sábado, 23 de mayo de 2009

Memorias de un cinéfilo de barrio II. Cine Astor Palace


Uno de los cines de barrio que formaron parte de mi más temprana juventud fue el cine Astor o Astor Palace, ubicado en el número 141 del paseo de Fabra i Puig, entre las calles de Vèlia i de Malgrat, en el barrio de Santa Eulàlia de Vilapicina del distrito Nou Barris. Se inauguró el 20 de diciembre de 1959 por iniciativa del empresario Alfred Borràs i Castells. A pesar de que era la típica sala de proyecciones de barrio periférico que ofrecía programas dobles, el edificio tenía un moderno diseño para aquella época, típicamente racionalista. A cada lado de la fachada había los paneles donde se exponían las fotografías de las películas programadas, estando a la derecha las fotos y los carteles de las que se exhibían durante aquella semana, y a la izquierda las previstas para la próxima semana. Su interior era grande, y a pesar de tener un vestíbulo pequeño y de no disponer de anfiteatro, tenía capacidad para 1.200 personas. Las butacas estaban distribuidas en dos grupos laterales de 6 asientos por fila y dos centrales de 13 asientos por fila. En total había 35 filas y un pasillo central cercano a la pantalla, a partir de la sexta fila. Los servicios estaban a cada lado de la pantalla, la cual era, por cierto, de grandes dimensiones para una sala de barrio. El sistema de proyección, de sonido y de confort que equipaba nada tenía que envidiar a los locales de estreno. Fue una de las salas de barrio que más aguantaron el masivo cierre de locales de reestreno producido especialmente en la década de los ochenta, pero a pesar de haber mantenido a un público fiel, la crisis producida por el auge del vídeo y de las nuevas formas de ocio para la juventud terminó por llegar y el cine Astor cerró definitivamente sus puertas el 31 de julio de 1993. Posteriormente, después de unos años de abandono, el edificio fue derribado y en su solar ha sido construida una residencia geriátrica de lujo.


Recuerdo que los programas dobles de reestreno eran muy buenos y entretenidos, sobre todo para quien no hubiese visto ninguna de las dos películas. De niño padecí bastante con la japonesa de monstruos “La batalla de los simios gigantes”, donde el buen Kimbo luchaba contra el malvado Golliath. Este género era habitual en las salas de barrio entre finales de la década de los setenta y principios de los ochenta. Casi todas las películas de Gozzilla se llegaron a proyectar en el Astor (como "Galien el monstruo de las galaxias ataca a la Tierra", "Invasión extraterrestre" y "King Kong se escapa"), así como el serial de James Bond, tanto de la época de Sean Connery como la de Roger Moore. Concretamente, la espectacularidad de “Moonraker” hizo que mi hermano y yo nos animáramos a repetirla en varias ocasiones, pues en aquellos años era para nosotros el colmo de la espectacularidad. Fue en este cine donde descubrí al actor Charles Bronson, concretamente en su papel de Cabellera Negra en “El desafío del búfalo blanco”, y donde también descubrí la que por aquel entonces me pareció la película más aburrida de la historia del cine: “Una mujer descasada”. Nuestro género favorito, el cine de terror, se dio cita en esta entrañable sala. La serie de películas protagonizadas por Paul Naschy (Jacinto Molina) en sus papeles de hombre lobo fueron un auténtico deleite. De Jesús Franco recuerdo “El conde Drácula”, y de Werner Herzog la interesante versión de “Nosferatu el vampiro”, buena película que lamentablemente se acogió muy fríamente por parte de un público acostumbrado a lo más comercial. Mítica fue “Phantasma”, de Don Coscarelli, con el singular personaje del Hombre Alto. El trailer cinematográfico decía que “si esta película no le ha aterrado es que está usted muerto”, así que, al salir del cine, mi hermano y yo dijimos que estábamos muertos. El cine de calidad se dejó entrever en algunas ocasiones, si bien no tuvo mucho éxito de público, como el caso del programa doble “Blade Runner”, de Ridley Scott, y “Corazonada”, de Francis Ford Coppola.
Otra característica del Astor era que llegó a ser uno de los cines más baratos de Barcelona, valiendo la entrada solamente entre 200 y 250 pesetas cuando los cines de estreno del centro de Barcelona tenían un precio de hasta 450 pesetas. Yo solía ir a menudo los domingos con mi hermano y sus amigos del barrio, pues era el mejor entretenimiento posible para pasar la tarde. Su público era joven, y a menudo venían los grupillos de turno a armar jaleo mientras proyectaban la película, gritando, riendo o haciendo comentarios graciosos en voz alta. No negaré, entonces, que a veces había semanas con un poco de mal ambiente, y que durante la proyección de la película era aconsejable no ir al servicio porque entraban y salían personajes con los cuales era mejor no cruzarse por si acaso.
En resumen, excelente sala de reestreno el cine Astor o Astor Palace, con buenos e interesantes programas dobles para toda la familia a disfrutar por un gasto insignificante con una calidad en cuanto a prestaciones y confortabilidad se refiere equiparable a una sala de estreno, pero en tu propio barrio. Todo un señor cine al que le brindo este recuerdo.

Nota: el plano de la planta de la sala y el aviso son de mi colección particular, conseguidos de la taquilla una vez cerró el cine.

8 comentarios:

Tomás Fernández Valentí dijo...

Sólo quiero añadir a lo que ha comentado mi hermano Ricard aquí que en el mismo Paseo de Fabra i Puig, tocando casi el Carrer Gran de Sant Andreu, había otro cine de programa dobe, el Odeón, en el mismo emplazamiento que ocupa actualmente el mercado del mismo nombre. Casi nunca íbamos al cine Odeón (recuerdo, vagamente, haber ido un sola vez, y ni siquiera recuerdo qué vimos), y no porque le tuviésemos manía a este cine ni nada por el estilo, sino por la sencilla razón de que la mayoría de las veces programaban, semana arriba o semana abajo, lo mismo que en el Astor, de ahí que siempre fuéramos a este último porque estaba mucho más cerca de nuestra casa. Pensándolo bien, si en al menos una ocasión fuimos al Odeón, debió ser porque se nos "escapara" algún programa doble del Astor.

Recuerdo perfectamente el programa doble en el que vimos "Blade Runner" (mejor dicho, repetimos, dado que la habíamos visto de estreno en el cine Victoria, también en el Paseo de Fabra i Puig), junto con "Corazonada", de Francis Ford Coppola, película que en su momento fue un enorme fracaso comercial (recuerdo perfectamente a un chico que estaba en esa sesión esa misma tarde de domingo que gritó: "¡Qué mierda de película!"). También recuerdo que, por desgracia, en sus últimos tiempos, el ambiente del Astor se enrrareció demasiado (corrían rumores de que, dentro del mismo, sobre todo en los lavabos, se vendía droga, lo cual obligaba en ocasiones a agentes de policía a patrullar dentro del cine; pero, ahora, me inclino a pensar que se trataba de una leyenda urbana); tanto es así que, por miedo, dejamos de frecuentarlo, a no ser, claro, que fuésemos en plan "pelotón", es decir, juntándonos un buen puñado de amigos y colegas con tal de protegernos los unos a los otros (cosas de críos: je, je).

Pese a ello, suscribo lo que dice Ricard respecto a los muchos buenos ratos cinéfilos que pasamos en el cine Astor, un local que siempre permanecerá en el recuerdo de quienes lo frecuentamos.

Un saludo,
Tomás Fernández Valentí

Jaume dijo...

Un 10 per haver pogut conservar els documents de l'Àstor. Molt bon article.

The Fisher King dijo...

Si bien nunca fui un asiduo del Astor (la considerable distancia que separaba a mi domicilio del mismo me llevaba a frecuentar otros cines), disfruté de algún que otro programa doble en dicha sala. A mí, en cambio, "Phantasma" (la cual vi en el también extinto cine Dante) me aterrorizó indeciblemente. Tanto que no pude conciliar regularmente el sueño durante años. Aún a día de hoy, la espeluznante imagen del Hombre Alto pulula ocasionalmente por mi mente, perturbándome.

Un fuerte abrazo.

Ricard dijo...

Agradezco vuestros comentarios, pues son aportaciones interesantes y divertidas.

Javi dijo...

vaya, yo a este cine iba siendo un enano, vivo casi al lado de donde estaba el Astor.

Una pena que hayan desaparecido este tipo de cines de barrio, aquellas salas de reestreno míticas con sesiones dobles que intentaban descubrir o redescubrir fantásticas películas (tanto de autor como buen cine comercial), las cuales podías ver una y otra vez pagando solo una entrada y que destilaban un aroma a clásico difícilmente olvidable.

Actualmente estamos inundados por las salas hechas por y para adolescentes, me refiero a las multisalas. Lugares sin ningún tipo de personalidad, habitualmente clónicos y destinados al consumo puro y duro.

RLM dijo...

El cine Astor, creo que fue el que menos visite, del barrio. Tenia un problema. Era demasiado legal y no dejaban entrar a los menores. Se buscaban otras alternativas: Virrey, Diamante, Rio, Victoria, Rivoli, Turo, Cristal, alguna matinal en el Roquetas, Molino...Habia muchas posibilidades en el barrio. Y cuando crecimos descubrimos otros barrios y otros cines de Barcelona. Pero ante todo el Astor era un gran local. Avanzaban las carteleras, y si sabias mirar entre cristales, tenias plan para 15 dias...
Roberto

angel martinez sanchez dijo...

yo creo como tal pagina que habla del tranvia 48 el cual llegaba a casa antunez , en el temas de los cines habria que recordar que tambien habia un cine llamado casas en el cual mucha gente de casa antunez iba ha esta sala de barriada marginada , por emjemplo yo , saludos

RLM dijo...

El cine Casas aparece citado en el libro BARCELONA TUVO CINES DE BARRIO.