martes, 12 de julio de 2016

La playa de Can Tunis: algunos apuntes históricos


Resulta inevitable durante los meses de verano plantear artículos relativos a esta estación de año. Una opción, por decirlo de algún modo, refrescante, era hacer referencia al mar, y en particular a las playas barcelonesas. Mucho se ha hablado y escrito acerca de ellas. Sin embargo, a fin de evocar además las raíces de mis antepasados, he creído interesante publicar algunos apuntes históricos sobre la desaparecida playa de Can Tunis o Casa Antúnez, una gran desconocida para muchos barceloneses. Su origen es muy antiguo, hija de Montjuïc, la cual según los estudios geológicos parecen confirmar que primero fue una isla que de forma natural derivó a una montaña. Con la colonización romana los cultivos intensificaron la deforestación, hecho que aceleró la sedimentación fluvial con el consecuente avance de terreno al mar de manera lenta pero progresiva. Así surgieron las barreras arenales que dieron lugar a la playa, la verdadera madre de Can Tunis, pues sobre sus blancas arenas se instalaron humildes casetas de pescadores que años después terminaron dando lugar a la barriada, con sus calles, casas y fábricas. Paralelamente, los humedales situados entre la montaña de Montjuïc y el río Llobregat, propiedad de la Compañía Agrícola Catalana, se fueron desecando a partir de 1849 para transformarlos en campos de cultivo. En 1878 presentaron al Ayuntamiento de Sants un proyecto de urbanización y en 1883 se inauguró el hipódromo, a la vez que en dicho año se instaló el cementerio de Montjuïc o cementerio Nuevo.


Si bien los baños de mar casi siempre existieron, especialmente entre las clases populares, no fue hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX que las playas de la ciudad pasaron a concebirse como un nuevo espacio de ocio. Ello supuso la publicación de guías para bañistas, la práctica de determinadas actividades deportivas sobre la arena playera y a la apertura de las primeras casas de baños. A partir de 1870 la playa dejó de ser un espacio exclusivamente terapéutico para ser concebido como un lugar vacacional, con el culto al cuerpo, el fomento de la natación y la proliferación de elegantes balnearios.
Si la playa de la Barceloneta era la zona de baños de la burguesía, las de la Mar Bella en Sant Martí de Provençals y Can Tunis en Sants fueron populares. Sin embargo, a finales del siglo XIX se presentaron para ambas proyectos de zonas de ocio.


En el caso de Can Tunis, tenemos la propuesta de Isidro Beltrán para la construcción de un astillero y varadero, la de Luis García del Corral para establecer un balneario de carácter permanente, y la de Salvador Vigo para la construcción de una casa de baños. Las tres peticiones fueron concedidas en abril de 1884 (días 14, 18 y 21, respectivamente).
Pero sin lugar a dudas el proyecto más espectacular presentado fue el del balneario "Perla del Mediterráneo", en 1885, que debía situarse al lado del hipódromo de Can Tunis. El complejo fue diseñado por el arquitecto Enric Sagnier, y debía estar formado por tres edificios con toda clase de equipamientos: baños de oleaje y de pica, biblioteca, billares, gimnasio, pista de patinaje y dos piscinas. Se preveía que este balneario se comunicara mediante dos líneas de tranvía y un barco de vapor desde Colón. Se promovió como el mejor balneario marítimo de Europa. Finalmente, por diversos problemas nunca llegó a hacerse realidad, a pesar de que la Sociedad de Crédito Agrícola previó construir al lado una urbanización.


Además de balnearios y casas de baños, en 1885 se aprobó la construcción de un arsenal civil bajo el proyecto de Alejandro Wohlguemuth, destinado a la construcción y reparación de barcos, "emancipándonos así de la vergonzosa tutela de la industria extranjera". Para ello la Sociedad de Crédito Agrícola adquirió 223.000 metros cuadrados de terreno, equivalentes a 600 metros de playa. Al lado se previó además la construcción de viviendas para los obreros. Al siguiente año fue inaugurado. Allí se llegaron a construir pequeños buques mercantes, algún barco cañonero para la Armada, y los remolcadores-bomba de la Junta de Obras del Puerto.  Se dice que incluso parte del monumento a Colón también se llegó a hacer allí. Pocos meses después se aprobó la construcción de un varadero en base a un proyecto de Nicolás Lafuente. Hay constancia de que el arsenal convivió con otras dos atarazanas: la Cardona y la Minguell, que al cabo de unos años terminaron desapareciendo.


El carácter popular y humilde de la playa no eximía la presencia de personajes ilustres. Ello lo demuestra esta noticia publicada en el diario "La Vanguardia" el 30 de enero de 1893 que decía textualmente: "Nuestro querido amigo don Santiago Rusiñol, fue obsequiado ayer al mediodía con un banquete, que se verificó en el «Huerto de la Paloma», enclavado en la playa de Casa Antúnez. Sus muchos y buenos amigos los artistas y literatos de Barcelona, quisieron demostrarle con ese obsequio, cuánto les había gustado la conferencia que días pasados dio el señor Rusiñol en el Ateneo, con el título de «Mis hierros viejos». La conferencia pudieron leerla nuestros lectores, pues LA VANGUARDIA la insertó íntegra, y parte de esos hierros viejos del señor Rusiñol, quedaron expuestos ayer en el salón del periódico. No hay que decir que la fiesta resultó muy agradable, a lo que contribuyeron en gran manera, con sus brindis y poesías ingeniosos, los señores Yxart, Sarda, Rahola, Llanas, Pellicer, Moragas (don Enrique), Gener, Font y otros que sentimos no recordar en este momento. El menú era notable y debida su redacción, en caracteres dóricos y en catalán antiguo, á don Pompeyo Gener. En uno de los testeros de la sala, había una caricatura del señor Casas, que fue muy celebrada".


No todo fueron buenas noticias, pues la playa de Can Tunis fue testigo de numerosos sucesos, algunos de ellos trágicos, derivados mayormente de las imprudencias en el agua. Así, por ejemplo, el 25 de junio de 1883 el barquillero municipal Bernardo Ramendo Cristall salvó de morir ahogado a un joven de 17 años de edad que estaba nadando de noche en la playa. Y el 25 de julio de 1900 tuvo lugar dos incidentes. El primero cuando un individuo quiso meter en el agua a un caballo que tiraba de un carro y en cuya parte posterior del vehículo iba atado otro caballo. Estando a cierta altura carro y caballos se fueron al fondo del mar, pero  gracias al auxilio que les prestó un barquero, cortando la cuerda del caballo que iba atado detrás del carro y las riendas del que tiraba del mismo, pudieron salir del agua tanto el carretero como los caballos. El segundo, que sucedió por la mañana, fue el hallazgo del cadáver de un hombre de unos 38 años de edad, vestido con camiseta y calzoncillos, un vecino del barrio de Can Tunis que tras bañarse había desaparecido.


Otro suceso, esta vez de tipo pasional, lo anunciaba la prensa del 7 de abril de 1886. Una pareja joven se había fugado de sus casas. Al cabo de unos días él fue hallado muerto en la playa de Can Tunis, mientras que de ella sólo se recuperó un delantal pero no el cuerpo. El caso barajó la hipótesis de un suicidio pasional por parte de ambos o bien un asesinato.
En 1897 la playa de Can Tunis pasó a Barcelona con motivo de la agregación del municipio de Sants a la ciudad, además de otros. Llegados al siglo XX, el 13 de julio de 1905 se inauguró el Balneario Zoraya, nombrado popularmente “el balneario”, que incluía baños de pila y de oleaje y piscinas, además de un gimnasio y restaurante. Durante el verano organizaba regatas. Promocionaron la playa de Can Tunis como "las aguas más limpias y saludables de Barcelona". Los usuarios que allá acudían tenían incluido en el precio de la entrada el billete del tranvía. En aquellos años se instalaron también casas de baño, como la España, la Cibeles y Colón, las cuales convivieron con el crecimiento imparable de las actividades fabriles. El avance de la ampliación del puerto propiciaría la desaparición de algún tramo de playa.


Fueron años en los que se promovió Barcelona como ciudad de ocio y centro de veraneo marítimo, hasta el punto que en 1913 la Sociedad de Atracción de Forasteros calificó la ciudad como "Perla del Mediterráneo", tomando como referencia el nombre del balneario que jamás llegó a materializarse.
En 1914 se instaló un campo de tiro frente al arsenal, donde ocasionalmente los militares, especialmente el Regimiento de Artillería de Montaña nº1, efectuaban ejercicios de tiro al blanco por las mañanas.
La playa de Can Tunis fue especialmente conocida por sus merenderos que había en dirección al faro. Era entonces una playa limpia y sin contaminar, llena de arena blanca y carente de basuras. Estos merenderos se llenaban de público los días festivos de verano y otoño, de familias procedentes de otros barrios de Barcelona que iban a pasar el día. El barraquismo era muy escaso, salvo las barracas bajas de pescadores rodeadas de huertos, en terrenos ahora ocupados por la Zona Franca. Y es que aquella fue también zona de pescadores. Cuenta el historiador Julio Baños Soria que durante los años veinte del pasado siglo y en los meses de mucha actividad pesquera, el tranvía de la línea 48 hacía la función de vehículo de transporte del pescado capturado en la playa hasta la terminal del Paralelo, desde donde se distribuía con unas carretillas por los mercados, principalmente en La Boqueria. Para ello adaptaron los tranvías con unas grandes bandejas a modo de palé donde encima se colocaban las cajas de pescado, bien sujetas con unas cadenas para evitar su caída durante el recorrido. El tranvía fue también el medio de transporte de los bañistas, por eso se reforzaba el servicio durante el verano. Otros iban con sus propios medios, principalmente en carro de caballos.


Terminada la Primera Guerra Mundial se popularizaron las playas barcelonesas, de modo que ya no estaban reservadas a las clases sociales más pudientes, sino que al fin pasaron a ser para disfrute de todos los públicos. Fueron los años en los cuales los comercios vendían toda clase de artículos para la playa.
Narra la prensa de la época que el 8 de mayo de 1919, la Compañía Naviera Española tenía previsto botar en la playa de Can Tunis el vapor “Olesa”, entonces el mayor barco de vapor construido jamás en Cataluña, de 2.500 toneladas de peso, 1.150 toneladas de carga y 57 metros de eslora. En el acto oficial estuvo presente, entre las autoridades, el director de las Reales Atarazanas, Miquel Cardona, y la señorita Júlia Brugués, la madrina encargada del bautizo. Tras estrellar la tradicional botella de cava contra la proa, el barco comenzó a descender hacia el mar pero a los pocos metros se encalló. Nada salió como era de esperar y no fue hasta al cabo de dos días que lograron arrastrarlo hasta el agua gracias a la ayuda de dos remolcadores. Finalmente, se descubrió que la causa del incidente fue debida a que el sebo colocado en la panza del barca se había secado, razón por la que no resbaló.


Durante los años veinte el antiguo arsenal civil fue vendido a la compañía de hidrocarburos anglo-holandesa Schell, y finalmente a la española CAMPSA. La presencia de fábricas cercanas a la playa era muy notable, principalmente fundiciones, productos químicos y una aeronáutica civil. Quedaban todavía siete barriadas de barracas de pescadores.
Durante los años treinta las actividades de baño casi habían desaparecido en favor de las playas de la Barceloneta y de la Mar Bella, aunque en el barrio de Can Tunis la vieja estructura del antiguo Balneario Zoraya todavía se mantuvo. Las casas de baños permanentes fueron sustituidas por las temporales, solo instaladas durante la temporada de verano.
La Guerra Civil supuso un paréntesis y el cierre definitivo del balneario, que en realidad jamás fue un negocio rentable. Se dice que el motivo real se debió a raíz de una epidemia de peste bubónica en la barriada de Vidriol, situada muy cerca del balneario, sucedida cuando este complejo se inauguró, hecho que provocó el recelo de muchos barceloneses.


Durante los años de posguerra, las barracas de Can Tunis se extendieron por el territorio y ocuparon buena parte de la playa, de modo que algunas de aquellas casitas estaban muy cerca del mar. Ello provocó alguna que otra desgracia personal, pues cuando había temporal las olas llegaron a arrasar más de una barraca. Inicialmente se prohibió el baño en la playa. Por ese motivo era habitual ver a guardias de seguridad vigilando la zona y alertando que aquellos terrenos pertenecían al puerto franco. Sin embargo, se cuenta el anécdota de que una vez un bañista se resistió a marchar y se encaró ante las autoridades asegurando que la playa pertenecía en verdad a la Comandancia de Marina. Se dio la casualidad de que dicho bañista era comandante de Marina. Su actuación fue aplaudida por los vecinos del barrio. Tras ello, la playa volvió a abrirse al público, cuyos usuarios eran principalmente los residentes en Can Tunis y La Marina.


Durante los meses de verano, muchos jóvenes del barrio de Can Tunis acudían a pasar el día en la playa porque aquello era una forma de ocio y entretenimiento, prácticamente la única en aquellos años grises. A menudo iban a coger mejillones, de ahí que luego hiciesen las populares "musclades" usando una placa de hierro y fuego.
En 1961 el Plan Especial de Ordenación de la Montaña de Montjuich previó la construcción de un nuevo barrio residencial de lujo con vistas al mar, planteado como el primer gran balcón de la ciudad al Mediterráneo. Finalmente el proyecto no se llevó a cabo.
Las obras de ampliación del puerto fueron nuevamente retomadas, con lo cual la playa estaba destinada a desaparecer. La extracción de arena destinada a la construcción, originó dos lagos artificiales en los cuales era habitual que los vecinos del barrio se bañaran. Sin embargo, cada año había algún que otro ahogamiento por imprudencia. Eran de agua dulce, y la clave del éxito radicó en la tranquilidad de las aguas y en su temperatura templada. Estaban rodeados de cañas, juncos y matorrales. Algunos bañistas que habían ido a bañarse a la playa aprovechaban un chapuzón en uno de los lagos para sacarse la sal marina de la piel. Ambos llegaron a tener su propia fauna, como pollas de agua, patos salvajes, pájaros de varias especies y peces como barbos, tanques y anguilas. En 1965 se prohibió definitivamente el baño y pocos años después desaparecieron.
Probablemente el último acontecimiento importante que acogió la playa de Can Tunis fue el 15 de diciembre de 1965, cuando se celebró el I Campeonato Provincial de Actividades Deportivas del Movimiento. El ganador fue obsequiado con el Trofeo Almirante Jáudenes.


De los años cincuenta y sesenta del pasado siglo resulta imprescindible e inevitable hacer referencia al personaje de Paco Candel, el cual describió la playa de Can Tunis como una playa "que tiene un principio, pero no tiene fin. Por poco no se parece a la eternidad. Empieza a la derecha del puerto de Barcelona, después de la CAMPSA, y se pierde costa adelante hasta la Farola, hasta la desembocadura del río Llobregat". Explicaba que era entonces una playa desigual, sin uniformidad, que constaba de varios tramos distintos unos de otros: la playa de la Cloaca, la playa del Muro, la playa de las Rocas, la playa de los Bloques... como él las llamaba y como la gente de allí las conocía. Incluso durante los días de cada día, más tranquilos, con gente tomando refrescos en los merenderos, chicas bronceándose e incluso alguna que otra pareja de extranjeros despistada, a la playa de Can Tunis se la llamaba "Playa Capri". A la derecha había unos vertederos con escombros que iban ganando terreno al mar. Este tramo de la playa aparecía lleno de ladrillos y materiales de construcción. La playa ya no era limpia, pues al menos tres cloacas desembocaban por allí. Otro tramo de playa iba de los bloques de hormigón hasta el Faro, delimitado por un gran muro que hacía frontera con la zona rural, ya en vías de desaparición. En el paseo de la Agrícola se hallaban los vendedores ambulantes que ofrecían pipas, caramelos, helados, barquillos e incluso trozos de caña para hacer tendales y cobijarse del sol. Era habitual ver algunas veces a fotógrafos que plantaban el trípode en la arena y retrataban a grupos de bañistas. Recordaba que antaño era costumbre ir los sábados por la noche a la playa, pero eso lo prohibieron por razones de moralidad, incluidas las verbenas. Los merenderos eran casetas con techo de cañas y bancos a base de tablas de madera. Los refrescos se conservaban bajo el suelo, tapados por una gran tapa. No existía competencia entre puestos de bebidas porque cada uno tenía sus propios clientes.


Con la aceleración de las obras de ampliación del puerto de Barcelona a partir de 1967, la construcción del nuevo Muelle Príncipes de España propició la desaparición definitiva de la playa, que ha quedado para siempre en el recuerdo de quienes la conocieron. Discretamente dijo adiós la única playa de Barcelona que quedó siempre exenta del turismo, que nació y murió siendo humilde y popular.

Fotos: AFB, Arxiu Dimas, Arxiu Julio Baños, Destino.

4 comentarios:

Júlia dijo...

Interesante artículo, un lugar muy recordado, hay que ver cuantas cosas hemos perdido.

RICHY dijo...

que grande eres Amigo.
Mi padre siempre me ha contado que de novios El y mi Madre iban a la Playa de Can Tunis
Un saludo

núria marna dijo...

Moltes gràcies per recordar aquest lloc de Barcelona. El meu pare va neixer a una barraca de Can Tunis, i recordava que quan era petit, 4 o 5 anys, havien hagut de pujar a la taula perque la casa estava inundada pel mar. El meu pare va neixer a 1930.
El record de Can Tunis és un trocet meu,

Ricard dijo...

Gràcies als tres pels vostres comentaris. Una abraçada.