jueves, 3 de abril de 2014

Recordando la figura y el arte de AURORA ALTISENT


En el año 1979 cuando tenía solo 8 años de edad llegó a mis manos un libro titulado "La Barcelona tendra", tal vez comprado por mi madre o bien por mi padrino, lo cual no es de extrañar al tratarse de dos personas especialmente aficionadas a las exquisiteces artísticas. Hojeando cada página de este libro es como me enamoré del inigualable dibujo artístico de Aurora Altisent i Balmas. Acostumbrados a los ilustradores masculinos que tanta fama alcanzaron dibujando tanto en publicaciones periódicas de su época como exhibiendo sus trabajos en galerías de arte, la figura de esta mujer nada tiene que envidiar al sexo contrario, pues rompe tópicos y prejuicios. Dibujante, escultora y pintora de vocación, esta barcelonesa nació el 2 de diciembre de 1928. Su padre era Joan Altisent i Ceardi (1891-1971), compositor de música que tenía una hermana pintora llamada Lluisa. Su madre era Carme Balmas i Guitard (1894-1978), una excelente pintora lamentablemente desconocida para la mayoría y que merecería reivindicarse. En el seno de esta familia de artistas, inició su formación artística bajo la influencia directa de su madre, su primera maestra. Posteriormente continuó su aprendizaje a través de los pintores Ángel López-Obrero en 1946, y Ramon Rogent entre los años 1951 y 1958.


Contando con solo 20 años de edad, sus evidentes cualidades artísticas la catapultaron a participar en numerosas exposiciones colectivas, es decir, en las cuales exponían varios artistas de manera conjunta. Fueron celebradas tanto en Cataluña (Barcelona, Granollers, Girona, Santa Maria de Vilabertran y Figueres), como en el resto de España (Madrid y Valencia) e incluso en países como Alemania (Dusseldorf y Bochum) y Francia (Toulouse). Así fue como se ganó el respeto y el reconocimiento de los críticos de arte. La última de ellas se ha realizado en el presente año, tras un paréntesis desde el 2003.
En plena madurez artística, cuando su arte, figurativo, ya ofrecía el estilo que caracterizaba su obra, en 1956 hizo su primera exposición individual, concretamente en las Galerías Layetanas de Barcelona.


Paralelamente al dibujo también se dedicó a la escultura y la pintura, donde a pesar de sus indiscutibles cualidades, nunca llegó a tener la misma proyección, siendo una faceta desconocida pero no por ello menos interesante. Sus esculturas se caracterizaron por la exaltación de los volúmenes, insistiendo especialmente en las formas redondeadas en detrimento del detallismo. En cuanto a la pintura, de estilo planimétrico, evolucionó hacia la simplicidad de las formas y al predominio de la línea. Inicialmente, influenciada por el estilo pictórico de Paul Cézanne y después por el puntillismo, enseguida se especializó por las pinturas al fresco tras haber recibido numerosos encargos de obras de gran formato para murales de iglesias como las de Prullans i Musser, e incluso para algunos templos religiosos de los Estados Unidos.
A partir de 1972 renovó su estilo en el campo del dibujo mediante el uso muy depurado de la línea, expresando así una nueva concepción estética, muy exquisita y con muy buen gusto. Colaboró en la ilustración de la revista "Cavall Fort". En los años 1974, 1978 y 1983 expuso individualmente en la Sala Gaudí de Barcelona.


El estilo artístico de Aurora Altisent es apreciable en su colección de láminas dedicadas a Barcelona y publicadas en tres libros editados por la editorial Lumen. Sus ilustraciones, hechas con verdadero amor y paciencia, sin ansias de tener el trabajo terminado a corto plazo, destacan por la pulcritud y el detallismo elevados a la máxima expresión. En cualquiera de ellas, contemplables durante horas, es fácil terminar descubriendo nuevos elementos cada vez que se observan. Los trazos suelen ser a mano alzada, pues se aprecia que prácticamente ninguna línea recta ha sido dibujada mediante el uso de una regla, lo que demuestra el extraordinario pulso de su mano al coger la pluma. Sin embargo, la ausencia de instrumentos de medición carece de importancia porque cada lámina no pretende ser un calco perfecto de la realidad como haría un arquitecto, un delineante o incluso un dibujante de cómics, sino que viene a ser el punto de vista de la artista, la cual consigue que cada dibujo sea una verdadera obra de arte. Precisamente el gran mérito reside en estos trazos a mano alzada, pues en caso contrario se asimilaría a otros dibujantes contemporáneos, diluyéndose como una artista más de su tiempo. Una vez ella misma afirmaba que "siempre he dibujado del natural, con frío o con calor, en una calle, tras una ventana o desde un balcón, en una estación de trenes o tras la puerta de una tienda".


El primer libro es el antes mencionado "La Barcelona tendra", con textos de Alexandre Cirici, y representa una selección de paisajes barceloneses, algunos de ellos rincones inéditos o poco vistos que no siempre responden a las típicas imágenes ofrecidas a los ojos del turista. Todas ellas destacan por su hermosura, incluso las vistas más vulgares parecen incorporar gotas de romanticismo gracias a la mano de la autora. El segundo libro, de 1979, es "Botigues de Barcelona", con textos también de Alexandre Cirici, donde Aurora Altisent nos sumerge por un viaje a través de los establecimientos comerciales más singulares y originales de la ciudad, todos ellos auténticas estampas de una época donde parece haberse detenido el tiempo. Elementos de la personalidad de Barcelona, patrimonio secreto de gran belleza y cargados de memoria histórica, algunos de ellos lamentablemente han desaparecido.


Finalmente, el tercer y último libro de la colección es "Salons de Barcelona", editado en 1984. A diferencia de los dos anteriores, los textos ya no pertenecen a Alexandre Cirici debido a que este escritor, político y crítico de arte había fallecido el año anterior. Su sustituto, que nada tenía que desmerecer al anterior, fue el filósofo, periodista y escritor Josep Maria Carandell. Su elección, probablemente, no respondía a una mera casualidad, ya que como autor de la "Guía secreta de Barcelona" esta vez desentraña los interiores singulares y desconocidos de la ciudad, a menudo secretos para la mayoría de la sociedad barcelonesa. En este sentido, los textos de Carandell son muy adecuados para acompañar a una colección de láminas con una calidad artística inigualables e insuperables, y especialmente inimitables para aquellas personas de pulso nervioso o ansiosas por ver terminado enseguida su trabajo.


En 1999 el Ayuntamiento de Barcelona reconoció a Aurora Altisent con la Medalla de Honor y en el año 2003 con la Medalla de Oro al Mérito Cultural. Sus libros han sido reeditados, además de en lengua catalana, en castellano e incluso en inglés, pensando así en un público más amplio y como una manera de proyectar la figura y la obra de esta mujer más allá de nuestros límites. Su último trabajo fueron las ilustraciones para una nueva edición de la novela de Mercè Rodoreda "La noieta daurada i altres contes", editada en el año 2005.
Una reciente exposición titulada "Dones il·lustradores" celebrada en el Espai Francesca Bonnemaison de Barcelona hizo un repaso general de la obra artística de las grandes dibujantes catalanas de nuestra historia, donde además de Aurora Altisent figuraban los nombres de Lola Anglada i Sarriera (1892-1984), Mercè Llimona i Raïmat (1914-1997), Maria Rius i Camps (1938), Roser Capdevila i Valls (1939), Fina Rifà i Llimona (1939), Pilarín Bayés i de Luna (1941), Lluïsa Jover i Armengol (1942), Carme Solé i Vendrell (1944), Violeta Denou (1948), Montserrat Ginesta i Clavell (1952) y Marta Balaguer i Julià (1953). Todas ellas también merecen ser recordadas por su labor, su estilo, su arte, su personalidad y por sus aportaciones personales al mundo del dibujo y la pintura.



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