sábado, 17 de enero de 2026

Una plaza para Silvestre Sánchez Sierra


Iniciamos el año 2026 recordando a la figura de Silvestre Sánchez Sierra, fallecido el 5 de diciembre del pasado 2025 a los 88 años de edad, conocido principalmente por haber sido el propietario del célebre restaurante Salamanca, en el barrio de la Barceloneta. A petición popular de varios lectores del presente blog y tras haber efectuado un repaso de su trayectoria tanto profesional como humana, finalmente he considerado que, efectivamente, el citado personaje merece un artículo de reconocimiento.
Si hacemos un repaso a su biografía este empresario nació en 1937 en Aldearrodrigo (Salamanca). Su familia se dedicaba al pastoreo. Siendo el cuarto de seis hermanos, ayudó desde pequeño a sus padres en distintas tareas. Tras haber cumplido el servicio militar quiso cambiar de vida y vio la necesidad de estudiar, por lo que logró ingresar en la Policía Nacional, profesión de la cual nunca tuvo vocación pero le permitió abrirse caminos y entablar relaciones sociales. Con su sueldo pudo ayudar económicamente a su familia mejorando su calidad de vida. En 1963 lo destinaron a Barcelona, ciudad donde compaginó su labor policial con la de empleado en El Corte Inglés los días que libraba, llegando a ascender de categoría.


El 28 de abril de 1969, tras haber ahorrado 600.000 pesetas de la época adquirió el antiguo bar Can Rosith, ubicado en la calle del Almirante Cervera (actual Pepe Rubianes), en el barrio de la Barceloneta, junto con un socio, su esposa Lorena González y su hermano Modesto. Tras unas reformas fue rebautizado como Bar Salamanca, después Restaurante Salamanca, en honor a su tierra natal. Como empleados suyos él contó con sus hermanos y sobrinos, además de gente de su pueblo y otros conocidos, hasta el punto de formar un ambiente familiar. A medida que el negocio iba dando sus frutos, no sin grandes sacrificios y mediante préstamos bancarios para acondicionar el local, comprar mercaderías y pagar a los proveedores, aquél humilde bar y casa de comidas creció con la adquisición y fusión de los locales anexos y el edificio entero del bar hasta convertirlo en un establecimiento con una gran terraza a pie de playa y seis salones con diferente capacidad, ambientación y privacidad: Salón Andalucía, Salón Barcelona, Salón Cataluña, Salón Galicia, Salón Gemelos y Salón Salamanca Nuevo. En total una capacidad para 495 comensales.


Como resultado se dio lugar a un restaurante marisquería de cocina tradicional mediterránea a la vez con productos salmantinos donde trabajan 150 personas y 80 camareros coordinados por 8 jefes de sala. El prestigio llegó hasta el punto de convertirse en punto de congregación de numerosos personajes famosos tanto nacionales como internacionales del mundo de la política, las letras, el espectáculo, la pintura, el cine, la música, el deporte, la sociedad y la tauromaquia, entre otros. Las paredes de los interiores están repletas de fotos de todos ellos. Según contaba el mismo Silvestre, los dos primeros fueron Rafael Farina y Antonio Molina.
Además del Salamanca, tras el estímulo que supusieron los Juegos Olímpicos de 1992 abrió otros restaurantes en Barcelona: La Barca del Salamanca (en el Port Olímpic), La Fonda del Port Olímpic (también en el Port Olímpic), el Portonovo Silvestre (en la calle de la Creu Coberta, en Sants) y Luigi Ristorante Pizzería (en la calle de Roger de Llúria, en el Eixample).


Todo y residir en Barcelona jamás perdió contacto con su tierra natal. Así, pues, fundó el desaparecido club Unión Deportiva Salamanca (del cual llegó a ser vicepresidente hasta el 16 de agosto de 2004) y locales como el restaurante El Pato Rojo y la zapatería Silmo’s, además de restaurantes y bares en la propia Plaza Mayor de Salamanca. Fue, además, concejal de su pueblo natal, Aldearrodrigo, y contribuyó al desarrollo local con donaciones y apoyo a clubes deportivos. A todo ello, siempre manifestó una gran afición por la tauromaquia, a la vez que fue mecenas. En 2007 hizo el pregón de las ferias y fiestas de Salamanca; en 2009 recibió la Medalla de Oro de Salamanca otorgada por el Ayuntamiento de dicha ciudad en las fiestas de San Juan de Sahagún; en 2011 lo declararon Hijo Predilecto de Aldearrodrigo y recibió el Madroño de Oro otorgado por la Casa de Madrid en Barcelona por su calidad humana y solidaridad; en 2014 fue el pregonero de las fiestas de La Alberca; y en 2024 recibió la medalla de la Cámara de Comercio de Salamanca en Barcelona. En 2021 su empresa, el Grupo Silvestre, que da trabajo a más de 500 personas y está actualmente dirigido por sus hijos Javier y Ángel, recibió el Premio Empresa Hostelera por sus más de 50 años de trayectoria. Inexplicablemente no le fue otorgada la Medalla d’Honor de la Ciutat de Barcelona.


Más allá del ámbito profesional y empresarial, Silvestre fue un hombre socialmente comprometido. En la Barceloneta apoyó iniciativas vecinales, colaboró con asociaciones culturales y deportivas, y nunca dudó en tender la mano a quienes más lo necesitaban, ofreciendo incluso un plato de comida o un bocadillo a personas pobres o con adicciones. Su restaurante no solo fue un lugar de encuentro gastronómico, sino también un espacio donde se celebraban actos benéficos y se impulsaban proyectos comunitarios.
Tras su traspaso sus restos mortales fueron trasladados a Aldearrodrigo, su pueblo natal, donde se le dio sepultura. Recientemente, el Grupo Municipal del Partido Popular de Barcelona, encabezado por Daniel Sirera, quiere que la ciudad le rinda homenaje como reconocimiento de su trayectoria profesional y como muestra de agradecimiento a su aportación a la restauración y la economía local de la ciudad, especialmente en la Barceloneta. Por este motivo han solicitado en la Comisión de Derechos Sociales, Cultura y Deporte del Ayuntamiento de Barcelona que el espacio situado al lado del restaurante Salamanca, al final de la calle de Pepe Rubianes, se le dedique una plaza con su nombre. En la ciudad de Salamanca una calle está dedicada a su figura.


Que Barcelona no pierda esta oportunidad, se eviten prejuicios y se contribuya de esta manera a través de la nomenclatura callejera a fomentar la memoria histórica de aquellas personas que hicieron historia, forjaron identidad y pusieron su granito de arena en la construcción y prestigio de la ciudad. Entre ellas, Silvestre Sánchez Sierra, ejemplo real de integración e interculturalidad, hombre polifacético, muy trabajador y claro ejemplo de la cultura del esfuerzo.

Fotos: Archivo Restaurante Salamanca, Archivo Salamanca Hoy, bodas.net.