Entre finales de marzo y principios de abril han tenido lugar, una vez más, las tradicionales fiestas de Semana Santa. Estas fechas me han parecido más que oportunas para reflexionar acerca de una polémica que lleva meses debatiéndose. El Ayuntamiento de Barcelona ha decido retirar la cruz monumental del parque del Turó de la Peira para restaurarla. Sin embargo, aseguran que ya no volverá a su ubicación original y que tendrá una nueva reubicación, posiblemente, en una iglesia, siendo una de las candidatas la de la Mare de Déu de Fàtima. Ello ha generado no pocos comentarios tanto a favor como en contra de tal decisión. La controversia, más allá de meras opiniones, ha derivado a instrumentalizar este asunto a posturas tendenciosamente políticas, o mejor dicho, partidistas. Por supuesto, los tópicos acerca del perfil de los defensores y de los detractores de mantener este elemento no se han hecho esperar. No hace falta decir entonces a qué ideología se asocia cada posición.
Los orígenes históricos de esta cruz son muy inciertos y la escasa información existente resulta contradictoria e inexacta. Las hemerotecas de periódicos tan importantes como La Vanguardia o el Diario de Barcelona no ofrecen pista alguna, ni siquiera un breve. Algunas fuentes hacen coincidir su colocación al poco tiempo de inaugurarse el Turó de la Peira como parque público municipal en 1936, justo antes de estallar la Guerra Civil española. Ello no es fiable, pues estamos hablando de un periodo muy inestable y nada propicio para colocar simbología religiosa como fue la Segunda República, la cual se caracterizó por su fuerte anticlericalismo, por lo que la cruz hubiese tenido la misma suerte que las iglesias incendiadas y saqueadas ya en la contienda. Otras fuentes hablan de los años 40, durante la postguerra, coincidiendo con las políticas misioneras y de evangelización de los barrios llevadas a cabo por la Iglesia bajo el régimen franquista. Incluso aseguran que la iniciativa fue del padre Tarsicio de la parroquia de Sant Francesc Xavier, en Can Peguera. Dicho argumento sería más creíble dado el contexto histórico y las circunstancias, si bien la prensa de la época tampoco nos ofrece ninguna pista. Mientras que otras fuentes aseguran que se instaló con motivo del XXXV Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona de 1952 e incluso durante las Jornadas Marianas de 1954 a modo de reafirmación del llamado nacional catolicismo. En ambos casos, aunque no sería para nada imposible e incluso coherente, no se ha hallado información al respecto que así lo certifique. Se trata de una cruz de unos 5 metros de altura forjada de hierro completamente funcional y carente de elementos artísticos, sujeta sobre una gran base de piedra y ubicada en una cima a 138 metros de altitud sobre el nivel del mar desde donde se contemplan excelentes vistas a la ciudad y alrededores. Antaño fue lugar de paso de los Vía Crucis, de peregrinación y punto de congregación de feligreses.
Acostumbrados a ciertos sectores políticos cuya especialidad es dividir y enfrentar a la sociedad, marear la perdiz donde siempre ha habido paz, ver fantasmas allá donde no los hay y provocar un conflicto o ver problemas donde nunca han existido, permítanme que me posicione a favor de conservar la cruz monumental del parque del Turó de la Peira. Llámenme como quieran y pónganme las etiquetas que deseen, yo tengo muy claro quién soy, qué pienso y lo que quiero. Inevitablemente mis argumentaciones (como las de todos) tienen una parte objetiva y otra subjetiva, por supuesto siempre discutibles. A modo de esquema las principales razones por las que defiendo su mantenimiento son:
- Con independencia de su origen, es un elemento integrado en el paisaje con valor cultural e histórico que simboliza, más allá de tradiciones y creencias, la espiritualidad y la conexión de los vecinos del barrio con la montaña.
- Es un elemento identitario del parque y, en parte, del barrio, así como un icono de referencia para quienes exploran la ciudad y sus alrededores.
- Contiene una carga sentimental especial para muchos vecinos del barrio, tanto creyentes como no creyentes.
- En sí misma carece de connotaciones políticas.
- Constituye, a la vez, un símbolo de memoria histórica y un símbolo paisajístico compatible con la evolución democrática de la ciudad y la reinterpretación de los espacios urbanos.
- Es testigo viviente de una antigua tradición montañesa que, además de representar la conquista de una cumbre, simboliza la fe, la protección divina durante el ascenso, la espiritualidad y formar parte de una comunidad.
A los anteriores apartados tengo más argumentos, los cuales he preferido exponerlos a modo de réplica a los razonamientos de quienes se posicionan a favor de retirar la cruz monumental, lo cual me permite explayarme en determinados aspectos. En primer lugar, sus detractores afirman que es un símbolo franquista y antidemocrático que no respeta la diversidad ideológica. La cruz como símbolo cristiano fue adoptado por el emperador Constantino a partir del año 312 (siglo IV), por lo que obviamente no se puede atribuir al franquismo y es además compatible con los valores democráticos y la libertad ideológica al asociarse ineludiblemente con las enseñanzas de Jesús. Rompiendo tópicos ¿acaso no existen los cristianos de izquierda y los comunistas cristianos? Por ello, aunque la Iglesia Católica no es un ente democrático, lo que representa la cruz trasciende mucho más allá de una institución clerical por poderosa que sea. Es más, suponiendo que se hubiese instalado bajo el franquismo tampoco lo convertiría en franquista porque no todo lo creado, decidido o instaurado en tiempos de Franco es necesariamente franquista. No existen pruebas que demuestren que se trate de un homenaje a los "Caídos por España" del bando sublevado durante la Guerra Civil. Una vez más se confunde la época con la ideología.
En segundo lugar argumentan que no encaja con el laicismo. La presencia de la cruz monumental no supone la imposición ni la promoción de una religión ni ocupa un espacio predominante en el parque hasta el punto de robar la neutralidad y "expulsar" a quienes no comulgan con el cristianismo. Actualmente en una sociedad cada vez más plural forma parte de la diversidad cultural y es un elemento cultural. No olvidemos que el laicismo no justifica la exclusión sistemática de símbolos religiosos de los espacios públicos, pues de lo contrario podría vulnerar el derecho a la libertad religiosa. Siempre he sido partidario del estado aconfesional frente al estado laico porque a la vez que no se impone ninguna religión como oficial se garantiza la igualdad y el respeto a todas las creencias, es posible la cooperación del Estado con instituciones religiosas y además reconoce el hecho religioso en la sociedad, una realidad que no se puede ni se debe de ocultar.
En tercer lugar alegan que no respeta la diversidad religiosa. Durante este primer cuarto de siglo Barcelona la inmigración extranjera ha tenido como consecución el aumento del número de evangelistas, ortodoxos, testigos de Jehová, musulmanes, budistas, hinduistas y judíos. Ello ha sucedido estando la cruz monumental presente en el Turó de la Peira, por lo que no ha sido para nada impedimento alguno de este fenómeno creciente. Merece remarcar por si nadie se había percatado, que también existen cristianos contrarios a la simbología religiosa y, por tanto, a la cruz monumental del Turó de la Peira, como son los mormones, los evangelistas, los ortodoxos, los Testigos de Jehová y los llamados Cristianos de Base, todos ellos claramente anticonistas. Y en el bando opuesto, existen numerosos agnósticos y ateos favorables a su mantenimiento porque lo perciben como un icono de identidad del barrio que no ofende a nadie. Otra vez rompemos tópicos.
Y en cuarto lugar sostienen que no garantiza la inclusividad ni del espacio público. Falso. En el momento en que un símbolo religioso es aceptado por la pluralidad y visto como un elemento cultural y patrimonial, además de un icono identitario, deja de ser algo privilegiado y discriminatorio para pasar a ser un elemento estático a caballo entre la tradición y la neutralidad institucional. La presencia de la cruz no impide ni prohíbe la posibilidad de permitirse otros símbolos monumentales de otras confesiones, algo que el modelo aconfesional español autoriza y se ampara en la Constitución.
No auguro un futuro precisamente optimista y esperanzador. Posiblemente la polémica fabricada deliberadamente y sujeta a intereses partidistas, la imposición de tópicos a exprofeso como asociar su defensa a la extrema derecha, así como las posturas cristianófobas y revanchistas de quienes se empeñan en continuar una guerra que terminó hace 87 años ya ha ocasionado un daño irreversible. Tan pronto retiren la cruz monumental dejará su ubicación para siempre, que nadie se engañe.
Fotos: Ajuntament de Barcelona, Arxiu Fotogràfic de Barcelona (AFB), Arxiu Municipal del Districte d'Horta-Guinardó (AMDHG), Caminal, Jordi Corominas, Miguel Badosa.