domingo, 14 de julio de 2019

40 años de ayuntamiento democrático en Barcelona (VI). Los alcaldes de la ciudad: Xavier Trias (2011-2015)


Tras 32 años de gobierno socialista, el 21 de julio de 2011 Xavier Trias i Vidal de Llobatera, del partido Convergència i Unió (CIU), tomó posesión de la alcaldía de Barcelona después de ganar por la mínima las elecciones municipales. La principal causa del cambio se debió  al agotamiento del programa socialista y a una falta de renovación del "maragallismo" que tantos buenos resultados dio en su momento. Sin embargo, era necesario asumir nuevos retos y la fórmula creada por Pasqual Maragall no se supo actualizar por parte de sus sucesores Clos y Hereu y adaptarla a las nuevas necesidades emergentes y a los retos planteados por la sociedad barcelonesa.
El nuevo alcalde, de centro-derecha nacionalista e independentista, solamente gobernó durante una legislatura, por lo que no pudo completar ni iniciar muchos de los proyectos previstos. Centró su mandato en la reactivación económica, la creación de empleo, mejorar la atención hacia los colectivos más desfavorecidos y en dotar a la ciudad de servicios de calidad. Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones, todo ello pasó, en líneas generales, desapercibido, para muchos sin pena ni gloria, debiéndose ello a tres causas: a la falta de una mayoría representativa más fuerte para ejecutar más proyectos de ciudad; al peso de la crisis económica y financiera mundial que implicó varios recortes presupuestarios; y a la fuerte presión opositora por parte de quienes no aceptaban la presencia de un gobierno conservador en Barcelona ante el temor de que favoreciera a las clases acomodadas en detrimento de las populares así como el sector privado y empresarial con respecto al público y popular.


En lo referente a la reactivación económica estimuló la instalación de nuevas empresas en Barcelona, redefinió el Distrito 22@BCN del Poblenou, en el año 2014 creó la Oficina de Atención a la Empresa y logró prorrogar la celebración del Mobile World Congress hasta el año 2023. Potenció la ciudad para la celebración de ferias, congresos y eventos internacionales, y extendió el turismo a todos los distritos de Barcelona. Fueron años de construcción de numerosos hoteles y hostales. Este último punto fue motivo de polémica y división social. El excesivo aumento de visitantes generó una presión hasta el punto de que determinados barrios acusaron abusos como la subida de los alquileres, la presencia de zonas urbanas masificadas por visitantes y la proliferación incontrolada de pisos turísticos, agravando el fenómeno de la gentrificación. También hubo recortes en lo relativo a inversiones económicas, como fue el caso del sector Sant Andreu-La Sagrera, cuyo proyecto se tuvo que redefinir reduciendo el presupuesto y aprobando otro plan menos ambicioso que eliminaba superficie e hipotecaba la construcción del rascacielos diseñado por Frank Gehry en el Triangle Ferroviari (ya frenado por Hereu). Suspendió, además, la construcción del zoológico marino en la zona del Fòrum y la Torre Espiral diseñada por la arquitecta Zaha Hadid.
En lo relativo a la creación de empleo, logró disminuir ligeramente la tasa de paro, fomentó el empleo juvenil y los cursos de formación para personas con riesgo de exclusión social, y creó una red de inserción laboral para personas con discapacidad. Ahora bien, durante este periodo aumentó el fenómeno de las personas pobres empleadas debido a la precariedad de los contratos laborables en tanto que en muchos casos los salarios no ayudaban a llegar a final de mes.


En cuanto a la atención a las personas, se incrementaron levemente los presupuestos sociales si bien como consecuencia de la crisis resultaron insuficientes, ocasionando la protesta de muchas entidades sociales. La aplicación real de los dos últimos puntos (creación de empleo y atención a las personas) demostró que no tuvo los resultados esperados, pues entre los años 2011 y 2017 Barcelona experimentó una gran desigualdad social entre barrios que enriqueció a los más ricos y empobreció a los más pobres, desestabilizando y dañando a la clase media. Sarrià-Sant Gervasi fue el distrito más favorecido, mientras que Nou Barris pasó a ser el más perjudicado.
Todo y haberse construido de más de 1.000 viviendas de alquiler asequible, durante esta etapa se incrementaron notablemente los desahucios de muchas familias que de pronto se vieron incapaces de hacer frente al pago de la compra o alquiler de su hogar. El caso más paradigmático fue el barrio de Ciutat Meridiana, muy castigado por el aumento abusivo de los alquileres hasta el punto de ser tristemente conocido como “Villadesahucio” incluso a nivel nacional. De este modo tanto la pobreza como el número de suicidios aumentó. La aplicación del Decreto Boyer tuvo nefastas consecuencias no solo en lo referente a posibles abusos por parte de los arrendadores sino también por la subida impune de los alquileres de muchos comercios tradicionales, algunos de ellos históricos, que se vieron obligados a cerrar, destruyendo el comercio de barrio.


A nivel urbanístico procedió a la remodelación de varias calles con el objetivo de reducir el tráfico de automóviles. La avenida del Paral·lel, la calle de Balmes, el segundo tramo del paseo de Sant Joan y el tramo comprendido entre la plaza de Francesc macià y la plaza de los Cinc d’Oros de la avenida Diagonal fueron renovados como bulevares, descartando en esta última con la complicidad de los comerciantes de la zona la implantación del tranvía que debe unir las redes del Trambaix y el Trambesòs, a cambio de apostar por el autobús eléctrico. Paralelamente se inició la ambiciosa remodelación de la plaza de las Glòries Catalanes y la cobertura de las vías ferroviarias entre la estación de Sants y el término municipal de L’Hospitalet de Llobregat. Otras obras públicas fueron el monumento a los Castellers (2012), el parque infantil d’en Patufet (2013), los jardines de Salvador Escamilla (2014), la nueva plaza de Vicenç Albert Ballester (2014), los jardines de Ramon Aramon i Serra (2015) y la remodelación de la plaza del Alcalde Baró de Viver (2015).
En materia de transporte público, se inició la implantación de la nueva red ortogonal de autobuses que vendría a sustituir buena parte de la entonces vigente. Algunos equipamientos se hicieron realidad durante su mandato, muchos de ellos de titularidad privada, razón por la cual no quedó exento de críticas. Destacaron, entre otros, el CAP Comte Borrell, el nuevo edificio de la Fundació Puigvert, el museo y la remodelación de la Casa Bloc (durante el 2012), la nueva sede de Everis BPO, la nueva Casa de Agricultura de Cataluña, el nuevo edificio del CEIP Mediterrània, la nueva Casa Mèxic, la nueva central de energía térmica en la Zona Franca (durante el 2013), el nuevo Institut Comtal d’Oftalmologia ICO, los nuevos locales d’El Submarí en la calle del Foc nº100, el centro residencial SARquavitae Bonanova para gente mayor, el centro de atención a las mujeres de Nou Barris, el centro de salud Isabel Roig (durante el 2014), el Centre Integral Montjuïc Aspace, el Casal de Gent Gran Parc del Clot, y el Residencial Sant Gervasi Parc para gente mayor (durante el 2015).


Finalmente, tras el destacado ascenso de una plataforma política de izquierdas alternativa (Guanyem Barcelona) liderada por la activista Ada Colau Ballano, la cual aprovechando oportunamente el contexto de inestabilidad social marcado por la crisis económica y financiera, ofreciendo un discurso contra las injusticias y las desigualdades y defendiendo un modelo más social que caló en muchos barceloneses desencantados, en las elecciones municipales celebradas el 24 de mayo de 2015 ganó por la mínima su nuevo partido Barcelona en Comú. A pesar de algunos intentos de que Trias repitiese como alcalde, el 13 de junio siguiente Colau fue elegida como nueva alcaldesa de la ciudad, convirtiéndose así en la primera mujer alcalde de la historia de Barcelona.

Fotos: Antonio Moreno (El Mundo), Auto Retro Barcelona, e-notícies, El Confidencial, La Vanguardia.

domingo, 7 de julio de 2019

Barcelona, desarmada y peligrosa


La inseguridad ha vuelto a la ciudad. Durante estos últimos años parece que Barcelona ha remontado a los índices de los años ochenta del pasado siglo. A través de los medios de comunicación no paramos de leer a diario sucesos relacionados con robos, agresiones, violaciones e incluso crímenes. La capital catalana lidera España en aumento de actos delictivos, principalmente hurtos y robos, si bien son alarmantes y muy preocupantes los delitos sexuales. La red de metro ha pasado a ser un nido de carteristas; el barrio del Raval padece la presión de los robos a vecinos y turistas y la proliferación de narcopisos, todo ello aparte del habitual (y tradicional) trafico de drogas; las noches se han convertido en selvas aptas para violadores, tanto individuales como para "manadas"; los menas actúan en grupo asaltando al azar a su víctima fácil; peleas callejeras acaban en apuñalamientos e incluso en tiroteos con víctimas mortales, y así podríamos mostrar muchos más ejemplos de una triste y cruda realidad. Y a ello deberíamos sumar en otro nivel el vandalismo, la inseguridad y el incivismo como algo más que habitual.
La sociedad barcelonesa está harta. Sin embargo, la reacción por parte del Ayuntamiento de Barcelona es prácticamente nula. Un consistorio cuya filosofía es la corrección política y el buenismo ha permitido llegar a estos niveles extremos. El cuerpo de guardias urbanos, de policía y de vigilantes de seguridad ha experimentado severos recortes presupuestarios, lo cual ha repercutido a una notable reducción de efectivos en estos últimos cuatro años. Tampoco funcionan las normativas de civismo, cada vez menos restrictivas y menos efectivas.


El gobierno municipal vigente, con la ayuda de personas y entidades afines a la alcaldía, han relativizado el alarmismo vecinal. Aseguran que los índices de peligrosidad no son tan elevados, que los sucesos acaecidos son hechos puntuales, llegando a acusar a quienes son críticos de pretender desprestigiar a la vigente alcaldía. Alegan que la prensa está manipulada y plagada de fakes tendenciosos. Incluso se dan casos, por decirlo de algún modo, de "blanqueamiento", como por ejemplo las declaraciones un conocido personaje político cuyo nombre prefiero no revelar el cual aseguró que determinados violadores de origen extranjero son en realidad unas víctimas del sistema, y de algunos twitteros pasados de progres que acusan de fascistas, racistas y xenófobos a los cazacarteristas que actúan en la red de metro.
La inseguridad ya se ha convertido en la primera gran preocupación de la ciudadanía barcelonesa, y ello no es casualidad. Como consecuencia de la inacción municipal, cada vez más personas anónimas de manera voluntaria han decidido organizarse por su cuenta o en grupo para hacer frente a una delincuencia que parece actuar impunemente. A menudo los "buenistas" han criticado a estos colectivos que consideran de dudosa legalidad, sin embargo su existencia es resultado de una carencia de efectivos destinados a combatir los problemas de seguridad, pues de lo contrario no existirían. La percepción social es que los delincuentes, traficantes y violadores están amparados y son tratados como víctimas de un sistema socioeconómico que no funciona adecuadamente y no les da lo que merecerían; mientras que las víctimas están abandonadas y desamparadas a su propia suerte, incluso tratadas como personas intolerantes y hasta reaccionarias por ser incapaces de ser condescendientes con sus agresores y los motivos que los ha llevado a robar, traficar o violar.


Ante la situación actual, el Ayuntamiento de Barcelona debería de actuar urgentemente para evitar que el contexto se escape de sus manos y sea difícil de controlar. No es momento de relativizar los sucesos, manipular la realidad, blanquear la delincuencia y someter este problema a la corrección política y al buenismo, de lo contrario la sociedad barcelonesa se sentirá abandonada y desamparada, lo cual podría acabar con la alimentación de partidos populistas y de la extrema derecha en busca de chivos expiatorios.
El gobierno de Barcelona debe de aprender a ser crítico y autocrítico, tomando como referencia el ejemplo aportado por quienes han sido capaces de reducir drásticamente la delincuencia y la criminalidad hasta niveles insignificantes, devolviendo así el bienestar a la ciudadanía. En base a las soluciones adoptadas por aquellas ciudades del mundo tradicionalmente peligrosas, las medidas más comunes a todas ellas para combatir la inseguridad y que más eficacia han tenido se podrían resumir en estas diez recomendaciones:
• Aumentar el número de efectivos de la guardia urbana, la policía y los vigilantes de seguridad en espacios públicos y sistemas de transporte público.
• Desarrollar nuevas tecnologías en la localización y prevención de actos delictivos, como el sistema CompStat (aplicado para ubicar agentes, localizar delitos y valorar su impacto) y el HotSpotter (para detectar disparos de armas de fuego).
• Mejorar la relación social entre los cuerpos de seguridad y la población, de modo que la presencia de los agentes no sea hostilmente percibida.
• Entablar un diálogo entre cuerpos de seguridad y entidades vecinales, escuchando los problemas aportados por los vecinos y sus sugerencias de actuación, desarrollando así planes conjuntos de barrio.


• Invertir mayores recursos presupuestarios para desarrollar un programa general contra la inseguridad ciudadana.
• Controlar los traficantes de droga y de productos ilegales, así como los lugares estratégicos de tráfico (zonas portuarias y aeroportuarias) y la venta ambulante.
• Modificar las leyes para garantizar la tolerancia 0 y firmeza 10 contra delincuentes, terroristas, traficantes, violadores, criminales e incívicos.
• Aprobación de una nueva normativa cívica que permita a Barcelona ser una ciudad abierta, acogedora e integradora, pero a la vez fuerte y severa contra la inseguridad y el incivismo, es decir, que garantice tanto a la población de derecho (residentes) como a la de hecho (visitantes y turistas) unos derechos fundamentales pero a la vez unas obligaciones ineludibles.
• Destinar recursos a la integración, inclusión, reinserción y formación educativa, cultural, deportiva y profesional de personas delincuentes o con riesgo a delinquir, con el objetivo de cultivar habilidades de pensamiento crítico y construir una conciencia de lo que es nocivo para la sociedad.
• Combatir los desequilibrios territoriales entre barrios mediante el desarrollo de planes de barrio y de planes comunitarios entre administraciones y entidades vecinales para integrar los sectores más marginales como un espacio más de la ciudad.


El nuevo mandato municipal liderado por la alcaldesa Ada Colau tiene un gran reto por delante y para ello necesitará el consenso unánime de todas las fuerzas democráticas en la construcción de una Barcelona más cívica y segura que recupere e incluso supere en positivo los índices de popularidad y bienestar de antaño, convirtiéndose así en ejemplo y referente para otras localidades vecinas. ¿Será capaz de lograrlo?

Fotos: Crónica Global, El Periódico, Eliana Guerrero (La Vanguardia), Helpers-Twitter, Metrópoli Abierta.