viernes, 27 de septiembre de 2013

Los urinarios subterráneos de la plaza de Urquinaona (1920-1997)


Aunque en la actualidad la implantación de una red lavabos públicos por toda Barcelona es todavía una asignatura pendiente, antaño era este un servicio habitual que empezó a extenderse por una parte de la ciudad a partir del siglo XIX. Tras las primitivas letrinas existentes en algunas porterías ubicadas bajo los arcos de las escaleras, a partir de 1877 se instalaron en la vía pública los primeros urinarios construidos de obra en los espacios más emblemáticos y concurridos por la ciudadanía. Luego se instalaron urinarios prefabricados, y finalmente, con motivo de la Exposición Universal de 1888, los llamados "vespasianos" de importación francesa, que a partir de 1906 tuvieron que ser rediseñados recortando los bajos para que al menos se pudiesen ver los pies y las pertenencias de los usuarios. Ello fue como consecuencia de la colocación de una bomba por parte de un anarquista.


De este último modelo había algunos instalados en la plaza de Urquinaona, metálicos y de aspecto cilíndrico, llamados también kioscos. Sin embargo, por una cuestión de seguridad ciudadana, imagen e higiene y debido al espacio que ocupaban se previó el soterramiento progresivo de la mayoría de los instalados. Así, el 4 de abril de 1916 la Comisión de Ensanche anunció su postura favorable mediante un informe al Ministerio de Fomento para la construcción de unos urinarios públicos subterráneos bajo la plaza de Urquinaona en sustitución de los de superficie, ofreciendo la posibilidad de reintegrar a plazos el presupuesto de las obras. Tras el visto bueno de los Servicios Técnicos Municipales y de la Comisión Municipal Permanente, en 1918 se aprobó la ejecución de los trabajos de construcción que empezaron al año siguiente. Finalmente, el 26 de diciembre de 1920 los nuevos urinarios públicos fueron abiertos al público, sustituyendo definitivamente a los antiguos de superficie.


Las nuevas instalaciones ocupaban los subterráneos de la isla central del lado mar de la plaza. Se accedía mediante unas escaleras situadas en el lado este, cuya entrada se asemejaba a la del metro. Al bajar presidía una sala circular rodeada de un perímetro de puertas donde se hallaban los váteres para señoras y caballeros. Allí solía haber una mujer generalmente mayor que a modo de conserje vigilaba las instalaciones y a menudo recibía las propinas de las usuarias. En el centro presidía una columna de sujeción del techo que a su vez hacía la función de asientos e incluía espejos. Al fondo había un corredor estructurado en tres pasillos. En el central había habían las puertas de acceso a las duchas y los doce mingitorios para caballeros (seis a cada lado). En los pasillos laterales se instalaron los servicios de peluquería y limpiabotas. Al fondo, había las picas de los lavabos.  Aunque las duchas eran de pago, se dice que los mendigos recibían excepcionalmente atenciones gratuitas. El recinto estaba decorado con baldosa blanca y roja en las paredes. La iluminación interior se conseguía durante el día mediante la luz natural que penetraba a través de los respiraderos del techo, y de noche mediante unas lámparas.


Los urinarios fueron gestionados por los Servicios Municipales de Higiene y la Unidad Operativa de Aguas Potables del Ayuntamiento de Barcelona y funcionaban las 24 horas del día. La concesión fue a cargo de Josep Gili Crehueras, el cual tenía que pagar una canon anual de 6120 pesetas. Las instalaciones estaban vigiladas por unos empleados para garantizar la seguridad y evitar incidencias.
Los buenos resultados obtenidos por los urinarios subterráneos instalados en Barcelona y en vistas de la proximidad de la celebración de la Exposición Internacional de 1929, el Estatuto Municipal de 1924 permitió aprobar el Reglamento de Sanidad Municipal en 1925, por el cual se decretó obligatoriamente la prohibición de los pozos negros y la supresión de los mingitorios de superficie y su reemplazo por los subterráneos. Aunque en la ciudad había instalados otros de similares, los de la plaza de Urquinaona se convirtieron en los más populares.


Además de los urinarios, posteriormente se instalaron otros servicios públicos que contribuyeron a dinamizar aquel singular espacio bajo tierra atrayendo a nueva clientela. A partir del 11 de junio de 1927, mediante previo acuerdo con el concesionario, la Compañía Telefónica Nacional de España instaló un servicio permanente de teléfonos públicos para conferencias urbanas e interurbanas. Y el 2 de mayo de 1928 se inauguró una peluquería para señoras y caballeros. Aparte del corte y lavado del cabello, la sección de mujeres disponía de servicios como manicura, limpiabotas y perfumería, mientras que la sección de hombres dotaba de servicios de barbería, manicura, limpiabotas y escritorio. Este último consistía en un escribano o amanuense que desarrollaba tareas como redactor de cartas, expedientes, informes y telegramas, incluso en diferentes lenguas.
Semanalmente, también se vendían participaciones de décimos de la Lotería Nacional.


La popularidad de este subterráneo lo convirtió en un lugar de paso dejando de ser exclusivamente para las clases acomodadas como lo fue en un principio. Incluso llegó a ser escondite ocasional de quienes estaban perseguidos por la ley. Así, tras ser descubierto, en diciembre de 1932 fue detenido por la policía en uno de los lavabos un tal Félix Albalate que llevaba consigo dos pistolas.
Durante la Guerra Civil los servicios de los subterráneos fueron colectivizados bajo control sindical y sirvieron de refugio provisional en los días que se producían bombardeos aéreos. Igualmente, la creciente inestabilidad incluso entre diferentes secciones del mismo bando produjo en mayo de 1937 un violento tiroteo en el que murió uno de los guardias de asalto parapetados en la entrada de los retretes.


A partir de la posguerra en adelante, los urinarios de la plaza de Urquinaona fueron sometiéndose a un lento envejecimiento y abandono por falta de renovación que les hicieron perder aquel encanto de sus inicios. El 13 de noviembre de 1946 el Ayuntamiento de Barcelona destinó un presupuesto de 80.000 pesetas para reparar el techo de los subterráneos y para proceder a algunas reformas de modernización, como la instalación de nuevas puertas pintadas de rojo y un renovado sistema de iluminación fluorescente. Los tiempos que se vivían impusieron una nueva moral hasta el punto de que en los mingitorios de la sección de caballeros se colocó un cartel que decía “Si quieres estar fuerte y sano no le des a la mujer lo que tienes en la mano”. En 1949 fueron arrestadas en las escaleras del recinto dos mujeres que vendían lotería falsificada, localizadas porque el número que ofrecían había resultado el ganador.


A medida que las condiciones higiénicas de la sociedad barcelonesa fueron mejorando al disponer de baño la mayoría de los hogares, el servicio de duchas terminó por desaparecer a partir de la década de 1960. Ya en sus últimos años activos, especialmente durante las décadas de 1970 y 1980 los subterráneos se convirtieron en punto de encuentro de drogadictos que iban a pincharse y en un lugar idóneo para practicar el sexo rápido de parejas heterosexuales y también gays. Esta condición de espacio marginal provocó el recelo ciudadano y, por consiguiente, un descenso progresivo y continuado del número de usuarios. Tanto los urinarios como la peluquería fueron pasando a manos de diferentes concesionarios. La última renovación fue hecha en 1986 para cuatro años, pero después el negocio continuó indefinidamente hasta que en el año 1997 los urinarios fueron clausurados definitivamente por orden municipal alegando falta de rentabilidad e inseguridad. Su última encargada fue Carme Gili, hija del primer arrendatario.


Una vez cerrados, continuó activa únicamente la antigua peluquería hasta que finalmente el Ayuntamiento de Barcelona pactó con el arrendatario el cierre del local. Esto ocurrió en octubre de 1998. A pesar de varias peticiones vecinales solicitando su reapertura ante la escasez de lavabos públicos o bien su sustitución por modernas cabinas, el Ayuntamiento de Barcelona descartó esta opción, incluso la reutilización del espacio para otras funciones. A finales de marzo de 2012, por razones de seguridad, los subterráneos fueron derribados y enterrados por peligro de hundimiento del techo. En el presente es deseable que a corto plazo Barcelona pueda disponer nuevamente de lavabos públicos como suele ser normalmente en la mayoría de ciudades europeas importantes, siempre bajo óptimas condiciones de higiene y seguridad.



3 comentarios:

miguelitro dijo...

genial ricard,i les fotos, d´on les has tret??, senzillament magnífic

Ricard dijo...

Hola:

Moltes gràcies. Les fotos són de l'Arxiu Nacional de Catalunya.

Anónimo dijo...

Una joia perduda, per desgracia, en els temps que corren..