viernes, 9 de mayo de 2014

Johnny, el sheriff de la Rambla

Foto: Colita

"¡Cuidado, Johnny, está detrás del árbol!, le gritábamos. Pero Johnny era más rápido y de un certero disparo acababa con él. Johnny podía con todos". Así es como el periodista Joan de Sagarra recordaba en un artículo dominical del diario La Vanguardia al llamado "Sheriff de las Ramblas". En la entrañable Barcelona de los años setenta paseaba por la Rambla este personaje, animando y "desafiando a un duelo al sol" al público que paseaba los domingos por la tarde cuando esta arteria todavía no estaba tan ahogada por el turismo y conservaba su regusto barcelonés. No era el único, pues en aquella década le acompañaron otros personajes excéntricos que contribuyeron a dar un toque de singularidad a este paseo, como "el Foca", "el Despotricador", "el Comisionista" y "la Catalana", también llamada "la Segunda Monyos" o . La tradición de los tipos populares era bastante antigua, de hecho aparecieron cuando la Rambla se urbanizó y se convirtió en la principal arteria y punto de encuentro de Barcelona, motivo por el cual éste fuera el lugar elegido para darse a conocer o llamar la atención. Personajes de antaño fueron "el Noi de Tona", "en Girona Pobre", "la Monyos", "el Caio", "l'Articles Numerats" y "l'Escudellòmetre", entre otros.
Tras el sheriff había un hombre muy sencillo llamado Carlos Doménech, y aunque su segundo apellido sonaba catalán en realidad era de origen andaluz, nacido en el año 1922 en Montoro, en la provincia de Córdoba. En 1963 emigró, igual que muchos de sus compatriotas, a Barcelona, para intentar ganarse mejor la vida, pues antes no decidió marchar tuvo que trabajar en duros oficios, especialmente tras la muerte de su padre. Quienes le conocían decían que trabajaba como peón de albañil, un oficio del que había mucha demanda durante aquellos años del llamado desarrollismo, por lo que era relativamente fácil colocarse. Tenía una gran afición al cine, y presumía de haber recorrido y entrado en todas las salas cinematográficas de la ciudad, tanto de estreno como de barrio que entonces estaban abiertas. Su pasión por el western, un género hoy día lamentablemente olvidado, lo llevó al punto de sentirse identificado con los personajes interpretados por las grandes estrellas como John Wayne, Gary Cooper y Clint Eastwood: "Como que yo me doy mucho arte y estilo, me di cuenta de que podía hacer lo mismo que hacían los de las películas; sobre todo las del oeste. Y como que yo tenía un sombrero de mi tierra, un sombrero cordobés, pues me paseaba con él y ya empezó todo", relataba en una entrevista. Al sombrero le acompañaban las botas y las cartucheras con sus respectivas pistolas, claro está, de juguete. Vestía a menudo una camisa desabrochada para mostrar pelo en pecho, pantalones ligeramente ajustados y chaqueta negra. Esa era la presencia de este hombre alto, delgado, de cabello largo y grisáceo y de cierta edad.

Foto: Colita

A partir de 1969 empezó su gran aventura por la Rambla. En ese mismo año, él y otro sheriff que procedía del barrio de la Barceloneta se enfrentaron a un duelo ante las puertas del cine Mar. Sin embargo, ninguno de los dos desenfundó. Ambos se miraron fijamente a los ojos al estilo de los personajes de los Espagueti Western de Sergio Leone. Luego dieron media vuelta y se marcharon. Se dice que el de la Barceloneta jamás regresó.
Su actuación solía ser siempre la misma. La clave era que alguien se le acercara y le gritara "¡cuidado, Johnny, está detrás del árbol!". Entonces empezaba el espectáculo. Tal y como lo narraba el periodista Josep Maria Carandell, "Automáticamente, el sheriff Johnny se da un azote en el trasero, desenfunda la mano en forma de pistola, dispara, hinca en tierra la rodilla, malherido, vuelve a disparar , y todos ven doblarse muerto al agresor invisible, detrás del árbol corpulento. Entonces Johnny se pone de pie, curado, sopla con displicencia el humo que sale de la punta de los dedos, y prosigue su altiva marcha de inspección, entre las exclamaciones de alegría de los niños y la curiosidad de los mayores."
Prácticamente nada se sabe acerca de este hombre, lo cual permite alimentar todavía más el mito y su personaje. Durante los años setenta y principios de los ochenta, se paseó por la Rambla, viviendo en vivo y en directo los acontecimientos sociales debidos al final del franquismo y al periodo de la transición democrática, desde manifestaciones pro-amnistía hasta los desfiles pro-gay liderados por Ocaña y Nazario pasando por los balls de bastons propinados por los grises.
El sheriff quería ser actor, y jamás perdió la esperanza de que algún día alguna productora lo llamara para un rodaje. Pero eso nunca sucedió, por lo que tuvo que conformarse con ganarse la fama como personaje singular de la Rambla. Posiblemente esta opción, aunque más modesta, lo ha inmortalizado y ha logrado que sea recordado en la posteridad.

3 comentarios:

Jan Puerta dijo...

Un gran personatge sense dubte. La teva entrada m'ha omplert de bons records.
Una abraçada

Àlex dijo...

Moltes gràcies per aquesta entrada. Aquella Barcelona entre les moltes Barcelones que és la meva i la de tants altres. Gràcies a persones com tu mai no serà oblidada. Salut!
Àlex

Ricard dijo...

Gràcies pels vostres comentaris. Celebro que us hagin portat bons records. Una abraçada.