miércoles, 5 de septiembre de 2012

Cuando Tarradellas goleó al Barça y al Madrid

 
Mientras Tarradellas ocupó la presidencia de la Generalitat fue posible la paz, el entendimiento y la concordia entre Cataluña y el resto de España, algo que en la actualidad parece una hazaña de ciencia-ficción. Fue breve pero real, resultado de la labor de un político con mayúsculas con categoría de estadista porque como tal tuvo muy claro qué modelo de estado era el más apropiado para España y de qué modo debía de encajar Cataluña. Fue además un visionario, pues el tiempo ha demostrado que acertó lo que se avecinaba en vistas del rumbo que terminó por tomar la política tanto estatal como especialmente la autonómica a partir del año 1980.
Tan conciliador fue el Molt Honorable que consiguió por una sola vez en la historia del fútbol español que el Futbol Club Barcelona y el Real Madrid se estrecharan la mano… ¡y los culés aplaudiesen a los madridistas… en el mismísimo Camp Nou!
Por aquél entonces, el club azulgrana estaba presidido por Josep Lluís Núñez y el club merengue por Luis de Carlos. Ambos mandatarios, desde hacía tres meses no se hablaban debido a la hostilidad habida entre los dos provocada por un cruce de desagradables declaraciones debidas a unas polémicas decisiones arbitrales sucedidas en los últimos torneos. El presidente madridista había afirmado días antes de celebrarse el partido Barça-Madrid en el Camp Nou que no tenía intención de sentarse en el palco presidencial sino que optaría por pagarse una entrada en la tribuna. Como reacción, el 30 de enero de 1980 Tarradellas pidió a Luis de Carlos que recibiera al secretario de la Diputación de Barcelona, Josep María Esquerda Roset, para que éste le transmitiera la gran preocupación que tenía por la situación que atravesaban ambos clubes. La situación política del momento no era aconsejable para la confrontación sino que debía de aprovecharse para la solidaridad entre todos los territorios del Estado español, de modo que el torneo entre los dos grandes de la Liga de fútbol debía de convertirse en un ejemplo de concordia.
El día antes de jugarse el clásico, Tarradellas organizó una cena de hermandad con el objetivo de acercar posiciones entre ambos presidentes. El President y Josep Lluís Núñez se reunieron a las 10:00h de la mañana en el Palau de la Generalitat. Una hora después llegó Luis de Carlos al aeropuerto de El Prat y al mediodía ya estaba reunido con ellos en la Casa Gran. A petición del Molt Honorable, asistió también como testigo presencial de este acercamiento el presidente de Real Federación Española de Fútbol, Pablo Porta. En una reunión trataron ampliamente las relaciones existentes entre los dos clubes de fútbol y las diferencias producidas en el seno de las reuniones federativas.
 
 
Finalmente, un comunicado oficial decía que: “Los señores Luis de Carlos y José Luis Núñez han constatado el espíritu de cordialidad y mutuo respeto que, por encima de la tradicional rivalidad deportiva y de erróneas interpretaciones, ha sido constante pauta de conducta entre ambos clubes, formulando al propio tiempo los mejores deseos de mantener e incrementar en el futuro sus amistosas relaciones. Asimismo han coincidido en manifestar que, merced a esta reunión, se ha superado cualquier interpretación que haya podido darse a determinadas declaraciones, contraria al espíritu de cordialidad que debe ser constante entre los dos clubes. El presidente Tarradellas ha expresado su satisfacción por el resultado de la reunión, agradeciendo a los presidentes de ambos clubes la postura adoptada y la afinidad manifestada, símbolo y reflejo de la solidaridad existente. Los presidentes de los dos clubes, señores Luis de Carlos y José Luis Núñez, y el presidente de la Federación Española de Fútbol, señor Pablo Porta, expresaron su agradecimiento al muy honorable señor Josep Tarradellas, presidente de la Generalidad de Cataluña, por su mediación, que ha dado como resultado la reafirmación del sentido de amistad que ha presidido la reunión”.
A las 13:06h, en el Saló de la Verge de Montserrat, Tarradellas anunció públicamente que “para todos los ciudadanos de Cataluña éste ha de ser un día gozoso, puesto que se ha demostrado que con buena voluntad todos los problemas, sean deportivos como en este caso o de otra índole, se pueden resolver”. Se había firmado la paz.
El domingo 10 de febrero se disputó el clásico en el Camp Nou. Tarradellas también asistió. Josep Lluís Núñez y Luis de Carlos se sentaron en el palco presidencial. Era la jornada 20 del campeonato de Liga de Primera División. Por parte del Futbol Club Barcelona, entrenado por Joaquín Rifé, la alineación la formaban Artola, Zuviria, Olmo, Migueli, Serrat, Rubio, Sánchez, Simonsen, Roberto, Asensi y Carrasco. En el Real Madrid, entrenado por Vujadin Boskov, el equipo estaba formado por García Remón, San José, Benito, Pirri, Camacho, Del Bosque, García Hernández, Ángel, Juanito, Santillana y Cunningham. En el transcurso del partido, la sorpresa la dio el malogrado jugador inglés del Real Madrid Lawrie Cunningham (apodado como “La Perla Negra”) por su sensacional actuación hasta tal punto que por primera vez en la historia del club azulgrana, la afición barcelonista le tributó una recordada ovación. Finalmente, el partido lo ganó el conjunto madridista por 0 goles a 2, con tantos de García Hernández y Santillana.
 
 
Luis de Carlos aprovechó la ocasión para hacer entrega a Tarradellas de la insignia de oro y brillantes del Real Madrid, a lo que el President respondió que “será conservada como un preciosísimo recuerdo de un gran club y de un gran presidente”. Deportivamente hablando, el Real Madrid ganó el partido y aquella temporada se llevó el título de Liga, pero en realidad quién goleó al Barça y al Madrid fue Tarradellas. El auténtico “seny català” se impuso y dio una lección ejemplar. Curiosidades de la historia que, como tarradellista confeso, me complace recordar. En los actuales tiempos de crisis y confrontación donde la clase política se encuentra más desprestigiada que nunca y la sociedad muy dividida, personajes históricos como Josep Tarradellas y actitudes como la aquí narrada me sirven para reconciliarme con Cataluña y sentirme orgulloso de ser catalán. Por un solo día lo imposible fue realidad, y el fútbol dejó de ser un arma política para ser lo que siempre debería ser: deporte.

2 comentarios:

Mª Trinidad dijo...

Força Barça...!!!
Buen post, como siempre Ricard, y muchas gracias por compartirlo, lo que he leído me acordaba muy poco y ahora me has refrescado la memoria.
Un saludo.

Eastriver dijo...

Juzgar las cosas, los hechos históricos, desgajados de su contexto, es parcial. Tarradellas, en aquellos momentos, tuvo forzosamente que ser conciliador. Salíamos de donde salíamos, y Catalunya no tenía absolutamente nada. Como para ponerse farruco.

Hoy unos critican y otros alaban a Tarradellas por lo de ir a Madrid antes de Barcelona en su regreso. Quienes lo critican lo tratan de vendido (¿primer a Madrid?, dicen, ¿demanant permís?), y quienes lo alaban hablan del pactismo (Hacer las cosas bien no cuesta nada, dicen estos). Y yo creo que ambos se equivocan. Tarradellas tuvo que ir a Madrid si quería no molestar a militares (recuerdo solamente que el 23F no había ocurrido y que la amenaza de golpe era real, como se vio). Tuvo que ir a Madrid para conseguir la estructura política catalana.

¿Para qué quería reestablecer la estructura política catalana? Para ejercerla, se supone. Y ejercerla nos lleva a un mayor o menor grado de libertad de Catalunya, de independencia. Por tanto, Tarradella no fue ni un héroe ni un vendido: fue un hombre pragmático que luchó para traer unas libertades a una Catalunya que no tenía absolutamente nada. Todo mi respeto, por tanto.

Lo que ocurre en muchos que lo alaban es que probablemente, acaso de forma inconsciente, añoran esa Catalunya humilde y acojonada que salía de una travesía del desierto en que, por prohibir, se habían prohibido instituciones y lengua. Añoran un presidente de la Generalitat que tuviese que ir a Madrid, sumiso y educadísimo, a pedir permiso para poder respirar.

No, no. Yo respeto y mucho a Tarradellas. Pero jamás desearía volver a esa realidad histórica.

Prefiero la Catalunya de 2012 que la de 1980. Y la de 2012 es así, en parte, gracias a que Tarradellas supo hacer muy bien su papel para conseguir una Generalitat fuerte (no una Generalitat de joguina, que todos sabemos de dónde venía Tarradellas y cuál era su pasado histórico).