miércoles, 17 de febrero de 2010

Todavía vivo con la familia ¿dónde está el problema?

Resulta particularmente contradictorio que en un estado presuntamente democrático y de derecho donde hay libertad de expresión y de decisión, te veas socialmente presionado por unas pautas al parecer obligatorias de acatar si no quieres quedarte excluido. Es el “haz lo que quieras y sé como quieras… siempre y cuando hagas y seas como yo te diga”. Lo más sorprendente es que dichas pautas lleguen a someter a determinados colectivos hartos de alardear su anarquismo y su oposición al sistema capitalista. Así es como sucedió, cuando en un reportaje emitido en TV3 sobre una manifestación contra la especulación y el precio abusivo de las viviendas, una chica presumiblemente “alternativa” que participaba en la rúa afirmó que “hoy día los jóvenes estamos hasta los 30 años en casa viviendo con nuestros padres Y ESO NO PUEDE SER”. Es decir, que marcharse cuanto antes mejor es algo parece ser obligatorio. No es la primera vez que se tiende a criticar y a hacer mofa de quienes a edades postadolescentes todavía no se han emancipado. Muchas veces he oído por parte de varias personas comentarios del tipo “qué bien que vives sin hacer nada”, “qué cómodo que tu mamá te haga la comida y te planche la ropa”, “míralo que comodón que es el tío”, “anda qué bien que estás”, “la buena vida que te pegas” entre muchos otros que se podrían incluir en la lista. En definitiva, quien continúa viviendo con los padres o familia hasta cierta responde al perfil de un jeta y un caradura gandul, inmaduro, inexperto de la vida y que tiene miedo de volar del nido para hacerse una persona adulta.
¿Por qué esa obsesión por marchar de casa cuanto antes mejor? ¿Por qué esa presión social? Muy sencillo. El sistema presiona desde las altas esferas hasta las capas más bajas porque interesa que la juventud compre o alquile y se endeude, ya que así entrarán a formar parte de ese sistema productivo que tan rentable les resulta a las inmobiliarias. Y nada mejor para convencer que vender la emancipación como un paso hacia la madurez, la independencia y la libertad individual frente a una presunta “esclavitud” del hogar familiar. Y todo eso son verdades a medias, puesto que independizarse no significa ganar más libertad sino tener que acatar nuevas normas a cambio de abandonar otras, pero siempre normas, además de las obligaciones y responsabilidades que supone emanciparse y tener que vivir solo/a o con pareja. Vivir con la familia y vivir emancipado tiene como todas las cosas, sus ventajas y sus inconvenientes, sus libertades y sus deberes.

No negaré que existan casos de personas que residen con sus padres o familiares a edades avanzadas y que responden a todos los tópicos, pero ello no implica generalizarlo a todo el colectivo. Mi caso personal es un ejemplo. Actualmente resido en mi casa de toda la vida con mi padre y mi hermano. Ello no es por comodidad, por gandulería, por inmadurez, porque sea un retrasado o porque tenga miedo a crecer. Yo tengo mis obligaciones como cualquier otra persona y colaboro en la medida en que me es posible, y ahora muchas más desde que mi madre nos dejó. La madurez te la da la experiencia de la vida y sobre todo me han servido mucho tanto las relaciones sociales como tener trabajo estable y cargos de responsabilidad. No creo que por volar del nido yo me convierta en más hombre, y si cuando me haya emancipado maduro lo atribuiré simplemente al hecho de haber pasado a una nueva etapa de la evolución personal, que en otras circunstancias también habría llegado. Tan solo basta con ver como les van a ciertas parejas y matrimonios semianalfabetos y los desgraciados sucesos que se cuentan de ellas en la televisión (desde maltratos hasta crímenes pasionales), así que no creo que precisamente esa gente sea más que yo o haya evolucionado hacia etapas superiores a la mía solo por el hecho de vivir fuera de casa de los padres, y me puedan dar lecciones de la vida. Independizarse es una decisión personal y no determina la superioridad o la inferioridad de nadie. Vivo en mi hogar familiar porque de momento no tengo esa necesidad imperiosa de marchar, pero cuando la tenga no hay duda de que lo haré.
Lo mejor es olvidarse de las presiones sociales que te venden sus propuestas como un progresismo cuando no lo es porque emanciparse y dejar atrás el hogar de toda la vida es una tradición humana más vieja que el hombre de Neanderthal.
La vida de cada persona es distinta. Tal vez haya mucha gente que al marchar de casa le habrá ido muy bien, y eso es algo que no les discutiré, pero también he conocido a quienes han fracasado y han tenido que regresar a su dulce hogar.
Hoy día se estilan y se reivindican el mundo “moderno” muchos estilos de vida: monoparentales, parejas gays/lesbianas, dentro de rulots o autocaravanas, errante por el mundo montado sobre una Harley Davidson, okupas, nudistas… ¿y luego se escandalizan porque una persona todavía vive en su casa con sus padres?


7 comentarios:

The Fisher King dijo...

Tengo 40 años y vivo con mis padres...

No concibo un mayor privilegio moral.

(Una abraçada).

Anónimo dijo...

....pero que pasa cuando tienes novia ?
...vivirias con tus padres y la novia todos juntos ??

Ricard dijo...

Hola Anónimo:

Lo que planteas es distinto. Por supuesto que si tuviese novia me independizaría y me iría a vivir con ella. No lo dudaría en absoluto. Es más, yo si quisiera también me podría marchar ahora, lo que pasa es que por las circunstancias no tengo esa necesidad, pero n unca se sabe lo que puede pasar.

Saya Otonashi dijo...

Estoy muy de acuerdo con tu opinión. La presión social es terrible muchas veces. Y las frasecitas tópicas, muy cansinas ya. Cuánta razón tienes...

Anónimo dijo...

Sin lugar a dudas y en toda la extension de la razon en un periodo finito de tiempo que estamos en este mundo porque nos pasamos la mitad del mismo luchando contra prejuicios sociales?. Estoy con el articulo en situacion y opinion.

Anónimo dijo...

Jjajajajajaja pero que losers.
Presion social?? Claro que si campeón! Sigue engañandote a ti mismo, pena ajena pobres de sus padres que no supieron forgarle cojones y caracter a sus hijos y en su infinito amor de padres se la aguantan todita su mediocridad de seres humanos

Anónimo dijo...

Muchas veces seguir en el nido de los padres nos corta las alas. Aunq doy totalmennte independiente soy quien sostiene los gastos de la casa considero q el seguir viviendo bajo el mismo techo q los padres nos resta autonomia, porq ellos siempre serán los dueños de casa. A esto se suman factores familiares y problemas de otros miembros de la flia q toca cargar.