jueves, 6 de agosto de 2015

Carles Salmerón i Bosch: mi amigo y mi maestro


Ojala nunca tuviese que publicar artículos como éste, debidos a raíz de sucesos negativos, pero lamentablemente las circunstancias me obligan a hacerlo. Por ello veo necesario e imprescindible hacer un repaso ineludible a la figura de Carles Salmerón i Bosch, fallecido el pasado miércoles día 5 víctima de una larga enfermedad. Se lo debo, porque aparte de haber sido un buen amigo, fue mi maestro, el hombre que me inspiró a llegar hasta donde he llegado en cuanto a producción literaria se refiere.
El 31 de mayo de 1986, cuando cumplí 15 años de edad, mi hermana Griselda me regaló para la ocasión un libro llamado "Els Ferrocarrils Catalans. Cent Anys d'història". Era el volumen 5 de la colección Els trens de Catalunya, editado por Terminus. Me pareció un trabajo muy interesante, bien elaborado, bien documentado y bien ilustrado. En la solapa del colofón observé la imagen del autor, un hombre joven, barbudo y de aspecto agradable. Debajo, un listado de los volúmenes publicados y de los pendientes de publicación. Uno de ellos, el 13, titulado "El F.C. Sarrià-Barcelona i els Ferrocarrils de Catalunya" me interesó en especial, así que intenté contactar con el autor para averiguar su próxima aparición. Mi madre me ayudó en la tarea y en las Páginas Azules halló su nombre y apellidos, anotó la dirección y número de teléfono. Llamé dos veces, pero en ambas saltó el contestador automático de la editorial Terminus. Opté por probar suerte y dejar un mensaje por si había respuesta. Al cabo de unos días recibí una inesperada llamada telefónica. Mi madre cogió el teléfono y me dijo que era para mí. Al ponerme el interlocutor me dijo:
- Hola, bona tarda. Sóc en Carles Salmerón. He escoltat els teus missatges i volia contestar-te en relació al teu interès pel volum 13 sobre el tren de Sarrià i del Vallès.


Desbordé de alegría. Por su voz lo recordé como un hombre agradable, educado, atento y receptivo. Me avisó de que ese libro que tanto esperaba no vería la luz hasta finales de 1988 porque aquellos eran libros muy laboriosos y que, por tanto, requerían su tiempo de preparación por la ardua tarea de investigación. Sin embargo, me recomendó entre tanto su libro "El tren de Montserrat" perteneciente a la misma colección (volumen 8) y que estaba a punto de salir. Dos años de espera me pareció mucho tiempo, pero el tiempo pasa volando, a veces demasiado y, finalmente, tuve ese libro como regalo de Reyes. Era el volumen 13A "El tren de Sarrià. Història del ferrocarril Barcelona-Sarrià". Para mi próximo cumpleaños de 1989 no lo dudé en absoluto y solicité como regalo la continuación llamada "El tren del Vallès. Història dels ferrocarrils de Barcelona a Sabadell i Terrassa", volumen 13B.
Dada mi gran satisfacción por la calidad de aquellos volúmenes, tuve una nueva conversación con él y aproveché para preguntarle si era pariente de Nicolás Salmerón, presidente de la Primera República Española. Lo afirmó, razón por la cual le expliqué que mi padre siempre aseguraba que nosotros también lo éramos, ya que mi abuela se llamaba Francisca Cazorla Salmerón y mi bisabuelo, Juan Fernández Salmerón, era primo-hermano de dicho personaje histórico. Curiosidades y coincidencias de la vida. Me gustaría creer que existe un parentesco aunque en mi rama familiar el apellido Salmerón se haya perdido.


Disponer de algunos volúmenes de la colección Els trens de Catalunya me animó a adquirir el resto de los que iban apareciendo en el mercado, todos ellos dedicados a los ferrocarriles locales y de vía estrecha catalanes. En 1992 tuve la agradable sorpresa de descubrir que esta colección tuvo continuidad con la publicación de los volúmenes 16 y 17 relativos a la historia del metro de Barcelona y que los adquirí de inmediato. En otra conversación telefónica, le aconsejé que publicara nuevos libros de esta colección dedicados a los ferrocarriles de montaña (funiculares y teleféricos) de Barcelona y Cataluña y a la red ferroviaria catalana de vía ancha, recomendaciones que tomó en consideración de buen grato y que en otras colecciones de su editorial publicó.
Entre 1989 y 1990 el circuito catalán de TVE emitió la serie "Catalunya misteriosa", presentada por el profesor Sebastià d'Arbó y dedicada a explicar fenómenos paranormales. Uno de esos episodios trató acerca de la red ferroviaria catalana, y entre los invitados estuvo el mismo Carles Salmerón hablando del trágico accidente del cremallera de Montserrat y de las leyendas sobre trenes fantasma.


Su proyecto más ambicioso fue el del Museu del Ferrocarril La Pobla-Castellar, que integraba además el conjunto fabril modernista del Clot del Moro, los jardines de la Font de la Magnèsia y un pequeño tren turístico de acceso al recinto. Para ello adquirió una vasta colección de locomotoras, vagones, tranvías, autobuses y otro material móvil variado para ser reconstruido a cargo de una escuela de restauración allá instalada (Escola de Vehicles Antics), todo ello con el fin de forjar y fomentar una cultura del patrimonio ferroviario, muy potente en otros países extranjeros pero lamentablemente escasa en el nuestro. Sin embargo, los problemas derivados de una incomprensible falta de sensibilidad por parte de las administraciones local y autonómica sumado a la actitud envidiosa de algunos aficionados a los transportes que, de manera demagógica se dedicaron a injuriarle y a difamarle, impidieron la viabilidad de este magnífico proyecto. Siempre creí en la honestidad de ese hombre que tanto me había fascinado, razón por la cual le apoyé y escuché en sus momentos más difíciles. Siempre agradeció mis palabras de defensa que hice hacia a su figura en foros de debate y medios de comunicación de Internet.
Fue en aquellos años, a raíz de una ponencia que hizo en el Col·legi d'Enginyers Industrials de Barcelona cuando lo conocí en primera persona. Le hablé de mi labor como escritor de libros de historia del transporte y de mi posible parentesco con Nicolás Salmerón, dos temas que fueron de su agrado y por los que me gané sus simpatías. También lo había visto en dos ocasiones más en un viaje organizado por la Associació d'Amics del Ferrocarril de Barcelona al Museu del Ferrocarril La Pobla-Castellar, donde él mismo hizo de guía y anfitrión del numeroso grupo de visitantes.


En sus últimos años continuó con su actividad dedicada al mundo de los ferrocarriles, escribiendo, publicando, visitando empresas, acudiendo a ferias y congresos y, sobretodo, viajando por varios países para conocer e intercambiar experiencias. Hasta el último aliento de su vida nunca dejó de trabajar en lo que él más amaba, dedicando buena parte de su vida a hacer todo aquello que le gustaba.
Me importa la figura de Carles Salmerón porque gracias a él soy autor de varios libros de historia de los transportes. Sus libros de la colección Els trens de Catalunya me inspiraron y animaron a escribir para contribuir con mi granito de arena a esa historia, tomando su ejemplo. La estructura de sus libros y su estilo literario me orientaron decisivamente para aprender cómo se debe escribir un libro de aquellas características. De ahí que siempre he afirmado que, sin dudas, fue mi maestro y mi inspiración, algo que tuve el placer de decirle personalmente en el año 2003 cuando se ofreció a participar en la presentación de mi libro "El Mina-Grott. Història d'un petit tren de Vallvidrera". No negaré que por mis palabras se sintió profundamente halagado. En aquél entonces coincidimos también en la inauguración del Trambaix y en actos posteriores como la inauguración del tramo "Canyelles-Trinitat Nova" de la L3 de metro el año 2008.


Por ahora sus libros nunca han sido superados. Además de llenar un vacío histórico muy importante, otros libros sobre ferrocarriles catalanes y del metro de Barcelona no han llegado al nivel cualitativo de sus publicaciones editadas por Terminus, sino más bien los resultados de sus "imitadores" han sido mediocres. Sin embargo, buenos libros de historiadores como Joan Sans Pont, Ferran Armengol, Miquel Àngel Haro, Carles Urquiola, Eugeni Luque, Joan Maria Gallardo, Lluís Prieto i Tur i Joan Alberich González han sido posibles gracias a que previamente escribió los de su colección Els trens de Catalunya, los cuales sirvieron de referente fundamental.
No quiero afirmarlo como un cumplido sino de todo corazón que Carles Salmerón i Bosch ha sido la persona que más ha contribuido a la recuperación, fomento y difusión de la memoria histórica de los transportes y quien más lucho para hacer realidad un museo que todavía está pendiente. En definitiva, ha sido el historiador del transporte más importante de estas últimas décadas. Su obra constituirá un legado tanto para las generaciones presentes como para las futuras, y sería un deseo encomiable que su hijo Joan Carles siga los pasos de su padre para mantener permanente este magnífico proyecto, mucho más que un sueño realizable.
Gràcies, amic. Gràcies, mestre. Com deia la meva mare, ja ens trobarem. Fins un altre, Carles.

Fotos: archivo CELAN Digital, archivo Historias del Tren, Enric Ticó, familia Fernández Valentí, Gumí.

9 comentarios:

Júlia dijo...

Un homenaje merecido y entrañable

Jordi dijo...

No el vaig conèixer personalment però sé que hem perdut un referent. Vaig descobrir aspectes inèdits dels carrilets catalans gràcies a ell.

Enric H. March dijo...

Una gran pèrdua. Queda la feina feta i el testimoni que recullen persones com tu, Ricard.

Ricard dijo...

Moltes gràcies pels vostres comentaris. He anat al seu funeral, celebrat a la parròquia de Sant Francesc de Paola, al Poblenou. Ha estat un acte emotiu. Esperem que el seu fill Joan Carles continuï amb el llegat del seu pare i un dia l'anhelat Museu del Transport sigui una realitat.

Ricard Ricon Serra dijo...

Vaig coincidir amb ell en viatges a Castejón per fotografiar "Mikados" Tinc la sort de tenir tots els seus llibres.
Quand vaig anar al Museu de Clot del Moro sempre ens va atendre personalment. Reposa en pau Carles.

Carlos dijo...

Tengo varios de sus libros: "El tren de Montserrat", "Els ferrocarrils catalans", "El metro de Barcelona" ... Descansa en paz, Carles, te has ido demasiado pronto ...

Carlos dijo...

Como Ricard, fue Carles también para mí una gran inspiración en la literatura ferroviaria de nuestro país, terreno baldío prácticamente hasta que Carles Salmerón inició sus extensas y escrupulosas publicaciones. Con los años, pude hacerme con la práctica totalidad de los volúmenes que publicó y le conocí en una de las visitas que hizo a Mallorca, en el año 2011. Lamento profundamente su pérdida porque la arqueología ferroviaria dice adiós a una de sus más importantes piedras angulares. Descanse en paz, espero reencontrarle en los andenes de la última estación.

Joan Sans Pont dijo...

Desde que lo conocí a principios de los años 80 del siglo XX, me cautivó su rigurosidad en la investigación històrica a la vez que su sencillez en el trato personal.
Admirador y lector de TODA su obra, lo poco que he escrito, ha sido siempre guiado por su estilo, por su buen hacer.
La última vez que lo ví con vida, ya muy maltrecho por el càncer que se lo llevó, fue el domingo 19 de julio , como no, en un tren, en el Cremallera de Montserrat, al que vino a participar en el acto del 20 aniversario de los "Amics del Cremallera i Funiculars de Montserrat" y en la ascensión del cual compartimos asientos. En la amable conversación, hablamos del "sueño" de los Amics de hace 20 años, soñando en que algun dia pudiera existir un nuevo cremallera y de que ya hace 11 años de su inauguración !!
Consciente de su realidad, me dijo que queria despedirse de la Moreneta. Agravado en su dolència, se ausentó antes de participar en el almuerzo colectivo.
Ya la sguiente noticia fue la de su muerte y el acto fúnebre del dia 7 en la Iglesia de Sant Francesc de Paula, donde tras la ceremonia religiosa se nos acompañó por deseo propio con el "Viatge a Itaca" de Lluís Llach y el canto por parte de los assistentes, del himno nacional "Els segadors" ante un ataud cubierto por la senyera. Como decia a menudo "més lluny, hem d'anar més lluny ..."
Gàcies Carles per tot el que ens vas donar !

Anónimo dijo...

Llàstima que fos tant devot de símbols i d'objectes, i no estigués més per les persones.