lunes, 25 de abril de 2016

Nicanor Molina Domenech, in memoriam


Descubro con especial disgusto la noticia de la muerte de Nicanor Molina Domenech el pasado día 16 de abril, a los 92 años de edad. Tuve el placer y el honor de conocerlo en persona en su casa sita en una zona residencial de Vallirana. Gracias a los escritos periódicos del presente blog se interesó por mi labor y consiguió contactar conmigo para que publicara una serie de artículos acerca de su vida. Fui a visitarlo algunas veces acompañado de mi amigo Francisco Hernández Calvo, empleado de TMB en calidad de conductor y apasionado como yo del mundo de los transportes, a quien también le despertó la curiosidad de conocer a singular personaje. De este modo, los dos mantuvimos unas conversaciones muy agradables con él y su mujer Rosario Bejarano, pues ambos aportaron una rica información oral y documental que ayudaron decisivamente a la redacción de mis cuatro artículos: sobre la revista "El Trole", sobre su etapa en Tranvías de Barcelona, sobre su breve etapa como guardia civil y sobre su faceta como periodista. Mis escritos fueron leídos y supervisados por él mismo, el cual se mostró muy satisfecho de mi trabajo. Siempre me felicitaba y tras un artículo esperaba ansiosamente el próximo. Afortunadamente dispongo de suficiente información para redactar algún artículo más, que espero sean avalados por su familia.


Si hacemos una breve biografía, Nicanor Molina Domenech nació en Colera (Girona) el 24 de noviembre de 1923. Hijo de Guardia Civil, en 1932 ingresó en el Colegio de Guardias Jóvenes (Sección Duque de Ahumada) de Valdemoro (Madrid) donde adquirió la vocación de su padre. En 1941 cumplió con el servicio militar, y en 1943 ingresó en la Academia de la Guardia Civil de Sabadell, obteniendo la titulación el 28 de febrero de 1944. Posteriormente fue destinado a la Comandancia 236 de la ciudad de Almería, donde ejerció hasta 1946 en que solicitó la rescisión de compromiso, pasando a residir en Barcelona el año siguiente.
Tras abandonar la Benemérita, en enero de 1949 entró a trabajar en Tranvías de Barcelona siéndole designado el número 818 de empleado y el número 718 de cobrador, cargo que siempre desarrolló. Permaneció durante doce años en la compañía, llegando a estar destinado en las cocheras de Diputación (en el Eixample), Sans (en Sants) y Vilana (en Sarrià). Al entrar en la empresa se hizo socio del Centro Cultural y Deportivo, una entidad de la cual podían disfrutar los trabajadores y familiares de Tranvías de Barcelona y del Gran Metro. Poco después vivió en persona una importante protesta por parte de los tranviarios que reclamaron ante la Magistratura del Trabajo la aplicación del nuevo Estatuto que debía otorgarles mayores derechos y mejores salarios.


Entre 1952 y 1954 fue el artífice de un boletín informativo autoeditado y autogestionado llamado "El Trole", precedente del "Boletín Informativo" de 1967 a 1980, cuyo principal objetivo era informar a los empleados de Tranvías de Barcelona de las disposiciones y acerca de la actualidad empresarial. En ese sentido, su relación con los compañeros de trabajo reflejó su carácter solidario y comprometido y su especial preocupación por el bienestar de los empleados tranviarios.
Paralelamente, una faceta que desarrolló fue la de periodista gráfico en numerosos periódicos de la época como "La Vanguardia Española", "Diario de Barcelona", "Solidaridad Nacional", "Telexprés", "ABC", "Hoja del Lunes", "El Noticiero Universal" y "La Prensa". Fue además colaborador gráfico y literario en "El Correo Catalán", escribiendo en una sección llamada "Barcelona al día" donde a través de una foto y un breve comentario se daban a conocer aspectos del día a día de la ciudad relacionados con elementos urbanos, sucesos, civismo y vida cotidiana de las personas. Pocos periodistas fueron capaces de acercarse tanto a la ciudadanía como él, intentando transmitir a los lectores el sentimiento humano en relación con su entorno inmediato, ofreciendo una visión objetiva de la realidad tal y como era, con sus bellezas y sus miserias.


Sus artículos, puro reflejo de su vocación periodística, nada tienen que envidiar a los publicados por periodistas profesionales teniendo en cuenta que su formación fue completamente autodidacta. Si en algo merecen destacar es por el hecho de ser de opinión, algo complicado de hacer en aquellos tiempos teniendo en cuenta que el ojo de la censura estaba siempre al acecho. Su trabajo significó una interesante y singular aportación a la memoria histórica local, a la vez un reflejo tanto de aspectos de la vida cotidiana como de algunos hechos significativos, a menudo con un recurrente tono irónico o incluso crítico.
Tras abandonar su cargo de cobrador en Tranvías de Barcelona, posteriormente trabajó como guardia civil de tráfico y finalmente como guardia urbano. Primero ejerció en L'Hospitalet de Llobregat a partir de octubre de 1961, al lado de la Fundición y Talleres Samper, pasando a las oficinas de la Guardia Urbana en 1966. Y desde marzo de 1968 pasó a ejercer en Sant Feliu de Llobregat. Acerca de este municipio escribió diversas crónicas entre 1969 y 1995 que llevaron a convertirlo en toda una institución, llegando incluso a ser corresponsal de la Agencia EFE. El Arxiu Comarcal conserva el fondo documental que el mismo Nicanor Molina Domenech cedió.


En las visitas a su casa de Vallirana y como compensación a su invitación tuve la oportunidad de obsequiarle con dos de mis libros: "Destinació Nou Barris. Un viatge per la història dels transports de Nou Barris" y "Funiculars i telefèrics de Montjuïc". Igualmente, mi amigo Francisco le obsequió con un ejemplar de su novela "Melvalna 279. El viaje que cambiará tu vida". Siempre se sintió muy agradecido por nuestras visitas y por mis artículos. Fue una satisfacción que tuvo al final de su vida. Lo recordaré como un hombre inquieto y con inquietudes, simpático, abierto, hospitalario y bueno. Siempre te arrancaba una sonrisa porque era inevitable. Le encantaba enseñar sus colecciones de billetes de transporte, de fotos, sus carnets profesionales, sus boletines, sus postales y sus recortes de prensa. Invitaba a una cerveza fresca y tanto yo como mi amigo Francisco marchábamos de regreso a Barcelona con unos bombones que su mujer Rosario nos regalaba.
Sin lugar a dudas, a Nicanor Molina Domenech se le podría considerar un verdadero patricio, expresión que se usaba antaño para definir a un hombre con clase, muy noble y extraordinariamente virtuoso. Puedo asegurar que así fue él. A sus 91 años de edad camino de los 92 conservaba vitalidad interior y ganas de enrolarse en nuevos proyectos, como si jamás fuese a morir. E hizo muy bien, porque supo sacar gran provecho a su vida en lo bueno y en lo malo.


A su paso por el mundo tuvo la oportunidad de hacer exactamente todo aquello que le gustaba, de ahí sus frutos y su aportación. Este es su legado y reivindicar su figura contribuye a mejorar y enriquecer un ámbito importante de nuestra historia local. Siempre he sido creyente, así que me permito decir que allá donde haya ido merecerá ocupar un lugar especial, porque gente de su clase poca queda en el mundo y deben tenerse muy en cuenta. Descansa en paz amigo mío. Has hecho buen trabajo y mucho más. La difusión de tu memoria histórica continuará. Nos volveremos a encontrar en la eternidad.

Fotos: archivo personal de Nicanor Molina Domenech.

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