lunes, 15 de junio de 2009

Memorias de un cinéfilo de barrio VI: cine Maragall


Si alguna sala de proyecciones cinematográficas de reestreno y de barrio llegó a ser especial y algo diferente a las demás con respecto a las que entonces existía, esa fue sin lugar a dudas el cine Maragall.
Curiosamente, se trata de uno de los cines de periferia obrera más antiguos, pues su apertura se efectuó en enero del año 1947, en plena posguerra, en un despoblado paseo de Maragall más dominado por los tranvías que por los coches, a la altura de los números 83-85. La apertura de este local se hizo a cargo de sus empresarios Andreu Serralta y Rafael Casajús. Inicialmente tenía capacidad para 1200 personas.
A partir del año 1974 en que se procedió a una reforma y modernización de su interior, redujo su capacidad a 1000 butacas.
En mi infancia y adolescencia se convirtió en uno de esos cines que llegué a concurrir en varias ocasiones porque ofrecía una doble programación diferente al resto de locales de reestreno de barrio. Ello me brindó la posibilidad de ver en pantalla grande muchas películas clásicas que ya no se exhibían en el resto de salas convencionales. Fue, de algún modo, la prolongación de una reminiscencia del pasado para el presente dedicada a los nostálgicos de lo clásico.
La fachada del cine Maragall era a la vez funcional y neoclásica, fea y nada llamativa, de obra vista, con una gran entrada principal y los laterales aprovechados para colocar los carteles de las películas a exhibir y los paneles con los fotocromos. Su interior tenía un vestíbulo pequeño con taquilla que enseguida daba a una alargada platea sin anfiteatro. En el lateral izquierdo se encontraban el bar y los servicios.
Tras la jubilación del propietario Andreu Serralta, su hija Rosa continuó con el negocio y, posteriormente, encargó a dos críticos de cine conocidos, Àlex Gorina y Pablo López (éste fallecido) para que se encargaran de confeccionar la programación semanal. El resultado fue que convirtieron el cine Maragall en una sala de repertorio similar a cines como el Céntrico, el Cinestudio Spring, el Loreto y el Maldà, es decir, con películas de reestreno no solo comerciales sino también de arte y ensayo. De lunes a miércoles, se exhibían las películas para un público más selecto, incluso en versión original subtitulada, y de jueves a domingo se programaban las más comerciales pensando en una mayor afluencia de público, sobre todo joven. Este cambio en la oferta se inició hacia 1981 y duró hasta el cierre definitivo de la sala, el 4 de noviembre de 1985. Actualmente en su lugar hay un bloque de viviendas.
De lunes a miércoles, cuando se exhibía la programación selecta, recuerdo haber ido en algunas ocasiones en sesión de noche con mi madre, mi hermano Tomás y mi hermana Griselda a ver algún programa doble de bastante calidad. Incluso nos llevábamos los bocadillos de casa y cenábamos dentro de la sala. Luego tomábamos algo en el bar al terminar la primera película.
Los fines de semana, sobre todo los domingos por la tarde yo solía ir con mi hermano Tomás, y a veces con mi padre o bien con amigos a ver algún programa doble de entretenimiento más comercial. El único problema que teníamos era que el cine estaba mal comunicado, pues las paradas de autobús estaban lejos y muchas veces salíamos de casa e íbamos andando hasta el cine. En verano, cuando apretaba el calor, la caminata se hacía más larga.
Algunas de las películas que recuerdo haber visto son, entre otras, “Dersu Uzala”, “El desafío de las Águilas”, “Ha llegado el águila”, "Papillón", "Los duelistas", "La plaça del Diamant" y curiosos programas dobles como “Solo ante el peligro” y “Atmósfera cero” (que tenían en común un protagonista que pide ayuda para combatir a sus enemigos), “Doce del patíbulo” y “La fuga de Logan”, y “Vive y deja morir” y “Desde Rusia con amor” (es decir, una de Roger Moore y otra de Sean Connery, respectivamente).

4 comentarios:

Tomás Fernández Valentí dijo...

¡El Maragall! ¡Otro de mis tótems cinéfilos de infancia/adolescencia!

Como explica mi hermano Ricard, el Maragall tenía como especialidad la de proyectar, de lunes a miércoles, un programa doble en versión original subtitulada compuesto por películas de lo que antes se denominaba "arte y ensayo", y luego, de jueves a domingo, un programa doble más comercial pero compuesto, en muchas ocasiones, por películas que tenían algo que ver entre sí, como por ejemplo su pertenencia a un mismo género.

Allí vi por primera vez, juntos, dos grandes clásicos, "Mi tío", de Jacques Tati, y "Dersu Uzala", de Akira Kurosawa. ¡El mejor programa doble de mi vida! También recuerdo haber visto por primera vez "La noche de los muertos vivientes", de George A. Romero, precedida por los jocosos comentarios de algunos abuelos que eran habituales del local ("Ésta dicen que va de muertos..."), acompañada por "La ley de la horca", un "western" de Robert Wise con James Cagney e Irene Papas.

Los fines de semana, programas dobles "espectaculares" compuestos, por ejemplo, por dos películas de James Bond, una "antigua" (de Sean Connery) y otra "moderna" (de Roger Moore que, pobre, por entonces era "moderno"...). Y "Doce del patíbulo". Y "El desafío de las águilas". Y "Hasta que llegó su hora". Etc., etc., etc., que diría Yul Brynner en "El rey y yo".

Además, el Maragall era bien conocido por seguir la costumbre de otros cines de Barcelona, como el Maldà o el Spring, de editar un folleto mensual donde figuraba toda la programación, con el cartel, una pequeña ficha y un comentario, los cuales, no me extrañaría, quizá fueran de Gorina o López (los cuales, por cierto, ignoraba que hubiesen sido programadores de este cine: al final, todo encaja en un círculo perfecto). Cada primero de mes, mis amigos del barrio y yo nos acercábamos al Maragall por la tarde para coger el folleto mensual y decidir con antelación que iríamos a ver. Lamentablemente, no conservo ninguno de esos folletos, que ahora deben estar buscados por los coleccionistas del tema. Lo que sí conservo es numerosos y agradables recuerdos tanto de esa cine como de lo que llegué a ver en ella, y que forman parte indeleble de mi vida como espectador de cine.

Larga vida (en la memoria) para el Maragall (el cine, "of course"...).

Serratmediterraneo dijo...

Magnifica exposicón de nuestro viejo Maragall. Yo tenia buena comunicación, vivia en la calle Provenza esquina con Cartagena. Subia al autobús en la calle Industria y bajava en plaza Maragall, para volver la parada del autobus estava en el mismo paseo entre Teodora Llorente i Xiprés. Viejas y buenas peliculas, Ben-Hur, Los Cautro jinetes del Apocalipsis, Can-can...

Marta Domínguez Senra dijo...

Felicidades por el post. Yo recuerdo haber visto en el cine Maragall, donde me llevaba a menudo mi padrina, "El padrino". Tenía solo 12 años.

Marta Domínguez Senra dijo...

Perdón, me confundí, yo vi "El padrino" en el cine Venecia, que estaba en la calle Dante, donde estuvo hace unos años el Salón del Reino de los Testigos de Jehová y luego la Iglesia ni Cristo.