miércoles, 22 de julio de 2009

Memorias de un cinéfilo de barrio IX: cine Río

Si un cine de barrio ha formado parte de manera especialmente destacada a lo largo de mi vida, tal vez el más importante de todos los que he conocido y en el que más he disfrutado, sin duda alguna hago referencia al entrañable y magnífico cine Río.
Explicar que anteriormente a la citada sala de cine, en el mismo terreno existió una sala de baile llamada Río de Janeiro, inaugurada por los empresarios Joan i Josep Escofet Sabanés (hermanos) y Francesc Boada, en la calle de Matanzas con Pinar del Río, en el barrio de los Indians. Se ignora cuando se inauguró, pero es bastante antigua, y eso lo atestigua que ejemplares del periódico La Vanguardia de la década de los años cuarenta ya existía publicidad de esta sala al aire libre en el apartado de espectáculos, anunciando a cantantes y a orquestas. Además, durante las noches de los sábados y domingos de los meses de verano, la sala de baile funcionaba como cine al aire libre, actividad que amenizaba aquellos calurosos fines de semana y que tuvo muy buena respuesta por parte del público asistente.
Por este motivo, los hermanos Joan y Josep Escofet Sabanés y Francesc Boada decidieron la construcción de un cine que vendría a sustituir la sala de baile. Finalmente, el jueves 30 de mayo de 1963 fue naugurado el nuevo cine Río, con entrada en el número 40 de la calle de Matanzas. En dicha fecha inaugural se proyectaron las películas "Can Can" y "La colina de los diablos de acero". En sus inicios era una sala de reestreno con programas dobles, funcionando como la típica sala de barrio. Años después, el empresario Pere Balañá adquirió el cine, el cual se sometió a una remodelación interior con una decoración al estilo de las otras salas de proyecciones de la misma cadena, obra del arquitecto Antoni Bonamusa. El 29 de enero de 1973 reabrió sus puertas completamente renovado y como sala de grandes estrenos cinematográficos.
Recuerdo haber ido al cine Río sobre todo a partir de la segunda mitad de la década de los años setenta. Era un cine muy moderno, con una calidad de proyección y de sonido equiparables a las salas de estreno del centro de la ciudad. En aquellos años, era un local donde dejaban entrar a todo el mundo aunque la película no fuese apta para menores. Entrando por la calle de Matanzas, la fachada era muy funcional. En la parte superior de la entrada principal coronaba una estructura luminosa donde se pintaban los carteles de las películas que se estrenaban, una obra artística de aquellos tiempos ya en vías de extinción. A los pocos años esto desapareció y solamente colocaron un gran rótulo que decía “local de grandes estrenos”. Debajo había el rótulo fijo de “Cine Río”. A la derecha del vestíbulo había los plafones para fotografías de las películas a estrenarse y de la que proyectaban. A la izquierda se ubicaba la taquilla. Más al fondo, había el vestíbulo con un pequeño bar, cuya barra se situaba a la izquierda, pues a la derecha estaban las puertas para acceder a la platea. El pasillo del vestíbulo giraba a la derecha y daba con una salida a la calle de Pinar del Río, un acceso que solo se abría ocasionalmente cuando se proyectaba una película de gran éxito de público y la sala estaba completamente llena.
Dicha sala constaba de una platea con 796 butacas y un anfiteatro con 404 butacas. La decoración era la típica de las salas de Balañá, con suelo enmoquetado y paredes de terciopelo de color rojo y butacas tapizadas también en rojo. En la platea había tres pasillos, dos laterales y uno central, más otro transversal a partir de la décima fila para evitar cruzar de un lado a otro de la sala pasando por la pantalla.
El ambiente de público era más bien tranquilo poco conflictivo. Muchas veces la sala se llenaba, incluso el anfiteatro, especialmente cuando había algún estreno más destacado. De hecho yo siempre vi la sala llena, siendo muy raras las ocasiones en que estaba medio vacía. Ello demuestra el éxito que siempre tuvo el cine Río, pues yo siempre he creído que cerró por una estrategia económica de eliminar salas únicas de barrio para apostar por las multisalas de grandes superficies comerciales.
Recuerdo además que, como era de costumbre en la mayoría de cines de la cadena Balañá, antes de hacer publicidad comercial y trailers de películas, nos pasaban unas diapositivas publicitarias muy divertidas, algunas de ellas amarilleadas de los años que tenían. Nada más abrirse las cortinas (hoy día los cines ya no tienen cortinas para abrir y cerrar la pantalla, lo cual era muy elegante) salía la primera diapositiva: un dibujo de un hombre tomando una copa en la barra de un bar y un rótulo que decía “esmerado servicio de bar en el vestíbulo”. Luego llegaba el fabuloso pase de diapositivas de locales comerciales del barrio. Era una manera práctica de hacerse publicidad. Siempre provocaba la risa del público la del restaurante-pizzería La Mamadera. Terminado el primer espectáculo, la cámara encendía motores y empezaban con los anuncios publicitarios: Automóviles Conchita (con el tema musical del “Viaje con nosotros” de la Orquesta Mondragón), Brimóvil (reparación y recambios para automóviles de SEAT), Polideportivo MET (donde se exhibían hombres “cachas” y chicas muy… bueno, ya sabéis), Discoteca Pub Krimm (con la música del Yep Yep Yep de fondo y un hombre cuarentón con bigote saliendo en todas las escenas y una voz de fondo que decía “Para que lo bueno no le deje atrás, Krimm tiene la solución”), Restaurante Il Trovatore (hummm!!! qué platos de pizza al horno más buenos Dios mío), y uno de una casa de electrodomésticos donde salía el dueño, se presentaba ante las cámaras y decía “este es mi establecimiento, y ya no les entretengo más”. Y si hiciese un esfuerzo mental, todavía podría recordar muchos más anuncios.
Terminada la sesión de postales y anuncios comerciales, seguidamente empezaban con el Movierecord y los trailers de películas, para luego dar comienzo a la película.

Son tantas las películas de estreno que citarlas todas resultaría una tarea muy difícil, pero sin embargo puedo enumerar unas cuantas, y si en los días posteriores a haber colgado este capítulo de mis memorias cinéfilas me viene a la cabeza alguna otra película, la añadiré a la lista interminable: “Superman II”, “Superman III”, “Tiburón 3” (de Enzo G. Castellari), “1941”, “El imperio del sol”, “Always”, “Drácula” (de John Badham), “Encuentros en la tercera fase”, “Manhattan sur”, “La puerta del cielo”, “El cumpleaños de Mickey”, “Rocky II”, “Rocky IV”, “Toro salvaje”, “Cobra, el brazo fuerte de la ley”, “El Padrino IV”, “Instinto básico”, “La espía que me amó”, “Moonraker” “Solo para sus ojos”, “Octopussy”, “Panorama para matar”, “007 Alta tensión”, “Licencia para matar”…
Además de estas, hablaré de otras películas que también vi en el cine Río y que las recuerdo por motivos especiales:
“Supermán”: primera gran película de superhéroes de calidad, que para entrar al cine tuvimos que hacer una larguísima e interminable cola. Fui con mi hermano Tomás y los amigos del barrio Robles y Carlos. Unos cuantos metros más hacia delante, vimos a otro compañero, Paco Parra, que nos dejó “colarnos” en su sitio y así avanzamos un poco más. Las dos veces que la vi en el Cine Río siempre fue en el anfiteatro. La segunda vez con mi hermano Tomás y mi abuela Rosita, sobre todo porque yo me empeñé.
“ET”: magnífica película de Steven Spielberg, con la que también hice una cola interminable, nos sentamos en la última fila del anfiteatro, y donde vi por primera vez a tanta gente llorar en el cine.
“Asesinato por decreto”: buena película de suspense sobre los personajes de Sherlock Holmes (interpretado por Christopher Plummer) y Watson (interpretado por James Mason), cuya misión era atrapar a Jack el Destripador. Es el filme con el que recuerdo haber pasado más terror de toda mi vida, llegando en diversas ocasiones a cerrar los ojos y a agachar la cabeza para no mirar. Nunca lo llegué a pasar tan mal como entonces.
“Viernes 13 parte II”: simpático recuerdo de este abominable pero divertido filme de terror. La vi una tarde de domingo con mi hermano Tomás y nuestro amigo del barrio Robles. Si os digo la verdad, entramos en el cine literalmente “acojonados”. Prueba de ello era que si normalmente nos sentábamos en la fila central, esta vez preferimos colocarnos unas cuentas filas más hacia atrás. Y así sucedió con la mayoría de espectadores, que los teníamos todavía más atrás. Solo una pareja de abuelitos osaron atreverse a sentarse delante de todos nosotros. Posiblemente a su edad estaban curados de espantos. Recuerdo que antes de ir a verla, mi hermano me advirtió que me lo pensara dos veces antes de venir a ver la película, porque si pasaba mucho miedo y ellos la querían repetir, me tendría que aguantar. Me arriesgué y aguanté.
“Titanic”: es muy fácil de recordar en qué cine has visto esta película por razones obvias. La megalomanía de James Cameron llenó la sala hasta reventar, y me sorprendió la cantidad de gente que se levantó de la butaca con lágrimas en los ojos, algo que hacía mucho tiempo que no veía, prácticamente desde “ET”.
“El jorobado de Notre Dame”: magnífica película de Walt Disney, cuyas películas aumentan de calidad sobre todo cuando son más góticas y sinistras y menos infantiles. Ese día lo recuerdo porque fuimos a verla toda mi familia y mi padrino Prudenci, que hacía muchos y muchos años que no pisaba un cine. Desgraciadamente, sería también la última vez que pisaría un cine porque falleció poco después, en 1997. Una buena despedida cinematográfica de este mundo, pues él amaba las películas de Walt Disney.
“Invicto”: buena película dirigida por Walter Hill, la fui a ver con mi madre y mi hermano Tomás. La recuerdo porque ese día, un emocionado empleado del cine Río que conocíamos desde hacía muchos años nos anunciaba que la sala cerraba definitivamente sus puertas. Fue la despedida definitiva de un local que bajaría las persianas por última vez en julio de 2002. Una despedida digna con una película cuyo título hacía honor a este cine de barrio, pues con éxito de asistencia de público y en el alegre recuerdo de mucha gente, se iba el cine Río… INVICTO.

7 comentarios:

Tomás Fernández Valentí dijo...

¡El cine Río!

Para mí, media vida como cinéfilo.
Recuerdo haber ido al Río cuando todavía era una sala de programa doble y luego pasó a ser, durante algunas temporadas, sala de estreno + complemento, pasando a ser definitivamente cine de estreno. La cantidad de películas que llegué a ver en esa sala es incontable; mi hermano Ricard ya ha recordado las más importantes; doy fe, asimismo, de las increíbles colas de más de dos horas que tuvimos que hacer para ver "Superman" y "E.T.", dos de las películas más mágicas de su tiempo. Recuerdo, asimismo, que el último film que vimos allí fue "Invicto", de Walter Hill, como explica Ricard un título muy adecuado para cerrar un cine que, pese a su modesta condición de cine de barrio, presentó siempre una programación extraordinaria, altamente entretenida y de la mayor calidad.

Los recuerdos, asimismo, son innumerables. Aquella vez que vimos el horrible "Tiburón 3" de Castellari y, a la salida del cine, la gente que salía recomendaba a los que iban a entrar que no lo hicieran... O cómo vi con mi amigo Carlos "La espía que me amó", un James Bond que para mi mente infantil era lo más espectacular que había visto jamás en una pantalla de cine. Y, también, lo triste que resultaba el cine Río en sus últimos años, sobre todo en las sesiones nocturnas entre semana a las que solíamos ir, dado que había poco público, a veces literalmente cuatro gatos (sic), pero que aún así llenaba mucho los fines de semana. Todos los films del agente 007 desde la ya citada "La espía que me amó" en adelante; todos los films de la serie "Superman"; diversos Spielbergs; incluso una reposición de "Lo que el viento se llevó" en una copia nueva, impecable, como jamás he vuelto a verla en una pantalla grande...

El cine Río fue para mí El Cine. Y sigue siéndolo.

Tomás Fernández Valentí.

Anónimo dijo...

Pues sois muy jóvenes, porque yo recuerdo cuando era al aire libre y los niños teníamos que colocar las sillas a cambio de ver alguna peli gratis,...
Una vecina

Saya Otonashi dijo...

Vivo en la portería de al lado del antiguo Cine Río y siento una nostalgia terrible. Leyendo tu entrada he recordado muchas cosas de ese gran cine en el que vi tantas y tantas películas de las que aún guardo la entrada, como "El Rey león", "Entrevista con el vampiro" y "Pulp Fiction". Fui a ver "Matrix" tres veces en ocho días, y el acomodador ya me conocía. Nunca vi "Titanic" en el cine pero sí podía escuchar cada noche cómo se hundía el barco a última hora, y recuerdo las interminables colas que se producían y que me lo ponían difícil para entrar en casa (una vez una señora me dijo que no intentara colarme y le contesté enseñando las llaves y diciendo "Vivo aquí..."). Mis padres tienen recuerdos de ese cine todavía más antiguos que los míos, y es una pena que lo cerraran, pero me alegra haber encontrado esta maravillosa entrada. Muchas gracias!

PERSONA dijo...

¿ Pero nadie patinó ...? no me lo puedo creer...antes de cerrar la PISTA AZUL...fuimos rivales con los de RIO DE JANEIRO..luego a la fuerza nos unimos...se jugaba a baloncesto con patines...salidas a la Rabassada...Pedralbes....Pili la hija del Sr. Maño ( tenía un carro con caballo ) fue de las mejores en PATINAJE ARTISTICO y por lo guapa muy asediada por los mocillos mayores.¡¡ Si me pinchan no me sacan sangre !! jajaja

Jaymee dijo...

Que recuerdos del cine Río! Forma parte de mi infancia y de gran parte de mi adolescencia. Qué disgusto me llevé cuando al volver de dos años en Madrid vi que lo habían derribado. Si alguien tiene fotos del interior, le agradecería un montón que me las hiciera llegar. Un saludo.


PD: Un post genial!

Barbas dijo...

Una de las salas donde pasaba algunos de los más bonitos momentos de mi niñez... los programas dobles y si querías podías ver las películas más de una vez pues no vaciaban el cine al término de ellas...
Mis andanzas por esta sala fueron desde 1963 a 1965, los dos años que estuve viviendo en el Pº Maragall nº 114.

Felicidades por este "recuerdo" tan bien explicado
Un saludo
Salva

Daniel Motiño dijo...

Soy un gran seguidor de tus entradas, que recuerdos en cine Río, por cierto yo también creo que fue una operación especulativa para construir pisos, para ello se cargaron uno de los centros de reunión del barrio. A propo, el Padrino IV no existe, supongo que verías (igual que yo) el Padrino III