lunes, 26 de enero de 2015

Exposición TRENS I ESTACIONS, reivindicando el ferrocarril y un museo del transporte


En el recuerdo de muchos aficionados a los transportes públicos quedó la exposición que en 1981 se celebró en Barcelona bajo el nombre de "Trens i estacions". El ferrocarril era entonces una asignatura pendiente de mejora y reconversión. La red ferroviaria catalana sufría desde hacía años un proceso considerable de degradación reflejado en una escasa oferta comercial, el envejecimiento tanto del material móvil como de las instalaciones, la clausura de la mayoría de líneas de vía estrecha y un descenso del número de pasajeros. Sin embargo, el modelo de movilidad basado en el vehículo privado, causante de estos males, también era insostenible, motivo por el cual era necesario apostar nuevamente por el transporte público ferroviario. Por un lado, era necesario la aplicación de políticas dirigidas a modernizar la infraestructura existente para hacerla eficiente y competitiva. Por otro, se quería apostar por fomentar una cultura del tren mediante la reivindicación histórica del ferrocarril en Cataluña, su importancia y su aportación. Y en ese sentido, la Generalitat de Catalunya, a través del Departament de Política Territorial i Obres Públiques, y en colaboración con el Ajuntament de Barcelona, acordaron la preparación de una exposición temporal con carácter didáctico y lúdico cuyos objetivos eran, principalmente, reivindicar el patrimonio industrial y arquitectónico ferroviario catalán, destacar la aportación tecnológica e industrial al ferrocarril, constituir una posible base para un futuro museo del transporte, acercar el mundo del ferrocarril al público en general, y remarcar el papel del ferrocarril en la configuración territorial catalana.


Además de las citadas administraciones, participaron en el proyecto Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya, RENFE, S.P.M. Ferrocarril Metropolità de Barcelona, S.P.M. Transports de Barcelona, Ferrocarrils de Muntanya a Grans Pendents, Associació d'Amics del Ferrocarril de Barcelona, Construccions Miarnau, SYRE, La Maquinista Terrestre y Marítima, MACOSA, Hispano Sony y COBRA.
Otro participante fue el Centre Georges Pompidou de Paris, que se ofreció a la iniciativa aportando su exposición ferroviaria itinerante llamada "Les temps des gares" celebrada por primera vez en la capital francesa del 14 de diciembre de 1978 al 8 de abril de 1979. Dicha muestra tuvo la colaboración del Palais des Beaux-Arts de Bruselas, el National Railway Museum de York, y el Museo Nazionale della Scienza e della Tecnologia "Leonardo da Vinci" de Milán. Posteriormente se celebró en las ciudades de Burdeos, Lyon Milán, Bruselas, Lausanne y Londres, para terminar finalmente en Barcelona. El contenido reunía una colección de arte contemporáneo relativo al mundo del ferrocarril y numerosos documentos históricos sobre las estaciones y su desarrollo desde el año 1830 hasta la actualidad del momento. El proyecto fue concebido por la artista parisina Dorothée Selz.


La exposición estuvo promovida por Albert Vilalta (secretario general técnico del Departament de Política Territorial i Obres Públiques) y Joaquim Tosas (director general de Ports i Transports), con el apoyo de Xavier Fort i Bufill (Departament de Cultura i Mitjans de Comunicació), Enric Roig (director de Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya), Josep Maria Fortuny (director de la 5ª Zona de RENFE), Josep Maria Sasplugas (presidente de l'Associació d'Amics del Ferrocarril de Barcelona), Guillem Yenes (director de la S.P.M. Transports de Barcelona), Guillem Virgili (subdirector de la S.P.M. Ferrocarril Metropolità de Barcelona), Joaquim Gili (representante de l'Associació d'Amics del Ferrocarril de Barcelona), Jordi Miarnau (empresario de obras ferroviarias), Jaume Bover (representante del Institut Francès de Barcelona), Ramon Montagut (director de Ferrocarrils de Muntanya a Grans Pendents) y Marià Palacin (delegado de información y relaciones públicas de RENFE). En relación al montaje de la exposición, las arquitectas Silvia Farriol y Anna Soler se encargaron del concepto, el proyecto y la dirección, mientras que Miquel Llevat se ocupó de la coordinación de los vehículos expuestos.


El material a exhibir, además del procedente de la exposición "Le temps des gares", incluiría  una colección de material antiguo tanto de Barcelona como del resto de Cataluña y de España relativo a parque móvil, fotografías, carteles, publicidad, billetes, planos y proyectos. Dadas las dimensiones requeridas para ello, se eligieron dos ámbitos: el antiguo mercado del Born y parte de la estación de Francia.
La inauguración tuvo lugar el sábado 31 de enero de 1981 con la presencia de representantes y autoridades de las instituciones, empresas y entidades participantes en el proyecto, incluido el presidente del Centre Georges Pompidou, Jacques Mullender, así como del presidente de la Generalitat, Jordi Pujol y del alcalde de Barcelona, Narcís Serra. Ambos coincidieron en la necesidad de que la ciudad dispusiera de un museo del transporte, cuya sede se preveía para aquél entonces en la estación del Norte, clausurada desde 1972.


El antiguo mercado del Born se había rehabilitado parcialmente para acoger la exposición. De los dos recintos éste era el más importante, pues allí se organizó un concurso infantil sobre el tren por parte de RENFE, se habilitó un espacio dedicado a proyectar películas sobre temas ferroviarios, y el Centre d'Estudis del Modelisme de Vapor instaló un pequeño circuito en el cual circulaba un tren de vapor construido a escala en el cual se podía viajar. Además, S.P.M. Transports de Barcelona estableció un servicio especial de autobús entre la plaza de Cataluña y el mercado del Born que circulaba los domingos que duró el certamen, cubierto con un vehículo histórico restaurado para la ocasión: el imperial número 410, un Aclo Regent Mark III.


En cuanto a material móvil se refiere, el interior de la nave acogió algunos vehículos de la antigua Tranvías de Barcelona, concretamente el coche número 870 del año 1924, la jardinera número 129 del año 1906 y reformada en 1951, y un "Manolete" número 1250 del año 1943. La S.P.M. Ferrocarril Metropolità de Barcelona cedió el coche motor número 131 del año 1926 repintado con sus colores originales, y el coche remolque R-357 del año 1962. RENFE exhibió el coche de viajeros número 1606 del año 1931 y que había pertenecido a la antigua compañía Caminos de Hierro del Norte de España. Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya, por su parte, expuso el coche salón A-1 del cremallera de Montserrat del año 1892; el coche salón A-51 del cremallera de Núria del año 1930; el coche motor número 301 del año 1921 de los antiguos Ferrocarriles de Cataluña; la locomotora Berga número 41 del año 1902 perteneciente a los antiguos Ferrocarriles Catalanes; y un tren mixto del año 1925 compuesto por un coche de pasajeros C116 de 3ª clase, un furgón y un vagón abierto, también de los antiguos Ferrocarriles Catalanes.


La Estación de Francia, que habilitó algunas de sus vías y andenes para la acoger la certamen, acogió básicamente material ferroviario propiedad de RENFE, concretamente la locomotora 120-2112 (ex-MZA número 168) procedente de la antigua compañía del ferrocarril de Barcelona a Martorell; la locomotora 030-0233 Caldes; la locomotora 030-2013 (ex-MZA número 246) construida en 1857 en Leeds; la locomotora 141-F Mikado de 1953; el "Tren del Centenario" cuya composición estaba formada por la locomotora y tres coches de pasajeros, siendo una reproducción del año 1929; el coche-cama modelo T2 de RENFE; la locomotora eléctrica número 7001 de la Compañía del Norte, del año 1928; la locomotora eléctrica número 1003 construida por CAF para la línea Ripoll-Puigcerdà; y la locomotora eléctrica serie 269 de RENFE de la primera serie del año 1973.
La exposición, que permaneció abierta desde las 10:00h. hasta las 21:00h. tuvo un notable éxito de público, formándose largas colas de visitantes, pues a los diez días de su inauguración la habían visto 60.000 personas, y el 19 de febrero supero las 100.000 entradas vendidas.


El 1 de marzo la exposición terminó con un viaje especial de Barcelona a Mataró con un tren histórico formado por una locomotora a vapor y siete coches, cuyos pasajeros pudieron participar gracias a un sorteo celebrado los días 16 y 19 de febrero. En este viaje asistieron además los responsables de la organización del certamen y representantes de las principales autoridades. Al llegar a la capital del Maresme, la comitiva se dirigió al Ajuntament de Mataró para presentar públicamente el anteproyecto de modificación del trazado ferroviario entre dicha ciudad y Calella.
Aunque la exposición "Trens i estacions" tuvo un cierto eco mediático y el público en general respondió favorablemente, tras treinta y cuatro años de haberse celebrado el evento, la materialización de un museo del transporte en Barcelona todavía es una asignatura pendiente y un deseo encomiable que se haga realidad lo más pronto posible para evitar la pérdida de un patrimonio que es de todos y parte importante de nuestra historia.

Fotos: Joan Antoni Solsona, Pere París.

martes, 20 de enero de 2015

Barcelona, la cuna del primer teléfono peninsular


Una característica histórica de la ciudad de Barcelona fue a menudo su capacidad de liderazgo en la aportación de innovaciones producidas tanto a nivel local como importadas de otros países. Y en ese sentido el teléfono no ha sido una excepción. El 9 de octubre de 1876 el científico, inventor y logopeda escocés Alexander Graham Bell había patentado un aparato que permitía comunicarse a distancia mediante un alambre tendido que por medio de señales eléctricas emitía señales acústicas. Sin embargo, desde el año 2002 se reconoce al ingeniero italiano Antonio Meucci como el inventor del teletrófono en 1860, después llamado teléfono.
Este nuevo invento que revolucionaría el mundo de las telecomunicaciones enseguida se extendió por numerosos países. En España la primera experiencia fue en la isla de Cuba, entonces colonia española, concretamente en la ciudad de La Habana. Sucedió el 8 de octubre de 1877, cuando se estableció una comunicación telefónica entre el cuartel de bomberos de la capital cubana y el domicilio particular del industrial y teniente-coronel Juan J. Muset, vicejefe de los bomberos y una persona sumamente interesada por las innovaciones tecnológicas.
Fue poco después en la península ibérica cuando se produjo la primera experiencia, es decir, la segunda de España, concretamente en Barcelona. Sin embargo, algunas fuentes atribuyen a la ciudad de Mataró como la pionera del teléfono peninsular, asegurando que en noviembre de 1877 unos empleados de la estación ferroviaria de dicho municipio realizaron unos experimentos con dos aparatos Edison instalando una línea de 723 metros de longitud con un cable de alambre de hierro de 2 milímetros de diámetro. Ello debería ser objeto de una investigación más exhaustiva para aclarar dudas.


Retrato de Tomàs Josep Dalmau i Garcia

La introducción del primer teléfono en Barcelona fue gracias a Tomàs Josep Dalmau i Garcia, óptico y comerciante barcelonés que destacó por la adquisición de la patente de la dinamo de Zenobe T. Gramme, la cual aprovechó para idear un sistema de alumbrado eléctrico ensayado en las fábricas Chocolates Juncosa y Batlló Hermanos, y posteriormente usado de manera definitiva para la factoría de La Maquinista Terrestre y Marítima. Era hijo de Francesc Dalmau i Faura, músico, óptico, constructor e importador de material científico que en 1872 fundó la sociedad Francisco Dalmau e Hijo.
En uno de sus viajes al extranjero se interesó por la patente de Bell, especialmente tras las primeras pruebas realizadas por Louis François Clément Bréguet en la Académie des Sciences de Paris el 29 de octubre de 1877. Para ello presentó el 21 de noviembre siguiente una instancia para conseguir "un procedimiento para reproducir y transmitir los sonidos y voces articuladas, con su tono, intensidad y calidad". Tras recibir la concesión del Estado para construirlos en serie en su fábrica Francisco Dalmau e Hijo, previas trabas administrativas, el "Diario de Barcelona" del 5 de diciembre de 1877 anunciaba públicamente la llegada del nuevo sistema de comunicación así como la intención de ensayar su funcionamiento: "El conocido fabricante de objetos científicos D. Francisco Dalmau e hijo ha recibido dos pares de teléfonos de Alejandro Graham Bell, destinados a la Escuela de Ingenieros industriales de esta capital. Es un instrumento sumamente sencillo, casi tan sencillo como el aparato acústico que hoy tan generalizado se halla en los talleres, escritorios, etc., con la sola diferencia de que, según ya dijimos, en vez de ser conductor de la voz un tubo, lo es un alambre que se electriza por la vibración de una delgadísima placa circular de acero adaptada al agujero o campana por donde se habla o recibe la voz. Es tan reducido su volumen que se lleva fácilmente en el bolsillo. Los experimentos del teléfono se harán entre dos establecimientos científico-literarios de esta capital".


Retrato de Narcís Xifra i Masmitjà, ayudante de Dalmau

El 16 de diciembre del citado año, se efectuaron las primeras pruebas telefónicas entre dos salas situadas en distintas plantas de la Escuela Industrial de Barcelona. Para ello colaboró el ingeniero e industrial gerundense Narcís Xifra i Masmitjà, que trabajaba en la sociedad Francisco Dalmau e Hijo desde el año 1874.
Tras finalizar las pruebas de esta primera experiencia, el telegrafista, ingeniero eléctrico y divulgador canario Antonino Suárez Saavedra expresó su insatisfacción declarando que "en una de esas pruebas tuve yo ocasión de funcionar y de convencerme de la mala calidad o poca sensibilidad de los teléfonos de la prueba, que llegaba a tal extremo de tener que esforzarse la voz al transmitir con tales ímpetus que, a pesar de mediar gruesas paredes y un gran patio intermedio, el que recibía escuchaba a la vez la voz del que hablaba, haciéndonos dudar de la verdad de todo cuanto se había escrito sobre el teléfono, y temer por la salud de los empleados que tuvieran que usar tal sistema en el servicio público". Sin embargo, el mismo personaje fue posteriormente testigo de los buenos resultados y las ventajas de la aplicación del sistema de telefonía, terminando por participar en la primera experiencia de larga distancia entre el castillo de Montjuïc y la Ciutadella.
Tras los primeros ensayos, la revista "El porvenir de la industria" del 21 de diciembre de 1877 escribía que "La Escuela de Ingenieros Industriales de esta ciudad (...) ha sido (...) la primera en poseer el teléfono, instrumento que tanto llama la atención en todo el mundo científico y que está destinado a causar una revolución en la telegrafía. (...) El pedido ha sido hecho por conducto de la casa Dalmau de esta ciudad (...) pertenece ahora el honor de haber construido los primeros teléfonos con el modelo recibido para esta Escuela, cuyos aparatos son enteramente iguales en su construcción y en sus resultados al modelo de Bell recibido del extranjero. Las pruebas hechas con los teléfonos de la Escuela han dado resultados iguales a los que se han consignado en las publicaciones nacionales y extranjeras obtenidos en varios puntos, constándonos que se está trabajando para hacer cuanto antes una prueba más en grande entre dos estaciones de las líneas telegráficas de que dispone Barcelona. Consignamos con gusto la iniciativa de la Escuela, para que conste que es la primera, como debe ser, en acoger y popularizar los inventos útiles y los descubrimientos recientes, y felicitamos sinceramente a su dignísimo director D. Ramón de Manjarrés".


Poste telefónico en Montcada i Reixac, de la línea Barcelona-Zaragoza

Otro ensayo se efectuó pocos días después, la noche del 26 del mismo mes, siendo la primera conferencia telefónica a larga distancia a través de cable telegráfico entre Barcelona y Girona. El ensayo se vio sometido a dificultades insalvables en una primera fase debido a la utilización de la línea telegráfica del ferrocarril y a la falta de aislamiento del ruido. Sin embargo, horas más tarde, pudieron mejorarse los resultados en la transmisión y en la recepción Y a punto de finalizar el año, el 30 de diciembre, el industrial Frederic Font de la Vall con la ayuda técnica de Antonino Suárez Saavedra estableció la primera línea urbana entre el castillo de Montjuïc y la Ciutadella a través de Capitania General.
A principios de 1878 Dalmau y Xifra establecieron comunicación telefónica entre Barcelona y Tarragona con aparatos del modelo alemán Heller importados por Frederic Font de la Vall. El 20 de febrero de 1878 se le concedió a Dalmau el aparato telefónico Graham-Bell como patente durante los próximos cinco años. Ello fue posible porque la legislación española, en casos de inventores extranjeros que quisieran patentar su invento en España, sólo podrían tener el privilegio de su introducción durante cinco años. En junio de 1878 acreditó que estaba en práctica tras haber realizado varias pruebas en un taller de instrumentos científicos situado en el número 18 de la calle de Sant Ramon, en el barrio del Raval, y haber comprobado que el sistema estaba ya instalado en diversos lugares.


Publicidad de la Compañía Peninsular de Teléfonos, fundada en Barcelona en 1894

Los buenos resultados obtenidos motivó la creación en Barcelona de dos compañías telefónicas: por un lado la Sociedad Española de Electricidad, y por otro Telefonía, Fuerza y Luz Eléctrica, Compañía General de Electricidad, ambas fundadas en 1881. Un año después, un Decreto de 16 de agosto de 1882 autorizó al Cuerpo de Telégrafos, perteneciente al Ministerio de Gobernación el establecimiento de una red telefónica en España. Aunque el servicio tenía naturaleza estatal, se otorgaban concesiones a particulares para construir y explotar las redes. Dos años después, un Real Decreto de 1884 estableció el monopolio del servicio telefónico a favor del Estado, y en 1886 se autorizó la explotación a los particulares, cuyos permisos implicaban la construcción previa de una línea antes de su explotación.
En 1890 se fundó en Barcelona la Sociedad General de Teléfonos y en 1894 la Compañía Peninsular de Teléfonos. La proliferación de compañías telefónicas era en definitiva un reflejo del liderazgo catalán en cuanto a red de líneas, número de aparatos y usuarios abonados, culminando el final del siglo XIX con la inauguración la línea telefónica interurbana que unía Barcelona con Zaragoza y Madrid el 20 de abril de 1895. Sin embargo, la falta de interconexión de líneas y las diferencias tarifarias ocasionaron una caótica situación que se solucionó con la creación de la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE), constituida en Madrid el 19 de abril de 1924. En Barcelona la sede se ubicó en el edificio construido entre 1927 y 1928 entre la calle de Fontanella y la avenida del Portal de l'Àngel, actualmente existente.

Edificio de Telefónica en Barcelona recién construido

Fotos: Archivo Fundación Telefónica, Arxiu Reial Acadèmia de Ciències i Arts, Brangulí,