viernes, 7 de noviembre de 2014

Las viejas placas callejeras de Barcelona, un patrimonio histórico a proteger

Ejemplo de convivencia entre la placa histórica y la placa moderna. Este es, a mi parecer, el criterio que debería haberse seguido para la mayoría de calles y plazas barcelonesas. Foto: Ricard Fernández Valentí.

Un paseo por los rincones más secretos de Barcelona ayuda a descubrir que todavía permanecen imperecederas las antiguas placas callejeras que en la actualidad constituyen un testigo viviente de tiempos pasados. Desgraciadamente son pocas las que resisten imperturbables en las fachadas de los edificios puesto que en su momento no se valoraron como era debido, mientras que otras han desaparecido por vil vandalismo, por el mero afán de borrar impunemente todo aquello que se pueda asociar a periodos predemocráticos o bien por la rapiña de los coleccionistas de antigüedades.

Preciosa placa de cerámica colocada en 1909 en la fachada del número 1 de la calle de Balmes esquina con Bergara. Al tratarse de un indicativo artístico, el Ayuntamiento de Barcelona la ha respetado. Unos metros más abajo se halla la placa más moderna, en lengua catalana. Foto: Alex Brown.

Entre finales de los años setenta y principios de los ochenta del siglo pasado se procedió a la renovación de todas las placas de las calles de la ciudad, algo que fue positivo porque de este modo se recuperaba la nomenclatura en lengua catalana que durante tantos años había permanecido eliminada y vetada. Los nombres atribuidos a acontecimientos, a iconos o a personajes relacionados con el franquismo fueron renombrados por otras denominaciones mucho más propias de un estado democrático. Las viejas placas de antaño, una vez arrancadas, se acumularon en un almacén como si de vulgar chatarra inservible se tratara, y posteriormente se procedió a su destrucción. Sin embargo, las que han permanecido intactas se ha debido a descuidos por parte de las brigadas encargadas de retirarlas o al hecho de hallarse en pasajes particulares cerrados o en paredes de edificios de difícil acceso que facilitan su invisibilidad a primera vista.

Placa del periodo de 1855 situada en el Barrio Gótico. En la parte superior se incluye el número de distrito y barrio, y en la parte superior el nombre de la calle. Observar cómo está escrito Jaime I. Foto: Ricard Fernández Valentí.

En el distrito de Ciutat Vella sobreviven las más antiguas de Barcelona, del siglo XIX, hechas de mármol y letras grabadas, o bien de cerámica y letras pintadas, en ambos casos de contornos sinuosos con cierto regusto artístico, y letras negras sobre fondo blanco. Es el lugar de la ciudad donde tienen mayor presencia. Y a ello deberíamos sumar otros rótulos no menos importantes como los de entrada y salida de carruajes, las cerámicas artísticas, las figuras santorales o bien las placas conmemorativas acerca de personajes famosos que en este distrito nacieron o residieron. Todo este conjunto de iconos refuerza la contribución a hacer de las calles y plazas del distrito un museo de historia al aire libre.

Placa de un periodo a caballo entre 1855 y 1878. A diferencia de la imagen anterior, este distintivo incluye información del número de manzana, lo cual demuestra la riqueza documental. Foto: Ricard Fernández Valentí.

Las placas cuya antigüedad se suponen de al menos el año 1855 indican en la parte superior el número del distrito y del barrio, incluso en algunos casos la manzana, y en la parte inferior el nombre de la calle o plaza. Las pertenecientes a la nueva división administrativa municipal aprobada en 1878 tienen otro formato: el nombre de la calle o plaza se indica en la parte superior mientras que el distrito y el barrio pasan a la parte inferior, con la diferencia adicional de que ambos no son numerados sino que reciben un nombre.

Placa artística situada en la fachada del edificio que alberga el Centro Cutural Aragonés y el teatro Goya. Es de 1923, y coincide con el bautizo de la calle de Poniente con la del político, jurista, economista e historiador aragonés Joaquín Costa Martínez. Foto: Ricard Fernández Valentí.

Aunque actualmente se conservan bastantes y por ahora parece que son respetadas como un elemento patrimonial del paisaje antiguo, muchas de ellas fueron destruidas durante el proceso de renovación de la nomenclatura pese a su evidente valor histórico. Todas ellas constituyen una fuente documental en tanto que informan de las antiguas divisiones administrativas incluso cuando las viejas murallas todavía no habían sido derribadas. En ellas, además, se aprecia la forma antigua como se escribía, incluso llegando a conservar sin traducir, posiblemente por imposición de las formas populares, palabras catalanas en la rotulación en castellano.

Placa callejera del periodo de 1878, tras la nueva división administrativa municipal. A diferencia de las anteriores, el nombre de la calle o plaza pasa a la parte superior, mientras que la del distrito y barrio se colocan en la parte inferior. Otra novedad es que los distritos y barrios se denominan con su nombre y no con un número, hecho que facilitaba la orientación por el complejo entramado del casco antiguo barcelonés. Foto: Ricard Fernández Valentí.

Placas cuyo diseño es similar a las de Ciutat Vella se pueden hallar de forma muy testimonial en los cascos antiguos de aquellos barrios barceloneses que fueron municipios independientes. En las de estos casos, si no hay sensibilidad por conservarlas, estarán abocadas a una inexorable desaparición a corto o medio plazo ya que se hallan mayormente en edificios potencialmente derribables.

Pequeña placa superviviente en una calle del barrio de Gràcia. Estos distintivos que se hallan fuera del distrito de Ciutat Vella son los que más riesgo corren de desaparecer. Foto: Ricard Fernández Valentí.

Otra tipología superviviente son las placas rectangulares metálicas pertenecientes al primer periodo franquista, de aspecto funcional, más ligeras y, sobretodo, más económicas dadas las circunstancias del momento. Las de los años cuarenta eran de aspecto abombado, esmaltadas, de rotulación pintada, con el fondo azul y las letras blancas. A partir de los años cincuenta y hasta los sesenta fueron rediseñadas con un nuevo aspecto de chapa aplanada, con rotulación grabada en un molde, fondo azul y letras y contorno plateado.
Del periodo comprendido desde los años sesenta hasta 1975, es decir, del segundo periodo franquista, existen muy testimoniales por algunas calles barcelonesas las placas de formato más moderno, predecesoras directas de las actuales, de mármol blanco y letras impresas en negro.

El pasaje de Ministral, en el barrio del Coll, una vía particular de acceso privado. Es de las poquísimas calles de Barcelona que todavía conservan la placa en castellano. La de este caso, que pertenece a los años cuarenta, se encuentra en mal estado. Es de esperar que en el momento en que se decida colocar la nueva placa en catalán, a lo que no me opongo sino todo lo contrario, la antigua se conserve como elemento patrimonial. Foto: autor desconocido.

Aparte de las anteriores, destaca la presencia por toda la ciudad de distintivos fabricados por fincas particulares, indicativos grabados en puertas artísticas de reja metálica, placas artísticas de cerámica, y la rotulación mediante letras forjadas o de piedra las cuales incluso llegan a formar parte de la arquitectura de un edificio y contribuyen al embellecimiento de la fachada. Todas ellas son de diferentes épocas, aunque la gran mayoría bastante antiguas. Existen también distintivos públicos integrados en un conjunto escultórico o artístico, cuyo diseño adaptado a las características de dicho conjunto no se corresponde con los criterios estandarizados que el Ayuntamiento de Barcelona oficializó en su momento. El aliciente artístico pretendía alertar a los transeúntes del grado de importancia y majestuosidad de aquella arteria, algo muy habitual en la mentalidad burguesa de antaño.

Placa de los años sesenta, esta vez de mármol blanco y rotulación en negro, perteneciente al pasaje particular de Comas d'Argemí, en el barrio del Guinardó. Es un caso similar al anterior, a lo cual le deseo el mismo destino. Foto: Ricard Fernández Valentí.

El paso de los años ha sido el responsable de otorgar a las viejas placas callejeras de Barcelona ese valor histórico que, hasta hace bien poco, no se les dispensaba. Actualmente solo se valoran las del distrito Ciutat Vella por ser del siglo XIX (además de constituir un atractivo turístico), las que tienen connotaciones artísticas y las que se integran en elementos monumentales.

Un ejemplo nada habitual en Barcelona: la convivencia de la placa antigua con la denominación no oficial, junto a la placa moderna con la denominación vigente. Observar que la placa antigua no indica ni el distrito ni el barrio, algo también muy poco frecuente en los indicativos de esa época. Foto: Neus Prats.

El resto son todavía objeto de eliminación como si de una plaga nociva se trataran. La principal razón se debe a su asociación directa al periodo franquista. Por ello es injusto, además de demagógico y oportunista, que algunos sectores ideológicos afirmen que quienes abogamos por la conservación de estas placas seamos añorados de los tiempos predemocráticos. Salvo excepciones que confirman la regla, tal afirmación es falsa, puesto que los criterios historicistas se hallan por encima de los políticos. Y en ese sentido, los geógrafos e historiadores urbanos por supuesto también lamentamos que actualmente no se conserven placas callejeras u otros indicativos del periodo de la Segunda República o la Guerra Civil, incluidas las rotuladas en lengua catalana.

El pasaje del Crédito, que desemboca a la calle de Ferràn y a la baixada de Sant Miquel en el otro extremo. Este es un claro ejemplo de rotulación a base de letras metálicas integrada en la bella arquitectura de este edificio. Como solía pasar a menudo, la palabra pasaje está escrita con g. Foto: Ricard Fernández Valentí.

La perspectiva del tiempo ha demostrado que la substitución acaecida entre finales de los años setenta y principios de los ochenta se produjo bajo la total ausencia de reglas conservacionistas y bajo el fundamento de hacer borrón y cuenta nueva con el pasado, desembocando a un grave error difícil de reparar. Lo más coherente hubiese sido complementar las viejas placas con las nuevas, o bien eliminar parcialmente las viejas conservando como recuerdo solo una pequeña representación de cada modelo. Sin embargo, es lógico que si una calle o plaza cambia de nombre, las viejas placas con la denominación sin vigencia sean completamente eliminadas para evitar confusiones. Por este motivo un proyecto de musealización que incluyese una vasta colección de placas de distintas épocas, incluidas las de calles desaparecidas o de antigua nomenclatura hubiese sido una solución factible a su conservación definitiva. Las placas callejeras explican una parte no menos importante de la historia de Barcelona, porque todas ellas son el reflejo de una situación y una evolución política, social y económica determinada por las que fueron creadas.

Detalle de la entrada del magnífico y elegante pasaje de Permanyer. Este es un claro ejemplo donde los distintivos se integran en el conjunto arquitectónico de la entrada: en las columnas, en los escudos de las estatuas superiores y en las rejas de acceso. Quienes se acerquen a contemplar hermoso lugar observarán que la palabra pasaje está escrita con j en la columna, mientras que en las estatuas de los niños con escudos y en la verja está escrita con g. Foto: Xavier Serra.


5 comentarios:

Anónimo dijo...

Un buen reportaje.
Me gusta mucho, como todo lo que escribes y creas

Enric H. March dijo...

Bon treball, Ricard! És important la teva alerta perquè darrerament estan desapareixent algunes plaques antigues, robades per desaprensius.

richy dijo...

Eres un crack nen. Arqueologo urbano inimitable.
Un abrazo
Richy

Canet Bernat dijo...

Si hom puja per l'acera dreta de Passeig Valldaura des de la plaça Llucmajor fins a Fabra i Puig podrà veure bastantes plaques dels 50, amb fons metàlic blau i lletres platejades.

Per cert, Ricard ja ets famós. Sortir al Telenotícies nit explicant la història de Torre Baró no té preu. Felicitats.

Ricard dijo...

Moltes gràcies a tots pels vostres comentaris i per seguir-me. Una abraçada.