miércoles, 29 de abril de 2026

150 años de cervezas Damm (1876-2026)


La empresa cervecera Damm cumple 150 años. En el presente 2026 celebra un siglo y medio de vida como la sexta marca de cervezas más vendida de España y el segundo grupo cervecero español que más cerveza produce, con 11,14 millones de hectolitros anuales. El origen de esta mítica marca se remonta a la segunda mitad del siglo XIX, coincidiendo con la fuga de franceses de la región de Alsacia con motivo de la guerra franco-prusiana. En 1872 el alsaciano August Kuentzmann Damm llegó a Barcelona exiliado debido a que él, como muchos de sus compatriotas, quiso mantener su nacionalidad francesa. Con la intención de desarrollar un negocio cervecero, de cuya experiencia había adquirido de su hermano, se asoció con el empresario Francesc Xavier Camps i Puigmartí (socio capitalista) creando la sociedad Camps y Kuentzmann. En la calle dels Pellaires, en Poblenou, entonces del municipio de Sant Martí de Provençals, establecieron la fábrica para la producción de cerveza. En 1873 llegó a Barcelona su primo Joseph Damm Geny para aprender el oficio. Dos años después se disolvió la asociación entre August y Camps, de modo de que éste fundó una compañía de aguas y aquél trasladó en 1876 la fábrica de cerveza en el número 27 de la calle de Viladomat.


En 1877 August Kuentzmann Damm falleció prematuramente a la edad de 34 años y fue su viuda Mélanie quien pasó a dirigir el negocio, primero sola y poco después junto a Joseph, el cual regresó a Barcelona tras unos años ausente para ejercer como maestro cervecero.
En 1880 Mélanie contrajo matrimonio con Adolf Leinbacher Altorfer, responsable de la parte comercial y administrativa de la empresa, el cual asumió la dirección de la fábrica cervecera creando al siguiente año una nueva sociedad llamada Leinbacher y Damm, junto a Joseph Damm. En 1888 se sumó el inversor Carlos Reck y se trasladó la fábrica al número 67 de la calle del Comte d’Urgell. Ese año, coincidiendo con la Exposición Universal de Barcelona, salió al mercado la cerveza negra “Bock-Damm”.
Al enviudar Mélanie se convirtió en heredera universal y gracias a que vendió su parte de la empresa a Joseph Damm nació la sociedad Damm y Cía. En 1893 murió Carlos Reck y en 1897 Joseph Damm, tras haber adquirido la parte del negocio de la hija de aquél, pasó a ser el único y principal propietario de la cervecera.


En 1910 los hijos de Joseph Damm, José, Carlos y Marinette, fundaron la Sociedad Anónima Damm junto a las empresas cerveceras E. Cammany y Cía, y  Musolas y Cía. (cervezas “La Bohemia”). El domicilio y las oficinas así como la planta principal de producción de cerveza pasaron a la fábrica “La Bohemia” de Musolas y Cía. sita en el número 515 de la calle del Rosselló, la cual se modernizó con maquinaria eléctrica en sustitución de las de vapor. La fábrica de la calle del Comte d’Urgell (de Damm) pasó a ser centro de refuerzo mientras que la de la calle de Viladomat (de E. Cammany y Cía) se destinó a cámaras frigoríficas. A modo de curiosidad, mencionar que la cervecera Moritz también estuvo a punto de asociarse pero finalmente no hubo acuerdo. En 1917 tras la muerte de Joseph Damm sus tres hijos pasaron a ostentar el mando de la empresa. 
A partir de 1920 se duplicó la producción de cerveza y un año después lanzaron al mercado la “Estrella Dorada”. Ya en 1921 se producían 600.000 litros diarios de cerveza y para ello se contaba con una plantilla de 300 trabajadores, uno de ellos el anarcosindicalista Buenaventura Durruti. Llegados a 1930 se produjo un notable crecimiento de la producción. Durante la Segunda República se dio la asociación entre Damm y Moritza para participar conjuntamente en la Feria de Barcelona como stand de cervezas españolas.


Al estallar la Guerra Civil la cervecera se colectivizó bajo control obrero y sus instalaciones se usaron como refugio antiaéreo. Superada la postguerra a partir de 1950 hubo una consolidación definitiva de la marca con el control de la S.A. Damm de las otras sociedades fundadoras de la marca. Más allá  de las cervezas, en 1954 un grupo de trabajadores aficionados al fútbol fundó el C.F. Damm con la finalidad de formar y educar a la juventud del barrio. En 1955 salió al mercado la “Voll Damm”.
A partir de 1960 empezó su expansión nacional por toda España. Para ello era necesario ampliar la producción, lo cual requirió una ampliación de las instalaciones de la antigua fábrica y la adquisición de una parcela delimitada por las calles del Rosselló, Dos de Maig, Provença y Cartagena, donde se ubicó una planta embotelladora. Sin embargo, al no poder crecer más en el Eixample en 1964 se optó por abrir una nueva planta en Santa Coloma de Gramenet. En 1975 se abrió una nueva fábrica en El Prat de Llobregat fruto de una permuta con la cervecera Cruzcampo
Con motivo de los mundiales de fútbol de 1982, S.A. Damm se convirtió en el patrocinador oficial. En 1989 salió al mercado la cerveza sin alcohol “Free Damm” y en 1991 la cerveza “Estrella Dorada” pasó a llamarse “Estrella Damm”.


En 1992 se trasladó la totalidad de la producción a las plantas de Santa Coloma de Gramanet y El Prat de Llobregat (la planta cervecera más grande de Europa), de modo que la antigua fábrica pasó a ser la sede administrativa central y de las oficinas corporativas. En el solar de la embotelladora se construyeron viviendas (Illa Damm). Precisamente aquél año la S.A. Damm fue una de los patrocinadoras de los Juegos Olímpicos de Barcelona y desde ese mismo año patrocinó y aseguró a los Castellers, los cuales hacen exhibiciones castelleras en la antigua fábrica e incluso se celebra anualmente la "Diada de la Damm". En 1998 la S.A. pasó a promocionar las competiciones de vela y en 1999 apostó por la diversificación. En el año 2000 el cambio de milenio coincidió con la creación junto con Renfe del operador logístico integral Alfil Logistics que maniobra tanto a nivel nacional como internacional.


Entrados al siglo XXI, en 2001 nació la Fundació Damm con el objetivo de de vertebrar y dar difusión a las actividades de mecenazgo y filantropía en los tejidos deportivos, sociales y culturales y en 2006, con motivo del 130 aniversario de la Damm, la antigua fábrica se reinventó como museo de la cerveza y como lugar de eventos culturales y conciertos. Durante las Fiestas de la Mercè es espacio de celebraciones. Ese mismo año nació Damm Distribución Integral (DDI). En 2010 se procedió a una rehabilitación de las instalaciones y su adecuación tanto para eventos corporativos como para actos sociales y culturales varios. En 2011, Damm compró parte de Cacaolat en colaboración con Cobega, produciéndose en la planta de Santa Coloma de Gramenet a partir del siguiente año.
En 2019 se adhirió al Pacto Mundial de las Naciones Unidas y en 2020, con motivo de la pandemia, la Fundació Damm procedió a donar agua, leche, gel hidroalcohólico y mobiliario. Y en el ámbito deportivo, en 2023 el C.F. Damm estrenó su ciudad deportiva en Montjuïc tras haber abandonado el campo de fútbol del barrio de Porta.


El pasado domingo 26 de abril el Gran Teatre del Liceu acogió la gala del 150 aniversario con la presencia de 1.500 asistentes y una propuesta gastronómica en el Mercado de la Boqueria.
Actualmente Damm dispone en el mercado de las cervezas "Estrella Damm", "Bohemia", "Voll Damm", "Damm Lemon", "Complot", "Inedit", "Bock Damm", "Free Damm", "Free Damm Limón", "Free Damm Tostada", "Daura", "Daura Märzen", "A.K. Damm", "Xibeca" y "Cerveza de Navidad". Además fabrica también un total de 24 cervezas de otras marcas. En su citada diversificación ofrece las aguas "Veri", "Fuente Liviana", "Pirinea" y "Font Major". Otros productos son la leche "Agama", los batidos de cacao "Laccao" y "Cacaolat", la sangría "Sureo", la tónica "Fever Tree", los cafés "Garriga", el refresco "Nestea", el energético "Parkour" y la bebida de hidratación positiva "Más+ by Messi".

Fotos: Archivo Histórico de la Damm, C.F. Damm, El Llobregat.

jueves, 23 de abril de 2026

El Sant Jordi de 1958: una Diada singular


Una vez más llegamos a Sant Jordi, la Diada del Libro y de la Rosa. Es costumbre de mi parte promocionar mis libros a la venta, sin embargo con el propósito de romper un poco la monotonía de los años anteriores y deseando publicar algo diferente quisiera recordar especialmente la edición del año 1958, una jornada popular, religiosa e institucional que incluyó como singularidad una cabalgata por Barcelona y una representación teatral en el entonces templo expiatorio de la Sagrada Família. En aquél Sant Jordi firmaban libros escritores como Josep Maria de Sagarra, Tomàs Salvador, Luís Romero, Carles Soldevila, Manuel de Pedrolo, Mercedes Salisachs, Valentí Castanys, Antonio de Armenteras, Ana Inés Bonín, Antonio Guindelain, José Cruset, Prat i Ubach, Francisco Candel, Juan José Poblador, Jaume Vicens Vives, Roig i Raventós, Aureli de Campmany, Blai Bonet y Ana María Matute, entre otros. Fueron grandes ventas obras como “Entre visillos” de Carmen Martín Gaite, “San Juan de Dios” de José Cruset, “Las uñas del miedo” de José María Castillo, “Historia de una monja” de Kathryn Hulme, “La nueva clase” de Milovan Djilas, “Cabo de varas” de Tomàs Salvador, “El etrusco” de Mika Valtari, “Tras las huellas de Adán” de Herbert Wendt y “Cartas de Nicodemo” de Jan Dobraczyński. Y hubo también buenas ventas de libros publicados en lengua catalana como ahora “Obres completes” de Josep Carner, “Homenots” de Josep Pla, “Guia de festes tradicionals de Catalunya” de Joan Amades, “Junceda, home exemplar” de Prat i Ubach, “El mar” de Blai Bonet i “Vint-i-dos contes” de Mercè Rodoreda. Multitud de público asistente y cuatro millones de pesetas en ventas.


Más allá de los actos oficiales, como la misa en la capilla de Sant Jordi, la sesión plenaria y los premios a las paradas de venta de rosas, además de una exposición de esculturas en el palacio de la Virreina y un tributo especial a los soldados españoles en tierras africanas, a las 12:00h del mediodía salió desde el templo expiatorio de la Sagrada Família la cabalgata de la “Consueta de Sant Jordi”. Básicamente constaba de dos carrozas: la de la princesa y acompañantes más la del dragón. Montado a caballo iba el personaje de San Jorge. Desde allá la rúa prosiguió por la calle de Provença, el paseo de Sant Joan, el salón de Víctor Pradera (actual paseo de Lluís Companys), la avenida de Martínez Anido (actual paseo de Picasso), la avenida del Marquès de l’Argentera, el Pla de Palau, el paseo de Isabel II, la plaza de Antonio López (actual Correus), el paseo de Colom, la plaza del Portal de la Pau, la Rambla y la calle de Ferran hasta la plaza de Sant Jaume. Alrededor de las 13:00h la comitiva llegó al Palacio de la Diputación (actual Palau de la Generalitat), siendo éste punto y final del recorrido. Algunos de los miembros de la rúa fueron recibidos en el Salón de la Presidencia por el presidente la Diputación de Barcelona Joaquín Buxó Dulce de Abaigar, marqués de Castell-Florite. Principalmente recibió a los dos intérpretes que representaron a San Jorge y a la Princesa, la cual fue obsequiada con una cesta de rosas rojas.


A las 20:30h de la tarde en la explanada del templo expiatorio de la Sagrada Família se hizo una representación de la “Consueta de Sant Jordi”, un texto medieval mallorquín de carácter hagiográfico del siglo XVI (si bien existe una anterior del siglo XIV menos popular) y de autor desconocido. Para quienes lo desconozcan, el término “consueta” se refiere a un manuscrito con el orden de las representaciones religiosas cuya conmemoración se efectúa tras las laudes (oración oficial de la mañana) y las completas (oración del final del día), mientras que el término hagiográfico hace referencia a la vida, milagros y virtudes de un santo. Fue adaptada y dirigida por el poeta y autor teatral afincado en Andorra Esteve Albert i Corp (Dosrius 1914 - Andorra la Vella 1995) y con música del compositor y organista padre capuchino Robert de la Riba (nombre religioso de Joan Sans i Balcells) (La Riba 1912 - Barcelona 1999). En 1967 ambos autores volvieron a representar la pieza en el mismo lugar.


Por la noche en el hotel Majestic tuvo lugar la segunda edición de los Premios Sant Jordi de Cinematografía, siendo ganadora “Un ángel pasó por Brooklyn” de Ladislao Vajda como película española y “La Strada” de Federico Fellini en categoría de película extranjera. Y en el Palau de la Música la Compañía de Fernando Vallejo interpretó “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, adaptación a cargo de Pedro Sas Falguera, con motivo de la conmemoración de la muerte de Miguel de Cervantes, en una representación dedicada a la Agrupación “Los Quijotes” y al Gremio de Libreros de Barcelona.
Y ahora sí, insisto, como es mi costumbre en esta fecha tan señalada, en recomendar la adquisición de mis libros publicados que todavía estén disponibles, concretamente “Els autobusos de Barcelona. 100 anys fent xarxa (1922-2022)”, “Històries dels transports de Barcelona” y “La dona treballadora al metro de Barcelona” (escrito conjuntamente con María José Muñoz), a la vez que os deseo de todo corazón que disfrutéis de la Diada de Sant Jordi y su ambiente.


Fotos: Brangulí, Sáenz Guerrero, Salvador Gutiérrez.

martes, 14 de abril de 2026

La Sagrera, sin patrimonio ferroviario


Final de trayecto. El pasado jueves día 9 del presente mes empezaron los trabajos de derribo del antiguo edificio de la estación de mercancías de La Sagrera. Tras la retirada del amianto y habiendo derruido previamente el interior se ha procediendo a la demolición de las paredes. De este modo desaparece definitivamente el último vestigio superviviente de la llamada "Sagrera-Mercaderies", también conocida como "Barcelona-Clot (Sagrera)". Sólo ha sobrevivido el cartel de porcelana de la estación, actualmente preservado por el Museu del Ferrocarril de Vilanova i la Geltrú y en proceso de restauración, además de un refugio antiaéreo de la Guerra Civil que también se conservará. De nada han servido los intentos por parte de la Associació per a la Promoció del transport Públic (PTP), el Fòrum del Transport Català, el Centre d’Estudis del Transport Tèrminus y la Associació Coordinadora Pro Museu del Transport de Barcelona, con el apoyo de la A.V. de la Sagrera así como de otras entidades y particulares. En líneas generales alegaron que el plan urbanístico no es incompatible con la conservación del edificio a pesar de la futura elevación del terreno que lo dejaría en una cota inferior y propusieron su preservación como parte del patrimonio ferroviario y de la memoria histórica, además de ser un elemento que explicaría el papel del ferrocarril en la modernización social y económica del país. Entre las distintas propuestas de usos se planteó convertirlo en un hub de ciclologística, en un espacio de interpretación del ferrocarril o en un equipamiento de barrio.


La estación se construyó entre 1918 y 1922 con el fin de descongestionar la estación de mercancías del Clot, permitiendo así la ampliación de la estación de Francia. La empresa de Josep Miarnau Navàs se encargó de la construcción bajo la dirección del ingeniero Eduard Maristany. Para ello hubo que expropiar 30 fincas y llegar a acuerdos con la Junta de Regantes del Rech Condal para garantizar los caudales de agua que permitiesen continuar con los regadíos. La estación, limitada en el lado opuesto por la ronda de Sant Martí, por el Pont del Treball al norte y por el puente de Calatrava al sur, ocupaba unos 200.000 metros cuadrados de superficie y disponía una playa de vías que sumaba un total de 17,5 kilómetros de longitud. Formaba parte un proyecto global de la Compañía de Los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y a Alicante (MZA) desarrollado para diversificar, potenciar y agilizar el transporte de mercancías debido al fuerte desarrollo industrial de Sant Martí de Provençals y Sant Andreu de Palomar. Terminó tomando mayor importancia que la del Clot por las posibilidades que ofrecía en cuanto a superficie útil, volumen de mercancías, aduana, comunicaciones, telecomunicaciones y servicios administrativos. Constaba de dos edificios a banda y banda del acceso principal: la planta baja albergaba el vestíbulo, la sala de facturación, el almacén y el despacho para el jefe de estación; las plantas primera y segunda la telefonía y el telégrafo, el archivo, la oficina de estadística, la sala de máquinas, un vestuario y un almacén; y la tercera planta ocupó las viviendas para empleados. Completaban el conjunto unas cubiertas de planta baja y techo a dos aguas distribuidas en doble hilera.


No obstante, la crisis económica de los años treinta, la Guerra Civil y la postguerra impidieron su desarrollo, convirtiéndola en una barrera física entre La Sagrera y Sant Martí. Fue entonces cuando el Plan Modificado de Enlaces Ferroviarios de Barcelona de 1967 planteó la construcción en La Sagrera de una nueva estación central ferroviaria similar a la de Sants. En 1986 se retomó el proyecto cuando se estudió la llegada del tren de alta velocidad a Barcelona. En 1994 el Ayuntamiento de Barcelona aprobó el derribo de la estación de mercancías y su sustitución por una estación intermodal de pasajeros que, además, permitiría la urbanización del entorno y acabar con la barrera física entre La Sagrera y Sant Martí. Una vez trasladada la actividad logística a La Llagosta a finales de los años noventa la estación de mercancías dejó de funcionar. Finalmente la aprobación del Plan General Metropolitano (PGM) para la ordenación de la estación de la Sagrera y su entorno en 2004 tuvo como consecuencia el desmantelamiento de la estación. En 2011 se derribaron las 16 viviendas de planta baja para empleados y en 2012 el edificio norte. Sólo sobrevivió hasta la actualidad el edificio sur ocupado por viviendas y oficinas de Adif de atención al público.
Quedamos todavía muy lejos del ejemplo de otros países en cuanto a cultura ferroviaria se refiere, siendo un ejemplo paradigmático y representativo el del Reino Unido. Tal y como afirmó Jordi Sasplugas, director del Museu del Ferrocarril de Móra la Nova, en el citado país han entendido que el ferrocarril es parte de su identidad y futuro.

Render que recrea cómo se habría podido integrar urbanísticamente el edificio
de la estación de mercancías de haberse salvado. Fòrum del Transport Català

El director del Centre d’Estudis del Transport Tèrminus, Joan Carles Salmerón, declaró que con el derribo del edificio de la estación de mercancías de La Sagrera se comete otro crimen histórico al patrimonio ferroviario catalán que debería de evitarse en el centenar de estaciones ferroviarias que corren peligro de desaparecer en Cataluña. Alertó también que en los últimos años se han perdido hasta 15 edificios históricos, por lo que debería pedirse a las administraciones que no han actuado en el presente caso que reaccionen ante futuras posibles pérdidas, así como aprobar una Ley que proteja este patrimonio y evite más destrucción patrimonial. Suscribo sus palabras de condena y apoyo su propuesta, y como yo también los aficionados a los transportes, vecinos y otras personas procedentes de distintos ámbitos. Y no, en Barcelona no sobra patrimonio porque nunca es mucho, basta con integrarlo a las necesidades presentes y futuras de la ciudad más allá de la concepción turística.

Fotos: Ricard Fernández Valentí.
Render: Fòrum del Transport Català.

lunes, 6 de abril de 2026

En defensa de la cruz monumental del parque del Turó de la Peira


Entre finales de marzo y principios de abril han tenido lugar, una vez más, las tradicionales fiestas de Semana Santa. Estas fechas me han parecido más que oportunas para reflexionar acerca de una polémica que lleva meses debatiéndose. El Ayuntamiento de Barcelona ha decido retirar la cruz monumental del parque del Turó de la Peira para restaurarla. Sin embargo, se escamparon falsos rumores acerca de que no volvería a su ubicación original y que tendría una nueva reubicación. Ello ha generado no pocos comentarios tanto a favor como en contra de tal decisión. La controversia, más allá de meras opiniones, ha derivado a instrumentalizar este asunto a posturas tendenciosamente políticas, o mejor dicho, partidistas. Por supuesto, los tópicos acerca del perfil de los defensores y de los detractores de mantener este elemento no se han hecho esperar. No hace falta decir entonces a qué ideología se asocia cada posición.


Sobre los orígenes históricos de esta cruz en el número 133 del boletín Ideal (suplemento de la Hoja Diocesana de la parroquia de San Juan de Horta) de enero-febrero de 1961 nos informa de una peregrinación de feligreses desde la plaza de Bacardí hasta el parque del Turó de la Peira, donde se procedió a la bendición de la cruz monumental. Fuentes más dispersas (y dudosas) hacen coincidir su colocación al poco tiempo de inaugurarse el Turó de la Peira como parque público municipal en 1936, justo antes de estallar la Guerra Civil española. Otras la ubican en los años 40, durante la postguerra, coincidiendo con las políticas misioneras y de evangelización de los barrios llevadas a cabo por la Iglesia bajo el régimen franquista. Incluso aseguran que la iniciativa fue del padre Tarsicio de la parroquia de Sant Francesc Xavier, en Can Peguera. Mientras que otras afirman que se instaló con motivo del XXXV Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona de 1952 e incluso durante las Jornadas Marianas de 1954 a modo de reafirmación del llamado nacional catolicismo. En ninguno de estos casos se ha hallado información al respecto que así lo certifique.
Se trata de una cruz de unos 5 metros de altura forjada de hierro completamente funcional y carente de elementos artísticos, sujeta sobre una gran base de piedra y ubicada en una cima a 138 metros de altitud sobre el nivel del mar desde donde se contemplan excelentes vistas a la ciudad y alrededores. Antaño fue lugar de paso de los Vía Crucis, de peregrinación y punto de congregación de feligreses.


Acostumbrados a ciertos sectores políticos cuya especialidad es dividir y enfrentar a la sociedad, marear la perdiz donde siempre ha habido paz, ver fantasmas allá donde no los hay y provocar un conflicto o ver problemas donde nunca han existido, permítanme que me posicione a favor de conservar la cruz monumental del parque del Turó de la Peira. Llámenme como quieran y pónganme las etiquetas que deseen, yo tengo muy claro quién soy, qué pienso y lo que quiero. Inevitablemente mis argumentaciones (como las de todos) tienen una parte objetiva y otra subjetiva, por supuesto siempre discutibles. A modo de esquema las principales razones por las que defiendo su mantenimiento son:
- Con independencia de su origen, es un elemento integrado en el paisaje con valor cultural e histórico que simboliza, más allá de tradiciones y creencias, la espiritualidad y la conexión de los vecinos del barrio con la montaña.
- Es un elemento identitario del parque y, en parte, del barrio, así como un icono de referencia para quienes exploran la ciudad y sus alrededores.
- Contiene una carga sentimental especial para muchos vecinos del barrio, tanto creyentes como no creyentes.
- En sí misma carece de connotaciones políticas.
- Constituye, a la vez, un símbolo de memoria histórica y un símbolo paisajístico compatible con la evolución democrática de la ciudad y la reinterpretación de los espacios urbanos.
- Es testigo viviente de una antigua tradición montañesa que, además de representar la conquista de una cumbre, simboliza la fe, la protección divina durante el ascenso, la espiritualidad y formar parte de una comunidad.


A los anteriores apartados tengo más argumentos, los cuales he preferido exponerlos a modo de réplica a los razonamientos de quienes se posicionan a favor de retirar la cruz monumental, lo cual me permite explayarme en determinados aspectos. En primer lugar, sus detractores afirman que es un símbolo franquista y antidemocrático que no respeta la diversidad ideológica. La cruz como símbolo cristiano fue adoptado por el emperador Constantino a partir del año 312 (siglo IV), por lo que obviamente no se puede atribuir al franquismo y es además compatible con los valores democráticos y la libertad ideológica al asociarse ineludiblemente con las enseñanzas de Jesús. Rompiendo tópicos ¿acaso no existen los cristianos de izquierda y los comunistas cristianos? Por ello, aunque la Iglesia Católica no es un ente democrático, lo que representa la cruz trasciende mucho más allá de una institución clerical por poderosa que sea. Es más, suponiendo que se hubiese instalado bajo el franquismo tampoco lo convertiría en franquista porque no todo lo creado, decidido o instaurado en tiempos de Franco es necesariamente franquista. No existen pruebas que demuestren que se trate de un homenaje a los "Caídos por España" del bando sublevado durante la Guerra Civil. Una vez más se confunde la época con la ideología.
En segundo lugar argumentan que no encaja con el laicismo. La presencia de la cruz monumental no supone la imposición ni la promoción de una religión ni ocupa un espacio predominante en el parque hasta el punto de robar la neutralidad y "expulsar" a quienes no comulgan con el cristianismo. Actualmente en una sociedad cada vez más plural forma parte de la diversidad cultural y es un elemento cultural. No olvidemos que el laicismo no justifica la exclusión sistemática de símbolos religiosos de los espacios públicos, pues de lo contrario podría vulnerar el derecho a la libertad religiosa. Siempre he sido partidario del estado aconfesional frente al estado laico porque a la vez que no se impone ninguna religión como oficial se garantiza la igualdad y el respeto a todas las creencias, es posible la cooperación del Estado con instituciones religiosas y además reconoce el hecho religioso en la sociedad, una realidad que no se puede ni se debe de ocultar.


En tercer lugar alegan que no respeta la diversidad religiosa. Durante este primer cuarto de siglo Barcelona la inmigración extranjera ha tenido como consecución el aumento del número de evangelistas, ortodoxos, testigos de Jehová, musulmanes, budistas, hinduistas y judíos. Ello ha sucedido estando la cruz monumental presente en el Turó de la Peira, por lo que no ha sido para nada impedimento alguno de este fenómeno creciente. Merece remarcar por si nadie se había percatado, que también existen cristianos contrarios a la simbología religiosa y, por tanto, a la cruz monumental del Turó de la Peira, como son los mormones, los evangelistas, los ortodoxos, los Testigos de Jehová y los llamados Cristianos de Base, todos ellos claramente anticonistas. Y en el bando opuesto, existen numerosos agnósticos y ateos favorables a su mantenimiento porque lo perciben como un icono de identidad del barrio que no ofende a nadie. Otra vez rompemos tópicos.
Y en cuarto lugar sostienen que no garantiza la inclusividad ni del espacio público. Falso. En el momento en que un símbolo religioso es aceptado por la pluralidad y visto como un elemento cultural y patrimonial, además de un icono identitario, deja de ser algo privilegiado y discriminatorio para pasar a ser un elemento estático a caballo entre la tradición y la neutralidad institucional. La presencia de la cruz no impide ni prohíbe la posibilidad de permitirse otros símbolos monumentales de otras confesiones, algo que el modelo aconfesional español autoriza y se ampara en la Constitución.


Finalmente el Ayuntamiento de Barcelona confirmó oficialmente su intención de volver a instalar la cruz donde siempre ha estado. Afortunadamente lo demás han sido rumores infundados malintencionadamente que para nada responden a la realidad. Todo forma parte del proceso de remodelación al que se someterá el parque del Turó de la Peira el cual, entre otras cosas, mejorará su accesibilidad.

Fotos: Ajuntament de Barcelona, Arxiu Fotogràfic de Barcelona (AFB), Arxiu Municipal del Districte d'Horta-Guinardó (AMDHG), J. Caminal, Jordi Corominas, Miguel Badosa.