sábado, 7 de septiembre de 2013

El CANÓDROMO MERIDIANA (1964-2006)


A finales de la década de 1950, los empresarios del Canódromo Pabellón (inaugurado el 6 de enero de 1953) Ramon Solé i Pelló, Antonio Blasco y José Vilar apostaron por la apertura de una nueva instalación de idénticas características en Barcelona, más moderno y que contribuyera a estimular el crecimiento de la afición de una parte de la sociedad barcelonesa por las carreras de galgos.
Para hacerlo realidad fue necesaria la búsqueda y de unos terrenos económicamente asequibles y no montañosos donde poderlo construir, alejado del centro de la ciudad y, por consiguiente, en la periferia. Finalmente, el espacio que reunía las características idóneas fue una parcela de tierra 10.000 m2 propiedad de la familia Ros, habitantes de la masía de Can Ros o Can Armera, los cuales ya habían vendido buena parte de sus antiguos terrenos rurales para la construcción de un nuevo barrio: las Viviendas del Congreso (Congrés).


Así, el nuevo canódromo ocuparía la manzana comprendida entre las calles de Ignacio de Ros (actual Can Ros), Concepción Arenal, Riera de Horta y Pardo. Entonces el terreno era un campo donde se cultivaban principalmente tomates, coles y acelgas, aparte de otras hortalizas. El emplazamiento era excelente porque estaba bien comunicado por la proximidad de la avenida Meridiana, y gracias a su ubicación a caballo de los barrios del Congrés, Vilapicina y Sant Andreu supondría una nueva demanda potencial que aseguraría su rentabilidad porque se convertiría en un equipamiento de ocio para estos núcleos residenciales. En el diseño de las modernas instalaciones se contó con lo servicios de Antoni Bonet Castellana y Josep Puig Torné, dos arquitectos especializados en arquitectura contemporánea profundamente influenciados por las corrientes de pensamiento racionalista de la GATCPAC y por autores como Le Corbusier. La condición que ambos impusieron para aceptar el encargo fue la oportunidad de diseñar unas instalaciones vanguardistas y espectaculares.


Las obras empezaron en 1961 y finalizaron dos años después. El conjunto estaba formado por un edificio de estructura parabólica de 107 metros de longitud, situado en el lado más largo de la manzana, y una pista de carreras. El edificio, que todavía existe, consta de dos plantas: la baja, planteada como una prolongación del terreno; y la superior, como un objeto completamente separado del suelo que sirve de mirador. La estructura metálica principal está compuesta por dieciocho vigas metálicas de acero de canto y longitud variable inclinadas hacia la calle según el mismo ángulo y apoyadas sobre una única línea de pilares en la zona central de la planta. Ello proporciona una imagen más esbelta y ligera del conjunto. En sentido perpendicular a la estructura principal se distribuyen unas correas de alma calada y sección triangular, formadas por cuatro redondos (dos abajo y dos arriba) conectados con un ligero estribo en zig-zag. Los forjados son de hormigón, las gradas de hormigón prefabricado y el plano de la cubierta se resuelve mediante un aglomerado autoportante (Viroterm) con tela asfáltica acabado con un árido.


El edificio tiene la planta lenticular y es muy transparente, lo que otorga al conjunto la imagen de unas alas de avión y un aspecto muy dinámico. La planta superior consta de gradas en la zona central y unas terrazas laterales con buena visibilidad. El forjado de la cubierta soporta una estructura colgante con lamas de protección solar, a modo de brise soleil. La cubierta está soportada por unos tirantes que unen las vigas al forjado inferior y evitan el balanceo. Su forma reglada está desarrollada por el desplazamiento de una recta entre dos líneas directrices: una parabólica en planta y horizontal en alzado (sobre la fachada exterior del edificio, hacia la calle de la Riera de Horta) y otra parabólica en alzado y recta en planta (la fachada interior). El brise soleil hace de contrapeso.
Los acabados decorativos eran de gran crudeza, con carpinterías de perfilarías laminadas y estructura de color gris plomo, paneles de aglomerado natural, revocos blancos a la tirolesa y cerámica vidriada en tonos marrón y ámbar. Posteriormente, en las zonas cerradas se instaló aire acondicionado.


La pista de carreras para ocho galgos tenía un perímetro interior de 265,70 metros, una recta de 70 metros y dos curvas de 62,85 metros. En la parte exterior había instalado el monorraíl donde se hacía correr la figura del conejo.
Cuando el canódromo funcionaba, la planta baja estaba dedicada a los espacios de servicio, perreras, lavabos, oficinas, taquillas y un restaurante junto a la escalera vecina a la zona del paddock (lugar de exhibición de los galgos), desde donde era posible contemplar los galgos en posición de descanso. Sobre la explanada cubierta de la planta alta, se situaban la zona de apuestas y el bar que cerraba las vistas a la calle de la Riera de Horta, envolviendo la terraza y las gradas a modo de gran concavidad, desde las cuales se disfrutaba de una excelente vista de la pista ubicada hacia el sur. Un altillo coincidente con la zona de meta, permitía alojar el espacio de los jueces, el speaker o altavoz, los cronometradores, los controles y el fotógrafo.
Una vez terminado, antes de su inauguración el Fomento de las Artes Decorativas (FAD) le otorgó un Premio FAD de Arquitectura.


Coincidiendo con el XXV aniversario de la Paz de Franco, el 2 de abril de 1964 el canódromo abrió al público. Popularmente llamado "el casino de los pobres", enseguida se convirtió en un punto de encuentro, de relaciones sociales y de ocio. El hecho de que en los alrededores faltaran parques y zonas verdes propició su uso como zona de paseo familiar. La entrada era libre para todas las edades y no era obligatorio apostar. En el recinto trabajaban 60 empleados, aparte la gente de las oficinas, y disponía de unos 700 galgos, los cuales solían descansar en una perrera ubicada en Santa Coloma de Gramenet, formada por unas cuadras y unos caminos para paseo, que creó el mismo empresario Antonio Blasco.
A nivel empresarial, Ramon Solé i Pelló fue el primer gerente. Antonio Blasco y José Vilar también formaban parte de la empresa, incorporándose los familiares de ambos en la gestión económica y administrativa. Los directores de carreras eran los señores Vergé y Cervantes.


Durante sus años activos se celebraron carreras de galgos de carácter nacional e incluso internacional. Habitualmente se hacían apuestas de parejas de perros. El recinto funcionaba durante todas las tardes y se celebraban hasta 16 carreras. Los martes, jueves, sábados y domingos también había sesiones matinales. Anualmente, cada 12 de octubre, desde el año 1965 se celebraba el Derby Español Galguero, presidido por el delegado nacional de Educación Física y Deportes, Joan Antoni Samaranch. Año tras año el campeonato fue adquiriendo prestigio hasta colocarse en tercera posición en cuanto a importancia se refiere, tras los celebrados en Irlanda e Inglaterra, dos naciones donde las carreras de galgos estaban consideradas el segundo deporte nacional. En la competición participaban galgos del país, y otros procedentes de los canódromos de White City de Londres (representados por la National Greyhound) y Selbourne Park de Dublín (representados por la Bord Greyhound). El galgo ganador del campeonato recibía el "Collar de Oro" que le otorgaba el título.


Aparte de esta, otras titulaciones celebradas eran el Trofeo Conde de Torrepalma, el Trofeo José Luís Rubio, el Memorial Antonio Blasco, el Gran Premio Gráficas Mendoza, el Gran Premio Delator, el Gran Premio Internacional de Barcelona, el Campeonato Canódromo Meridiana, el Campeonato de Cataluña y el Campeonato Nacional de Liga.
Con la llegada de la liberalización del juego a finales de la década de 1970 llegó una etapa de crisis, pues hasta aquél entonces no había oferta de ocio, y mucho menos para apostar. Tras la apertura masiva de bingos y locales para loterías primitivas los dos canódromos de Barcelona empezaron a perder público hasta el punto que el perfil cambió pasando a predominar gente jubilada en detrimento de familias y grupos de jóvenes, cada vez más minoritarios.
En 1979 la empresa gestora del canódromo se convirtió en una sociedad anónima, bajo el nombre de Canódromo Meridiana Sociedad Anónima. En 1984 la presidencia y la gestión pasó a manos de Ramón Gargallo, y en 1997 a manos de Josep Lluís Navarro. En 1999 cerró definitivamente sus puertas el Canódromo Pabellón, de modo que el Canódromo Meridiana se convirtió en el único de Barcelona y de toda España que permanecía activo. La clausura de aquél repercutió a un aumento de un 24% la asistencia de público.


Finalmente, tras un año en conversaciones con la Generalitat por la deuda fiscal de la empresa que ascendía a 1,68 millones de euros, pero la decisión de subir la tasa de apuestas del 3% al 10% hacía inviable su continuidad. Todo ello sumado a una campaña animalista iniciada por determinados partidos políticos contra el canódromo propició su clausura definitiva el 22 de febrero de 2006. La empresa quedó liquidada el 27 de diciembre siguiente. Como consecuencia, los empleados se quedaron en la calle y los galgos fueron recuperados por la entidad SOS Galgos que procedió a su mantenimiento y adopción para evitar un posible sacrificio en la perrera municipal.
A modo de curiosidad, este canódromo fue el escenario para el rodaje de algunas escenas de las películas "Va a ser que nadie es perfecto" (2006) de Joaquín Oristrell y "Petit Indi" (2009) de Marc Recha, esta última realizada tras el cierre del recinto. Igualmente, fue también el escenario de inspiración literaria para escritores como Manuel de Pedrolo (en su novela "Falgueres informa" de 1989) y Pere Guixà (en su obra "L'embolic del món", de 2002).


Tras el cierre, se generaron numerosos movimientos vecinales para la recuperación del edificio del canódromo empleándolo como espacio cultural para el barrio. Un total de hasta 35 entidades de los barrios del Congrés y Els Indians trabajaron conjuntamente para decidir qué equipamientos eran necesarios. Por ello, en el año 2009 se procedió a efectuar una primera rehabilitación del edificio bajo la dirección de los arquitectos Xavier Monteys, Josep Maria de Lecea, Laura Aybar y Marta López. Los trabajos fueron muy conservadores, pues al tratarse de un edificio catalogado como patrimonio histórico de la ciudad no se podían efectuar modificaciones de su estructura original. Solo desapareció la pista y los muros que cerraban el recinto, convirtiéndose en un espacio para el paseo y la práctica del deporte, así como la habilitación de una zona infantil.


La intención del Ayuntamiento de Barcelona era convertir el edificio del canódromo en un centro de arte contemporáneo para exposiciones y laboratorio de artitas emergentes. Igualmente empezó el proceso de expropiación de las pistas de tenis situadas enfrente, en la calle de Can Ros y detrás de la masía, para construir una guardería, un polideportivo y un centro cívico. Sin embargo, la crisis económica fue la excusa para frenar cualquier proyecto, por lo que el edificio permanece cerrado y en desuso a la espera de tiempos mejores. No obstante, la Asociación de Vecinos del Congrés-Indians reclamó su apertura y por ello el 16 de junio de 2012 organizó una concentración lúdico-reivindicativa en la que asistieron más de 200 personas y que sirvió para presentar un manifiesto y recoger firmas. Actualmente, la lucha vecinal continúa para hacer realidad los equipamientos de barrio y otorgarle al antiguo canódromo el uso que se merece.


Procedencia de las fotografías: grupo de Facebook "Jo vaig viure a les vivendes del Congrés".

7 comentarios:

El niño vampiro dijo...

Yo estudié en una escuela del barrio, y recuerdo que, allá por el 81 y el 82, a veces hacía campana y me iba allí a ver las carreras y a buscar por el suelo algún boleto ganador. Entonces no lo sabía, pero luego he averiguado que, ya por aquella época, el canódromo se había convertido en un lugar de trapicheo de yonquis.
Me alegro de que hayan conservado el edificio y el espacio, aunque todavía no he tenido la oportunidad de visitarlo.
Un saludo.

diego o t dijo...

Muy buen artículo,si Sr.

richy dijo...

Hola Ricard. Enhorabuena por tu articulo, como siempre. Te quiero hacer una pregunta. Yo trabajo el mundo de lz rehabilitacion desde hace 25 años. He ido a trabajar a edificios catalogados y edificios on arquitecturas singulares sin catalogar? Que interes arquitectonico tiene este bodrio de estructura de hormigon y hierro y sus gradas. Yo no la se ver.
Durante años se especulo que el corte ingles queria construir un centro comercial, se especulo con un parquing y al final han dejado algo que no vale pafa nada. Ojo es una opinion personal que puede see compartida o no.
Gra cias

railsiferradures dijo...

Celebro la conservación de esta "estructura de hierro y hormigón".
En nuestro barrio estamos faltos de edificios monumentales, solo queda la uniformidad de los pisos.
Ni siquiera cuando levantaron los edificios Sears, (Hipercor), intentaron crear algo original, dejándonos tres torres gemelas y ,para mi gusto, anodina.
La cubierta del Canódromo es como una gran ala de un avión varado que ademas forma parte del paisaje que desde el balcón de mi casa pude ver durante casi 25 años.
Gracias por esta entrada y un abrazo tranviario.
rails i ferradures.





Ricard dijo...

Gracias por vuestros comentarios. Sobre el diseño del canódromo hay gustos para todo, desde quienes lo admiran hasta quienes lo detestan. En la arquitectura funcionalista eso suele ocurrir. Lo que se suele destacar comúnmente es la gran cubierta y que las bases son "flotantes" en tanto que se sostienen mediante la estructura de columnas de hierro. Insisto, en el funcionalismo suele darse bastante controversia. Un saludo.

Anónimo dijo...

considero que con haber mejorado la calidad de los galgos y no haber permitido la entrada a gente conflictiva hubiese sido una solucion solo había que cambiar el reglamento ademas q para ver a los galgos caseros y cebados como cerdos eso si q es un "crimen"estos animales necesitan correr casi a diario ademas q en vez de pontenciarlo lo han aniquilado tb crearía puestos de trabajo directa o indirectamente todo es voluntad y siempre bajo la proteccion del galgo verlos correr es toda una belleza.

Conx dijo...

Pues me ha hecho muchísima ilusión encontrar este blog, mi abuelo era un gran aficionado y en mi casa en Madrid conservo uno de sus trofeos donde figura la etiqueta de " premio Ramón Sole" bajo la figura en bronce de un galgo en posición de descanso.
Muchas gracias por su trabajo de investigación, interesante aportación a este mundo de galgos.