domingo, 6 de septiembre de 2026

Yo, con Ceuta


Tras un paréntesis de descanso vacacional y ocupado en asuntos varios regreso nuevamente a reactivar el presente blog. Lo hago aprovechando un tema de actualidad y no precisamente exento de polémica como es la crisis migratoria en la ciudad autónoma de Ceuta, cuya casa regional barcelonesa celebra en el presente año seis décadas de su fundación. La existencia de esta entidad cultural no es casualidad, pues históricamente existen muchos vínculos históricos entre catalanes y ceutíes, algo realmente desconocido para la mayoría. Ya en el siglo XIII, en tiempos del rey Jaume I, cuando Ceuta disponía de un importante puerto marítimo hubo la presencia de comerciantes catalanes trabajando en los arrabales de la ciudad. En 1274, la dinastía de los benimerines y la Corona de Aragón firmaron el Tratado de Barcelona, un acuerdo económico y militar a través del cual, por el pago de una gran suma de dinero, consiguieron el apoyo de la flota aragonesa para tomar Ceuta. En 1339 en el marco del control de las rutas comerciales del Estrecho de Gibraltar, el almirante de la Armada Real Jofre Gilabert de Cruïlles partió de Barcelona con sus galeras para librar batallas navales directamente frente a las costas de Ceuta.
Durante los siglos XIV y XV abundaban comerciantes, aventureros y mercenarios procedentes de Barcelona que usaban Ceuta como un enclave crucial de paso e intercambio. En el siglo XVIII pequeños y medianos comerciantes catalanes que, si bien no eran numerosos pero sí muy influyentes, se asentaron de Algeciras a Ceuta. Durante la Guerra de Sucesión, el cuerpo de infantería ligera conocido como Tercio de Barcelona, restituido por el militar Manuel Llovet, se destinó a Ceuta que sufría un asedio constante por el sultán de Marruecos, Ismaíl de Udán. En aquél momento era gobernador militar de la ciudad ceutí el catalán Josep Agulló i Pinós, marqués de Gironella, lo cual permitió establecer vínculos institucionales entre Cataluña y Ceuta.


Ya en el siglo XIX el Padrón de Contribución Industrial y Urbana de Ceuta de 1845 muestra constancia de la presencia de apellidos catalanes como Huguet, Fans, Carbonell, Mas, Hubert, Guibert y Ruell, entre otros. En la Guerra de África de 1859-60 hubo una notable representación de voluntarios catalanes, pues la ciudad ceutí era, en aquél entonces, plaza militar. Allá permanecieron el Regimiento de Barcelona, el Batallón de Cazadores de Barcelona y el Batallón de Figueres. En 1875 el padrón indica la existencia de un total de 171 catalanes de cuyas profesiones destacaban jornaleros, silleros, curtidores, albañiles, carpinteros, joyeros, impresores, marchantes y comerciantes. En ese mismo año el Penal de Ceuta, de un total de 2.131 presos se contaban 163 catalanes. En 1898 el padrón tenía registrados a 59, de los cuales 25 eran hombres y 34 mujeres. Entre los hombres constaban cinco militares, un maestro, un fotógrafo, un relojero, cuatro familiares de militares y dos de presos. Entre las mujeres había once religiosas (siete de las cuales de la Comunidad de Madres Concepcionistas y seis de la de Hijas de la Caridad), cinco familiares de militares, tres de confinados y dos separadas.
A finales del siglo XIX hubo una importante presencia de religiosas catalanas, las cuales llegaron a Ceuta gracias al gobernador eclesiástico del Obispado y Deán de la Santa Iglesia Catedral, Josep Xiqués i Soler, doctor en teología y de origen catalán. Había las Hermanas de la Caridad (a cargo de la administración de la Santa y Real Casa de la Misericordia, dependiente de la Diputación Provincial de Cádiz) y las Madres Concepcionistas (a cargo del Colegio de la Inmaculada Concepción). Aparte de religiosos también hubo funcionarios, militares y familias dedicadas al comercio y la industria, todos ellos catalanes. El negocio de la fotografía ceutí estuvo también muy vinculado con Cataluña con la presencia de fotógrafos como Liuís Arbona Rodríguez, los hermanos Gonçal y Baldomer Casas i Fontanals y Marcel·lí Cía González.


En el siglo XX consta la presencia de la Aseguradora de Incendios “La Catalana” y el Colmado Catalán. Hacia el año 1913 el Ateneo Mercantil de Ceuta era punto de encuentro de la Colonia Catalana de Ceuta, una agrupación social y cultural formada por residentes, comerciantes y soldados de origen catalán afincados en la ciudad. En 1918 abrió la Tintorería Catalana, fundada por el tintorero barcelonés Agustí Fornet i Borràs, En 1936 el padrón contabilizaba en el municipio ceutí un total de 470 catalanes. Llegados a los años 50 la Colonia Catalana de Ceuta empezó a celebrar anualmente cada 27 de abril con una misa en la Iglesia de África y una fiesta en los jardines de San Amaro el día de su patrona, la Virgen de Montserrat. Años después organizaban festivales de danzas populares de folclore catalán y bailes de sardanas en espacios como la plaza de África y la plaza del Teniente Ruiz.
El 6 de febrero de 1966 se acordó formalmente la fundación de la Casa de Ceuta en Barcelona con el propósito de que las comunidades ceutíes mantuviesen un vínculo con su tierra. En esa fecha, tras varias reuniones previas, un grupo de dichos ciudadanos eligió una junta gestora inicial, siendo su primer presidente el doctor Navarro. Poco después, el 6 de marzo de 1966, publicaron un anuncio en La Vanguardia Española para hacer un llamamiento general a toda la comunidad caballa en Cataluña, consolidando así de manera definitiva la base de la entidad cultural. Durante sus primeros años no disponían de un local propio e independiente, por lo que las reuniones de la junta y los socios se llevaban a cabo de forma itinerante usando domicilios particulares, despachos profesionales de los fundadores y espacios compartidos. En 1974 se integró en la Casa de Andalucía con el nombre de “Amigos de Ceuta”, cuya sede se ubicaba en el número 59 de la Via Laietana. En 1979 inició una segunda etapa bajo la denominación Casa de Ceuta Virgen de África con un nuevo impulso y la realización de varias actividades, siendo la más destacada la celebración por primera vez del Día de Ceuta en Barcelona, el 2 de septiembre. Finalmente, en 1994 se inauguró la sede definitiva de la entidad en el número 1 de la plaza de la Mare Nazària Ignàcia March, muy cerca del Centre Cívic del Besòs i el Maresme, en unas instalaciones cedidas en su día por el propio Ayuntamiento de Barcelona.


Tras repasar brevemente los vínculos históricos entre Cataluña y Ceuta que suman más de 800 años el actual problema que padece la ciudad autónoma debido a la entrada masiva de inmigrantes me motiva a hacer unas reflexiones personales. Mi posición es clara y concisa: yo, con Ceuta y devolución inmediata a Marruecos de todos los allegados ilegales, incluidos los menores de edad. Llámenme inhumano, racista, facha o lo que ustedes gusten, pues tengo claras mis convicciones y ningún improperio me hará temblar el pulso u opinar lo contrario. La actuación del Gobierno español resulta, desde mi perspectiva, impropia de un estado fuerte, valiente, seguro y con autoestima. Merece recordar cuando en 1978 el entonces rey de Marruecos Hassan II le dijo al entonces presidente del Gobierno Adolfo Suárez “¿Usted sabe que Ceuta y Melilla no tienen defensa ante una invasión por sorpresa de Marruecos?”, éste le respondió: “Sabe usted que, si eso sucediera, podríamos bombardear Rabat, o Casablanca, en tan solo 48 horas”. Eran otros tiempos y otro nivel cuando en política había estadistas de verdad, incluso el expresidente Felipe González y el rey emérito Juan Carlos I hubiesen evitado una situación de crisis como la actual. Y yendo más lejos, en Cataluña el presidente Josep Tarradellas hubiese mostrado su apoyo incondicional a Ceuta ofreciéndose a disposición de lo que hiciese falta.
Seamos sinceros, ¿cuál sería la reacción de cualquier país del mundo si de pronto cruzaran la frontera tantos extranjeros en masa? La respuesta parece lógica y evidente, siempre y cuando su presidente o jefe de Estado tenga una mínima coherencia y sentido común. Incluso países considerados democracias avanzadas como Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Holanda, Suiza, Australia y Canadá enviarían sin reparos algunos órdenes formales de expulsión hacia quienes se negaran a marcharse voluntariamente. Ello no responde a criterios racistas. Al contrario. Todo inmigrante que venga a trabajar y se integre es bienvenido. Integración no significa renegar de las raíces sino respetar las leyes, los valores, las tradiciones y las costumbres del país receptor. Es de este modo que se puede establecer una relación intercultural en la cual forastero y autóctono comparten experiencias y se enriquecen mutuamente. Por el contrario, esta simbiosis no es posible cuando no existe voluntad de integración por ignorancia o superioridad moral y se opta por tomar caminos marginales que lleven a la delincuencia y al trapicheo, generando así un conflicto social y graves problemas de convivencia entre autóctonos y forasteros.


Solo un 13% de la población española es racista, una actitud de intolerancia que a menudo se confunde con el instinto de preservación, pues nadie con dos dedos de frente quiere que su identidad territorial desaparezca, ni en España ni en ningún país del mundo. Todas las culturas y religiones son dignas de ser respetadas y al alcanzar ese nivel es factible un diálogo intercultural e interreligioso que permita poner puntos en común en tanto que todos los seres humanos tenemos particularidades que nos hacen universales y menos diferentes entre sí de lo que pueda parecer. Sin embargo deben de excluirse aquellas prácticas y costumbres tanto culturales como religiosas que sean incompatibles con los valores de la democracia, que vulneren los derechos humanos y la dignidad de las personas. Sin lugar a dudas, en España faltan políticas sólidas de integración por lo que muchos inmigrantes, tras cruzar la frontera, quedan abandonados a su suerte. Aunque existe buena voluntad de asociaciones y entidades vecinales y culturales que en los barrios populares fomentan la integración y la convivencia a través del deporte, la música o la gastronomía, entre otras facetas, resulta insuficiente por falta de recursos. Aún así, son dignas de valorar su esfuerzo por construir una sociedad mejor.
Para nada apoyo a aquellos colectivos endofóbicos favorables a la entrada masiva de inmigrantes y que hacen uso perverso de la diversidad étnica, cultural y religiosa con fines ideológicos y revanchistas, en base a que Occidente, debido a su pasado colonialista y esclavista, debe pagar por sus pecados dejándose invadir, a modo de karma, aunque ello suponga la desaparición de nuestra cultura, nuestros valores, nuestro sistema y nuestra identidad. Conmigo que no cuenten.


Fotos: Ricard Fernández Valentí. Manifestación en defensa de Ceuta celebrada el 2 de septiembre en la plaza de Sant Jaume de Barcelona.

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