lunes, 24 de noviembre de 2014

La remodelación de los grandes paseos de Barcelona, una valoración personal


Últimamente es objeto de atención, debate y controversia la remodelación de algunos ejes importantes de la ciudad los cuales, tras años habiendo permanecidos prácticamente inmutables, se han sometido a una importante reforma. Por ello, me permito hacer una valoración personal de cada caso planteado.
Previamente merece decir que toda reforma urbanística debería ir encaminada a mejorar el espacio público, entendiendo éste como el lugar concebido para el disfrute ciudadano y accesible para todos sin exclusión de nadie, es decir, que un colectivo determinado no les correspondería tener preferencia sobre otro. En ese sentido y en términos generales, lo que más preocupa a la sociedad barcelonesa en el momento de proceder a la rehabilitación de un espacio urbano es la prioridad hacia el turismo, la ocupación del suelo mediante terrazas de locales de consumo y el colapso automovilístico. En definitiva, se teme que los barceloneses pasen a ser agentes secundarios de su propia ciudad y no puedan disfrutar de ella como debieran.
Los paseos públicos a analizar tienen en común ser (o haber sido) grandes ejes circulatorios y el hecho de pertenecer prácticamente todos a barrios de clase social media-alta y alta, razón de más por la que los vecinos de los barrios humildes han expresado cierto malestar al tener la sensación de que se benefician las zonas de la ciudad más adineradas. Sin embargo, aunque es razonable y de justicia atender especialmente a los barrios más desfavorecidos y necesitados, no debe presuponerse que las llamadas zonas altas no requieren de ninguna actuación.


Probablemente la calle más importante de Barcelona que se somete a una reforma es la AVENIDA DIAGONAL, una obra de primera necesidad encaminada a otorgar la posibilidad de que la ciudadanía pueda usarla como un paseo de placer, a la vez que estimula la reactivación del comercio. Desde la plaza de Francesc Macià hasta el Fòrum, aun siendo un eje fundamental de circulación que permite atravesar la ciudad de arriba a abajo, deja de tener esa función de vía rápida que en ese caso desempeñan las rondas. Solo el tramo superior desde dicha plaza hasta la zona universitaria, de mayor amplitud, todavía asumiría inevitablemente esta función. Luego, la presencia de la estructura ortogonal del Eixample posibilita la redistribución del tráfico hacia el resto de la ciudad.
La remodelación ha tenido como gran desacierto la ausencia del tranvía que permitiría conectar fácilmente y rápidamente la red del Trambaix y el Trambesòs, mejorando así la movilidad ciudadana, constituyendo a su vez un equilibrio ejemplar entre transporte público, transporte privado, bicicletas y peatones. Se desaprovecha así una gran oportunidad de diseñar un espacio modélico objeto de referencia y consideración por parte del mundo del urbanismo sostenible. Se quiso descartar el tranvía alegando una capacidad inferior a la del metro, opción por la cual se apostó, para terminar apostando únicamente por una sola línea de autobús de la nueva red ortogonal, que es el sistema de transporte de menor capacidad de los tres, algo que resulta irracional e incomprensible ante una zona de tanta afluencia de usuarios. Igualmente, la convivencia entre el carril-bici y el carril de servicios tampoco ofrece el resultado esperado ante la cierta sensación de vulnerabilidad del ciclista.


Tras años de abandono de un paseo tan mítico y lleno de historia, otra reforma destacada es la de la AVENIDA DEL PARAL·LEL, que pasó de ser el ágora del ocio barcelonés a una calle gris. Su remodelación no debería plantearse como una actuación definitiva, sino como un primer paso encaminado a la recuperación de esta importante arteria que en los últimos decenios ha vivido de espaldas a la ciudad. Tras la reordenación de las aceras, la calzada y el carril-bici así como la creación de nuevas plazas en el lado Eixample, la segunda fase debería ser su resurrección como eje de ocio y espectáculos tal y como lo fue antaño pero renovado y puesto al día para ajustarse a las preferencias actuales. Lamentablemente, en ese sentido se llega parcialmente tarde tras haberse cometido errores irreparables, como el derribo del cine Regio Vistarama Palace, el más grande de Barcelona, único por sus características, ahora reemplazado por un apático y funcional bloque de oficinas. Otro caso ha sido el del antiguo cinerama Nuevo, en cuyo solar se ha edificado una residencia de diseño singular que todavía permanece cerrada. La posible construcción de más hoteles y viviendas sería una acción desacertada que no haría otra cosa más que alejar esta avenida de su auténtico espíritu bohemio y popular. En ese sentido, además de intentar mantener abiertos los teatros Apolo, BARTS, Condal, El Molino y Victoria, debería considerarse la posibilidad de remodelar y reabrir el teatro Arnau, y aprovechar tanto el solar del derribado teatro Talía como el espacio muerto que comprende la manzana de la gasolinera y naves adyacentes para la posible construcción de multicines o teatros musicales con el fin de consolidar un posible Broadway barcelonés.
En cuanto a la obra pública se refiere, el carril-bici central es segregado con una banda de césped en el lado mar y pivotes de goma en el lado montaña.¿A qué se debe esa asimetría cuando podría haberse tomado como modelo el del paseo de Sant Joan? También es un desacierto la falta de unificación del modelo de baldosa, ya que se usa en algunos tramos la "Flor de Barcelona", en otros el de "pastilla de chocolate" y en las nuevas plazas el liso.


Un eje importante de mar a montaña lo constituye la no menos elegante CALLE DE BALMES, sometida a una ampliación de aceras. Es una obra coherente en tanto que se homogeneiza con el resto de calles típicas del Eixample, cuyo promedio para la circulación de vehículos es de cuatro carriles, de los cuales uno de ellos puede ser utilizado como aparcamiento de coches y motocicletas. Destaca, igual que en muchas otras calles de Barcelona, la recuperación de la tradicional baldosa "Flor de Barcelona" diseñada por el arquitecto Puig i Cadafalch. Se trata de una apuesta acertada que contribuye a la restitución de un elemento identitario de la ciudad que parecía condenado a su desaparición.


Una arteria importante sometida a remodelación es la RONDA DEL GENERAL MITRE, hecho que responde a una petición vecinal mayoritaria cuya voluntad es terminar con su antigua función de vía rápida para convertirse en un paseo más humanizado y menos estresante en vez de una calle funcional únicamente de paso. Ello debería fomentar el comercio y su uso ciudadano. Igual caso que la avenida Diagonal, ha abandonado su función de vía rápida, lo cual no significa que deje de ser una arteria de comunicación directa y de primer orden. La fluidez del tráfico dependerá especialmente de la coordinación semafórica que permita la llamada "onda verde", que facilita circulando a una velocidad moderada y responsable la posibilidad de cruzar la ciudad en pocos minutos.


El PASEO DE GRÀCIA, la calle más famosa e importante de Barcelona, también se somete a una renovación que recupera la amplitud de las antiguas aceras anteriores a la construcción de los aparcamientos subterráneos de los años sesenta y setenta que recortaron espacio para el peatón en favor del automóvil, aislando los bancos de las farolas modernistas. Los carriles laterales pasan a ser de servicio y eliminan el aparcamiento salvo en zonas hoteleras donde se permite. Sin embargo, el hecho de estar a la misma altura que las aceras a menudo provoca confusiones y algún que otro sobresalto por parte de los peatones cuando, de pronto, se ven sorprendidos por el paso de un vehículo. Deberían señalizarse mejor estos carriles de servicio que pasan desapercibidos mediante marcas viales que los diferencien del resto de la acera, habiendo sido preferible la instalación de un conglomerado asfáltico de otro color diferente al gris, como es el rojo.


Destacado eje de comunicación ya concebido en el Plan Cerdà como fundamental es el PASEO DE SANT JOAN, cuya remodelación lo integra como una calle más del Eixample en cuanto a volumen de circulación se refiere, pero pasa a ser un gran boulevard que combina aceras con zonas verdes. Calle majestuosa tanto por su amplitud como por la calidad de sus edificaciones, se recupera para el uso ciudadano, dejando atrás su obsoleta función de arteria gris de paso. Algunos ciudadanos, como es mi caso, abogamos por la reconversión en rambla del paseo en el tramo comprendido entre la plaza de Mossèn Jacint Verdaguer y el Arc de Triomf, y para ello bastaba con mantener los plátanos centenarios e invertir las aceras y la calzada. Quedaba así igualado al tramo superior desde dicha plaza hasta la travesera de Gràcia. Pero la decisión acatada y llevada a cabo fue la opción mayoritaria de los vecinos que se negaban a ver recortadas las aceras laterales, apostando a cambio por una remodelación de la tipología existente para otorgarle mayor dinamismo comercial y social. Debe respetarse la solución elegida al tratarse de una decisión democrática.


En definitiva, una iniciativa necesaria la de remodelar los importantes paseos de Barcelona para evitar su degradación y envejecimiento, siempre y cuando la finalidad sea el disfrute por parte de la ciudadanía, es decir, que todo barcelonés pueda usarlo y sentírselo como algo suyo, nunca de unos pocos.
Respecto a los problemas antes planteados y que tanto preocupan tras llevarse a cabo obras de esta envergadura, la solución pasa solo por una óptima y eficiente gestión municipal. Es cierto que desgraciadamente nuestro país en general y nuestra ciudad en particular tienen la triste fama de ser demasiado permisivas e impunes para los visitantes. Por ello es importante acatar severamente las normativas mediante un modelo que evite caer en los extremos de la demagogia o el autoritarismo, pero igualmente que demuestren la seriedad y fortaleza de Barcelona como ciudad que debe ser, ante todo, cuidada y respetada.


En el caso del turismo, debe afirmarse que en sí mismo no es un problema. Al contrario, es motivo de orgullo ser visitados y admirados por parte de la gente procedente del resto del mundo, algo que otorga el sentimiento de ser importante. No deberíamos caer en el extremo contrario, más propio del provincianismo cerrado y excluyente, sino apostar por un turismo de calidad. El problema reside en las políticas de preferencia de este colectivo por encima de los barceloneses autóctonos que perciben perder terreno o vivir en una ciudad que les da la espalda. Es urgente erradicar el modelo de turismo de borrachera o de mendicidad que denigra las calles de Barcelona y fomenta el incivismo, así como la proliferación de apartamentos y pisos ilegales y el exceso de concentración hotelera de nueva construcción que despersonalice los espacios urbanos.


El ocaso de las terrazas de bares y restaurantes debe regularse mediante la aplicación de una normativa que obligue severamente a ocupar solo un porcentaje de las aceras, pues de poco o nada sirve aumentar el espacio peatonal si luego se ve nuevamente limitado para usos privados. Es importante que un paseo otorgue en la medida de lo posible un equilibrio entre el ocio y la restauración, el comercio de barrio y el paso peatonal.
En cuanto al problema circulatorio e incluso podríamos añadir de aparcamiento se refiere, el transporte público debería desarrollar un papel de primer orden mediante una red atractiva, eficaz y eficiente que permita una rápida movilidad por la ciudad y una oferta que represente una óptima cobertura territorial así como buenas frecuencias de paso que eviten largas esperas o masificación de pasajeros. Cuando se comete una importante reforma urbanística con el fin de pacificar el tránsito de vehículos sin tener en cuenta mejoras en la red de autobuses, metro y tranvía, tiene como consecuencias un desequilibrio y un empeoramiento de la movilidad. En particular, la finalización de las eternas obras de la L9/L10 de metro, la prolongación de la L8 hasta Gràcia y, sobretodo, la conexión del Trambaix y el Trambesòs por la avenida Diagonal deberían ser obras prioritarias tanto por el beneficio social que conllevarían como por constituirse en factores de reactivación económica en beneficio de los barceloneses.


Fotos: Arxiu Bici por Barcelona, Arxiu eldiario.es, Arxiu La Vanguardia, Arxiu TVC, Ricard Fernández Valentí.

martes, 18 de noviembre de 2014

José Martín Moreno, el oficio reintegrado al arte


Recientemente he terminado de escribir un nuevo libro cuya publicación se prevé para principios del próximo año. Esta vez se trata de la biografía de un singular personaje residente en el distrito de Nou Barris cuya gran vocación artística ha sido la escultura: José Martín Moreno.
Si repasamos brevemente su biografía, este hombre hijo de padres murcianos nació en 1934 en la calle de las Torres, en el barrio de las Roquetes del actual distrito de Nou Barris. Padeció de muy niño el calvario de la Guerra Civil y la posguerra, por lo que especialmente su madre desempeñó un papel muy importante en su lucha para mantener a él y a sus otros seis hermanos, los cuales formaban un gran equipo. Debido a la miseria, se vio obligado muy pronto a abandonar la escuela y ponerse a trabajar para que en su casa entrara más dinero con el cual comprar comida y, en definitiva, sobrevivir. Al cumplir los 14 años de edad descubrió que en el barrio había un taller donde trabajaba un escultor a quien solía visitar, despertando así su vocación artística.


Era un tal Joan Jutges, el cual percatándose del entusiasmo de aquél joven, le preguntó si quería convertirse en su ayudante en el taller a cambio de recibir una pequeña remuneración. El futuro escultor aceptó de muy buen grato, empezando desde lo más básico, modelando y pintando durante todo el año figuritas del pesebre que luego vendía en la feria navideña de Santa Llúcia. Sin embargo, a pesar de que quiso estudiar en una escuela de arte, ello no fue posible debido a la extrema pobreza familiar, llegando a abandonar con gran tristeza el taller de su maestro y gran amigo escultor. Por ese motivo se dedicó a otros oficios hasta que alcanzó la categoría de soldador, ejerciendo en una fábrica del barrio de Sant Andreu, lugar donde también residió a los pocos años de contraer matrimonio. Fueron tiempos muy duros, pues la pareja tuvo primero una niña y después un niño que al cabo de muy poco tiempo fallecieron. Después tuvieron dos niñas y un niño que afortunadamente sí sobrevivieron.


Como soldador de oficio descubrió que la soldadura también se podía aplicar al arte. Su técnica consistía en trabajar directamente sobre el metal. Previamente hacía un dibujo al carbón, aunque a menudo comenzaba con una idea y terminaba con otra. Sobre un trozo de hierro o de acero inicial iba depositando pequeñas porciones de material fundido como si soldara, pero lo que en realidad hacía era modelar hasta que la figura adquiría el aspecto deseado. Para ello usaba una varilla de hierro a modo de pincel con cierta rapidez puesto que el metal se secaba enseguida. La mayor dificultad residía en trabajar equipado con una careta protectora, con un filtro de vidrio negro que impedía ver todo aquello que no fuera incandescente, ya que una mano la necesitaba para sujetar la careta y protegerse los ojos, y la otra para esculpir.
Su primera obra fue un busto del futbolista Ladislao Kubala que creó en los talleres de la empresa de Sant Andreu donde trabajaba, hecho que le valió disponer de un pequeño espacio propio a modo de taller artístico donde pasaba muchas horas desarrollando su arte.


Sus esculturas, vanguardistas pero siempre figurativas, expresan generalmente dolor y sufrimiento, plasmando en buena parte el drama y el sufrimiento imborrable de su infancia que siempre ha arrastrado. Entre sus obras destaca también muy a menudo la figura de la mujer, a quien le tiene una especial veneración por el recuerdo de su madre luchadora por sobrevivir durante la Guerra Civil y la postguerra. Otra especialidad son las maletillas por su afición a la tauromaquia. La calidad y originalidad de su trabajo lo catapultó a conocer a personajes famosos e influyentes de su época como Palomo Linares, Salvador Dalí, José María Bayona, Julio Trenas, Martín Ferrand, Anthony Quinn, Lorenzo Quinn, Jose Manuel Lara, Jordi Pujol, los reyes Juan Carlos y Sofía, Joan Abelló y Josep Maria Cadena. 


Gracias a los periodistas y críticos de arte Joan Viñas y Àngel Marsà a quienes tanto apreciaba por ser dos magníficas personas consiguió difundirse a través de los medios de comunicación y exponer en numerosas galerías de arte como la Tramontan y la Grifé & Escoda de Barcelona, y en municipios como Madrid, Begur y Roses. Entre sus obras, que suman sobre un centenar de piezas, destacan sus bustos a Salvador Dalí, Isabel Preysler, el príncipe Felipe y el abad Escarré, y esculturas de medio cuerpo o cuerpo entero como las de Jordi Pujol, Palomo Linares y Diana de Gales. Precisamente Salvador Dalí, de quien José Martín Moreno siempre aseguró que era un hombre muy sencillo y completamente distinto a la imagen excéntrica a la que estamos acostumbrados, aseguró que su técnica escultórica era única en el mundo.


En 1997, una operación ocasionada por un percance de salud le obligó a jubilarse contra su voluntad. Después de haber residido en el barrio de Sant Andreu y en Mollet del Vallès, regresó nuevamente al distrito Nou Barris al que nunca dejó de visitar y con el cual siempre mantuvo sus vínculos familiares y sentimentales, pasando a vivir en el barrio de Verdum.
Tras una entrevista a El Periódico de Catalunya en el año 2012 un compañero del Arxiu Històric de Roquetes-Nou Barris llamado Roberto Lahuerta, especializado en cines de barrio y en biografías de personajes destacados de Nou Barris se interesó por entrevistarle. Fue así cuando José Martín Moreno y yo nos conocimos en esta entidad y me propuso escribir sus memorias. Me pareció un reto bastante interesante porque quería tratar algo diferente como era una biografía. Por un lado, me atrajo el hecho de que él recordara con un detalle tan extraordinario sus vivencias y como habían sido los barrios del actual distrito de Nou Barris.


La descripción de aquellos espacios emblemáticos y de aquellos vecinos y comerciantes entrañables que sólo la gente sabe que han existido es de un valor que no tiene precio. Las personas a menudo pueden convertirse en un excelente recurso cualitativo de cara a confirmar o negar ciertos hechos de la historia aunque, inevitablemente, juegan los sentimientos y el punto de vista personal y subjetivo. Por otro, su contacto con personajes tan importantes e influyentes de su época que tanto lo valoraron y pretendieron estimular su proyección, creí que debía servir para demostrar que en un distrito habitado por gente de clase humilde como es Nou Barris también hay talento y personas de gran valía capaces de llegar muy lejos. Es en este sentido una forma de revalorizar los barrios de los que aún se cree que no hay ni historia ni interés.


Un pequeño resumen de su vida escrito por su hijo a modo de introducción y orientación sobre lo que ha sido su vida, un buen número de información gráfica aportada por el mismo escultor para entender su trayectoria artística, así como sus amenas y fluidas explicaciones que durante tantas semanas escuché y anoté en mi cuaderno, me ha servido para escribir este relato, redactado en primera persona con el fin de reforzar su protagonismo y plasmar mejor la fuerza de sus sentimientos y emociones.
Reconstruir su biografía ha sido, en definitiva, un trabajo laborioso. El principal problema ha residido en la cronología, ya que José Martín Moreno no tenía la costumbre de anotar las fechas relativas a entrevistas con personajes famosos, ni de la inauguración de exposiciones, ni de sus apariciones por la prensa o la televisión. De ahí que algunos hechos no haya una datación exacta sino cercana. Por ello la consulta documental de hemeroteca me ha servido para averiguar fechas y cuadrar posibles confusiones o incoherencias.


En función de su evolución artística, el libro ha sido estructurado en tres partes. La primera explica sus orígenes y vivencias en los barrios de las Roquetes y Verdum del actual distrito de Nou Barris, su niñez y adolescencia durante la Guerra Civil y, en especial, durante los años de la postguerra. Sus memorias transcriben cómo era aquel lugar donde nació y se educó, a la vez que reflejan el máximo posible la dureza y el sufrimiento consecuencia de la miseria y el hambre que sufrió y tanto lo marcó como persona.
La segunda parte explica el nacimiento de su vocación como escultor, como se inició, como descubrió su nueva técnica revolucionaria y como pudo empezar a salir del pozo de la miseria. Son los años de juventud y madurez personal que culminan con su matrimonio y formación de su propia familia.
La tercera parte, la más extensa, relata su trayectoria profesional como escultor y su contacto con personajes famosos e influyentes de aquella época, tanto periodistas como artistas a los que bien les hizo un busto o una escultura, bien le ayudaron a proyectarse como se merecía como figura destacada y conocida en el mundo del arte.


La cuarta y última parte explica su jubilación forzosa, su regreso a Nou Barris en tanto el territorio de sus orígenes que lo vio nacer y crecer, y su legado en la actualidad.
El título del presente artículo "José Martín Moreno. El oficio reintegrado al arte" se corresponde al del libro, una cita que el maestro de periodistas y crítico de arte Àngel Marsà hizo en relación a la obra de José Martín Moreno.
En un lenguaje sencillo al alcance de todos, este trabajo constituye una obra divulgativa recomendada para aquellas personas interesadas en conocer una visión alternativa de la historia local del Nou Barris de unos años determinados, así como un artista que fue capaz de crear arte de una manera sorprendente y fuera de los cánones a los que estamos acostumbrados. En definitiva, mi humilde pretensión ha sido la de ofrecer una historia sencillamente diferente para quien le apetezca leer algo diferente y a su vez original.