lunes, 18 de agosto de 2014

La barriada de Pekín, el auténtico barrio chino de Barcelona


Si bien es sabido que el popularmente llamado Barrio Chino barcelonés, oficialmente Raval, no debió su denominación al hecho de haberse asentado allí una comunidad china, bien distinto sería el caso de la actualmente desaparecida barriada de barracas de Pekín, en Poblenou.
Históricamente deberíamos remontarnos hasta finales del siglo XIX, coincidiendo con las guerras que Cuba mantuvo con España para conseguir su independencia: la Guerra Grande (de 1868 a 1878), la Guerra Chiquita (de 1879 a 1880), la Guerra de la Independencia Cubana (de 1895 a 1898), y la Guerra Hispano-estadounidense (de 1898). En la isla la comunidad china era muy importante, pasando de ser esclavos junto con la comunidad africana a evolucionar como comerciantes para abrir tiendas de productos de abasto y restaurantes. Generalmente se trataban de refugiados, exiliados y emigrados que habían huido de su país por motivos políticos y para mejorar su calidad de vida. Otros, procedentes de Hong Kong, Macao y Taiwán llegaron como mano de obra barata. La integración de los chinos a Cuba fue hasta el punto que muchos contrajeron matrimonio con mujeres cubanas generando mestizaje y otros se convirtieron al catolicismo.


En relación a las antes mencionadas guerras, el conflicto bélico ahuyentó a una parte de la comunidad oriental. Quienes optaron por posicionarse del lado de la Corona española emigraron hacia España, de los cuales algunos de ellos llegaron hasta Barcelona. Se dice que mayormente fueron chinos católicos de la provincia de Cantón. Tras haber abandonado forzosamente todo lo que tenían en la isla y, por consiguiente, habiendo perdido cuanto habían ganado, no disponían de recursos económicos alguno, hecho que les obligó a asentarse en barracas. Llegados a Barcelona, los grupos de familias chinas ocuparon unos terrenos del barrio del Poblenou, limitados por el mar, la línea del ferrocarril, la fundición Can Girona y la riera de Horta. Para algunos el motivo de tal ubicación se debió al hecho de que eran pescadores y, por consiguiente, estaban familiarizados con el mar y podían conseguir parte de su sustento mediante la pesca. La creación de la barriada se suele señalar en el tiempo a partir de 1870. Así fue como nació el primer foco de barraquismo en Poblenou que, igual que otros, se erigió de manera espontánea en un espacio que se hallaba al margen de cualquier planificación urbana, carente de infraestructuras ni servicios sociales.


Sin embargo, otras fuentes de información aseguran que dichas familias chinas no procedían de Cuba sino de las Filipinas, y que huyeron del archipiélago tras la revolución de 1896 a 1898, pero casi siempre se coincide en que fueron chinos quienes crearon este núcleo. Chinos o filipinos, el caso es que el hecho de ser orientales fue la razón por la que los barceloneses lo bautizaron con el nombre de la capital de la China. Llegaron a construirse alrededor de un centenar de barracas de madera, algunas de ellas aprovechando los restos de las embarcaciones con las cuales llegaron. Estaban forzosamente alineadas una al lado de otra por tratarse de un espacio estrecho, aunque también habían calles, como la de San Lorenzo, que delimitaba con la estación, la línea y los talleres del ferrocarril, y otras como Santa María, Miramar y San Salvador. Más allá había en un extremo la playa de la Mar Bella, donde convivían bañistas y pescadores. En el otro, tocando el término municipal de Sant Adrià de Besòs, había el Camp de la Bota, presidido por el Castillo de las Cuatro Torres erigido en 1858, el campo de tiro del periodo napoleónico y un conjunto de baterías de defensa construidas como medida de prevención ante un posible ataque de tropas norteamericanas durante la Guerra Hispano-estadounidense de 1898.


Los trabajos de construcción del recinto ferial de la Exposición Universal de 1888, así como otras obras públicas de la ciudad atrajeron numerosa mano de obra procedente del resto de España que terminó asentándose en la barriada de Pekín conviviendo con la comunidad china. A ellos se sumaron pescadores expulsados de la Barceloneta. En 1898 el núcleo tenía alrededor de 90 chabolas y 700 habitantes, principalmente jornaleros, pescadores, albañiles, mecánicos, barberos y, sobre todo, vendedores de pescado, de frutas, de utensilios de cocina y de mercería.
El gobernador civil de Barcelona Ángel Ossorio Gallardo en referencia a este asentamiento decía que "sobre la playa de Pueblo Nuevo hay un barrio de una originalidad impresionante, formado por algunas cabañas y miserables barracas habitadas por familias de todas las razas y naciones que constituyen una tribu tan extraña como pintoresca". Precisamente el hecho de que aquel paisaje fuese la otra cara de Barcelona fue motivo de inspiración para el pintor Isidre Nonell, que en 1901 pintó un óleo relativo a la playa de Pekín. Además, frecuentaba a menudo el lugar donde tomaba apuntes al natural, e incluso de allí llegó a encontrar y contratar a las modelos femeninas que aparecían en sus cuadros.


En 1906 la Junta de Instrucción Moral Religiosa, fundada por el reverendo Manuel Barguñó con la colaboración de la Congregación de San Luís de la parroquia de Betlem, desarrolló en la barriada diversas acciones sociales para dotar al núcleo de una escuela, un dispensario y una capilla para ofrecer servicios religiosos. Posiblemente en ese mismo año se construyó la iglesia, llamada oficialmente de la Sagrada Familia pero conocida popularmente como de San Pedro Pescador. En 1909, durante los sucesos acaecidos en la llamada Semana Trágica, del 26 al 31 de mayo del citado año, el templo sufrió serios daños, los que obligó a su reconstrucción. El primer rector fue Josep Deix i Serra, el cual, preocupado por las condiciones de vida de los barraquistas, en 1904 escribió que "l'aspecte general de la barriada és un munt de trastus vells, com estores, persianes, llaunes de petroli, teules, fustes i canyes, fent naxer forta commiseració al cor més insensible la miseria aclaparant d'aquells malaurats que tot i trobantse a les portes de la població més rica de Catalunya, semblan viurer al recó més miserable de la terra". La marginalidad era tal que incluso algunas guías dirigidas a la clase burguesa hacían referencia especial a la barriada porque era un lugar idóneo para encontrar niños y niñas con quienes mantener relaciones sexuales a bajo precio.


A partir de los años diez se dispuso de una Casa del Pueblo, que entre otras funciones hacía de escuela para los 70 niños y 30 niñas que entonces había. Fue el primer equipamiento creado al margen de la congregación religiosa. Allí estaba el alcalde de barrio, simpatizante del Partido Radical. Ni él ni los que vinieron después pudieron solucionar nunca los déficits padecidos, como era la falta de agua potable, luz, cloacas, desagües u otros servicios.
Como era habitual en todos los barrios construidos muy cerca del mar, se exponía a menudo a recibir los azotes que propinaban los temporales, arrasando barracas y pereciendo población. Ante la situación, muchos barraquistas iban a pedir auxilio a la gente del Poblenou. La ayuda económica consistía en que un grupo de habitantes de la barriada de Pekín desfilara lentamente por la calle de Marià Aguiló con una sábana extendida sobre la cual los vecinos de las casas lanzaban sus donativos desde las ventanas y/o balcones. En enero de 1911 los residentes a tocar del muro que separaba la playa de la línea del tren hubo de ser perforado para poder evacuar el agua y evitar así muertes por ahogamiento. En 1917 hubo también un fuerte temporal, y en los años veinte se sucedió otro que prácticamente destruyó toda la barriada. No obstante, la llegada de nueva inmigración permitió su reconstrucción y ampliación hacia el Camp de la Bota, originando un nuevo barrio de barracas que tomó dicho nombre, y que poco tenía que ver con el de Pekín. Los nuevos habitantes eran gentes procedentes del resto de España atraídos por la demanda de obreros para la construcción del recinto ferial de la Exposición Internacional de 1929, obras públicas varias de la ciudad y las nuevas líneas de metro.


Ante la creciente preocupación del fenómeno del barraquismo, se creó en 1933 l'Associació d'Assistents Socials, de la cual la barriada se vio beneficiada de cara a recibir ayudas sociales. Sin embargo, la Guerra Civil lo interrumpió. A partir de la posguerra, fue el Auxilio Social quien reemplazó la anterior entidad, pero sin organizar ni construir ningún tipo de servicio social en el mismo núcleo de barracas. Año tras año fue recibiendo numerosa cantidad de gente sobretodo procedente de Andalucía, huyendo de la extrema miseria de su tierra o bien por razones políticas. En una sola chabola podían llegar a vivir de 6 a 8 personas. Aprovechando los tiempos de miseria, el caciquismo era desgraciadamente frecuente, ya que al venderse una barraca el cacique del barrio cobraba un elevado porcentaje y dada refugio a maleantes que contribuían a ofrecer una imagen criminalizada de los habitantes. Otro problema era el sanitario, ya que por ejemplo más de un 40% de la población sufría de bronquitis y los mayores de 50 años padecía de reuma.
A partir de los años cincuenta, cuando el ejército abandonó el castillo, las denominación de Pekín, junto con la de Parapeto, desaparecieron definitivamente y toda el área pasó a ser conocida únicamente con el nombre de Camp de la Bota. Allá donde hubo una vez el auténtico barrio chino de Barcelona, vio desaparecer sus últimas barracas durante los años setenta, siendo realojados sus habitantes en el barrio de la Mina y al grupo de viviendas del Bruc en Badalona.



Fotos: Arxiu Històric del Poblenou, Institut cartogràfic de Catalunya, La Il·lustració Catalana, Museu de Montserrat.

3 comentarios:

Enric H. March dijo...

Sovint es parla de la història oblidada del Somorrostro, però la del barri de Pequín encara ho és més. Bon article.

Ricard dijo...

Moltes gràcies, Enric. Aviam si algun dia hi ha ocasió, malgrat que sigui difícil, de fer una congregació de bloguers dedicats a la història de Barcelona.

Enric H. March dijo...

Ricard, pots comptar amb mi per organitzar-ho.