La Guardia Urbana Montada de la ciudad de Barcelona cumple diecisiete décadas de existencia. Su creación coincidió en un momento histórico crucial en que la capital catalana, sumida a una elevada densidad de población, inició el derribo de las murallas para su expansión por el llano sentando así las bases del futuro Plan de Ensanche, emprendió la ampliación del puerto y aprobó en 1856 unas Ordenanzas Municipales con el propósito de regular tanto su crecimiento como la salubridad bajo plena expansión industrial. Paralelamente fue un contexto inestable marcado por la caída del Bienio Progresista, el auge de los movimientos obreros y sindicales como reacción a la crisis económica y a la precariedad laboral que dieron lugar a la primera huelga general de España en 1855, las tensiones entre clases privilegiadas y clases trabajadoras y los despotismos gubernamentales que, mediante la decretación de estados de sitio, deportaciones y ejecuciones intentaban frenar a toda costas las protestas sociales.
Trece años antes se había instaurado el cuerpo de la Guardia Municipal, el primer cuerpo de policía municipal creado en España, siendo designado como primer comandante José Planellas Simón. Fue el 26 de noviembre de 1843 bajo la Alcaldía de Josep Bertran i Ros, del cual dependía esta institución cuya misión principal era la defensa de la tranquilidad del vecindario. Su establecimiento se debió a la necesidad de disponer de un cuerpo organizado de vigilancia que velara por el cumplimiento de las ordenanzas. El 8 de abril de 1840 el Ayuntamiento de Barcelona había nombrado a Mateo Brun para comandar una fuerza policial que aglutinara todos los cuerpos comarcales y regionales. Un año después, el 21 de julio de 1841 el regidor Manuel Torrents propuso también una fuerza policial que agrupara los distintos cuerpos diseminados que fuesen de competencia municipal, en ese caso serenos, guardapaseos, faroleros, trabajadores de brigada, maceros y guardianes de los depósitos de aceite para las farolas.
Bajo la alcaldía de Francesc Permanyer i Tuyets se creó el 19 de noviembre de 1856 la Sección Montada de la Guardia Municipal de Barcelona, cuya primera sede fue en los sótanos del edificio del Ayuntamiento de Barcelona, en la plaza de Sant Jaume. Inicialmente empezó con tan solo diez agentes. Sus principales objetivos eran, entre otros, la vigilancia de las puertas de la ciudad (todavía) amurallada, ayudar en la recaudación de consumos, disolver grupos de gente peligrosa que rondaba por las noches, actuar ante grandes concentraciones de personas, vigilar jardines, evitar construcciones clandestinas y prevenir peleas a pedradas. Generalmente solían vigilar núcleos periféricos, especialmente zonas de montaña como Les Planes, Horta, Torre Baró y l’Arrabassada. La Sección Montada utilizaba caballos por su gran eficacia táctica y psicológica. Los equinos proporcionaban a los agentes una altura y visibilidad superiores para supervisar multitudes, ofreciendo un medio ágil para acceder a zonas de difícil acceso y funcionando como un excelente elemento disuasorio en el orden público. En la adquisición de los caballos predominó desde siempre como criterio el temperamento del animal y sus habilidades, recibiendo un riguroso entrenamiento para adaptarse a las exigencias del trabajo. La relación entre los agentes y los caballos se basaría en la confianza y el respeto mutuo. Todos, sin excepción, siempre han sido machos, para evitar que se alteren durante las épocas de celo así como por su mayor resistencia física.
La primera salida de este cuerpo en la calle fue el 19 de noviembre de 1859 con motivo de la fiesta onomástica de S.M. la Reina Isabel II, lo cual causó sensación debido al uniforme que llevaban. Al poco tiempo y a diferencia de otros cuerpos, consiguieron ganarse la simpatía y el cariño de la ciudadanía. La Guardia Municipal a principios del siglo XX entró en decadencia y ante el notable aumento de vehículos el entonces alcalde Domingo J. Sanllehy decidió crear el cuerpo de la Guardia Urbana que, a diferencia de la Guardia Municipal que dependía de la Alcaldía, la gestión de aquella dependería directamente del Ayuntamiento de Barcelona. El 8 de diciembre de 1907 empezó a prestar servicio con una gran aprobación ciudadana.
En 1910, en la visita de S.M. el Rey Alfonso XIII se ofreció por primera vez un espectáculo ecuestre al ritmo de música y un carrusel de gala en la plaza de toros de Las Arenas, una tradición que desde entonces se repetiría en eventos especiales.
El 1 de abril de 1921 bajo la alcaldía de Antonio Martínez Domingo se unificaron los cuerpos de la Guardia Municipal y Urbana, si bien no sería hasta el Reglamento del 26 de septiembre de 1941 que dicha unión sería definitiva bajo la denominación de Guardia Urbana.
En 1930 las dependencias de la plaza de Sant Jaume fueron trasladadas al antiguo edificio de la Galería de Máquinas de la Exposición Universal de 1888, en la calle de Wellington, tras haber sido destinada anteriormente al almacenamiento de materiales y maquinaria ferroviaria. En la planta baja se ubicaron los bóxers, las estancias de los caballos, los almacenes, los despachos y la lavandería, mientras que la primera planta albergó la administración y los servicios.
En 1953 debutaron por primera vez en el extranjero ofreciendo sus tradicionales carruseles. Fue en el Parc des Princes, en París. Desde entonces han participado en eventos y convenciones de ciudades fuera de nuestras fronteras, como Bruselas, Ginebra, La Haya, Londres, Verona y Viena, entre otras.
Desde hace muchos años participan en la Cabalgata de Reyes Magos, la Rua del Barça (cuando gana un título), el Festival de la Infancia y en las Fiestas de la Mercè donde hacen exhibiciones en el campo de la Escuela Municipal de Hípica de la Foixarda, en Montjuïc. Otros eventos en los que han participado han sido durante la Exposición Internacional de 1929, el Congreso Eucarístico Internacional de 1953, los Juegos Olímpicos de 1992 y la boda de los Duques de Palma la Infanta Sofía e Iñaki Urdangarín en 1997, además de en numerosas ferias y eventos escolares donde se promueve la interacción con los ciudadanos, creando así un vínculo especial entre la policía y la sociedad.
Hasta el año 1994 los caballos, al jubilarse, eran subastados en lotes e iban a parar a manos de tratantes que, a su vez, los revendían a picaderos de bajo nivel o a propietarios que los explotaban hasta su muerte. El mal estado de salud del caballo "Neptuno" motivó un artículo de denuncia publicado por el periodista Domingo Marchena en octubre de 1994 en el periódico “La Vanguardia” cuya repercusión motivó al Ayuntamiento de Barcelona tomar cartas en el asunto decidiendo eliminar definitivamente las subastas de caballos retirados, de modo que serían dados en adopción o bien cedidos a particulares o a instituciones comprometidas a cuidarlos hasta el final de sus días.
Llegados al siglo XXI se cuestionó durante algunos años la continuidad del cuerpo debido a los costes de su mantenimiento, alrededor de los tres millones de euros, que incluye alimentación, veterinaria, limpieza y gestión de residuos, además del personal. Por tal motivo se dejaron de comprar caballos y el número de agentes pasó de 50 a 38. Sin embargo, se defendió su valor cultural, educativo y operativo, difícilmente sustituible por otras tecnologías, así como su manera de fomentar a nivel internacional la imagen del Ayuntamiento de Barcelona y de la ciudad. Los días 7 y 8 de octubre de 2006 celebraron su 150 aniversario con una exhibición de carrusel en el Palau Sant Jordi combinando tareas ceremoniales y de protocolo. Desde el año 2017 intensifican sus labores por Collserola, ya que los caballos pueden acceder a lugares de la montaña donde coches y motos no les es posible.
En la actualidad Guardia Urbana montada a caballo cuenta con unos 36 agentes y 26 caballos, mientras que su antigua sede de la calle de Wellington será trasladada a unas nuevas instalaciones en Collserola. A cambio, el histórico edificio se aprovechará para la ampliación del Parlament de Catalunya.
Fotos: Agència Catalana de Notícies, Ajuntament de Barcelona, Antonio Navarro Wijkmark, Carlos Pérez de Rozas, Josep Compte, Josep Postius, Luis Girau, 20 Minutos.
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