de restablecer la denominación original de la plaza, incluso en las paredes de los edificios hubo pintadas realizadas con plantilla que indicaban “Plaça Salvat Papasseit”. Ello no tuvo la trascendencia deseada, pues posiblemente se consideró que la aprobación el 9 de mayo de 1980 del nuevo "Passeig de Salvat Papasseit" en la Barceloneta, barrio donde llegó a residir y que le inspiró algunas de sus obras literarias, compensaba y restituía sobradamente la figura de este personaje de la literatura catalana, a la vez que se evitaba una duplicidad. Aunque la llama del sentimiento de restaurar el nombre original de la plaza nunca se apagó no fue hasta la actualidad que se produjo el empujón definitivo. Para ello, coincidiendo con el centenario de su muerte se creó la plataforma Restituïm, liderada por un grupo de vecinos del distrito de Nou Barris unidos y organizados para lograr este propósito.


Merece resaltar cómo algunos medios de comunicación y formaciones políticas hablan de vestigio o de nombre franquista. Esta afirmación es falsa, pues Manuel Amat i Junyent fue un personaje del siglo XVIII y por consiguiente no es posible asociarlo a algo que todavía no existía. Sí se puede afirmar que se trata de un nombre impuesto durante dicho período. Ocasionalmente se confunde el régimen con la ideología, es decir, no todo lo realizado durante el franquismo es franquista. Para llevar la petición al el Plenario de Nou Barris era necesario un aval mínimo de 800 firmas, lográndose un total de 1.440 de las cuales fueron validadas 1.276. ¿Significa que la mayoría de vecinos apoya el cambio de nombre? ¿Lo tuvo realmente cuando la plaza de Llucmajor pasó a ser la plaza de la República? Algunas fuentes aseguran que no, pero sin embargo eso es algo que difícilmente se podrá demostrar al no haberse hecho una encuesta o una consulta popular. Muchas veces las victorias son de las minorías que aprovechan la pasividad y el conformismo de las mayorías silenciosas las cuales, a pesar de su oposición, no ven necesaria la movilización. Se dice que la propuesta ha nacido de razones populares e históricas, pero no nos engañemos, aún así la revisión y cambio de nombres del nomenclátor siempre se debe a motivos políticos y partidistas tanto por activa como por pasiva, pues la historia la escriben y la imponen los vencedores. En este sentido, en dictadura y en democracia la memoria histórica que tanto se reivindica contiene en mayor o menor medida memoria selectiva, fomentando lo que interesa y encaja con el discurso "oficial" y minimizando o borrando lo que no conviene. Basta con estudiar la evolución odonímica de la ciudad de estos últimos 150 años para cerciorarse de esta realidad.


Las razones ideológicas resultan obvias y la plaza del Virrei Amat en cuestión es un ejemplo que no se escapa. Desde hace algunos años las alcaldías de Barcelona han aprovechado su mayoría representativa para poner en marcha un proceso de exterminio progresivo de toda denominación relativa a monarcas y a religiosos. ¿Es necesario que para reivindicar y dignificar a unos personajes los cuales nadie niega su derecho a ocupar un espacio público en la ciudad se haga a costa de defenestrar o demonizar a otros como si de una acción revanchista se tratara?
Si bien en 2024 la propuesta se desestimó alegando duplicidad al existir el paseo de la Barceloneta, finalmente en este 2026 hubo un cambio de actitud que llevó a su aprobación. El siguiente paso es que el Ayuntamiento de Barcelona eleve la iniciativa a la Ponencia del Nomenclátor para dar el visto bueno. El proceso no se ejecutará de inmediato sino a lo largo de los próximos meses, pues más allá de una simple sustitución de placas callejeras deberán también cambiarse las señales informativas de orientación y la señalización de la red de transporte público.


Fotos: AHRNB, AMDNB, Archivo Pedro Díaz, Biblioteca de Catalunya, Jaume Vilardaga Ribera, Marius Serra.

viernes, 20 de marzo de 2026

60 años del concierto de Ella Fitzgerald y Duke Ellington en Barcelona


Se cumplen 60 años de la llegada de la cantante Ella Fitzgerald y del compositor y pianista Duke Ellington a Barcelona. Procedentes de Nueva York, “la Reina del Jazz” y “el Duque” aterrizaron a la capital catalana en el contexto de una gira europea organizada por el empresario norteamericano George Wein. Para ello debemos de remontarnos a los años sesenta, cuando el empresario barcelonés Joan Roselló adquirió el Bar Brindis, sito en la plaza Reial número 17, para convertirlo en una sala para conciertos de jazz. El local abrió sus puertas el 9 de enero de 1960 con la actuación de un quinteto liderado por el pianista Tete Montoliu y fue bautizado como Jamboree Jazz Club, palabra que en la lengua de las comunidades zulús significa “reunión de tribus”. Llegados al sexto aniversario de la sala se pensó que la mejor manera de celebrarlo sería mediante un gran concierto con los mejores referentes de género jazzístico mundial del momento. Por este motivo se pensó en Ella Fitzgerald y Duke Ellington, considerados grandes renovadores del género, aprovechando su tour por el continente europeo.


Años atrás se había planteado traer a la mítica cantante a Barcelona, pero el caché que ella pedía lo impidió. Sin embargo, el hecho de disponer de los medios económicos para invitarla a actuar sumado a la creciente afición por el jazz lo hicieron propicio. Tras las gestiones pertinentes con el promotor musical y productor Norman Granz y habiendo acordado fecha de llegada, fue entonces cuando Joan Roselló le pidió a la cantante Nuria Feliu, la cual actuaba a menudo con el pianista Tete Montoliu y ejercía de presentadora en los conciertos de la sala, que hiciese de anfitriona de los dos artistas estadounidenses recibiéndolos en el aeropuerto del Prat con un “Welcome to Barcelona” y un ramo de flores. Finalmente la mañana del martes 25 de enero de 1966 el avión de la compañía Pan American procedente de Nueva York aterrizó en Barcelona. Nuria Feliu, que no sabía inglés y estaba nerviosa por la emoción del acontecimiento, se quedó en blanco y le dio el ramo a Ella Fitzgerald diciéndole: “Tingui”. Allá en el aeropuerto estuvieron también presentes el cónsul de los Estados Unidos, John W. Ford, así como un grupo de aficionados que los recibieron con una pancarta de bienvenida. También bajaron del avión la esposa de Duke Ellington y los miembros de la orquesta. Se contabilizaron cincuenta maletines, dos baúles y varios bolsos de viaje. Un taxi los llevó al Hotel Ritz (actual Palace), donde se alojaron.


En el mismo día se celebraría el esperado concierto, en realidad dos, uno a las 19:00h y el otro a las 23:00h en el Palau de la Música. Poco antes de la actuación hubo una breve sesión fotográfica. Ella Fitzgerald no se mostró muy predispuesta a dejarse retratar, mucho menos con “flash”, ni a ofrecer largas entrevistas. Se comentó que no estaba de muy buen humor porque había perdido un alfiler de oro y porque a su llegada al aeropuerto un fotógrafo, seguramente un aficionado y no un periodista, le había soltado un piropo ofensivo.
A modo de curiosidad, mencionar que en el programa del concierto se indicaba, textualmente: “Se pone en conocimiento del público que Duke Ellington y Ella Fitzgerald no llevan un programa estudiado. Su actuación se acopla al ambiente y a las peticiones del público, por lo que resulta del todo imposible (y es su norma) establecer un orden para los números a interpretar”.


Ella Fitzgerald actuó junto a Duke Ellington, cuya orquesta estaba formada por él mismo (como director, arreglador y piano), Mercer Ellington (arreglador y trompeta), Cat Anderson (trompeta), Herbie Jones (trompeta), Cootie Williams (trompeta), Lawrence Brown (trombón), Buster Cooper (trombón), Chuck Connoers (trombón bajo), Johny Hodges (saxo alto y soprano), Russell Procope (saxo alto y tenor), Paul Gonsalves (saxo tenor), Jimmy Hamilton (saxo tenor y clarinete), Harry Carney (saxo barítono), John Lee Lamb (contrabajo y violín) y Sam Woodyard (batería). También estuvo presente el trío de Jimmy Jones, formado por él mismo en el piano junto a Joe Benjamin (bajo) y Roy Haynes (batería). Las actuaciones terminaron con una gran ovación del público hasta el punto que Duke Ellington comentó, textualmente: “Jamás sospeché que nos dedicaran una acogida tan cordial y mucho menos que entendieran de jazz de la forma que lo han demostrado. Digo, sinceramente, que ha sido Barcelona donde he visto el público más entusiasta. Cuando aplaudían al trompeta Cootie Williams me ha dado la impresión de que estaba en una plaza de toros y todo el mundo pedía la oreja, el rabo y las patas para el matador”. La experiencia, presupuestada en algo más de un millón de las antiguas pesetas, fue rentable.


Al siguiente día Ella Fitzgerald y Duke Ellington, el cual fue obsequiado con una estatuilla del torero Manuel Díaz “El Cordobés”, cinco corbatas de seda natural y seis botellas de coñac, tomaron el avión hacia Francfort donde actuarían una noche y desde allí volaron hacia Londres donde permanecerían tres días. El gran éxito de público de los dos conciertos motivó a Joan Roselló a crear poco después el Festival de Jazz de Barcelona, el 3 de noviembre de ese mismo año con cinco conciertos en los que participaron Dave Brubeck Quartet, Max Roach Quintet y Sonny Rollins, Bud Freeman con Alex Welsh Orchestra, los Uptown Swing All Stars (con Milt Buckner, Roy Eldridge y Illinois Jacquet, entre otros), y un programa doble con el Tete Montoliu Trío y el Stan Getz Quartet y Astrud Gilberto.


Tras la aparición de una figura decisiva y fundamental como fue la de Tete Montoliu, los conciertos de Ella Fitzgerald y Duke Ellington de 1966 en Barcelona supusieron, sin duda, el despegue definitivo del jazz en la capital catalana y la ubicación de la ciudad en el mapa internacional recuperando e incluso superando su antigua categoría de epicentro de este género que tuvo en los años 30. Desde entonces tanto la proliferación de artistas jóvenes o debutantes como la presencia de artistas consagrados nacionales e internacionales, así como la apertura de salas de concierto, la organización de festivales y la creación de escuelas de música moderna y jazz ha sido una tónica imparable hasta la actualidad.

Fotos: Arxiu Fotogràfic de Barcelona, Biblioteca de Catalunya, Carlos Pérez de Rozas, Cifra, CEDOC, Festival de Jazz de Barcelona, Francisco Gallés Miquel.

lunes, 16 de marzo de 2026

Adiós a la discoteca Karma (1978-2026)


La discoteca Karma cierra definitivamente sus puertas, tal y como sus responsables anunciaron el pasado miércoles día 11 de este mes. Tras poco más de 47 años de su apertura Barcelona pierde otro local de ocio nocturno de referencia. Esta sala de fiesta se ubicó en el número 10 de la plaza Reial, en un espacio donde anteriormente hubo otros negocios y mucha historia. En la década de 1850 abrió allá sus puertas el Café Turco y la sastrería Miquel Camps. En 1864 el Café Turco pasó a ser el Café de Europa. En la década de 1870, junto al citado establecimiento hubo la sastrería El Gallo de Oro y la relojería El Cronómetro. En 1919 la sastrería Miquel Camps se convirtió en la tienda de ropa Casa Roig i Guasch, a la vez que allá se inauguró la primera sede del Museo Pedagógico de Ciencias Naturales. En 1926 éste negocio se trasladó al número 8 de la plaza mientras que en su lugar se instaló el célebre taller del taxidermista Pau Areny-Plandolit, además del anticuario José Valenciano. Tras estallar la Guerra Civil española, a partir del año 1937 los subterráneos tanto del número 10 como los demás fueron usados como refugios antiaéreos. Llegados a la posguerra se instaló la fábrica de pañuelos Manufacturas Sedafil, el cual tuvo la mala suerte de sufrir un incendio en 1949. Al siguiente año abrió la sastrería Gallup, la cual funcionó hasta los años setenta.


Fue entonces cuando Juan Andrés Aguilera y Benito Antonio Esteban "El Maño", dos empleados de la pizzería Rivolta de la calle del Hospital, decidieron emprender negocio por su propia cuenta en ese local. Habiendo obtenido los permisos correspondientes, la noche del 31 de diciembre de 1978, coincidiendo con fin de año, abrió sus puertas la discoteca Karma con un concierto de Jaume Sisa. Bajo la galería porticada del edificio, justo al lado del histórico hostal Ambos Mundos se hallaban dos accesos, el de la izquierda correspondía a la entrada y salida de la discoteca, estando allá la taquilla; y a la derecha había el bar con terraza. A la sala de fiesta, en un subterráneo, se accedía mediante unas escaleras que daban paso a un área diáfana de estructura tubular de doble bóveda de cañón que definía a la izquierda la barra de bar y a la derecha la pista de baile, la cual incluía un púlpito para el DJ ubicado al fondo. Ambas zonas estaban separadas por unas gruesas columnas.


Desde sus inicios se definió como una discoteca moderna y avanzada a su tiempo en tanto que se caracterizó por su inclusividad. Además del ambiente hetero también destacó el ambiente gay y de personas transexuales en unos tiempos en los cuales estos colectivos tenían vetado su acceso en la mayoría de locales de ocio. Fue célebre y habitual el personaje del travesti Fernanda. Otros personajes conocidos fueron Ocaña, Camila y Toci. En 1986 el local fue escenario de rodaje de la película “La rossa del bar” del director Ventura Pons, habiendo una escena con dos de sus protagonistas, Enric Majó y Núria Hosta. El 13 de abril de 1989 los propietarios constituyeron la empresa que gestionaba la discoteca bajo el nombre de Dreston, S.L.


La discoteca Karma ofreció variedad musical combinando Rock, Rock & Roll, Pop, Soul, Blues, Hard Rock, Punk, Grunge, Indie y Heavy Metal, con temas de los años sesenta hasta la actualidad. Llegado el momento de cerrar, la última canción ofrecida siempre era “Goodnight Ladies” de Lou Reed. Algunos de los DJ's que pincharon discos fueron Óscar Moon, Jesús Moreno, Ladroncomix, Luís Furtado, Nenazza, Caleb Molinero, Waaax y Robert Martex. Ocasionalmente grupos alternativos ofrecían conciertos de música.
Generalmente abría sus puertas de martes a sábado desde las 0:00h de la medianoche hasta las 3:00h de la madrugada los martes miércoles y jueves (salvo vísperas de festivos que prolongaba hasta las 6:00h) y hasta las 6:00h de la mañana los viernes y sábados por ser fin de semana. El bar permanecía abierto a diario desde las 23:00h de la noche hasta las 3:00h de la madrugada.


En el 2002 la trilogía literaria “El día del Watusi” del escritor Francisco Casavella hace ocasionales referencias a la discoteca en algunos de los capítulos de cada libro. Precisamente la obra narra la historia de Fernando Atienza, un joven que vive en la Barcelona de la transición, justo cuando Karma abrió sus puertas. Años después la discoteca se sometió a una reforma que no quedó exenta de polémicas, consistente en trasladar la pista de baile a la derecha y la barra del bar a la izquierda. Tras la muerte de Juan Andrés Aguilera en 2014 Benito Antonio Esteban "El Maño"pasó a ser administrador único de la empresa. Su fallecimiento el pasado mes de noviembre motivó el cierre definitivo del negocio.


La desaparición de la discoteca karma se suma a la reciente clausura de la sala La Deskomunal del barrio de Sants debido a la fuerte presión provocada por un cúmulo de dificultades surgidas desde la pandemia hasta la actualidad. Durante estos últimos años salas de fiesta de gran popularidad como Tango (2020), Alfa (2021), Merlín (2023), Brisas (2023), Bóveda (2024) y Sidecar (2024) también han bajado definitivamente la persiana. El ocio que fue símbolo de una época y que perteneció e influyó a unas determinadas generaciones está desapareciendo de la ciudad. La Barcelona nocturna jamás volverá a ser lo que una vez fue. Hasta siempre "karmeros".

Agradecer la inestimable colaboración del historiador Xavier Theros para poder explicar qué negocios hubo anteriores a la discoteca Karma en los bajos del número 10 de la plaza Reial. A ello recomiendo su libro "Vida i miracles de la plaça Reial", coeditado por el Ayuntamiento de Barcelona, la Associació d’Amics i Comerciants de la Plaça Reial y la Fundació SETBA.

Fotos: Bar Discoteca Karma (archivo).

lunes, 2 de marzo de 2026

Barcelona y los Premios Goya: pasión por el séptimo arte


Barcelona desplegó una vez más la alfombra roja para acoger la ceremonia de entrega de los Premios Goya de cinematografía. Es la segunda vez en su historia que la capital catalana se viste de gala y pasa a ser anfitriona de un certamen cuyo propósito es reconocer lo mejor del séptimo arte español. Para ello días antes se instalaron en siete puntos distintos de la ciudad unas réplicas a gran tamaño de la estatuilla que representa el galardón: jardines de Salvador Espriu, parque del Fòrum, plaza de les Glòries Catalanes, recinto fabril de la Fabra i Coats, plaza del Portal de la Pau y a los pies del Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC). Y por supuesto, algunas de estas figuras que han servido para los aficionados de los selfies, han terminado vandalizadas por grupos independentistas. El motivo de tal acción (que era de esperar) fue luchar contra (lo que ellos aseguran ser) el genocidio cultural del pueblo catalán y contra la castellanización de los (llamados) Països Catalans. De tales “activistas” no se podía esperar menos, si bien afortunadamente las estatuas se limpiaron de inmediato para la ocasión. Con toda seguridad ninguno de ellos debía tener ni la mitad de la mitad de la capacidad artística e intelectual que tuvo el gran pintor Francisco de Goya.


Los Premios Goya son, a imitación de los Oscar de la academia de Hollywood y de los premios de otros países que ofrecen distinciones similares (Bafta en Reino Unido, César en Francia y David de Donatello en Italia, entre otros) unos galardones otorgados anualmente por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España con el propósito de premiar a los mejores profesionales en cada una de las distintas especialidades del cine español. La ceremonia de entrega tiene lugar entre finales de enero y principios de febrero. La primera edición tuvo lugar en el teatro Lope de Vega de Madrid el 17 de marzo de 1987 y en los años posteriores la capital de España ha sido habitualmente la sede principal. No fue hasta el año 2000 que se decidió cambiar de ciudad para hacerlo itinerante, por lo que Barcelona se convirtió en la anfitriona. Otros municipios que acogieron el certamen fueron Sevilla (2019 y 2023), Málaga (2020 y 2021), Valencia (2022), Valladolid (2024) y Granada (2025).


La primera gala en Barcelona, correspondiente a la XIV edición, tuvo lugar el 29 de enero de 2000 a las 11:00h de la noche en el Auditori, en la avenida Meridiana con Lepant, al lado del Teatre Nacional de Catalunya. Acogió a un total de 2.500 invitados tanto del mundo del cine como de la política, del arte, la cultura y otros ámbitos. Dirigida por la directora, realizadora y guionista de cine y televisión Rosa Vergés, fue presentada por la actriz, directora de cine, monologuista, guionista y productora Antonia San Juan. Como guionistas intervinieron también Rosa Vergés junto al periodista y crítico de cine Jaume Figueras. Entre las autoridades invitadas no faltaron el alcalde de Barcelona Joan Clos, el presidente de la Generalitat de Catalunya Jordi Pujol y el (entonces) S.M. el Príncipe de España Felipe de Borbón, el cual ese mismo día cumplía 32 años de edad. Otras personalidades presentes fueron la actriz Aitana Sánchez-Gijón en calidad de presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, el (entonces) ministro de Educación y Cultura Mariano Rajoy, el conseller de Presidencia Xavier Trias, el conseller de Cultura Jordi Vilajoana, el portavoz socialista en el Parlamento catalán Pasqual Maragall, la ex ministra de Cultura Carmen Alborch y el secretario de Estado de Cultura Miguel Ángel Cortés. Destacar que el Goya honorífico fue para el director y productor Antonio Isasi-Isasmendi y que la película ganadora fue “Todo sobre mi madre”, dirigida por Pedro Almodóvar, la cual recibió un total de 7 estatuillas de las 14 nominaciones.


La segunda gala celebrada en Barcelona, la XL edición de los Premios Goya, tuvo lugar el pasado sábado día 28 de febrero en el Centre de Convencions Internacional de Barcelona (CCIB), en el recinto del Fòrum, con más de 2.000 invitados. Ello coincidió precisamente con el 40 aniversario de la creación de este singular galardón. Una de las personas invitadas de talla internacional fue la actriz (y activista) Susan Sarandon, la cual fue invitada a visitar los yacimientos de “El Born Centre de Cultura i Memòria” junto al presidente de la Generalitat de Catalunya Salvador Illa. El motivo de su presencia fue la recepción del Premio Goya Internacional. La gala fue presentada por la cantante, actriz de voz y escritora Rigoberta Bandini y el actor Luís Tosar. Como autoridades invitadas destacaron, entre otras, el presidente del Gobierno Pedro Sánchez, el presidente de la Generalitat de Catalunya Salvador Illa, la presidenta del Congreso Francina Armengol, el alcalde de Barcelona Jaume Collboni, la vicepresidenta segunda del Gobierno Yolanda Díaz, el ministro de Cultura Ernest Urtasun, el ministro de Transformación Digital Óscar López, el ministro de Industria Jordi Hereu, la consellera de Cultura Sònia Hernández, el secretario de Estado de Cultura Jordi Martí y la presidenta de la Diputació de Barcelona Lluïsa Moret.


El Goya honorífico fue a manos del director y guionista Gonzalo Suárez mientras que la película ganadora fue “Los domingos”, dirigida por Alauda Ruiz de Azúa, cinta que recibió un total de 5 estatuillas de las 13 nomnaciones. Merece destacar la acertada intervención del presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España Fernando Méndez-Leite, el cual hizo un balance de los que ha sido este certamen a lo largo de sus 40 años de existencia y cómo ha evolucionado la industria cinematográfica española.


Inevitable es tener que remarcar algo tan evidente como que ésta última edición de los Premios Goya ha sido, sin lugar a dudas, la más politizada de todas hasta el momento, una ceremonia cinematográfica convertida en pura plataforma partidista. Nadie está negando en absoluto el derecho a reivindicar y a expresar libremente y abiertamente los sentimientos políticos así como denunciar las numerosas injusticias que, desgraciadamente, suceden a diario en nuestro mundo. Nada más noble resulta condenar las guerras, los genocidios, las tiranías y las desigualdades sociales a cambio de luchar y apostar por un mundo mejor. Sin embargo, por coherencia y sentido común, que no por imposición, cada cosa debería de ocupar su propio lugar y en su momento oportuno, por lo que una gala dedicada al cine debería de tratar exclusivamente sobre todo lo relacionado con el séptimo arte, nada más.


Con toda probabilidad la gala de los Premios Goya regresará a Barcelona en un futuro nada lejano, pues la ciudad siempre ha apostado por la industria cinematográfica en todos sus aspectos, a la vez que muy frecuentemente ha sido el plató de muchas películas tanto de producción nacional como internacional. A ello, la materialización a partir del año 2028 del Catalunya Media City en la antigua central térmica de las Tres Xemeneies, en Sant Adrià de Besòs, un hub internacional del sector audiovisual, digital y de videojuegos, será decisivo tanto en la producción y creación como en la celebración de certámenes.

Fotos: Academia de Cine, Carles Ribas, GTRES, Europa Press, Heraldo de Aragøn, Xavier Torres Bachetta.

miércoles, 25 de febrero de 2026

Barcelona 2026: Capital Mundial de la Arquitectura


Barcelona se ha convertido en el presente año en la Capital Mundial de la Arquitectura gracias a una designación otorgada por la UNESCO junto con la Union Internationale des Architectes (UIA). Ambas instituciones crearon este título en 2018 con el objetivo preservar el patrimonio arquitectónico en el ámbito urbano. La primera ciudad designada fue Río de Janeiro (Brasil) que lo celebró en 2020, seguida de Copenhague (Dinamarca) la cual lo desarrolló en 2023. En 2021 una colaboración conjunta entre el Ayuntamiento de Barcelona, la Generalitat de Catalunya, el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana (MITMAS), el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (CSCAE) y el Col·legi d’Arquitectes de Catalunya hizo posible la candidatura de la capital catalana. En asamblea de la UIA celebrada en Río de Janeiro el 28 de julio del citado año se decidió por amplia mayoría elegir a Barcelona como la próxima sede del 2026 tras Copenhague. Para Barcelona ello supuso un reconocimiento al legado, la capacidad urbana innovadora y al compromiso de la ciudad en aspectos fundamentales como son la sostenibilidad, lo social y lo cultural. En 2024 se creó la Oficina Técnica de Barcelona 2026 Capital Mundial de la Arquitectura, integrada por profesionales del Ayuntamiento de Barcelona y de la Fundació Mies van der Rohe, los cuales trabajaron conjuntamente en la organización, la coordinación, la producción, la promoción y la comunicación del programa, juntamente con la Generalitat de Catalunya y el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, con el objetivo de garantizar el correcto desarrollo del evento. Terminado el certamen la capital de la China, Beijing, tomará el relevo en 2029, pues el acontecimiento tiene carácter trianual.


Abierto no solo a profesionales de la materia sino también a todo el público en general por su carácter divulgativo, supondrá el desarrollo de más de 1.500 actividades entre el 12 de febrero y el 13 de diciembre, es decir, entre Santa Eulàlia y Santa Llúcia, con el apoyo de 170 entidades culturales, educativas y vecinales, así como el uso de numerosos escenarios como son centros cívicos, bibliotecas, mercados municipales, museos y también calles y plazas de la ciudad. En este sentido, se trata de una propuesta descentralizada, plural y arraigada en los barrios que hace visible tanto la riqueza patrimonial arquitectónica como el dinamismo vecinal. Por este motivo, las actividades se despliegan en los diez distritos de Barcelona, cada uno con una sede de referencia en un edificio singular que actúa como punto de información y encuentro del evento: el Mercat del Born en Ciutat Vella, la Biblioteca de Fort Pienc en l’Eixample, La Lleialtat Sansenca en Sants-Montjuïc, el Centre Cívic Joan Oliver “Pere Quart” en Les Corts, el Dipòsit del Rei Martí en Sarrià-Sant Gervasi, la Seu de Districte en Gràcia, la Casa de les Altures en Horta-Guinardó, el antiguo Institut Mental de la Santa Creu en Nou Barris, el antiguo Canòdrom Meridiana en Sant Andreu y la antigua fábrica Oliva Artés (MUHBA) en Sant Martí. Entre las distintas actividades para todas las edades se han programado rutas, debates, conferencias, mesas redondas, exposiciones, visitas guiadas, espectáculos, talleres, jornadas de puertas abiertas y propuestas varias que conecten la arquitectura con disciplinas como son el cine, el teatro, la danza y la música.


Acontecimiento destacado será la celebración del Congreso Mundial de Arquitectos UIA 2026, que ya llega a la 29ª edición y se llevará a cabo en el recinto de la Fira de Barcelona y en el Centro de Convenciones Internacional de Barcelona (CCIB) entre el 28 de junio y el 4 de julio. La inauguración se celebrará en las Tres Xemeneies de Sant Adrià de Besòs. Cabe recordar que será la segunda vez que Barcelona lo acoge, la primera fue en la 19ª edición en 1996. Bajo el lema “One today, one tomorrow” (“Un presente, un futuro”) se tomará a Barcelona “como ejemplo de la relación de la ciudad y su arquitectura para debatir sobre un futuro viable y sostenible” a la vez que se explorarán cinco ejes clave: ciudades saludables, sostenibilidad climática, diversidad e inclusión, transformación digital y resiliencia territorial. La idea principal sobre la cual girarán los debates, bajo el título “Becoming. Architectures for a Planet in Transition” (“Devenir. Arquitecturas para un planeta en transición”) reunirá a más de 200 arquitectos, urbanistas y expertos de todo el mundo, seleccionados por la relevancia de sus contribuciones, su diversidad disciplinar, su representatividad y su compromiso con una arquitectura capaz de responder a las necesidades reales, para aportar sus reflexiones personales.


Como sede principal de la Capital Mundial de la Arquitectura 2026 se decidió la antigua sede de la Editorial Gustavo Gili, obra de los arquitectos Francesc Bassó y Joaquim Gili, construida entre 1954 y 1961, de estilo racionalista, ubicado en el número 87-89 de la calle del Rosselló, en la Nova Esquerra de l’Eixample. En 1961 ganó el Premio FAD de Arquitectura, en 2016 la editorial trasladó su sede a la Casa Heribert Salas (Via Laietana, 47) y en 2021 el Ayuntamiento de Barcelona compró el edificio para convertirlo en un centro de referencia cultural y pedagógico, albergando el Institut de Cultura de Barcelona (ICUB) y el Institut Municipal d'Educació de Barcelona (IMEB). En su interior acoge una maqueta a escala 1/5.000 de 84 metros cuadrados impresa en 3D mediante 1.204 piezas llamada “Pla de Barcelona 2026-2035”. Paralelamente, otro legado será la rehabilitación de las medianeras de diez edificios ubicadas en distintos barrios de la ciudad impulsada por el Ayuntamiento de Barcelona y la Fundació Mies van der Rohe.
El evento coincide precisamente con el centenario de la muerte del arquitecto Antoni Gaudí y los 150 años del también fallecimiento del urbanista Ildefons Cerdá, dos personajes clave e ineludibles de la historia de la arquitectura y del urbanismo barcelonés, respectivamente, del último siglo y medio. A ello también se hará referencia a los 25 años del traspaso del arquitecto Ignasi de Solà-Morales y al centenario del nacimiento de quien fue arquitecto municipal Oriol Bohigas.

 
A lo largo del curso se publicarán en el presente blog diversos artículos relacionados con este certamen internacional que, una vez más, vuelve a colocar a Barcelona en el mapa del mundo, ahora como punto de encuentro para el debate arquitectónico, cultural y urbano en el contexto actual. Inevitablemente hablaré desde una perspectiva personal de urbanismo, de arquitectura, de Gaudí y de Cerdà, entre muchas otras cosas.

Fotos: Ajuntament de Barcelona, Batlleiroig, Congreso Mundial de Arquitectos de la UIA 2023, Isaac Carbonell, Pere Francesch.

sábado, 14 de febrero de 2026

Cinemes Verdi: cien años de exhibición cinematográfica y de cultura barcelonesa (1926-2026)


Los Cinemes Verdi cumplen un siglo de existencia. Más allá de un conjunto de salas de proyección cinematográfica, son una institución tanto del barrio de Gràcia como de Barcelona, un elemento identitario y referente cultural ineludible. Sin embargo ello no siempre fue así, pues la etapa dorada todavía vigente es contemporánea, ya que sus inicios y años posteriores fueron bastante humildes y con apenas nada destacable. Si efectuamos un breve repaso de su historia deberíamos remontarnos a finales del siglo XIX cuando una escisión de socios del Fomento Voluntario fundaron el Fomento Protector de la Villa de Gracia, conocido también como Sociedad Coral La Alianza Graciense, establecida en la calle de la Encarnació. Adquirieron una finca en el número 32 de la calle Ample, un espacio donde el médico y alcalde de Gràcia Modest Casals i Leonor tuvo su residencia. En 1893 en el jardín de dicha finca se construyó un pequeño teatro que, tras varias denominaciones, adoptó el nombre de Moratín. Ya a inicios del siglo XX se ofrecía teatro y cine. La calle Ample pasó a llamarse de les Monges y en 1907 Verdi en homenaje al compositor italiano. El 11 de febrero de 1926 el antiguo Moratín dio paso al Salón Ateneo Cine, dedicado exclusivamente a la proyección de películas. En 1932 cambió su nombre a Cine Ateneo, en 1933 pasó a llamarse Cinema Trébol y finalmente en 1935 se denominó Verdi, nombre con el que nos ha llegado hasta la actualidad.


Tras estallar la Guerra Civil la escasez alimentaria motivó la habilitación en sus instalaciones el primer restaurante infantil de Barcelona, con capacidad para 2000 niños y niñas. Ello sucedió el 19 de junio de 1938 y fue promovido por la Conselleria d’Economia de la Generalitat de Catalunya en colaboración con la Comissió Interventora d’Espectacles Públics, la cual cedió varios cines de la ciudad a la Comissió Interventora de la Indústria Gastronòmica para adaptarlos como comedores infantiles. Finalizada la contienda la sala continuó con su función de comedor social, si bien ahora en manos del Auxilio Social. El 20 de noviembre de 1944 volvió a funcionar como cine con una oferta de reestreno que incluía el No-Do, dos películas y esporádicamente algún cortometraje infantil de dibujos animados. No había espectáculo de vairetés. Durante unos años la programación era idéntica a la ofrecida por el cine Proyecciones (en la calle Gran de Gràcia) una semana antes. Llegados a los años sesenta la sala se sometió a una modernización general para mejorar la confortabilidad, la proyección y el sistema de sonido. Tras unas obras de reforma iniciadas en verano de 1963 el cine Verdi reabrió sus puertas el 28 de octubre siguiente. Al cabo de tres años, el 12 de julio de 1966 la sala dotó de aire acondicionado Carrier.


Con la decadencia de los cines de reestreno y el auge del vídeo tenía previsto cerrar definitivamente en 1982. Fue entonces cuando el 1 de enero de 1983 los empresarios Enric Pérez y Joan Pol, propietarios del cine Moderno, se interesaron en salvarlo y decidieron tomar las riendas de la sala de proyecciones con el propósito de remontar la rentabilidad del cine mediante una nueva oferta alejada del llamado cine comercial convencional. Por ese motivo ambos decidieron ofrecer una programación de repertorio, con la recuperación de películas clásicas y la emisión de ciclos dedicados a los distintos géneros. De lunes a jueves los filmes eran más serios y de viernes a domingo más familiares. A ello, también pretendieron que se integrara en la vida sociocultural del barrio de Gràcia, por ejemplo participando en las fiestas u otros actos festivos así como muestras, festivales, ciclos y presentaciones de películas. En un año se doblaron las recaudaciones y en 1985 se triplicaron.



Con el auge de las multisalas en 1986 el cine se sometió a una remodelación y, tras una reforma de la vieja sala, el 23 de octubre de 1987 reabrió como Multicines Verdi con 3 salas de proyección. La sala 1 (315 localidades) ocupaba lo que fue la antigua platea, mientras que las salas 2 y 3 (139 y 106 localidades, respectivamente) surgieron de la reforma del anfiteatro. Fue el momento en que Enric Pérez y Joan Pol se separaron, quedando el primero como responsable. Desde entonces, su oferta de repertorio dio paso a la exhibición de películas de arte y ensayo, independientes y alternativas, generalmente exhibidas en versión original subtitulada. Ello cambió el perfil del público acostumbrado al cine comercial por otro más especializado en este tipo de productos. En 1988 el número de espectadores aumentó notablemente y a partir de 1990 pasó a ser motor de transformación del barrio. En 1989 la sala 1 acogió la ceremonia de entrega de los Premis Sant Jordi de Cinematografia.


El notable éxito de público motivó una nueva reforma y ampliación que culminó en 1992 con la apertura el 9 de octubre del citado año de dos salas más (sala 4 con 192 butacas y sala 5 con 80) aprovechando una antigua sala de baile ubicada en la planta superior. En ese mismo año la sala 1 acogió nuevamente la gala de los Premis Sant Jordi de Cinematografia. Con miras de ampliar el negocio el 12 de septiembre de 1995 fueron inaugurados los Cinemes Verdi Park, situados en el número 49 de la calle de Torrijos.
Con la llegada del siglo XXI llovieron los reconocimientos. En 2002 los Multicines Verdi ganaron el primer premio Europa Cinemas a la mejor sala europea, en 2009 fue nombrada mejor sala de cine de Barcelona por la revista Time Out y en 2013 recibió la Medalla d’Honor de Barcelona en reconocimiento a su trayectoria en el campo de la difusión cinematográfica y su oferta de cine de calidad alejada de los circuitos comerciales.


El aumento del IVA de los cines del 8% al 21% ocasionó una fuerte crisis, lo cual obligó a que Enric Pérez negociara con Comerç y Cultura para evitar el cierre. Finalmente la distribuidora A Contracorriente Films de la mano de su fundador, Adolfo Blanco, evitó la clausura con la compra del edificio, lo cual garantizó la continuidad del negocio. En la actualidad, más allá de la proyección de películas, las salas ofrecen programaciones especiales como el miércoles cultural, el jueves de los imprescindibles, la fiesta del espectador, las matinales de ópera y ballet y el BCN Film Fest. Aparte se incluyen promociones especiales como el día del espectador, la posibilidad de reservar una de las sala de proyección de manera privada, así como proyección de matinales y la obtención un carnet que ofrece ventajas varias (Amics del Verdi). A todo ello, dispone de un canal de televisión (Verdi TV) que ofrece una selección de cine clásico, de autor y documentales. Llegados al centenario, durante el presente 2026 se prevé la celebración de distintos actos que incluyen un libro conmemorativo, proyecciones especiales en bibliotecas y una colección de títulos históricos en la plataforma 3Cat. El Ayuntamiento de Barcelona colabora con una aportación económica afirmando textualmente que el objetivo es “poner en valor la trayectoria de los Verdi como referente cultural y espacio de cohesión social, abierto e inclusivo”.


En el espacio contiguo, antes ocupado por un supermercado de la cadena SPAR, la actual responsable, Paz Recolons, afirmó que se construirán dos salas más previstas a abrir el próximo mes de octubre en el marco del centenario, con lo cual el conjunto tendrá una capacidad total para 1750 butacas. Ello será todo un desafío teniendo en cuenta el cierre de salas de cine durante estos últimos años.

Fotos: Arxiu Josep Maria Contel, Arxiu Municipal de Barcelona, Barcelona Secreta, Biblioteca Filmoteca de Catalunya, Cinemes Verdi, Enric Pérez Font, Sara Soteras, Vicens Giménez.