miércoles, 18 de febrero de 2015

La presencia de la Iglesia en Nou Barris: una mirada positiva e ignorada


La conmemoración de las Bodas de Oro de la parroquia de San Esteban resulta un contexto oportuno para hacer una mención especial al papel que la Iglesia ha desarrollado a lo largo del tiempo en Nou Barris. Generalmente siempre se suele explicar la evolución de los barrios del distrito a través de las luchas vecinales y de las entidades que allí se formaron. Es por ello que no se debería ignorar el mérito de aquellas parroquias que jugaron un papel decisivo en la transformación de los barrios y sin las cuales muchas cosas no habrían podido llegado a hacerse realidad. Contar la historia de Nou Barris haciendo escasa o nula referencia a la Iglesia supondría falsear la realidad para caer en una visión romántica y nada objetiva. Su presencia como institución en el territorio del actual distrito es muy antigua, pues ya se encuentra documentada en el siglo IV y es la responsable de escribir la historia más antigua cuando todavía aquel paisaje estaba formado por campos, bosques, torrentes y masías diseminadas.


Desde un primer momento la Iglesia generó un impulso a la vida social de sus escasos habitantes. El núcleo urbano de Santa Eulàlia de Vilapicina fue la primera barriada del norte de Sant Andreu, por lo que su parroquia tuvo un papel destacado en la organización de fiestas y tradiciones, en el fomento de la cultura y en el ámbito pedagógico. Así, en 1882 se creó el Centre Moral Eulariench, y en 1901 la Archicofradía de las Hijas de María, la Cofradía Minerva, la Pia Unión y Cofradía del Rosario y la Asociación del Sagrado Corazón y Apostolado de la Oración. A nivel político, entre finales del siglo XIX y principios del XX se seguía la corriente catalanista católica, donde la lengua catalana era empleada para las oraciones a la vez que se promocionaba la cultura catalana.


Esta iniciativa, sin embargo, se estancó durante la dictadura de Primo de Rivera, pero a pesar de todo no se renunció a atender las necesidades de las nuevas barriadas aparecidas durante los años veinte, como Verdum, Les Roquetes, Charlot’s y La Prosperitat. Con la creación de la nueva parroquia de Santa Engracia en 1928 se fundaron la asociaciones Hijas de María y del Apostolado de la Oración, ambas encargadas de fomentar la cultura y escolarizar a los niños y niñas, siendo esta última una tarea importante ya que faltaban escuelas públicas.
Con la instauración de la Segunda República, la fuerza de las asociaciones laicas provocó la pérdida de influencia de la Iglesia y de las instituciones religiosas. Tras estallar la Guerra Civil los templos fueron saqueados y/o quemados y utilizados para otros usos, como por ejemplo para casas del pueblo o bien para almacenes de provisiones.


Bajo el régimen franquista la Iglesia volvió a tener nuevamente protagonismo. Si bien es cierto que inevitablemente hubo un colectivo afín a la dictadura, en el territorio de Nou Barris predominó un sector con gran sensibilidad social que para conseguir demandas sociales asumió un papel de intermediario entre el vecindario y las autoridades franquistas, debido a que se convirtió prácticamente en el único y permitido agente dinamizador de los barrios. En este sentido, en 1943 se creó la Obra Católica de Verdún en un antiguo bar y sala de baile por iniciativa de un grupo de jóvenes de Acción Católica con el objetivo de ofrecer servicios sociales, culturales, religiosos y asistenciales a la gente de los barrios. Como resultado, se fundaron los centros catequistas del Sagrado Corazón en La Prosperitat, de Cristo Rey en Les Roquetes y de Cristo Redentor en La Guineueta.


Poco tiempo después organizó un club infantil en una línea apostólica y de caridad con el objetivo de que los menores no fueran al baile o al cine, pues un 50% no estaban escolarizados y ésta se consideró una solución para evitar que estuvieran por las calles. Debido a las condiciones de pobreza, hicieron presencia en los barrios las señoras de las conferencias de San Vicente Paúl, que organizaban reuniones y sermones y repartían comida a los asistentes. En cuanto a las fiestas mayores de barrio, la Autoridad Diocesana se coordinaba con las comisiones vecinales, los comercios y las entidades culturales para su organización, una estrecha vinculación que duró hasta los años setenta cuando las asociaciones vecinales de nueva creación se encargaron de ello por medio de sus vocalías. En Santa Eulàlia de Vilapicina, un grupo de jóvenes de la parroquia de Santa Eulalia fundaron en 1952 la Secció Excursionista Santa Eulàlia (SESE) dedicada al fomento del deporte, donde se practicaba ciclismo, tenis de mesa, esquí, montañismo y baloncesto.


En aquellos años la Iglesia intensificó su presencia en los barrios con visitas de catequistas durante los fines de semana, donde se desarrollaban diversas actividades. No sólo supuso la atención espiritual a sus feligreses, sino también una amplia labor social impulsando o apoyando muchas obras sociales que ayudaron a consolidar los barrios.
En aquellos núcleos carentes de un templo, los actos religiosos se celebraban en espacios habilitados en la calle, como por ejemplo en la calle de Palamós con la Via Favència, en la plaza del Pare Lluís Artigas y en el cruce de la Via Favència con la calle de Almansa.
Debido a la falta de recursos económicos, muchas iglesias nuevas comenzaron en forma de barracones provisionales hasta que no se construyeron los templos definitivos. Otros, en cambio, sí que tuvieron un edificio de obra desde un primer momento. Paralelamente, algunas masías también disponían de capillas, las cuales fueron utilizadas por los propios vecinos de los barrios para celebrar actos religiosos. Arquitectónicamente, los templos erigidos posteriormente a la Guerra Civil se caracterizaron por su sencillez y funcionalidad, mientras que los anteriores fueron más suntuosos.


En cuanto a la obra social y su vinculación con los habitantes de los barrios, las parroquias fueron las responsables de conseguir algunos equipamientos para la mejora de la calidad de vida de las personas como escuelas, guarderías, institutos, viviendas, bancos de alimentos, centros recreativos y dispensarios. Por citar algunos ejemplos, tendríamos la escuela Luz Casanova (1954) de las Damas Apostólicas; el taller de Natzeret (1959), la guardería "Los Enanitos" (1959), la escuela Ton i Guida (1962), el centro social "Las Roquetas" y el centro de cultura popular Freire (1972), de la parroquia San Sebastián, entonces liderada por Mossèn Josep Maria Juncà; la escuela San José Obrero (1961) y la escuela Benjamín (1961), de la parroquia de San José Obrero; la escuela Ginesta (1965), de la parroquia de San Mateo; la guardería Pla de Fornells (1965), de la parroquia de Santa Magdalena y Cáritas; y el Centro Social Trinidad y la Biblioteca Juan Grabulosa (1970), con el apoyo de Abelard Sayrach, rector de la desaparecida parroquia de Sant Tarsici.


Algunas parroquias incluso estimularon y apoyaron las luchas obreras y vecinales que se forjaron en los años sesenta y se expandieron durante los años setenta. En buena parte fue gracias a la presencia de una nueva generación de sacerdotes jóvenes que se sentían muy cercanos a las clases populares y que manifestaron sensibilidad ante las injusticias provocadas por la pobreza y las desigualdades. En este sentido, no podemos olvidar la ayuda de los voluntarios feligreses de la parroquia de San Sebastián en la construcción de la red de alcantarillado y del agua en el barrio de Les Roquetes (1964) bajo la supervisión del joven párroco Santiago Thió; la creación en un barracón de la parroquia de San José Obrero del Centro de Vida Comunitaria para Todos (1968), lugar donde se decidieron muchas acciones vecinales y donde nació en 1970 la Asociación de Vecinos de 9 Barrios; y los locales de la parroquia de Santa Engracia, punto de reunión vecinal para acordar reivindicaciones y que en 1976 vivió el cierre tanto de alumnos como de madres y padres para pedir los docentes que ellos habían elegido para el instituto Sant Andreu.


A nivel político, varios clérigos de las parroquias de Nou Barris participaron clandestinamente en la Assemblea de Catalunya y dieron apoyo activo al restablecimiento de la democracia.
En la actualidad, las parroquias de los barrios que conforman el distrito de Nou Barris se han adaptado a los nuevos tiempos y al nuevo contexto eclesiástico derivado del nuevo papado pero siempre manteniendo su propia identidad, manifestando su presencia por medio de sus actividades tanto religiosas como culturales y educativas, y procurando no quedar al margen de las demandas sociales de hoy en día encaminadas a mejorar la calidad de vida vecinal.

El presente artículo cuyo título original es “La presència de l’Església a Nou Barris” es una trascripción de la introducción que yo escribí como participación personal en el libro titulado “Barrio de Porta y la Parroquia de Sant Esteve. 50 años creciendo juntos (1962/64-2014)”, escrito por mi amigo Roberto Lahuerta Melero, colaborador del Arxiu Històric de Roquetes-Nou Barris.


Fotos: Arxiu Històric de Roquetes-Nou Barris

1 comentario:

richy dijo...

Hola Ricard. Muy en tu linea.
Yo recuerdo de muy niño de ver salir procesiones de la ermita de Sta Eulalia.
Recuerdo el estado desastroso que estaba y los bonita que la han dejado el conjunto Iglesia anexo,asi como la urbanizacion peatonal de la zona.
Recuerdo el Paseo fabra i Puig sin asfaltar el tramo de virrey hacia arriba del mismo...
En fin...
Bonitos recuerdo en blanco y negro..
Un fuerte abrazo