sábado, 14 de septiembre de 2013

Los almacenes SEARS de Barcelona (1967-1983)


El desarrollismo de la década de 1960 tuvo entre otras consecuencias la apertura del mercado español para la instalación de nuevas empresas dedicadas al comercio. Ello facilitó la llegada de la primera gran firma extranjera del sector: la norteamericana Sears Roebuck & Company, fundada en 1886 en Chicago por Richard Warren Sears, Alvah Curtis Roebuck y Julius Rosenwald, que estaba en proceso de expansión mundial. Sus responsables llevaban dos años estudiando el mercado europeo y decidieron finalmente apostar por España porque consideraban que su economía era fuerte y creían además que la experiencia positiva adquirida en Latinoamérica sería muy útil para abrirse paso y posicionarse en su mercado. Así, en 1963 los directores de los almacenes presentaron un proyecto con un presupuesto inicial de 4 millones de dólares, previa aprobación por parte del Gobierno español para el establecimiento de relaciones comerciales al detalle. Para agilizar las licencias y autorizaciones los directivos de Sears se comprometieron a comprar mercancías españolas para estimular la industria local, crear puestos de trabajo en todos los niveles de su organización y reinvertir parte de sus ganancias en el propio país. Inicialmente y a la manera de ensayo, abrieron una oficina provisional de compras en 1964 con previsión a la apertura de sus primeros almacenes en Barcelona al año siguiente, pero los problemas burocráticos sumados al acondicionamiento del edificio hizo que finalmente el primer establecimiento se estrenara dos años después.


Previamente, el 18 de noviembre de 1966 se puso en marcha un depósito de mercancías en El Prat de Llobregat, de 10.000 metros cuadrados de superficie, destinado al almacenaje de sus productos comerciales. El gerente designado fue Francisco Cortés, que contaría con un equipo de unos 120 trabajadores, básicamente mozos de almacén, toreros, técnicos y transportistas, entre otras cualificaciones. El interior disponía de varias secciones para comprobar y examinar cuidadosamente las mercancías antes de ser entregadas a los clientes, especialmente el control de calidad de los productos recibidos de proveedores de todo el mundo. La construcción del complejo fue a cargo de Comylsa Contratistas Generales.
Tras el final de las obras y del acondicionamiento de los interiores, el 30 de marzo de 1967 se procedió a la inauguración oficial y bendición del primer centro comercial de Sears en España y de Europa, situado en la manzana delimitada por la avenida Diagonal (entonces Generalísimo Franco) y las calles de Villarroel, Urgel (actual Comte d'Urgell) y Buenos Aires, cerca de la plaza de Calvo Sotelo (actual Francesc Macià). Anteriormente este solar estuvo ocupado por la Granja Experimental, unos terrenos dotados de un jardín botánico y una granja agrícola para la formación de payeses y agricultores.
 
 
Al acto de inauguración asistieron el alcalde de Barcelona Josep Maria de Porcioles, el gobernador militar general Serrano Ariz, el presidente de la Diputación marqués de Castell-Florite, el secretario general del Gobierno Civil señor Heredia en representación del gobernador civil, y otras destacadas personalidades. Estuvieron también presentes alrededor de cuatrocientos invitados representantes de diferentes estamentos de la ciudad. Por parte de la firma Sears, asistieron su vicepresidente señor John Gallagher (que vino directamente de Chicago), el director gerente para España señor Rudy Greer, el subgerente señor Ramon Tintoré y todos los jefes de las distintas secciones del nuevo establecimiento comercial. La bendición fue a cargo de fray Matías Solà.
El nuevo edificio ocupaba 8.000 metros cuadrados de superficie repartidos en cinco plantas, cada una de las cuales estaba especializada en la venta de unos tipos de productos. Incluía además servicios como una estación de servicio y un aparcamiento subterráneo de tres plantas con capacidad para 400 automóviles. Exteriormente la construcción era completamente funcional, sin ventanas y con fachadas herméticas de placas de hormigón que impedían la entrada de luz natural. Sin embargo, el interior presentaba una estructura de planta diáfana, sin muros de separación interior que generaban una gran visión del espacio continuo y homogéneo, permitiendo así una fácil movilidad del cliente, el cual podía pasear y ver a la vez todos los productos que se encontraban a la venta.
 

Adjunto a los nuevos almacenes se construyeron un bloque de viviendas propiedad de Quinta Avenida, el edificio de Winterthur Seguros (conocido como "la casa de los párpados) y una torre de veintidós pisos propiedad del Banco de Madrid.
Tras la apertura de este complejo, Sears Roebuck de España, S.A. abrió otro centro en la calle de Serrano, en Madrid, que se inauguró el 16 de abril de 1970.
En Barcelona, la firma apostó por la apertura de un segundo centro comercial, llegando a un acuerdo con la empresa Compañía Española de Viviendas de Alquiler (CEVASA) para ocupar un conjunto arquitectónico formado por dos grandes plantas de venta y dos plantas de aparcamiento con capacidad para 400 automóviles, encima de las cuales coronaban tres torres trillizas de catorce plantas cada una destinadas a oficinas y empresas. Limitaba con la avenida Meridiana (donde había dos accesos), la calle Dublín y la actual plaza de la Tolerancia (con un acceso cada uno). Este complejo estaba integrado dentro de un conjunto de 1.180 viviendas levantadas sobre los terrenos ocupados antiguamente por la fábrica ENASA (antes Hispano-Suiza) y que habían sido liberados en 1970. Dos grandes bloques tenían fachada en la avenida Meridiana, ambos separados por la actual plaza de la Tolerancia, y otro gran bloque se ubicaba en la calle de Torroella de Montgrí. De quince plantas cada uno, en los bajos se incluyeron comercios y aparcamientos subterráneos para automóviles.

 
En septiembre de 1975 CEVASA (empresa de la familia Vaquer, dueños de la firma Inoxcrom) hizo la entrega oficial a Sears Roebuck de España, S.A. de los nuevos almacenes y el 1 de octubre siguiente se procedió a la inauguración oficial. Al acto asistieron autoridades y personalidades como el concejal presidente de la Junta Municipal del Distrito Sebastián Calvo, el diputado delegado para el Servicio de Conservación de Monumentos del Patrimonio Artístico Provincial Mariano Salmerón, el jefe de la Policía Municipal Ramón Trepat, y otras representaciones y personalidades de la vida económica, industrial y comercial de Barcelona. Por parte de Sears, asistieron su vicepresidente John Gallagher, el presidente de esta sociedad en Europa John H. Gardner, el presidente de la sociedad en España John M. Riney, los altos cargos del nuevo centro de la avenida Meridiana, el gerente del Grupo Sears de Barcelona Ángel Hueso Mora, y el gerente del centro de la avenida Diagonal Ramon Tintoré.
En el lado opuesto a los almacenes SEARS, en la misma fecha la empresa Hiperama abrió al público el hipermercado Hiper Radar, dedicado a alimentación, sobre un espacio que estaba destinado a zona verde.

 
La presencia de Sears en España preocupó a las grandes cadenas comerciales Galerías Preciados y El Corte Inglés por su política agresiva de venta a plazos y a crédito que practicaba. Es decir, por un lado se ofrecía la posibilidad al cliente de abrir una cuenta corriente sin desembolso alguno, de modo que al comprar bastaba con decir "cárguelo a mi cuenta" y luego se podía pagar en 30 días o bien hasta en 12 mensualidades. Por otro, existía la cuenta a plazos solamente entre el cliente y Sears, sin la necesidad de letras e intermediarios, pensada para grandes compras que permitían pagos en hasta 24 meses. Además, ser titular de la "Tarjeta Sears" permitía su uso en unos 2.000 puntos de venta de Sears en todo el mundo.
Sin embargo, la competencia no resultó tan peligrosa porque los almacenes Sears no consiguieron tener el gran éxito de público esperado, siendo el sector textil el que dio los peores resultados y el de los electrodomésticos el que mejor funcionó debido a sus precios muy competitivos y a las grandes facilidades de pago antes comentadas.

 
A partir del año 1979 la empresa atravesó una situación de crisis que la llevó a estar durante varios años sin beneficios económicos. Por ello, procedió a poner en venta sus tres establecimientos en España (3 centros comerciales y 21 tiendas de electrodomésticos), intentando que fueran comprados por otras cadenas de distribución, llegando finalmente a un acuerdo con Galerías Preciados durante su etapa bajo propiedad de RUMASA. Esto sucedió el 27 de enero de 1983. Para ello la empresa de José María Ruiz Mateos desembolsó una suma 2.100 millones de pesetas, previo acuerdo concertado y firmado en la ciudad de Chicago el 8 de noviembre de 1982.
A modo de anécdota, merece la pena recordar que el 8 de agosto de 1982, un grupo terrorista palestino perpetró atentados con bombas en Madrid y Barcelona ante empresas norteamericanas como Sears y el Bank of America. Como resultado de las represalias, en Barcelona una explosión de poca envergadura causó destrozos en la entrada de la calle de Dublín del centro comercial de la avenida Meridiana, sin ocasionar víctimas ni heridos.


En 1986 el hipermercado Hiper Radar fue adquirido por El Corte Inglés, que lo convirtió en el centro comercial Hipercor. Paralelamente, la empresa Galerías Preciados, tras pasar una etapa de grandes pérdidas económicas, terminó vendiendo en 1987 los antiguos almacenes de Sears a El Corte Inglés, que acondicionó el edificio de la avenida Diagonal y reconvirtió el de la avenida Meridiana en una ampliación del hipermercado Hipercor, procediendo a reformas interiores.
Este centro comercial pasó desgraciadamente a la historia por haber sufrido el peor atentado de la historia de la banda terrorista ETA, el 19 de junio de 1987, causando un balance de 21 muertos y otros 45 heridos. Tras el triste suceso, volvió a abrir sus puertas y actualmente todos antiguos almacenes que pertenecieron a Sears y a Galerías Preciados funcionan con notable éxito de público. Desde 1995 el antiguo edificio de Hiper Radar fue reformado y convertido en Tiendas El Corte Inglés. En cuanto a los almacenes de la avenida Diagonal, fueron ampliados y completamente reformados con una fachada acristalada más amable con el entorno urbano y reabiertos el 23 de noviembre de 2004.
 
 
 

sábado, 7 de septiembre de 2013

El CANÓDROMO MERIDIANA (1964-2006)


A finales de la década de 1950, los empresarios del Canódromo Pabellón (inaugurado el 6 de enero de 1953) Ramon Solé i Pelló, Antonio Blasco y José Vilar apostaron por la apertura de una nueva instalación de idénticas características en Barcelona, más moderno y que contribuyera a estimular el crecimiento de la afición de una parte de la sociedad barcelonesa por las carreras de galgos.
Para hacerlo realidad fue necesaria la búsqueda y de unos terrenos económicamente asequibles y no montañosos donde poderlo construir, alejado del centro de la ciudad y, por consiguiente, en la periferia. Finalmente, el espacio que reunía las características idóneas fue una parcela de tierra 10.000 m2 propiedad de la familia Ros, habitantes de la masía de Can Ros o Can Armera, los cuales ya habían vendido buena parte de sus antiguos terrenos rurales para la construcción de un nuevo barrio: las Viviendas del Congreso (Congrés).


Así, el nuevo canódromo ocuparía la manzana comprendida entre las calles de Ignacio de Ros (actual Can Ros), Concepción Arenal, Riera de Horta y Pardo. Entonces el terreno era un campo donde se cultivaban principalmente tomates, coles y acelgas, aparte de otras hortalizas. El emplazamiento era excelente porque estaba bien comunicado por la proximidad de la avenida Meridiana, y gracias a su ubicación a caballo de los barrios del Congrés, Vilapicina y Sant Andreu supondría una nueva demanda potencial que aseguraría su rentabilidad porque se convertiría en un equipamiento de ocio para estos núcleos residenciales. En el diseño de las modernas instalaciones se contó con lo servicios de Antoni Bonet Castellana y Josep Puig Torné, dos arquitectos especializados en arquitectura contemporánea profundamente influenciados por las corrientes de pensamiento racionalista de la GATCPAC y por autores como Le Corbusier. La condición que ambos impusieron para aceptar el encargo fue la oportunidad de diseñar unas instalaciones vanguardistas y espectaculares.


Las obras empezaron en 1961 y finalizaron dos años después. El conjunto estaba formado por un edificio de estructura parabólica de 107 metros de longitud, situado en el lado más largo de la manzana, y una pista de carreras. El edificio, que todavía existe, consta de dos plantas: la baja, planteada como una prolongación del terreno; y la superior, como un objeto completamente separado del suelo que sirve de mirador. La estructura metálica principal está compuesta por dieciocho vigas metálicas de acero de canto y longitud variable inclinadas hacia la calle según el mismo ángulo y apoyadas sobre una única línea de pilares en la zona central de la planta. Ello proporciona una imagen más esbelta y ligera del conjunto. En sentido perpendicular a la estructura principal se distribuyen unas correas de alma calada y sección triangular, formadas por cuatro redondos (dos abajo y dos arriba) conectados con un ligero estribo en zig-zag. Los forjados son de hormigón, las gradas de hormigón prefabricado y el plano de la cubierta se resuelve mediante un aglomerado autoportante (Viroterm) con tela asfáltica acabado con un árido.


El edificio tiene la planta lenticular y es muy transparente, lo que otorga al conjunto la imagen de unas alas de avión y un aspecto muy dinámico. La planta superior consta de gradas en la zona central y unas terrazas laterales con buena visibilidad. El forjado de la cubierta soporta una estructura colgante con lamas de protección solar, a modo de brise soleil. La cubierta está soportada por unos tirantes que unen las vigas al forjado inferior y evitan el balanceo. Su forma reglada está desarrollada por el desplazamiento de una recta entre dos líneas directrices: una parabólica en planta y horizontal en alzado (sobre la fachada exterior del edificio, hacia la calle de la Riera de Horta) y otra parabólica en alzado y recta en planta (la fachada interior). El brise soleil hace de contrapeso.
Los acabados decorativos eran de gran crudeza, con carpinterías de perfilarías laminadas y estructura de color gris plomo, paneles de aglomerado natural, revocos blancos a la tirolesa y cerámica vidriada en tonos marrón y ámbar. Posteriormente, en las zonas cerradas se instaló aire acondicionado.


La pista de carreras para ocho galgos tenía un perímetro interior de 265,70 metros, una recta de 70 metros y dos curvas de 62,85 metros. En la parte exterior había instalado el monorraíl donde se hacía correr la figura del conejo.
Cuando el canódromo funcionaba, la planta baja estaba dedicada a los espacios de servicio, perreras, lavabos, oficinas, taquillas y un restaurante junto a la escalera vecina a la zona del paddock (lugar de exhibición de los galgos), desde donde era posible contemplar los galgos en posición de descanso. Sobre la explanada cubierta de la planta alta, se situaban la zona de apuestas y el bar que cerraba las vistas a la calle de la Riera de Horta, envolviendo la terraza y las gradas a modo de gran concavidad, desde las cuales se disfrutaba de una excelente vista de la pista ubicada hacia el sur. Un altillo coincidente con la zona de meta, permitía alojar el espacio de los jueces, el speaker o altavoz, los cronometradores, los controles y el fotógrafo.
Una vez terminado, antes de su inauguración el Fomento de las Artes Decorativas (FAD) le otorgó un Premio FAD de Arquitectura.


Coincidiendo con el XXV aniversario de la Paz de Franco, el 2 de abril de 1964 el canódromo abrió al público. Popularmente llamado "el casino de los pobres", enseguida se convirtió en un punto de encuentro, de relaciones sociales y de ocio. El hecho de que en los alrededores faltaran parques y zonas verdes propició su uso como zona de paseo familiar. La entrada era libre para todas las edades y no era obligatorio apostar. En el recinto trabajaban 60 empleados, aparte la gente de las oficinas, y disponía de unos 700 galgos, los cuales solían descansar en una perrera ubicada en Santa Coloma de Gramenet, formada por unas cuadras y unos caminos para paseo, que creó el mismo empresario Antonio Blasco.
A nivel empresarial, Ramon Solé i Pelló fue el primer gerente. Antonio Blasco y José Vilar también formaban parte de la empresa, incorporándose los familiares de ambos en la gestión económica y administrativa. Los directores de carreras eran los señores Vergé y Cervantes.


Durante sus años activos se celebraron carreras de galgos de carácter nacional e incluso internacional. Habitualmente se hacían apuestas de parejas de perros. El recinto funcionaba durante todas las tardes y se celebraban hasta 16 carreras. Los martes, jueves, sábados y domingos también había sesiones matinales. Anualmente, cada 12 de octubre, desde el año 1965 se celebraba el Derby Español Galguero, presidido por el delegado nacional de Educación Física y Deportes, Joan Antoni Samaranch. Año tras año el campeonato fue adquiriendo prestigio hasta colocarse en tercera posición en cuanto a importancia se refiere, tras los celebrados en Irlanda e Inglaterra, dos naciones donde las carreras de galgos estaban consideradas el segundo deporte nacional. En la competición participaban galgos del país, y otros procedentes de los canódromos de White City de Londres (representados por la National Greyhound) y Selbourne Park de Dublín (representados por la Bord Greyhound). El galgo ganador del campeonato recibía el "Collar de Oro" que le otorgaba el título.


Aparte de esta, otras titulaciones celebradas eran el Trofeo Conde de Torrepalma, el Trofeo José Luís Rubio, el Memorial Antonio Blasco, el Gran Premio Gráficas Mendoza, el Gran Premio Delator, el Gran Premio Internacional de Barcelona, el Campeonato Canódromo Meridiana, el Campeonato de Cataluña y el Campeonato Nacional de Liga.
Con la llegada de la liberalización del juego a finales de la década de 1970 llegó una etapa de crisis, pues hasta aquél entonces no había oferta de ocio, y mucho menos para apostar. Tras la apertura masiva de bingos y locales para loterías primitivas los dos canódromos de Barcelona empezaron a perder público hasta el punto que el perfil cambió pasando a predominar gente jubilada en detrimento de familias y grupos de jóvenes, cada vez más minoritarios.
En 1979 la empresa gestora del canódromo se convirtió en una sociedad anónima, bajo el nombre de Canódromo Meridiana Sociedad Anónima. En 1984 la presidencia y la gestión pasó a manos de Ramón Gargallo, y en 1997 a manos de Josep Lluís Navarro. En 1999 cerró definitivamente sus puertas el Canódromo Pabellón, de modo que el Canódromo Meridiana se convirtió en el único de Barcelona y de toda España que permanecía activo. La clausura de aquél repercutió a un aumento de un 24% la asistencia de público.


Finalmente, tras un año en conversaciones con la Generalitat por la deuda fiscal de la empresa que ascendía a 1,68 millones de euros, pero la decisión de subir la tasa de apuestas del 3% al 10% hacía inviable su continuidad. Todo ello sumado a una campaña animalista iniciada por determinados partidos políticos contra el canódromo propició su clausura definitiva el 22 de febrero de 2006. La empresa quedó liquidada el 27 de diciembre siguiente. Como consecuencia, los empleados se quedaron en la calle y los galgos fueron recuperados por la entidad SOS Galgos que procedió a su mantenimiento y adopción para evitar un posible sacrificio en la perrera municipal.
A modo de curiosidad, este canódromo fue el escenario para el rodaje de algunas escenas de las películas "Va a ser que nadie es perfecto" (2006) de Joaquín Oristrell y "Petit Indi" (2009) de Marc Recha, esta última realizada tras el cierre del recinto. Igualmente, fue también el escenario de inspiración literaria para escritores como Manuel de Pedrolo (en su novela "Falgueres informa" de 1989) y Pere Guixà (en su obra "L'embolic del món", de 2002).


Tras el cierre, se generaron numerosos movimientos vecinales para la recuperación del edificio del canódromo empleándolo como espacio cultural para el barrio. Un total de hasta 35 entidades de los barrios del Congrés y Els Indians trabajaron conjuntamente para decidir qué equipamientos eran necesarios. Por ello, en el año 2009 se procedió a efectuar una primera rehabilitación del edificio bajo la dirección de los arquitectos Xavier Monteys, Josep Maria de Lecea, Laura Aybar y Marta López. Los trabajos fueron muy conservadores, pues al tratarse de un edificio catalogado como patrimonio histórico de la ciudad no se podían efectuar modificaciones de su estructura original. Solo desapareció la pista y los muros que cerraban el recinto, convirtiéndose en un espacio para el paseo y la práctica del deporte, así como la habilitación de una zona infantil.


La intención del Ayuntamiento de Barcelona era convertir el edificio del canódromo en un centro de arte contemporáneo para exposiciones y laboratorio de artitas emergentes. Igualmente empezó el proceso de expropiación de las pistas de tenis situadas enfrente, en la calle de Can Ros y detrás de la masía, para construir una guardería, un polideportivo y un centro cívico. Sin embargo, la crisis económica fue la excusa para frenar cualquier proyecto, por lo que el edificio permanece cerrado y en desuso a la espera de tiempos mejores. No obstante, la Asociación de Vecinos del Congrés-Indians reclamó su apertura y por ello el 16 de junio de 2012 organizó una concentración lúdico-reivindicativa en la que asistieron más de 200 personas y que sirvió para presentar un manifiesto y recoger firmas. Actualmente, la lucha vecinal continúa para hacer realidad los equipamientos de barrio y otorgarle al antiguo canódromo el uso que se merece.


Procedencia de las fotografías: grupo de Facebook "Jo vaig viure a les vivendes del Congrés".