miércoles, 3 de junio de 2009

Memorias de un cinéfilo de barrio IV: Dante Cinema (después Lauren Horta)


Otro de los cines de barrio que llegué a concurrir en algunas ocasiones durante mi infancia fue el cine Dante, actualmente Lauren Horta, emplazado en los números 415-417 del paseo de Maragall, entre las calles del Tajo y de Dante Alighieri. Esta sala tenía prevista su apertura para el día 23 de diciembre de 1965, pero por problemas administrativos diversos su inauguración se retrasó hasta el 24 de febrero de 1966. El propietario era el empresario Josep Ribó i Corretja, y el diseño de la sala obra del arquitecto Antoni de Moragas i Gallissà. En sus inicios empezó proyectando películas solamente durante tres días a la semana: los jueves, los sábados y los domingos. La mayoría de público que frecuentaba este cine era sobre todo gente de las barriadas de Horta, el Carmel i el Turó de la Peira, aunque con el tiempo se fueron incorporando clientes de otros puntos de la ciudad que acudían por el atractivo de sus programas dobles. Con el aumento de usuarios, la programación se extendió para toda la semana.
Mis recuerdos entrañables se remontan a principios de los años ochenta, cuando yo y dos compañeros de escuela, Mario y David, quedábamos los domingos por la tarde para ir a ver un programa doble en el cine Dante. David y yo solíamos citarnos en casa de Mario, y desde allí los tres emprendíamos camino hacia arriba por todo el largo paseo de Maragall, desde el punto llamado “Los Quince” hasta la barriada de Horta. Subiendo dicho paseo, a mano izquierda, bajo las columnas de un feo bloque de viviendas se encontraba nuestro cine. El precio era muy económico, sobre unas 150 o 200 pesetas, pues de lo contrario difícilmente hubiésemos podido ir tan a menudo en aquella época. La sala era bastante grande, sin anfiteatro, con una capacidad para 1.300 personas y unas prestaciones de confort, modernidad, sonido y pantalla nada envidiables a las salas de estreno del centro de Barcelona. Podríamos decir que se trataba de un caso equiparable al del cine Astor, en cuanto a poseer una excelente relación calidad-precio se refiere: bajo precio, buenos programas dobles y gran calidad de las instalaciones. Las películas programadas eran muy comerciales y entretenidas, especialmente para aquellas personas que no hubiesen visto ninguna de las dos. Los domingos por la tarde había bastante afluencia de público, el cual no era especialmente conflictivo, sino más bien familiar y de todas las edades, aunque la juventud era la más predominante.
La mayoría de dichas películas que llegué a ver en el cine Dante, nunca más las he vuelto a ver, ni por la televisión ni en vídeo. Algunas eran de serie B de ciencia ficción italianas, como “2019 tras la caída de Nueva York” o “Roma año 2020 los gladiadores”, un buen par de joyas del séptimo arte a caballo entre el futuro oscuro y artificial de “Blade Runner” y el catastrofista de “Mad Max”. Otras cintas que recuerdo son, por ejemplo, “Johnny peligroso” y “Ciudad muy caliente”, de más calidad que las anteriores.
En realidad no llegué a ir tan a menudo como hubiese deseado, pues al terminar los estudios de EGB, los compañeros de clase nos dispersamos durante años hasta que no nos volvimos a reencontrar.
A partir de los años noventa, el cine Dante fue una de las poquísimas salas de reestreno supervivientes a la vorágine del vídeo que se mantenían abiertas en Barcelona. Modernizó el sistema de sonido con la incorporación del Dolby Stereo y la renovación de las viejas butacas. Sin embargo, el progresivo descenso de público obligó a cerrar la sala todos los lunes, hasta que finalmente la cadena Lauren Films compró el cine, lo reformó y lo reabrió en el año 1999 convertido en una moderna multisala de ocho salas de estreno llamada Lauren Horta. Lo que hoy existe, nada tiene que ver con lo que llegó a ser una vez este cine, que solo se mantiene vivo en el recuerdo de los nostálgicos como nosotros porque lo hemos llegado a vivir.


2 comentarios:

Tomás Fernández Valentí dijo...

Saludos a todos:

Nada puedo decir respecto a este cine, pues no recuerdo haber ido nunca, o quizá en una única ocasión, pero ya ni recuerdo que vi en el caso de que, efectivamente, lo hiciera. La razón de ello no tiene que ver con el hecho de que este cine no me gustara ni nada por el estilo, sino sencillamente con que sus programas dobles se proyectaban, antes o después, semana arriba o semana abajo, en otros cines de barrio que tenía más cerca de casa, como el Astor o el Virrey.

Tomás.

The Fisher King dijo...

El Dante. Tantas películas llegué a ver en dicha sala... Recuerdo, entre otras memorias cinéfilas, haber guardado una cola kilométrica para poder visionar "El lago azul", desternillarme con "Tootsie" y morirme de miedo con "Phantasma". Infinidad de programas dobles alimentaron, semana tras semana, años tras año, mis sueños de infancia y adolescencia. ¡Qué tiempos aquellos, amigos míos!