viernes, 8 de marzo de 2013

Adiós al Comandante



Finalmente falleció el presidente de Venezuela Hugo Chávez tras una larga lucha contra el cáncer. Algunos incluso aseguraron que en realidad ya llevaba muerto algunas semanas pero que por cuestiones de estado se prefirió ocultarlo hasta esperar el momento oportuno. Quién sabe, puesto que por ejemplo un gran amigo suyo de confianza como el presidente de Bolívia Evo Morales no le permitieron verlo en el hospital cuando “oficialmente” todavía vivía, algo que reforzaría dicha hipótesis.
Hugo Chávez ha muerto, pero parece que su obra va a continuar viva durante un largo tiempo a través de sus sucesores, pues su carisma para atraer y convencer a las grandes masas ha sido capaz de imprimir una huella muy fuerte en buena parte de la sociedad venezolana. No se trata de un modelo ni de una mentalidad comparable al caso español, puesto que allí el Comandante fue considerado mucho más que un líder político: un líder espiritual, un héroe, un profeta y alguien superior que se encontraba por encima de los demás enseñando el camino a seguir. En las sociedades occidentales y más concretamente en las europeas resultan extrañas las reacciones y el talante de la sociedad venezolana con respecto a su líder, pero ello debería ser respetado y considerado como algo normal. Y es que deberíamos a acostumbrarnos a entender que nadie es igual y que las sociedades del mundo, a pesar de compartir rasgos universales con todo el género humano por pertenecer a la misma especie, son diferentes de fondo o de espíritu, lo que no significa malas o peores.


Hugo Chávez se encontrará en el corazón de millones de personas y ocupará un puesto importante en los libros de texto de historia de Venezuela. Juzgar a ciegas resulta muy fácil, sobre todo si se desconoce la realidad del país y el talante de sus gentes. Los medios de comunicación, los grandes manipuladores del mundo, nos hacen llegar aquello que interesa que creamos porque eso es rentable para quienes nos gobiernan. Así, pues, es demasiado superficial decir simplemente si fue buen o mal político, pues responder a la pregunta no resulta nada fácil. A título personal, creo que entre sus logros merecería destacar la erradicación del analfabetismo, el fomento de la educación y la cultura, el acceso para todos de la sanidad y la construcción de nuevos centros sanitarios, las diversas acciones llevadas a cabo en política social, la reducción de la pobreza con un consecuente aumento de la esperanza de vida y el crecimiento de la economía, especialmente agricultura e industria y la estimulación de nuevas cooperativas. Sin embargo, entre sus puntos flacos destacaría su excesivo fervor nacionalista o patriótico (aunque como contrapartida ello ha hecho aumentar el autoestima de los venezolanos), su populismo un tanto al borde del fanatismo (especialmente por su teatralidad) y sus amistades con dirigentes de muy dudoso talante democrático como Vladimir Putin y Mahmud Ahmadineyad.


El “chavismo” sociológico ha pasado a ser un fenómeno cuya proyección ha ido más allá de Venezuela, pues ha sido influyente en el resto del continente latinoamericano. Y ello no es por casualidad. Durante años muchos países de Latinoamérica han padecido crueles y sangrientas dictaduras militares, siempre bajo el consentimiento de su vecino del norte, los Estados Unidos, a quien le ha convenido que los estados de habla española o portuguesa fueran los hermanos pobres. Afortunadamente nada perdura para siempre y ahora los países latinos han encontrado un proyecto y una motivación para su transformación. Hugo Chávez nunca simpatizó con los Estados Unidos y no le faltaron motivos. Nunca he sido partidario de considerar enemigos a quienes no simpatizan con el pueblo estadounidense, puesto que el paso del tiempo ha demostrado que la primera potencia mundial cojea severamente en moral, valores y sensibilidad social. Ahora parece que en este sentido los latinoamericanos han pasado por delante a los Yanquis, y en tiempos de crisis del actual modelo de capitalismo, Latinoamérica parece haber sabido hallar un modelo económico alternativo que ha permitido un creciente desarrollo y una reducción de las deudas. Se puede alabar o criticar al chavismo, pero indudablemente el continente latinoamericano está viviendo su mejor momento en muchos años aunque ciertamente todavía les queda mucho por hacer. A diferencia, en Europa y concretamente en España continuamos padeciendo bajo el calvario de los recortes y el paro. Que cada uno saque sus propias conclusiones.


De Hugo Chávez, a mi parecer personaje peculiar, excéntrico y singular, me quedo con su política social por la igualdad de derechos y oportunidades, a la vez que reconozco sus profundas convicciones en sus ideales y su preocupación real por el bienestar de las personas, algo de lo que muchos políticos de mi país mal acostumbrados a los vicios de la metodología lerrouxista deberían aprender. En paz descanse Comandante.


martes, 5 de marzo de 2013

Ante la crisis, fomentemos el arte y la cultura en Barcelona



Durante muchos años, Barcelona ha sido un referente cultural tanto a nivel local y autonómico como a nivel nacional e internacional, cantera y cuna de artistas e intelectuales catalanes, del resto de España y extranjeros. Ello ha permitido otorgarle a la ciudad un carácter cosmopolita, abierto e integrador donde todas las manifestaciones artísticas y culturales desarrolladas pudieron convivir en paz y armonía entre ellas con independencia de los diferentes contextos políticos vividos y sufridos, porque habitualmente el avance social siempre se ha posicionado por encima del político.
Antaño, la Barcelona de Picasso, Casas y Rusiñol, y más recientemente, la Barcelona de los años setenta, fueron dos momentos dorados y punteros que dejaron una importante e imborrable huella artística, cultural e intelectual que jamás se ha vuelto a repetir, siendo dos ejemplos de la ciudad que una vez fue.


Sin embargo, en estos últimos años Barcelona está viviendo una pérdida progresiva de su personalidad. No es en absoluto cuestionable la necesidad de una profunda renovación de la ciudad para paliar los déficits que durante tantos años arrastró y por los que se produjeron numerosas luchas vecinales. El problema reside en el procedimiento llevado a cabo para esta modernización, que ha ignorado el valor de muchos locales y espacios urbanos emblemáticos con historia mediante su clausura o derribo. Ello ha traído consigo una fuerte especulación inmobiliaria y la desintegración de la memoria histórica.
La proliferación de comercios regentados por inmigrantes y de locales de copas o de restauración de diseño que tanto se critican son resultado de la inevitable evolución fruto de la transformación social y cultural debido a un fenómeno mundial, pero ello no debe ir en detrimento de aquellos locales emblemáticos con historia local que a la vez forman parte de la historia emocional de la ciudad, pues son también el escenario de parte de la cultura que nace o se proyecta en Barcelona.


Ciudades europeas como por ejemplo París, Londres, Roma, Bruselas, Ámsterdam, Viena y Praga, entre otras, pese a sufrir el fenómeno de la globalización, siguen siendo igualmente una referencia ejemplar en cuanto a la conservación de establecimientos con historia y la rehabilitación de núcleos históricos se refiere. Anualmente dichas urbes reciben numerosos artistas emergentes y bohemios en busca de una oportunidad para expresar sus manifestaciones artísticas, abrir galerías de arte y reunirse en locales de referencia. Actualmente, la inversión en cultura, en arte y en cualquier tipo de producción creativa supone una respuesta ante la crisis económica, social y financiera. Las llamadas “ciudades creativas” tienen mayores oportunidades de desarrollo y de atracción.


La aplicación de una política basada en lo políticamente correcto y en la instauración de determinados valores partidistas ha supuesto un empobrecimiento cultural por la supresión de aquella parte de la cultura considerada ingrata o foránea que, sin embargo, tenía una importante demanda y aceptación de público. Para evitar esa desaceleración es necesario que las instituciones públicas favorezcan la proliferación de nuevas manifestaciones culturales y creativas que evitarían la fuga de talentos al extranjero, y la conservación de aquellos locales que han marcado y todavía marcan parte de la memoria de la ciudad, así como de los establecimientos que otorgan vida y personalidad de barrio. Es imprescindible que Barcelona, que se proyecta como ciudad abierta e innovadora, facilite todos los medios posibles para propiciar la atracción y desarrollo de artistas e intelectuales, abriendo así una nueva etapa histórica similar a las vividas antaño en la capital catalana durante el primer tercio del siglo XX y en los años setenta.


La apertura de nuevos locales de ocio que combinen consumo y cultura así como la conservación y reciclaje de locales históricos supondría la disponibilidad de espacios para artistas emergentes y para quienes quieren disfrutar de una oferta cultural que se salga de los circuitos comerciales o de los festivales subvencionados u organizados por los gobiernos municipales o autonómicos. Estos espacios creativos, de iniciativa ciudadana, no deberían de estar reñidos con los subvencionados por las administraciones. En caso contrario, cuando los poderes municipales y autonómicos pretenden regularlo y abarcarlo todo limitan o impiden el desarrollo de nuevas expresiones culturales independientes como si éstas fuesen hostiles o perjudiciales. Se crea así una competencia injusta, pues la cultura no debería de competir con ella misma para ver quien vence y monopoliza un modelo determinado, sino que debe luchar contra la incultura, la desintegración social y la pérdida de personalidad de los espacios urbanos.


En definitiva, es necesario que las administraciones actúen mediante el desarrollo de tres directrices, todas ellas factibles y realizables incluso a pesar de la escasez de recursos económicos. En primer lugar, debe revisarse el catálogo de patrimonio artístico histórico-arquitectónico para posibilitar una mayor protección integral de los cascos antiguos evitando al máximo posible la injerencia de cualquier especulación inmobiliaria. En segundo lugar, deben conservarse por todos los medios los locales históricos por su valor y representatividad, incluso reciclar y reconceptualizar aquellos que no resulten rentables para otorgarles una nueva vida. Actualmente, espacios como el Bar Marsella (de 1820, el más antiguo de Barcelona) deben de rehabilitarse y mantenerse incluso acordar un pacto entre Ayuntamiento y propietarios de inmuebles, y otros ya clausurados como la sala de baile La Paloma es necesaria su reapertura, cumpliendo las normativas cívicas y de seguridad pertinentes. Y en tercer lugar, incentivar la habilitación de espacios urbanos y la apertura de nuevos locales como estímulo para la atracción de nuevos artistas emergentes que necesiten de una oportunidad para desarrollar sus vocaciones. Aulas de cultura, galerías de arte, cafés-librería, museos y bares de copas con conciertos de músicos contribuirán al fomento del arte y la cultura, a reactivar parte de la economía y a dotar a los barrios de una nueva vida y personalidad.