lunes, 26 de abril de 2010

Criminalizando al bando republicano y al conseller Tarradellas

Recientemente, el investigador e historiador Miquel Mir y el marista Mariano Santamaría, han escrito un libro titulado “El precio de la traición” donde se cuenta que durante el año 1936, dirigentes de la CNT-FAI con cargos de responsabilidad en la Conselleria d’Interior de la Generalitat se encargaron de la persecución, chantaje, traición y asesinato de 172 hermanos maristas. Entre los responsables de tales crímenes se dan los nombres de Manuel Escorza (del Comité de Investigación de la FAI), Dionís Eroles (cabeza de Servicios de la Comissaria General de l’Ordre Públic), Josep Asens (cabeza de las Patrulles de Control), Aurelio Fernández (secretario general de la Junta de Seguretat i Interior de la Generaltiat), y Silví Torrentes (cabeza del cuartel de Sant Elies). Según cuentan los autores, aseguran que “las pruebas reunidas son lo suficiente elocuentes por afirmar que algunos gobernantes de la Generalitat de Catalunya estaban al cabo de la calle de la persecución y el chantaje de doscientos mil francos que los dirigentes de la CNT-FAI -con cargos de responsabilidad a la Conselleria de Interior de la Generalitat de Catalunya- hacían a la Institución Marista, y que este dinero cobrado por Aurelio Fernández fue entregados a Josep Tarradellas, que a su turno los entregó a Josep Asens para ser trasladados y depositados en Suiza".

Con respecto a esta documentación que acredita la veracidad de lo explicado, no hay objeción alguna porque la verdad histórica es la que es y no se puede contradecir a lo evidente. Es cierto que el bando republicano cometió grandes atrocidades, como la matanza de personas inocentes cuyo delito fue encontrarse en un bando equivocado, el encarcelamiento de rehenes en las temibles y tortuosas checas de Barcelona, asesinatos de clérigos, violaciones (e incluso descuartizamiento) de monjas, quema de iglesias y conventos, profanación de cuerpos de religiosos… y la imperdonable y cruel decisión de enviar a niños y adolescentes a la guerra (la famosa “Quinta del Biberón”). A todo ello hay que rendirse a la evidencia, y es algo que debe ser objeto de condena, y cualquier republicano demócrata y contrario a las guerras y a la violencia será capaz de admitir que se trató de algo que estuvo muy mal. El problema reside en que muchos de estos republicanos han enterrado estos sucesos y se han centrado únicamente en las atrocidades cometidas por el bando franquista, que ciertamente no fueron pocas, en vez de hacer condena y autocrítica. Resultado de ese silencio, han terminado siendo, entre otros, especialmente los católicos más radicales, los franquistas y los nacionalistas españoles quienes se han encargado de sacar a flote la porquería del bando rojo, como respuesta a los ataques recibidos por el bando republicano. Y cuando lo cuentan es algo que no se puede negar y hay que admitir desgraciadamente que tienen razón, nos guste o no, porque es memoria histórica. ¿Por qué la mayoría de republicanos han callado y escondido los trapos sucios en vez de hacer condena y autocrítica de sus atrocidades dando así una lección ejemplar al bando enemigo? Nada más hay que pensar como los nacionales o franquistas nunca o muy raras veces han hecho autocrítica y han condenado sus barbaridades, técnicamente igual de malas que las republicanas pero moralmente peores por haberlas cometido en nombre de Dios, o sea, de un ser supremo que presuntamente profesa el bien, la paz y el amor.

En cuanto a las críticas hacia Josep Tarradellas, entonces Conseller de Serveis Públics, Economia i Finances de la Generalitat, todavía queda mucho por descubrir acerca de este no menos controvertido personaje. Hasta dentro de unos años no se podrán consultar públicamente los documentos del archivo Montserrat Tarradellas i Macià, que desvelarán muchos secretos. Nunca he escondido mi gran admiración hacia la figura de este hombre, de quien leyéndolo he aprendido muchas cosas sobre política. Sin embargo, ello no significa una entronización y una idolatría, pues no voy a negar que cometiera errores, especialmente durante la Guerra Civil. El episodio antes explicado de los hermanos maristas, así como el haber firmado algunas sentencias de muerte por su parte es cruel porque siempre lo resulta cuando decides quitarle la vida a otra persona. Por lo que he leído en sus biografías y autobiografías, Tarradellas desarrolló durante el conflicto bélico su papel de forma brillante. Mientras dirigió y controló la industria de guerra, las cosas funcionaron bien en cuanto a organización, trabajo y producción armamentística se refiere, y Cataluña se convirtió en el principal proveedor de la España republicana. Pero en el momento que anarquistas y comunistas no se entendieron y decidieron ir cada uno por su lado como “jefecillos”, sumado a los estúpidos recelos anticatalanistas (posiblemente el tópico de que los catalanes pedían mucho y se lo quedaban todo) que comportaron el “cierre del grifo” por parte del Banco de España a financiar la industria de guerra que tan bien gestionó Tarradellas fue entonces cuando las tropas nacionales tuvieron pista libre para avanzar y conquistar España como finalmente hicieron. Así, los recelos entre grupos, el hambre de imponer en España su propio sistema y los prejuicios anticatalanistas contribuyeron en buena medida a perder la guerra y a poner el país en bandeja e plata a los nacionales, algo que tal vez no habría sucedido si se hubiese dejado trabajar a la industria catalana de guerra como debía bajo la supervisión de Tarradellas. Y eso también es memoria histórica, aunque claro, no se puede decir en voz muy alta y resulta mucho más fácil decir que Tarradellas fue un pésimo gobernante.

E insisto en el error de permitir muertes y mucho más firmarlas, pero también criticar a simple vista es muy fácil y superficial. En una guerra no hay bandos buenos ni bandos malos, y no hay nobleza ni honor como cuentan las novelas de caballerías o algunas películas sobre grandes hazañas bélicas, sino mucha crueldad y de la más repugnante y vil que uno pueda imaginar.
El señor Tarradellas tenía un cargo a desempeñar y una familia a quien proteger. Yo no he tenido el placer de tener hijos, y deseo algún día llegarlos a tener. Así que, bajo esa ignorancia personal, estoy seguro de que un hombre en su misma situación, en medio de una guerra y bajo una gran tensión, viendo como sus seres más queridos pueden peligrar su vida, es capaz de firmar sentencias de muerte u ordenar cualquier barbaridad en un momento dado si eso sirve para salvarlos. Y si todos estuviésemos expuestos, seguro que la mayoría haríamos lo mismo. Y con ello no pretendo disculpar ni proteger a Tarradellas de estos errores como si se pudiesen justificar, porque ninguna muerte ordenada o consentida es justificable. Al contrario, firmar sentencias de muerte y hacer la vista gorda a persecuciones y asesinatos como los de los hermanos maristas fue algo malo y un grave error por su parte, pero simplemente las cosas hay que matizarlas y analizarlas desde diferentes puntos de vista. Si hoy mismo estallara en España una segunda guerra civil ¿acaso los políticos de hoy serían blandos y demócratas con el enemigo y no firmarían sentencia de muerte alguna si ello les sirviera para defender a su bando y a su familia?

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Indirectament, els "republicans" foren tots reponsables dels assasinats covards de cures i monges al llarg de la gegrafia espanyola.

jlgt dijo...

Comentas lo siguiente:

"El problema reside en que muchos de estos republicanos han enterrado estos sucesos y se han centrado únicamente en las atrocidades cometidas por el bando franquista, que ciertamente no fueron pocas, en vez de hacer condena y autocrítica."

No creo que haya ningún republicano que niegue las atrocidades cometidas por su propio bando y no las condene, desmanes que por otro lado fueron equivalentes a los cometidos por el otro bando durante la guerra en el territorio que dominaban, ni más, ni menos. De hacer condena y autocrítica ahora no es el momento porque el régimen vencedor ya les hizo pagar, con creces, los desmanes que cometieron durante la guerra. Lo que pasa es que los que la ganaron, que tampoco nunca han realizado autocrítica por las atrocidades que ellos cometieron, tampoco han sido sometidos a juicio por toda la brutal represión ejercida, mientras que los perdedores si que lo fueron. Los vencedores, al mismo tiempo que iban recuperando la memoria histórica de los suyos homenajeando a sus represaliados, iban castigando a todo rojo republicano que encontraban. Y esa cruel represión y castigo duró casi 40 años. En cuanto pasaron, como que el ruído de sables era considerable, se hizo la transición que se hizo. Es normal que a los que durante cuarenta años hicieron pagar exageradamente su pertenencia al bando perdedor, hubiera cometido crímenes o no, ahora solo quieran que los que inflingieron semejante castigo pasen al menos por un tribunal con todas las garantías que ofrece el actual marco constitucional, no como los consejos sumarísimos por los que a ellos les tocó pasar, aunque muchos de ellos fueron ajusticiados sin llegar a hacerlo.

Es evidente que no existe simetría y que el castigo ejercido por cada bando es muy desigual. Si bien los desmanes cometidos por ambos bandos durante la contienda fueron equivalentes, los vencedores prolongaron durante muchos años más su represión, ejecutando a sus últimos reos menos de dos meses antes de la muerte del dictador.

Ricard dijo...

Ciertamente, a pesar de que ambos bandos cometieron atrocidades similares durante el conflicto bélico, existe sin embargo un desequilibrio entre el lado franquista y el lado republicano, que se ha decantado más a favor de los primeros. Yo nunca he creído que la Transición fuese ejemplar como dicen. Ante los franquistas muchos se bajaron los pantalones, a diferencia de otros países donde los simpatizantes del régimen han sido juzgados.