lunes, 27 de febrero de 2012

Eurovegas: los caminos del dinero son inescrutables



“Madre, yo al oro me humillo,
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado
anda continúo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero
es don Dinero.”
Los conocidos versos de Francisco de Quevedo sirven en la actualidad para demostrar la actual vigencia de aquél principio nietzscheano que habla acerca de superar los conceptos de bien y mal para alcanzar lo que llamamos valor. Sin lugar a dudas, el dinero es el Dios del mundo de la materia, y para llegar a él todo vale. En política es costumbre intentar hacernos creer que los programas sociales van a ser una prioridad, pero cuando las cosas van mal volvemos a convertirnos en los homos economicus de siempre, es decir, en personas al servicio de la economía y no al revés, de hombres y mujeres de para el trabajo. Cada grupo político se pelea para demostrar su honradez, su honestidad, su transparencia y su compromiso social, pero cuando don Dinero llama a la puerta ya nada de eso importa, y solo vale obedecer sus mandamientos. Se invitará al pueblo a unirse a la tierra prometida, donde la tristeza, los problemas, el dolor y el sufrimiento dejarán de existir, en un paraíso donde lloverá ese maná de oro que alimentará los deseos de tener y consumir ilimitadamente.


La buenanueva llegó a manos del salvador Sheldon Adelson, magnate de los casinos y propietario del grupo Las Vegas Sands, que está estudiando implantar el gran complejo Eurovegas en Barcelona o en Madrid. Pero para ello se imponen una docena de condiciones ineludibles que deberán acatarse aunque contradigan las leyes y los principios de nuestro país que convertirían esas instalaciones en un paraíso fiscal y laboral. Y es que todo pacto con el diablo tiene un precio muy alto. Así, se exige una exención de dos años en el pago de las cuotas a la Seguridad Social de sus empleados; la exención de impuestos municipales, regionales y estatales durante dos años con ventajas respecto a la fiscalidad inmobiliaria y del suelo durante diez años; la solicitud de un aval del Estado para conseguir un préstamo de 25 millones de euros; la cesión del suelo público que necesite, expropiaciones incluidas, con cambio de ubicación de las viviendas protegidas, si las hay; la exclusividad de diez años en la utilización del suelo; la finalización de la regulación de los convenios colectivos del personal empleado con una modificación del Estatuto de los Trabajadores; establecer privilegios legales para la contratación de personal extranjero, entre ellos, agilización de la concesión de permisos de trabajo; cambios en la legislación sobre la prevención del blanqueo de capitales, con flexibilización de los controles; la autorización de entrada de menores en los casinos del complejo; la eliminación de la Ley Antitabaco en el complejo; la autorización de entrada en los casinos de los ludópatas reconocidos legalmente como tales; y la construcción de las infraestructuras que solicite, o complementos de las ya existentes.


Casi nada. Por lo visto todo vale para mejorar la economía en tiempos de crisis, porque de amistades hay que tener incluso hasta en el infierno. Eurovegas ha puesto en evidencia a la mayoría de partidos políticos, pues los ha delatado aunque muchos sabíamos de qué pie calzaban y por una vez han mostrado su verdadero rostro. No importan ni las siglas ni las tendencias. Solo pequeñas excepciones se han posicionado en contra. El señor Adelson en su visita a España ha sido mejor tratado que el mismísimo Rey Juan Carlos. Sin embargo, quien ha enmudecido es la sociedad, que no sabe a qué atenerse o qué responder y cuando lo hace existen serias dudas acerca del grado de sinceridad. Los hay quienes abiertamente expresan su deseo de que se instale en Barcelona sin rubor alguno, y otros lo desean en el fondo más profundo de su corazón pero lo niegan alegando que se trata de una horterada y una barbaridad, porque creen que es políticamente o moralmente incorrecto admitir que les parece como vulgarmente se dice “una pasada”. Todavía debe decidirse dónde se construirá Eurovegas, pero no tengo la menor duda de que si finalmente la balanza se decanta por Madrid, muchos catalanes que decían pestes luego pensarán “mierda ya nos lo han quitado”. Y si gana la opción de Barcelona, cuando muchos de quienes renegaron vean la espectacularidad (aunque horterada) del complejo y los beneficios económicos que genera, sencillamente se callarán. Es triste pero eso va a pasar. Y aunque suene a victimismo del clásico, nosotros igualmente recibiremos bofetón por una razón o bien por otra. Si gana Madrid los de siempre responderán que se ha debido al fracaso de las políticas nacionalistas que optan por modelos provincianos, y si gana Barcelona increparán que una vez más los catalanes siempre se lo tienen que llevar todo. Sea lo que sea, nosotros tendremos la culpa. Se servirán de darle a una de las mejillas, pero yo no pienso poner ninguna.


Cuando don Dinero llama a la puerta, parece ser que la moral, los principios y los valores democráticos no valen absolutamente nada porque en realidad buena parte de la sociedad en realidad no cree en ellos aunque muchos prefieran fingir lo contrario. Siempre se habla de derechos laborales, de salud, de sostenibilidad, de ecologismo, de igualdad, de libertad, de democracia, de derechos sociales, de dignidad… pero cuando todo este conjunto de términos tan justos y necesarios que tanto gusta mencionar se tienen que enfrentar ante cualquier clase de proyecto que engendre importantes beneficios económicos, automáticamente pierden fuerza y se olvidan. De existir una fe profunda hacia ellos eso no sucedería, pues de ser así prevalecerían y terminaría por imponerse la razón, porque la propia presión social demandaría una salida de la crisis mediante la aplicación de soluciones más justas y sostenibles que un megalómano proyecto americano. El señor Adelson solo le ha bastado hacer un pequeño y sencillo gesto para destapar la olla que contiene lo que una buena parte de este mundo es en verdad. ¿Existe una oposición fuerte y activa hacia Eurovegas? Solo se escucha el silencio positivo. Nadie lo quiere pero en el fondo (casi) todo el mundo lo desea. Y en política, mientras unos son abiertamente favorables otros se bajan los pantalones o pronto lo harán, porque no existe valor para renunciar por algo que va a dejar mucho dinero. El capitalismo puro y duro ha vuelto a persuadir y a seducir a las gentes y nos ha vuelto a marcar un gol.
"Los yanquis han venido,
olé salero, con mil regalos,
y a las niñas bonitas
van a obsequiarlas con aeroplanos,
con aeroplanos de chorro libre
que corta el aire,
y también rascacielos, bien conservaos
en frigidaire."
(estribillo del film Bienvenido Mr. Marshall)

miércoles, 22 de febrero de 2012

Barcelona 2022: como perpetuar un modelo de crecimiento agotado


El anterior alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, en un intento desesperado de mantener su popularidad y de no perder las elecciones decidió por sorpresa presentar a la capital catalana como candidata para celebrar los Juegos de Invierno del año 2022. La moda de impulsar el crecimiento de la ciudad a base de grandes eventos internacionales no ha cesado. Cada alcalde socialista ha tenido el suyo porque han querido pasar a la historia de la Ciudad Condal y ser recordados para la posteridad como los responsables de engrandecer Barcelona. Pero de todos ellos solo Pasqual Maragall lo consiguió porque a pesar de haber una operación de maquillaje de cara al mundo, al menos recuperó la ciudad como un espacio de uso y disfrute para la gente así como el orgullo de ser barcelonés. Así es como pasará por haber sido uno de los alcaldes más importantes del siglo XX. Sin embargo, los grandes eventos no pueden sucederse de modo continuado porque suponen un gran desembolso de dinero que resulta difícil de recuperar. Y actualmente los tiempos que corren no están para otorgar privilegios. Antaño, las circunstancias socioeconómicas fueron propicias para el desarrollo de tres importantes eventos que funcionaron y sirvieron para dar un notable impulso a la ciudad, proyectándola más allá de nuestras fronteras. Sin lugar a dudas, la Exposición Universal de 1888 y la Exposición Internacional de 1929 contribuyeron a impulsar Barcelona, aunque en realidad, como grandes proyectos burgueses, no resolvieron los fuertes contrastes sociales, porque mientras al mundo se le ofrecía la cara más bella y moderna, se ocultaba la pobreza, el barraquismo y el bandolerismo. Estos acontecimientos respondieron a unos momentos puntuales necesarios para salir del estancamiento y dar un empujón a los proyectos pendientes. La Exposición Universal de 1888 sirvió para revitalizar el sector de la construcción en un momento de depresión económica, fue el primer paso de la europeización de la economía catalana, y contribuyó a establecer buenas relaciones entre la burguesía catalana y la monarquía recientemente restaurada en Madrid. La Exposición Internacional de 1929 contribuyó a integrar la montaña de Montjuïc a la ciudad, a la realización de importantes obras públicas y urbanísticas, a la mejora de las comunicaciones, a consolidar la proyección mundial de la ciudad, y al despegue definitivo del turismo.


En un contexto diferente y contemporáneo, la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992 sirvió para enterrar esa urbe triste y gris del periodo franquista, apostar por un nuevo y renovado modelo de ciudad y consolidar su proyección al mundo entero. Sin embargo, actualmente Barcelona no puede evolucionar a costa de grandes acontecimientos, porque estos no son necesarios ni darían los resultados esperados. El ejemplo más claro y reciente ha sido el Forum Universal de las Culturas del año 2004, que no tuvo la resonancia esperada y la ciudadanía no respondió adecuadamente a la cita, aparte de no haber recibido el apoyo de la mayoría de partidos políticos y de generar un enorme déficit. Solo puso en evidencia que sirvió de excusa para efectuar grandes operaciones especulativas muy impopulares que no se tradujeron en beneficios para la ciudad ni en una mejora en la calidad de vida de su ciudadanía. Diagonal Mar se erigió como un gran proyecto al estilo americano, es decir, elitista e insostenible, mientras que otras obras pendientes no se pudieron finalizar. Todo ello casi le costó revalidar la alcaldía al no menos megalómano Joan Clos, que de haber seguido hubiese puesto en bandeja de plata la victoria al actual alcalde Xavier Trias cuatro años antes de lo previsto.


El sector Sant Andreu-La Sagrera es el último gran espacio pendiente de urbanizar, pero su finalización y financiación no debe depender de la celebración de un acontecimiento internacional como serían los Juegos de Invierno del año 2022. Barcelona debe de apostar por un crecimiento anual continuo en base a sus potencialidades. La era de los grandes macroproyectos ha terminado porque la ciudad está prácticamente toda urbanizada. Solo quedan pequeños espacios puntuales relativamente fáciles de ocupar para algún uso social. El funcionamiento de toda urbe es como un sistema abierto y dinámico que se va renovando constantemente porque su construcción nunca se termina, de ahí que se renueve y se adapte a los nuevos tiempos. Así, pues, los acontecimientos antes citados (salvo el Forum 2004) respondieron a una solución factible ante la falta de una renovación que propició a una degradación del espacio, a un estancamiento de este dinamismo debido sobretodo a circunstancias políticas. Es decir, cuando el sistema no funcionó se acudió a celebrar estos grandes eventos para reactivarlo y poner nuevamente en marcha los engranajes. Actualmente Barcelona funciona y rueda hacia delante. Solo basta una buena gestión para mantener y aumentar ese prestigio nacional e internacional, pero sin olvidarse de su ciudadanía. Ello no implica que se renuncie para siempre a acoger grandes eventos, en absoluto, solo que el desarrollo de la ciudad no debe fundamentarse en ellos sino en la explotación de aquellos sectores que le confieren mayor capacidad y prestigio: turismo, comercio, cultura, ferias y congresos, deporte, investigación y desarrollo, nuevas tecnologías y economías emergentes. No es Barcelona una ciudad para celebrar unos juegos olímpicos de invierno. La candidatura de Zaragoza es más lógica y tiene mayor razón de ser. De elegir una ciudad catalana, hubiese sido mejor candidata Lleida por la disponibilidad de grandes espacios potencialmente urbanizables para erigir una “villa olímpica”, por sus buenas comunicaciones por carretera, ferrocarril y aeropuerto, por su proximidad al Pirineo, y por su buena situación geográfica. Posiblemente este evento sí que daría un estímulo al desarrollo económico de la ciudad, a incrementar el turismo y a establecer un equilibrio entre la Cataluña interior y la Cataluña mediterránea.