domingo, 26 de junio de 2011

Catalanes en el olvido: Màrius Cabré i Esteve


Màrius Cabré i Esteve, conocido casi siempre por la gran mayoría como Mario Cabré, es un personaje destacado de la historia de Cataluña del siglo XX. Símbolo de una época condicionada por una situación política a caballo entre la posguerra y el desarrollismo y unos valores muy diferentes a los actuales, pronto se convirtió en un mito y en un objeto de deseo para muchas mujeres tan pronto saltó al estrellato. Treinta y un años después de su muerte, y por razones inexplicables, ha quedado en el olvido. De las generaciones actuales ¿quién se acuerda de Mario Cabré? Mejor dicho ¿quién lo conoce o ha oído hablar acerca de él? Barcelonés de nacimiento, no hay siquiera una calle o plaza dedicada a este torero, poeta, actor y presentador que contribuyó a escribir parte de la historia artística de Cataluña durante el franquismo, desde 1950 hasta 1975. Si los catorce últimos años de su vida fueron injustos con él por su larga enfermedad, injusto ha sido también el trato recibido tras su muerte por su falta de reconocimiento por parte del Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat. Es otro catalán más que ha quedado injustamente en el olvido. ¿Por qué?
Mario Cabré nació en Barcelona el 6 de enero de 1916 en el seno de una familia de artistas. Su padre y su hermano mayor eran actores. Su hermana Anna bailaba en el teatro del Liceu. De muy joven también se sintió artista y eligió el toreo como vía de expresión. Sin embargo, primero empezó siendo poeta, pero luego conoció a un chico al que le gustaban los toros, andaluz y de nombre Leopoldo Domínguez (llamado el “Niño de la Macarena”). Ambos se hicieron buenos amigos y Domínguez contagió a Cabré la afición por los toros. La primera capota que tuvo se la hizo él mismo, con una colcha de su madre teñida de rojo. A diferencia de ahora, eran tiempos en que en Cataluña había bastante afición a la tauromaquia y diversas plazas activas. Cabré debutó en la Monumental de Barcelona en 1934 bajo el apodo de “Cabrerito”, pero enseguida el estallido de la Guerra Civil Española interrumpió su carrera. No volvió a torear hasta el 10 de octubre de 1941 en la plaza de Las ventas de Madrid. Luego lo volvió a hacer el 1 de octubre de 1943, tomando la alternativa de manos de Domingo Ortega en la Real Maestranza de Sevilla.


A sus 27 años de edad, empezó una carrera irregular pero con momentos muy brillantes. Se le consideró un buen torero, elegante y valiente, que toreaba bien con la capota y la muleta y mataba bien porque era buen estoqueador. Se hizo amigo del torero catalán Joaquim Bernadó (llamado el “Maestro Catalán”), con quien mantuvo una buena amistad y llegaron a torear los dos juntos en muchas ocasiones, especialmente en Barcelona, Figueres y Palma de Mallorca. Antes de hacer una corrida de toros, Mario se entrenaba en un terrado haciendo manos de capote y toreo de salón. En su carrera de torero tuvo altibajos, llegando a hacer 17 corridas en un año, luego 14 y finalmente solo 3. Se dice que hubiese podido hacer mucho más como torero pero su afición al cine y al teatro, sumado a algún asedio de mujeres lo distrajo y evitó que se sentara plenamente en los toros. Llegó a compaginar todas estas aficiones a la vez, llegando incluso a torear por la tarde y luego interpretar una obra de teatro por la noche. Se le consideró un amante del teatro que quería mucho a sus compañeros de trabajo.
Cabré tuvo su propia compañía teatral donde hizo de director y de primer actor. Montó obras clásicas catalanas en catalán e hizo teatro comercial. Sus obras teatrales destacadas fueron “Història d’un mirall”, “Mar i cel”, “Terra baixa”, “El místic” y “Un marit baix”. En castellano, su papel favorito fue el de Don Juan Tenorio. Lo que ganaba toreando se lo gastó haciendo teatro catalán. Hizo amistad con el comerciante Joan Almirall, que le proporcionaba mobiliario diverso para los decorados de los escenarios teatrales.


Por aquél entonces, Cabré no era especialmente famoso siendo tan solo conocido especialmente entre los aficionados a la tauromaquia y al teatro. Sin embargo, gracias al presunto romance con la actriz Ava Gardner se convirtió en el personaje más popular de España. Se ignora si realmente existió un romance real entre los dos o no. En caso afirmativo se trataría de un caso inédito de relación entre una gran estrella cinematográfica de Hollywood y un actor polifacético desconocido y muy local. Ambos coincidieron en el rodaje en Tossa de Mar de la película “Pandora y el holandés errante”. Se les vio juntos por Tossa, S’Agaró y Platja d’Aro. Ava Gardner acudió en varias ocasiones a ver las corridas de toros que Cabré exhibía tan elegantemente. Se sabe que le brindó con algunas cabezas de toro que él mismo había matado en la plaza y que fueron disecadas por el popular taxidermista cuya tienda se situaba en la plaza Real de Barcelona, hoy lamentablemente desaparecida. Ante tantos rumores, llegó por sorpresa el novio oficial de Ava, Frank Sinatra, celoso por la presencia del torero por medio.
En 1950 se inició el rodaje de “Pandora y el holandés errante” y del affaire con Ava Gardner del que antes he hablado. Esta historia sirvió de lanzadera internacional para Mario Cabré, a quien le ofrecieron diversos papeles de héroe romántico en películas españolas y sudamericanas. Durante unos años, Cabré no toreó y se centró en su nueva carrera de actor. El caso es que él, personalmente, jamás llegó a contar absolutamente nada de su relación y mucho menos de sus intimidades. Posteriormente a Ava Gardner llegaron otras actrices de Hollywood, y se cuenta que Cabré las esperaba en el aeropuerto con un ramo de flores y les recitaba un poema. Una de las actrices pretendientes fue Ivonne de Carlo, e incluso se dice que ella se quería casar con él.


En 1960 dejó definitivamente el toreo. Los estudios Miramar de Televisión Española emplazados en la montaña de Montjuïc se inauguraron por aquella misma época y Mario Cabré fue uno de los presentadores, siendo su momento más dulce el año 1964 con el programa “Reina por un día” con el que consiguió un éxito sin precedentes. Este programa fue el primer reality show de Televisión Española y tuvo mucho éxito. Se emitía los domingos por la tarde. Se cuenta la historia de que en algunos pueblos los curas suspendían las misas porque los feligreses no acudían para ir a ver este programa. Sus inicios televisivos fueron en 1959 con el programa “Club Miramar” y en 1963 con el programa “Bazar”.
Mario Cabré siempre tuvo mucho éxito entre las mujeres. Era un gran seductor que le gustaba seducir y además seducía porque era un hombre muy atractivo, tanto por su aspecto físico como en el trato, además de un hombre sensual pero muy tierno, cuando entonces lo que se estilaba era el llamado “macho ibérico” dominante y sexualmente agresivo. De ahí que muchas mujeres se le rendían porque él sabía como mirar y conquistar sin que otros hombres tuviesen celos sino todo lo contrario. De manera “oficial”, la actriz catalana Nuria Torray fue novia de Mario Cabré durante al menos dos años.


En mayo de 1976, las peñas taurinas de Cataluña celebraron una cena en el hotel Oriente de Barcelona y Mario Cabré asistió como invitado de honor. Después de un parlamento, cayó inconsciente al suelo fulminado por una embolia. Hacía algunos años que tenía una salud algo delicada, pero esto fue el final definitivo de su carrera profesional. Para recibir un tratamiento lo trasladaron a una clínica especializada de Benicassim, un balneario donde vivió la mayoría de sus años postrado en una silla de ruedas. La única afición que podía practicar era la poesía. Se le paralizó el brazo derecho y tuvo que aprender a escribir con la mano izquierda. Su labor como poeta fue buena hasta el punto de ganar el premio Ciutat de Barcelona de poesía. Se dice que tuvo una vena lírica importante. Su carácter afable le hizo ganar amigos por todas partes. Algunos de ellos le acompañaron en sus años de enfermedad. Desde su programa de radio, la locutora Odette Pinto movilizó a las fans de Mario Cabré organizando viajes en autocar para visitarlo y homenajearlo.
En 1989, Cabré regresó a Barcelona a su piso de la calle de Bailén, pero al cabo de poco su salud empeoró. Finalmente, el 2 de julio de 1990 murió después de catorce años de enfermedad. Hasta el final de sus días, se dice que siempre mantuvo su sonrisa, y solo cuando se acercó su final, dos días antes de fallecer, dejó de sonreír. Se fue así el ultimo romántico, un hombre que supo vivir la vida y aprovechar al máximo su momento.
¿Se acordará algún día la ciudad de Barcelona de dedicarle a Mario Cabré una calle o plaza? Entre todos recuperemos la verdadera memoria histórica.


lunes, 20 de junio de 2011

El Paralelo: la avenida de la triste figura


Evocando discretamente y sin ninguna pretensión artística a la descripción que hizo Miguel de Cervantes del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, deseo hacer referencia a la situación que actualmente ofrece la entrañable y mítica avenida del Paralelo de Barcelona. Porque sin lugar a dudas, es hoy día la avenida de la triste figura, sobre todo si efectuamos una mirada al pasado y observamos lo que había sido esta arteria para la ciudadanía.
Inaugurada oficialmente el 8 de octubre de 1874, la avenida del Paralelo (llamada así porque coincidía con el paralelo terrestre 41º22’34’’ norte aunque antaño tuvo las denominaciones de Marqués del Duero y Francesc Layret), enseguida se convirtió en el gran eje del ocio barcelonés, instalándose allí numerosos teatros, cabarets, salas de baile y cafés, además de algún cine y un circo. Se le llegó incluso a comparar con el Montmartre parisiense y con el Broadway neoyorquino. Mi madre me explicaba cómo le gustaba a mi bisabuela Valentina frecuentar el Paralelo e ir a menudo a tomar algo en la larga terraza callejera del café Español. La fama y el prestigio de esta avenida se extendió por toda España y el extranjero e incluso recuerdo en la década de 1980 un programa del concurso “1,2,3, responda otra vez” dedicado al Paralelo barcelonés. Presentado en aquél entonces por Mayra Gómez Kemp, uno de los regalos para la pareja de concursantes era hacer un viaje a Barcelona y visitar la avenida del Paralelo. La carismática presentadora dijo emocionada que era “un regalo tan bonito…”
Pues bien, mi querida Mayra, ese regalo tan bonito sería actualmente imposible de cumplir porque aquella magia del pasado murió hace tiempo y hoy día el Paralelo es, como he dicho al principio, la avenida de la triste figura. Ya en las décadas de 1960 y 1970 empezó la decadencia con un descenso del público asistente a las salas de teatro debido al cambio progresivo de los gustos barceloneses que optaban por otra clase de ocio y entretenimiento. Tampoco las empresas teatrales fueron capaces de renovarse y adaptarse a los nuevos tiempos y a las nuevas demandas, lo que hubiese permitido su continuidad como han hecho otras ciudades. Durante las décadas de 1980 y 1990 prosiguió esta decadencia y olvido, siendo más grave porque nos encontrábamos bajo un sistema democrático y unas mayores posibilidades de manejo y decisión que ello implicaba de cara a programar una buena política cultural. Sin embargo, aún no habiendo excusa alguna, eso no fue así. Algunas salas de teatro cerraron definitivamente sus puertas porque su oferta respondía a gustos de otros tiempos que ya habían quedado obsoletos y sobradamente superados. Ni el Ayuntamiento ni la Generalitat hicieron por aquellos años absolutamente nada para salvar los antiguos teatros y renovarlos para hacer del Paralelo un Broadway barcelonés lleno de cines, teatros, cabarets y salas de baile, como muy bien hicieron ciudades como Madrid, París, Londres y Nueva York, entre otras. En los últimos años, los solares que habían dejado las antiguas salas de cine y de teatro han sido desgraciadamente ocupados por bloques de viviendas y hoteles por falta de una política cultural adecuada e insensible por rescatar esta entrañable arteria barcelonesa que tanta historia de la ciudad ha escrito durante más de cien años.


Actualmente es muy poco lo que nos queda. Los teatros Apolo, Artèria Paral•lel, Condal, El Molino y Victoria han sobrevivido hasta nuestros días y a medio plazo se prevé recuperar también el teatro Arnau. Pero hubiesen podido ser algunos más los locales rescatables con tan solo un poco más de voluntad por parte de las administraciones. Ahora, desde hace dos años, la Fundació El Molino y el Ayuntamiento de Barcelona organizan anualmente una jornada festiva e integradora denominada “Fem festa, fem Paral•lel” que pretende reivindicar nuevamente el Paralelo como eje del ocio y la cultura. Colabora con los anteriores la Associació d’Empresaris de Teatre de Catalunya, y diversas asociaciones de barrio que realizan todo tipo de actividades populares cortando un tramo de 800 metros de longitud el tráfico de la avenida con la instalación de carpas, juegos infantiles y escenarios, y la jornada de puertas abiertas de los teatros supervivientes, especialmente del renovado music-hall El Molino.
La iniciativa es una excelente noticia, aunque llega tarde porque el mal ya está hecho y muchos solares vacíos ya no se podrán aprovechar para reconstruir más teatros y cines porque los ocupan viviendas, oficinas y hoteles que han contribuido a hacer del Paralelo una avenida gris y apática. Por Barcelona han abierto nuevos teatros y salas de fiesta durante los últimos años, incluso recientemente, pero en otros espacios dispersos y lejanos al Paralelo. Grave error ha sido no haber impulsado su instalación en esta arteria seduciendo y ofreciendo interesantes incentivos a sus empresarios. El solar del antiguo teatro (luego cinerama) Nuevo podría haberse convertido en una multisala de cines en vez de acoger una residencia geriátrica privada y el antiguo Regio Vistarama Palace en un excelente teatro musical por sus magníficas instalaciones y grandes dimensiones en vez acoger unas vulgares oficinas de alquiler. Insisto que dicha iniciativa de recuperar el Paralelo es muy buena y necesaria, pero vuelvo a remarcar que llega demasiado tarde porque se tendría que haber hecho al menos hace veinte años atrás, aprovechando el impulso internacional de los Juegos Olímpicos de 1992 para finalizarla años después coincidiendo con el notable auge del turismo en Barcelona. Ahora, la capital catalana intenta ponerse al día estrenando incluso obras musicales inglesas y americanas que en Madrid, sin ir más lejos, las estrenaron mucho antes que nosotros en versión castellana y que las disfrutamos también tarde.
Se quiere convertir el Paralelo en un Broadway barcelonés, pero eso va a resultar muy difícil porque el número de locales de ocio es insuficiente, por lo que será necesario buscar otras soluciones alternativas como factor de atracción barcelonés y turístico que permitan cubrir ese hueco vacío que han dejado los antiguos teatros y cines de antaño desaparecidos. A la oferta de ocio y cultura sería imprescindible una reforma urbanística de la avenida para convertirla en un boulevard, con aceras amplias y renovadas que inviten al paseo y a la instalación de terrazas, carriles-bici y el fomento del comercio y la restauración. Todo lo que se haga por el Paralelo para recuperarlo y adaptarlo a los tiempos actuales, aunque sea poco, será bienvenido.


martes, 14 de junio de 2011

La gran comedia del año: la selectividad


Otra vez los medios de comunicación deciden exaltar el gran acontecimiento del año como algo importantísimo: la selectividad. Se habla de unos exámenes durísimos, de una extremada dificultad, de muchas horas de estudio, de afán de superación, de dudas, de miedo, de tensión, de decidir sobre el futuro de la juventud... de un escenario no apto para cardíacos. En definitiva, una generación de chicos y chicas de gran dureza moral, física y espiritual que ha sido elegida para la gloria porque va a someterse a la gran prueba, probablemente la peor de su vida: la selectividad.
Unos exámenes deciden el futuro de esa brillante juventud para el resto de sus vidas. Y una vez se obtienen los resultados académicos la gran sorpresa es que casi todo el mundo ha aprobado, incluso con buena nota, y podrá entrar a estudiar lo que deseaba en primera opción. Y eso solo se puede explicar porque esa generación de chicos y chicas son mentes prodigiosas de una inteligencia extraordinaria que van a asegurar a la humanidad un mañana prometedor.
En definitiva: la selectividad es solo para gente fuerte de mentes maravillosas. Algún día el Ayuntamiento decidirá instalar un monumento dedicado a los estudiantes de selectividad para que puedan ser honrados y venerados, y así, muchos ciudadanos se congregarán anualmente para hacer una ofrenda floral y rendir un emotivo tributo a nuestros héroes estudiantiles.
Un sueño bonito de un mundo mágico digno de hacer saltar las lágrimas. Pero ahora despertando de ese sueño idílico del mundo de Ítaca y bajando al mundo real llamado Tierra, veamos qué es ese fenómeno de masas al que le llaman selectividad y que tanta resonancia le dan los medios de comunicación. Así que dejemos de llorar y vamos a reír.


La selectividad es un proceso de acceso a estudios superiores o universitarios que debe superarse mediante la realización de unos exámenes cuya materia tiene relación con lo estudiado en el ciclo medio o bachillerato. Es decir, que en vez de computarse solamente el esfuerzo realizado durante los dos años de bachillerato y después de haber elegido una opción de ciencias o de letras, como si fuera poco mérito, hay que sobrecargar a los estudiantes con unos exámenes adicionales de la misma materia ya estudiada para acceder a unos estudios cuyas asignaturas difieren de lo trabajado en el ciclo medio, pues aquí solo se dan pinceladas básicas. Y todo ello se hace con el objetivo de evitar desproporciones en las facultades, en tanto evitar la masificación de unas y la desertificación de otras. De este modo se rompe con el derecho de estudiar lo que se quiera y se obliga a los estudiantes que no han podido acceder en primera opción a estudiar algo que no es de su vocación que ni les va ni les viene, solo para rellenar de gente aquellas aulas de aquellas carreras con menor salida profesional. En definitiva, una estrategia pensada para dar de comer a profesores y catedráticos de aquellas facultades cuyas enseñanzas no demanda el mercado laboral.
La gran mentira de la selectividad es la dificultad para aprobar los exámenes. Cuando se dan aprobados de entre el 70% y el 90% no es porque los estudiantes tengan unos cerebros portentosos, sino porque el contenido de la materia ya ha sido más que estudiado y repasado en clase y al llegar a la hora de la verdad está fresca y en mente, por lo que resulta relativamente sencillo recordar. Evidentemente que no estudiar nada puede acarrear un suspenso, pero con solo repasar un poco existen probabilidades muy altas de formar parte del porcentaje de aprobados. La única dificultad que merece ser reconocida es la de obtener notas muy elevadas para acceder a determinadas carreras que exigen mucha puntuación de corte. Y aunque parezca exagerado, existen más aprobados a la primera en selectividad que en el examen de teórica para obtener el carnet de conducir, cuya materia es mucho más fácil.


Y el gran mito de la selectividad es afirmar que decide el futuro de los estudiantes. El futuro, igual que el destino, si no es que sucede algún imprevisto que se nos escape de nuestras manos, se lo hace una misma persona, y no depende de unos exámenes. Cuando hablamos de futuro, ¿a qué nos referimos exactamente? Acceder a los estudios deseados es fácil, y no se consigue a la primera, mientras haya convocatorias, te puedes presentar dos o más veces a selectividad hasta obtener la nota de corte necesaria. Lo que resulta difícil es salir de la universidad una vez has accedido, porque no sabes cuando terminarás la carrera ni qué perspectivas laborales vas a tener. Está claro que actualmente el porcentaje de estudiantes que logran trabajar en algo relacionado con lo estudiado se encuentra por debajo de la mitad. Eso no significa que la universidad sea una fábrica de parados como algunas voces dicen, ni tampoco que lo estudiado no haya servido absolutamente para nada. Al contrario. Quien ha obtenido una licenciatura o un doctorado puede aplicar meritoriamente sus conocimientos en un trabajo, pero eso no significa que dicho trabajo tenga relación con lo estudiado. Es un error relacionar universidad con mercado laboral de manera directa. En ese caso ya existe la formación profesional (FP), cuyos estudios están directamente relacionados con adquirir una profesión que el mercado laboral demandará. Una facultad, como su nombre indica, es un lugar donde adquieres precisamente esto, una facultad o conocimiento sobre una rama del saber, y al terminar recibes un título de licenciatura que acredita tus conocimientos, pero en absoluto una profesión para el mercado laboral.


Y hasta aquí esta historia, narrada por un servidor que tuvo la heroicidad de superar la selectividad a la primera, convirtiéndome en un ser elegido para la gloria e iluminado por la mano del Altísimo. Y como he sobrevivido al sagrado ritual y al trauma de su extremada dureza, he podido contarlo, desde aquí, licenciado universitario y en el paro.

miércoles, 8 de junio de 2011

32 años de gobierno socialista en Barcelona (y III). Continuismo y declive: Joan Clos (1997-2006) y Jordi Hereu (2006-2011)

Después de la etapa de desarrollo y esplendor encabezada por Pasqual Maragall, los dos alcaldes siguientes pondrían en evidencia el final de un ciclo y la necesidad de construir un nuevo modelo de gestión de la ciudad adaptado a los nuevos tiempos y para el siglo XXI.
Maragall logró mantener su popularidad durante los años de crisis económica de 1993 a 1996 con la finalización de los proyectos que no se pudieron concluir para los Juegos Olímpicos de 1992, siendo el más destacado el complejo de ocio del Port Vell, pero también se le criticó la pérdida de población de la ciudad y el encarecimiento de la vivienda y del nivel de vida en general. Consciente del final de una etapa y con el propósito de abandonar el Ayuntamiento por la puerta grande y ser recordado en la posteridad como el gran “alcalde olímpico”, el 26 de septiembre de 1997 cedió la alcaldía a su teniente de alcalde, Joan Clos i Matheu, que se erigió como nuevo “Batlle” de la “Casa Gran”.
Su mandato en el bienio de 1997 a 1999 fue el mejor gracias sus actuaciones urbanísticas muy cercanas a la ciudadanía y encaminadas a mejorar la calidad de vida de los barrios populares. El barrio del Raval se sometió a un proceso de remodelación y esponjamiento con la rehabilitación de edificios antiguos, el derribo y construcción de nuevas viviendas, la construcción y concentración de equipamientos culturales y la apertura de la rambla del Raval. En el distrito de Nou Barris, se transformaron en bulevares los paseos de Fabra i Puig, Doctor Pi i Molist, Verdum y Valldaura, la plaza del Virrei Amat dobló su superficie y se estrenó el nuevo parque Central de Nou Barris. La avenida Meridiana amplió sus aceras para convertirse en bulevar y se abrió la avenida Diagonal por completo, desde la plaza de les Glòries hasta el Besòs. En materia de transporte público, se completó al apertura de la nueva L2 de metro desde Paral·lel hasta La Pau, la L4 llegó hasta la Trinitat Nova y se procedió a reestructurar diversas líneas de autobús para racionalizar la red y ampliar la cobertura territorial. Y en otros barrios populares y de la periferia barcelonesa se continuó con de proceso de ampliación de aceras, peatonalización de calles y rehabilitación de fachadas de edificios. A nivel económico, el turismo iba año tras año adquiriendo más fuerza, lo que originó un notable y progresivo aumento de visitantes tanto nacionales como extranjeros, repercutiendo en un fuerte beneficio económico para Barcelona. En definitiva, esta clase de actuaciones satisficieron a la sociedad barcelonesa y supuso para Joan Clos obtener la mayoría absoluta en las elecciones municipales de 1999.



Sin embargo, el mandato de 1999 a 2003 significó un importante descenso de su popularidad como alcalde de Barcelona por el radical cambio de orientación de su gestión, especialmente centrada en grandes macroproyectos económicos y empresariales de muy poco o nulo carácter social. Imitando a su predecesor Pasqual Maragall, intentó repetir la fórmula de organizar un evento internacional que supusiera una inyección económica para el desarrollo de grandes obras urbanísticas. Descartada la posibilidad de celebrar una Exposición Internacional, Joan Clos optó por la creación del llamado Fòrum Universal de les Cultures, un evento trienal destinado a promover la cultura de la paz, el desarrollo sostenible y la diversidad cultural. Ello conllevó a la transformación urbanística de la zona del Besòs y de la fachada marítima entre la Vila Olímpica y Sant Adrià de Besòs, con la construcción de nuevas viviendas, hoteles, zonas verdes, edificios de oficinas y una gran superficie comercial. Paralelamente, el barrio del Poblenou inició un profundo proceso de transformación urbana con la remodelación y apertura de las calles hasta entonces cortadas por las viejas fábricas de antaño, la construcción de viviendas y oficinas y la rehabilitación de antiguas fábricas como patrimonio histórico destinadas a nuevos usos sociales y empresariales. Este proyecto se denominó 22@BCN y estaba destinado a hacer del Poblenou un barrio con empresas destinadas al desarrollo de nuevas tecnologías.
Todos estos proyectos urbanísticos fueron muy criticados por parte de diversas asociaciones y entidades vecinales por impopulares. La zona del Fòrum fue considerada una excusa para generar una gran macroespeculación urbanística e inmobiliaria con grandes viviendas de lujo que rompía completamente con el popular PERI de 1989. Y el proyecto del 22@BCN en Poblenou se percibió como una remodelación que suponía la expulsión de antiguos vecinos y la escasez de equipamientos sociales a favor de la instalación de grandes empresas y viviendas inasequibles.
El mandato de los años 2004 al 2006 significó una continuidad de una gestión encaminada a grandes proyectos de carácter poco popular, a pesar de las promesas de hacer una labor de carácter más social. Al proceso de configuración del distrito 22@BCN en Poblenou habría que añadir las obras de ampliación del puerto de Barcelona y del aeropuerto, la ampliación de la Fira de Barcelona y el proyecto de urbanización de la zona de la Sagrera con la construcción de una gran estación ferroviaria y la llegada del tren de alta velocidad. Entre el 8 de mayo y el 26 de septiembre de 2004 se celebró sobre unos terrenos ganados al mar el Fòrum Universal de les Cultures, de cuyo éxito del certamen siempre se ha discrepado llegando a generar mucha controversia política y social. A nivel de infraestructuras, se inauguró la nueva L11 de metro, la L3 llegó hasta Canyelles, se reintrodujo nuevamente la red de tranvías con las líneas del Trambaix y del Trabesòs y se implantó como servicio de proximidad en barrios de difícil accesibilidad el llamado “Bus del Barri” de pequeñas dimensiones.


Con la percepción ciudadana de que en Barcelona solo se ejecutaban proyectos empresariales, una ciudad del diseño pensada más para turistas y la construcción de numerosos edificios singulares de gran envergadura mientras iban aumentando los problemas sociales, la popularidad de Joan Clos descendió notablemente hasta el punto de hacer peligrar la continuidad del mandato socialista. Para remontar la situación, el 8 de septiembre de 2006 cedió la alcaldía a Jordi Hereu i Boher, y posteriormente ocupó el cargo de ministro de Industria, Comercio y Turismo, nombrado por el presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero. Su última acción municipal importante fue la aprobación unos pocos meses antes de su marcha de la Carta Municipal.
El mandato de Jordi Hereu intentó recuperar el carácter popular perdido y equilibrar la balanza entre las grandes obras empresariales y las obras sociales, pretendiendo resolver las demandas ciudadanas con la mayor celeridad posible y mostrar la imagen de ser un alcalde joven, moderno, actual y cercano a la ciudadanía. Eran muchos los problemas a resolver, especialmente de incivismo, mantenimiento y limpieza, la degradación de determinados barrios y espacios públicos, conflictividad social e inseguridad, falta de determinados equipamientos en barrios populares, encarecimiento de la vivienda y del nivel de vida, abordar el tema de la inmigración y el turismo, y reducir la percepción ciudadana de Barcelona como una ciudad de aglomeraciones y falta de servicios suficientes para todos.
En las elecciones municipales celebradas el 27 de mayo de 2007 ganó por mayoría simple. Los tres ejes centrales de su mandato se basaron en el intento de cohesión social y territorial, de creatividad económica, tecnológica y cultural, y de reforzar la capitalidad de Cataluña y el Mediterráneo. Ha sido muy polémica la Ordenanza Cívica encaminada a mejorar el civismo social de la ciudad a base de multas y sanciones, y el referéndum de reforma de la avenida Diagonal por el gran coste económico que supuso su organización, donde resultó vencedora la opción “C” de no reformarla ni como bulevar ni como rambla. A nivel de movilidad, implantó en marzo de 2007 el Bicing, un servicio de alquiler de bicicletas públicas que ha sido respondido con bastante éxito ciudadano en cuanto a número de abonados se refiere, con el objetivo de apostar por la movilidad sostenible a imitación del modelo de los Países Bajos. A nivel de infraestructuras, se han efectuado diversas prolongaciones del la red de metro en barrios periféricos muy necesitados como Roquetes, el Carmel, el Coll y la Teixonera, se inauguró el primer tramo de la L9 y la L10 de metro entre Santa Coloma y Badalona hasta La Sagrera, y llegó hasta la estación de Sants el tren de alta velocidad Madrid-Barcelona.


En estos últimos años, el mandato de Jordi Hereu se ha intentado dirigir hacia la inauguración puntual de equipamientos culturales, educativos, deportivos y sanitarios, muchos de ellos reivindicaciones vecinales pendientes, a la renovación del parque móvil y del sistema de limpieza, a reforzar la seguridad ciudadana, a la remodelación de calles y plazas y a la construcción de los llamados ecobarrios. Paralelamente, la crisis económica obligó a tomar severas medidas de austeridad pero sin renunciar a los grandes macroproyectos como la ampliación de la zona portuaria, la consolidación del distrito 22@BCN en Poblenou, la construcción de la L9/L10 de metro y la transformación del sector Sant Andreu-Sagrera. No queriendo perder la tradición de pretender eventos internacionales de gran relevancia como motivo de dinamismo e impulso ciudadano, presentó la ciudad de Barcelona para que optara a la candidatura de los Juegos Olímpicos de Invierno del año 2022.
Sin embargo, a pesar de los intentos de ofrecer una imagen más renovadora y más dialogante, cercana y popular que la de su predecesor Joan Clos, las críticas hacia su gestión municipal, el agotamiento de un modelo de gobierno municipal faltado de una profunda renovación y la necesidad de higiene democrática después de más de tres décadas de gobierno socialista, pusieron fin a treinta y dos años de mandato municipal del PSC en Barcelona, siendo ganador el convergente Xavier Trias i Vidal de Llobatera.

miércoles, 1 de junio de 2011

32 años de gobierno socialista en Barcelona (II). Desarrollo y plenitud: Pasqual Maragall (1982-1997)


Entre los años 1982 y 1997 la ciudad de Barcelona vivió una etapa de plenitud y desarrollo especialmente marcada por la celebración de los Juegos Olímpicos en el año 1992, lo que supuso una importante renovación urbana de todo aquello que ya existía y una finalización de las obras pendientes desde la década de 1960.
El 2 de diciembre de 1982, Pasqual Maragall i Mira fue elegido alcalde de Barcelona en sustitución de Narcís Serra. Asentadas las bases del programa socialista por parte de su antecesor, en los años sucesivos se pudo desarrollar un largo proceso de profunda rehabilitación de la ciudad que era necesaria para evitar su degradación. El objetivo era ponerla al día de la vida democrática y elevarla en calidad a la altura de las grandes ciudades europeas. Pero para ello era necesario disponer de un gran capital económico ayudado a la vez de algún evento importante que sirviera para la proyección nacional e internacional de la capital catalana. Así se inició la recuperación de Barcelona en dos etapas: la preolímpica y la olímpica.


La primera etapa iría de 1982 hasta 1986, es decir, desde la toma de posesión de Maragall como alcalde hasta el año en que la ciudad fue designada como sede para la celebración de los XXV Juegos Olímpicos de la historia. Este cuadrienio se caracterizó por la drástica reducción de la especulación inmobiliaria y la progresiva recuperación del espacio urbano para la ciudadanía con el objetivo de hacer de la ciudad un lugar amable para poder pasear y disfrutar. Se intentó así que la percepción de una ciudad gris e inhabitable diese paso al de una ciudad verde y habitable. La inauguración de diversas plazas y jardines contribuyó a ese anhelado cambio de mentalidad, conseguido sobre todo gracias a la liberación o reserva de espacios donde se inicialmente se preveía la edificación de grandes bloques de pisos. Interesaba ofrecer la imagen de un alcalde próximo al ciudadano que fuese capaz de escuchar sus demandas para luego ejecutarlas, y también la de un alcalde que hacía de Barcelona un lugar para vivir. De este modo muchas reivindicaciones vecinales pudieron cumplirse después de muchos años de luchas y el resultado se tradujo en un notable incremento de los equipamientos sociales tales como escuelas, bibliotecas, casales de barrio, polideportivos y ambulatorios. Los barrios periféricos de clases populares iniciaron aquella deseada transformación con el objetivo de integrarlos con el resto de la ciudad y mejorar así la calidad de vida de sus habitantes. En cuanto a los cascos antiguos de los municipios anexionados, estos empezaron un proceso de remodelación para alejarlos de su envejecimiento y densificación. La red de transporte público inició una mejora con la incorporación de nuevos autobuses y la reestructuración de diversas líneas para racionalizar la red, y especialmente con la prolongación de la red de metro hasta las ciudades de Santa Coloma de Gramenet y Badalona y por el interior de l’Hospitalet de Llobregat y Cornellà, y también desde la plaza de Lesseps hasta el barrio de Montbau.


La segunda etapa comprendería de 1987 hasta 1992, es decir, desde que Barcelona fue designada como sede para los Juegos Olímpicos hasta la celebración de este histórico evento. Los numerosos proyectos de reforma de la ciudad, diseñados años atrás y presentados para la candidatura de la capital catalana, empezaron a ejecutarse con celeridad, algunos de ellos a contrarreloj, de modo que durante este quinquenio era muy característica la imagen de una Barcelona plagada de obras públicas, grúas y zanjas abiertas, hasta el punto de que escritores como Eduardo Mendoza lo caricaturizaron en su libro “Sin noticias de Gurb”. A pesar del gran engorro que supusieron estas obras por su prolongada duración y por los grandes cortes de tráfico, una vez finalizadas el resultado obtenido fue muy gratificante. Se renovaron colectores, redes de iluminación y alcantarillado; se renovó el sistema de limpieza y de recogida de basuras; se ampliaron aceras convirtiendo densas avenidas en bulevares; se crearon ramblas como nuevos paseos ciudadanos allí donde se preveían vías rápidas; se peatonalizaron calles, especialmente en núcleos antiguos; se terminaron de construir los cinturones de ronda como vías rápidas de acceso a Barcelona; y se abrieron calles nuevas con vías a nueva reordenación morfológica de la ciudad. Con el propósito de dinamizar económicamente todos los barrios y evitar un modelo centralizado, se crearon las llamadas áreas de nueva centralidad destinadas a descongestionar el centro histórico y de servicios y a convertirse en nuevos motores de desarrollo. Con motivo de los Juegos Olímpicos, desde el Ayuntamiento se promovió constantemente hacer deporte y se inauguraron diversos equipamientos deportivos.
Importante y destacada fue la campaña “Barcelona, posa’t guapa”, iniciada en 1987 y que contribuyó a la rehabilitación de numerosos edificios y monumentos históricos y a su recuperación como patrimonio histórico de la ciudad. Fueron años de revalorización histórico-arquitectónica que evitaron el derribo de edificios artísticos que fueron recuperados para usos sociales o turísticos. Especialmente la arquitectura modernista de l’Eixample fue motivo de reivindicación gracias a la campaña “Quadrat d’Or” que contribuyó a redescubrir diversos tesoros de la arquitectura barcelonesa. En el mismo año 1987 entró en servicio el Bus Turístic, dentro de un proceso imparable y acelerado del crecimiento del turismo que sirvió para impulsar una red de museos, la construcción de numerosos hoteles, dar a conocer los barrios históricos, abrir nuevamente Barcelona de cara al mar y especialmente la proyección de la figura y la obra del arquitecto Antoni Gaudí.


Como inciso, comentar que al producirse la muerte del antiguo alcalde de Barcelona, Josep Maria de Porcioles i Colomer en el año 1991, Maragall no escondió su admiración hacia este personaje tan destacado durante los años del Desarollismo. A pesar de las críticas que recibió por haberlo elogiado, lo reconoció como el padre de la Barcelona contemporánea y consideró que las bases del modelo de ciudad actual y para el próximo siglo XXI en realidad se debían a él. Y es que no debemos olvidar que el propio Maragall, entre otras figuras destacadas como Serra, Roca y Bohigas, trabajó de joven en su gabinete municipal en el diseño del llamado “Plan Barcelona 2000” presentado en 1967 y que preveía una transformación definitiva de la ciudad, sobre todo pensando en miras a la Exposición Internacional de 1982 que jamás llegó a celebrarse. Este Plan debería de ser objeto de estudio porque la casi totalidad de los proyectos barceloneses diseñados por aquél entonces eran prácticamente los que los alcaldes socialistas han terminado ejecutando en sus treinta y dos años de mandato, aunque adaptados a los nuevos tiempos. De ahí que a menudo se diga que Maragall no hizo otra cosa más que terminar lo que Porcioles empezó a ejecutar y no pudo acabar.
Los Juegos Olímpicos contribuyeron a abrir Barcelona al mundo y a dar a conocer la ciudad más allá de nuestras fronteras locales. La capital catalana iniciaría una etapa de prestigio y cosmopolitismo y el turismo se convertiría en uno de los grandes motores económicos. Barcelona se había recuperado para la ciudadanía, de modo que los barceloneses por fin se sentían orgullosos de pertenecer a la capital catalana y disfrutaban de su propia ciudad. Como consecuencia de este gran evento mundial, las obras más destacadas fueron la Vila Olímpica en Poblenou, l’Anella Olímpica de la montaña de Montjuïc, el área olimpica de la Vall d’Hebron, la recuperación de las playas y los cinturones de ronda.
Entre los años 1993 y 1997, el mandato de Maragall, lejos de proyectar grandes eventos, se limitó a terminar aquellas obras que quedaron pendientes de ser finalizadas a tiempo para 1992 debido a que no eran tan prioritarias, pero igualmente en la línea de recuperar Barcelona. Se fomentó la llamada “ciudad del diseño” y proliferaron numerosos locales de diseño destinados al ocio y al turismo. En el ámbito cultural, se diversificó la oferta cultural y los barrios del Poblenou y del Raval se promovieron como lugares para la proliferación de nuevos artistas emergentes. Ya en sus últimos años de mandato no se escapó de recibir algunas críticas. Algunas voces le acusaron de haber hecho una Barcelona de estampa más bien pensada para los visitantes y el turismo, y de haberla encarecido, con una consecuente pérdida de habitantes hacia la región metropolitana y un fuerte encarecimiento del precio de la vivienda.


Pasqual Maragall fue elegido alcalde en las elecciones municipales de 1983, 1987, 1991 y 1995. Hacía muchos años que en Barcelona no había un alcalde tan popular y bien valorado como éste a pesar de algunas críticas que recibió su concepción de la ciudad. Sin embargo, después de quince años en el poder, el 26 de septiembre de 1997 cedió la alcaldía de Barcelona a su teniente de alcalde Joan Clos i Matheu, quien abriría una nueva etapa para la ciudad completamente diferente a la ofrecida por Maragall. Su última propuesta al marchar de la Casa Gran fue la de proponer para los inicios del nuevo siglo XXI una nueva Exposición Internacional, que al final derivaría en el Fòrum Universal de les Cultures 2004.