Se cumplen 60 años de la llegada de la cantante Ella Fitzgerald y del compositor y pianista Duke Ellington a Barcelona. Procedentes de Nueva York, “la Reina del Jazz” y “el Duque” aterrizaron a la capital catalana en el contexto de una gira europea organizada por el empresario norteamericano George Wein. Para ello debemos de remontarnos a los años sesenta, cuando el empresario barcelonés Joan Roselló adquirió el Bar Brindis, sito en la plaza Reial número 17, para convertirlo en una sala para conciertos de jazz. El local abrió sus puertas el 9 de enero de 1960 con la actuación de un quinteto liderado por el pianista Tete Montoliu y fue bautizado como Jamboree Jazz Club, palabra que en la lengua de las comunidades zulús significa “reunión de tribus”. Llegados al sexto aniversario de la sala se pensó que la mejor manera de celebrarlo sería mediante un gran concierto con los mejores referentes de género jazzístico mundial del momento. Por este motivo se pensó en Ella Fitzgerald y Duke Ellington, considerados grandes renovadores del género, aprovechando su tour por el continente europeo.
Años atrás se había planteado traer a la mítica cantante a Barcelona, pero el caché que ella pedía lo impidió. Sin embargo, el hecho de disponer de los medios económicos para invitarla a actuar sumado a la creciente afición por el jazz lo hicieron propicio. Tras las gestiones pertinentes con el promotor musical y productor Norman Granz y habiendo acordado fecha de llegada, fue entonces cuando Joan Roselló le pidió a la cantante Nuria Feliu, la cual actuaba a menudo con el pianista Tete Montoliu y ejercía de presentadora en los conciertos de la sala, que hiciese de anfitriona de los dos artistas estadounidenses recibiéndolos en el aeropuerto del Prat con un “Welcome to Barcelona” y un ramo de flores. Finalmente la mañana del martes 25 de enero de 1966 el avión de la compañía Pan American procedente de Nueva York aterrizó en Barcelona. Nuria Feliu, que no sabía inglés y estaba nerviosa por la emoción del acontecimiento, se quedó en blanco y le dio el ramo a Ella Fitzgerald diciéndole: “Tingui”. Allá en el aeropuerto estuvieron también presentes el cónsul de los Estados Unidos, John W. Ford, así como un grupo de aficionados que los recibieron con una pancarta de bienvenida. También bajaron del avión la esposa de Duke Ellington y los miembros de la orquesta. Se contabilizaron cincuenta maletines, dos baúles y varios bolsos de viaje. Un taxi los llevó al Hotel Ritz (actual Palace), donde se alojaron.
En el mismo día se celebraría el esperado concierto, en realidad dos, uno a las 19:00h y el otro a las 23:00h en el Palau de la Música. Poco antes de la actuación hubo una breve sesión fotográfica. Ella Fitzgerald no se mostró muy predispuesta a dejarse retratar, mucho menos con “flash”, ni a ofrecer largas entrevistas. Se comentó que no estaba de muy buen humor porque había perdido un alfiler de oro y porque a su llegada al aeropuerto un fotógrafo, seguramente un aficionado y no un periodista, le había soltado un piropo ofensivo.
A modo de curiosidad, mencionar que en el programa del concierto se indicaba, textualmente: “Se pone en conocimiento del público que Duke Ellington y Ella Fitzgerald no llevan un programa estudiado. Su actuación se acopla al ambiente y a las peticiones del público, por lo que resulta del todo imposible (y es su norma) establecer un orden para los números a interpretar”.
Ella Fitzgerald actuó junto a Duke Ellington, cuya orquesta estaba formada por él mismo (como director, arreglador y piano), Mercer Ellington (arreglador y trompeta), Cat Anderson (trompeta), Herbie Jones (trompeta), Cootie Williams (trompeta), Lawrence Brown (trombón), Buster Cooper (trombón), Chuck Connoers (trombón bajo), Johny Hodges (saxo alto y soprano), Russell Procope (saxo alto y tenor), Paul Gonsalves (saxo tenor), Jimmy Hamilton (saxo tenor y clarinete), Harry Carney (saxo barítono), John Lee Lamb (contrabajo y violín) y Sam Woodyard (batería). También estuvo presente el trío de Jimmy Jones, formado por él mismo en el piano junto a Joe Benjamin (bajo) y Roy Haynes (batería). Las actuaciones terminaron con una gran ovación del público hasta el punto que Duke Ellington comentó, textualmente: “Jamás sospeché que nos dedicaran una acogida tan cordial y mucho menos que entendieran de jazz de la forma que lo han demostrado. Digo, sinceramente, que ha sido Barcelona donde he visto el público más entusiasta. Cuando aplaudían al trompeta Cootie Williams me ha dado la impresión de que estaba en una plaza de toros y todo el mundo pedía la oreja, el rabo y las patas para el matador”. La experiencia, presupuestada en algo más de un millón de las antiguas pesetas, fue rentable.
Al siguiente día Ella Fitzgerald y Duke Ellington, el cual fue obsequiado con una estatuilla del torero Manuel Díaz “El Cordobés”, cinco corbatas de seda natural y seis botellas de coñac, tomaron el avión hacia Francfort donde actuarían una noche y desde allí volaron hacia Londres donde permanecerían tres días. El gran éxito de público de los dos conciertos motivó a Joan Roselló a crear poco después el Festival de Jazz de Barcelona, el 3 de noviembre de ese mismo año con cinco conciertos en los que participaron Dave Brubeck Quartet, Max Roach Quintet y Sonny Rollins, Bud Freeman con Alex Welsh Orchestra, los Uptown Swing All Stars (con Milt Buckner, Roy Eldridge y Illinois Jacquet, entre otros), y un programa doble con el Tete Montoliu Trío y el Stan Getz Quartet y Astrud Gilberto.
Tras la aparición de una figura decisiva y fundamental como fue la de Tete Montoliu, los conciertos de Ella Fitzgerald y Duke Ellington de 1966 en Barcelona supusieron, sin duda, el despegue definitivo del jazz en la capital catalana y la ubicación de la ciudad en el mapa internacional recuperando e incluso superando su antigua categoría de epicentro de este género que tuvo en los años 30. Desde entonces tanto la proliferación de artistas jóvenes o debutantes como la presencia de artistas consagrados nacionales e internacionales, así como la apertura de salas de concierto, la organización de festivales y la creación de escuelas de música moderna y jazz ha sido una tónica imparable hasta la actualidad.
Fotos: Arxiu Fotogràfic de Barcelona, Biblioteca de Catalunya, Carlos Pérez de Rozas, Cifra, CEDOC, Festival de Jazz de Barcelona, Francisco Gallés Miquel.
1 comentario:
"JIRA" Europea.., curiosa errata.
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