miércoles, 30 de mayo de 2018

90 años del tranvía de Mataró a Argentona (1928-2018)


El pasado 27 de mayo el tranvía de Mataró a Argentona cumplió nueve décadas de su inauguración. A pocos años de cumplir un siglo, este servicio desaparecido en 1965, a pesar de haber tenido una vida corta, se convirtió en toda una institución y quedó grabado en la memoria histórica de muchas generaciones que todavía lo recuerdan.
La ciudad de Mataró, capital de la comarca del Maresme, contaba con una rica industria textil y numerosos talleres, mientras que su municipio vecino Argentona destacó por ser núcleo de reposo y veraneo de las clases acomodadas. Ello generó una importante movilidad entre ambas localidades, lo cual motivó el establecimiento al menos desde 1899 de un servicio regular de tartanas para unir los dos municipios, sustituido en 1913 por autobuses. Los propietarios de este servicio fueron Francesc Estrada "Xicu" y Joan Casabella "Suari", empresarios ambiciosos que proyectaron entre finales del siglo XIX y principios del XX una línea de ferrocarril entre Mataró y Granollers con parada en Argentona. Ante el desinterés por parte de las compañías ferroviarias Caminos de Hierro del Norte de España (Norte) y Compañía del Ferrocarril de Madrid, Zaragoza y Alicante (MZA) el proyecto no se llevó a cabo, pero a cambio se reemplazó por la opción de implantar un servicio de tranvías que tampoco prosperó.



Finalmente, el industrial químico y responsable del tranvía de Montgat a Tiana inaugurado el 1 de noviembre de 1916, Antoni Gaillard Cluchier, presentó el 1 de julio de 1917 a los Ayuntamientos de Mataró y de Argentona el proyecto de un servicio regular de tranvías entre ambos municipios. Tramitado al Gobierno Civil de Barcelona, el proyecto fue aprobado por Real Orden de 23 de agosto de 1919. El 13 de enero de 1921 se celebró en Madrid la subasta de la línea, la cual fue a parar a manos del señor Gaillard, cuya concesión sería de 60 años. Éste peticionario (como vicepresidente), junto con el maestro de obras mataronense Rafael Carreras (director gerente) y el comerciante de granos argentonense Eduard Fortí (como presidente) fundaron el 3 de agosto de 1926 la empresa "Tranvía de Mataró a Argentona Sociedad Anónima" (TRANMASA). En dicha sociedad fueron también socios fundadores los señores Joaquim Maria de Nadal (como tesorero), Albert Marchal (como vocal), Manuel Soler (como vocal) y Joan Estrada (como secretario). El capital social era de 500.000 pesetas.
Las obras de construcción de la línea, iniciadas en 1926, no quedaron exentas de polémica, pues ello obligó a la reurbanización de aquellas calles y plazas por donde el tranvía iba a circular. Hubo protestas vecinales, especialmente en Mataró, por el talado de árboles y por el proyecto de reurbanización de la plaza de Santa Anna, además de algunos enfrentamientos con el Consistorio municipal debido a las diferencias de criterios técnicos. El presupuesto de construcción ascendió a 301.948,40 pesetas.



El 27 de mayo de 1928 a las 11:00h. tuvo lugar la inauguración oficial de la línea con la presencia de las principales autoridades, la correspondiente bendición, el primer viaje y el banquete con 200 comensales. Por la tarde empezó el servicio público, hecho que comportó la supresión de la línea de autobuses vigente por superposición. La línea tenía una longitud de 5.800 metros, construida en vía única de ancho métrico y tres apartadores para permitir el cruce de los vehículos. El recorrido partía de la estación ferroviaria de MZA, y continuaba por Pinzón, Lepant, plaza de Santa Anna, Riera, Argentona, Isern, plaza de Granollers, carretera de Mataró a Granollers, Can Vador del Sorrall y puente sobre la riera de Argentona. Llegados al término municipal de Argentona proseguía por la carretera de Granollers, plaza Nova, Riudemeia, y Josep Soler hasta el paseo del Baró de Viver, frente al Hotel Solé. En el término municipal de Mataró se establecieron 10 paradas fijas: estación de ferrocarril MZA, clínica La Alianza, plaza de Santa Anna, Ayuntamiento, calle Argentona, calle Isern-Can Patuel, calle Isern-Fray Luís de León, plaza Granollers, colegio Salesianos y xalets Carreras. Y en Argentona otras 10: La Bassiria, Les Bassetes, Sant Crist, hotel Colón, bar Deportiu, plaza de Vendre, Font de Lladó, paseo Baró de Viver, plaza Ballot y hotel Solé.



Las oficinas, la cochera y la subcentral eléctrica se ubicaban en la plaza de Granollers de Mataró. El material móvil constaba de tres vehículos adquiridos en 1928, numerados del 1 al 3, de 15 asientos, y construidos en Valencia por la empresa Lladró, Cuñat y Cía. Concretamente el coche número 3 era de segunda mano y fue apodado "la Treseta". Las frecuencias de paso eran de 20 a 30 minutos y se establecieron tarifas según trayecto, de 10 a 60 céntimos de peseta. También se expedían unos abonos a 25 céntimos cada uno en forma de librito de 20 páginas al precio de 5 pesetas.
Los inicios fueron excelentes, siendo muy popular desde el principio donde viajaban mezclados tanto personas de clase obrera como de la burguesía. En ese sentido se avanzó tres años a Barcelona en cuanto a la popularización de los transportes públicos se refiere, pues en la capital catalana eran propiamente unos medios de desplazamiento caros y asequibles solo a la gente adinerada y comerciantes. El éxito de público propició la adquisición en 1929 del coche número 4, un vehículo de mayor capacidad, apodado "el Gros", con 36 plazas sentadas, fabricado por el Taller de Construcción Moderna de Juan Torrent Gispert en Mataró. Durante los años treinta se puso en servicio un ramal desde la plaza Nova hasta la plaza del Vendre, en Argentona, que tuvo poco éxito de público. Era habitual que, en caso de inundaciones, el puente de la riera de Argentona quedara temporalmente inutilizable, obligando a seccionar la línea de tranvía en dos tramos.



Al estallar la Guerra Civil la línea fue colectivizada y mantenida en servicio por parte de un comité obrero hasta el año 1939. Afortunadamente los daños provocados por los bombardeos fueron mínimos y enseguida se pudo retomar el servicio. Sin embargo, la falta de recambios, de suministros y las restricciones de energía se hicieron notar durante los primeros años de la postguerra. A ello se sumaría la mala situación económica de la empresa. Para compensar se autorizó a aumentar las tarifas según trayecto, que pasaron de 15 a 75 céntimos de peseta. La rentabilidad de la línea quedó asegurada gracias a la llegada de nueva población en el barrio mataronense de Cerdanyola, lo cual proporcionó nuevos pasajeros que aumentaron la demanda. Ante la situación, se establecieron servicios especiales limitados al barrio de Cerdanyola y otras expediciones hasta Argentona. Para ello se adquirieron de segunda manos en 1950 dos unidades de tranvía procedentes de "Tranvías de Barcelona", construidos por Cardé y Escoriaza en Zaragoza, de 21 asientos cada uno, que fueron numerados como 5 (apodado "el Quinto") y 6 (ex-349 y ex-355, respectivamente, de TB).



El 11 de julio de 1952 se escribió la primera página negra al morir atropellado un empleado de la Compañía que resbaló bajo el vehículo cuando intentó subir en marcha.
El 31 de mayo de 1953 se celebraron las Bodas de Plata. Para ello se engalanaron los tranvías números 1,3 y 4, se efectuó un viaje especial entre Argentona y Mataró, se celebró una misa en la iglesia de Sant Josep de Mataró y de regreso a Argentona se obsequió a la comitiva y autoridades invitadas al evento con un banquete especial.
Desde entonces el tranvía inició una etapa de decadencia marcada por el auge del automóvil, el apogeo del autobús, las trabas municipales a la circulación de los tranvías y las premeditadas campañas anti-tranvía por parte de la prensa mataronense. Incluso dentro de la mismísima empresa TRANMASA hubo división entre los partidarios de mantener el tranvía y los favorables a su sustitución por autobuses. En 1958, con motivo de las obras de desvío por la costa de la carretera nacional II cambió su origen y final a la calle de Churruca, año en que se produjo el segundo atropello mortal de su historia. Otro accidente acaecido el 1 de octubre de 1961 que ocasionó el descarrilamiento y vuelco del coche número 3 por la acumulación de arena en las vías tras unas intensas lluvias, provocando hasta 45 heridos incluso algunos de gravedad, las constantes averías del tranvía número 7 (ex-53 de la Compañía de  Tranvías de Gijón) adquirido de segunda mano en 1962 y apodado "la Góndola", y el fallecimiento a los 95 años de edad de Eduard Fortí, favorable al mantenimiento del tranvía, fueron los factores decisivos en decantar la balanza en favor de su desaparición.



Finalmente, la noche del 8 al 9 de octubre de 1965, una fuerte tormenta que desbordó la riera d'Argentona llevándose consigo el puente que usaba el tranvía para cruzarla, así como la inundación de la cochera que inutilizó la subcentral, puso punto y final al tranvía de Mataró a Argentona. A partir de la tarde del 9 de octubre del citado año el servicio quedó provisionalmente sustituido por autobuses, una provisionalidad que terminó como definitiva. Los trámites burocráticos de TRANMASA se prolongaron hasta 1977 cuando el Ministerio de Obras Públicas subastó material móvil e instalaciones de la línea. En 1988, año en que expiraba la concesión, la empresa cambió de nombre a "Autobusos Mataró-Argentona, S.A." (AUTOMASA). En 1993 la línea pasó a "Autocars J.Barba" y desde 1997 pertenece a "Barcelona Bus", del grupo "Sagalés". Del material móvil tres de los tranvías se restauraron y preservaron: los coches 1, 5 y 6 preservados por la Fundació Patrimoni Històric de TMB; el 2 restaurado y expuesto en la plaza Nova de Argentona; el 3 restaurado y expuesto en la rotonda de la plaza de Granollers de Mataró; y el 4 ubicado en el matadero de Mataró, propiedad de una asociación. Solo el número 7 fue lamentablemente desguazado.
Pocos medios de transporte como éste han tenido una trayectoria tan intensiva y cargada de anécdotas en poco más de 37 años de vida. De hecho, la historia contemporánea mataronense y argentonense no se podría explicar sin hacer referencia obligada al citado tranvía.


Fotos: Autor desconocido, Ferran Llauradó, Güell, Jaume Morell, Jordi Ibáñez, Prims.

sábado, 19 de mayo de 2018

20 años del "Bus del Barri" (1998-2018)

Foto: José Mora Martín (autobusesbcn.es)

Se cumplen dos décadas de la implantación del llamado "Bus del Barri" en la ciudad de Barcelona. Bajo este concepto se definen aquellas líneas de autobús que circulan por los barrios cuyas características urbanísticas de calles estrechas, curvadas y empinadas impiden el paso de vehículos estándar. Es por ello que se utilizan vehículos midibuses (de 9 metros de longitud y de anchura estándar) o microbuses (de 5 metros de longitud y de anchura menor) que pueden adentrarse por los lugares de más difícil accesibilidad y dotarlos a su población de transporte público colectivo. Los itinerarios suelen ser cortos y tienen por objetivo cubrir territorialmente el interior de estos barrios y conectarlos a la vez con los lugares de interés social y de servicios más cercanos, como los equipamientos educativos, deportivos, sanitarios y culturales, los mercados y ejes comerciales y administraciones públicas, entre otros. También conectan con la red básica de transporte público con el fin de facilitar el intercambio. De este modo se convierten en servicios de aportación al autobús convencional o al metro. Por regla general, los intervalos de paso son largos, con frecuencias que irían desde los 15 minutos hasta una hora, en función de la demanda, por ello los horarios de paso se hallan detallados en cada parada señalando la hora aproximada de paso para evitar que los usuarios estén demasiado tiempo de espera.

Foto: José Mora Martín (autobusesbcn.es)

El origen del "Bus del Barri" se remonta a mediados de los años noventa del pasado siglo, cuando el Ayuntamiento de Barcelona elaboró la Síntesis de Extensión y Renovación del Transporte (SERT), un programa destinado a mejorar la red de autobuses para adaptarla a las transformaciones y cambios constantes de la ciudad y del Área Metropolitana para facilitar los desplazamientos. Se aplicó para el periodo 1996-1997 y 1998-2001 e incluía un plan de microbuses para atender a los barrios más necesitados. A modo de prueba piloto, y con la participación del Distrito Horta-Guinardó, el 12 de febrero de 1998 se inauguró un servicio experimental de microbuses entre el paseo de la Vall d'Hebron y la parte más alta del barrio de Sant Genís dels Agudells, pues era también una larga reivindicación vecinal hecha realidad. El concurso, convocado en enero del citado año, lo ganó Autocares Ravigo y tuvo gran éxito de público, sobrepasando las expectativas iniciales. Al cabo de tres meses entró en servicio la primera línea de "Bus del Barri": la 211 (Vallvidrera-Tibidabo), coincidiendo con la reapertura del funicular de Vallvidrera tras su reforma y modernización. Ello contribuyó a una mejora de las comunicaciones en las zonas urbanizadas de Collserola.

Foto: José Mora Martín (autobusesbcn.es)

Tras ella llegaron nuevos servicios: la 212 "Sant Genís" el 17 de agosto de 1998 y que vino a sustituir el servicio piloto de Autocares Ravigo; la 215 "Bordeta" el 24 de diciembre de 1998; la 214 "Can Baró" el 8 de febrero de 1999; la 213 "La Mercè" el 25 de mayo de 1999; la 216 "La Salut" y la 217 "Guinardó" el 6 de junio de 2000; la 218 "Les Planes" (subdividida en dos líneas), la 219 "Teixonera" y la 221 "Poble Sec" el 22 de septiembre de 2000; y la 220 "Raval" el 26 de septiembre de 2000. El 31 de octubre de 2002 todas ellas cambiaron de numeración a raíz de una reordenación numérica planificada por la Autoritat del Transport Metropolità que designaba a las líneas de TMB la serie del 1 al 199. Para ello sustituyeron el 2 por el 1 dejando una serie del 111 al 121, y renumerando las dos líneas 218 como 118 y 128 para evitar confusiones.

Foto: Ferran Nadeu (El Periódico)

Durante la primera década del nuevo siglo XXI llegaron nuevas líneas resultado de un plan de ampliación basado especialmente en las reivindicaciones vecinales: la 122 "Turó de la Peira" el 11 de octubre de 2002; la 123 "Bonanova" el 5 de noviembre de 2002; la 124 "Penitents" el 15 de noviembre de 2002; la 126 "Sant Andreu" el 10 de diciembre de 2002; la 125 "Marina" el 18 de diciembre de 2002; la 127 "Roquetes" el 20 de diciembre de 2002; la 130 "Can Caralleu" el 5 de septiembre de 2006; la 131 "El Putxet" el 28 de septiembre de 2006; la 129 "El Coll" el 6 de octubre de 2006; y la 132 "Torre Llobeta-Prosperitat" el 1 de octubre de 2008 en sustitución de la línea 12. Salvo la línea 112 estas líneas son las que nos han llegado hasta la actualidad, si bien algunas de ellas han sido modificadas escuchando las distintas recomendaciones vecinales, hecho mucho más factible con respecto a líneas convencionales por tratarse de servicios de proximidad.

Foto: Arxiu Històric de Roquetes-Nou Barris

Otros servicios también se podrían integrar dentro del concepto de "Bus del Barri" aunque no hayan sido concebidas como tales, como la 13 "Mercat Sant Antoni-Estadi Olímpic", la 97 "Fabra i Puig-Vallbona", la 143 "La Pau-Sant Adrià", la 150 "Pl.Espanya-Castell Montjuïc", la 191 "Congrés-Hospital Sant Pau", la 192 "Poblenou-Hospital de Sant Pau" y la 196 "Pl.Kennedy-Bellesguard". Mientras que desde 1968 hasta la actualidad existen líneas de midibús que se podrían considerar precedentes directos del "Bus del Barri" al tratarse de servicios de proximidad: 80 "Pl.República-Vallbona", 81 "Pl.República-Vallbona", 82 "Pl.Virrei Amat-Torre Baró", 83 "Ciutat Meridiana-Torre Baró", 86 "Tajo (Horta)-Calderón de la Barca", 87 "Tajo (Horta)-Trav.Gràcia", 91 "Manso-Bordeta", 107 "Interior Cementiri Sudoest" y 185 "Vall d'Hebron-Metro Canyelles".

Foto: Brangulí (AFB)

Aunque la denominación oficial cuenta ya con veinte años de vida, los servicios de proximidad o autobuses de barrio en realidad han existido desde hace muchos años. Probablemente el más antiguo que conocemos es el que cubrió la relación entre el Clot y el Poblenou, desde 1908, primero con carruajes y luego con autobuses, a cargo de la familia Martí. Fue la línea popularmente conocida como "La Catalana". Ya en los años veinte y treinta del pasado siglo existieron líneas explotadas por compañías independientes como Autobuses Grácia, Guinardó y Horta (Pl.Lesseps-Horta), Autobuses del Norte de Barcelona, S.A. (Pl.Lesseps-Horta y Pl.Lesseps-Nª.Sª.Carmelo), Auto-Ómnibus Vallcarca-Coll, S.A. (Pl.Lesseps-Nª.Sª.Coll), Auto-Ómnibus Becker y Cía. (Pl.España-Maternidad), Domingo Estañol (Pl.España-Casa Antúnez) y Pedro Gasulla (San Andrés-Casas Baratas). Durante los años cincuenta del pasado siglo, Barcelona contó entre 1953 y 1960 con una línea de doble circunvalación entre Fabra i Puig y el norte de Sant Andreu, de Talleres Aragall y Cía. y entre 1953 y 1959 con dos líneas municipales entre la plaza de España y el parque de Montjuïc. Todos estos servicios citados iban dotados de vehículos microbuses. Igualmente, han existido numerosas líneas especiales con carácter provisional y excepcional debidas a diferentes motivos y circunstancias. En la actualidad serían el caso de la línea CJ "Estació de Sants-Ciutat de la Justícia" y la lanzadera al Campus Vall d'Hebron.

Foto: José Mora Martín (autobusesbcn.es)

El éxito de la experiencia ha llevado incluso a extender el "Bus del Barri" más allá de Barcelona, especialmente en varios municipios de la Región Metropolitana incluso por toda Cataluña. Ello ha contribuido a dotar de transporte público a barrios de difícil accesibilidad y a ofrecer mayor cobertura territorial.
Gracias a los beneficios obtenidos en el Bus Turístic ha sido posible financiar estos servicios de transporte en Barcelona cuya función social es fundamental para extender la movilidad en transporte público hasta el último rincón de la ciudad. Una vez se haya completado la red ortogonal es muy probable que surjan nuevas líneas de proximidad a petición vecinal.

Fotos: Arxiu Històric de Roquetes-Nou Barris, autobusesbcn.es, Brangulí, Ferran Nadeu (El Periódico), José Mora Martín.

sábado, 5 de mayo de 2018

130 años de la Exposición Universal de Barcelona (1888-2018)

Vista general del recinto expositor. Foto: Antoni Esplugas

En el presente año se cumple un siglo y tres décadas del evento internacional que cambió para siempre la historia de Barcelona: la Exposición Universal de 1888. Era entonces alcalde Francisco de Paula Rius y Taulet, principal impulsor del acontecimiento y responsable de grandes reformas urbanísticas, de ahí que sea considerado para muchos uno de los mejores regentes que ha tenido la ciudad, o incluso el mejor. El motivo por el cual se decidió emprender tal aventura fue con motivo de la prosperidad económica en general e industrial en particular que vivía Cataluña. En otras ciudades del mundo ya se habían celebrado esta clase de exposiciones destinadas a mostrar los avances tecnológicos, los descubrimientos científicos y el potencial económico e industrial del país al cual pertenecían.
El recinto ferial ocupó una superficie de 380.000 metros cuadrados, los cuales incluía el actual parque de la Ciudadela y el Zoo, parte de la estación de Francia y del hospital del Mar en la Barceloneta. Las edificaciones fueron obra de prestigiosos arquitectos de la época como Domènech i Estapà. Domènech i Montaner, Pere Falqués, August Font i Carreras, Antoni Gaudí, Elíes Rogent, Antoni Rovira i Trias y Enric Sagnier. El precio de la entrada era de 1 peseta y el abono para acceder a todos los pabellones de 20 pesetas. Se abrió al público del 8 de abril al 9 de diciembre, siendo oficialmente inaugurada el 20 de mayo. Recibió alrededor de unos 400.000 visitantes, si bien otras fuentes apuntan 2.240.000, y participaron 22 países de todo el mundo con 12.223 expositores.

Plano del espacio ocupado por la Exposición Universal. Foto: ICG

El legado patrimonial que dejó el citado acontecimiento queda todavía afortunadamente reflejado en algunas zonas de la ciudad. Así, hoy día podemos contemplar majestuosos edificios como el palacio de Justicia, el Castillo de los Tres Dragones, el Hivernacle, el Umbracle, el museo Martorell, las casas porticadas del paseo de Picasso y el mercado del Borne (actual Born Centre de Cultura i Memòria); originales monumentos como el Arco de Triunfo, la Cascada Monumental, la Dona del Paraigua, la estatua del general Prim y el monumento a Cristóbal Colón; y singulares espacios urbanos como el paseo de Lluís Companys (entonces salón de San Juan), el paseo de Picasso (entonces paseo de la Industria), el parque de la Ciudadela y el paseo de Colón. Barcelona, además, había iniciado un proceso de remodelación del casco antiguo, el inicio del derribo de las antiguas murallas y la expansión del Eixample por el llano.
A pesar de haber aportado unas pinceladas básicas, no hay aquí intención alguna de explicar o resumir la historia de tan magno acontecimiento, pues ya existen muchas fuentes de información, sino más bien de exponer una reflexión personal sobre lo que supuso aquella efemérides para la ciudad de Barcelona.

Arco de Triunfo, principal entrada al recinto. Foto: AFB

En primer lugar, fue el primer gran evento internacional de Barcelona. Nunca hubo precedentes con tanta repercusión mundial, si bien deberían considerarse las exposiciones industriales celebradas en los años 1822, 1825, 1826, 1828, 1829, 1844, de 1848 a 1852, 1860, 1871 y 1877. Estos eventos sirvieron de punto de apoyo para la Exposición Universal y como muestra de la capacidad de la capital catalana de acoger un certamen mundial.
En segundo lugar, fue el inicio de las grandes transformaciones urbanas. Lógicamente, Barcelona tenía que ofrecer buena imagen tanto interior como sobretodo exterior, y ello suponía un lavado de cara mediante la ejecución de grandes obras urbanas. Entre ellas destacaríamos la apertura de la avenida del Portal de l'Àngel, la urbanización de calle de Méndez Núñez (entonces Bilbao), la zanja de la calle de Aragó, la Gran Via de les Corts Catalanes (entonces calle de Cortes), el mercado de Sant Antoni, el mercado de la Barceloneta, el cementerio de Montjuïc (o del Sudoeste), la plaza de Tetuàn, la plaza de Urquinaona, la plaza de la Universitat, y la urbanización de la rambla de Catalunya. Además, se procedió a la electrificación del alumbrado público, se mejoró la red de tranvías y se inauguró el servicio de "Golondrinas" del puerto.

Gran Hotel Internacional. Obra de Domènech i Montaner, se construyó en tan solo 69 días, ostentando un récord Guinness. Se ubicó en el paseo de Colón, en un terreno
ganado al mar, frente a Capitanía General. Foto: AFB

En tercer lugar, estimuló el crecimiento de Barcelona mediante la anexión de los municipios del llano. En 1897 fueron agregados los pueblos de Sants, Les Corts, Sant Gervasi de Cassolas, Gràcia, Sant Andreu de Palomar y Sant Martí de Provensals. En 1904 lo haría Sant Joan d'Horta y en 1921 Sant Vicenç de Sarrià.
En cuarto lugar, mejoró la economía tanto de la capital catalana como de Cataluña, pasando a entablarse relaciones con el mercado europeo. Dos años antes de la Exposición, en 1886 se había fundado la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Barcelona, destinada a defender los intereses de los industriales barceloneses, el proteccionismo y el librecambio.
En quinto lugar, estimuló nuevas corrientes artísticas y culturales. Barcelona vivió a caballo de diversas corrientes artísticas como fueron el Romanticismo, el Realismo, el Naturalismo y el Modernismo, siendo esta última la que viviría una gran etapa de esplendor. Ello influyó en el arte, la literatura e incluso en el pensamiento político, de donde surgieron grandes artistas e intelectuales con una proyección nacional e internacional. Igualmente, se estaba viviendo un apogeo de la literatura en lengua catalana.

La gran pasarela que unía la Ciudadela con la Barceloneta. Con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992, se proyectó otra pasarela que quedó finalmente inacabada. Foto: AFB

En sexto lugar, proyectó Barcelona internacionalmente. La ciudad dejó de ser una urbe provinciana para pasar a ser más cosmopolita. Si bien siglos atrás la tradición comercial hacia el Mediterráneo y el continente americano fue un precedente de este talante abierto e integrador, la Exposición Universal hizo merecida justicia colocando a la capital catalana en el mundo, pasando a ser más conocida en los cinco continentes.
En séptimo lugar, convirtió Barcelona en ciudad turística y de turismo. Se pasó del concepto de viajero al de turista. Ello fue consecuencia de los apartados anteriores, sumado a la mejora en el sistema ferroviario que conectaba con Francia. Proliferaron nuevos hostales, fondas y hoteles. Espacios como las Rambles, el Pla de Palau y la plaza de Catalunya se convirtieron en referentes de primer orden para los forasteros. Y se editaron guías turísticas para visitar la ciudad y conocer los principales lugares de interés. Este proceso culminaría en 1909 con la fundación de la Sociedad de Atracción de Forasteros, institución clave en el fomento y desarrollo de la industria del turismo en Barcelona.

La Torre Lapierre (izquierda) proyectada por Joseph Lapierre, y la Torre Condal (derecha) proyectada por Pere Falqués, los primeros rascacielos de la historia que se proyectaron para Barcelona. Debían tener 200 metros de altura. Ninguno de los dos se hizo realidad y de ahí salió la leyenda de que París ofreció la Torre Eiffel a Barcelona. Foto: autor desconocido

En octavo lugar, creó un modelo de desarrollo aplicado posteriormente. Efectivamente, durante el siglo XX Barcelona creció a base de la celebración de grandes eventos internacionales que sirvieron de excusa para modernizar la ciudad y ejecutar grandes transformaciones que requerían de un elevado presupuesto. Tenemos los ejemplos de la Exposición Internacional de 1929, del Congreso Eucarístico Internacional de 1952, de los Juegos Olímpicos de 1992 y del Fòrum Universal de les Cultures de 2004. Actualmente han surgido voces críticas con este modelo de desarrollo de la ciudad y se quiere apostar por otra forma de crecimiento. Por ahora el modelo vigente desde 1888 no ha sido superado.
En noveno lugar, contribuyó a una transformación del panorama social y político. Bajo el marco de la Restauración, siendo María Cristina reina de España, la burguesía catalana y la monarquía española afianzó sus buenas relaciones. Fueron también los años del catalanismo político o nacionalismo catalán. El proletariado también destacó en su lucha para defender sus intereses y mejorar sus condiciones laborables. Ello motivó la fundación en 1888 de la Unión General de Trabajadores (UGT) y que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) celebrara en el citado año su primer congreso en Barcelona.

Ilustración de la Fuente Mágica ubicada en el recinto de la Exposición Universal. Diseñada por The Anglo American Brush Electric Light Corporation, fue sin duda un claro precedente de la Fuente Mágica de Carles Buïgas ubicada en Montjuïc, con motivo de la Exposición Internacional de 1929. Foto: autor desconocido

Y en décimo lugar, inició en definitiva la historia contemporánea de Barcelona. Si bien la revolución industrial y los cambios sociopolíticos de principios del siglo XIX suponen un claro precedente de la transformación del territorio catalán, el momento que representó una culminación y cambio definitivo en el rumbo evolutivo de la ciudad, fue gracias a la Exposición Universal de 1888, cuyos efectos se prolongaron durante los años posteriores. Desde la celebración de tan magno acontecimiento, nada volvió a ser como antes.
Pero eso no es todo. Hablar de la Exposición Universal de 1888 significa también reivindicar la figura de Eugenio Rufino Serrano de Casanova (Neda, La Coruña, 1841 - Barcelona, 1920), un empresario gallego afincado en Barcelona, casado con una maestra catalana que colaboraba con Rosa Sensat, y que fue el verdadero impulsor del certamen. Habituado a llevar turistas a las exposiciones que se celebraban en distintas ciudades europeas, pensó que la capital catalana podía acoger un evento de tales características por su cercanía a Francia, su desarrollo económico y su buen clima. El 11 de marzo de 1885 ofreció al Ayuntamiento de Barcelona un convenio para organizar, sin subvenciones, una exposición a cambio de la cesión gratuita de un solar de 200.000 metros cuadrados durante el periodo del certamen y de los derechos de explotación.

Eugenio Rufino Serrano de Casanova, el verdadero impulsor de la Exposición Internacional
de Barcelona, e injustamente olvidado. Foto: autor desconocido

El Consistorio barcelonés, interesado, firmó un acuerdo el 9 de junio siguiente. Sin embargo, cuando toda la infraestructura estaba prácticamente acabada, desde el Ayuntamiento de Barcelona se le aumentó el presupuesto y Serrano no pudo responder, por lo que tuvo que acabar abandonándolo en abril de 1887 a cambio de una indemnización por la obras realizadas, momento en el cual el municipio asumió el proyecto. Posteriormente dicho personaje fue olvidado, incluso al morir, se enterró en la fosa común del cementerio de Montjuïc. ¿Respondió ello a motivos ideológicos? Un final injusto para el verdadero promotor de la modernización de Barcelona que incluso merecería tener un espacio público dedicado a su memoria.

lunes, 23 de abril de 2018

FELIÇ SANT JORDI 2018


Amics i amigues,

A cavall entre la primavera i l'estiu tornem a gaudir de la diada més entranyable de l'any: Sant Jordi, Dia del Llibre i de la Rosa. Un dia que, malgrat no ser oficialment festiu, conté tots els ingredients d'una festivitat.
El 23 d'abril és una de les poques jornades que es poden viure en un sentit més ampli, de manera més comunitària. I és que malgrat els intents de politització i la presència d'elements polítics, no ha dividit ni ha enfrontat a la societat, de manera que tothom, sigui com sigui, pensi com pensi, parli com parli i vingui don vingui, forma part d'un gran equip humà, sense distincions i exclusions.
Recomano a tothom que gaudeixi del Sant Jordi, que compreu i obsequieu amb una rosa a les persones que més estimeu com un gest d'amor, de fe, de confiança, de compromís i de lleialtat. Poques vegades una tradició tan clàssica ha estat capaç de sobreviure als temps moderns i adaptar-se a les convencions del segle XXI.


Igualment, recomano que contempleu l'exposició de llibres a través de les fires i parades que s'instal·laran a peu de carrer i que ompliran de vida els pobles i ciutats. Recordeu que els llibres són l'arma més inofensiva i alhora més poderosa per combatre la ignorància i la incultura, per tenir capacitat de criteri, per estimular la intel·ligència i per no deixar-se enganyar per aquells que ens volen tenir sotmesos a la seva voluntat.
En uns temps on les lletres semblen desprestigiades en favor d'un món tecnificat on la ciència ho vol acaparar tot, cal fomentar l'hàbit de la lectura per tal de tornar a col·locar les humanitats i les ciències socials allà on mereixen estar i reconèixer les seves aportacions en un món cada vegada més globalitzat i artificial, on es lliura una guerra entre aquells qui defensen la uniformitat i els qui defensen la diversitat.


No necessàriament ens hem de deixar endur per les modes i les novetats literàries, sinó que també és important poder llegir allò que ens agrada, que ens motiva i ens estimula, siguin llibres nous o llibres vells. Cada llibre llegit és un temps de la nostra vida aprofitat i un pas més endavant en la nostra evolució com a persones. A més lectura, més democràcia, perquè la cultura adquirida dels llibres democratitza a la societat i la fa més lliure.
Des d'aquí, vull demanar a totes les institucions que deixin de banda les seves diferències i continuïn amb la proposta de convertir el Sant Jordi en Patrimoni Immaterial de la Humanitat per la UNESCO, especialment pels valors que representa i pels beneficis culturals que tindria socialment a nivell mundial. Seria, en definitiva, fomentar el gresol de la nostra diversitat cultural i la seva conservació, una garantia de creativitat permanent i una força motriu per a les cultures vives. No desaprofitem aquesta oportunitat.


Aprofito l'ocasió per agrair a aquelles persones que llegeixen els meus articles al blog i compren les meves publicacions, i desitjar a tothom un FELIÇ SANT JORDI 2018.

viernes, 20 de abril de 2018

Manuel Valls: ¿un alcaldable adecuado para Barcelona?


Sorpresa, controversia y polémica ha generado la posibilidad de que el político francés de origen español Manuel Carlos Valls Galfetti, más conocido como Manuel Valls, se presente a través de Ciudadanos como candidato a la alcaldía de Barcelona. No se trata de algo confirmado, pues el ex-primer ministro está estudiando la oferta lanzada por el citado partido de Albert Rivera.
Sus raíces catalanas son innegables. Es nacido en Barcelona el 13 de agosto de 1962. Su abuelo paterno Magí Valls i Martí (+1970) fue uno de los fundadores del periódico "El Matí" en 1929 y del Club de Tennis Horta en 1912, colaborador en las publicaciones "La Ilustració Catalana" o "D’ací i d’allà", fundador de la Banca Ponsa i Valls y militante de Unió Democràtica de Catalunya (UDC). Su padre, Xavier Valls i Subirà (1923-2006) fue un prestigioso pintor reconocido con numerosos premios a lo largo de su vida, tanto en España como en Francia. Su primo, Manuel Valls i Gorina (1920-1984) fue un compositor, músico, profesor y crítico musical conocido especialmente por haber compuesto en 1974 el actual himno del Futbol Club Barcelona. Y su prima, Roser Capdevila i Valls (1939) es una escritora e ilustradora de libros infantiles, siendo especialmente conocida por la creación de "Les tres bessones".


Su relación con Barcelona es mayor de lo que parece. Al poco de nacer fue bautizado en la parroquia de Sant Joan d'Horta. Su padre compró una vivienda con jardín en la calle de Salses, en el barrio de Horta, y desde entonces los viajes de Manuel a la capital catalana durante los meses de verano y esporádicamente cada febrero fueron regulares. Allá en la casa natal vive su hermana Giovanna. De adolescente jugaba al tenis en el Club de Tennis Horta.
A los 17 años de edad se afilió al Parti Socialiste (PS) de Francia y en 1982 se nacionalizó francés. Así fue como empezó su carrera política ejerciendo hasta la actualidad. La cuestión planteada es si Manuel Valls es un candidato adecuado para aspirar a la alcaldía de Barcelona, una pregunta muy prematura para alguien que deberá de demostrar a todo el mundo qué conoce acerca de la capital catalana. Poco sabemos de éste político que buena parte de su carrera la ha hecho en Francia, cuya imagen, tal vez distorsionada y equivocada, nos llega de unos medios de comunicación siempre al servicio de determinadas ideologías.


Sin duda, para aspirar a presidir una ciudad, el mínimo requisito es conocerla bien, y para ello es fundamental haber vivido un tiempo en ella. No basta con rodearse de un buen equipo de técnicos y expertos que lo resuelvan todo a modo de tecnocracia, sino demostrar unas capacidades óptimas acerca del territorio al cual se aspira a gobernar. De ello depende que la ciudadanía deposite su confianza, además de saber escuchar los problemas e inquietudes de las gentes y ser capaz de dar una respuesta convincente, además de poder diagnosticar las deficiencias de cada barrio y ofrecer propuestas de actuación realistas.
Tanto quienes aprueban como quienes rechazan una posible candidatura de Manuel Valls deben ser sinceros y plantearse si su criterio responde a su posible capacidad de ser buen alcalde de Barcelona, así como su conocimiento real de la ciudad que permita la elaboración de un programa eficiente y eficaz. O, si por el contrario, se plantean únicamente cuestiones ideológicas, algo que nada tiene que ver con sus cualidades políticas. Especialmente se le ha juzgado por sus posibles simpatías hacia el partido Ciudadanos y sobretodo por su rechazo abierto a la independencia de Cataluña. De ahí tanta controversia y polémica. ¿Acaso ello contribuirá a que sea mejor o peor alcalde, incluso por encima de sus conocimientos sobre Barcelona y su capacidad de gestionarla adecuadamente?


Para determinar la calidad de un político, no debemos mezclar cualidades profesionales con ideología. No es la primera vez que alguien quien comulga con nuestro pensamiento carece de carisma y liderazgo, mientras que otros, por contra, aun estando en desacuerdo con su doctrina, dotan de un excelente don de gentes y de capacidad de resolución. Del señor Valls espero carisma, alguien capaz de atraer las masas, de seducir y de proponer algo atractivo y carente de las demagogias a las que estamos (mal) acostumbrados últimamente. Como barcelonés quiero un alcalde (o alcaldesa) que imponga un equilibrio entre política social y política empresarial, de modo que buena parte de los beneficios obtenidos en eventos se inviertan en la lucha contra las desigualdades y en mejorar la calidad de vida de los barrios. La construcción de equipamientos culturales, educativos, deportivos y sanitarios, además de zonas verdes, vivienda social y asequible, fomento del transporte público y la lucha contra la pobreza y los desequilibrios entre barrios es fundamental para meterse a la ciudadanía en el bolsillo. Pero ello no debe eximir el fomento como ciudad de turismo y patrimonio, como ciudad de ferias y congresos, como ciudad de comercio y restauración, como ciudad de arte y cultura, y como ciudad de investigación y desarrollo. En definitiva, una Barcelona cosmopolita, abierta e integradora que mantenga su posición en el mundo, que lidere la capitalidad del Mediterráneo y sea habitable para el disfrute de todos. ¿Será capaz el señor Valls, un seigneur d'Horta, de alcanzar esta meta? Bonne chance, monsieur Valls.

Fotos: Archivo Europa Press, francais.rt.com, huffingtonpost.fr, Toni Catany.

domingo, 15 de abril de 2018

La Segunda República: un periodo que urge revisar


Cada 14 de abril los simpatizantes republicanos conmemoran la proclamación de la Segunda República española. Hablar de esta etapa no resulta nada fácil y a menudo es incómodo. Y es que el siglo XX ha sido, sin lugar a dudas, el periodo de la historia de España que más heridas sin cerrar ha dejado, incluso hasta el punto de ser heredadas por las nuevas generaciones que ni conocen ni han vivido aquellos periodos pero actúan y sienten como si hubiesen estado allí presentes. Conversar acerca de la República Española y del Franquismo conlleva inevitablemente a controversia. Resulta fácil herir sensibilidades y terminar en violentas discusiones. No hay duda de que la Guerra Civil todavía no ha terminado e incluso estalló antes de 1936. Para ello basta con observar las discusiones entre líderes políticos y los comentarios dejados en las redes sociales. La diferencia reside en que ahora no hay conflicto bélico. Las llamadas "dos Españas" siguen presentes a pesar de la oficialidad y vigencia de la monarquía constitucional parlamentaria.
Mucho se ha escrito de este periodo comprendido entre 1931 y 1939 que a nadie deja indiferente. O se magnifica o se abomina, pero pocas veces se somete a un término medio. Afirmar si fueron buenos o malos tiempos depende de muchos factores, pues todos los regímenes han tenido luces y sombras. Como en todo sistema político, algunos lo disfrutan mientras que otros lo sufren, y en ello influyen las simpatías personales.


Desde mi punto de vista, este periodo fue demasiado breve como para valorar en términos globales si fue positivo o negativo. Las fuentes bibliográficas, a pesar del volumen de información aportado, no me resultan suficientemente óptimas como para juzgar un régimen del cual se ha escrito más con el corazón que con la cabeza. A ello debe sumarse el filtro del largo periodo del Franquismo, el cual, por razones obvias, sólo mostró un único punto de vista al tratarse de su "bando enemigo". Faltó tiempo para consolidarlo y madurar el sistema democrático. El contexto histórico europeo tampoco ayudó, pues el fascismo y el nazismo por un lado y el comunismo por el otro iban en auge forjando ese polvorín que desencadenó la Segunda Guerra Mundial. A pesar de las buenas intenciones mediante las reformas militares, religiosas, agrarias, territoriales, sociales y educativas con el propósito de modernizar el país, la falta de sintonía entre los políticos y la sociedad española, y especialmente la ausencia de entendimiento entre grupos políticos de derechas y de izquierdas, y entre republicanos y monárquicos, impidió desarrollar un proyecto que a largo plazo quería consolidar un sistema democrático. La excesiva inflexibilidad e intransigencia de quienes querían cambiarlo todo demasiado rápido y de quienes no quisieron ceder ni un solo milímetro de su postura tradicionalista llevó finalmente al fracaso del régimen. ¿Fue la Segunda República española un ejemplo real de valores republicanos, es decir, de igualdad, legalidad y fraternidad? Con independencia de nuestras ideas políticas, no deberíamos desmerecer todo lo bueno que se logró en aquellos años sino reconocerlo y ubicarlo allá donde merece estar, pero lo malo también debería asumirse como lección para no volver a caer en los mismos errores. Y esta es en particular una importantísima función de la historia y la razón por la cual todos deberíamos tener memoria histórica.


Me llama especialmente la atención la defensa que algunos sectores independentistas catalanes hacen de la Segunda República española, incluso participando conjuntamente en manifestaciones mezclando banderas esteladas con las tricolores. Si algo caracterizó aquel régimen fue por su fervoroso anticatalanismo, aun habiendo concedido autonomía y autogobierno a Cataluña. Basta con leer los titulares de algunos periódicos de la época contra el Estatuto y escuchar las declaraciones de determinados líderes políticos. No debemos olvidar que tras la proclamación del Estado Catalán por parte del no menos controvertido Lluís Companys, el Gobierno español no tuvo reparo alguno en suspender la autonomía y encarcelar a sus partidarios, una acción notablemente y severamente superior al actual Artículo 155. Además, la Constitución Española de 1931, a diferencia de la vigente de 1978, fue muy restrictiva en la concesión de autonomías y traspaso de competencias, además de no reconocer ni siquiera el concepto de "nacionalidad histórica".
En definitiva, la historia de la Segunda República española debería someterse a una nueva revisión más exhaustiva y objetiva, lejos de idealismos, fanatismos y mitificaciones, que no neutral porque inevitablemente la interpretación de cualquier hecho histórico incluye un componente de sentimiento personal y subjetivo y, por tanto, basado en las ideas, creencias y valores de quien lo relata. Solo así podremos escapar de las visiones extremistas vigentes, es decir, de la perspectiva idílica e idealizadora de los republicanos y de la visión caótica y desastrosa de los monárquicos.


Los republicanos del siglo XXI apuestan por la Tercera República española. Ser contrario a un sistema monárquico es una opción democrática legítima como cualquier otra ideología. Pero en un hipotético escenario de política ficción deberían plantearse qué modelo de estado quieren y cuáles serían los principios y valores que lo regirían. No debe confundirse una República en tanto forma de gobierno con las costumbres de la Segunda República, las cuales ya no son vigentes, por lo que un sistema de esta naturaleza en muy poco o casi nada se asemejaría a lo que hubo en los años treinta del pasado siglo.

Fotos: AFP (El Mundo), aquienelche.com, historiadospuntocero.com, homelifestyle.es.

martes, 13 de marzo de 2018

Adiós al... ¿negrero? ¿Normalización democrática o confrontación social?


Recientemente y a petición de algunas entidades se ha procedido a la retirada de la estatua del monumento dedicado al naviero y comerciante Antonio Víctor López y López de Lamadrid, marqués de Comillas. La razón principal por la cual se ha llevado a cabo tal acción se debe a su presunto pasado como esclavista. Algunas fuentes aseguran que parte de su fortuna se nutrió de su actividad intermediaria en el comercio de esclavos. Incluso su cuñado Francisco Bru en un libro que escribió titulado "La verdadera vida de Antonio López y López" lo acusó de negrero. Allí se explica con detalle cuáles fueron sus métodos para amasar fortuna y lo describe textualmente "como un sujeto cruel y despiadado, para el cual los negocios consistían en explotar al prójimo, y para el que todos los medios eran lícitos con tal de conseguir beneficios". Sin embargo, la Asociación Catalana de Capitanes de la Marina Mercante y otras fuentes de información históricas niegan rotundamente que exista un solo documento donde acredite que se dedicara realmente al tráfico de esclavos. En cuanto al libro de Francisco Bru, las mismas voces escépticas lo atribuyen como producto de la envidia y el resentimiento que él tuvo hacia Antonio López por haber logrado tanta fortuna en poco tiempo y por no haber recibido la herencia esperada de su padre. Pero lo más sorprendente es que en incluso en la actual Cuba comunista, es decir, bajo un régimen castrista cuya premisa es contraria a la explotación humana, todavía lo consideran como un liberador de esclavos y promotor de la escuela moderna.


Ambos puntos de vista son objeto de investigación. Ante las dudas razonables que me plantea el tema, prefiero no juzgar. Lo haré cuando crea tener suficiente información contrastable que me permita ofrecer un juicio de valor personal y adecuado, que no objetivo. Antes de aventurarme a un sí o a un no, prefiero disponer de una base histórica con la cual poder argumentar con seguridad. No pretendo que se comparta mi criterio ni convencer a quienes discrepan, pero me niego a reflexionar bajo la ignorancia llevado sólo por la histeria colectiva o por afinidades políticas, es decir, por la pasión y no por la razón. Me siento identificado con el miembro número 8 de la célebre obra "12 hombres sin piedad", que desde la primera votación no está seguro de si el acusado es inocente o culpable, y ante la duda razonable prefiere no contribuir a enviarlo al paredón.
La Taula de Treball de la Memòria Històrica, creada por el Ayuntamiento de Barcelona, es a priori una buena idea para promover la recuperación, preservación, difusión y dignificación de la memoria de los barrios de la ciudad, así como la protección del patrimonio. En ella participan, además de "expertos" en la materia, representantes de asociaciones y entidades vecinales y ciudadanas. Entre otras cosas, se encarga también de revisar la nomenclatura de calles y plazas y de los monumentos existentes, y es precisamente ahí donde últimamente se han generado numerosas polémicas. ¿Memoria histórica o desmemoria histórica? Esa es la cuestión. ¿Bajo qué premisas hemos de considerar que ciertos aspectos de la historia deben recordarse mientras que otros pueden condenarse al olvido? Pregunta embarazosa y controvertida, imposible de objetivar y de apolitizar.


Barcelona ha vivido distintas etapas de su historia en las cuales cada régimen o gobierno imperante, en función de sus valores, se ha dedicado a promover unos personajes y a censurar otros. Cada uno de ellos quiso dejar una imprenta permanente en la ciudad y todos ellos se han caracterizado por ser completamente opuestos los unos con las otros. Como consecuencia el establecimiento de un sistema político siempre implicó el intento de "borrar" el máximo de rastros posibles del anterior mediante la suplantación de unos monumentos por otros y el cambio de nombre de algunas calles y plazas. Incluso en algunos casos se procedió a derribar construcciones para edificar de nuevo. Es decir, siempre ha habido un intento, a menudo sutil y discreto, de adoctrinar a la población borrando de la memoria histórica lo que se consideraba ingrato en favor de extender los nuevos principios y valores vigentes y, por decirlo de algún modo, oficiales. Y así se ha actuado con independencia de si se trataba de una monarquía, una república o una dictadura. Ello se ha visto claramente en estos últimos cien años, durante la Monarquía Parlamentaria de Alfonso XIII, la dictadura primoriverista, la Segunda República y la dictadura franquista.
Actualmente esta democracia parece haber heredado la tradición de los antiguos sistemas gubernamentales. Todo aquello que no responda a los principios y valores a imponer, a la historia que nos quieren contar, debe ser eliminado y olvidado. A menudo existe un revanchismo, un sentimiento de venganza contra lo establecido antaño, fruto de odios, traumas y resentimientos entre diferentes colectivos, entre vencedores y vencidos. ¿Qué debería prevalecer y qué debería respetarse en democracia? No resulta fácil fijar criterios, pero parece que más de un siglo de historia contemporánea no ha servido para aprender de los errores del pasado.


Barcelona, por su trayectoria es inevitablemente una ciudad plural, es decir, rica y diversa en culturas, creencias, valores e ideologías. Sus barrios han sido construidos por el proletariado y por la burguesía, bajo democracias y bajo tiranías, bajo reyes y bajo republicanos. Ello sí es objetivo y no se puede cambiar. Los antiguos sistemas de gobierno han intentado desde siempre destruir dicha pluralidad porque en verdad las diferencias molestan, pero jamás se ha conseguido.
Es lógico que los tiempos presentes y futuros traigan consigo nuevos valores y principios, fruto de la evolución natural. Por tales motivos lo que antes se veía como normal ahora puede verse como insultante, y lo que en el pasado era denigrante e impensable en el presente está perfectamente normalizado. Igualmente resulta muy legítimo dedicar monumentos y calles a personajes más contemporáneos que con su labor han contribuido a causas justas y a engrandecer los valores de la democracia. Pero ello debe hacerse teniendo en cuenta la pluralidad de la sociedad, evitando censuras, coacciones y renuncias a principios personales en nombre de lo políticamente correcto, así como borrar aspectos incómodos del pasado fingiendo que jamás han existido. No es una guerra donde unos ganan y otros pierden sino definir la ciudad como un espacio consensuado donde todos quepamos y convivamos. Así, pues, por ejemplo, reivindicar personajes y valores republicanos tal y como ha sucedido últimamente no debería implicar la eliminación de nombres de monarcas o de personajes afines, sobretodo de la burguesía. No olvidemos que reyes y burgueses también construyeron Barcelona y que para muchos no fueron en absoluto tan malos.


El bien y el mal son conceptos relativos, no universales. Se puede entender que figuras del pasado afines a regímenes autoritarios sean mal vistos y por sus valores no merezcan disponer de un espacio ciudadano, pero ello no justifica borrar o cambiar la historia. Al contrario, la construcción de una ciudad también se ha debido a errores, y ser autocrítico es positivo y ayuda a que el futuro sea más constructivo, evitando caer nuevamente en dichos errores. Por eso mismo abogo por la apertura de un museo permanente que exhiba aquellas placas, estatuas y monumentos retirados de las calles y plazas barcelonesas con el propósito de mostrar a la ciudadanía otra cara del pasado histórico de Barcelona, incómodo (o tal vez no) pero real, y que respondió a una forma de vida y a unos principios que ya no son vigentes. Actualmente este material se halla amontonado en un almacén municipal visitable al público una vez al año, y merece otorgarle el valor histórico merecido con independencia de sus connotaciones, sencillamente porque forma parte de nuestra historia lo queramos o no. Dejemos la hipocresía, la demagogia y la desmemoria aparcadas. No finjamos que Barcelona es algo que jamás ha sido ni será por mucho que algunos se empeñen. Las gentes merecen conocer otras caras de la realidad, dulces y/o amargas, descubrir qué hay allí y por qué motivo estuvieron una vez expuestos en la vía pública. ¿Qué es aquello tan terrible que podría suceder si los barceloneses, o cualquier persona, descubren otras verdades? ¿Es tal vez una cuestión de ganar o perder votos? Pedagogía, que no adoctrinamiento, por encima de todo, e historia real frente a la oficial.


Fotos: Arxiu barcelona.cat, Arxiu Betevé, Arxiu vilaweb.cat, Ramon (ajuntament.barcelona.cat), Toni Albir (EFE), Víctor Serri (www.elsaltodiario.com).

miércoles, 28 de febrero de 2018

QUINI para la eternidad


Recibo la triste noticia del reciente e inesperado fallecimiento de Enrique Castro González, más conocido popularmente como Quini. Destacado futbolista español, se dedicó profesionalmente al fútbol durante dos décadas. Concretamente de 1967 a 1968 se inició en el Club Deportivo Ensidesa, de Avilés, donde destacó por sus cualidades que enseguida lo catapultaron al Sporting de Gijón, en el cual jugó entre 1968 y 1980, marcando una larga época que lo convirtió en toda una institución entre la comunidad asturiana. Entre 1980 y 1984 defendió la camiseta azulgrana en el Futbol Club Barcelona, y tras esta etapa regresó nuevamente al Sporting de Gijón donde colgó las botas en 1987.
Si la figura de Quini ha sido especialmente recordada se debe tanto a sus cualidades deportivas como por su personalidad. Las estadísticas resumen su excelente palmarés en calidad de delantero. Defendiendo la camiseta del Sporting de Gijón en 485 partidos oficiales marcó un total de 245 goles, 165 de los cuales en Primera División, convirtiéndose así en el mejor jugador de la historia de este club. Con el Futbol Club Barcelona jugó 123 partidos oficiales y marcó 60 goles, equipo con el que ganó dos trofeos de la Copa del Rey (1981 y 1983), una Copa de la Liga (1983), una Supercopa de España (1984) y una Recopa de Europa (1982). Su trayectoria le mereció en cinco ocasiones el Trofeo Pichichi (con el Sporting de Gijón en las temporadas 1973-74, 1975-76  y 1979-80, y con el Futbol Club Barcelona las temporadas 1980-81 y 1981-82), uno más que Leo Messi, y en dos ocasiones el Trofeo Pichichi de Segunda División (1969-70 y 1976-77).  Así fue como se ganó merecidamente convertirse en el 8º máximo goleador de la historia de la Liga española de fútbol. Llegó a ser internacional en la Copa Mundial de Fútbol de 1978 y 1982 y en la Eurocopa de 1980, disputando 35 partidos y marcando 8 goles.


Como persona destacó por ser un verdadero caballero, un hombre diplomático, cordial y agradable siempre a la altura de las circunstancias que procuró llevarse bien incluso con los peores rivales. En definitiva, un hombre "bueno". Así es como lo vieron quienes lo conocieron en primera persona. En sus años como azulgrana se llevó recuerdos entrañables tanto de la ciudad como de Cataluña, regresando ocasionalmente al Camp Nou una vez retirado para ver jugar al club de su corazón, el Sporting de Gijón. Como asturiano siempre mostró un especial enraizamiento hacia su tierra natal, hasta el punto incluso de defender la cooficialidad de la lengua asturiana.
Si por alguna razón recuerdo de manera especial y entrañable a la figura de Quini es porque fue mi primer gran ídolo futbolístico. Había oído hablar de jugadores como Gamper, Samitier, Kubala y Kruyff, pero nunca llegué a verlos en acción. Sin embargo, a Quini lo disfruté en vivo y en directo en el Camp Nou cuando mi padre trabajaba de empleado en el estadio. Mi padre y yo entrábamos por la puerta 16 y él se colocaba como controlador en el acceso 206-207, justo donde había la pequeña entrada a los vestuarios y a la sala de prensa, en la zona de tribuna. Yo podía acceder a cualquier parte del templo barcelonés al ser hijo de empleado. Me bastaba con decir "soy hijo del señor Tomás" y punto. Ventajas de la época que ya no se volverán a repetir pero que me sirvieron para conocer un mundo dentro de otro mundo. Recuerdo la llegada en autocar de los jugadores rivales (salvo el Real Madrid que accedía directamente por un parking por motivos de seguridad) y luego de los jugadores del Barça. El primero de todos en entrar era Migueli, siempre corriendo a toda pastilla porque no era amigo de los autógrafos. Luego el resto de futbolistas que discurrían hacia el vestuario no tenían inconvenientes en regalarte su firma.


Así fue como tuve la suerte de recibir un autógrafo de Quini, el primero que tuve de un jugador y que ahora guardo como lingote de oro. Sucedió un 9 de octubre de 1983 y precisamente en esa fecha el Barça se enfrentó al Sporting de Gijón. Ganó por 4-0 con un gol del propio Quini. La primera impresión fue la de un hombre alto y atlético (él medía 1,76 metros y yo entonces era un adolescente de 12 años de edad), muy tranquilo y receptivo tanto los saludos como a firmar autógrafos de sus admiradores allá amontonados. Aquél día también me firmaron los jugadores Moratalla, Clos, Sánchez y Perico Alonso. Incluso lo hizo un simpático y risueño Joaquim Maria Puyal, popular periodista a quien le dije que lo seguía habitualmente en su programa de televisión "Vostè pregunta" que TVE emitía a media tarde.
Viví diariamente su secuestro. Fue algo inesperado que dejó a mucha gente boquiabierta porque nadie se lo esperó. Eran tiempos difíciles y cualquier desenlace era posible al ser los años duros del terrorismo y de bandas criminales. En mi casa seguimos el caso por televisión y con mucha incerteza. Finalmente la historia tuvo final feliz, pero el club quedó tocado y perdió un campeonato de Liga que inicialmente había encarrilado muy bien. El título se lo llevó el Atlético de Madrid. A modo de curiosidad, decir que él perdonó a sus secuestradores.
En la escuela era también el ídolo de muchos niños y niñas de clase que eran "culés". Cuando hacíamos álbumes de fútbol e intercambiábamos cromos, el de Quini iba muy buscado. Yo tuve la suerte de conseguirlo, y así fue cuando uno de los compañeros, llamado Alberto, me pidió que se lo cambiara por 20 cromos que me faltaran. Nunca lo hice, porque aquél cromo valía por 20, por 200, por 2.000 y por muchos más. Era sagrado, era intocable.


El 9 de octubre de 1984 presencié en el Camp Nou el partido de homenaje con motivo de su despedida. El Barça jugó contra un combinado internacional donde participaron jugadores como Johan Kruyff y el estimado portero del R.C.D. Espanyol N'Kono. Asistió también su fiel y apreciado amigo Diego Armando Maradona pero como espectador. Los azulgranas ganaron por 2-0 con goles de Ángel "Pichi" Alonso. En el minuto 32 de juego de la primera parte Quini fue sustituido. Todo el público del estadio coreó su nombre. Salió por la puerta grande. Años después, ya retirado, regresó a Can Barça como espectador, invitado cuando el Sporting de Gijón visitaba el campo. Era su costumbre saludar a todo el mundo, incluso a mí y a mi padre aunque no recordara quiénes éramos. Pero él era así de excelente. Habían pasado años de cuando fue jugador azulgrana, así que como yo ya tenía más edad entonces ya no me pareció tan alto (es broma).
Mucho se podría explicar acerca de Quini, pero no era esa mi pretensión. Sólo he querido recordar brevemente mi experiencia personal y reivindicar su figura con motivo de su desaparición. En su breve paso por el Futbol Club Barcelona será recordado como personaje mítico, un símbolo de una época, bajo el imperio del presidente Núñez y a pocos años de la era Kruyff que transformó el club para siempre. Si a ello sumamos su trayectoria con el Sporting de Gijón, entonces será inevitable que la historia del fútbol español efectúe parada y referencia obligada a Enrique Castro González. Hasta siempre. Seguro que algún día nos volveremos a encontrar porque así lo creo y no puedo evitar afirmarlo. Gracias "Brujo". Quini para la eternidad.

Fotos: Agencia EFE, Blaugranas.com, El Mundo, Ricard Fernández Valentí.