viernes, 4 de enero de 2013

Una devoción personal a SS.MM. los Reyes Magos de Oriente y al Rey Baltasar


Dicen que nadie debería perder ese niño o niña que llevamos dentro, pues a menudo ciertas cosas de nuestra infancia persisten en la edad adulta. Para mí una de ellas es la devoción por SS.MM. los Reyes Magos de Oriente, una tradición que siempre he vivido de una manera muy especial, primero en el ámbito familiar y después con las tradicionales cabalgatas de barrio y paradas callejeras.
Todos los niños y niñas tienen una predilección especial por uno de los tres personajes, debido principalmente por su presencia que tanto llama la atención. Mi Rey Mago preferido siempre fue (y sigue siendo) Baltasar, y no voy a negar que lo primero que me gustó de él fue el simple y mero hecho de ser de raza negra, algo que para mí le otorgaba a la vez un misterio, un encanto y un exotismo particular con respecto a sus compañeros Melchor y Gaspar. Eran tiempos anteriores a la multiculturalidad, y la presencia de gentes de otras razas en Barcelona era algo puramente testimonial y muy difícil de ver. Todavía recuerdo aquella canción tarareada por mi abuela Rosita y que ahora los más puristas considerarían políticamente incorrecta, que decía: “Tan-tan ya vienen los Reyes, tan-tan Melchor y Gaspar, tan-tan le sigue un negrito que todos le dicen el Rey Baltasar”.


En Barcelona la figura del Rey Baltasar empezó a encarnarse con un actor de color a partir de la posguerra, muchos de ellos guineanos emigrados o bien marroquíes y argelinos procedentes de la guardia mora. Anteriormente a la Guerra Civil lo interpretaba un hombre blanco caracterizado con la cara betunada, tradición que se ha prolongado en las cabalgatas de barrio prácticamente hasta nuestros días. Actualmente, gracias a la facilidad para encontrar individuos de otros grupos raciales, en casi la totalidad de las cabalgatas lo encarna un hombre de raza negra, incluidos los pajes.
Esta costumbre tiene un origen medieval, cuando la Iglesia decidió representar a San Baltasar como un hombre de raza negra con la intención de universalizar el cristianismo. Su nombre, originalmente del hebreo Bel-Sar-Utsor, significa “Dios protege al rey” o “Aquel que es protegido por Dios”, siendo mencionado como rey caldeo de Babilonia en los libros del profeta Daniel. El personaje simboliza la juventud humana, y se le representa como portador de la mirra, sustancia resinosa aromática usada entonces para embalsamar a los muertos. El ofrecimiento de la mirra al niño Jesús evoca el lado humano y mortal del hijo de Dios. Pero no olvidemos que en la Biblia se hace referencia a unos magos, unos sabios de Oriente de los cuales no se menciona ni el número, ni sus nombres ni sus orígenes étnicos, siendo pues unos personajes anónimos de los que nada se sabe sobre ellos. Los tres Reyes Magos de Oriente son una tradición posterior que, al margen de su significado religioso, constituyen un elemento cultural y folclórico.


En la cabalgata oficial de Barcelona, quien ha interpretado al Rey Baltasar durante más años y todavía continua al pie del cañón al servicio de una tradición festiva barcelonesa y en particular del público infantil es Severino Baita Losoha. Nacido en la Guinea Española hace 73 años, decidió venir a Barcelona después de que su padre, habiendo participado en el Congreso Eucarístico Internacional de 1952, le habló muy bien acerca de Cataluña. Aterrizado en la capital catalana en 1959, estudió bachillerato para luego acceder a la carrera de medicina, un privilegio que en aquellos tiempos se pudo permitir gracias a que sus padres, respetados agricultores y propietarios de terrenos, ganaban mucho dinero y así le pudieron pagar tanto el viaje a Barcelona como los estudios. Su propósito era abrir un hospital en su pueblo natal, Rebola, situado a nueve kilómetros de la capital, Santa Isabel. Sin embargo, debido a la independencia de este país en 1969 Severino dejó de recibir dinero de sus padres, lo que le impidió costearse la carrera de medicina. Por ello, tuvo que ponerse inmediatamente a trabajar por su cuenta, desempeñando tareas como contable, casi siempre en las oficinas de Cruz Verde. Posteriormente ganó una plaza de funcionario municipal.


Tenía especial afición por la radio, y junto con sus compañeros guineanos de piso solía escuchar la emisora de Radio Juventud, cuya central se hallaba muy cerca de su domicilio, en la calle de Zaragoza número 77. Él y sus compatriotas a menudo grababan canciones, los famosos “Discos dedicados” en el estudio radiofónico, lugar donde conoció a Carmen Núñez, cordobesa residente en Barcelona con quien contrajo matrimonio. Pasó a vivir en el barrio de Gràcia. Convertirse en Baltasar no fue buscado sino que le llegó por casualidad. La primera vez que participó en la cabalgata oficial de Barcelona fue en 1961 como paje. El Rey negro estaba encarnado por un compatriota suyo llamado Samuel, pero en 1962 tuvo que mudarse a Madrid. Así, la plaza vacante la ocupó Severino, a petición del mismo Ayuntamiento que al verle vestido con los correspondientes atuendos consideraron que no había mejor opción. Desde entonces y durante 54 años nunca ha dejado de formar parte de la comitiva, siendo el mejor testigo de las noches mágicas que tanta concordia y felicidad transmiten a la sociedad barcelonesa por unas horas.


Con el paso de los años, la tradición de los Reyes Magos se ha ido perdiendo a favor de la figura de Papa Noel, símbolo más bien de la vertiente consumista, manipuladora y sentimentalista de la Navidad, a menudo desembocada al esperpento y a la horterada. Solo me merece simpatía el auténtico Santa Claus, llamado también San Nicolás, representado con el trineo y el reno que tan arraigado se encuentra en los países nórdicos. Nada que ver con el modelo americano globalizador y exportado a Europa. Lamentablemente, tanto defensores como detractores de los Reyes Magos han terminado por politizar un fenómeno cultural muy antiguo en Barcelona, que data del año 1855, y que simboliza el despertar y el renacer así como el relevo del año nuevo sobre el que ha finalizado. Así, por ejemplo, durante algunos años el desaparecido grupo ultraderechista Bloque Catalán llenó el centro de la ciudad con pintadas cuyo lema era “Papa Noel no, Reyes magos sí”. Y en el extremo contrario, se atribuyen a la figura de Melchor, Gaspar y Baltasar connotaciones clasistas y monárquicas, con valores muy contrapuestos a los simpatizantes del republicanismo y el laicismo. Dos bandos opuestos, dos posturas absurdas al tratarse de un conflicto estéril, gratuito y carente de una base lógica. La infancia no entiende de políticas, repúblicas, fanatismos religiosos, ateísmos, paganismos, monarquías o vanidades similares del mundo de los adultos. 


Afortunadamente, las cabalgatas todavía tienen gran éxito de público asistente y de convocatoria para poder formar parte de ellas. Tuve el placer y el honor de participar como escolta de carroza en algunas ocasiones. Las miradas ilusionadas y encantadas de los niños y niñas hacia la rúa no tienen desperdicio ni se pueden explicar si no se vive en vivo y en directo. Se trata de un sentimiento interior. Espero en un futuro cercano poder tener el privilegio de volver a participar, incluso de llegar a encarnar a un Rey Mago en una parada cuando la situación económica así lo permita a los comerciantes de barrio, sus principales promotores. Y ante tal elección tendré que autodescartarme como Baltasar por razones obvias, y es que a los más pequeños no se les puede engañar porque un hombre blanco con la cara pintada se nota a una legua de distancia. Durante unas pocas horas al año, por favor, dejemos que los niñas y niñas sean exactamente lo que son, y no les robemos la magia de los Reyes Magos.

3 comentarios:

Eastriver dijo...

Primero, ¿eres tú el peque que da la carta al paje real en ese fondo de pantalla? jaja, todos tenemos una foto parecida (o una colección de fotos parecidas, no?)

Me quedo con los reyes antes que Santa Claus, donde vas a parar. Uno es de ahí, los otros de aquí. Por tradición, me quedo con los reyes, aunque obviamente no soy del Bloque Catalán ni por puta casualidad, jeje.

Lo de Severino me ha llegado al alma. A mí me gusta el rey Baltasar de Barcelona: para mí es el genuino. No le conocía, y ahora le admiro mucho más. Estaría bien hacerle una entrevista, saber más de él. Estaría muy bien eso, porque por lo que veo nos ha marcado a más de uno...

Bon reis, noi.

Ricard dijo...

Hola:

Feliç Any Nou. Doncs sí, el de la foto era jo als 6-7 anys d'edat. El rei mag del darrera era un tal Rei Melgasar, una invenció "genial" dels antica magatzems Sears de Meridiana (on actualment hi ha l'Hipercor). Aleshores, com que eren quatre reis, em deien que en Melgasar era el cap dels tres reis mags.
Esperem que aquest any sigui millor per a tots nosaltres.
Salutacions.

LIDIA dijo...

Interesant,haurieu de veure les cares dels meus fills i amics quan plena de joia i alegria els deia en una cavalcada de fa ja uns anys que : Es el meu rei el de veritat , el de quan jo era petita!!!! i creia que aquell rei Baltasar que pasaba damunt la carrosa era el que per la nit deixaba els regals a casa.... Es pensaben que feia comedia!!!! Ja ja ja ara ja els puc demostrar que Jo tenia rao!!!