viernes, 31 de mayo de 2013

Parada 300: el tranvía 48


Coincidiendo con mi 42º aniversario, hemos llegado a la parada número 300 de este blog. Durante todo este tiempo, el tranvía 48 ha viajado por un largo e intenso recorrido lleno de artículos de opinión y de historia local que se inició el 5 de noviembre del año 2008. Al tratarse de una doble celebración, he creído oportuno brindar con una entrada especial pendiente de publicar y que da nombre al presente blog: la historia del tranvía de la línea 48, con la cual se completaría la serie de artículos dedicados a los transportes de la barriada de Can Tunis.
Remontándonos a sus orígenes, el 23 de junio de 1877 el empresario Joan de Maza presentó un proyecto de tranvía que comunicara el centro de la ciudad con la barriada de Can Tunis, justificando como necesidad y ventajas del servicio el incremento de construcciones en las Hortes de Sant Bertran, de almacenes y edificios en la playa de Can Tunis y las obras de ampliación del puerto de Barcelona. Inicialmente, esta nueva línea no se preveía para pasajeros sino solamente para el transporte de arena de la playa y de piedra procedente de las canteras de la montaña de Montjuïc. Sin embargo, el proyecto no fue aprobado hasta el 5 de diciembre de 1884 mediante una Real Orden que estableció algunas modificaciones con respecto al proyecto original.


Una nueva memoria del 23 de noviembre de 1886 justificaba nuevamente las ventajas de la nueva línea haciendo referencia al barrio del Poble Sec como un importante núcleo urbano, al aumento de los almacenes en la zona portuaria y a la existencia de equipamientos generadores de movilidad ciudadana como el Café Miramar, la estación ferroviaria de Vilanova en el muelle de Sant Bertran, el nuevo cementerio, unas atarazanas, el hipódromo, la fábrica de electricidad sita en la calle del Marqués del Duero (Paral•lel) y la fábrica de productos químicos cerca de la Font de la Puda. Entonces ya se consideraba como un servicio regular de pasajeros y no de mercancías.
Iniciadas las obras de construcción pronto fueron suspendidas porque la carretera de Can Tunis todavía no había sido cedida al Ayuntamiento de Barcelona. Al poco tiempo la concesión de la línea fue traspasada al Banco de Villanueva, entidad que nada hizo para avanzar trabajos constructivos alegando que se trataría de un servicio deficitario, lo que llevó a un nuevo traspaso por 50000 pesetas a la sociedad Compañía Central de Ferrocarriles y Tranvías de España. Esta empresa introdujo leves modificaciones en el proyecto, como el cambio del ancho de vía, pasando de 1,43 metros a 1 metro y la sustitución de la tracción animal por la eléctrica.


Ello fue autorizado por el Ministerio de Agricultura, Industria y Comercio y Obras Públicas el 1 de febrero de 1905. No obstante, ello tampoco permitió un gran avance en las obras constructivas porque un tramo de la calle de Vila i Vilà (entre el paseo de Colom y la calle de Carrera) todavía no estaba abierto y algunos terrenos, propiedad del ferrocarril MZA no eran fáciles de adquirir. Tales razones motivaron a solicitar un año de prórroga para terminar las obras, concesión que fue otorgada el día 23 del mismo mes y año. Dicho tramo sin construir de la calle de Vila i Vilà, una vez abierto pasó a pertenecer a la compañía tranviaria, lo que obligaba a ser vigilado y a prohibir el paso de peatones debido a su estrechez. El 23 de junio siguiente se pidió autorización para el montaje de la cochera ubicada al final de la línea, en Can Tunis.
Terminadas las obras de construcción, una Real Orden de 15 de junio de 1905 concedió el traspaso de la futura línea a la compañía Tranvías de Barcelona a San Andrés y Extensiones. El 12 de mayo del mismo año tuvo efecto el reconocimiento técnico cuyo resultado fue satisfactorio. Finalmente, el 19 de mayo del mismo año 1905 fue inaugurado el servicio “Ramblas-Casa Antúnez”, sin distintivo numérico.


La línea partía de la Rambla a la altura de la calle del Portal de Santa Madrona, y seguía por esta misma calle, Palaudàries, Vila i Vilà (regresando por Conde del Asalto), Marqués del Duero (Paral·lel), carretera del puerto y carretera de Can Tunis hasta Mare de Deu del Port. El billete del trayecto completo era de 15 céntimos, y los trayectos intermedios de la Rambla a Miramar y de Miramar a Can Tunis de 10 céntimos. Hasta el 17 de junio siguiente no fue posible poner en servicio la línea completa debido al retraso en la obtención del permiso para instalar rosetas de soporte de la catenaria en la calle del Conde del Asalto (Nou de la Rambla), lo que obligó a los tranvías a circular temporalmente en vía única en el tramo de la Rambla hasta la calle de Vila i Vilà. Para la explotación se usaron entre seis y ocho vehículos de la serie 401-412 con remolques de dos ejes de la serie 19651-1668. Entre 1906 y 1909 se usaron coches motores de la serie 446-451 y a partir de 1910 vehículos de la serie 455-457.


Cuando eran fechas señaladas como Todos los Santos y los Fieles Difuntos se reforzaba el servicio para los visitantes con destino al cementerio de Montjuïc, algo que a menudo resultaba complicado por la presencia de tramos en vía única con apartadores. El trayecto era bastante difícil en el tramo comprendido entre la carretera del puerto cuando llovía porque ello ocasionaba desprendimientos en la montaña de Montjuïc que obligaban a interrumpir el servicio durante varias horas e incluso días hasta que las brigadas no finalizaban los trabajos de limpieza. 
El 1 de octubre de 1911 el servicio pasó a manos del Marqués de Foronda, director de Tranvías de Barcelona, que compró el 75% de las acciones de Tranvías de Barcelona a San Andrés y Extensiones. Fue entonces cuando la línea pasó a disponer el distintivo numérico 48. La terminal de Can Tunis estaba congestionada por el elevado tránsito de camiones hacia las fábricas y de automóviles hacia el hipódromo y el campo de aviación. Es por ello que se planteó separar el final de la línea de la carretera, proyecto aprobado el 2 de junio de 1925 por el Ayuntamiento de Barcelona el cual sugirió la entrada al cementerio. Los trabajos finalizaron en marzo de 1926.


El 3 de agosto del mismo año 1926 se produjo un grave incidente cuando una piedra de la montaña de Montjuïc se precipitó sobre un tranvía ocasionando importantes destrozos y algunas víctimas. La compañía llegó a atribuir el accidente como un hecho intencionado. Otros incidentes similares se produjeron el 24 de enero, el 27 de febrero, el 7 de noviembre y el 21 de diciembre del año 1928 y el 3 de octubre de 1929. Tras numerosas presiones por parte de la compañía, el Ayuntamiento de Barcelona destinó un presupuesto de 250000 pesetas para prevenir nuevos desprendimientos y mejorar la seguridad.
A modo de curiosidad, mencionar que al inaugurarse el tramo ferroviario entre la Bordeta y el puerto de Barcelona de la Compañía General de los Ferrocarriles Catalanes el 24 de noviembre de 1926, el tramo de vía comprendido entre el paso a nivel de los ferrocarriles de MZA hasta Can Tunis lo compartieron los trenes de mercancías de la citada Compañía y el tranvía. Aunque ello dio pie a alguna anécdota, no se conocieron accidentes graves.


Al estallar la Guerra Civil, el servicio pasó a depender de la CNT que colectivizó a casi todas las compañías de transporte público de la ciudad. A medida que avanzaba el conflicto bélico, las restricciones de electricidad obligaron a menudo a suspender temporalmente el servicio. En marzo de 1938 la línea abandonó su trazado por el Barrio Chino y limitó su recorrido en la avenida de Francesc Layret (Paral·lel).
Ya entrada la posguerra, en 1939 el tranvía pasó a tener su nuevo origen y final en el Paral•lel. Desde la calle de Vila i Vilà giraba por Palaudàries, Marqués del Duero (Paral.lel), Conde del Asalto (Nou de la Rambla) y nuevamente Vila i Vilà porque se aplicó sentido único con la supresión de una de las controlas en los tranvías. El 16 de marzo de 1948 prolongó su recorrido hasta el Pla del Palau, pasando a circular en ambos sentido por la plaza del Portal de la Pau, paseo de Colom, plaza de Antonio López y paseo de Isabel II. Este cambio se aprovechó para estrenar nuevo ancho de vía. Desde entonces pasó a disponer vehículos de las series 200 y 800 con remolques.


El 2 de octubre de 1951, a causa de un importante desprendimiento de tierras de la montaña de Montjuïc se suspendió temporalmente el servicio para reanudarse parcialmente el día 14 siguiente entre el Pla del Palau y Miramar. El 7 de enero de 1952 se pudo prolongar hasta el Morrot y el día 18 de febrero siguiente se creó como complemento la línea provisional 49, con un recorrido desde el paso a nivel de RENFE hasta el barrio de Can Tunis, prolongándose al cabo de tres días hasta el Morrot para enlazar con la línea 48, la cual no pudo restablecer su recorrido el 29 de abril siguiente. Como consecuencia, la línea provisional 49 fue suprimida en esa misma fecha al abrirse nuevamente la carretera.


El 9 de enero de 1963 hubo otro desprendimiento de rocas de la montaña de Montjuïc que obligó nuevamente a limitar su recorrido. Ante los problemas que ocasionó este fenómeno y las grandes dificultades técnicas para remediarlo, el 7 de abril siguiente la línea 48 de tranvías llegó a su fin, siendo sustituida por la línea H de autobuses que prolongó su recorrido desde Can Tunis hasta las Drassanes. En el aviso al público se decía literalmente que esta sustitución venía motivada "para suprimir el molesto y forzoso transbordo a que actualmente están obligados los usuarios de servicio 48 de tranvías", aunque tal disposición en realidad respondió a la política de supresión de la red tranviaria de Barcelona.


Esta es la historia del tranvía de la línea 48, que ha dado nombre al presente blog para recordar que buena parte de mis raíces familiares debo situarlas en la desaparecida barriada barcelonesa de Can Tunis, y para homenajear a la memoria de mi madre. Mis antepasados fueron usuarios asiduos por unas u otras razones. Mi bisabuela Valentina viajaba para ir a su punto de ocio favorito, el Paral·lel de antaño, ágora del mundo del espectáculo barcelonés, donde frecuentaba el Café Español. Mi abuela Rosita tomaba el tranvía para ir hasta el monumento a Colón y de allí transbordar con otra línea hasta el paseo de Gràcia para trabajar como criada en la casa del matrimonio Sanglas, dueños de una popular marca de motocicletas.


Mi madre Griselda usaba el 48 cuando era una niña para ir al cine Hora del Paral·lel y disfrutar de su afición al séptimo arte deleitándose de un programa doble con varietés incluidas, comprar en los comercios de las viejas calles del Barrio Chino, o incluso subir hasta el Pla de l’Os de la Rambla para recibir una ración de sopa de racionamiento, y si era posible que le añadiesen una cucharada sopera más a cambio de cantar una canción. Fue en ese mismo tranvía donde mis padres se conocieron. Mi padre Tomás, con mis abuelos paternos y tíos llegados de Almería se asentaron en las barracas de Can Tunis. Él viajaba diariamente para traer dinero a la familia porque era el hermano mayor, trabajando duramente en la fábrica Proas de productos asfálticos del muelle de Sant Bertran, y esporádicamente de camarero en algún bar restaurante del Paral·lel, como peón de obras o transportando carbón en carros. Demasiados recuerdos, emociones, sentimientos e historias que una modesta línea de tranvías ha traído consigo, pero que con el tiempo me ha hecho entender que una de mis funciones de mi vida a la que estoy llamado es a reivindicar, recuperar, difundir y transmitir la memoria histórica de mi ciudad.


El tranvía 48 continúa su recorrido estableciendo parada en los próximos artículos que deseo sean de vuestra satisfacción. Agradecer a todas aquellas personas que me siguen fielmente como pasajeros de esta línea, y dar la bienvenida a los futuros usuarios que me descubran.

lunes, 27 de mayo de 2013

Una aproximación a la prensa de barrio de la Barcelona de los años setenta


La prensa de barrio en Barcelona surgió como un medio práctico para difundir a la población las campañas y los idearios de las asociaciones y entidades que las fundaron con el propósito de crear una conciencia social y un movimiento solidario. La eclosión de estos movimientos fue una consecuencia y una reacción ante la crisis urbana que se vivía incluso a nivel nacional, expresada como una corriente sociocultural, ciudadana e incluso política avanzada que intentaba la transformación de una sociedad en crisis cuya resolución de todos los problemas solo podía pasar por el cambio hacia un régimen democrático que parecía avecinarse. El principal factor que originó estos movimientos fue la reacción ante las actuaciones urbanísticas aplicadas que se derivaban del Plan Comarcal de 1953, que generaron una serie de conflictos provocados por las expropiaciones de viviendas, desplazamientos forzados de población, situaciones catastróficas o peligrosas y la insuficiencia de equipamientos.


Aunque existieron claros antecedentes en los años sesenta, fue en la década de los años setenta cuando se produjo el apogeo y la máxima expansión de la prensa de barrios en Barcelona, a la vez que prácticamente tomó la forma y el estilo moderno que nos ha llegado hasta hoy. Por un lado hubo una producción desarrollada a través de las asociaciones vecinales, y por otro las ediciones de sectores sociales más avanzados políticamente que aprovecharon la mayor permisividad ofrecida por la Ley de Asociaciones de 1964 para dotarse de una plataforma legal de actuación. Las comisiones de barrio habían sido impulsadas principalmente por la organización marxista escindida del PSUC llamada Bandera Roja y por organizaciones católicas independientes. Paralelamente, actuaban diversos núcleos clandestinos que luego pasarían a formar legalmente asociaciones vecinales. El lenguaje críptico que tanto caracterizaba a las publicaciones oficiales fue definitivamente sustituido en esta década por otro lenguaje más comprensivo y cercano a los vecinos, cuyo contenido se centraba en la problemática de los barrios. Revistas como Asociación de Vecinos del S.O. del Besós (de 1962), Quatre Cantons (primera época de 1963 a 1967 de la parroquia de Santa Maria del Taulat), Carrilet (del 1967, del Centre Social Almeda, en Cornellà), La voz del barrio (de 1967, del Centro Social La Florida, en l’Hospitalet de Llobregat) y Besòs (de 1969, de l’Associació d’exalumnes del Sagrat Cor, en Sant Adrià de Besòs) fueron precursores de los boletines que se crearían en la próxima década, algunos de ellos clandestinos y contraculturales.


En 1970 únicamente salió a la luz la revista Butlletí, editada por la Asociación de Vecinos del Barrio de San Antonio. La difusión era uno de los principales problemas de la prensa de barrio, pues solo si reunían la condición sine quanon de “revista” se podían vender legalmente en los quioscos de prensa. Sin embargo, a menudo se desafiaba la ley y muchos quiosqueros sensibilizados por las luchas vecinales y los movimientos sociales se arriesgaron a difundir estas publicaciones bajo la amenaza de una continua persecución por parte de las autoridades.


El año 1971 supuso un notable impulso de la prensa de barrio con respecto al periodo anterior, incluso el asentamiento definitivo de un nuevo lenguaje. Ello coincidió con la formación de las primeras juntas vecinales que empezaron a ver la necesidad de comunicarse con los socios. Así, nacieron los boletines Barrio (Asociación de Vecinos de la Barceloneta), Hoja Informativa (Asociación de Vecinos del Carmelo), El Carmelo (Asociación de Vecinos del Carmelo), Boletín Informativo de la Asociación de Vecinos (Asociación de Vecinos Viviendas del Congreso Eucarístico-Can Ros), Nueve Barrios (Asociación de Vecinos del sector Vallbona-Torre Baró-Trinidad), La Sagrera (Asociación de Vecinos de La Sagrera) y Ciudad Meridiana (separata de la revista 9 barrios). Todas estas publicaciones eran ediciones muy sencillas, formadas por uno o dos folios, dobladas o desplegadas e impresas con ciclostil.


En 1972 esa proliferación disminuyó aunque la calidad de la redacción y la impresión mejoraron gracias a la formación de vocalías de boletines dedicadas a esta clase de publicaciones. Las nuevas revistas se caracterizaron por denominarse igual que el barrio al cual representaban. En ese año salieron a la luz Vallbona (separata de la revista 9 Barrios), Guineueta-Canyelles (separata de la revista 9 Barrios), Verdum-Roquetes (separata de la revista 9 Barrios) Butlletí de l’Asociació de Veïns (Centre Social de Sants) y Parque Valle Hebrón (Agrupación de vecinos y comerciantes del Parque Valle Hebrón).


La confluencia de una serie de factores tanto a nivel de Barcelona como a nivel español que posibilitaron una nueva organización vecinal más madura y politizada se dio en 1973. A partir de este momento, las asociaciones y entidades vecinales encabezaron un potente movimiento reivindicativo ligado a la reclamación de un régimen político democrático. En aquél año aparecieron numerosos boletines, siguiendo el mismo camino tomado por las anteriores mediante la creación de una vocalía de publicaciones. La periodicidad de las publicaciones era irregular, generalmente mensual, bimensual o trimestral, que a efectos prácticos no siempre era posible cumplir por razones técnicas, económicas o de gestión. Aparecieron las revistas Cobasa (Centre Social Besòs), Maresme (Associació de Veïns del Maresme), Full Informatiu (Associació de Veïns del Maresme), Asociación de Vecinos del Grupo La Paz (Associació de Veïns del Grup La Pau), Les Corts (Associació de Veïns de Les Corts), Guinardó (Associació de Veïns Joan Maragall) Trinidad Vieja (separata de la revista 9 Barrios), Quatre Cantons (Parròquia de Santa Maria del Taulat), Poble Nou (Associació de Veïns del Poble Nou), Poble Sec (Parròquia de Sant Pere Claver), Butlletí Associació de Veïns Sagrada Família (Associació de Veïns de la Sagrada Família), Sant Andreu (Associació de Veïns de Sant Andreu) y Los vecinos (Asociación de Vecinos de Nuestra Señora del Port).


En 1974 se intensificaron los movimientos reivindicativos en Barcelona. La capacidad de desarrollar reivindicaciones e iniciativas globales dio prestigio y fuerza a los movimientos asociativos vecinales. Aquél año la revisión del Plan Comarcal y la situación política del país fueron dos grandes caballos de batalla. Los boletines de barrio desarrollaron una importante función informativa a pesar de la modestia y la calidad de las ediciones. La edición de ejemplares oscilaba entre los 500 y los 5000 en función del grado de importancia del tema. En ese año aparecieron las revistas El Bon Pastor (Asociación de Cabezas de Familia del Buen Pastor), Magòria (Cooperativa Magòria), Vila de Gràcia (Associació de Veïns de Gràcia), Horta (Associació de Veïns del Barri d’Horta), Prosperitat (separata de la revista 9 Barrios), Poble Sec (Associació de Veïns del Poble Sec) y Sarrià (Associació de Veïns de Sarrià).


El año 1975 fue especial por el final del régimen franquista y la incertidumbre que generó momentáneamente el futuro. Salieron a la luz los boletines Quart de Casa (Associació de Veïns de la Barceloneta), La Mina (Asociación de Vecinos Polígono La Mina), Clot-Camp de l’Arpa (Associació de Veïns del Clot-Camp de l’Arpa), Butlletí de l’A.V. Poble Nou (separata de la revista Quatre Cantons), Districte Vè (Associació de Veïns del Districte Vè), A.V. Badal-Brasil i adjacents, Coll-Vallcarca (Associació de Veïns Coll-Vallcarca) y Nuestra Voz (Asociación de Vecinos del Turó de la Peira-Vilapiscina-Ramón Albó). En algunos casos muy puntuales algunas publicaciones tenían suscriptores, otras basaban su contenido mediante cómics y dibujos mientras que otras decidían su contenido por votación mediante un método asambleario.


En 1976 se intensificaron las campañas ciudadanas relacionadas con la amnistía, el Estatut y los ayuntamientos democráticos. Las revistas de barrio tuvieron un importante papel como portavoces de campañas populares y como únicos altavoces de los problemas planteados por los vecinos. Igualmente, desde el punto de vista satírico, alcaldes como Massó y Viola fueron objeto de caricatura en las portadas de varias publicaciones.
Salieron a la luz varios boletines, igualando el récord alcanzado en 1973 como una reacción al final del régimen franquista y al crecimiento de las luchas vecinales, y también gracias a la legalización de las asociaciones de vecinos con la llegada del nuevo alcalde Josep Maria Socías. Así, surgieron las revistas Nuestro Barrio (Asociación de Vecinos Besòs-Sant Adrià), Hablan los mudos (redacción asamblearia de los barrios del Besòs), Tu padre (redacción asamblearia de los barrios del Besòs), Casc Antic (Associació de Veïns del Casc Antic), Fent Barri (Associació de Veïns Mossèn Cinto Verdaguer-Eixample Dreta), La veu de l’Esquerra (Associació de Veïns de l’Esquerra de l’Eixample), Xarxa (Associació de Veïns de Navas), Barri de Sant Antoni (Associació de Veïns del Barri de Sant Antoni), El Tramvia Blau (Associació de Veïns de Sant Gervasi de Cassoles), La Xemeneia (Associació de Veïns de Sants-Sol de Baix), Pueblo de Sant Genís (Asociación de Vecinos de Sant Genís y el Lladoner), Montbau (Asociación de Vecinos de Montbau) y Verneda Unida (Asociación de Vecinos de la Verneda Alta).


Llegados a 1977 el movimiento asociativo vecinal se había convertido en una pieza clave en la coordinación y representación de las entidades y grupos que defendían la democracia y en parte decisoria fundamental para la vida pública y política de la ciudad. Casi todas las revistas se imprimían en Offset, e incluso la mayoría pasó a enviarse por correspondencia a los socios de asociaciones y entidades vecinales. En aquél año llegaron a censarse en Barcelona un total de 39 boletines de barrio, una cifra que no se correspondía a la gran cantidad de publicaciones aparecidas hasta el momento. Ello se explica a que algunas de ellas tuvieron una vida limitada. La tirada mensual global era aproximadamente de unos 26000 ejemplares, de los cuales alrededor del 38% estaban escritos en lengua catalana. Como novedades aparecieron las revistas Fanal del Casc Antic (Associació de Veïns del Casc Antic), Portaveu Barri Gòtic (Associació de Veïns del Barri Gòtic), Gent i Barri (Associació de Veïns de Magòria), Circular (Associació de Veïns de Fort Pienc) y Can Baró (Associació de Veïns de Can Baró).


El año 1978 marcó el inicio de un cierto declive no tanto por decadencia o desinterés sino porque casi todas las barriadas, asociaciones y entidades vecinales disponían de su propia publicación. Sin embargo, los contenidos de los boletines empezaron a cambiar en función del contexto histórico con el objetivo de desempeñar un papel adaptado a los nuevos tiempos y a una sociedad democrática. Así, además de las típicas reivindicaciones vecinales, se introdujeron nuevas secciones destinadas a informar sobre fiestas, cultura, historia, artículos de opinión y entrevistas a personajes destacados, entre otras. Solo salieron a la luz las revistas Boletín Informativo (Associació de Veïns de Fort Pienc), Veïnat (Associació de Veïns de La Salut), Vallvidrera (Associació de Veïns de Vallvidrera) y Barrio (Asociación de Vecinos de Sant Martí de Provençals).


Los años 1979 y 1980 fueron una continuación de la línea marcada en 1978, con la aparición de boletines de mayor calidad de impresión y un contenido más variado y comercial no centrado únicamente en reivindicaciones. Este tipo de publicaciones son las que marcarían el estilo a tomar en consideración durante las próximas décadas hasta llegar a nuestros días. En 1979 aparecieron las revistas La Rambla (La Rambla Universidad Popular), Barri Vell (Associació de Veïns del Casc Antic), Parla Barri Gòtic (Associació de Veïns del Barri Gòtic), La Farinera (Ateneu Popular La Farinera), A.V. del Parc (Associació de Veïns del Parc), Carrer Gran (revista independiente), El Badall (revista independiente), Hortavui (revista independiente) y Poble Nou (Associació de Veïns del Poble Nou). En 1980 salieron los primeros números de las revistas L’Estació (Associació de Veïns del Clot-Camp de l’Arpa), Butlletí Associació de Veïns Les Corts (Associació de Veïns de Les Corts), Fem Barri (Associació de Veïns Mossèn Cinto Verdaguer-Eixample Dreta), Full informatiu de l’Associació de Veïns Vila de Gràcia (Associació de Veïns de la Vila de Gràcia), Gràcia (Associació de Veïns de la Vila de Gràcia), Sant Andreu de Cap a Peus (Associació de Veïns de Sant Andreu) y Torre Llobeta. Butlletí de l’Associació de Veïns (Associació de Veïns de Torre Llobeta). Destacar que una parte importante de estos boletines sirvieron para sustituir a publicaciones más antiguas ya extinguidas, aunque su función como portavoces de las asociaciones y entidades que las editaban siempre se mantuvo.