lunes, 1 de julio de 2013

El Centro de Beneficencia Casa Puig Ciudad de los Muchachos


La Ciudad de los Muchachos Casa Puig fue un internado destinado a niños huérfanos, abandonados o sin recursos económicos surgido en el franquismo. Originalmente, el concepto fue creado en 1917 en los Estados Unidos, siendo la ciudad de Omaha (Nebraska) la primera en instaurar un centro de estas características gracias a la iniciativa de Edward Joseph Flanagan (1886-1948), sacerdote católico que dedicó toda su vida a la educación de niños y jóvenes delincuentes y abandonados. La idea surgió tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, que dejó (sobre todo en Europa) un elevado número de niños abandonados, lo que motivó la fundación de estas instituciones.
En Barcelona se construyó en los alrededores de la masía de Can Puig, situada en el término municipal de Sant Cugat del Vallès, en el camino de Sant Medir muy cerca de la carretera de la Rabassada. En 1877 la propiedad de la casa era de Rosa Gualba Spigol, y tras pasar por diferentes propietarios el 19 de septiembre de 1923 la vendieron al Ayuntamiento de Barcelona.
Según informaciones orales, tras la Guerra Civil fue cedida en uso a los Hermanos de la Salle los cuales la reconvirtieron en Casa Puig para servicios sociales. En esos años de posguerra, el Auxilio Social, una organización englobada dentro de la Sección Femenina de la Falange Española se planteó la idea de crear un internado para niños en riesgo de exclusión social. Concretamente, esta organización de socorro humanitario fue fundada por Mercedes Sanz Bachiller (viuda de Onésimo Redondo), la cual, conjuntamente con su segundo marido Javier Martinez de Bedoya, llevaron a cabo la idea después de haber efectuado diversos viajes a la Alemania nazi para observar cómo se hacía la gestión de esta clase de internados. La iniciativa tuvo el apoyo del embajador alemán en España, el general Wilhelm Von Faupel, encargado de darle al proyecto el soporte inicial que necesitaba, junto con su segundo, el general Kroeger.


Fue de ese modo que surgieron los llamados “Hogares escuela" u "Hogares de aprendizaje”, cuyo principal objetivo era enseñar a los niños a enfrentarse con los retos y problemas que después tendrían en su vida como adultos. Para ello, asignaban a los muchachos puestos de trabajo dentro de la propia institución desempeñando cargos públicos de lo más variado, como jueces, alcaldes y concejales, creando una especie de pequeño mundo donde ellos debían desenvolverse. En función de la edad, había los "Hogares Cuna" que acogían niños de 0 a 3 años, los "Hogares Infantiles (Hogar de Aprendizaje-1)" que acogían niños de entre 3 a 7 años, los "Hogares Escolares (Hogar de Aprendizaje-2)" que acogían niños de entre 7 a 12 años, y los "Hogares Profesionales (Hogar de Aprendizaje-3)", que proporcionaban enseñanzas teórico-prácticas de oficio o técnico fuera del hogar, donde los alumnos tenían ocupaciones retribuidas, recibiendo enseñanzas complementarias de su formación cultural, política, física, moral y social. Paralelamente, la Iglesia introdujo las practicas religiosas en todos los centros. La Ciudad de los Muchachos Casa Puig se correspondía con el Hogar de Aprendizaje-2, y estuvo dirigida por el teniente de alcalde de Barcelona, Alfredo de Casanova Fernández. Tras la construcción de cinco nuevos pabellones con jardines, piscina y campo de fútbol al lado de la antigua masía, el conjunto fue oficialmente inaugurado el 21 de junio de 1951 bajo la presencia del alcalde de Barcelona Antoni Maria Simarro Puig y la asistencia de numerosas autoridades. Tres años después se abrió el último edificio, destinado a salón de actos, oficinas de la dirección, habitaciones y comedor para el profesorado. La prensa de la época se hizo eco del nuevo internado exaltándolo como una gran obra social: "Preciosos los pabellones de la pequeña ciudad de ensueño, con su hermoso templo pronto a inaugurarse y sus jardines, plazas y paseos y su campo de deportes. Allí los chicos, gozan de plena libertad, en medio de bosques dilatadísimos, sin cercos que les estorben. Tratados con dulzura y modos convincentes, gozan de espléndida ventilación en todas sus dependencias, aromadas por los millares de pinos que las rodean, creciendo así, sanos y fuertes, los casi ciento cincuenta muchachos que en su ciudad residen. En admirable camaradería, gozan de verdadero calor de hogar y de cuantas solicitudes requiere todo adolescente, para llegar a ser hombres sanos de cuerpo y alma".


Sin embargo, la realidad distaba mucho de aquellas buenas pretensiones porque el internado fue un auténtico centro de reclusión, donde los niños eran sometidos a una disciplina pseudo militar de gran trasfondo ideológico y, por consiguiente, adoctrinador de los valores del catolicismo y del régimen franquista. Estos niños, pertenecientes en su mayoría a las clases sociales más desfavorecidas, padecían a menudo todo tipo de castigos físicos (como azotes, beber un frasco de aceite de ricino o reclusión en cuartos oscuros) y psicológicos (como la prohibición de ver a los padres y familiares los días de visita semanal, la prohibición de mantener conversaciones después de la cena o reducir las raciones de comida). En definitiva, el miedo, la represión y la prohibición servían para controlar cualquier tipo de situación. Estas prácticas eran frecuentemente encubiertas a la luz pública, y los docentes solían asegurar que quienes eran castigados era porque realmente se lo merecían o bien que el castigo era en verdad moderado en relación con la falta cometida por el niño. En definitiva, el la metodología nada tenía que ver con las instituciones similares de otros países regidos por un sistema democrático.
La enseñanza recibida era muy variada, habiendo especialidades en ciclos medios y superiores como comercio, idiomas, actividades artísticas e incluso acceso a estudios universitarios, según los casos. Tal y como narraba la prensa, "Este proceso formativo, de tan trascendental importancia social, arranca en definitiva de la recogida de mendigos que, según las nuevas directrices de la Beneficencia municipal, pasan al Pabellón de Clasificación de Mendigos. Desde éste los seleccionados pasan al Asilo del Port, cuya organización se ciñe esencialmente a una tarea formativa de tipo artesano, dentro de unas posibilidades suficientes, pero limitadas en sí mismas. Entre los niños escogidos para el Asilo del Port se procede a una última selección, de acuerdo con la cual aquellos mejor dotados pasan a la Ciudad de los Muchachos, donde cursan estudios de enseñanza media, y desde aquélla a la recién creada Casa de Familia, en la que estudian la carrera superior que responda a su vocación o a sus aptitudes".


El 6 de julio de 1953 se procedió a la bendición de la cruz metálica y la campana de la nueva capilla, completando definitivamente el conjunto de instalaciones. Anualmente, a principios de enero durante las fiestas navideñas era tradicional que la Peña Motorista Barcelona visitara la Ciudad de los Muchachos exhibiendo un singular desfile de motocicletas para el deleite de los niños, a la vez que estos eran obsequiados con juguetes.
En 1956 el padre Jesús Silva López creó en Bemposta (Ourense) el Circo de los Muchachos como una manera de ayudar a los niños y niñas con problemas mediante prácticas circenses. Integrado dentro de La Ciudad de los Muchachos, extendió su proyecto a varias ciudades de distintos países, lo que le mereció fama y prestigio mundial. En 1966 actuó por primera vez en Barcelona, en una carpa instalada en la plaza de Cataluña.
El 22 de diciembre de 1959 la institución recibió la visita de un grupo de marines norteamericanos, los cuales también invitaron a los niños a visitar el interior de sus barcos y portaaviones atracados en el puerto de Barcelona.
En 1961 Salvador Dalí participó en el diseño de los decorados de la obra teatral "Scipio en España" que se estrenó en el veneciano teatro La Fenice. La recaudación obtenida fue a para a beneficio de la Ciudad de los Muchachos.
A partir de 1962 cambió la estructura administrativa municipal de modo que la institución dejó de depender del Auxilio Social para pasar a pertenecer a la Asistencia Social Beneficiaria. Ello produjo un cambio de nombre, pasado de ser la Ciudad de los Muchachos a ser el Hogar del Tibidabo, nueva denominación oficial aunque igualmente se continuó conociendo con el nombre antiguo hasta el final de sus días. La gestión fue transferida a los Hermanos de las Escuelas Cristianas de La Salle.


Tras finalizar el régimen franquista, en 1976 la institución pasó a ser gestionada por el Instituto de Asistencia Social del Ministerio de Gobernación, aunque un año más tarde cerraría definitivamente sus puertas puesto que el centro ya no representaba los valores ni la pedagogía de la nueva democracia a consolidar. A ello se sumó un final todavía más triste debido a que se descubrieron casos de pederastia y abuso de menores de clérigos y docentes, lo que conllevó a numerosas denuncias por parte de los niños ya en edad adulta y al encarcelamiento de los responsables.
El Asilo del Port se convirtió en 1977 en la Escola Bàrkeno, acogiendo no solo a niños del asilo sino también a niños y niñas del barrio de la Marina del Prat Vermell para normalizar su situación como centro escolar. Años después, las instalaciones de la Ciudad de los Muchachos han permanecido abandonadas, y en la actualidad se dan cita en las ruinas numerosos grupos de aficionados y profesionales del mundo de la parapsicología y las ciencias ocultas para hacer registros de psicofonía y psicoimágenes. Únicamente permanece activa la masía de Can Puig, completamente rehabilitada y catalogada como patrimonio, que funciona como centro de rehabilitación de toxicómanos.

8 comentarios:

Tomás Fernández Valentí dijo...

Una contribución puramente cinéfila de mi parte. Existen un par de películas sobre el padre Flanagan, ambas protagonizadas por Spencer Tracy: "Forja de hombres" (1938), de Norman Taurog, por la cual Tracy ganó un Oscar al mejor actor; y su secuela, "La ciudad de los muchachos" (1941), también de Taurog. Curiosamente, Mickey Rooney, que encarnaba a uno de los chicos "descarriados" en ambos films, interpretó posteriormente al padre Flanagan en el telefilm "Brother's Destiny" (1995), de Dean Hamilton.

Anónimo dijo...

Fui alumno de la C. de los M. des de poco después de la fundación en 1950 hasta 1953. La institución que yo viví en aquel momento era ejemplar. La formación promovía la participación y la responsabilidad. La dirigía Antonio Blay, un psicólogo eminente y su gran valedor era don Alfredo de Casanovas, abogado i teniente de alcalde de BCN, que nos pronunciaba una magníficas conferencias sobre los valores cívicos y morales. Particularmente recuerdo el magisterio de Joaquín Giralt. Allí empecé los estudios de bachillerato que me llevaron posteriormente a la Universidad y a una carrera profesional de la que me siento orgulloso. La formación que recibí allí ha sido fundamental para mi vida.
La CdlM que viví no tenia nada de orfelinato ni de asilo. Era una escuela modélica que enseñaban a las autoridades que visitaban, como fue el caso del actual Emperador del Japón que vino como Príncipe Heredero, entre otros. El sistema educativo inspirado en la obra del padre Flanagan, después he descubierto que tenia muchas coincidencias con la Escola del Mar, fundada en BCN por el gran pedagogo Pere Vergés. Contradictoriamente con el régimen político franquista, formaba futuros demócratas. Seguramente esta fue la causa del cambio que se produjo cuando desaparecieron Casanovas y Blay.
Los que vivimos aquello debiéramos reivindicar la memoria positiva de una gran institución docente y lamentar el fracaso de aquel gran proyecto, tan alejado de lo
que vino después, que yo ya no conocí.

Anónimo dijo...

Antonio
Yo también fui alumno, del 74 al 78, después pasé al colectivo de sants, eran pisos tutelados. Tengo buenos recuerdos de los compañeros y los profesores, malos tratos no recibí, aunque pegaban, pero como en la mayoría de los colegios de la época.
Cierto que muchos de mis compañeros acabaron mal por la droga, pero a mí me ha ido bien en la vida acabé mis estudios, realicé una carrera y tengo familia.

Tengo muy buenos recuerdos de aquellos años.

Anónimo dijo...

hola,a todos yo fui alumno de la ciudad de los muchachos en el año 1972 al 75 mas o menos la verdad que no se a contado aun todo lo que paso y nadie lo a denunciado allí había curas y los que decían que eran educadores un educador que se llama Alfonso era o es un paidofilia,abusaba de los niños los encerraba en la clase fue un horror,de esto nadie ha hablado saludos

Anónimo dijo...

Hola. Yo estuve interno el año 73 o 74, yo tenía 10 años. Lo que sí recuerdo fue el trato que recibí por parte de un vigilante que había por las noches. Era un hombre muy mayor que nos pegaba en los testículos con una vara si no nos poníamos debajo del chorro del agua fría de las duchas. Del resto de profesores (hermanos de La Salle) no guardo especial mal recuerdo. Lo peor vino luego. Allí sólo estudiábamos hasta 4º de EGB. Luego nos enviaban a estudiar a La Salle del Port. De este internado guardo muy malos recuerdos. Había especialmente un indivíduo, el hermano Esteban, que se dedicaba a abusar de los niños en los lavabos del dormitorio. Como yo siempre me negué me estuvo martirizando con palizas y castigos contínuos. Me castigaba muchas noches de invierno de pie en medio de un pasillo sin dormir. Me aporreaba en la cabeza hasta sangrar con un manojo gordo de llaves que llevaba, etc... No fui el único, otros sufrieron mucho más.

Tomás Aranda dijo...

Por aquí andamos antiguos alumnos
https://www.facebook.com/groups/elport/

Antonio Gutiérrez dijo...

Yo estuve en la C. de los Muchachos desde el año 51 al 55, desde los 12 años a los 16. Quiero agradecer el trato impecable que recibíamos de Don Alfredo Casanova , como de D. Antonio Blay, de D. Manuel Prieto, y de todos los profesores e instructores. Recuerdo un montón de compañeros perfectamente adaptados a la sociedad cuando salieron y yo mismo hice una carrera técnica universitaria que me permitió formar familia numerosa y salir decentemente adelante. Visto y vivido.

Anónimo dijo...

todo lo que cuenta es mentira