miércoles, 1 de julio de 2009

A la "noble" gente aragonesa

Como dicen los tópicos regionales, a la comunidad aragonesa se la caracteriza por su "nobleza". Lógicamente habrá de todo, pues es de aquellas cosas que no se pueden generalizar, es decir, tomar la parte por el todo. A título personal conozco a algunas personas procedentes de esa "noble tierra", como el buen crítico de cine José María Latorre, a un conductor de autobuses que trabaja en TMB llamado Carlos, y a un chico que es ingeniero industrial llamado Jorge Romeo y que es un responsable de la factoría zaragozana Hispano Carrocera, dedicada al carrozado de autobuses y autocares. Todos ellos magníficas personas sin discusión alguna.
Por la amistad que tengo hacia los citados colegas y por la que llegaría a tener con otra gente aragonesa si los llegara a conocer, me motiva escribir acerca de la polémica lingüística en la franja de Aragón con Cataluña donde, además de hablarse castellano, también se habla catalán y aragonés (una lengua de tipo "embrionaria").
La siempre desgraciada posición de la clase política y de los medios de comunicación sobre el tema, ha llegado a ofrecer una imagen equivocada de la realidad, siempre porque interesa dividir y enfrentar a las personas. Es cierto que yo, como catalán, no soy nadie para decir al pueblo aragonés lo que tiene que hacer, como tiene que pensar y en qué idiomas debe de hablar. Y ellos serían los primeros en darme la razón. Que cada uno en su tierra se encargue de sus propios asuntos porque nosotros ya tenemos bastante con los nuestros. Sin embargo, creo que es un derecho que yo pueda expresar libremente mi opinión de las cosas con independencia de que mis ideas sean compartidas o no.
Así, pues, con el permiso de los aragoneses y de todos, me gustaría hablar acerca del tema lingüístico pero en un sentido positivo y constructivo. No es mi intención faltar al respeto a ningún aragonés.
En una serie de comarcas limítrofes con Cataluña, se está hablando y polemizando sobre si las lenguas catalana y aragonesa debeberían de ser o no reconocidas en el estatuto aragonés. A título personal, creo que la diversidad lingüística es una riqueza objeto de respeto y fomento, y un motivo de orgullo. Entiendo que la lengua mayormente hablada en Aragón es el castellano y que impera de manera aplastante. También comprendo que, dadas las circunstancias geográficas y culturales, las lenguas catalana y aragonesa no tienen en estas tierras un gran futuro porque es muy difícil que puedan alcanzar elevados niveles de uso y expansión en una comunidad autónoma castellanohablante. Soy consciente de que jamás serán lenguas habituales de la administración, del Parlamento y de la universidad aragonesas. Sin embargo, por respeto hacia las personas que lo hablan y que son la razón de esa diversidad, deberían de ser reconocidas aunque fuese como singularidades regionales. De este modo se podría planificar una cierta normalización que permitiese en la franja la enseñanza en las escuelas del catalán y del aragonés (y no digo "en" catalán y aragonés sino "del") para quien quisiera aprenderlo y un bilingüismo (o trilingüismo) generalizado en la rotulación de las calles, indicativos y comunicados de las administraciones públicas de los municipios bi o trilingües. Ello también ayudaría a estrechar mejores relaciones con Cataluña, pues la lengua catalana sería el nexo de unión cultural entre ambas comunidades autónomas. Por supuesto que no hablo de inmersiones lingüísticas ni imposiciones, pero sí de ofrecer unas políticas que den "oxígeno" a estas lenguas que merecen ser respetadas y fomentadas. No hay que caer en tópicos estúpidos fruto de la ignorancia y la incultura tales como que "los catalanes quieren invadir Aragón e imponernos el catalán" y sandeces por el estilo, pues para un aragonés negar el catalán y el aragonés es en Aragón negar una parte de esta bonita y respetable tierra y tirarse piedras sobre su propio tejado. No hay duda que eso no sería precisamente "noble".
Así que, por favor, pueblo aragonés, no me defraudes, huye de los estereotipos fomentados por los políticos y los medios de comunicación, y reconoced la realidad de la franja como una riqueza y un patrimonio que os pertenece y que debéis de cuidar como si se tratara de vuestros hijos. Por la amistad que tengo hacia gente que conozco de origen aragonés y por la conciliación y concordia que deseo establecer con todos los pueblos de España (tomando ejemplo del injustamente olvidado Josep Tarradellas), porque para mí eso no es ser antiespañol, ni antiaragonés ni anticastellano, reconoced el catalán y el aragonés como un patrimonio a conservar. Un saludo y un abrazo a esa "gente noble" que me entenderá.

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