lunes, 4 de julio de 2011

El Rec Comtal por Vallbona: patrimonio y paraíso desconocido


El pasado lunes 27 de junio me fui a dar un paseo por la barriada de Vallbona porque hacía mucho tiempo que no la visitaba y me apetecía. Así que cogí el autobús de la línea 97 en la estación de autobuses de Fabra i Puig y en diez minutos me planté al final de trayecto, en la plaza del Primer de Maig. Regresé de nuevo a un pequeño núcleo urbano donde se percibe un ambiente plácido y tranquilo, con poca gente y pocos coches, viviendas de poca altura o de planta baja y un excepcional aroma a naturaleza que se respira en el aire todo y teniendo en cuenta que todavía es Barcelona ciudad, aunque ya hace frontera con las ciudades de Montcada i Reixac en el norte y Santa Coloma de Gramenet en el este.
En realidad no vine a visitar propiamente el barrio. Lo que verdaderamente me interesaba era observar el Rec Comtal a cielo abierto a su paso por Vallbona, y entender por qué razón el vecindario y su asociación están tan empeñados en su conservación como patrimonio.


Detrás de la plaza del Primer de Maig, más allá de los nuevos bloques de viviendas, empieza un territorio distinto, anormal en una ciudad como Barcelona, tranquilo, silencioso, bienoliente y frondoso de vegetación, en cuyo lado izquierdo discurre una pequeña riera conocida como el Rec Comtal o Acequia Condal. Las construcciones humanas desaparecen y antes de vislumbrar la pequeña entrada que da a un camino paralelo a la línea del ferrocarril y al río Besòs, cuando solo aprecias plantas, césped y árboles alrededor del riachuelo de aguas limpias y cristalinas tienes la sensación de andar perdido por algún parque natural de Cataluña. ¿Estamos en el corazón del Montseny? ¿En los orígenes del Llobregat? ¿Por los alrededores del lago de Banyoles? Pues no. Estamos en el periférico barrio de Vallbona, del distrito Nou Barris, en la ciudad de Barcelona. Y eso es lo más increíble. Un paraíso desconocido por la mayoría de la ciudadanía barcelonesa y de una belleza extraordinaria. La mano del hombre apenas ha incidido y quienes lo usan lo cuidan como un preciado tesoro que la naturaleza les ha regalado.


El Rec Comtal se sumerge bajo tierra a la llegada del término municipal de Montcada i Reixac, en la falda del Turó de la Bateria, ocupada hoy día por la barriada de Bifurcació o Can Sant Joan. Antes, en el final del curso a cielo abierto observas como familias gitanas traen a sus hijos a bañarse y ves a éstos nadando. Se divierten porque disponen de un pequeño rincón de mundo, un espacio para hacer su propio veraneo. Las aguas son limpias y frescas e invitan a un chapuzón. No hay mucha profundidad, lo máximo un metro y medio. Al salir del agua hace mucho sol y se puede tomar tanto para secarse como para broncearse ahora que es verano. Paralelo al Rec, a la derecha, transcurre la línea del ferrocarril de Barcelona a Portbou. A su lado un grupo de obreros están trabajando en las obras de construcción de la línea de alta velocidad que conectará con Francia en un futuro no muy lejano. Y lo hacen a pleno sol, sin protección. Más allá encontramos el río Besòs, ahora más limpio y con los cauces renovados para el disfrute ciudadano. Y al fondo del paisaje divisamos el término municipal de Santa Coloma de Gramenet, donde se observan resiguiendo la carretera de Sant Adrià a La Roca las casas verdes y multicolores del montañoso barrio de las Oliveres, el cementerio municipal y la fábrica de cervezas Damm.
En el otro lado, del río y de las vías discurre bello y discreto el Rec Comtal, rodeado de frondosa vegetación. El agua está cristalina y se aprecia en todo momento el fondo. Afortunadamente no se ve lleno de basuras ni desperdicios, lo que demuestra la sensibilidad del vecindario del barrio por mantener en buenas condiciones este patrimonio.


Regresando a la plaza del Primer de Maig, el Rec se integra en el parque de la plaza como un corredor verde del que puedes pasar a banda y banda a través de un pequeño puente. En las aguas observas vida animal: patos, peces y renacuajos. Siguiendo la calle de Castelladral, dejando de lado el campo municipal del fútbol del Racing de Vallbona a la derecha, pasas por debajo de las vías ferroviarias de enlace de la línea de Girona y Portbou a las líneas de Vic, Puigcerdà, Manresa y Lleida. Es un paso estrecho donde los autobuses caben por los pelos y que el vecindario reclama ampliarlo para los peatones. Dada la estrechez no dejan de tener razón en protestar. Finalmente, el Rec Comtal se integra en zona urbana detrás de las viejas casas de la calle de la Torre Vella, ofreciendo una imagen de pueblo similar a la que ofrecen las casas cuyos traseros o galerías dan a las rieras.


Los autobuses se me escaparon, pero valió la pena para hacer una sesión fotográfica y contemplar atentamente el Rec Comtal a cielo abierto a su paso por Vallbona. Antes de llegar a la avenida Meridiana, se sumerge bajo el asfalto de Barcelona. Cercano al camino que conduce al nuevo puente que conecta Vallbona con Torre Baró, un chico grueso, alto, corpulento y de raza gitana me llamó la atención. Fui para allá y me preguntó qué estaba buscando. Me sinceré con él y le dije la verdad. A pesar de su aspecto, resultó ser buen chico y me correspondió cordialmente. Se trataba de un vecino de toda la vida que nació en Vallbona y que vivió el ambiente del barrio de toda la vida. Se llamaba Gregorio, y me habló un poco acerca de la barriada.


- Nosotros aquí vivimos tranquilos. Todos nos conocemos y no pasa nada. Si alguien tiene un problema, por ejemplo, si necesita dinero, tú le ayudas económicamente y luego él más adelante te lo devuelve. Hay confianza. – Explicó. – Entre los vecinos no hay conflictos. Nos llevamos bien y nos ayudamos entre todos y a quienes tienen un problema. Tal vez alguna vez discutimos porque eso no se puede evitar. Algún insulto pero nada más. Nunca llegamos a las manos ni nos pegamos. – Aclaró posiblemente para romper con los prejuicios. – Aquí no hay delincuentes ni drogadictos. Nosotros no hacemos nada malo. Lo máximo fumarse un porrito.- Aclaró enseñándome el porro que se estaba fumando.


La verdad es que parece existir un sentimiento de compromiso y solidaridad entre el vecindario, pues la gente se conoce y se ha forjado una buena comunidad de personas. Ahora bien, dejó claro que no les gustan a los forasteros.
- Nosotros no queremos que venga más gente de fuera a molestarnos. Con que vivamos quienes estamos aquí es suficiente. A veces viene gente de fuera a robar, a romper las cosas y a ensuciar, y nosotros no los queremos. Los que ya vivimos aquí estamos bien y no nos hace falta que llegue más gente. – No se trató de un discurso xenófobo ni mucho menos. Sencillamente quieren eliminar tópicos y aclarar que ellos son gente buena, honrada y trabajadora. Respecto al Rec Comtal expresó el sentimiento del vecindario.


- Esto es una maravilla. Espero que el Ayuntamiento no lo cubra. Si nos lo quitan nos van a matar porque nos van a quitar la vida. Quienes hemos nacido aquí lo hemos cuidado y disfrutado de toda la vida y no lo podemos dejar. Que lo cubran de más abajo que no nos bañamos todavía lo puedo aceptar, pero desde este trozo para arriba, eso es intocable y tiene que mantenerse así. Esto es precioso. Mucha gente del barrio, en vez de ir a la playa, viene aquí a bañarse y a tomar el sol. Antes la gente lo usaba también para lavar la ropa. Yo he bebido de esta agua y está buena y fresca, y no me he envenenado porque es limpia. Nosotros lo disfrutamos, lo respetamos y lo cuidamos porque es nuestro, es nuestra vida. Y si intentan quitárnoslo seremos los primeros en ir a defenderlo para que no nos lo cubran porque matarían a este barrio. – Toda una declaración de amor hacia el Rec Comtal, denominación desconocida para Gregorio, que lo conocía como “el río”.


Llegó el autobús de la línea 83, así que me despedí. La conversación fue muy cordial. Nos dimos la mano y me dirigí hacia Torre Baró, no sin antes pasando por la zona montañosa de Vallbona, antes incomunicada y aislada. Así, el autobús me permitió hacer un pequeño “tour” por las zonas desconocidas. Pero eso también es Barcelona. La experiencia fue interesante y entiendo el sentimiento vecinal por conservar el Rec Comtal y sus alrededores. Es un deseo encomiable y anhelado que esta conducción descubierta de agua sobreviva y el Ayuntamiento lo declare como patrimonio histórico para garantizar su protección, conservación y futuro, permitiendo a la vez que sea del disfrute vecinal como siempre ha sido porque siempre lo han tratado bien. Y motivos no faltan, pues el Rec Comtal tiene origen medieval, más de doce kilómetros de longitud y durante varios siglos ha sido usado tanto para cultivos de regadío como para la implantación de varios molinos harineros e industrias textiles como las tejedoras, las blanqueadoras y las sazonadoras. Así, pues, un pedacito testigo de nuestra larga historia asoma por Vallbona.

5 comentarios:

carme dijo...

molt interessant. gràcies.

batzolades dijo...

Molt interessant, desconeixia aquest indret. Gràcies!

batzolades dijo...

Molt interessant, desconeixia aquest indret. Gràcies!

Antonio dijo...

Estupendo trabajo.
Conocer es querer.
Gracias por darnos a conocer este desconocido y maravilloso rincón de nuestra ciudad.

Mario Velasco dijo...

MUCHAS GRACIAS UN INDIANO QUE SE BAÑABA EN EL REC DE ENANO CERCA DEL PUENTE DEL TRABAJO