viernes, 17 de octubre de 2014

Richard Strauss en Barcelona


Uno de los personajes del mundo de la música más importantes que tuvo el honor de pisar Barcelona en cuatro ocasiones fue el compositor y director de orquesta Richard Strauss (Munich, 1864 - Garmisch-Partenkirchen, 1949), moderno e innovador en su época y uno de los grandes influyentes en el desarrollo de la música del siglo XX.
El responsable de invitar a Strauss a Barcelona fue el maestro Antoni Nicolau (Barcelona, 1858-1933). Este compositor fue director de la Escola Municipal de Música de Barcelona, de la Societat Catalana de Concerts y de la Orquestra Catalana, además de profesor del Conservatori Superior de Música del Liceu y colaborador activo junto al Orfeó Català. Por motivos de trabajo residió temporalmente en París y allí fue donde forjó una gran amistad con Strauss, por lo que aquél le propuso a éste que estrenara algunas de sus obras dentro de su ciclo de Concerts Nicolau en el prestigioso y majestuoso Teatre Líric. Aceptando la oferta de buen grato, llegó a Barcelona por primera vez el 9 de noviembre de 1897 en un tren expreso procedente de París. Al llegar a la capital catalana se hospedó en el Gran Hotel Inglaterra, situado en la calle de Pelai. Actuó el jueves 11 y el domingo 14 de noviembre a las 21:00h. en el citado Teatre Líric, el segundo más importante de la ciudad tras el Liceu y situado en la esquina de las calles de Mallorca y Pau Claris.


A pesar de las inclemencias meteorológicas que causó la lluvia durante aquellos días, el público asistió al evento y llenó casi la totalidad de la platea y los palcos, alcanzando su máxima capacidad, de 2.000 espectadores. Las tarifas eran de 1 peseta la entrada general, de 3 pesetas la galería, de 6 pesetas la butaca y de 45 pesetas el palco, bastante caras para aquella época. Strauss, tras aparecer en el escenario con la orquesta, fue recibido con un gran aplauso. Su primera pieza fue la "Tercera Sinfonía" de Beethoven, a la que siguió el preludio de su ópera "Guntram", su poema sinfónico "Don Juan" y una interpretación de "Mephistowalzer" de Franz Listz. En relación a estos conciertos, la prensa afirmaba que "No se trataba, a la verdad, de adivinar a un director de orquesta, ni de descubrir un compositor más o menos notable: tratábase de conocer personalmente a uno de los primeros músicos modernos. El público respondió galantemente a la presentación, por cortesía y por egoísmo (...) De la solemnidad de anoche guardarán grato recuerdo cuantos a ella concurrieron. El maestro Strauss, al recibir la merecida y franca ovación vio comprendida su obra: a la orquesta cúpole la honra de compartir los aplausos con tan notabilísimo músico como el que ayer les dirigió, y al público, tras la fruición de un goce elevado, la satisfacción de haber sabido hacer justicia".
Tres años después de tal evento histórico, este magnífico teatro, promovido por el banquero y financiero Evarist Arnús e inaugurado en 1881, cerró definitivamente sus puertas.


La segunda visita tuvo lugar a inicios del nuevo siglo XX, invitado nuevamente por su fiel amigo y admirador Antoni Nicolau dentro del ciclo de tres conciertos de Quaresma del Gran Teatre del Liceu. El tercero de ellos, celebrado el 3 de marzo de 1901 en el Gran Teatre del Liceu, a las 21:00h. fue el de Strauss. Empezó con la dirección de la "Séptima Sinfonía" de Beethoven, siguiendo con sus obras "Don Juan", "Las Aventuras de Till Eulenspiegel" y "Don Quijote", los poemas sinfónicos "Muerte y Transfiguración", "Una vida de Héroe" y su obra coral a dieciséis voces "Al Atardecer", interpretada por el Orfeó Català, a quien Strauss manifestó reiteradamente su admiración por su notable calidad y con la que establecería un vínculo afectuoso. Inicialmente, se preveía solo el concierto del día 3, pero ante el éxito de clamor la dirección del Liceu decidió programar excepcionalmente otra actuación para el día 6. En ese sentido, un artículo publicado en el diario "La Vanguardia" del 4 de marzo de 1901 decía textualmente "No es obra que con una sola audición pueda juzgarse con serenidad, porque deja tal impresión y son tantos lo» motivos de alabanza que acuden en tropel a la memoria, que la mano se niega a escribir para dejar á la cabeza la tranquilidad de razonar el recuerdo de las emociones recibidas. Narrando sencillamente, nunca desde este sitio hemos recomendado nada, ni nadie. Pero hoy recomendamos la audición del poema de Strauss, porque la impresión ha de ser personal y no prestada. Vayan a oírle los que ayer no estuvieron, que los que allí estaban no podrán dejar de volver. Aquí donde se pasa tan guapamente toda una noche oyendo zarzuelas en un seto; conversando en las poltronas de un círculo, alrededor de una mesa de billar ganando «tantos» y perdiendo tiempo; o alrededor de un brasero criticando á los ausentes, bien pueden dedicarse un par de horas en llegarse a ver hasta donde puede el talento y la originalidad de un temperamento de artista de los que aquí llegan raramente, y siempre de lejanas tierras".


La tercera visita, invitado esta vez por el maestro Lluís Millet, tuvo lugar en mayo de 1908, ofreciendo sus conciertos los días 15, 16 y 17 en el Palau de la Música Catalana a las 21:00h. con la participación de la Orquesta Filarmónica de Berlín. Empezó su actuación con la interpretación de una audición de la escena titulada "Venusberg" de la ópera de Wagner "Tanhäuser", seguido por el preludio de "Tristán e Isolda", la "Sinfonía Heróica" de Beethoven, y del mismo Strauss el "Poema Sinfónico", "Muerte y Transfiguración" y "Don Juan", para terminar con la apertura de "Los maestros Cantores". La prensa destacó especialmente la madurez del público barcelonés en cuanto a cultura musical se refiere y a una mayor comprensión de la obra de Strauss: "No nos equivocábamos (...) al asegurar que la cultura musical que nuestro publico ha adquirido durante esos últimos diez años, habría de contribuir grandemente a que la obra de Strauss fuese ahora mejor comprendida y admirada. Lo que 'en 1857 nos pareció osadía hoy nos parece obra genial y consciente. Sus gallardías de armonización responden perfectamente al espíritu de la obra. (...) Todas las obras, tan magistralmente interpretadas, obtuvieron un éxito inmenso; pero en los aplausos que resonaron (...) nos pareció oír algo más que una aclamación hacia los intérpretes: un saludo al autor genial, a la mas saliente figura de la música moderna".
Tras su actuación en el Palau, que había sido inaugurado recientemente, el 9 de febrero anterior, Strauss mantuvo una estrecha y duradera relación amistosa con Lluís Millet y Amadeu Vives, que jamás perdieron el contacto con él. Sus cartas, hoy día conservadas, son un testigo de los elogios del músico y compositor alemán hacia ellos y hacia el Orfeó.


La cuarta y última visita a Barcelona tuvo lugar en marzo de 1925. Habían transcurrido diecisiete años desde su anterior estancia, pero esta vez permaneció durante más días en la ciudad, atraído especialmente por sus gentes y su cultura. Para ello, el Gran Teatre del Liceu organizó el "Festival Strauss" durante tres días: el 12 (a las 21:45h.) con la participación de Frederic Longàs al piano y Enric Casals al violín solista y la interpretación de los temas "Don Juan", "El Burgués Gentilhombre" y "Vida de Héroe"; el 15 (a las 17:00h.) con la interpretación de "Las Aventuras de Till Eulenspiegel", "Suite de Courperin" (primera audición) y la "Sinfonía de los Alpes"; y el 17, (a las 21:45h.) con la actuación especial de la soprano Mercè Plantada y la interpretación de "Muerte y Transfiguración", "Lieder" (primeras audiciones) y la "Sinfonía Doméstica". En las tres ocasiones dirigió a la orquesta Pau Casals. Durante su estancia en Barcelona, tras haber presenciado una actuación de la Banda Municipal de Barcelona y sorprendido por su calidad pidió poder dirigir a esta en un concierto multitudinario. Y así fue, que el jueves 19 de marzo por la mañana celebró un concierto en la plaza de Sant Jaume, cuyo éxito de público encogió el ágora barcelonesa. Al llegar en coche municipal, entró en el edificio del Ayuntamiento y desde el balcón saludó junto a sus dos hijos a toda la gente allí congregada. Luego bajó a la plaza y dirigió el poema musical "Muerte y Transfiguración". Tras finalizar su actuación y después de una gran ovación, Strauss subió nuevamente al balcón del Ayuntamiento, levantó el brazo y gritó "¡Viva Barcelona. Viva Cataluña!". Antes de abandonar la ciudad, el pianista, compositor y director de orquesta Joan Lamote de Grignon le obsequió con un pergamino que incluía la firma de todos los miembros de la Banda. A las 15:00h. tomó un tren en la estación de Francia hasta Portbou, donde transbordó con un expreso con destino a Alemania. Sus seguidores que quisieron despedirle llegaron hasta los andenes de la estación.


De esta última visita a Barcelona Strauss recordó sus estancias: "En Barcelona siempre me han brindado la mejor de las acogidas. Se me aplaudió y animó cuando, en 1897, di a conocer en el Líric el "Don Juan" y "Muerte y Transfiguración" o cuando en el Liceu dirigí "Una Vida de Héroe" y "Till Eulenspiegel". También recuerdo el éxito que conseguí cuando dirigí, en 1908, a la Filarmónica de Berlín. Sé que hace dos años muchos admiradores deseaban saludarme en el puerto a mi paso en dirección a América, pero una huelga marítima cambió mi rumbo y tuve que dejar la visita para otra ocasión. La segunda vez que estuve aquí, recuerdo que un domingo fui a pasear por vuestro Barrio Gótico, que es sencillamente delicioso. Después fui a comer al Tibidabo; luego me llevaron a los toros y por la noche asistí a un concierto del Orfeó Català. Pasé de los toros a "La Misa de Papa Marcel". Respecto a su asistencia a la corrida de toros, eso le hizo llegar a su actuación prevista en el Palau de la Música Catalana, por lo que la primera pieza de apertura la tuvo que dirigir uno de sus asistentes.
Con motivo de 150 aniversario de su nacimiento, merece la pena recordar el paso de Richard Strauss por Barcelona. Personajes como él han contribuido a hacer de la capital catalana una ciudad abierta, integradora, hospitalaria, multicultural y cosmopolita.

Fotos: Centre de Documentació Orfeó Català, Josep Domínguez, Carles Fargas.

sábado, 11 de octubre de 2014

Recuerdos de un autobús: el 71


Recientemente la línea 71 de autobús ha sido sustituida por la nueva V27, de recorrido similar y que forma parte de la nueva red ortogonal que TMB está implantando progresivamente y sustituirá a las líneas ahora vigentes, salvo los servicios de proximidad e intermunicipales. En un artículo más antiguo recordaba la historia y mis vivencias personales que tuve con la línea 18, también de mi barrio. Así que a petición de algunos seguidores y aficionados a los transportes, me complace recuperar la memoria histórica de esta línea de autobús.
La idea de poner en marcha este servicio se remonta hasta los años sesenta. Barcelona apenas tenía líneas de autobús que conectaran entre sí barrios periféricos de forma tangencial sin necesidad de tener que pasar por el centro histórico y de servicios, rompiendo así la radialidad de la red y ofreciendo mayor cobertura territorial. Por ello se planteó mejorar las comunicaciones de Sant Martí con aquellos barrios donde residían muchos obreros que iban a trabajar en las fábricas y almacenes del Poblenou. El desplazamiento era incómodo y caro al tener que pagar doble billete, pues primero había que dirigirse en metro o autobús hasta el Clot y desde allí tomar la línea de autobús de la empresa Martí que conectaba con el Poblenou, conocida popularmente como "La Catalana".


El primer proyecto fue mejor que el finalmente aprobado, ya que se planteó un servicio que comunicara la zona industrial y comercial del Poblenou con una zona del barrio de Horta que carecía de transporte público. Así, desde la plaza del Virrei Amat se preveía que la línea circulara por los paseos del Doctor Pi i Molist, Urrútia y Universal y las calles de Porrera y Lloret de Mar (regresando por Doctor Letamendi) hasta la calle de Eduard Toda. Por lo visto ello quedó reflejado en un plano oficial de TB del año 1968 porque se daba por hecho su inmediata puesta en servicio.
Sin embargo, los problemas urbanísticos retrasaron su inauguración hasta el 22 de marzo de 1971, con un trayecto limitado hasta la plaza del Virrei Amat. La apertura de varias calles con motivo de la construcción de la autopista Barcelona-Mataró permitió su viabilidad.
El recorrido, a pesar de ser vertical presentaba numerosos giros que reducían su velocidad comercial, provocado por la falta de apertura de más calles. Se iniciaba en la plaza del Virrei Amat y continuaba por Felip II, plaza del Doctor Modrego, Manigua, paseo y plaza de Maragall, Navas de Tolosa, València, Guipúscoa, Espronceda, Concili de Trento, Bac de Roda, Pujadas, Pamplona y avenida del Bogatell. A su regreso circulaba por Zamora, Llull, Bac de Roda, Guipúscoa, Espronceda, Múrcia, Navas de Tolosa, plaza y paseo de Maragall, Manigua, plaza del Doctor Modrego y Felip II hasta la plaza del Virrei Amat.


Al poco de inaugurarse, el 3 de agosto siguiente modificó su recorrido por establecerse dirección única en la calle de las Navas de Tolosa, pasando a circular en sentido ascendente por Espronceda, Múrcia, Felip II, Sant Antoni Maria Claret, Biscaia, Olesa y plaza de Maragall para seguir con su itinerario habitual.
En sus inicios, al tratarse de un servicio básicamente utilizado por obreros, solo circulaba de lunes a viernes no festivos, con frecuencias de paso de 9 a 11 minutos. La demanda era unidireccional con escasa renovación del pasaje a lo largo del recorrido. El material móvil habitual eran autobuses Chausson, con la particularidad de que la entrada y el cobro se hacía por delante, es decir, con agente único que cobraba al pasaje. Para ello TB reformó un total de 14 vehículos de esta firma francesa a dos puertas y a otros 15 más solo se les clausuró la tercera puerta. Para cubrir la oferta de la línea 71 circulaban entre 6 y 7 vehículos.
Dada la rentabilidad de la línea, el 25 de mayo de 1974 se prolongó su recorrido desde la plaza del Virrei Amat hasta el paseo de Fabra i Puig con la calle del Teide, para atender la demanda de los barrios del Turó de la Peira y Santa Eulàlia de Vilapicina. Igualmente, la oferta se extendió hasta los sábados, aunque domingos y festivos continuó sin circular.


Al retirarse los viejos Chausson, incorporó autobuses monotrales Pegaso-Jorsa 6035 cuando todavía eren verdes con franja amarilla. Estos vehículos se convirtieron en los más habituales durante los años posteriores, ya que los modelos más modernos como el Pegaso 6038 y el Pegaso 6420 tardaron bastante tiempo en incorporarse, haciéndolo primero los sábados y días festivos y posteriormente también durante los meses de verano.
El 3 de diciembre de 1986, tras peatonalizarse la avenida del Bogatell, trasladó su nuevo origen y final en la calle de Wad-Ras (actual Doctor Trueta) entre las calles de Pamplona y Àlaba, pasando a circular por la calle de Zamora en sentido descendiente y por Pamplona en sentido ascendiente.
A petición vecinal, en 1987 prolongó su recorrido hasta al final del Paseo Fabra y Puig, detrás del parque del Turó de la Peira. Al año siguiente, tras haberse inaugurado el puente de Santiago Calatrava sobre las vías férreas de la Sagrera, la línea 71 pasó a mejorar su recorrido con un itinerario más directo, circulando por Felip II y Bac de Roda, reduciendo así el tiempo de viaje. Sin embargo, tras la inauguración del tramo Barceloneta-Selva de Mar de la L4 de metro en el año 1977 y el cierre progresivo de varias fábricas del Poblenou bajo una etapa de declive industrial, el número de pasajeros había descendido progresivamente en una década, lo cual hizo empeorar su frecuencia de paso para ajustarla a la nueva demanda.


Tras la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992 y la apertura pública del nuevo barrio de la Vila Olímpica, a petición vecinal la línea 71 se prolongó hasta el paseo Marítim de la Barceloneta, circulando de bajada por la calle de Zamora, avenida de Icària y Ramon Trias Fargas, y de subida por Trelawny, Doctor Aiguadé, plaza de los Voluntaris, Marina, avenida de Icaria y Àlaba. Ello permitió nuevamente recuperar la demanda de usuarios perdida en el último decenio. Sin embargo, el servicio no se vio inicialmente reforzado, hecho que provocó durante los meses de verano grandes aglomeraciones de pasajeros que protestaron reiteradamente reclamando más servicio. Tras tantas presiones a TMB, desde el 31 de mayo de 1998 mejoró la oferta, aumentando nuevamente su frecuencia y pasando a circular también los domingos y días festivos.
Con la apertura del paseo de Fabra i Puig hasta el paseo de Valldaura, la línea 71 prolongó su recorrido hasta el barrio de Canyelles, pasando a circular en sentido ascendiente por paseo de Valldaura, plaza de Karl Marx, ronda de la Guineueta Vella y Antonio Machado, y en sentido descendiente por Artesania y Via Favència. Así fue como se completó definitivamente el eje mar-montaña, culminando una larga reivindicación que muchos vecinos del distrito de Nou Barris venían reclamando desde hacía al menos cuarenta y cinco años.


El 26 de mayo del 2006 pasó a circular en sentido descendiente por Concepción Arenal y Espronceda debido a las obras de remodelación y cambio a sentido único ascendiente de la calle de Bac de Roda. Finalmente, tras la implantación de la tercera fase de la nueva red ortogonal, el 15 de septiembre de este año dejó de funcionar definitivamente para ser sustituida por la nueva línea V27, que efectúa un trayecto muy similar  entre ambos puntos y tiene una frecuencia de paso de entre 8 y 10 minutos.
Mi relación personal con esta línea fue tardía al transcurrir por unos barrios a los cuales en muy pocas ocasiones he tenido la necesidad de desplazarme. Sin embargo, mi hermana fue usuaria habitual durante los años ochenta porque por las tardes se trasladaba desde mi barrio hasta un gimnasio situado en el barrio de la Verneda donde entrenaba a niñas patinadoras.
A partir de los años noventa, tras ser prolongada hasta el Hospital del Mar, empecé a ser pasajero habitual durante los meses de verano, a menudo junto con mi padre, cuando nos dirigíamos a la playa del Somorrostro. En el trayecto de ida, los vehículos a rebosar de gente. En el trayecto de vuelta, viajando sentados. Ocasionalmente también la utilizaba para trasladarme hasta el Arxiu Històric de Roquetes-Nou Barris, entidad donde colaboro desde 1999, apeándome en el final de Canyelles y luego desplazándome a pie por la Via Favència. Ahora, con su heredera, mi relación personal no va a cambiar, salvo que las circunstancias de mi vida establezcan un vínculo especial que por ahora no he tenido con los barrios a los que sirve.


Fotos: Arxiu Fotogràfic d'Horta, Boletín Informativo TB, Carlos Segura, José Mora.

sábado, 4 de octubre de 2014

Mossèn Juncà, de aquí a la eternidad


El pasado día 2 de octubre falleció a los 91 años de edad Mossèn Josep Maria Juncà i Ramon, rector de la parroquia de Sant Sebastià entre los años 1959 y 1968. Desgraciadamente su desaparición parece haber pasado bastante desapercibida y solo una esquela publicada en el diario "La Vanguardia" me ha permitido descubrir la triste noticia. La figura de este hombre es importante ya que fue uno de los grandes representantes del sector más social de la Iglesia católica en tiempos difíciles, intentando obrar lo máximo posible al margen de las directrices marcadas por el nacional catolicismo imperante.
Tuve el placer de conocerlo en persona en el año 2006. En el Arxiu Històric de Roquetes-Nou Barris donde colaboro desde hace 15 años me pidieron si podía dirigirme a la residencia geriátrica de las Germanetes Pobres, en el barrio de Gràcia, para hacer una entrevista a Mossèn Juncà. Acepté de buen grato porque supe que de la experiencia se podría hacer un interesante artículo. Acordada la cita, un miércoles día 5 de julio del citado año, a primera hora de la tarde y en pleno verano, me dirigí a dicha residencia, situada en el número 1 de la calle de Sant Salvador. Desde fuera solo se apreciaba un recinto aparentemente vulgar, delimitado por una gran tapia que lo cerraba e impedía apreciar su interior. Llamé al timbre y me identifiqué. Tras abrirme las puertas y dar el primer paso hacia adentro, hallé de pronto un espacio magnífico, enorme, un oasis de paz y tranquilidad en medio de una ciudad alborotada como Barcelona. Su interior estaba presidido por un gran patio con una fuente y tres edificios. Una de las monjas me recibió amablemente y me condujo directamente al lugar donde residía Mossèn Juncà. Nada de todo aquello tenía parecido alguno a un geriátrico convencional, sino más bien a un hotel con todas las comodidades incluidas.


Tomé el ascensor y llegué hasta la planta de destino. Un largo pasillo distribuía mediante habitaciones el lavabo con ducha, la cocina, el comedor, un pequeño recibidor y el dormitorio, formando parte todo ello de la vivienda. Enseguida Mossèn Juncà me vio y me recibió muy amablemente. Vi en él a un hombre mayor pero saludable y sin ofrecer sensación de fragilidad o carencia de lucidez. Tras presentarme formalmente le dije que colaboraba en el Arxiu y que participaba en el proyecto de redacción de un libro dedicado a explicar la historia de la parroquia de Sant Sebastià con motivo de sus cincuenta años. Tomamos asiento en una salita de estar. Sobre una mesa había un ejemplar del diario Avui que anunciaba la muerte a los 98 años de edad del antiguo cronista oficial de Barcelona Andreu Avel·lí Artís Tomàs, más conocido como Sempronio.
Durante la entrevista, me explicó que nació en Igualada en 1923. Durante la Segunda República estudió en la llamada Escola Nova Unificada. De adolescente se afilió a la CNT-FAI. Finalizada la Guerra Civil, cuando contaba con 16 años de edad, ingresó en el Seminari Conciliar de Barcelona. Finalizados sus estudios, en 1950 fue ordenado sacerdote en un acto celebrado en la parroquia de Santa Maria del Taulat, en el barrio del Poblenou. Fue en 1958 cuando se vino a vivir al barrio de Verdum, donde permaneció doce años, estableciendo su vivienda en la calle de Góngora esquina Marín, en un bloque de la Obra Sindical del Hogar.


Explicaba que el panorama del barrio en aquella época era muy diferente al actual. Habían los bloques de las Viviendas del Gobernador del año 1952 y los de la Obra Sindical del Hogar de 1953. Los espacios interiores, ahora urbanizados y ajardinados, antes los llamaban espacios pardos por razones obvias. Para la construcción de aquellas casas se compraron unos terrenos a un señor que los tenía en propiedad, a cinco céntimos de peseta el palmo. Progresivamente, los bloques fueron ocupados mayoritariamente por gente procedente del resto de España, salvo una comunidad catalana residente en la calle de Llopis.
En el barrio de las Roquetes, al otro lado de la Via Favència, varios de los terrenos donde se edificaron viviendas estaban en realidad destinados a ser zona verde. Sin embargo, un propietario de terrenos no alertó sobre ello  a los compradores, y así fue como se levantaron casas de autoconstrucción, muchas de ellas sin cimientos y aguantadas sobre las duras rocas de la montaña desafiando las leyes de la gravedad, ni siquiera sin haber aplanado el terreno previamente. Eran construcciones ilegales, de modo que si el Ayuntamiento ordenaba su derribo, a la mañana siguiente se volvían a erigir. Eso pasaba sobretodo con las barracas. Mossèn Juncà recordó el anécdota de que una vez un difunto tuvo que ser evacuado de su vivienda reventando la pared porque por la ventana o la puerta no pasaba el cuerpo.
Recuerda que antes de cualquier urbanización anterior a la parroquia el paisaje estaba formado por campos de viñedos. Asimismo, hizo referencia a la llegada del primer autobús urbano a los barrios, conocido popularmente como el TAC o el Pénjamo.


La parroquia más cercana era la de Santa Engràcia, en el barrio de la Prosperitat, de modo que en Verdum ni en las Roquetes no existía ninguna. Por ello, a partir de 1958 el mismo Mossèn Juncà se encargó de oficiar las misas de los domingos y fiestas de guardar en la calle, concretamente en el bloque 87 de la esquina de la Via Favència con la calle de Almansa. El 1 de marzo de 1959 se inauguró el barracón provisional dedicado a San Sebastián, en medio de la Via Favència. Ignoraba la razón por la cual se bautizó con este nombre, aunque de todos modos en Barcelona no existía ningún templo dedicado a dicho santo.
La parroquia definitiva se erigió años después por obra del mismo arquitecto del templo provisional, Josep Maria Martorell. El 23 de octubre de 1966 se inauguró el nuevo edificio, situado en la calle de Viladrosa entre los torrentes de Campanyà y de Borràs. mientras que el barracón se reaprovechó como escuela de formación profesional. De ese modo, la nueva parroquia dejó de depender de la de Santa Engràcia, pasando a formarse una nueva demarcación parroquial. Para ello el arzobispo de Barcelona Gregorio Modrego firmó la desvinculación. Acerca de este personaje, Mossèn Juncà lo recuerda como un hombre temperamental que acostumbraba a levantar la voz cada vez que alguien le contradecía, pero aseguró que nunca fue rencoroso o vengativo. También recuerda a la figura de Narcís Jubany, entonces auxiliar de Modrego. Aparte de bendecir la nueva parroquia, aseguró que vino a Verdum en un par de ocasiones más en las cuales regaló unas sandías a los vecinos e hizo instalar una cruz en la montaña, cerca del castillo de Torre Baró.


Durante la entrevista explicó que la parroquia en aquellos años también desarrolló numerosas actividades sociales para los barrios. Él reconoció haber sufrido timidez ante tanta precariedad. Las fiestas mayores solían ser difíciles de organizar por falta de presupuesto. En la montaña se organizaban actividades festivas de una semana de duración en las que participaban agrupaciones infantiles y colonias de verano. Durante la llamada Semana de la Juventud se proyectaban películas de cine dentro de la parroquia sin previa autorización. Una vez fueron descubiertos por un representante de las autoridades pero jamás averiguó que los responsables fueron los comerciantes.
Gracias al nuevo templo se pudo ampliar la oferta lúdica y cultural. Había salas dedicadas a reuniones donde se impartían cursos de corte y confección y unos subterráneos pensados para equipamientos sociales. Se estimulaba que todo el mundo desarrollara un oficio. Cuando preguntabas por la profesión a la gente, ésta en su mayoría respondía que trabajaban "del campo". Otros talleres se impartían en el barracón de la guardería Los Enanitos. Este centro educativo se abrió como una necesidad obligada ante los elevados índices de natalidad en un barracón que anteriormente sirvió de escuela y sin previo permiso municipal. Los responsables eran exalumnos del colegio del Sagrado Corazón.


Otro equipamiento importante fue el dispensario, que el mismo Mossèn Juncà promovió. El día de su inauguración en 1962 asistió el arzobispo Modrego. Trabajaban las monjas hospitalarias de la Santa Cruz y otros médicos y enfermeros. Se ubicaba en el número 19 de la calle de Góngora. Por aquel entonces, el único médico titulado del barrio era el doctor Basté, que vivía en la calle de Simancas. En una ocasión se atendió a una joven desmayada que dos vecinos trajeron. Tras el examen por parte de un tocólogo, se descubrió que fue violada. De este tema apenas habló, igual que de aquellos asuntos que todavía le dolían en el alma pese a haber transcurrido tantos años, así que por respeto decidí no insistirle. Sin embargo sí que habló acerca de las trágicas inundaciones de 1962 en las comarcas vallesanas y que causaron numerosas víctimas mortales. La parroquia contribuyó a hacer generosos donativos económicos y a proporcionar colchones para quienes habían perdido su vivienda. Desgraciadamente, el dinero destinado a aquella pobre gente se quiso invertir para erigir el Monumento al Ahogado, iniciativa del gobernador civil de Barcelona. Afortunadamente, el presupuesto se invirtió en una escuela.
En el mismo año 1962 abrió también sus puertas el barracón de la escuela Ton i Guida, cuya moderna e innovadora pedagogía fue liderada por la maestra Maria Antònia Canals.
En 1968 cesó como rector de la parroquia. Recuerda haber bautizado a más de 4.000 niños y niñas, además de presidir numerosísimas comuniones. Fue enviado a la parroquia de Santa Magdalena, situada en la calle de Llopis, en las Roquetes. Este nuevo templo se construyó porque la parroquia de Sant Sebastià englobaba demasiada población, lo que aconsejó definir una nueva demarcación parroquial.


Durante la entrevista, Mossèn Juncà insistió en reivindicar el importante papel social que jugó un sector de la Iglesia y que actualmente no ha sido reconocida debido al peso que ejerció quienes colaboraron con el franquismo. Él aseguraba que hubo muchos clericales que discrepaban de la dictadura y organizaban, entre otras cosas,  reuniones clandestinas, y que por ello tuvieron problemas, poniéndose él mismo de ejemplo. Destacó que aquellos sacerdotes se esforzaron en hacer todo aquello que la gente no podía hacer ni pedir, los únicos en hacer algo considerado ilegal sin ser condenados a la cárcel. Mossèn Juncà apoyó la huelga de trabajadores de la fábrica Pegaso en pro de un salario digno y la celebración de la Assemblea de Catalunya. Criticó también que actualmente muchas escuelas hayan cambiado su antiguo nombre de santo por otro de laico porque eso equivale a no reconocer la realidad de la historia.
Tras finalizar la entrevista, le obsequié con el último número de la revista L'Arxiu que publica semestralmente nuestra entidad y con un ejemplar del libro Relligant Nou Barris, escrito por Francesc Pujol i Martínez.
La última vez que vi a Mossèn Juncà en persona fue el 13 de junio de 2008 durante la presentación del libro Sant Sebastià de Verdum. Mig segle d'una parròquia de barri (1958-2008) en el interior de la parroquia de Sant Sebastià. Estaba en la mesa junto al actual rector, Joan Cuadrench. Lo saludé y enseguida me reconoció. Continuaba siendo aquel hombre sonriente, simpático, cordial y campechano que yo entrevisté. Así lo recuerdo y así lo recordaré, y si su figura no ha sido lo suficientemente reconocida ni reivindicada, espero poder haber contribuido a ello con el presenta artículo. Descansa en pau, amic meu. Gràcies per tota la teva feina, per haver volgut ser un exemple de cristianisme real i fins un altre.

Fotos: Arxiu Històric de Roquetes-Nou Barris, Arxiu Parroquial de la Parròquia de Sant Sebastià.