sábado, 27 de marzo de 2010

Sobre las memorias de Francesc Cambó

Hace poco he terminado de leer un magnífico libro de memorias del político catalán Francesc Cambó i Batlle, con el cual, al llegar a la última página llegas a la conclusión de que hoy día la clase política ya no tiene el nivel de las antiguas generaciones, y de que en la actualidad se censuran ciertas opiniones hacia determinados personajes históricos. De ahí que algunos nombres ilustres, como el que aquí me refiero, se hayan optado por enterrarlos. Cambó, con tan solo 18 años ya participaba en charlas políticas, y a los 25 años hacía grandes discursos que provocaban la ovación de la gente. ¿Dónde encuentras en la actualidad a genios de esta índole? ¿Tienen jóvenes políticos como Albert Rivera (de 31 años) y Joan Herrera (de 38 años) el nivel y el talento de Cambó cuando tenía sus mismas edades? Si hoy día levantara la cabeza y ambos tuviesen una dialéctica en el Parlament de Catalunya ¿Serían capaces de vencerle y de anular sus argumentos?
Los tiempos cambian, y en política la calidad intelectual ha ido menguando una generación tras otra, aunque esto parezca un tópico. Basta con ver cuál es la situación actual. El señor Cambó habla en su libro de políticos e intelectuales catalanistas como Torras i Bages, Verdaguer i Callís, Prat de la Riba (que por lo visto era otro “monstruo” en cuanto a prodigio se refiere), Ventosa i Calvell, Puig i Cadafalch y Domènech i Montaner, y de otros a nivel nacional como Eduardo Dato, Cánovas del Castillo, José Canalejas y Antonio Maura. Con la labor que describe de cada uno de estos personajes te das cuenta de que se trata de una gloriosa generación de políticos que, una vez muertos, nunca más se han vuelto a repetir porque no han tenido sucesores del mismo nivel y carisma. Esta gente, a diferencia de los actuales, eran además auténticos intelectuales, estadistas e ideólogos que filosofaban e incluso escribían tratados. Fueron unos auténticos profesionales de la política que sentían sus ideas y expresaban con sus trabajos sus profundas y extraordinarias convicciones. En definitiva, hacían lo que hacían porque creían en ello de verdad, con independencia de que se estuviese de acuerdo o no con sus ideas.

Cambó fue un hombre profundamente catalanista y nacionalista. Su nacionalismo regionalista resultó una fórmula ideal pero en parte fue coyuntural a unos tiempos. Era una época en que la política estaba corrompida y en Cataluña imperaba el caciquismo. Entonces dicho modelo nacionalista surgió como una fórmula para unir las cuatro provincias que tenían una lengua y una cultura comunes con el propósito de evitar la dispersión, elaborar un proyecto común y crear una conciencia social hacia Cataluña así como la difusión de los valores de catalanismo. A diferencia de la actualidad, eran precisamente los partidos de izquierdas y los grupos anarquistas los que se declaraban anticatalanistas, y no los de derechas. Antonio Maura simpatizaba con la Lliga Regionalista y Eduardo dato llegó a aprobar el establecimiento de la Mancomunitat de Catalunya, institución la cual Cambó aseguró que daba mayor autonomía y autogobierno que la Generalitat. ¿Y si tenía razón?
Muy poca gente sabe que su modelo nacionalista, a pesar de los escollos y de los problemas que llegaron a surgir, funcionó e incluso fue bien visto por casi toda España, pues se veía a Cataluña como un modelo de referencia a imitar y como un ejemplo de renovación, regeneración y modernización de la política adaptada a los nuevos tiempos. Solamente los partidos de izquierdas y algunos focos más rebeldes ubicados en Madrid se opusieron, así como políticos como Juan de la Cierva, profundamente anticatalanista. Prácticamente ha sido la única vez en la historia que el nacionalismo catalán haya sido visto con buenos ojos fuera de Cataluña. La razón se debió a que no rompía esa “unidad” de España porque no rechazaba al estado y porque aceptaba a la Monarquía (a pesar de algunas diferencias con el rey Alfonso XIII) como la institución que aseguraba y garantizaba esa “unidad”. Es de Cambó el lema “ni separatismos ni asimilación”, un catalanista y nacionalista que se consideró a sí mismo como un gran patriota catalán y a la vez un gran patriota español, orgulloso de haber servido a Cataluña a través de la Lliga Regionalista “fent país” y también a España como ministro de Hacienda y de Fomento. Pocas veces un catalán nacionalista había tenido tanto prestigio y respeto por todo el país, incluso en territorios como Madrid y Extremadura. Posiblemente el último que también logro alcanzar esta cumbre haya sido Josep Tarradellas.

Cambó, en sus memorias, se ve un hombre realmente muy conservador, muy de derechas, incluso un poco autoritario, favorable a la pena de muerte y a la aplicación de la mano dura para restablecer el orden, y católico practicante. Si hoy día viviera, muchos le tacharían de “facha” e incluso de “traidor a Cataluña” a pesar del amor que profesó hacia su tierra, pues en realidad jamás dejó de ser un “català de la crosta”. Sin embargo, de la manera como narra sus memorias, se observa a la vez un hombre autocrítico, sin grandes ínfulas de superioridad a pesar de hacer referencia a sus éxitos y a su prestigio, e incluso sensible y hasta irónico, llegando en este último caso a arrancarte más de una sonrisa.
Con respecto a su conservadurismo, en sus capítulos se puede llegar a entender por qué él era así. Nunca simpatizó con las izquierdas porque, según decía, odiaba la demagogia. Su punto de vista hacia los partidos de izquierdas y hacia políticos también de izquierdas es lo que hoy día se ha camuflado porque no interesa decirlo en voz muy alta. Así, por ejemplo, definía a muchos grupos de izquierdas y anarquistas casi como a terroristas por sus actos de violencia hacia los monárquicos y los conservadores e incluso hacia quienes se opusieran a sus ideas, llegando a usar desde piedras hasta cuchillos y pistolas para intimidar y boicotear. En cuanto a personajes destacados, definió a Alejandro Lerroux como el rey de la demagogia, a Francesc Macià como a un hombre muy irascible de impulsos y reacciones primarias, a Pablo Iglesias como un hombre de muy mal genio e incluso violento, a Ferrer i Guàrdia como a un inculto que se hizo millonario gracias a haber heredado la fortuna de su abuela, y a Lluís Companys como a un hombre radical de connotaciones reaccionarias… ¡que en el pasado había sido incluso anticatalanista! ¿Quién se atrevería hoy día a decir en voz alta estas opiniones de estos políticos que parecen tan sagrados e intocables?

Cambó fue además muy crítico con la Segunda República. Para él, aquí empezó la decadencia de la política que daría origen al (mal) modelo actual tan desprestigiado del cual la sociedad tanto desconfía. Aseguraba que la mayoría de partidos republicanos en realidad solo lo eran por conveniencia, y que muchos políticos no tenían las convicciones que la doctrina de su partido establecía, de modo que a partir de la Segunda República dejaron de ser unos intelectuales para pasar a ser unos meros “políticos de oficio” en tanto que la política se convertiría en una profesión para ganarse la vida y nada más, pasando las ideas del partido en un plano secundario.
Sin embargo, a pesar de su fuerte conservadurismo, de su rectitud moral y de su talante severo, era contrario a las dictaduras. Tanto el régimen de Primo de Rivera como el de Franco los consideró unos lastres para España. Se ha hablado acerca del apoyo de Cambó hacia Franco. Se trata de una verdad a medias. Dicho apoyo se debió a qué creía que la Guerra Civil se hacía para restablecer la Monarquía y llegar a un orden constitucional anterior al de 1923. Sin embargo, al ver que no fue así y que el resultado degeneraró hacia un régimen dictatorial, se desengañó profundamente y se exilió.

Cambó nunca dejó de ser un gran catalanista. Sin embargo, políticos como él han dejado de ser bien vistos en la actualidad porque casi todo movimiento nacionalista ha optado por hacer un giro independentista. Y encima, bastó con que José María Aznar hablara del catalanismo ejemplar que profesó, con lo cual, gracias a ese uso pervertido de tan insigne figura, ha sido perfecto para enterrarlo y olvidarlo. Lo mismo ha sucedido con Tarradellas, de quien hablan muy bien partidos antinacionalistas como Ciutadans, siendo algo a mi parecer incomprensible.
Actualmente, aplicar el nacionalismo de Cambó, igual que el de Josep Tarradellas, en parte no tendrían mucho sentido porque fueron coyunturales a unos tiempos y a unas circunstancias históricas que se dieron. Sin embargo, esos nacionalismos tuvieron cosas muy buenas por su capacidad de conciliación y de concordia con el Estado al no aceptar el separatismo pero tampoco la asimilación, y son esos y otros elementos que no se han recuperado ni han tenido continuación y que tal vez habrían permitido que el resto de España nos hubiese entendido e incluso nos hubiese respetado. De haberse aplicado, tal vez Cataluña volvería a ser la referencia española y mundial que fue una vez entre finales del siglo XIX y principios del XX desde un punto de vista político, cultural y económico. Era el auténtico “fer país” entendido no precisamente como una proclamación secesionista.
En la actualidad, hace falta esa renovación del catalanismo político, que recupere los valores y los principios de sus viejos maestros, concretamente aquellos que se puedan aplicar para regenerar la política y que permita establecer una conciliación y una concordia con el Estado, y sobre todo es necesario forjar a un nuevo grupo de hombres y mujeres intelectuales políticos y artistas que, como los antiguos, tengan sólidas convicciones ideológicas, resuciten aquel pasado glorioso de Cataluña y conviertan a esta “nación histórica” nuevamente en el motor de España y un punto de referencia mundial.

domingo, 21 de marzo de 2010

¿Quina Diagonal volem?

MANIFESTACIÓ "DIAGONAL PER A TOTHOM". Font: www.tramvia.org
Darrerament es debat al voltant de la reforma de l’avinguda Diagonal de Barcelona. El projecte pretén una reforma d’aquesta via entre la plaça de Francesc Macià i la plaça de Mossèn Jacint Verdaguer, amb el propòsit de prioritzar el vianant i el transport públic per damunt del cotxe. En definitiva, es vol humanitzar i democratitzar l’espai d’aquest passeig. Malgrat que ara se’n parla i aviat es procedirà a fer una consulta popular, la idea no ve d’ara sinó de més lluny, de l’any 1989, arrel de la proposta de fer passar el tramvia pel llarg de l’avinguda, i que uniria les actuals xarxes del Trambaix amb la del Trambesòs.
Es plantegen tres opcions. L’opció A seria la transformació en un bulevard, amb amples voreres laterals i calçades laterals per als automòbils més un espai central dedicat al transport públic (tramvia i autobusos) i a les bicicletes. L’opció B seria la implantació d’una rambla central, idèntica a l’existent entre la plaça de Mossèn Jacint Verdaguer i Diagonal-Mar. En els laterals circularien els automòbils, el transport públic (tramvia i autobusos) i les bicicletes. Finalment, l’opció C, consistiria en no efectuar cap mena de reforma i deixar l’avinguda Diagonal tal i com està ara, renunciant fins i tot a la implantació del controvertit tramvia.

OPCIÓ A: BULEVARDS. Font: El Periódico de Catalunya (19/03/2010)

Aleshores, quina seria l’opció més idònia a triar? No es tracta d’un plantejament fàcil. Ara bé, és necessari que la xarxa de tramvia s’estengui per la ciutat i arraconar prejudicis, que no són altra cosa més que tòpics deguts al desconeixement d’aquest mitjà de transport. No es tracta, tampoc, de criminalitzar ni de titllar d’ignorants als qui s’oposen, doncs és també una opció nat democràtica i legítima com les altres. Tant sols m’interessa plantejar un punt de vista, coincident amb els criteris de l’Associació per a la Promoció del Transport Públic (www.laptp.org). Aquesta entitat, fa pocs anys, va editar un decàleg pel qual calia “canviar el xip” en favor del tramvia, i crec que és perfectament aplicable al cas de l’avinguda Diagonal. Els punts a favor que van elaborar són:
1. Rapidesa. Bona velocitat comercial al anar per plataforma reservada i major cobertura territorial al efectuar més parades que el metro, que són més accessibles al trobar-se al carrer.
2. Democratització de l’espai públic, degut a què l’automòbil perdria la seva hegemonia en benefici de la ciutadania.
3. Rendibilització de l’espai. Així, per exemple, l’espai que ocupen 174 cotxes equival a 3 autobusos, que equival a un sol comboi de tramvia. És a dir, que no resta capacitat de transport.
4. Més seguretat, gràcies a la plataforma reservada, a la prioritat semafòrica i al poc espai que requereix per a frenar. Actualment es diu que els automòbils són cada vegada més ecològics i, qui sap si en un futur no gaire llunyà, deixaran de contaminar al no consumir combustibles derivats del petroli. Això seria una bona notícia de cara a contribuir a un món més net, però encara que s’arribés a aquesta fita, el cotxe continuarà essent insegur i contribuirà als col·lapses circulatoris, perquè només es resol una part del problema, no tot.
5. És independent al col·lapse. La xarxa d’autobusos és insuficient i pot arribar a autosaturar-se si es proposa com a únic mitjà per a reduir el trànsit d’automòbils. el reforç dels serveis és limitat. El cotxe privat és el responsable del seu propi col·lapse. Sovint, es parla de què manquen aparcaments i més carrers a Barcelona, doncs jo dic que sobren cotxes i que cal reforçar el transport públic. Així, per exemple, si per anar d’un punt A a un punt B qualsevol del territori es pot accedir còmodament amb transport públic, aleshores, per què s’ha d’agafar el cotxe?
6. Accessibilitat de persones de mobilitat reduïda i de bicicletes i cotxets.
7. Més ecològic, degut al seu alt rendiment energètic, al seu baix consum i a l’ús d’energies netes.
8. Més econòmic, en quant a construcció i manteniment.
9. Integrable urbanísticament i, a més, contribueix a la regeneració urbana d’espais degradats.
10. I és amic del vianant, perquè la seva convivència és fàcil, tal i com ho demostren els centenars de casos de ciutats europees. Resulta molt trist que en el nostre país volem ser més europeus que ningú, però mentre a l’estranger, quan es fa un projecte urbanístic la gent pregunta “per on passarà el transport públic?”, aquí encara ens preguntem en primer lloc “per on passarà el meu cotxe i on podré aparcar?”. I això és molt trist.

OPCIÓ B: RAMBLA. Font: El Periódico de Catalunya (19/03/2010)

Actualment l’avinguda Diagonal ha deixat d’ésser una via ràpida perquè aquesta funció la fan les Rondes. L’opció del metro o dels FGC és molt cara i les parades tindrien una equidistància superior a la del tramvia, impedint una acurada cobertura territorial. El tramvia, en canvi, té una capacitat de captació d’usuaris superior al metro a la vegada que atorga més espai al vianant i al transport públic.
Per tant, considero que el tramvia és imprescindible que hi sigui present i uneixi les dues xarxes actuals del Trambaix i el Trambesòs. No sóc, en canvi, partidari de suprimir o reduir els serveis d’autobús, ja que es un mitjà complementari indispensable que pot conviure perfectament amb el tramvia perquè desenvolupa unes funcions urbanes diferents. No es tracta de transvasar clients de l’autobús al tramvia, sinó de transvasar usuaris del cotxe al transport públic. Es parla de què el districte de l’Eixample haurà d’absorbir un gran volum d’automòbils que deixaran de circular per l’avinguda Diagonal. Doncs bé, enfront aquesta onada automobilística que tant amenaça la tranquil·litat de molts veïns, la solució passa per millorar la xarxa de transport públic per l’Eixample, amb una bona xarxa d’autobusos que disposin d’òptims carrils-bus per a la seva fluïdesa, així com prioritat semafòrica. Fins i tot, no s’hauria de descartar la possibilitat de crear nous serveis, alguns dels quals podrien esdevenir línies exprés, amb uns recorreguts en funció de la mobilitat regular de la xarxa d’automòbils. En resum, tota la xarxa de transport públic, malgrat les seves pròpies funcions, és complementària, i per tant tota la força no pot recaure exclusivament en el tramvia. Si l’autobús al seu pas per l’Eixample no es reforça ni es millora, poca cosa es podrà aconseguir. Cal evitar intervals de pas superiors als 10 minuts o més i les llargues esperes a les parades, i a les hores punta és necessari arribar a intervals de cada 5 minuts o menys, de manera que si una persona perd un autobús, tingui la tranquil·litat i la certesa que ben aviat n’arribarà un altre sense haver de témer a fer una llarga espera i a patir les massificacions de gent per vehicle que això comporta.

OPCIÓ C: SENSE REFORMAR. Font: El Periódico de Catalunya (19/03/2010)

Pel que fa a les opcions A, B i C, us diré que descartaria la C perquè optar a no fer res seria una molt mala i trista notícia, i per això em debatré entre les altres dues. L’opció A seria una votació amb el cap, al meu parer la més racional per les facilitats que donaria als vianants, als cotxes, al tramvia, a l’autobús i a les bicicletes, que tindrien una compatibilitat absoluta al llar de l’avinguda Diagonal. L’opció B seria una votació amb el cor, per la tradició que representaria tenir una rambla, la qual seria la més llarga de Barcelona i, possiblement, del món.
Però finalment, el meu vot serà per l’opció A. Tal i com argumenta l’Associació per a la Promoció del Transport Públic, el tramvia tindria un espai més dimensionat, l’autobús disposaria d’un espai reservat i d’elevades freqüències de pas, i les bicicletes podrien circular de manera protegida i aïllada sense interferir als vianants com ara passa. A més, un bulevard sempre resultaria més segur i confortable que no pas una rambla que es trobaria rodejada de trànsit a banda i banda. En definitiva, tots els elements (vianants, transport públic, bicicletes i automòbils) estarien protegits i segurs sense que uns interferissin sobre els altres. Això també facilitaria l’optimització de l’automòbil per al veïnat i el comerç, tot dedicant les calçades a la circulació i a espais destinats per als taxis i a zones de càrrega i descàrrega. A més de tractar-se d’una operació menys difícil i costosa, també contribuiria a salvar la majoria dels arbres de l’avinguda.
Ara només cal esperar l’obertura de la consulta i anar a votar.