lunes, 23 de noviembre de 2015

El Barrio Chino Perfumado de Barcelona o Triángulo del Sexo


Barcelona ha tenido más de un Barrio Chino. El más mítico y del que siempre se ha hablado es el que ocupó el Distrito V, actualmente conocido como Raval, donde se forjaron numerosas historias y leyendas, se abrieron infinidad de locales emblemáticos que otorgaron identidad al barrio, se escribió mucha literatura al respecto y se dieron a conocer artistas y personajes singulares.
Sin embargo, también existió el popularmente llamado Barrio Chino Perfumado o Triángulo del Sexo. Desconocido para muchos barceloneses, fue la versión rica, cara, elegante y distinguida del Barrio Chino pobre y marginal. Situado en la actual Esquerra de l'Eixample, se hallaba delimitado por el triángulo delimitado por las calles de Urgel (Comte d'Urgell), Provenza (Provença) y la avenida de la Infanta Carlota (Josep Tarradellas). Su origen se remonta a partir de la segunda mitad de los años cincuenta cuando el franquismo aprobó el Decreto-Ley de 3 de marzo de 1956 que abolía y prohibía la prostitución, conforme con la Convención de Ginebra de 1949 que varios países, entre ellos España, habían firmado. Ello comportó el cierre de 98 prostíbulos en Barcelona más 42 casas de citas clandestinas, además de la marcha de muchas prostitutas. Sin embargo, como la demanda generaba la oferta las trabajadoras del sexo pronto regresaron, vinieron otras nuevas y el negocio de la prostitución no hizo más que reciclarse para sobrevivir y burlar la nueva prohibición gubernativa. Así, por ejemplo, la mayoría de los viejos burdeles se limitaron a reconvertirse en meublés, hostales y pensiones para evitar su cierre. Paralelamente, se montaron snak-bars o bares de alterne, llamados oficialmente clubs y popularmente puticlubs, cuyas camareras eran en realidad prostitutas recicladas que ofrecían a los clientes una consumición más el servicio sexual. Su aparición se debió al fracaso de intentar sacar a aquellas chicas de la prostitución para que se dedicaran al baile y al espectáculo, incluso haciendo giras por Oriente Medio, pero la demanda no fue la esperada, lo cual repercutió en escasas ganancias económicas. Estos locales, relativamente económicos de montar, fueron auténticos centros de prostitución encubiertos. Oficialmente eran presentados como bares de copas para evitar su clausura. A efectos prácticos, tanto la policía como las administraciones sabían perfectamente lo que allá dentro se cocía, pero como a menudo solía pasar en aquellos tiempos, se hacía la vista gorda al considerarse un mal necesario con el cual la población tenía una válvula de escape para desahogarse. La nueva normativa lo que finalmente consiguió es que el negocio del sexo se extendiese más allá del Barrio Chino, por toda Barcelona. El de más calidad se hallaba en el Eixample y en los barrios más pudientes situados por encima de la avenida Diagonal había los llamados de alto standing.


A diferencia del Barrio Chino tradicional, en el Barrio Chino Perfumado las prostitutas no estaban en las esquinas de las calles sino que permanecían dentro de los bares de alterne. La zona se hallaba bien comunicada tanto con transporte público como para acceder en coche particular, y al tratarse del Eixample ofrecía un ambiente de mayor seguridad y elegancia. El Meublé Diagonal era el punto donde se ofrecían los servicios sexuales. Se hallaba en la avenida de Sarrià, donde actualmente hay el hotel Melià Barcelona (antes Gran Hotel Sarrià Sol). En cuanto al funcionamiento de los clubs de alterne, según explica el sociólogo Ramón Draper Miralles en su libro Guía de la prostitución femenina en Barcelona (Ediciones Martínez Roca, S.A., 1982) "Al principio, las camareras (la mayoría de las cuales provenían de prostíbulos cerrados) guardaban una total sumisión a la "patrona", que les indicaba el cliente al que debían agradar y complacer. El contacto sexual se llevaba a cabo en los reservados del local o bien en sus almacenes o servicios. Existía un precio de consumición para poderse llevara a la camarera fuera del local. Un elevado precio que, por lo general, consistía en pagar una botella de whisky sin ni siquiera descorcharla, ganancia que pasaba íntegramente a la patrona. De esa botella la camarera no percibía ninguna comisión, puesto que en los casos de salida del local, ella debía cobrar directamente su servicio sexual al cliente. Las patronas no percibían nada de los servicios sexuales que realizaban y cobraban las camareras en las salidas del local o en el interior del mismo, pero percibían el ingreso del gasto que efectuaba el cliente durante su estancia en el local, si el servicio sexual se llevaba a cabo en éste. Como es lógico, antes de acceder a la demanda carnal del cliente, la camarera ya había conseguido de éste un elevado gasto en consumiciones, a lo que había que agregar las consumiciones que se hacían al pasar al reservado o lugar donde se iba a llevar a cabo el servicio sexual. El coste de las consumiciones con reservados o lugares destinados al servicio sexual era elevado. La consumición obligada era la botella de champaña al precio de dos mil pesetas, por término medio, cuando el coste de la botella consumida no ascendía a más de cien pesetas. La mayoría de las camareras no ponían precio a su servicio carnal, pero sí pedían un regalo o una propina, que acostumbraba a rondar las mil pesetas. A pesar del alto coste de esta prostitución, el cliente salía del snak-bar convencido de que no había tenido trato con una prostituta, sino que todo había sido una conquista".


Según explica Miquel Barcelonauta en su blog Barcelofília, la calle del Rosellón, entre Urgel y Viladomat congregaba el primer núcleo importante de locales con barra americana. En la misma esquina con la calle de Borrell habían, junto el uno del otro, los locales llamados Saint Germain des Lis y Bar Astur, y en la misma finca el Club Piratas. Hacia la calle de Viladomat se encontraba el Bar Mi Cafetal, posteriormente llamado Mirlan's. En el número 228 de la calle de Calabria cerca de Rosellón estaba la Cafetería Aries y justo al lado, en el número 230, el Kontiki. Otro núcleo importante quedaba situado al principio de la avenida de Sarriá tras la gasolinera, entre la calle de Londres y la avenida de la Infanta Carlota Joaquina, habiendo especial actividad en la calle de Buenos Aires entre Urgel y Borrell. En esta zona entre otros habían el Bar Borrell (Borrell nº 294); en la avenida de Sarrià los locales Jazmín (nº 8), Las Amis (nº 13) y Las Vegas (nº 39); y en el número 11 de la calle de Buenos Aires el Club Yuma. En otras zona más alejadas de este núcleo principal destacaban las del inicio de la calle de Londres con los clubes Sinuhé (nº 20), Nicosia y Pequeño Rancho (nº 23) y De Aivis (nº 39); y en la confluencia de la calle de Entenza con la avenida de la Infanta Carlota se podían encontrar entre otros el Club Yoncano (Entenza nº 189), así como Las Infantas y el Rancho Grande (Infanta Carlota 56 y 58 respectivamente).
Los clientes más habituales eran personas de clase media-alta y alta, con buen poder adquisitivo, ya que la gente más humilde acudía al Barrio Chino tradicional. Un colectivo frecuente de estos locales esporádicamente fue la llamada Gauche Divine barcelonesa, "denominación creada en octubre de 1967 por el periodista Joan de Sagarra para un heterogéneo grupo barcelonés de “nens de casa bona” que a finales de los sesenta, y al amparo del relativo aperturismo del régimen, pretendió renovar la cultura española poniéndola en contacto con las corrientes europeas de pensamiento y estética más modernas de la época", según explicaba el periodista Alberto Villamandos. Otro colectivo era, aunque con menor medida, los marines norteamericanos de la VI Flota, los cuales pagaban bien y muy a menudo con dólares. Durante los años sesenta y setenta, cuando el alcalde Porcioles promocionó Barcelona como "ciudad de ferias y congresos", numerosos viajantes, comerciantes, negociantes, representantes y expositores tanto españoles como extranjeros se convirtieron en clientes que acudían a esta zona del Eixample debido a su carácter higiénico y discreto con respecto a otras zonas más insalubres e inseguras. Ello repercutió positivamente a la rentabilidad de estos locales que obtenían ganancias extras.


Paralelamente a los puticlubs, en los años sesenta un empresario francés llamado Marcel intentó abrir allí la primera casa de masaje sexual en colaboración con Madame Manolita, dueña de un snak-bar de la calle de Amigó. Pero el elevado precio de los servicios sumado al miedo que tenían los clientes de acudir por el carácter clandestino del negocio hizo que finalmente fracasara. A diferencia, sí que funcionó con gran éxito el night-club Mister Dollar, inaugurado en 1970 en el número 134 de la avenida de la Infanta Carlota y anunciado como sala de fiestas. Se caracterizó por la celebración de espectáculos eróticos muy atrevidos para la época. Para ello sus propietarios siempre estaban al tanto de si entraban en el local agentes de la autoridad, de modo que se comunicaban mediante un lenguaje de signos para advertir su presencia. Si no había riesgo, las artistas hacían su exhibición, y en caso contrario, enseguida procedían a cubrirse. Trampas de una época restrictiva.
En 1972 la administración puso en marcha en toda España una operación de desarticulación de redes de prostitución, llegando a crearse en Barcelona un juzgado especial para "represión de la prostitución y saneamiento moral de la ciudad", tal y como indicaban literalmente las autoridades. Como principal medida, fueron cerrados muchos meublés. En el Barrio Chino Perfumado numerosas prostitutas que trabajaban de camareras en los puticlubs marcharon, abriéndose unos años de crisis en aquellos locales que como consecuencia perdieron demanda. Algunas trabajadoras sexuales, al no poder ejercer en los clubs, optaron por hacerlo en la calle, concretamente en las aceras de las calles de Buenos Aires, Urgel, Viladomat, Londres y la avenida de Sarriá. A estas chicas se incorporaron otras de edades variables entre los 15 y los 35 años, trabajando casi siempre dentro de los coches de los clientes y raramente en una habitación, cobrando entre 1.000 y 7.000 pesetas. Las mayores de edad eran auténticas profesionales en la materia mientras que las menores procedían de los barrios de La Mina y Verdum y de las ciudades del extrarradio, generalmente drogadictas y sometidas duramente al proxeneta.


Posteriormente, durante los años de la Transición y los años ochenta hubo una cierta reactivación, y a esa nueva rentabilidad ayudó la permisividad de publicar en los periódicos y revistas de anuncios de contactos y relax, hecho que atrajo una nueva demanda de clientes no solo adinerada sino también de clase media cuya capacidad económica era superior. Sin embargo, poco antes de celebrarse los Juegos Olímpicos en 1992, de cara al espejo internacional se quiso eliminar la imagen de Barcelona como ciudad del sexo para imponer un modelo políticamente correcto. Ello comportó el cierre de casi todos los puticlubs, con lo cual el llamado Barrio Chino Perfumado quedó literalmente desmantelado. En la actualidad han sobrevivido muy pocos locales, como el Passport (Londres nº 20) y el Basinger (Buenos Aires nº 13). En el año 2012 cerró definitivamente el night-club Mister Dollar.

Fotos: Barcelofilia, Facebook, Mil Anuncios.

2 comentarios:

Júlia dijo...

En aquella època trabajaba en una oficina de por allí y el ambientillo era constante, toda una época, no entiendo tanto puritanismo olímpico.

Ricard dijo...

Cierto Júlia, porque esto siempre ha habido y siempre habrá en Barcelona.