jueves 1 de marzo de 2012

La sangre es la fuente de la vida


El título del presente artículo es exactamente lo que dijo Enriqueta Martí Ripollès cuando la policía se la llevó detenida de su domicilio hacia las dependencias policiales para ser interrogada por sus crímenes, ahora hace cien años. Con la popularmente llamada Vampira de la calle Poniente, Barcelona también tiene su crónica negra, una historia silenciada durante mucho tiempo y que ahora se conmemora con una obra de teatro de Josep Arias Velasco y una película dirigida por Ricard Reguant, porque lo queramos o no, esta clase de relatos también forman parte de nuestra memoria. Londres tuvo al mítico asesino de prostitutas apodado como Jack el Destripador, y Dusseldorf tuvo a Peter Kürten, un asesino de niños que posteriormente inspiró a Fritz Lang para su magistral película “M”. Y en este aspecto, precisamente y para desgracia de muchos, no hemos sido diferentes, salvo en el triste récord de haber tenido la asesina en serie más mortífera y sanguinaria de la historia de España. La figura de Enriqueta Martí responde a una época concreta de la historia, puesto que en la actualidad, aunque no sería imposible, sería muy difícil que aquellos acontecimientos se volviesen a repetir de la misma manera. Los asesinos acostumbran a tener un perfil psicológico muy coyuntural a los tiempos que se están viviendo, en unos contextos que les afectan severamente aunque no directamente. La maldad o enfermedad del psicópata es personal, pero las circunstancias de la época, sociales y económicas inciden y las toman como excusa. No es en absoluto pretender justificar la psicopatía del asesino o ser condescendiente, pero cada periodo de la historia ha engendrado sus propios monstruos. En la actualidad el perfil de un asesino difícilmente puede asemejarse a la Vampira de Barcelona, lo que no significa que no pueda ser igual o peor en cuanto a cometer atrocidades se refiere.


Sin embargo, detrás de Enriqueta Martí existió un mundo moralmente igual o peor que ella, los auténticos demonios de la sociedad. Eran tiempos en los que los ricos eran muy adinerados y los pobres extremadamente miserables. No existían las clases medias. O estabas con unos o bien formabas parte de los otros. Las políticas favorecían a la gente pudiente y acomodada, y el resto eran vistos como la escoria de la sociedad. La burguesía catalana de aquél entonces era incuestionable. Solo por el hecho de disponer de un buen estatus se daba por hecho una buena educación y una moral intachable, mientras que la clase baja era un colectivo salvaje al cual se tenía que domesticar si querían ganarse el Reino de los Cielos. Ser pobre era visto como una enfermedad o incluso un pecado, como si ellos tuviesen la culpa de ser lo que eran y se tratara de un castigo divino. Solo algunos osaban pensar lo contrario, porque esa burguesía era peor que nadie, una gente de Iglesia que acudía a misa todos los domingos y fiestas de guardar aun siendo los auténticos guardianes de esa esencia del mal. En las altas esferas se exhibía permanentemente como si de una obra teatral se tratara la hipocresía moral conservadora. Enriqueta Martí fue un producto consecuencia de aquel sistema social, culpa de una burguesía dominante y autoritaria que escondía la cola y los cuernos de demonio entre las plumas de unas alas de ángel postizas. Aunque de hecho ella ya llevaba innata su maldad, las altas esferas fueron el detonante del posterior holocausto que tanto aterrorizó al vecindario del entonces llamado Barrio Chino barcelonés, entre los años 1909 y 1912.


Por aquél entonces se hablaba del llamado carruaje de la muerte, tanto en Barcelona como en muchas otras ciudades de toda Europa, unos carruajes donde supuestamente se secuestraban a los niños, eran llevados y sacrificados, y luego se les sacaba la manteca y la sangre para confeccionar productos varios como ungüentos, pomadas, filtros, cataplasmas y pociones. Enriqueta Martí empezó de muy joven como niñera y luego en el servicio doméstico. Según palabras de ella misma cuando la interrogaron tras su detención, viendo que sus amos, de clase acomodada por supuesto, eran “más viciosos de lo que ella era”, la animó para dedicarse a la prostitución. Dada la penuria económica, pasó de prostituta a proxeneta montando un burdel para pedófilos y pederastas en la calle Minerva de Barcelona durante un tiempo indeterminado, siendo quienes ejercían la prostitución niños y niñas de 5 a 15 años de edad. Ella era una mujer que de día se disfrazaba de pobre y se dedicaba a mendigar por las calles. Con estos niños que raptaba de noche, iba con ellos a los lugares más pobres de la ciudad, a los comedores sociales y a los centros de asistencia, porque así inspeccionaba cómo funcionaba este mundo. Veía qué niños estaban más abandonados y cuáles podía secuestrar. Durante la noche vestía como una mujer de la alta sociedad, con gasas, sedas y tocados. Acostumbraba a frecuentar principalmente el teatro del Liceu y el casino de la Rabassada, donde contactaba con los cocheros, veía a la gente rica y ponía en contacto el mundo hambriento de los niños con el mundo de los ricos que deseaban a estos niños como materia de consumo para fines sexuales.


Paralelamente, Enriqueta Martí había aprendido a elaborar pócimas de tipo curativo y ungüentos. Su psicopatía terminó derivándola hacia la criminalidad, por lo que empezó a asesinar sin ninguna clase de compasión o arrepentimiento a sus víctimas infantiles y de ellas extraer la sangre, la grasa, los cabellos y los huesos para reciclarlos en supuestos medicamentos y cosméticos que vendía a la burguesía, la cual llegaba a pagar grandes sumas de dinero. Se sabe que en algunas casas señoriales donde ella iba a ofrecer sus mercancías se efectuaban todo tipo de rituales de sublimación de la sangre, con pócimas que las hervían y las daban de beber a la gente que tenía enfermedades venéreas. Sin lugar a dudas, se trató de una mujer inteligente, fría y calculadora, astuta y seductora por su capacidad de secuestrar, explotar y asesinar a niños y niñas sin que el pulso le temblara, y por haber conseguido trabar con gente rica y ganarse un respeto teniendo en cuenta que procedía de las más bajas esferas sociales, un mérito solo al alcance de muy pocos. Enriqueta Martí fue un monstruo, pero quienes estaban tras ella fueron los auténticos demonios, moralmente peores por consentir, aprovechar y encubrir lo que estaba sucediendo. Tras la muerte de la Vampira de la calle Poniente, el 12 de mayo de 1913, linchada por sus compañeras de prisión de la desaparecida cárcel de Santa Amalia que posiblemente habían sido pagadas para hacer el trabajo sucio, consiguió que esa corrupta burguesía quedara impune de su complicidad. Nunca se supo qué personajes importantes de nuestra historia participaron en esas orgías con menores y quienes consumieron como vampiros sus esencias. El 10 de febrero de 1912 secuestró a su última víctima, Teresita Guitart Congost, que afortunadamente sobrevivió al holocausto gracias a que fue vista en una ventana desde la calle Poniente por una vecina que alertó de ello. El día 27 del mismo mes y año la policía se presentó al domicilio, sito en el número 29 de la citada calle, actualmente llamada Joaquín Costa. Se descubrió el macabro espectáculo y se puso fin a la historia de terror.


En el piso de la calle Ponent, además de hallarse ropas ensangrentadas, huesos y frascos con sangre coagulada, también se halló un antiguo libro de notas con tapas de pergamino donde había escritas recetas y pociones con una caligrafía muy elegante, un paquete de cartas y notas escritas en lenguaje cifrado y una lista con nombres de familias y personalidades muy importantes de Barcelona, los clientes ricos que no pagarían por su corrupción de menores o por la compra de pociones y cosméticos. Su mejor protección era el hecho de ser ricos, que los libraba de pecado. Los vampiros pudieron respirar tranquilos en sus guaridas señoriales. No habría motín popular ni escándalos. Hace cien años las clases populares pidieron justicia por la docena de crímenes sucedidos. Hoy, cien años después debería también pedirse justicia y sacar a la luz pública los nombres de todos aquellos médicos, políticos, empresarios y banqueros que formaron parte de ese circo de vampiros, de esos otros asesinos psicópatas en la sombra puesto que se trata de una herida que en realidad nunca se ha cerrado. Conocer la verdad nos hará libres, y quienes todavía hoy día callan, son en parte cómplices de ese canibalismo. Sigue la dicotomía entre ricos y pobres, y los primeros seguirán fagocitándose a los segundos, porque tal y como dijo Enriqueta Martí, la sangre es la fuente de la vida.


lunes 27 de febrero de 2012

Eurovegas: los caminos del dinero son inescrutables



“Madre, yo al oro me humillo,
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado
anda continúo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero
es don Dinero.”
Los conocidos versos de Francisco de Quevedo sirven en la actualidad para demostrar la actual vigencia de aquél principio nietzscheano que habla acerca de superar los conceptos de bien y mal para alcanzar lo que llamamos valor. Sin lugar a dudas, el dinero es el Dios del mundo de la materia, y para llegar a él todo vale. En política es costumbre intentar hacernos creer que los programas sociales van a ser una prioridad, pero cuando las cosas van mal volvemos a convertirnos en los homos economicus de siempre, es decir, en personas al servicio de la economía y no al revés, de hombres y mujeres de para el trabajo. Cada grupo político se pelea para demostrar su honradez, su honestidad, su transparencia y su compromiso social, pero cuando don Dinero llama a la puerta ya nada de eso importa, y solo vale obedecer sus mandamientos. Se invitará al pueblo a unirse a la tierra prometida, donde la tristeza, los problemas, el dolor y el sufrimiento dejarán de existir, en un paraíso donde lloverá ese maná de oro que alimentará los deseos de tener y consumir ilimitadamente.


La buenanueva llegó a manos del salvador Sheldon Adelson, magnate de los casinos y propietario del grupo Las Vegas Sands, que está estudiando implantar el gran complejo Eurovegas en Barcelona o en Madrid. Pero para ello se imponen una docena de condiciones ineludibles que deberán acatarse aunque contradigan las leyes y los principios de nuestro país que convertirían esas instalaciones en un paraíso fiscal y laboral. Y es que todo pacto con el diablo tiene un precio muy alto. Así, se exige una exención de dos años en el pago de las cuotas a la Seguridad Social de sus empleados; la exención de impuestos municipales, regionales y estatales durante dos años con ventajas respecto a la fiscalidad inmobiliaria y del suelo durante diez años; la solicitud de un aval del Estado para conseguir un préstamo de 25 millones de euros; la cesión del suelo público que necesite, expropiaciones incluidas, con cambio de ubicación de las viviendas protegidas, si las hay; la exclusividad de diez años en la utilización del suelo; la finalización de la regulación de los convenios colectivos del personal empleado con una modificación del Estatuto de los Trabajadores; establecer privilegios legales para la contratación de personal extranjero, entre ellos, agilización de la concesión de permisos de trabajo; cambios en la legislación sobre la prevención del blanqueo de capitales, con flexibilización de los controles; la autorización de entrada de menores en los casinos del complejo; la eliminación de la Ley Antitabaco en el complejo; la autorización de entrada en los casinos de los ludópatas reconocidos legalmente como tales; y la construcción de las infraestructuras que solicite, o complementos de las ya existentes.


Casi nada. Por lo visto todo vale para mejorar la economía en tiempos de crisis, porque de amistades hay que tener incluso hasta en el infierno. Eurovegas ha puesto en evidencia a la mayoría de partidos políticos, pues los ha delatado aunque muchos sabíamos de qué pie calzaban y por una vez han mostrado su verdadero rostro. No importan ni las siglas ni las tendencias. Solo pequeñas excepciones se han posicionado en contra. El señor Adelson en su visita a España ha sido mejor tratado que el mismísimo Rey Juan Carlos. Sin embargo, quien ha enmudecido es la sociedad, que no sabe a qué atenerse o qué responder y cuando lo hace existen serias dudas acerca del grado de sinceridad. Los hay quienes abiertamente expresan su deseo de que se instale en Barcelona sin rubor alguno, y otros lo desean en el fondo más profundo de su corazón pero lo niegan alegando que se trata de una horterada y una barbaridad, porque creen que es políticamente o moralmente incorrecto admitir que les parece como vulgarmente se dice “una pasada”. Todavía debe decidirse dónde se construirá Eurovegas, pero no tengo la menor duda de que si finalmente la balanza se decanta por Madrid, muchos catalanes que decían pestes luego pensarán “mierda ya nos lo han quitado”. Y si gana la opción de Barcelona, cuando muchos de quienes renegaron vean la espectacularidad (aunque horterada) del complejo y los beneficios económicos que genera, sencillamente se callarán. Es triste pero eso va a pasar. Y aunque suene a victimismo del clásico, nosotros igualmente recibiremos bofetón por una razón o bien por otra. Si gana Madrid los de siempre responderán que se ha debido al fracaso de las políticas nacionalistas que optan por modelos provincianos, y si gana Barcelona increparán que una vez más los catalanes siempre se lo tienen que llevar todo. Sea lo que sea, nosotros tendremos la culpa. Se servirán de darle a una de las mejillas, pero yo no pienso poner ninguna.


Cuando don Dinero llama a la puerta, parece ser que la moral, los principios y los valores democráticos no valen absolutamente nada porque en realidad buena parte de la sociedad en realidad no cree en ellos aunque muchos prefieran fingir lo contrario. Siempre se habla de derechos laborales, de salud, de sostenibilidad, de ecologismo, de igualdad, de libertad, de democracia, de derechos sociales, de dignidad… pero cuando todo este conjunto de términos tan justos y necesarios que tanto gusta mencionar se tienen que enfrentar ante cualquier clase de proyecto que engendre importantes beneficios económicos, automáticamente pierden fuerza y se olvidan. De existir una fe profunda hacia ellos eso no sucedería, pues de ser así prevalecerían y terminaría por imponerse la razón, porque la propia presión social demandaría una salida de la crisis mediante la aplicación de soluciones más justas y sostenibles que un megalómano proyecto americano. El señor Adelson solo le ha bastado hacer un pequeño y sencillo gesto para destapar la olla que contiene lo que una buena parte de este mundo es en verdad. ¿Existe una oposición fuerte y activa hacia Eurovegas? Solo se escucha el silencio positivo. Nadie lo quiere pero en el fondo (casi) todo el mundo lo desea. Y en política, mientras unos son abiertamente favorables otros se bajan los pantalones o pronto lo harán, porque no existe valor para renunciar por algo que va a dejar mucho dinero. El capitalismo puro y duro ha vuelto a persuadir y a seducir a las gentes y nos ha vuelto a marcar un gol.
"Los yanquis han venido,
olé salero, con mil regalos,
y a las niñas bonitas
van a obsequiarlas con aeroplanos,
con aeroplanos de chorro libre
que corta el aire,
y también rascacielos, bien conservaos
en frigidaire."
(estribillo del film Bienvenido Mr. Marshall)

miércoles 22 de febrero de 2012

Barcelona 2022: como perpetuar un modelo de crecimiento agotado


El anterior alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, en un intento desesperado de mantener su popularidad y de no perder las elecciones decidió por sorpresa presentar a la capital catalana como candidata para celebrar los Juegos de Invierno del año 2022. La moda de impulsar el crecimiento de la ciudad a base de grandes eventos internacionales no ha cesado. Cada alcalde socialista ha tenido el suyo porque han querido pasar a la historia de la Ciudad Condal y ser recordados para la posteridad como los responsables de engrandecer Barcelona. Pero de todos ellos solo Pasqual Maragall lo consiguió porque a pesar de haber una operación de maquillaje de cara al mundo, al menos recuperó la ciudad como un espacio de uso y disfrute para la gente así como el orgullo de ser barcelonés. Así es como pasará por haber sido uno de los alcaldes más importantes del siglo XX. Sin embargo, los grandes eventos no pueden sucederse de modo continuado porque suponen un gran desembolso de dinero que resulta difícil de recuperar. Y actualmente los tiempos que corren no están para otorgar privilegios. Antaño, las circunstancias socioeconómicas fueron propicias para el desarrollo de tres importantes eventos que funcionaron y sirvieron para dar un notable impulso a la ciudad, proyectándola más allá de nuestras fronteras. Sin lugar a dudas, la Exposición Universal de 1888 y la Exposición Internacional de 1929 contribuyeron a impulsar Barcelona, aunque en realidad, como grandes proyectos burgueses, no resolvieron los fuertes contrastes sociales, porque mientras al mundo se le ofrecía la cara más bella y moderna, se ocultaba la pobreza, el barraquismo y el bandolerismo. Estos acontecimientos respondieron a unos momentos puntuales necesarios para salir del estancamiento y dar un empujón a los proyectos pendientes. La Exposición Universal de 1888 sirvió para revitalizar el sector de la construcción en un momento de depresión económica, fue el primer paso de la europeización de la economía catalana, y contribuyó a establecer buenas relaciones entre la burguesía catalana y la monarquía recientemente restaurada en Madrid. La Exposición Internacional de 1929 contribuyó a integrar la montaña de Montjuïc a la ciudad, a la realización de importantes obras públicas y urbanísticas, a la mejora de las comunicaciones, a consolidar la proyección mundial de la ciudad, y al despegue definitivo del turismo.


En un contexto diferente y contemporáneo, la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992 sirvió para enterrar esa urbe triste y gris del periodo franquista, apostar por un nuevo y renovado modelo de ciudad y consolidar su proyección al mundo entero. Sin embargo, actualmente Barcelona no puede evolucionar a costa de grandes acontecimientos, porque estos no son necesarios ni darían los resultados esperados. El ejemplo más claro y reciente ha sido el Forum Universal de las Culturas del año 2004, que no tuvo la resonancia esperada y la ciudadanía no respondió adecuadamente a la cita, aparte de no haber recibido el apoyo de la mayoría de partidos políticos y de generar un enorme déficit. Solo puso en evidencia que sirvió de excusa para efectuar grandes operaciones especulativas muy impopulares que no se tradujeron en beneficios para la ciudad ni en una mejora en la calidad de vida de su ciudadanía. Diagonal Mar se erigió como un gran proyecto al estilo americano, es decir, elitista e insostenible, mientras que otras obras pendientes no se pudieron finalizar. Todo ello casi le costó revalidar la alcaldía al no menos megalómano Joan Clos, que de haber seguido hubiese puesto en bandeja de plata la victoria al actual alcalde Xavier Trias cuatro años antes de lo previsto.


El sector Sant Andreu-La Sagrera es el último gran espacio pendiente de urbanizar, pero su finalización y financiación no debe depender de la celebración de un acontecimiento internacional como serían los Juegos de Invierno del año 2022. Barcelona debe de apostar por un crecimiento anual continuo en base a sus potencialidades. La era de los grandes macroproyectos ha terminado porque la ciudad está prácticamente toda urbanizada. Solo quedan pequeños espacios puntuales relativamente fáciles de ocupar para algún uso social. El funcionamiento de toda urbe es como un sistema abierto y dinámico que se va renovando constantemente porque su construcción nunca se termina, de ahí que se renueve y se adapte a los nuevos tiempos. Así, pues, los acontecimientos antes citados (salvo el Forum 2004) respondieron a una solución factible ante la falta de una renovación que propició a una degradación del espacio, a un estancamiento de este dinamismo debido sobretodo a circunstancias políticas. Es decir, cuando el sistema no funcionó se acudió a celebrar estos grandes eventos para reactivarlo y poner nuevamente en marcha los engranajes. Actualmente Barcelona funciona y rueda hacia delante. Solo basta una buena gestión para mantener y aumentar ese prestigio nacional e internacional, pero sin olvidarse de su ciudadanía. Ello no implica que se renuncie para siempre a acoger grandes eventos, en absoluto, solo que el desarrollo de la ciudad no debe fundamentarse en ellos sino en la explotación de aquellos sectores que le confieren mayor capacidad y prestigio: turismo, comercio, cultura, ferias y congresos, deporte, investigación y desarrollo, nuevas tecnologías y economías emergentes. No es Barcelona una ciudad para celebrar unos juegos olímpicos de invierno. La candidatura de Zaragoza es más lógica y tiene mayor razón de ser. De elegir una ciudad catalana, hubiese sido mejor candidata Lleida por la disponibilidad de grandes espacios potencialmente urbanizables para erigir una “villa olímpica”, por sus buenas comunicaciones por carretera, ferrocarril y aeropuerto, por su proximidad al Pirineo, y por su buena situación geográfica. Posiblemente este evento sí que daría un estímulo al desarrollo económico de la ciudad, a incrementar el turismo y a establecer un equilibrio entre la Cataluña interior y la Cataluña mediterránea.