miércoles, 4 de septiembre de 2019

Recordando a Leopoldo Pomés


El pasado mes de agosto terminó con la triste noticia del fallecimiento del fotógrafo barcelonés Leopoldo Pomés Campello. Desaparece así otro gran artista de la imagen que a través de su cámara contribuyó a explicar en vivo y en directo una etapa de la historia de Barcelona desde la fotografía, siempre claro está, bajo su punto de vista personal, pero a la vez real, y con un estilo único.
Nacido en Barcelona en 1931, desde muy joven se interesó por la fotografía hasta el punto de convertirse en un verdadero autodidacta, aprendiendo por su cuenta de otros profesionales de la época a cambio de ofrecerles sus servicios como barrer, limpiar y ordenar los estudios. Fueron tres años de aprendizaje profesional. Su vocación la descubrió desde muy pequeño, en su casa, al ver que su padre contaba con una cámara Kodak que apenas usaba, lo cual aprovechó para hacerse a menudo con ella y empezar a practicar. Su primera foto fue un retrato de sus padres en un campo de viñas. Con tan solo 10 años de edad, tuvo su primera cámara, una Univex.


Nunca destacó precisamente como buen estudiante, pero su talento artístico lo compensó sobradamente. Siempre estuvo interesado por el dibujo, la pintura, la literatura y el arte en general. Acudía a exposiciones y miraba libros de arte. Sus primeras fotos fueron con poco entusiasmo, hasta que trabajó en una librería situada en la barcelonesa calle de Bergara cuyo gerente tenía un estudio fotográfico en su domicilio particular. Ese hombre, muy amable, al ver que aquél joven tenía tanto interés por la fotografía, lo invitó a su casa. Fue entonces que comenzó su trayectoria para convertirse en uno de personajes más destacados de la fotografía. No lo dudó y enseguida tomó ejemplo montando también un laboratorio fotográfico en su casa. Si algo le entusiasmaba era el revelado, ver cómo en una hoja blanca iba apareciendo la imagen de lo que él había retratado. Los gritos de entusiasmo de ese chico prodigioso llegaron a despertar a su padre en más de una ocasión durante la noche.
Cinco años después adquirió una Kodak Retina. Sus primeros reportajes gráficos fueron corridas de toros, incluso estuvo a punto de publicar un libro fotográfico con un texto escrito por Ernest Hemingway. Sin embargo, al abandonar éste el proyecto el libro no vio la luz hasta el año 1996.


En 1955, cuando contaba con 24 años de edad consiguió hacer su primera exposición fotográfica, concretamente en las Galerías Layetanas. Su trabajo consistió en una serie de retratos efectuados con una técnica distinta que en su momento generó cierta polémica. Y es que bajo el paraguas del franquismo se valoraban especialmente aquellas fotos que rememoraban y exaltaban el régimen. Por ello, atreverse a hacer algo distinto resultaba muy chocante y atrevido. Sin embargo, los miembros de Dau al Set, a los que Pomés conocía desde los 17 años de edad, valoraron positivamente la exposición. Sus componentes eran al menos 10 o 15 años mayores que él, pero aun así lo acogieron al ver las inquietudes que el chico manifestaba. De este modo conoció a los famosos artistas que integraban el grupo, como Joan Brossa, Arnau Puig, Joan Ponç, Antoni Tàpies, Modest Urgell, Cuixart, Joan-Josep Tharrats y Cirlot. Su amistad con ellos convirtieron a Pomés en su fotógrafo, a la vez que fueron una influencia clave y decisiva para los años posteriores.
A finales del mismo año 1955 el poeta y editor Carles Barral lo contrató para ilustrar con fotos una novela de Italo Svebo titulada "La conciencia de Zeno". A pesar de que las fotos gustaron a Barral, un socio de éste rechazó el trabajo de Pomés porque al no ofrecer una imagen bonita de Barcelona no tendría salida comercial. Afortunadamente, en la actualidad se publicó gracias a la editorial La Fábrica y a Juan Manuel Bonet.


Como buen artista de vocación, sus imágenes captaban desde el corazón aquél momento que él creía poseer riqueza de contenido, sentimientos y expresión humana. Uno de los grandes méritos de su obra, como la de los fotógrafos contemporáneos a su época, fue el hecho de innovar sin haber tenido como referencia a los artistas extranjeros del momento, cuyas obras eran difíciles, por no decir imposibles de ver en España debido a que las revistas de fotografía de otros países no llegaban salvo casos muy excepcionales.
La calidad de sus fotografías le fue prontamente reconocida y de este modo empezó a ganar dinero de verdad y a moverse dentro de este mundo codeándose con otros artistas y profesionales. En 1958 el Anuario de la Fotografía Española (editado por AFAL) dio a conocer la figura y obra de Pomés a nivel internacional, equiparándolo en calidad a los fotógrafos nacionales e internacionales más destacados del momento. Su estilo tan personal, capaz de reflejar a la vez el dolor y la sensualidad,  fue calificado como neorrealista.


Además de fotografía, probó suerte con la cinematografía, dirigiendo el cortometraje "Salida de misa" (1957) y trabajando como director de fotografía en el film "Notes sûr l'emigration" (1960) de Paolo Brunatto y Jacinto Esteva. También se interesó por la publicidad. Se presentó en la Agencia Pentágono, entonces la más importante de Barcelona, y su director creativo Marçal Moliné enseguida se interesó por la obra fotográfica de Pomés, aunque éste los tuvo que convencer para ser contratado gracias a que logró superar la prueba de una foto original para un bañador Meyba que convenció al equipo.
Por aquellos años conoció a Karin Leiz, la que sería su novia y su musa, a la cual jamás dejó de fotografiar. Al poco tiempo se casaron y trabajaron juntos en muchos proyectos, incluso ya separados pero siempre buenos amigos. Para fomentar su faceta en el mundo de la producción audiovisual y de la publicidad en 1961 fundó junto a su esposa el Studio Pomés, y al cabo de poco ingresó como director creativo en la agencia Tiempo. Desde entonces él y su pareja buscaron modelos (como Margit y Nico) para famosas campañas en anuncios de firmas conocidas como Terry (cuya chica montada a caballo logró burlar la censura franquista) y Gallina Blanca.
El 3 de julio de 1970 junto a su mujer Karin y el matrimonio formado por el arquitecto Alfonso Milá y Cecília Santo Domingo inauguraron un restaurante tortillería llamado Flash Flash. Cuatro años después Pomés inauguró el restaurante italiano Giardinetto. Ambos locales todavía existen y se hallan en la calle de la Granada del Penedès, en el barrio barcelonés de Sant Gervasi.


En 1977 dirigió un documental taurino junto a Pere Portabella y en 1978 un largometraje titulado "Ensalada Baudelaire", escrito junto a Román Gubern y Oscar Tusquets. En 1982 junto a Víctor Sagi dirigió la ceremonia de apertura del Mundial de Fútbol del citado año celebrado en el Camp Nou, con un espectáculo que logró emocionar al mismísimo Pelé. Igualmente, creó la excelente campaña de imagen de la candidatura de Barcelona para organizar los Juegos Olímpicos de 1992. La presentó a los miembros del Comité Olímpico Internacional (COI) para que decidiesen qué ciudad albergaría el evento. Finalmente los convenció. Por eso, en buena parte podríamos decir que Barcelona celebró los juegos gracias a Pomés. En aquellos años destacó por diferentes documentales sobre la ciudad de Barcelona, como "La moda a Barcelona" (1987), "Inspiring Barcelona" (1989) y "Barcelona, una passió" (1992).
Hasta el año 2006 ejerció de director publicitario de la marca de cavas Freixenet. Fue él precisamente quien inventó las famosas "Burbujas de Freixenet" que tantos años nos acompañó en los anuncios navideños protagonizados por artistas famosos del cine tanto nacionales como de Hollywood. Especialmente de quien tuvo un grato y admirado recuerdo fue del entrañable Gene Kelly.


Afortunadamente su carrera fue reconocida y meritoriamente premiada. En 1998 recibió la Medalla de Oro al Mérito Artístico del Ayuntamiento de Barcelona y el Premio de Artes Plásticas de la Generalitat de Catalunya, en 1999 se le otorgó la Creu de Sant Jordi y en 2018 el Premio Nacional de Fotografía. Otros galardones fueron el Primer Premio de Publicidad en la Bienal de Venecia y en el Festival de Cannes.
Poco antes de morir, presentó sus memorias bajo el título "No era pecado" (Tusquets/Edicions 62), escrito con la colaboración de la periodista Lidia Penelo. Desaparece así el fotógrafo que, según palabras de Manuel Vázquez Montalbán, erotizó a todo el país. Pomés, sin embargo, deja este mundo con un mensaje de optimismo, pues vio el futuro de la fotografía en Barcelona como algo prolífero y espectacular, sorprendido por la calidad artística de los jóvenes fotógrafos, concretamente de quienes ofrecen la visión más misteriosa y personal, de quienes crean imágenes que no se acaban tanto por su intensidad como por su duración al verlas. En definitiva, tal y como él dijo, lo que sorprende es plasmar aquello que logra que el arte terminado nunca se acabe.


Fotos: Leopoldo Pomés, Outumuro.

2 comentarios:

Melmoth el errabundo dijo...

Acabo de descubrir este maravilloso blog. Me he dado una vuelta y ha sido como viajar a través del tiempo. Incluso su título es acertado.

Seguiré atravesando esta puerta mágica.

Un cordial saludo.

Ricard dijo...

Hola. Buenas tardes. Muchas gracias por seguir mi blog. Celebro que le guste. Encantado de saludarle. Le mando un abrazo.

Ricard