lunes, 8 de julio de 2013

El castillo de Torre Baró


El castillo de Torre Baró constituye un auténtico icono del distrito de Nou Barris por su antigüedad, su singularidad y su posición geográfica, siendo visible desde muchos puntos de Barcelona e incluso desde unos cuantos kilómetros de distancia. Aunque recibe esta denominación gracias a la barriada donde se emplaza y no al revés como muchos creen, anteriormente hubo otras dos torres del Baró. La primera de ellas, del siglo XVI, perteneció a la baronía de Pinós, propietaria de la llamada Quadra de Vallbona (donde hoy se emplaza el barrio de Vallbona), que se erigió en un enclave justo al lado de la actual estación ferroviaria de "Torre Baró-Vallbona-Ciutat Meridiana". Debido a sus simpatías con el archiduque Carlos de Austria, el edificio fue destruido en 1714 durante la Guerra de Sucesión por las tropas de Felipe V como represalia. Posteriormente, en 1797 se construyó una segunda torre a cargo de Ramon Francesc de Copons i Despujol. El 30 de octubre de 1869, los problemas económicos de la familia Pinós motivó la subasta de la heredad, sin que nadie la comprara. No fue hasta el 30 de marzo de 1871 que fue adquirida por Carlos Edmundo Sivatte, marqués de Vallbona, firmándose la compraventa el 18 de marzo de 1873 incuyéndose la Torré del Baró.


La familia Sivatte solía pasar largas estancias en una casa de Sant Vicenç de Sarrià salvo en los meses de verano, donde residían en la torre. Durante buena parte del siglo XIX y parte del XX, justo al lado de la torre en la carretera de Ribes se instaló un "portazgo", es decir, un antepasado de los peajes de autopista donde los carros y diligencias debían detenerse y pagar una suma de dinero para poder proseguir su viaje. Estaban regidos por arrendatarios que procuraban sacar de ellos el máximo rendimiento posible. Con el producto obtenido, que no era mucho, el Estado mantenía así el cuerpo de ingenieros civiles y atendía la conservación de los caminos y carreteras. Al parecer, los altercados eran habituales en este punto porque la mayoría de los mayorales pasaban sin satisfacerlo.
Durante los años comprendidos de la posguerra al desarrollismo, esta torre fue testigo de las numerosas vueltas ciclistas que se celebraban con motivo de las fiestas mayores de los barrios. Finalmente, la construcción de la nueva avenida Meridiana como autopista urbana propició en 1967 el derribo de la antigua Torre del Baró, junto con las otras casas construidas a lo largo de la carretera.


La actual Torre Baró que nos ha llegado hasta nuestros días se erigió durante la primera mitad del siglo XX. El 26 de marzo de 1904 se constituyó ante notario la Compañía de Urbanización de las Alturas del Noreste de Horta "Las Roquetas", que tenía como objetivo la creación de una ciudad-jardín para gente de clase obrera y popular. Constaría de un conjunto de casas unifamiliares erigidas en los bosques de la sierra de las Roquetes y que actualmente ocupa el barrio de Torre Baró. El Consejo de Administración estaba formado por nueve miembros (industriales, ingenieros y abogados) entre los cuales destacaron Romà Fabra i Puig (industrial y mecenas) y Manuel María Sivatte Llopart (hijo de carlos Edmundo). A pesar de la baratura de los terrenos, los problemas económicos sumados a la escasa densidad de población y las malas comunicaciones hicieron fracasar la iniciativa, con lo cual sólo se materializaron algunos pocos elementos. Uno de ellos fue la carretera Alta de les Roquetes, a través de la cual se preveía la prolongación del tranvía de Barcelona a Horta para conectar con la nueva urbanización. Su construcción no estuvo exenta de numerosos problemas.


Otra elemento que quedó como testigo del proyecto fue la torre en forma de castillo medieval situado en la parte más alta del Turó de les Roquetes, en realidad una torre residencial propiedad de la familia Sivatte cuya construcción se inició probablemente entre 1915 y 1918. Era un edificio aislado, construido en mampostería común con aberturas enmarcadas en ladrillo visto. Estaba formado por dos cuerpos bien diferenciados, el primero de los cuales era una construcción de planta cuadrada con un pequeño retroceso al que se le añadió un segundo cuerpo en forma de torre. La edificación, de planta baja y tres pisos por la entrada principal se incrementó en un piso más debido a la topografía del terreno en el lado oeste. El regusto medievalista se manifestaba en las aberturas de medio punto y en la coronación a base de almenas que imitaban una fortificación. La torre se atribuye al arquitecto Josep Torres Argullol.


Acerca del origen de la torre existe la leyenda de que en realidad fue construida para que Mercedes Sivatte  y de Bobadilla (enferma de tuberculosis) y Antonio Sivatte del Valle (enfermo de difteria), ambos hijos de Manuel María Sivatte Llopart, fueran a reposar para curarse de sus enfermedades. Sin embargo, los dos terminaron muriendo en 1918 con tan solo dos días de diferencia.
Otro testigo del proyecto frustrado de ciudad-jardín que actualmente nos ha llegado fue el Xalet de la Trinitat o "Casa de la Bruixa". Inaugurado el 12 de octubre de 1915, se concibió como el prototipo de casa unifamiliar que debía construirse. Aquella casa fue también propiedad de la familia Sivatte, permaneciendo habitada hasta bien entrados los años setenta. Actualmente está en ruinas y se reivindica su recuperación como icono del barrio.


Durante los años posteriores, el castillo fue punto de encuentro de excursionistas que se deleitaban de las magníficas vistas de Barcelona y de las comarcas vallesanas, y de familias humildes procedentes de las barriadas de Sant Andreu, Trinitat, Vilapicina, Roquetes, Verdum, Charlot y Prosperitat que los domingos y festivos iban a celebrar sus tradicionales "aplecs" y "fontades". Cuentan algunas leyendas que alrededor del castillo se llegaron a celebrar aquelarres. Probablemente desde su construcción nunca estuvo habitada, si bien algunos testigos de la época aseguran que ocasionalmente la familia Sivatte había hecho estancias temporales.
Al estallar la Guerra Civil, a principios de 1937 el castillo fue ocupado por tropas republicanas que lo habilitaron como torre de vigilancia, instalando una cocina  en los bajos y dormitorios en las plantas superiores. En los alrededores colocaron un potente foco de luz procedente del Palau Nacional de Montjuïc y dos ametralladoras. El lugar, que funcionó a modo de batería antiaérea, se coordinaba con la del Turó de la Rovira. la noche del 24 al 25 de octubre del mismo año, cerca del castillo, entre la Font Muguera y Can Cuiàs fue abatido un avión italiano trimotor Savoia-Marchetti SM81 gracias al piloto ruso Anatoly Serov, conocido como Rodrigo Mateo.



Terminada la Guerra Civil, entre 1939 y 1942 el castillo fue ocupado por las mtropas nacionales y los alrededores se utilizaron como campo de concentración para recluir a los excombatientes del bando republicano, aunque fue algo efímero que no tuvo continuación. Luego el edificio fue abandonado, momento en que los vecinos de los barrios cercanos aprovecharon para vaciar por dentro el edificio, de modo que solo permanecieron las fachadas. Fueron sustraídas las vigas y las puertas de accesos y ventanas, todas ellas de madera de melis, de gran calidad, motivo por el cual pagaban bien en el mercado.
En los años del desarrollismo, a petición de las Auxiliares Seglares Diocesanas presentes desde el inicio de la parroquia de Sant Sebastià, se plantó una cruz de hierro a pocos metros del castillo, construida por unos voluntarios residentes en el barrio de Verdum. El acto de bendición se celebró el 20 de mayo de 1962, y desde entonces el lugar se convirtió en punto de encuentro de feligreses que a menudo se congregaban mediante los llamados Grupos de Amistad.


La aprobación del "Plan Parcial Torre Baró-Vallbona-Trinidad Nueva" amenazó, además de a los barrios afectados, al castillo que carecía de protección patrimonial. Afortunadamente, la suspensión del proyecto gracias a la lucha vecinal consiguió su salvación. Durante la década de 1970 el castillo y los alrededores fueron punto de concentración de militantes antifranquistas y organizaciones vecinales clandestinas que planeaban sus luchas para conseguir mejoras sociales para los barrios. Años después, entre 1983 y 1984 se celebraron allí las llamadas "acampadas urbanas" por parte de residentes de los barrios de Nou Barris limítrofes con la montaña, cuya finalidad era denunciar el estado de abandono y degradación de aquél sector de Collserola que era un pulmón verde para el distrito. Básicamente se solicitaba la limpieza de los bosques, la reforestación de las zonas degradadas, la rehabilitación del castillo y la eliminación de las torres de alta tensión así como de cualquier proyecto de urbanización.



En 1985 el Arxiu Històric de Roquetes-Nou Barris hizo una exposición en la escuela de adultos Freire sobre el castillo para dar a conocer su historia y proponer su catalogación. Poco después, en el año 1987 la misma entidad participó en el concurso del Ayuntamiento de Barcelona "Faci Vostè d'Alcalde" presentando el proyecto de una "Escola de la Natura al Castell". Aunque este trabajo no ganó, la propuesta tuvo igualmente una destacada repercusión y el aval de varias asociaciones y entidades.


En el año 1989 el Ayuntamiento de Barcelona rehabilitó el castillo reforzando su estructura interior y a pocos metros de distancia construyó un mirador. No obstante, durante los años posteriores y hasta la actualidad, los continuos actos de vandalismo y la dejadez del lugar por falta de mantenimiento lo volvieron a degradar a pesar de su catalogación (conseguida en 1992) y la protección oficial (mantenimiento integral de la actual construcción). Ante ello, el Arxiu Històric de Roquetes-Nou Barris inició una campaña de sensibilización entre el vecindario, entidades y organismos públicos para poner remedio a la situación de abandono que sufría uno de los símbolos emblemáticos del distrito. Tras un consenso unánime por parte de todas las fuerzas políticas de Nou Barris sobre la necesidad de recuperar el castillo, este año se procedió a efectuar obras de reparación en la fachada y la reposición de almenas para garantizar su seguridad, y a partir de octubre se iniciarán las obras de conversión en mirador con minibar y punto de información del Consorci Metropolità de Collserola.


lunes, 1 de julio de 2013

El Centro de Beneficencia Casa Puig Ciudad de los Muchachos


La Ciudad de los Muchachos Casa Puig fue un internado destinado a niños huérfanos, abandonados o sin recursos económicos surgido en el franquismo. Originalmente, el concepto fue creado en 1917 en los Estados Unidos, siendo la ciudad de Omaha (Nebraska) la primera en instaurar un centro de estas características gracias a la iniciativa de Edward Joseph Flanagan (1886-1948), sacerdote católico que dedicó toda su vida a la educación de niños y jóvenes delincuentes y abandonados. La idea surgió tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, que dejó (sobre todo en Europa) un elevado número de niños abandonados, lo que motivó la fundación de estas instituciones.
En Barcelona se construyó en los alrededores de la masía de Can Puig, situada en el término municipal de Sant Cugat del Vallès, en el camino de Sant Medir muy cerca de la carretera de la Rabassada. En 1877 la propiedad de la casa era de Rosa Gualba Spigol, y tras pasar por diferentes propietarios el 19 de septiembre de 1923 la vendieron al Ayuntamiento de Barcelona.
Según informaciones orales, tras la Guerra Civil fue cedida en uso a los Hermanos de la Salle los cuales la reconvirtieron en Casa Puig para servicios sociales. En esos años de posguerra, el Auxilio Social, una organización englobada dentro de la Sección Femenina de la Falange Española se planteó la idea de crear un internado para niños en riesgo de exclusión social. Concretamente, esta organización de socorro humanitario fue fundada por Mercedes Sanz Bachiller (viuda de Onésimo Redondo), la cual, conjuntamente con su segundo marido Javier Martinez de Bedoya, llevaron a cabo la idea después de haber efectuado diversos viajes a la Alemania nazi para observar cómo se hacía la gestión de esta clase de internados. La iniciativa tuvo el apoyo del embajador alemán en España, el general Wilhelm Von Faupel, encargado de darle al proyecto el soporte inicial que necesitaba, junto con su segundo, el general Kroeger.


Fue de ese modo que surgieron los llamados “Hogares escuela" u "Hogares de aprendizaje”, cuyo principal objetivo era enseñar a los niños a enfrentarse con los retos y problemas que después tendrían en su vida como adultos. Para ello, asignaban a los muchachos puestos de trabajo dentro de la propia institución desempeñando cargos públicos de lo más variado, como jueces, alcaldes y concejales, creando una especie de pequeño mundo donde ellos debían desenvolverse. En función de la edad, había los "Hogares Cuna" que acogían niños de 0 a 3 años, los "Hogares Infantiles (Hogar de Aprendizaje-1)" que acogían niños de entre 3 a 7 años, los "Hogares Escolares (Hogar de Aprendizaje-2)" que acogían niños de entre 7 a 12 años, y los "Hogares Profesionales (Hogar de Aprendizaje-3)", que proporcionaban enseñanzas teórico-prácticas de oficio o técnico fuera del hogar, donde los alumnos tenían ocupaciones retribuidas, recibiendo enseñanzas complementarias de su formación cultural, política, física, moral y social. Paralelamente, la Iglesia introdujo las practicas religiosas en todos los centros. La Ciudad de los Muchachos Casa Puig se correspondía con el Hogar de Aprendizaje-2, y estuvo dirigida por el teniente de alcalde de Barcelona, Alfredo de Casanova Fernández. Tras la construcción de cinco nuevos pabellones con jardines, piscina y campo de fútbol al lado de la antigua masía, el conjunto fue oficialmente inaugurado el 21 de junio de 1951 bajo la presencia del alcalde de Barcelona Antoni Maria Simarro Puig y la asistencia de numerosas autoridades. Tres años después se abrió el último edificio, destinado a salón de actos, oficinas de la dirección, habitaciones y comedor para el profesorado. La prensa de la época se hizo eco del nuevo internado exaltándolo como una gran obra social: "Preciosos los pabellones de la pequeña ciudad de ensueño, con su hermoso templo pronto a inaugurarse y sus jardines, plazas y paseos y su campo de deportes. Allí los chicos, gozan de plena libertad, en medio de bosques dilatadísimos, sin cercos que les estorben. Tratados con dulzura y modos convincentes, gozan de espléndida ventilación en todas sus dependencias, aromadas por los millares de pinos que las rodean, creciendo así, sanos y fuertes, los casi ciento cincuenta muchachos que en su ciudad residen. En admirable camaradería, gozan de verdadero calor de hogar y de cuantas solicitudes requiere todo adolescente, para llegar a ser hombres sanos de cuerpo y alma".


Sin embargo, la realidad distaba mucho de aquellas buenas pretensiones porque el internado fue un auténtico centro de reclusión, donde los niños eran sometidos a una disciplina pseudo militar de gran trasfondo ideológico y, por consiguiente, adoctrinador de los valores del catolicismo y del régimen franquista. Estos niños, pertenecientes en su mayoría a las clases sociales más desfavorecidas, padecían a menudo todo tipo de castigos físicos (como azotes, beber un frasco de aceite de ricino o reclusión en cuartos oscuros) y psicológicos (como la prohibición de ver a los padres y familiares los días de visita semanal, la prohibición de mantener conversaciones después de la cena o reducir las raciones de comida). En definitiva, el miedo, la represión y la prohibición servían para controlar cualquier tipo de situación. Estas prácticas eran frecuentemente encubiertas a la luz pública, y los docentes solían asegurar que quienes eran castigados era porque realmente se lo merecían o bien que el castigo era en verdad moderado en relación con la falta cometida por el niño. En definitiva, el la metodología nada tenía que ver con las instituciones similares de otros países regidos por un sistema democrático.
La enseñanza recibida era muy variada, habiendo especialidades en ciclos medios y superiores como comercio, idiomas, actividades artísticas e incluso acceso a estudios universitarios, según los casos. Tal y como narraba la prensa, "Este proceso formativo, de tan trascendental importancia social, arranca en definitiva de la recogida de mendigos que, según las nuevas directrices de la Beneficencia municipal, pasan al Pabellón de Clasificación de Mendigos. Desde éste los seleccionados pasan al Asilo del Port, cuya organización se ciñe esencialmente a una tarea formativa de tipo artesano, dentro de unas posibilidades suficientes, pero limitadas en sí mismas. Entre los niños escogidos para el Asilo del Port se procede a una última selección, de acuerdo con la cual aquellos mejor dotados pasan a la Ciudad de los Muchachos, donde cursan estudios de enseñanza media, y desde aquélla a la recién creada Casa de Familia, en la que estudian la carrera superior que responda a su vocación o a sus aptitudes".


El 6 de julio de 1953 se procedió a la bendición de la cruz metálica y la campana de la nueva capilla, completando definitivamente el conjunto de instalaciones. Anualmente, a principios de enero durante las fiestas navideñas era tradicional que la Peña Motorista Barcelona visitara la Ciudad de los Muchachos exhibiendo un singular desfile de motocicletas para el deleite de los niños, a la vez que estos eran obsequiados con juguetes.
En 1956 el padre Jesús Silva López creó en Bemposta (Ourense) el Circo de los Muchachos como una manera de ayudar a los niños y niñas con problemas mediante prácticas circenses. Integrado dentro de La Ciudad de los Muchachos, extendió su proyecto a varias ciudades de distintos países, lo que le mereció fama y prestigio mundial. En 1966 actuó por primera vez en Barcelona, en una carpa instalada en la plaza de Cataluña.
El 22 de diciembre de 1959 la institución recibió la visita de un grupo de marines norteamericanos, los cuales también invitaron a los niños a visitar el interior de sus barcos y portaaviones atracados en el puerto de Barcelona.
En 1961 Salvador Dalí participó en el diseño de los decorados de la obra teatral "Scipio en España" que se estrenó en el veneciano teatro La Fenice. La recaudación obtenida fue a para a beneficio de la Ciudad de los Muchachos.
A partir de 1962 cambió la estructura administrativa municipal de modo que la institución dejó de depender del Auxilio Social para pasar a pertenecer a la Asistencia Social Beneficiaria. Ello produjo un cambio de nombre, pasado de ser la Ciudad de los Muchachos a ser el Hogar del Tibidabo, nueva denominación oficial aunque igualmente se continuó conociendo con el nombre antiguo hasta el final de sus días. La gestión fue transferida a los Hermanos de las Escuelas Cristianas de La Salle.


Tras finalizar el régimen franquista, en 1976 la institución pasó a ser gestionada por el Instituto de Asistencia Social del Ministerio de Gobernación, aunque un año más tarde cerraría definitivamente sus puertas puesto que el centro ya no representaba los valores ni la pedagogía de la nueva democracia a consolidar. A ello se sumó un final todavía más triste debido a que se descubrieron casos de pederastia y abuso de menores de clérigos y docentes, lo que conllevó a numerosas denuncias por parte de los niños ya en edad adulta y al encarcelamiento de los responsables.
El Asilo del Port se convirtió en 1977 en la Escola Bàrkeno, acogiendo no solo a niños del asilo sino también a niños y niñas del barrio de la Marina del Prat Vermell para normalizar su situación como centro escolar. Años después, las instalaciones de la Ciudad de los Muchachos han permanecido abandonadas, y en la actualidad se dan cita en las ruinas numerosos grupos de aficionados y profesionales del mundo de la parapsicología y las ciencias ocultas para hacer registros de psicofonía y psicoimágenes. Únicamente permanece activa la masía de Can Puig, completamente rehabilitada y catalogada como patrimonio, que funciona como centro de rehabilitación de toxicómanos.