lunes, 8 de junio de 2009

Memorias de un cinéfilo de barrio V: cine Diamante

Sin duda alguna, del cine de barrio del que más recuerdos de infancia y adolescencia tengo es el que se encontraba a cuatros pasos de mi casa: el Diamante.
Abierto el año 1964, era propiedad de Anna Ibáñez Beltrán, la cual impulsó su apertura. Mencionar como anécdota que esto frustró la apertura de un cine situado en una plazuela interior comprendida en las calles de Felip II, Riera d’Horta, Sant Pasqual Bailón y Arnau d’Oms, local que finalmente se aprovechó para albergar la sede de la Asociación de Vecinos del barrio del Congrés.
El cine Diamante se emplazaba en el número 44 de la calle de la Riera d’Horta, en los bajos de un edificio de viviendas. Su diseño era bastante moderno. Se entraba libremente desde la calle (no había puertas), situándose a la derecha el panel con las fotografías de las películas que se exhibían, y a la izquierda la taquilla. Atravesando unas puertas se llegaba a un pequeño vestíbulo que contenía el bar, y enseguida ya se salía a una poca inclinada platea, sin anfiteatro, con una capacidad para 736 personas. Su interior muy rojo, tanto el terciopelo de las paredes como el tapiz de las butacas.
En sus inicios, este cine se concibió como una sala de reestreno, con programas dobles, pero a partir del 1 de diciembre de 1975, la cadena Cinesa se hizo cargo de la sala y lo convirtió en un local de estrenos, función que desempeñó hasta el año 1981, aunque a menudo combinaba una película de estreno con una reposición.

Recuerdo en mi infancia que cuando salía de la escuela para ir hacia mi casa, a menudo entraba para ver la cartelera y las fotografías de las películas. Debido a la censura de la época, era frecuente pintar con un rotulador negro encima de los pezones de los pechos femeninos y de otras partes íntimas. Durante los años de la Transición, el cine Diamante se dedicó a la exhibición de películas clasificadas “S”, pues fueron los tiempos del destape y de la sangre a chorros. En ese caso, muchas veces no habían fotografías de las películas, solo un cartel situado a la derecha de la entrada con una enorme letra “S” y un escrito que unas veces decía “Rigurosamente prohibida a menores de 18 años” y otras veces “Advertimos a los señores espectadores que el contenido o temática de las películas que se exhiben en la presente sala pueden herir la sensibilidad del espectador”.
Mi abuela, por las tardes, cuando estaba aburrida y no tenía nada que hacer le decía a mi madre “nena, me’n vaig al cine” y así, sin más, se largaba al Diamante sin consultar siquiera la cartelera. Simplemente, iba al cine para pasar la tarde. Cuando llegaba a casa, mi madre le preguntaba qué tal había ido y ella a menudo respondía “ves, mira, tot són llits”. Una vez fue a ver “El señor de las bestias” y regresó comentando que “mira que la ma dreta em fa molta i molt falta, però si em donessin a escollir entre tallar-me la ma i tornar a veure aquesta pel·lícula, jo diria: talli!” (extendiendo la mano derecha). Esa sí que fue una buena crítica.
Referente al cine “S”, me sucedía lo mismo que a mucha gente menor de edad, que picaba la curiosidad por lo prohibido, y por ello tenía más ganas que nunca de ir al cine a ver una película de sexo y sangre. Era la época en que no dejaban entrar a los menores a ver ciertas películas. Así, por ejemplo, recuerdo que estrenaron en este cine “Un hombre lobo americano en Londres”, entonces clasificada para mayores de 16 años, y yo solo tenía 10. Mi madre, como solución al problema, llamó por teléfono al cine y tuvo una buena y amistosa conversación con la taquillera, una mujer a la que conocíamos todos nosotros desde hacía años y que, por cierto, era buena persona. Finalmente, ella no tuvo ningún inconveniente en hacer una pequeña excepción y vendernos la entrada a mí y a mi hermano Tomás, que entonces contaba con 16 años de edad. Y así fue como entramos al cine a ver esta película y disfrutar por primera vez de los espectaculares efectos de maquillaje de Rick Baker, una transformación a hombre lobo que causó impacto en aquellos tiempos porque era lo nunca visto al romper con el clásico y anticuado efecto del fotograma a fotograma.

Acerca de películas clasificadas “S” recuerdo títulos como “Sueca bisexual necesita un semental”, “Tragedia sexual de una menor”, “Holocausto caníbal”, “Emmanuelle”, “Bragas calientes”, “La pitoconejo”, “Las hijas de Drácula”, “No me toques el pito que me irrito”…
Entre las diversas películas que recuerdo haber visto, destacaría la trilogía de Star Wars (”La guerra de las galaxias”, “El imperio contraataca” y “El retorno del Jedi”), “Lo mejor de Benny Hill”, “Alerta misiles”, “Llámame Dragón”, “I como Ícaro”, “Mister Woo”, "Supersonic Man", "El submarino", "La muerte tenía un precio" y la gran obra maestra del cine freaky: “El ete y el oto”, de los hermanos Calatrava.
En algunas ocasiones había ido en sesiones de noche con mi hermana Griselda, mi hermano Tomás y mi madre, llegando incluso a llevarnos los bocadillos de casa. Luego, la bebida la comprábamos en el bar. Una de esas veces fue para ver la película “Saturno 3”, donde mi madre comentaba que por fin Kirk Douglas conseguía de una vez por todas enseñar el culo.
El cine Diamante siempre fue, por lo general, tranquilo, salvo en algunas ocasiones. Eso era algo que la taquillera lo comentaba, indignada porque no se podía hacer nada al respecto ya que esos grupos de gamberros pagaban la entrada y, por consiguiente, no se les podía prohibir el acceso. La sala se conservó siempre en buen estado, aunque ya en los últimos años algunas butacas estaban rajadas. Mi hermano Tomás (si me lo permite) me comentó que una vez cogió un trozo de espuma del relleno de la butaca, se lo metió en la boca y se lo tragó.
Finalmente, ante la crisis de las salas de barrio, el local cerró definitivamente sus puertas el 30 de junio de 1984. Después de unos cuantos años con la persiana bajada y de rumores sobre la posible instalación de un bingo, actualmente en su lugar hay un supermercado de la cadena Condis. Solo el local de al lado, el Bar Diamante, recuerda por el nombre la existencia de este cine que pasó un poco desapercibido.

3 comentarios:

The Fisher King dijo...

Entrañable, Ricard, la anécdota que comentas de la llamada telefónica de tu madre a la taquillera del Diamante. Tal es el recuerdo que guardo de ella: el de una persona profundamente humana y cercana que, de buenas a primeras, sin apenas conocerte, te brindaba lo mejor de sí.

Un fuerte abrazo.

Ricard dijo...

Moltes gràcies, Jordi. Des d'on ella es trobi et diria "Ui que guapo que ets".

Tomás Fernández Valentí dijo...

¡El cine Diamante! Para mí, media vida como espectador de cine.

Tengo muchos y variados recuerdos relacionados con ese cine (uno de ellos, cierto, aquella ocasión en que me tragué un trozo de "espuma" de uno de los asientos; aclaro que era un crío...).

Recuerdo que, por Semana Santa, el Diamante pasaba siempre una película de tema "bíblico" o piadoso; y de las mejores: "Quo Vadis?", "Los diez mandamientos", "Ben-Hur"... Allí las vi por primera vez, y todavía me estremezco cuando recuerdo cómo, en "Quo Vadis?", el emperador Nerón (Peter Ustinov) es ayudado a morir por su amante clavándose un cuchillo en el pecho; el miedo que pasé, viendo "Los diez mandamientos", con la matanza inicial de los inocentes (¡nunca antes había visto asesinar a niños recién nacidos en una película!); o el que pasé, con "Ben-Hur", en la escena de la batalla naval, con los hombres encadenados a los remos y a punto de morir ahogados porque no pueden soltarse sus cadenas (hay un detalle terrible al respecto: uno de los hombres, desesperado, intenta quitarse la argolla del tobillo y acaba despellejándoselo...).

Cada tarde, al salir del colegio donde estudié ocho años de Educación General Básica, el Grupo Escolar Timbaler del Bruch, pasaba por el vestíbulo del Diamante y me quedaba un rato mirando los fotocromos de las películas de esa semana y los de las películas que se anunciaban para la semana siguiente, y así ya sabía qué iría a ver y qué no.

Vi muchísimos programas dobles en el Diamante. Cine de género a espuertas, mucho de nacionalidad europea: "spaguettis", comedias... Las de Terence Hill y Bud Spencer, prácticamente todas. Las de los 3 Superman, que me encantaban ("Los 3Superman en la selva", "Los 3 Superman en Tokio", "Los 3 Superman en el Oeste"). Bastante cine de terror: suscribo la anécdota de mi hermano respecto a "Un hombre lobo americano en Londres". Luego, cuando pasó a ser cine de estreno, la trilogía galáctica de George Lucas (aunque la primera, "La guerra de las galaxias", la vi por primera vez de estreno en el cine Nuevo Cinerama del Paralelo).

Dejé de frecuentar el Diamante cuando empezó a ser cine de películas "S", entre otras razones porque al principio todavía no tenía 18 años y no me dejaban entrar (¡en esa época no dejaban entrar en los cines a menores si las películas no estaban "calificadas" para ellos!), y luego porque, sencillamente, ya no me interesaba. Pero aún así, y a pesar de su decadencia de sus últimos años, me dolió mucho su cierre, por todos los abundantes buenos ratos vividos allí.

Todavía lo echo de menos.
Tomás Fernández Valentí.